DIETA ALTA vs BAJA EN CARBOHIDRATOS PARA EL TRATAMIENTO DE LA DIABETES

En los últimos años están surgiendo nuevas estrategias nutricionales que intentan combatir la diabetes. La prescripción de ejercicio y una intervención dietética controlada se erigen en piedras angulares para el tratamiento y resolución de la diabetes.

Las dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas han aumentado su popularidad recientemente, pero la falta de estudios hace que se desconozcan sus efectos a largo plazo sobre la glicemia y las enfermedades cardiovasculares. Para dar respuesta a ello, un estudio de Tay y cols [1] comparó los efectos de una dieta baja en carbohidratos y alta en grasas insaturadas (LC) con una dieta alta en carbohidratos y baja en grasas (HC) sobre el control glicémico y los factores de riesgo cardiovasculares en pacientes con diabetes tipo II. Durante 52 semanas se controlaron a 115 adultos obesos con diabetes (edad: 58 ± 7; IMC: 34.6±4.3; HbA1c: 7.3 ± 1.1%; duración de la diabetes 8 ± 6 años) que fueron divididos en dos grupos de manera aleatoria:

  1. Dieta hipocalórica baja en carbohidratos (LC): 14% de la energía en forma de carbohidratos (50 g/d), 28% proteína y 58% grasa (10% grasa saturada).
  2. Dieta hipocalórica alta en carbohidratos (HC): 53% de la energía en forma de carbohidratos, 17% proteína y 30% grasa (10% grasa saturada).

Los sujetos siguieron un plan individualizado de dieta, con una restricción calórica del 30% para facilitar la pérdida de peso (500–1000 kcal/día de déficit; 1357–2143kcal/día prescripción de energía). Ambos grupos realizaron ejercicio supervisado, tanto aeróbico como de fuerza, durante 60 minutos 3 días a la semana.

Se evaluó la glucosa basal, la HbA1c (% con el que se controla la evolución del nivel de glucosa en sangre), el perfil lipídico, el peso corporal y la presión sanguínea al inicio del estudio, en la semana 24 y al finalizar, en la semana 52.

Ambos grupos consiguieron reducciones similares del peso (LC: -9.8 kg; HC: -10.1 kg), de la presión sanguínea, de HbA1c, de la glucosa basal y del colesterol LDL. Pero si comparamos la dieta HC con la LC, ésta última obtuvo resultados significativamente mejores en la puntuación de la mediación para la diabetes, la variabilidad de la glucemia y los niveles de triglicéridos y de colesterol HDL (Tabla 1).

Tabla 1. Cambios en la composición corporal, control de la glucemia y de los marcadores de riesgo cardiovascular tras 52 semanas de dieta LC o HC.

fissac _ dieta baja en carbohidratos y diabetes

Por lo tanto, ambas dietas consiguieron una reducción substancial en el peso, Hb1Ac y la glucosa en ayunas. En cambio, la dieta baja en hidratos de carbono y alta en ácidos grasos insaturados consiguió mayores mejoras en el perfil lipídico, en la estabilidad de la glucosa, además de reducir la medicación para la diabetes, lo que sugiere que la dieta LC puede ser efectiva dentro de una estrategia para el tratamiento de la diabetes tipo II.

Las nuevas vías que sugieren que las dietas altas en hidratos de carbono pueden ser el origen de muchas de las enfermedades metabólicas de hoy en día hace que se planteen nuevas soluciones que puedan dar respuesta a un problema que se está convirtiendo en endémico.

REFERENCIAS

[1]      J. Tay, N. D. Luscombe-Marsh, C. H. Thompson, M. Noakes, J. D. Buckley, G. A. Wittert, W. S. Yancy, and G. D. Brinkworth, “Comparison of low- and high-carbohydrate diets for type 2 diabetes management: a randomized trial.,” Am. J. Clin. Nutr., Jul. 2015.

MARCADORES INFLAMATORIOS Y ENTRENAMIENTO CON KINESIS EN MUJERES MAYORES

Se ha observado que el aumento de citoquinas como pueden ser la interleuquina 6 (IL-6) o el factor de necrosis tumoral alfa (TNF- α) se asocia a un incremento en el riesgo de ciertas enfermedades. Estas citoquinas se consideran marcadores inflamatorios y un aumento de sus niveles es lo que se conoce como inflamación de bajo grado.

Además, los incrementos en los niveles circulantes de la proteína C reactiva (PCR), TNF-α y IL-6 observados en personas mayores podrían explicar, en parte, el aumento del riesgo de aterosclerosis, diabetes tipo 2, hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares en esta población.

Debido a la evidencia existente de que el ejercicio regular disminuye la inflamación de bajo grado, Ogawa y cols (1) examinaron los efectos de un programa de entrenamiento de fuerza de baja intensidad sobre varios marcadores de inflamación, el espesor muscular de 6 vientres musculares (anterior y posterior del brazo, abdomen, subescapular y anterior y posterior del muslo), insulina, perfil lipídico y presión sanguínea entre 21 mujeres mayores y sedentarias (85 años de media).

El protocolo de entrenamiento consistió en realizar al menos una sesión semanal de fuerza de 30 minutos de duración durante 12 semanas, compuesta de 4 ejercicios (3 para la parte superior del cuerpo y 1 para la inferior) a realizar en máquinas Kinesis, como las que se aprecian en la Figura 1.

fissac _ entrenamiento kinesis y mujer

Figura 1. Mujeres mayores ejercitándose en máquina Kinesis (como las utilizadas en el estudio de Ogawa y cols).

Como se aprecia en la tabla 1, los niveles circulantes de PCR, amiloide sérico A (SAA) y proteínas de shock térmico (HSP70) disminuyeron en respuesta a las 12 semanas de entrenamiento. Tanto SAA como PCR muestran una fuerte e independiente relación con eventos cardiovasculares futuros.

Tabla 1. Cambios en los niveles de los marcadores inflamatorios antes y después del programa. *Diferencias significativas entre valores del Pre y del Post. P<0.5. **Diferencias significativas entre los valores del Pre y del Post. P<0.1.

fissac _ kinesis y entrenamiento mujer

Además aumentó el espesor en los músculos de la parte superior del brazo, abdomen y subescapular. Estos últimos resultados pueden ser reflejo del énfasis que se hizo sobre el entrenamiento de la parte superior del cuerpo en relación a la inferior.

De igual modo, se obtuvieron mejoras a nivel de factores metabólicos como la presión sanguínea, perfil lipídico (colesterol total y triglicéridos) e insulina. Sin embargo, los niveles séricos de IGF-I disminuyeron.

Por tanto, en personas mayores, donde el ejercicio de alta intensidad podría incidir negativamente en la adherencia al programa, vemos como el de baja intensidad parece ser una estrategia válida para la prevención de la sarcopenia y la disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares a través de la mejora de la presión sanguínea, la resistencia a la insulina, la masa muscular y la reducción de niveles circulantes de ciertas citoquinas pro-inflamatorias.


REFERENCIAS

Ogawa, K., Sanada, K., Machida, S., Okutsu, M., & Suzuki, K. (2010). Resistance exercise training-induced muscle hypertrophy was associated with reduction of inflammatory markers in elderly women. Mediators of inflammation, 2010.

EFECTO DE DIETA Y/O EJERCICIO SOBRE LA OBESIDAD. RELACIÓN CON ADIPONECTINA Y LEPTINA

Como vimos en entradas anteriores, las concentraciones de adiponectina y leptina están alteradas en patologías como la obesidad. En este caso concreto, disminuyen los niveles de adiponectina y aumentan los de leptina. La importancia de éstas llega a ser tal que se ha asociado una alteración de sus niveles con el mecanismo por el que la obesidad se relaciona con enfermedades crónicas.

Por ello, mantener unos niveles adecuados tanto de adiponectina como de leptina resulta fundamental desde el punto de vista de la salud pública.

Es por este hecho que se llevó a cabo un estudio (1) entre mujeres posmenopáusicas con sobrepeso y obesidad con el fin de comparar el efecto de 3 programas para pérdida de peso sobre los niveles séricos de adiponectina y leptina:

1. Programa de 12 meses de dieta hipocalórica.

2. Programa de 12 meses de ejercicio.

3. Programa de 12 meses de dieta hipocalórica + ejercicio.

Así, se observaron reducciones considerables en las concentraciones de leptina en los 3 grupos, produciéndose el mayor descenso entre las mujeres del grupo dieta+ejercicio, mientras que las concentraciones de adiponectina aumentaron entre las mujeres de los grupos dieta+ejercicio y dieta, pero no en las del grupo de sólo ejercicio. Además, se obtuvo que, independientemente de la intervención llevada a cabo, la pérdida de peso tuvo una relación dosis-dependiente sobre los niveles de leptina y adiponectina observándose, entre quienes perdieron ≥10% de su peso inicial o >6.35% de la grasa corporal, los mayores incrementos en adiponectina y disminuciones en leptina entre las participantes de los grupos dieta+ejercicio y dieta.

El mayor incremento en los niveles de adiponectina se acercó a un 20% (en el grupo de sólo dieta) mientras que el mayor descenso en el de leptina fue >55% (en el de dieta+ejercicio).

fissac _ leptina y ejercicio + dieta

Figura 1. Efecto de un programa individual y conjunto de dieta para pérdida de peso (con o sin ejercicio), y ejercicio sobre los niveles de adiponectina y leptina, clasificados por cambios en el % de grasa corporal (1).

Por tanto, los resultados obtenidos confirman la importancia de abordar la obesidad, al igual que cualquier estado patológico, desde un enfoque multidisciplinar, donde tanto el especialista en ejercicio como el nutricionista elaboren, de forma conjunta, programas de intervención que promuevan el mayor porcentaje posible de pérdida de grasa corporal, lo que vendrá asociado a mejoras en la salud del paciente a todos los niveles.


REFERENCIAS

  1. Abbenhardt, C., McTiernan, A., Alfano, C. M., Wener, M. H., Campbell, K. L., Duggan, C., … & Ulrich, C. M. (2013). Effects of individual and combined dietary weight loss and exercise interventions in postmenopausal women on adiponectin and leptin levels. Journal of internal medicine274(2), 163-175.

IMPORTANCIA DE UNA DIETA ALTA EN PROTEÍNAS PARA LA POBLACIÓN DEPORTISTA

En los últimos tiempos las clásicas recomendaciones nutricionales -en las cuales se fomentaba un consumo mínimo de carbohidratos de en torno al 60% y la denostación de las grasas sin atender al origen de las mismas- están siendo analizadas de forma muy crítica por el gran aumento de patologías como diabetes tipo II y obesidad. En una reciente revisión (1) se analizó el papel de las proteínas en la dieta de los deportistas, probablemente el grupo que, junto con las personas de la tercera edad, tengan unos mayores requerimientos de este macronutriente para evitar la atrofia muscular.

Las proteínas son necesarias para producir un balance de nitrógeno positivo y aumentar la síntesis proteica y con ello la masa muscular. Por otro lado, este macronutriente tiene un mayor poder termogénico y saciante que los carbohidratos o las grasas, por lo que será adecuado aumentar su ingesta en situaciones en las que se busque mejorar la composición corporal reduciendo los niveles de grasa y aumentando o manteniendo la masa muscular.

fissac _ dietas altas en proteínas

Figura 1. En la mayoría de ocasiones no está fundamentada la toma de batidos u otros suplementos de comidas para cumplir con los requerimientos de proteínas. Estos niveles pueden ser normalmente conseguidos con una alimentación variada y natural.

En esta revisión se critica la clásica recomendación de consumir 0,8 g/kg/día de proteína atendiendo a numerosos estudios que muestran que un consumo de 0,25/kg/comida sería más recomendable, con un consumo final diario de aproximadamente 1,5-2 g/kg/días. Consumos superiores –por encima de 2,5 g/kg/día- no han mostrado proporcionar mayores mejoras en cuanto a síntesis proteica, y pese a que no se produzca daño a nivel renal con estas cantidades se deben evitar aumentos excesivos e innecesarios de urea y creatinina que no puedan ser correctamente metabolizados.

Al aumentar la cantidad de proteína, la ingesta de otro macronutriente se verá disminuida si se quiere mantener el equilibrio entre ingesta y gasto energético. En la población general, y ante patologías como diabetes y obesidad, se están hallando grandes beneficios reduciendo la ingesta de carbohidratos simples y no dando tanta importancia a la cantidad de grasas sino a su origen (principalmente mono y poliinsaturadas). Sin embargo, como se expone en la citada revisión, el rendimiento en ejercicios de alta intensidad puede verse disminuido si la ingesta de carbohidratos es escasa, por lo que en este tipo de deportes podría mantenerse elevado el consumo de proteínas y carbohidratos y disminuir el de grasas (manteniendo siempre unos niveles mínimos). En ejercicios de resistencia el aumento del consumo de grasas en detrimento de los carbohidratos podría mejorar la capacidad de oxidación de las primeras, suponiendo este mecanismo una reducción en la utilización de los depósitos de glucógeno y con ello una mejora del rendimiento retrasando la fatiga.

En conclusión, la ingesta de unos niveles correctos de proteínas podría ser el pilar en torno al cual establecer una dieta para cualquier tipo de población. En el caso de los deportistas los requerimientos de este macronutriente están aumentados, y dependiendo del tipo de ejercicio realizado y del objetivo de la sesión o del microciclo (alta en carbohidratos para competición o ejercicios de alta intensidad, baja para mejora de oxidación de grasas…) se deberá decidir si se reducen los carbohidratos o las grasas para cumplir con las necesidades energéticas de la persona.


REFERENCIAS

  1. Phillips SM. A Brief Review of Higher Dietary Protein Diets in Weight Loss: A Focus on Athletes. Sport Med. 2014;44(Suppl 2):149–53.

LA TRIADA DE LA MUJER DEPORTISTA Y SUS POTENCIALES RIESGOS

La triada de la mujer deportista es un síndrome que se ha observado en las mujeres que practican deporte y que presentan interrelación entre los siguientes tres factores: desórdenes alimenticios, amenorrea y osteoporosis. Esta condición se considera un trastorno caracterizado por una alteración en la disponibilidad de energía (con o sin trastornos de la alimentación), la función menstrual y la densidad mineral ósea.

Hasta 2007, cuando el Colegio Americano de Medicina del Deporte (ACSM) actualiza las pautas para el diagnóstico, era necesario presentar conjuntamente los 3 componentes para ser diagnosticada como triada de la mujer deportista. Sin embargo, desde entonces, ya no tiene que presentar alteración conjunta de los tres para ser diagnosticada de este síndrome.

En cuanto a sus datos epidemiológicos, hay estudios que nos hablan de una incidencia de hasta un 78% de mujeres que practican deporte que desarrollan uno o más de los componentes de la triada. Asimismo, el riesgo de sufrir fracturas óseas por estrés entre estas mujeres se incrementa desde un 15% a un 21% en presencia de un factor de riesgo, aumentando este valor hasta el 30% con dos factores y hasta un 50% de riesgo con tres.

A la hora de evaluar cada componente específico de la triada, nos encontramos que la prevalencia de irregularidades menstruales entre niñas de secundaria que realizaban deporte osciló entre un 19 y un 54%, mientras que se demostró que de un 11% a un 25% de las mujeres deportistas tuvieron comportamientos alimentarios patógenos o estuvieron en riesgo de desarrollar trastornos alimenticios según aparecen descritos en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-IV). Por tanto, en estos casos la educación temprana es fundamental para prevenir que las deportistas lleguen a etapas más avanzadas de la patología. Cabría reseñar que este problema no es exclusivo de mujeres deportistas, sino que también afecta a las mujeres obsesionadas con la imagen (ortorexia).

Además, el incremento de la participación de la mujer en el deporte junto con una sociedad cada vez más competitiva y los estereotipos actuales, pueden conducir a las mujeres a trastornos alimenticios y de obsesión por el ejercicio haciendo que las labores de prevención, diagnóstico y manejo de cada uno de los factores de la triada se conviertan en esenciales.

Así, educar a las deportistas sobre pautas nutricionales adecuadas sería una fuente importante en la prevención de la triada ya que proporcionaría una disponibilidad óptima de la energía afectando positivamente a la salud ósea y a la salud reproductiva y, por tanto, evitando la aparición de estados patológicos asociados a los componentes de la triada.

De igual forma, los entrenadores, preparadores físicos y los profesionales de la salud también deben ser educados sobre esta triada para detectar y saber reconocer cualquier alteración de sus componentes. La anamnesis y el examen físico por parte de profesionales de la salud pueden proporcionarnos datos que verifiquen si una deportista está en riesgo de desarrollar cualquiera de las alteraciones comentadas. Es por esto que el tratamiento para este grupo de deportistas es esencial que se lleve a cabo de forma multidisciplinar.

Para finalizar y aunque esta triada representa un gran riesgo para la salud, los beneficios del ejercicio, sobradamente evidenciados en muchos casos, superan sus potenciales riesgos.


REFERENCIA

Matzkin, E., Curry, E. J., & Whitlock, K. (2015). Female Athlete Triad: Past, Present, and Future. Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons23(7), 424-432.

DOLOR DE ESPALDA EN MUJERES, ¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR?

El dolor de espalda es uno de los problemas de salud más frecuentes en nuestra sociedad. Muchos de los dolores lumbares tienen un origen muscular, teniendo las personas que los sufren una debilidad en los músculos propios de esta zona.

Un estudio reciente de Yaprak determinó los efectos de un programa de entrenamiento de 10 semanas de extensión dinámica de espalda sobre la fuerza muscular de la espalda, la resistencia y el rango de movimiento de la columna vertebral (ROM) en chicas jóvenes sanas.

fissac _ extensión lumbar

Figura 1. Ejercicio de extensión de espalda.

Antes del periodo de entrenamiento se tomaron medidas antropométricas, datos de fuerza y resistencia de los músculos de la espalda, flexión lateral y rango de movilidad articular de la columna. Tras las medidas, los participantes fueron divididos en 2 grupos. El grupo de ejercicio (N=35) hizo un programa que consistió en 3 días a la semana extensión de espalda dinámica (2 series de 25 repeticiones con 2 minutos de descanso entre serie). El grupo control (N=38) no participó en ningún programa de ejercicio.

Los resultados mostraron diferencias significativas entre el pre y el post-entrenamiento en los valores de fuerza muscular y ROM de columna en el grupo que realizó el programa de ejercicio, mientras que el grupo control no mostró ninguna mejora significativa tras el periodo de entrenamiento.

fissac _ dolor de espalda y ROM de columna

Tabla 1. Datos de ROM de columna en los participantes del estudio [1]

Los resultados demuestran que 10 semanas de entrenamiento de fuerza dinámica son efectivas para mejorar el ROM de la columna e incrementar la fuerza de la espalda. En este contexto, este programa puede ser utilizado para prevenir el descenso de la movilidad de la zona lumbar así como incrementar parámetros saludables en individuos sanos.

Nuevamente se demuestra cómo la actividad física previene la aparición de lesiones y dolencias relacionadas con el sedentarismo. Realizar 3 días a la semana lo que solemos llamar “lumbares” es un tratamiento eficaz para evitar el dolor de espalda, problema que si no se controla puede alterar la calidad de vida de las personas que lo sufren.


REFERENCIAS

[1]      Y. Yaprak, “The effects of back extension training on back muscle strength and spinal range of motion in young females,” Biol Sport, vol. 30, no. 3, pp. 201–206, 2013.

¿ES RECOMENDABLE EL EJERCICIO FÍSICO DURANTE EL EMBARAZO? DIABETES GESTACIONAL

El embarazo está comúnmente asociado a numerosas comorbilidades, como pueden ser el dolor de espalda por los cambios posturales o la debilidad del suelo pélvico con las consiguientes pérdidas de orina.

Una de las patologías que pueden surgir con el embarazo es la diabetes mellitus gestacional, la cual puede tener consecuencias tanto en la madre como en el feto. Las mujeres con diabetes gestacional están en mayor riesgo de sufrir diabetes tipo II tras el parto además de una ganancia excesiva de peso. Por otro lado, el parto de estas mujeres tiene una mayor probabilidad de ser por cesárea, y su hijo tendrá un riesgo incrementado de nacer con macrosomía además de mayor tendencia a sufrir obesidad y diabetes.

En el estudio de los españoles Barakat y cols (1) trataron de investigar si un plan de ejercicio físico realizado entre la semana 10 y el final del embarazo reducía el riesgo de diabetes gestacional así como de las comorbilidades asociadas a la madre y al hijo (ganancia de peso de la madre, peso del feto, riesgo de macrosomía y probabilidad de parto por cesárea).

Para ello, 510 mujeres fueron asignadas de forma aleatoria a un grupo control que siguió las recomendaciones tradicionales o a un grupo de ejercicio planificado durante el embarazo. Las mujeres de este último grupo realizaron tres sesiones semanales que incluían ejercicios de movilidad articular y fuerza (con bandas elásticas y pesas de 3 kg), ejercicios para el fortalecimiento del suelo pélvico, así como baile para trabajar en mayor medida el sistema cardiovascular.

Los resultados muestran que el ejercicio durante el embarazo disminuyó significativamente el riesgo de que el feto sufriese macrosomía (peso > 4 kg) y el número de partos por cesárea. Además, las mujeres del grupo que realizó ejercicio aumentaron su peso corporal significativamente menos que el grupo control, sin diferencias en el peso de los recién nacidos o en el tiempo de embarazo. Por último, el ejercicio supuso que las mujeres de este grupo obtuviesen mejores valores en el test de tolerancia a la glucosa realizado y un menor riesgo de diabetes gestacional atendiendo al protocolo de medición expuesto por la OMS.

fissac _ diabetes gestacional y ejercicio

Figura 1. El ejercicio físico durante el embarazo reduce el riesgo de macrosomía fetal así como el número de partos por cesárea.

Como vemos, el ejercicio físico bien planificado y controlado es una herramienta eficaz durante el embarazo que puede disminuir el riesgo de sufrir una patología tan importante como es la diabetes gestacional, disminuyendo por tanto co-morbilidades tanto para la madre (ganancia de peso, diabetes tipo II) como para el hijo (macrosomía, obesidad, diabetes) así como el riesgo de parto por cesárea.

Por ello, creemos conveniente que las mujeres embarazadas y el personal sanitario sean conscientes de la gran importancia de realizar ejercicio físico durante este periodo, viendo así mejoradas numerosas patologías –dolores por deficiencias posturales, diabetes gestacional, hipertensión, etc.- y en general su calidad de vida y la de su hijo.


REFERENCIAS

  1. Barakat R, Pelaez M, Lopez C, Lucia A, Ruiz JR. Exercise during pregnancy and gestational diabetes-related adverse effects: a randomised controlled trial. Br J Sports Med. 2013;47(10):1–7.

PRONAF: PRIMER ESTUDIO DE TRATAMIENTO INTEGRAL PARA LA OBESIDAD EN ESPAÑA

La obesidad y sus enfermedades asociadas son un problema real y creciente en la población española. Por ello, un grupo de investigadores del Laboratorio de Fisiología del Esfuerzo del INEF de Madrid coordinó un estudio pionero en España en el que integraron el tratamiendo de 96 pacientes obesos desde una perspectiva multidisciplinar. La nutrición la llevó a cabo el Departamento de Nutrición del Hospital La Paz de Madrid, mientras que las pruebas de valoración fisiológica y antropométrica, además de los entrenamientos personales, los realizaron los miembros del Laboratorio.

El objetivo de su estudio fue comparar los efectos de diferentes programas de actividad física en combinación con una dieta hipocalórica en la composición corporal de 96 personas obesas. Divididos en 4 grupos, los sujetos llevaron a cabo 22 semanas de entrenamiento siguiendo la misma dieta hipocalórica prescrita individualmente para cada sujeto (30% de kcal menos que el gasto energético diario).

Los grupos se dividieron en:

  • Entrenamiento de Fuerza (S, n=24).
  • Entrenamiento de Resistencia (E, n=26).
  • Entrenamiento mixto, Fuerza + Resistencia (SE, n=22)
  • Actividad física basada en las recomendaciones del Colegio Americano de Medicina del Deporte (C, n=22).

fissac _ pronaf _ obesidad y ejercicio

Figura 1. Esquema de Circuito mixto [1]

El grupo S realizó un entrenamiento de 8 ejercicios: press de hombro, squats, remo, zancada lateral, press de pecho, zancada frontal, curl de bíceps y press francés para el tríceps. El grupo de resistencia realizó ejercicios de bici, cinta y elíptica, mientras que el grupo de entrenamiento mixto intercaló estos 3 elementos con sentadilla, remo, press de pecho y zancadas laterales (15 repeticiones por cada fase de 45 segundos de ejercicio de resistencia). El grupo que siguió las recomendaciones del ACSM realizó 200-300 minutos de intensidad moderada-intensa a la semana. La carga interna de entrenamiento y la duración de las sesiones fueron las mismas en los 3 grupos supervisados.

Las variables antropométricas se midieron con DEXA. Al final de la intervención hubo mejoras significativas en peso corporal (S: -9.21±0.83 kg; E: -10.55±0.80 kg; SE: -9.88±0.85 kg; C: -8.69±0.89 kg) y en la masa grasa total en los 4 grupos de estudio (S: -5.24±0.55%; E: -5.35±0.55%; SE: -4.85±0.56%; C: -4.89±0.59%). Sin embargo, no hubo diferencias significativas entre grupos durante el periodo del estudio, por lo que los investigadores concluyeron que cuando se combina una dieta hipocalórica con ejercicio y recomendaciones de actividad física en un programa de obesidad la efectividad es la misma [2].

La plena dedicación de los investigadores, el tratamiento individualizado a cada paciente y el modelo creado hizo que este estudio fueran las bases de los tratamientos multidisciplinares para la obesidad. Fruto del trabajo conjunto entre Universidades y hospitales, desde el laboratorio se creó una spin-off denominada Centro PRONAF, empresa que mantiene el espíritu de investigación y que tiene la responsabilidad de transmitir el conocimiento científico a través de la experiencia adquirida y la puesta en práctica y desarrollo de nuevos servicios que den valor a la sociedad.


REFERENCIAS

[1]  E. Morencos, “Efectos de la dieta y el ejercicio sobre el síndrome metabólico y sus factores,” Universidad Politécnica de Madrid, 2012.

[2]  P. J. Benito, L. M. Bermejo, A. B. Peinado, B. López-Plaza, R. Cupeiro, B. Szendrei, F. J. Calderón, E. A. Castro, and C. Gómez-Candela, “Change in weight and body composition in obese subjects following a hypocaloric diet plus different training programs or physical activity recommendations.,” J. Appl. Physiol., vol. 118, no. 8, pp. 1006–13, Apr. 2015.