LIPOSUCCIÓN Y EJERCICIO FÍSICO, ¿POR CUÁL NOS DECANTAMOS?

Los cánones actuales de belleza contemplan al sobrepeso y a la obesidad como algo no estético. De ahí que la liposucción sea actualmente el segundo tipo de cirugía estética más popular en el mundo, solo por detrás del aumento de mama. Sin embargo, como todo procedimiento quirúrgico conlleva complicaciones y riesgos asociados.

El desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas que permiten la eliminación de una mayor cantidad de grasa en un entorno más seguro junto con el hecho de que el tejido adiposo sea un órgano metabólicamente muy activo, ha llevado a pensar que la liposucción podría ser un método efectivo para mejorar el perfil metabólico por la pérdida de adiposidad que se produce y a plantearse como coadyuvante en el tratamiento de la obesidad y sus comorbilidades.

Sin embargo, los resultados al respecto son inconsistentes ya que el tejido visceral permanece intacto tras la intervención, todo lo contrario a lo que ocurre con el tejido subcutáneo. Además los estudios que han investigado los efectos metabólicos tras la liposucción son controvertidos, ya que o no han registrado ningún cambio o se han observado beneficios sobre uno o más factores de riesgo cardiovascular.

Se postula que la distribución de la grasa corporal es incluso más importante para el riesgo cardiovascular que la adiposidad total. Así, el tejido adiposo visceral es un potente indicador de riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares (1). Por tanto, el incremento inmediato que se producirá en la proporción de grasa visceral respecto a la subcutánea podrá suponer un empeoramiento de ciertos factores de riesgo como la resistencia a la insulina, el perfil lipídico y los niveles de sustancias pro-inflamatorias, incrementando con ello el riesgo de enfermedades (2).

Sabemos que el ejercicio físico produce adaptaciones fisiológicas mejorando la sensibilidad a la insulina, la oxidación lipídica, reduciendo los niveles inflamatorios, incrementando la masa muscular y reduciendo la grasa abdominal, especialmente la grasa visceral.

Una diferencia clave a nivel fisiológico entre ambas estrategias es que la liposucción reduce exclusivamente el tejido subcutáneo, mientras que el ejercicio mejora el metabolismo lipídico tanto en el tejido subcutáneo como en el visceral (3).

Como comentamos anteriormente, el incremento inmediato en el ratio grasa visceral/grasa subcutánea podría ser negativo para el metabolismo, mientras que el ejercicio físico podría ser una estrategia efectiva para minimizar o incluso revertir estos posibles efectos deletéreos debido a su capacidad para reducir el tejido visceral (4). Durante la liposucción no solo se retira el tejido graso subcutáneo más superficial sino que también se elimina la capa más profunda de éste, estando ésta última fuertemente asociada con la resistencia a la insulina y otros factores de riesgo cardiovascular (5).

Por tanto, la liposucción y el ejercicio físico serían estrategias útiles, además de para fines estéticos, para el tratamiento de la obesidad y las alteraciones metabólicas (3). Si bien la liposucción es una forma rápida de eliminar grasa en zonas localizadas, no deja de ser una intervención quirúrgica y, como tal, conlleva una serie de riesgos. Por ello, cuando se busque principalmente un fin estético, recomendamos en primer lugar ponerse en manos de especialistas en ejercicio físico y nutrición con el objetivo de luchar contra esa grasa de más, ya que la correcta realización de un programa de entrenamiento y nutrición nos permitirá conseguir resultados muy satisfactorios sin exponernos a los riesgos asociados a una cirugía.

REFERENCIAS:

  1. Després, J. P., Lemieux, I., Bergeron, J., Pibarot, P., Mathieu, P., Larose, E., . . . Poirier, P. (2008). Abdominal obesity and the metabolic syndrome: contribution to global cardiometabolic risk. Arterioscler Thromb Vasc Biol, 28(6), 1039-1049. doi:10.1161/ATVBAHA.107.159228
  2. Giese, S. Y., Bulan, E. J., Commons, G. W., Spear, S. L., & Yanovski, J. A. (2001). Improvements in cardiovascular risk profile with large-volume liposuction: a pilot study. Plastic and reconstructive surgery, 108(2), 510-519.
  3. Benatti, F. B., Lira, F. S., & Oyama, L. M. (2011). Strategies for reducing body fat mass: effects of liposuction and exercise on cardiovascular risk factors and adiposity. Diabetes, metabolic syndrome and obesity: targets and therapy, 4, 141.
  4. Hansen, D., Dendale, P., Berger, J., van Loon, L. J., & Meeusen, R. (2007). The effects of exercise training on fat-mass loss in obese patients during energy intake restriction. Sports Medicine, 37(1), 31-46.
  5. Kelley, D. E., Thaete, F. L., Troost, F., Huwe, T., & Goodpaster, B. H. (2000). Subdivisions of subcutaneous abdominal adipose tissue and insulin resistance. American Journal of Physiology-Endocrinology And Metabolism, 278(5), E941-E948.

CONSUMO DE PROTEÍNAS Y DAÑO RENAL ¿MITO O REALIDAD?

Ya hemos hablado en este blog de la importancia del consumo de una cantidad óptima de proteínas, cantidad que parece ser mayor a la tradicionalmente recomendada. Un consumo adecuado de proteínas será esencial para la correcta recuperación y adaptación al entrenamiento en deportistas (Phillips 2014). Además, un aumento en el consumo de proteínas se asocia a mayores pérdidas de peso por el poder saciante de este nutriente y a una mejora en la respuesta insulínica en pacientes con diabetes tipo II (Gannon et al. 2003).

Teniendo en cuenta estos beneficios, no es de extrañar que muchas personas aumenten el aporte de proteínas en su dieta ya sea mediante alimentación o mediante suplementación. Sin embargo, existe un temor generalizado sobre los posibles efectos perjudiciales de este tipo de dietas, creyendo que elevar el consumo de proteínas podría favorecer la aparición de diversos problemas a nivel renal mediante el aumento de la presión glomerular y la hiperfiltración necesaria para metabolizar dicho nutriente.

Ante tal situación, en la revisión de Martin et al. (2005) se resumió la evidencia científica respecto a los efectos de una dieta alta en proteínas (>1.5 g/kg/día) sobre la estructura y función renal. En un estudio (Knight et al. 2003) realizado en 1624 mujeres con función renal normal o con insuficiencia renal moderada se observó que un consumo elevado de proteínas no disminuía la función renal en personas sanas, aunque el consumo total de proteínas sí se asoció a un empeoramiento de la patología en aquellas pacientes que ya presentaban insuficiencia renal con anterioridad. Otros estudios han mostrado como el consumo de proteínas eleva la presencia de creatinina y urea en orina, elevando el ratio de filtración glomerular y, por tanto, pudiendo suponer un estrés para el riñón. Una posible consecuencia de este aumento en el ratio de filtración glomerular podría ser el desarrollo de hipertrofia renal. Sin embargo, estas adaptaciones no tienen por qué suponer un mayor riesgo de insuficiencia renal sino que parecen ser simplemente un mecanismo de adaptación, algo que ocurre en muchas otras situaciones fisiológicas.

fissac _ diálisis proteínas

Fig. 1. En personas que ya presentan insuficiencia renal un consumo elevado de proteínas puede empeorar la patología al aumentar excesivamente la presión glomerular.

En resumen, las clásicas recomendaciones de consumo de proteínas parecen no ser suficientes para cumplir los requerimientos de ninguna población, y mucho menos en aquellas con mayores necesidades como los deportistas o las personas con mayor riesgo de atrofia muscular como las mayores. Elevar el consumo de proteínas (hasta 1.5-2 g/kg/día) podría tener numerosos beneficios, y atendiendo a la literatura científica, no parece suponer efectos negativos a nivel renal, algo que ha sido tradicionalmente defendido. No obstante, debemos ser conscientes de que estas recomendaciones deben ser individualizadas, ya que por ejemplo en aquellas personas que ya presentan algún tipo de insuficiencia renal sí podría empeorar la patología.


REFERENCIAS

Gannon, M.C. et al., 2003. An increase in dietary protein improves the blood glucose response in persons with type 2 diabetes. The American journal of clinical nutrition, 78, pp.734–741.

Knight, E. et al., 2003. The impact of protein intake on renal function decline in women with normal renal function or mild renal insufficiency. Annals of internal medicine, 138(6), pp.460–467.

Martin, W.F., Armstrong, L.E. & Rodriguez, N.R., 2005. Dietary protein intake and renal function. Nutrition & metabolism, 2, p.25.

Phillips, S.M., 2014. A Brief Review of Higher Dietary Protein Diets in Weight Loss: A Focus on Athletes. Sports Medicine, 44(Suppl 2), pp.149–153.

CREATINA, MUCHO MÁS QUE UN SUPLEMENTO PARA DEPORTISTAS

La creatina es un compuesto natural sintetizado a partir de 3 aminoácidos: arginina, glicina y metionina. Puede obtenerse de forma endógena, ya que el cuerpo es capaz de sintetizar una pequeña parte, mientras que el resto ha de aportarse de manera exógena, principalmente a través de alimentos como la carne y el pescado o de suplementación.

Dado que el 95% de las reservas de creatina se encuentran en el músculo esquelético (el 5% restante se halla en el cerebro, el hígado, los testículos y los riñones), la suplementación con creatina en la dieta ha sido tradicionalmente asociada a atletas y culturistas con el objetivo de aumentar la potencia, la fuerza y la masa muscular (1, 2).

El organismo tiene una capacidad limitada para la síntesis de creatina endógena. Por tanto, para conseguir un mayor incremento de sus niveles se tendrá que recurrir a la alimentación o a los suplementos dietéticos. Sin embargo, una vez alcanzada la concentración máxima de creatina en la célula muscular, la cual es de 160 mmol/kg, desaparecen los efectos beneficiosos asociados a su producción (1).

De forma similar a lo que ocurre con otros suplementos, un elevado aporte exógeno de creatina (como ocurre con la suplementación) puede disminuir la síntesis endógena de la misma. No obstante, este proceso se revierte una vez finalice la suplementación. Además, el tener pocos efectos secundarios no deseados, la convierte en un suplemento dietético de primera elección para los deportistas que pretendan obtener mejoras en su rendimiento.

Sin embargo, en la actualidad, ha emergido un nuevo rol de la creatina (3) proponiéndose que podría desempeñar un importante papel como método de prevención o retraso de la aparición de enfermedades asociadas al envejecimiento, donde se ha observado que los niveles de creatina se van reduciendo especialmente en el músculo esquelético.

La creatina puede ser fácilmente transportada a través de la barrera hematoencefálica, por lo que se sugiere que la suplementación exógena de creatina podría aumentar las concentraciones en el cerebro, donde la síntesis endógena será menor conforme la persona vaya envejeciendo. Por tanto, en los trastornos neurodegenerativos la creatina podría ayudar a retardar la progresión de la enfermedad.

En este sentido, la creatina ha demostrado ejercer propiedades antioxidantes sobre el cerebro, reducir la fatiga mental y protegerlo frente a la neurotoxicidad secundaria a ciertos tratamientos además de mejorar componentes relacionados con los trastornos neurológicos como la depresión y el trastorno bipolar. En resumen, la combinación de todos estos beneficios ha convertido a la creatina en una de las terapias líderes en la lucha contra las enfermedades y trastornos asociados con el envejecimiento del cerebro, como el Parkinson, la enfermedad de Huntington, la esclerosis lateral amiotrófica y los accidentes cerebrovasculares.


REFERENCIAS

  1. Harris, R. C., Söderlund, K., & Hultman, E. (1992). Elevation of creatine in resting and exercised muscle of normal subjects by creatine supplementation. Clinical Science, 83(3), 367-374.
  2. Greenhaff, P. L., Casey, A., Short, A. H., Harris, R., Soderlund, K., & Hultman, E. (1993). Influence of oral creatine supplementation of muscle torque during repeated bouts of maximal voluntary exercise in man. Clinical Science, 84(5), 565-571.
  3. Smith, R. N., Agharkar, A. S., & Gonzales, E. B. (2014). A review of creatine supplementation in age-related diseases: more than a supplement for athletes. F1000Research, 3(222).

EL PODER DE LA VIBRACIÓN PARA PREVENIR LA ATROFIA MUSCULAR

Como ya hemos dejado claro en anteriores entradas, creemos esencial que el sistema sanitario preste la atención necesaria para evitar la atrofia muscular que se produce en aquellos pacientes sometidos a procesos de inmovilización, ya sea por estar encamados durante la recuperación de una enfermedad aguda, como en el periodo perioperatorio o por la inmovilización de un miembro tras una lesión. Para ello, no sólo deben reducirse al máximo estos periodos sino que además el personal sanitario debe conocer los posibles efectos beneficiosos de distintas estrategias tanto farmacológicas como no farmacológicas (especialmente nutricionales y físicas o de ejercicio).

Con el fin de establecer nuevos métodos de prevención y tratamiento de la atrofia muscular, un grupo de investigación (Kaneguchi et al. 2014) analizó los posibles efectos beneficiosos de dos estrategias físicas como son la vibración y la carga de peso. Para ello, utilizaron un modelo animal (rata) al que sometieron a una inmovilización de los miembros traseros durante dos semanas. Los animales fueron divididos en cuatro grupos: un grupo control, que no fue inmovilizado, y tres grupos que sí lo fueron. De estos tres grupos inmovilizados, uno no recibió tratamiento, otro recibió un estímulo vibratorio 20 minutos diarios y al otro grupo de animales esos 20 minutos diarios les permitieron apoyar la pata.

Tras las 2 semanas de inmovilización todos los grupos disminuyeron la masa muscular, el área de las fibras musculares y la densidad capilar con respecto al grupo control. Sin embargo, el grupo al que se le permitió apoyar la pierna y el que fue sometido a vibración perdieron menos masa que el grupo que no recibió tratamiento, sin diferencias entre ambos métodos. Además, aunque todos los grupos perdieron densidad capilar con respecto al grupo control, el grupo de vibración lo hizo en menor medida que el grupo que no recibió tratamiento, no encontrando diferencias para esta variable entre el grupo al que se le permitió apoyar las patas 20 minutos al día y el que no recibió tratamiento.

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Fig. 1. La vibración no sólo es útil para las personas inmovilizadas sino también para aquellas con dificultad para realizar ejercicio físico, como las de la tercera edad .

Periodos de vibración intermitente son capaces de evocar contracciones musculares a través de la activación de los reflejos de estiramiento, no necesitando activación voluntaria y, por tanto, siendo idónea para personas mayores o aquellas poblaciones con imposibilidad de realizar ejercicio voluntario. Durante periodos de inmovilización el músculo carece de estímulos angiogénicos (que favorecen el crecimiento de capilares) como la hipoxia o el estrés mecánico que se da con la contracción muscular. Además, no solo se reducen los factores angiogénicos (como VEGF) sino que otros factores anti-angiogénicos se pueden ver aumentados en estos procesos (como CD36, que puede favorecer la apoptosis de las células endoteliales). Por ello, el aumento de flujo sanguíneo y las contracciones musculares involuntarias evocadas por la vibración suponen un estímulo mecánico en los vasos sanguíneos que favorece la angiogénesis.

Estos resultados nos muestran que es posible reducir en cierto modo las devastadoras consecuencias de los procesos de inmovilización. El personal sanitario debe conocer aquellas estrategias tanto nutricionales (creatina, HMB, antioxidantes, suplementación con proteína…) como físicas (electroestimulación, vibración, restricción de flujo sanguíneo, contracción voluntaria…) que pueden ser útiles para aminorar estos efectos, y aplicar en sus pacientes de forma individualizada la que consideren óptima atendiendo a sus características y posibilidades.


REFERENCIA

Kaneguchi, A. et al., 2014. Intermittent whole-body vibration attenuates a reduction in the number of the capillaries in unloaded rat skeletal muscle. BMC musculoskeletal disorders, 15(1), p.315. Available at: http://www.scopus.com/inward/record.url?eid=2-s2.0-84908403424&partnerID=tZOtx3y1.

EL PELIGRO DE LA INACTIVIDAD Y EL ROL DE LA MIOSTATINA EN LA ATROFIA MUSCULAR

La recuperación de una enfermedad o de una lesión requiere a menudo de un período de inactividad muscular (por ejemplo, reposo en cama o inmovilización de alguna extremidad). Una de las consecuencias principales de la inactividad será la atrofia del músculo esquelético que, a su vez, va a provocar deterioro de la función muscular y el metabolismo, disminución de la sensibilidad a la insulina y mayor acumulación de grasa.

Estudios recientes hablan de que periodos de tan solo 4 días de inmovilización de una extremidad provocan reducciones significativas de la capacidad funcional en personas mayores (1, 2). Sin embargo, poco se sabe sobre el efecto de cortos periodos de inactividad (< 7 días) sobre la estructura y la función de la masa músculo-esquelética.

La masa muscular es el resultado del equilibrio entre síntesis y degradación proteica. Así, la atrofia muscular producida como consecuencia de periodos prolongados de inactividad (> 10 días) se atribuye a una disminución de la síntesis de proteínas, sin aparentes cambios sobre la degradación proteica, mientras que en periodos de menor duración se cree que, en este caso sí, la degradación proteica juega un papel importante. Además, la miostatina, la cual actúa como limitante del crecimiento muscular, desarrolla su acción sobre la síntesis de proteínas y la miogénesis, pero también sobre la degradación proteica.

Recientemente se ha publicado un estudio (3) en el que se analizó el impacto de 5 y 14 días de inmovilización de una pierna sobre el músculo esquelético y la miostatina en 24 sujetos sanos (23±1 años) que no realizaban ningún tipo de programa de entrenamiento físico previo.

Tras los respectivos periodos de inmovilización, en ambos grupos se redujo significativamente el área de sección transversal del músculo cuádriceps, 3.5±0,5% y 8.4±2.8%, después de los 5 y 14 días respectivamente. Curiosamente, al valorar de forma específica el recto femoral, se observó que no se atrofió en ninguno de los dos grupos. Además, se produjo una reducción de 9.0±2.3% y 22.9±2.6% en los niveles de fuerza muscular de la pierna inmovilizada tras los 5 y 14 días de inmovilización, respectivamente, lo que implica un devastador efecto sobre la capacidad funcional

Por último, se obtuvo un incremento significativo del 68% y 54% en la miostatina después de los 5 y 14 días de inactividad, respectivamente, consecuente con el descenso de la masa muscular observado, lo cual muestra el papel que desempeña la miostatina en la regulación de la masa muscular a través de la inhibición de los factores de regulación miogénica.

En conclusión, periodos de inmovilización conducen a una rápida pérdida de la masa y la función muscular, observándose una importante atrofia tras solo 5 días de inactividad. Por ello, durante la recuperación de una enfermedad o una lesión que requiera un período de desuso muscular, es fundamental el llevar a cabo estrategias de intervención no farmacológicas (por ejemplo, nutricionales, como la suplementación con creatina, y físicas mediante contracciones isométricas, las cuales han demostrado ser efectivas) con el objetivo de prevenir o minimizar la atrofia muscular y la pérdida de capacidad funcional.


REFERENCIAS

  1. Hvid, L. G., Suetta, C., Aagaard, P., Kjaer, M., Frandsen, U., & Ørtenblad, N. (2013). Four days of muscle disuse impairs single fiber contractile function in young and old healthy men. Experimental Gerontology, 48(2), 154-161.
  2. Suetta, C., Frandsen, U., Jensen, L., Jensen, M. M., Jespersen, J. G., Hvid, L. G., … & Heinemeier, K. M. (2012). Aging affects the transcriptional regulation of human skeletal muscle disuse atrophy. PloS One, 7(12), e51238.
  3. Wall, B. T., Dirks, M. L., Snijders, T., Senden, J. M., Dolmans, J., & Loon, L. J. C. (2014). Substantial skeletal muscle loss occurs during only 5 days of disuse. Acta Physiologica, 210(3), 600-611.

CROSSFIT, ¿UN DEPORTE DE RIESGO?

La popularidad del Crossfit, un sistema de entrenamiento que incluye ejercicios de fuerza “funcionales” y de alta intensidad, está creciendo a pasos agigantados en los últimos años. Este sistema tiene un claro enfoque competitivo, ya que a menudo el objetivo es realizar una serie de ejercicios planteados para ese día (denominado Work of the Day, WOD) en el menor tiempo posible, o la mayor cantidad de repeticiones de un ejercicio en un tiempo dado. Este deporte supone una alta demanda a nivel tanto físico como mental para los deportistas, que a menudo llegan al fallo muscular y pierden el control neuromuscular necesario para realizar los ejercicios de forma correcta. Por ello, actualmente está siendo investigado si este sistema de entrenamiento podría suponer un elevado riesgo de lesión.

En el estudio de Hak et al (2013), tras analizar 132 sujetos que realizaban Crossfit, se observó que un 73,5% de los mismos había sufrido una lesión que le había impedido trabajar o entrenar, siendo la mayor parte de estas lesiones en los hombros, la espalda y el codo. Además, un 7% de los sujetos sufrió una lesión tan grave como para ser intervenido quirúrgicamente. Estos autores determinaron un ratio lesional de 3,1 lesiones por cada 1000 horas de entrenamiento, ratio parecido al encontrado en otra disciplina altamente exigente como la halterofilia. Sin embargo, el hecho de que en Crossfit no se haga una sola repetición sino numerosas repeticiones y con altas velocidades de distintos ejercicios puede propiciar unos elevados niveles de fatiga que favorezcan la aparición de una lesión al perder el control sobre la técnica.

Por otro lado, en el estudio de Weisenthal et al (2014) se estudiaron 386 crossfiteros y encontraron que un 19,4% había sufrido una lesión en los 6 meses previos al estudio, siendo de nuevo el hombro y la espalda las zonas más lesionadas. Sin embargo, los autores no proporcionan datos previos a esa fecha. Estos autores no encontraron una asociación significativa entre el volumen de entrenamiento o la fuerza de los sujetos y el ratio de lesión, aunque los hombres resultaron ser más propensos a lesionarse. Además, un hallazgo importante fue que se lesionaban significativamente menos aquellos deportistas cuyo entrenador ejercía un mayor control sobre el entrenamiento.

woman doing crossfit snatch

woman doing crossfit snatch

Fig. 1. Aunque muchos de los ejercicios realizados en Crossfit son eficaces para mejorar la potencia muscular, el hecho de realizarlos con mala técnica o en condiciones de fatiga puede propiciar un alto riesgo de lesión.

Por lo tanto, el Crossfit parece favorecer un riesgo de lesión elevado. Sin embargo, debemos ser conscientes de que el peligro no está en la herramienta sino en cómo es utilizada. Como hemos nombrado en previas entradas, muchos de los ejercicios utilizados en crossfit como los olímpicos y los balísticos son muy eficaces para mejorar la potencia muscular y, por tanto, el rendimiento deportivo. No obstante, se debe focalizar la atención en la técnica de estos ejercicios para evitar lesiones así como dar la importancia necesaria a los periodos de recuperación entre ejercicios y entre sesiones, lo cual es esencial tanto para favorecer el proceso de adaptación ante las cargas de entrenamiento como para reducir los niveles de fatiga y a su vez reducir el riesgo de lesión. Por ello, los entrenadores de cualquier disciplina y en este caso de Crossfit juegan un papel fundamental para planificar y controlar de forma adecuada las sesiones y para educar a sus entrenados en la realización de los ejercicios.


REFERENCIAS

Hak, P.T., Hodzovic, E. & Hickey, B., 2013. The nature and prevalence of injury during CrossFit training. Journal of Strength and Conditioning Research, Nov, pp.1–14. Available at: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24276294.

Weisenthal, B.M. et al., 2014. Injury Rate and Patterns Among CrossFit Athletes. Orthopaedic Journal of Sports Medicine, 2(4), p.2325967114531177. Available at: http://ojs.sagepub.com/content/2/4/2325967114531177\nhttp://ojs.sagepub.com/content/2/4/2325967114531177.full\nhttp://ojs.sagepub.com/content/2/4/2325967114531177.full.pdf.