EFECTOS DE LAS BEBIDAS ENERGÉTICAS SOBRE LA SALUD

En los últimos años, el consumo de bebidas energéticas, tipo Red Bull, Burn, Monster Energy, entre otras, ha incrementado su popularidad, fundamentalmente entre los jóvenes y, principalmente, como estrategia para combatir el cansancio durante las noches de fiesta o de estudio. Se estima que el 31% de adolescentes entre 12 y 19 años consumen bebidas energéticas regularmente. Éstas se diferencian de otras bebidas, como las isotónicas, en su alto contenido de cafeína y azúcar y en que se promocionan como eficaces a la hora de mejorar el rendimiento físico y cognitivo.

El problema del consumo regular de las bebidas energéticas es su alto contenido en cafeína -250 ml suelen contener 70-80 mg de cafeína, mientras que una cantidad similar de té contiene unos 30 mg- y otras sustancias como guaraná, ginseng y taurina, cuyas interacciones entre ellas son inciertas. Ademas la combinación de cafeína y taurina podría ser hasta contraproducente por la función estimulante de la primera frente a la sedante de la segunda.

La cafeína en cantidades moderadas es considerada una sustancia segura. Sin embargo, en dosis elevadas puede acompañarse de ansiedad, convulsiones, agitación, migrañas, insomnio, deshidratación, problemas gastrointestinales, arritmias y otros problemas de tipo cardíaco, especialmente en niños y adolescentes.

Recientemente se han descrito casos en jóvenes de entre 13 y 19 años, donde se asoció una sobreingesta de bebidas energéticas con palpitaciones y fibrilación auricular e, incluso, infarto agudo de miocardio. Diversos estudios han observado que el gran riesgo de las bebidas energéticas procede de los efectos a nivel cardiaco –incremento agudo de las presiones sistólica y diastólica, la frecuencia cardíaca y el gasto cardíaco- que produce un consumo elevado de cafeína.

Además, los riesgos para la salud se acentúan cuando se combinan bebidas energéticas y alcohol. Asimismo, el hecho de que las bebidas energéticas permitan al sujeto permanecer en alerta, implicará que éste pueda consumir una mayor cantidad de alcohol, potenciando los efectos deletéreos de la interacción entre el alcohol y las bebidas energéticas, incluyendo la muerte.

Por tanto, se debería controlar el consumo de bebidas energéticas o de otros productos comerciales con alto contenido en cafeína, especialmente entre los adolescentes, ya que pueden desencadenar problemas cardíacos como arritmias y terminar convirtiéndose en enfermedades crónicas.

Por último, recientemente se han publicado (1) una serie de recomendaciones a tener en cuenta respecto al consumo de estos productos: no consumir más de una bebida energética (250 ml) al día; en el caso de aquellos con alteraciones cardíacas, consultar con su cardiólogo antes de consumirlas; han de evitarse antes o durante la práctica deportiva; y, no combinarlas con alcohol u otras drogas.


REFERENCIAS

1. Sanchis-Gomar, F., Pareja-Galeano, H., Cervellin, G., Lippi, G., & Earnest, C. P. (2015). Energy drink overconsumption in adolescents: implications for arrhythmias and other cardiovascular events. Canadian Journal of Cardiology, 31(5), 572-575.

LA DOMINADA, UN EJERCICIO FUNDAMENTAL EN NATACIÓN

No cabe duda de que el entrenamiento de fuerza se ha instaurado como uno de los pilares fundamentales para el rendimiento en cualquier deporte. En el caso de la natación, el rendimiento estará influenciado, aparte de por variables fisiológicas y psicológicas, por la cantidad de fuerza aplicada sobre el agua para desplazarse (además de por las fuerzas de frenado). Por ello, el entrenamiento de fuerza, ya sea en seco (fuera del agua) o específico dentro del gesto de nado (con palas, etc.), ocupa una gran parte del tiempo de entrenamiento de estos deportistas.

Dentro de la gran diversidad de ejercicios utilizados por los nadadores para entrenar la fuerza en seco, la dominada podría ser uno de los más populares. Durante una dominada se produce una gran activación del músculo dorsal ancho, uno de los principales músculos involucrados en la acción de nado. Por ello, este ejercicio podría servir tanto para entrenar como para evaluar los niveles de fuerza de los nadadores de una forma “específica”.

Sin embargo, ningún estudio hasta la fecha había evaluado la relación entre los niveles de fuerza en dominada y el rendimiento de nado. Por ello, uno de los autores de Fissac, Pedro L. Valenzuela, en colaboración con el especialista en natación J. Ignacio Pérez y otros investigadores como Mikel Izquierdo analizaron dicha relación en un estudio aceptado recientemente en el Journal of Strength and Conditioning Research . Para ello, se analizaron diversas variables biomecánicas de la dominada como la velocidad y la potencia en 12 nadadores jóvenes de alto nivel (tiempo en 50 m libres: 26.4 ± 1.4 s) mediante un encoder lineal enganchado a la cintura con un arnés. Además, se midió el tiempo de nado en 50 m libres y el tiempo de nado en 50 m sólo con pies.

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Fig. 1. La velocidad con la que se es capaz de realizar una dominada puede ser un indicador de rendimiento en nadadores de alto nivel.

Los resultados mostraron como tanto la velocidad (r=0.80) como la potencia (r=0.76) de ejecución en una dominada realizada a máxima intensidad podían predecir de forma importante el rendimiento en 50 m libres en estos nadadores de alto nivel. Además, la velocidad media sostenida durante un test de máximo número de dominadas hasta el fallo también se asoció de forma importante con el rendimiento (r=0.88). Sin embargo, el número de dominadas que los nadadores podían hacer hasta el fallo no se relacionó de forma significativa con el rendimiento, pese a ser uno de los tests más utilizados por los entrenadores de natación. Curiosamente, se observó también que uniendo los datos de pérdida de velocidad relativa durante el test de dominadas hasta el fallo y el tiempo en 50 m solo con pies se podía explicar hasta en un 84% el rendimiento en 50 m libres, mostrando así el importante papel de la fuerza del tren superior y de la eficacia de la patada para el rendimiento.

Por lo tanto, la dominada se muestra como un ejercicio fundamental en natación, pudiendo ser utilizado tanto para entrenar como para evaluar la fuerza del tren superior de los deportistas. Además, atendiendo a estos resultados, lo importante no es el número de dominadas que un deportista puede realizar, sino que la parte concéntrica (ascendente) de cada repetición se realice con la máxima velocidad posible. No obstante, es necesario remarcar el importante papel de la técnica en natación. De nada servirá la aplicación de una gran cantidad de fuerzas si éstas no se aplican en la dirección adecuada o si las fuerzas de frenado (dependientes de la posición del nadador, etc.) son excesivas. Por ello, el entrenamiento de la técnica debe primar sobre el entrenamiento de fuerza.

ADIPOSIDAD SUBCUTÁNEA Y BAJA MASA MUSCULAR EN PACIENTES CON CÁNCER

La pérdida de grasa ha empezado a asociarse recientemente con un peor pronóstico en pacientes con cáncer en estado avanzado, independientemente del peso corporal (1). Además, mientras que algunos estudios han mostrado que la obesidad se relaciona con una menor tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, otros han concluido que, en comparación con un IMC bajo o saludable, la obesidad se asocia con una menor mortalidad post-diagnóstico. Sin embargo, el IMC no proporciona una adecuada valoración de la composición corporal, ya que no diferencia entre grasa y masa libre de grasa o los diferentes depósitos adiposos.

Considerando las limitaciones del IMC como indicador de adiposidad, son necesarias herramientas de evaluación que permitan un análisis más preciso de las diferentes localizaciones de la grasa. En este caso, la tomografía computarizada (TAC) es considerada el “gold standard” en la evaluación de la composición corporal.

Un reciente estudio (2) ha analizado el papel del tejido adiposo, visceral y subcutáneo, como factor pronóstico para estimar la mortalidad en una cohorte de 1762 pacientes con cáncer, con el 60% en estadio avanzado. A todos los participantes se les realizó un TAC para la evaluación de la composición corporal, incluyendo el índice de músculo esquelético y marcadores de adiposidad como el índice de adiposidad total, visceral y subcutáneo.

Como principal resultado se halló que los pacientes con un alto índice de adiposidad total sobrevivieron una media de 19,8 meses frente a los 14 meses del grupo que tuvo bajo dicho índice. De igual forma, se observó una mayor supervivencia media en pacientes con alto índice de adiposidad subcutáneo (19,3 meses) en comparación con los que tuvieron bajo este índice (13,1 meses) (Fig. 1).

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Figura 1. Curva de supervivencia Kaplan-meier en pacientes con un alto índice de adiposidad subcutánea frente a los que tuvieron bajo dicho índice.

Asimismo, los pacientes con un alto índice de adiposidad subcutáneo y alto el visceral tuvieron la tasa de supervivencia más alta (20,4 meses), mientras que poseer un alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo se asoció con un aumento del riesgo de mortalidad. Por tanto, la disminución en la supervivencia en pacientes con un alto nivel de adiposidad visceral concurrente con una baja adiposidad subcutánea, reafirma la importancia de ésta última.

Por otra parte, el índice músculo-esquelético fue mayor en aquellos con mayor tejido adiposo subcutáneo. Además, los pacientes con baja masa muscular tuvieron menor supervivencia media para cada uno de los 4 fenotipos de adiposidad (alto índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo), siendo el efecto de la sarcopenia más acentuado en pacientes con bajo índice de adiposidad subcutáneo.

En conclusión, una baja adiposidad -total y subcutánea- es un predictor independiente de mortalidad al asociarse con una disminución en la tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, ejerciendo además el tejido subcutáneo un rol protector frente a la sarcopenia. Por lo tanto, como especialistas en ejercicio físico, debemos promover intervenciones que favorezcan el incremento de la masa muscular. Teniendo en cuenta que uno de los principales efectos del ejercicio físico es la pérdida de masa grasa, hemos de buscar estrategias que nos permitan aumentar la masa muscular sin perder grasa corporal, especialmente subcutánea. En este punto, será clave el trabajo conjunto con nutricionistas.

REFERENCIAS

  1. Murphy, R. A., Wilke, M. S., Perrine, M., Pawlowicz, M., Mourtzakis, M., Lieffers, J. R., … & Mazurak, V. C. (2010). Loss of adipose tissue and plasma phospholipids: relationship to survival in advanced cancer patients. Clinical Nutrition, 29(4), 482-487.
  2. Ebadi, M., Martin, L., Ghosh, S., Field, C. J., Lehner, R., Baracos, V. E., & Mazurak, V. C. (2017). Subcutaneous adiposity is an independent predictor of mortality in cancer patients. British Journal of Cancer. Jun 6. [Epub ahead of print]

¿ES EL FTP UN SUSTITUTO VÁLIDO DEL UMBRAL LÁCTICO?

El umbral de lactato o umbral láctico (UL) es un marcador fisiológico ampliamente utilizado para valorar la forma física de los deportistas así como para la determinación de las zonas de entrenamiento y la prescripción de la carga de trabajo. Aunque conocer el UL de un deportista en varios momentos de la temporada puede ser muy útil, su determinación rutinaria no es sencilla ya que requiere de tests de laboratorio o complejos tests de campo. Por ello, con la aparición de los potenciómetros en ciclismo, han surgido diversos tests de campo que intentan servir de sustitutos de la medición directa del UL, pudiendo ser realizados de forma habitual durante la temporada por el deportista, independientemente de su localización geográfica.

Uno de los tests más utilizados como sustituto del UL es el test FTP (umbral funcional de potencia, FTP por sus siglas del inglés functional threshold power). El FTP fue inicialmente propuesto por Allen y Coggan como la mayor potencia que un deportista es capaz de generar en un estado semi-estable y por encima del cual la fatiga llegaría de manera mucho más temprana. De forma práctica se ha propuesto que el FTP correspondería a la máxima potencia que un sujeto es capaz de mantener durante aproximadamente 1 h en óptimas condiciones (altamente motivado, etc.). Sin embargo, debido a la dificultad de realizar un test máximo de 1 h, la mayoría de deportistas realiza un test máximo de 20 minutos, restando a la potencia media obtenida un 5% para determinar el FTP.

Pese al extendido uso del FTP como sustituto del UL, ningún estudio hasta la fecha ha comprobado la relación entre ambos. No obstante, un grupo de investigación1 encontró que la potencia media obtenida durante un test de 20 minutos estaba altamente correlacionada (r=0.84) y no era significativamente diferente del UL. La alta correlación observada sugiere que el test FTP de 20 minutos es válido para conocer el estado de forma de un deportista (a mayor UL, mayor potencia en 20 minutos). Sin embargo, atendiendo a este estudio no sería necesario restar un 5% a la potencia media obtenida en el test de 20 minutos para determinar el UL.

Aunque el test FTP de 20 minutos sí parece ser válido para saber si un deportista está más o menos en forma (mejor o peor UL), la validez de este marcador como sustituto del UL podría depender en parte del estado de forma del deportista. Es posible que deportistas más entrenados sean capaces de aguantar la potencia correspondiente a su UL durante más tiempo, ya que el entrenamiento afecta a factores periféricos como la capacidad de eliminar metabolitos o de acumular glucógeno, así como a factores centrales como la capacidad de tolerar el sufrimiento. Por ejemplo, se ha observado que Induráin mantuvo una potencia correspondiente a su UL durante el récord de la hora 2.

En conclusión, tests de campo como el FTP facilitan la valoración del estado de forma de los deportistas de forma rutinaria durante la temporada. Sin embargo, se debe tener precaución a la hora de tomar estos valores para la determinación de las zonas de entrenamiento y la prescripción de la intensidad de entrenamiento, ya que la potencia media obtenida durante un test de duración fija (ej. 20 minutos) podría suponer una intensidad fisiológica diferente para deportistas de distinto nivel y motivación.

EFECTOS DEL ENTRENAMIENTO SUPERVISADO VS NO SUPERVISADO EN PERSONAS MAYORES

El envejecimiento biológico y la inactividad física contribuyen a procesos degenerativos en el sistema muscular y neural que darán lugar a alteraciones del equilibrio y la potencia muscular, aumentando el riesgo de caídas y, con ello, de dependencia y mortalidad.

Los beneficios para las personas mayores del entrenamiento de la fuerza y el equilibrio sobre la potencia muscular y la estabilidad dinámica/estática son incuestionables. Sin embargo, no está tan claro si dichos beneficios se obtienen indistintamente con programas de entrenamiento supervisado y no supervisado. Por ello, una reciente revisión sistemática con meta-análisis (1) ha cuantificado los efectos de los programas de entrenamiento de la fuerza y el equilibrio supervisados frente a los no supervisados sobre diferentes medidas de estabilidad y potencia muscular en mayores.

El análisis de los resultados reveló que los programas supervisados proporcionaron mayores beneficios en comparación con los no supervisados sobre el equilibrio estático y dinámico, el equilibrio proactivo, las baterías de test de equilibrio, y sobre la fuerza dinámica y la potencia muscular con contracciones isotónicas. Además se registró que un número de entre 10 y 29 sesiones supervisadas produjeron los mayores beneficios sobre el equilibrio estático y dinámico, el equilibrio proactivo, y sobre la fuerza y la potencia muscular, mientras que 30 o más sesiones fueron necesarias para obtener las principales mejoras sobre el equilibrio proactivo y las baterías de test de equilibrio. Asimismo, se halló que los efectos fueron mayores para los programas no supervisados que no incluyeron ninguna sesión supervisada frente a los que incluyeron un número pequeño de sesiones (3 o menos) guiadas por un entrenador.

Por tanto, estos resultados evidencian que, en personas mayores, un programa de entrenamiento supervisado aporta mayores beneficios sobre la potencia muscular y el equilibrio que uno no supervisado, poniéndose así de manifiesto el importante papel del especialista en ejercicio físico en los entrenamientos con personas mayores. Así, es necesaria la implementación de programas de este tipo para minimizar los efectos asociados a la edad, entre los que se incluyen las capacidades anteriormente mencionadas. Por último, se recomienda la realización 2-3 sesiones semanales supervisadas de entrenamiento de fuerza y equilibrio para asegurar efectos clínicamente relevantes.


REFERENCIAS

1. Lacroix, A.; Hortobágyi, T.; Beurskens, R.; & Granacher, U. (2017). Effects of Supervised vs. Unsupervised Training Programs on Balance and Muscle Strength in Older Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis. Sports Medicine. DOI: 10.1007/s40279-017-0747-6. [Epub ahead of print]

ÉXITO ACADÉMICO Y EDUCACIÓN FÍSICA: ¿SON NECESARIAS MÁS O MENOS HORAS DE EJERCICIO FÍSICO EN EL COLEGIO?

La educación física siempre ha sido la cenicienta de la educación. Una asignatura infravalorada por padres, políticos e incluso profesores. Debido al problema de salud pública que afecta a una sociedad que presenta niveles alarmantes de sedentarismo y un aumento exponencial de los casos de obesidad y enfermedades cardiovasculares y metabólicas, la falta de actividad física también puede repercutir en el correcto desarrollo motor y cognitivo del niño y, por ende, en su rendimiento académico. Las políticas de educación actuales reducen las horas de actividad física con el objetivo de aumentar el rendimiento académico, como si hacer actividad física repercutiera de forma negativa en las asignaturas estrella de la educación, las “mates” y la “lengua”. ¿Es verdad que reducir las horas de educación física repercute en el rendimiento académico? ¿Para bien? ¿Para mal?

Con el objetivo de responder a todas estas cuestiones, una revisión sistemática [1] estudió la relación entre el rendimiento académico y algunos de sus factores determinantes con el realizar actividad física en el colegio, ya sea en forma de clases de educación física, deporte extraescolar o actividad física de forma libre. Se estudiaron los vínculos entre el éxito académico y la participación en programas deportivos extracurriculares, clases de educación física y actividad física en el colegio.

Los datos indican que incluir una hora adicional al día de educación física dentro del tiempo curricular no afecta de forma negativa al rendimiento académico. Es más, un aumento en las horas de educación física en el programa escolar puede provocar una mejora en el promedio de las calificaciones escolares. Esto además tiene una lectura interesante, ya que implementar un programa con más horas de educación física exige una reducción sustancial del tiempo que se emplea para las demás asignaturas, y puesto que los niños alcanzan un rendimiento mayor con menos horas de clase, la eficiencia en el aprendizaje aumenta. A todo ello debemos sumar que la mayoría de los programas han demostrado una mejora significativa en las aptitudes físicas lo que ayudaría a combatir en parte el problema de salud pública antes mencionado.

Los estudios transversales muestran una asociación positiva entre el éxito académico y la actividad física. Demostrada la influencia de la actividad física sobre la concentración, la memoria y el comportamiento en clase, el debate de si ha de haber más horas de educación física en la escuela debe pasar a cómo se ha de implementar un programa curricular con una mayor presencia de la misma.

Por lo tanto, un aumento de las horas de actividad física en el programa curricular ha demostrado que no empeora los resultados académicos sino que ayuda a mejorarlos. Por el contrario, añadir horas académicas en detrimento de horas de educación física no mejora las calificaciones, resultando además perjudicial para la salud.


REFERENCIA

[1]      F. Trudeau and R. J. Shephard, “Physical education, school physical activity, school sports and academic performance,” Int. J. Behav. Nutr. Phys. Act., vol. 5, no. 1, p. 10, Feb. 2008.