MODELOS DE PERIODIZACIÓN EN NADADORES DE ÉLITE: ¿QUÉ HACER ANTES DE LA COMPETICIÓN?

La periodización del entrenamiento en el deporte de alta competición es un punto clave para conseguir el rendimiento deseado en la competición. El control de las variables fisiológicas y psicológicas del deportista, la carga de entrenamiento y el número de competiciones dan forma a una mezcolanza de variables que el entrenador debe tener en cuenta para planificar con criterio los entrenamientos de sus atletas. El diseño de programas de entrenamiento entraña incluso más dificultad cuando se acerca el periodo de competición, ya que el deportista debe conseguir el nivel deseado conforme se acercan las fechas claves de la temporada.

Si hablamos de expertos en la periodización de deportes cíclicos, Íñigo Mújika es un referente mundial. En un artículo reciente [1] en el que participaba el preparador y científico vasco, se estudiaron las relaciones entre la carga de entrenamiento durante las 11 semanas previas al periodo de competición de 138 nadadores de élite de velocidad, media y larga distancia en más de 20 periodos competitivos.

Se monitorizó la carga total de entrenamiento, el entrenamiento de fuerza y la intensidad. Definieron los periodos de entrenamiento en 4 tipos de mesociclo:

  1. Tappering: 1-2 semanas antes de la competición.
  2. Short-term: 3-5 semanas antes de la competición.
  3. Medium-term: 6-8 semanas antes de la competición.
  4. Long-term: 9-11 semanas antes de la competición.

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Figura 1. Cargas de entrenamiento a alta intensidad (línea de puntos con círculo), de baja a media intensidad (línea de rayas con cuadrado) y carga del entrenamiento de fuerza (línea continua) de un campeón del mundo durante las últimas 11 semanas antes de la competición.

Mediante modelos mixtos se analizó la asociación entre la carga total de entrenamiento (TTL) de cada mesociclo con el rendimiento durante la competición. En el periodo de tappering (2 semanas antes de la competición), un incremento de un 10% de la carga se asoció con un empeoramiento en las marcas (+0.07-s en 50-m y +0.20-s en 100-m). En cambio, un aumento del 10% de la TTL en los periodos médium y long term se asoció con una mejora de los tiempos (-0.07-s en 50-m y -0.20-s en 100-m). Para nadadores de media distancia un aumento de la TTL de un 10% en short, médium y long term mejoró el rendimiento en competición (-0.1-1.0 s en 200-m y -0.3-1.6 s en 400-m libres). Para sprinters, el entrenamiento de fuerza a un 60-70% de la carga máxima 6-8 semanas antes de la competición produjo los mayores efectos positivos sobre el rendimiento.

Por lo tanto, un incremento de la TTL hasta el 70-80% de las semanas 6 a la 11 antes de la competición (médium – long term) se asoció con mejoras en el rendimiento. Estos datos son interesantes puesto que un cambio “tan pequeño” como un 10% de la carga puede provocar cambios sustanciales en el rendimiento en competición según el periodo en el que se aplique.


REFERENCIA

[1]      P. Hellard, C. Scordia, M. Avalos, I. Mujika, and D. B. Pyne, “Modelling of optimal training load patterns during the 11 weeks preceding major competition in elite swimmers.,” Appl. Physiol. Nutr. Metab., p. apnm-2017-0180, Jun. 2017.

CONTRA EL SOBREPESO, ¿ENTRENAMIENTO INTERVÁLICO DE ALTA INTENSIDAD (HIIT) O CONTINUO DE INTENSIDAD MODERADA?

La obesidad es un problema que cada vez afecta a una mayor parte de la población. De hecho, actualmente al menos un 39% de la población tiene sobrepeso, y más de un 13% tiene obesidad. El sobrepeso, especialmente el exceso de grasa visceral, está a su vez asociado a otras patologías como las cardiovasculares (ej. ateroesclerosis, hipertensión) y metabólicas (ej. diabetes), e incluso a un mayor riesgo de desarrollar cáncer. Por ello, los profesionales de la salud debemos centrar nuestros esfuerzos en reducir la que ya es considerada la epidemia del siglo XXI.

Como vimos recientemente en una entrada, aunque la dieta se muestra como una estrategia eficaz para la pérdida de peso, el ejercicio es la mejor herramienta para la disminución de la grasa visceral. ¿Pero qué tipo de ejercicio aporta los mayores beneficios?

Un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista Obesity Reviews (1) comparó el efecto del ejercicio intermitente de alta intensidad (HIIT) o MICT en los cambios en la composición corporal en personas con sobrepeso u obesidad. Para ello, analizaron un total de 13 estudios (424 sujetos) que aplicaban estos programas de ejercicio durante una media de 10 semanas en la que los participantes entrenaban en torno a 3 días a la semana.

Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio mejoraban de forma significativa la composición corporal, con una reducción de 2 kg de grasa (6%) y de 3 cm de circunferencia de cintura incluso en ausencia de cambios en el peso corporal (como ya vimos en anteriores entradas, nuestro foco de atención debe ser la masa grasa y no el peso corporal). Curiosamente, no hubo diferencias entre los beneficios obtenidos al realizar HIIT o al realizar ejercicio continuo a intensidad moderada, aunque el tiempo de entrenamiento que requerían los programas de HIIT (95 minutos semanales) fue mucho menor que el del entrenamiento continuo (158 minutos semanales). Además, también se observó que aquellos programas en los que el ejercicio se realizaba corriendo aportaban mayores beneficios que en los que se realizaba en bicicleta.

Este estudio es de especial interés porque remarca la importancia del ejercicio para la pérdida de masa grasa en personas con sobrepeso. Además, muestra que tanto el ejercicio de alta intensidad (HIIT) como el continuo a intensidad moderada son opciones igual de eficaces para mejorar la composición corporal. No obstante, el tipo de ejercicio a realizar deberá adaptarse a las características de cada persona. El ejercicio de alta intensidad requiere de un menor tiempo de entrenamiento para aportar los mismos beneficios, por lo que puede ser una buena opción para aquellas personas con falta de tiempo. Sin embargo, debemos tener en cuenta también que este tipo de ejercicio puede suponer una menor adherencia al ejercicio y un mayor estrés cuando la persona está muy desentrenada. De igual forma, aunque correr aporta mayores beneficios para la pérdida de grasa, el mayor impacto articular que provoca puede llevarnos a elegir la bicicleta durante los primeros estadíos.

Como profesionales del ejercicio debemos atender a estos estudios para conocer de forma objetiva qué estrategias son las más eficaces, pero siempre debe primar la individualización. Así, deberemos adaptarnos a los gustos y características de cada persona, dando una mayor importancia a que se integre el ejercicio físico dentro de la rutina diaria en vez de a conseguir los mayores beneficios en el menor tiempo posible.


REFERENCIA

  1. Wewege, M, Berg, R Van Den, Ward, RE, and Keech, A. The effects of high-intensity interval training vs . moderate-intensity continuous training on body composition in overweight and obese adults : a systematic review and meta-analysis. Obes Rev 635–646, 2017.

DIETA ALTA vs BAJA EN CARBOHIDRATOS PARA EL RENDIMIENTO EN DEPORTES DE RESISTENCIA

El rendimiento en deportes de élite se nutre de nuevas investigaciones con el fin de mejorar las marcas de los deportistas. Recientes investigaciones han demostrado diferentes beneficios para el rendimiento de las dietas cetogénicas altas en grasas (LOW CARB-HIGH FAT), por lo que muchos atletas prueban estrategias nutricionales que incluyen protocolos con una baja disponibilidad en carbohidratos y ricas en grasa con el objetivo de mejorar su rendimiento.

Un estudio reciente liderado por la Dra. Burke [1] investigó la adaptación a una dieta baja en carbohidratos (LOW CARB) y alta en grasas (HIGH FAT) durante 3 semanas de entrenamiento intenso y sus efectos sobre el metabolismo y el rendimiento de atletas de élite de resistencia. Se realizaron 3 dietas isoenergéticas según el grupo de estudio:

  • High Carb (HCHO): alto aporte en carbohidratos (8,6 gr/kg/día hidratos de carbono, 2,1 proteína y 1,2 grasa) antes, durante y después del entrenamiento.
  • Low-High Carb (PCHO): idéntica ingesta de macronutrientes que la anterior pero alternando entre días disponibilidad alta y baja de CHO.
  • Low Carb – High Fat (LCHF): alta disponibilidad de grasa (< 50 g/día CHO; 2,1 g/kg/día de proteína; 78% de la ingesta energética en forma de grasa).

Tras la intervención, el VO2max incrementó en todos los grupos. El grupo LCHF aumentó la tasa de oxidación de grasas. Sin embargo, este grupo disminuyó la economía de carrera, ya que el VO2 aumentó a la velocidad empleada por los corredores para un 20K, mientras que los grupos de HCHO y PCHO redujeron el %VO2 empleado a esa velocidad de carrera.

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Figura 1. Consumo máximo de oxígeno en corredores de élite pre y post intervención de 3 semanas intensas de entrenamiento en los 3 grupos de estudio. Alto aporte de hidratos de carbono (HCHO), disponibilidad periodizada de carbohidratos (PCHO) y dieta baja en carbohidratos y alta en grasa (LCHF).

Además, los grupos HCHO y PCHO mejoraron el tiempo de 10K, reduciendo un 6,6% y un 5,3% su marca respectivamente, mientras que en el grupo High Fat se vio incluso un leve aumento de sus tiempos (-1,6%).

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Figura 2. Tiempo de carrera en 10K en corredores de élite pre y post intervención de 3 semanas intensas de entrenamiento en los 3 grupos de estudio.

Se concluye por lo tanto que el entrenamiento con una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos, a pesar de mejorar el VO2max, no mejora el rendimiento en atletas de resistencia de élite, en parte debido a una reducción en la economía de carrera. Por ello, los deportistas de resistencia de élite deben optar por protocolos nutricionales en los que la presencia de carbohidratos sea un pilar fundamental en los periodos de entrenamiento intenso.


REFERENCIA

[1]      L. M. Burke, M. L. Ross, L. A. Garvican-Lewis, M. Welvaert, I. A. Heikura, S. G. Forbes, J. G. Mirtschin, L. E. Cato, N. Strobel, A. P. Sharma, and J. A. Hawley, “Low carbohydrate, high fat diet impairs exercise economy and negates the performance benefit from intensified training in elite race walkers,” J. Physiol., vol. 595, no. 9, pp. 2785–2807, May 2017.

¿TIENE SENTIDO ENTRENAR HASTA EL FALLO MUSCULAR PARA AUMENTAR LA FUERZA?

Está muy extendida entre los usuarios de los gimnasios la creencia de que el entrenamiento con repeticiones hasta el fallo muscular –incapacidad para seguir realizando repeticiones del ejercicio en el que estamos trabajando debido a la fatiga- provoca mayores incrementos en la fuerza muscular en comparación con el entrenamiento por repeticiones que no llevan hasta el fallo.

El principal mecanismo fisiológico que justificaría esta teoría radicaría en que el entrenamiento hasta el fallo muscular incrementa el reclutamiento de unidades motoras. Durante la realización de entrenamientos con cargas altas, se reclutan unidades motoras de bajo umbral, compuestas de fibras musculares tipo I y/o tipo IIa. Con las sucesivas repeticiones, estas unidades motoras se van fatigando, lo que resultará en el reclutamiento de unidades motoras de un umbral excitatorio mayor, compuestas principalmente de fibras tipo IIx. Una vez que todas las unidades motoras disponibles se han fatigado hasta un punto en el que la carga no puede moverse más allá de un ángulo de articulación crítico -conocido como “sticking point“-, se producirá el fallo muscular.

Por tanto, el entrenamiento hasta el fallo muscular permitirá alcanzar un mayor reclutamiento de unidades motoras, convirtiéndose en un importante estímulo para el desarrollo de la fuerza muscular. Sin embargo, existe evidencia científica de que también se puede obtener un elevado reclutamiento de unidades motoras sin necesidad de entrenar hasta el fallo. Asimismo, la mayor fatiga experimentada a nivel muscular y a nivel neural como consecuencia del entrenamiento hasta el fallo puede aumentar el riesgo de sobreentrenamiento y de lesiones.

Una reciente revisión sistemática con meta-análisis (1) ha comparado el efecto de entrenar hasta el fallo muscular vs entrenar sin fallo sobre la fuerza muscular. Se incluyeron 8 estudios con 199 participantes de entre 18-35 años. 112 sujetos tenían experiencia en entrenamiento de fuerza, mientras que 87 no tenían experiencia previa.

Curiosamente, los resultados mostraron que, aunque ligeramente, el entrenamiento sin fallo muscular produjo mayores beneficios sobre la fuerza que el entrenamiento hasta el fallo. Además, los sujetos entrenados obtuvieron mayores incrementos en esta variable con el entrenamiento sin fallo que los no entrenados.

Por lo tanto, en base a estos resultados, los sujetos experimentados y deportistas que realizan entrenamientos con cargas deberían limitar el uso del entrenamiento hasta el fallo muscular, ya que además puede conducir a una mayor compresión articular, aumentando el riesgo de lesiones y, en caso de realizarlo regularmente, también incrementará el riesgo de sobreentrenamiento. Sin embargo, entrenar hasta el fallo de manera puntual, restringiendo su uso a la serie final de cada entrenamiento, por ejemplo, podría ser una estrategia efectiva para producir diferentes estímulos que nos hagan conseguir los efectos deseados.


REFERENCIA

1. Davies, T., Orr, R., Halaki, M., & Hackett, D. (2016). Effect of training leading to repetition failure on muscular strength: a systematic review and meta-analysis. Sports Medicine, 46(4), 487-502.

SI QUIERES MEJORAR TU SALUD, LA DIETA ES IMPORTANTE, PERO NO OLVIDES EL EJERCICIO

La obesidad se ha convertido ya en una gran epidemia en los países desarrollados, siendo una de las principales causas de muerte y estando asociada a numerosas patologías. Por ello, desde el ámbito sanitario y liderados por la Organización Mundial de la Salud, se ha puesto el foco de interés en el control del peso de la población.

Hasta ahora los científicos se habían centrado en qué estrategias eran más útiles para la pérdida de peso. Por ejemplo, un meta-análisis (Miller, Koceja, & Hamilton, 1997) que incluyó 493 estudios comparando los efectos de dieta y ejercicio encontró que la dieta suponía una pérdida de peso cuatro veces mayor que la realización de ejercicio (10.7 frente a 2.9 kilos en 16 semanas). Por ello, la dieta se ha consolidado como la estrategia de pérdida de peso más prescrita y más utilizada por la población.

Sin embargo, es importante remarcar que la pérdida de peso por sí sola puede no estar asociada a un cambio positivo, ya que será la pérdida de grasa visceral la que determine el beneficio de este cambio. Así, mientras el exceso de peso no se asocia en muchas ocasiones a mayor morbi-mortalidad, un exceso de grasa visceral sí se asocia a un mayor riesgo cardiovascular y mayor prevalencia de resistencia insulínica o dislipidemia entre otras patologías.

Por ello, un reciente meta-análisis (Verheggen et al., 2016) analizó 117 estudios (4815 sujetos) para comparar los efectos de la dieta y el ejercicio no sólo en el cambio de peso, sino también en los niveles de grasa visceral. Los autores encontraron que, pese a que la dieta suponía una mayor pérdida de peso, era el ejercicio el que disminuía en mayor medida los niveles de grasa visceral. De hecho, incluso en aquellos sujetos que no perdían peso, se podía apreciar una disminución de la grasa visceral al realizar ejercicio, algo que no ocurría con la dieta. Por ejemplo, una pérdida de peso del 5% (3.5 kg para una persona de 70 kg) se asociaba con una pérdida de grasa visceral del 21.3% al realizar ejercicio, mientras que al seguir sólo dieta la pérdida de grasa visceral era de tan solo un 13.4 %.

Por lo tanto, estos datos apoyan la realización de ejercicio para la mejora de un marcador de salud como es la grasa visceral. La ausencia de pérdida de peso durante un programa de ejercicio puede llevarnos a pensar que la estrategia seguida es incorrecta o inútil. Sin embargo, debemos ser conscientes de la importancia de la composición corporal (porcentaje de grasa y músculo) y olvidarnos del peso como marcador de salud. Debe ser el porcentaje de grasa y no el peso corporal el que indique si nuestras estrategias están funcionando.


REFERENCIAS

Miller, W. C., Koceja, D. M., & Hamilton, E. J. (1997). A meta-analysis of the past 25 years of weight loss research using diet, exercise or diet plus exercise intervention. International Journal of Obesity, 21(10), 941–947. https://doi.org/10.1038/sj.ijo.0800499

Verheggen, R. J. H. M., Maessen, M. F. H., Green, D. J., Hermus, A. R. M. M., Hopman, M. T. E., & Thijssen, D. H. T. (2016). A systematic review and meta-analysis on the effects of exercise training versus hypocaloric diet: distinct effects on body weight and visceral adipose tissue. Obesity Reviews, 17(8), 664–690. https://doi.org/10.1111/obr.12406

LA PREVENCIÓN DE LESIONES COMO MEDIDA PARA EL RENDIMIENTO DEPORTIVO

Uno de los principales factores que determina el rendimiento deportivo es la resistencia a las lesiones. La lesión de un deportista va a suponer que esté un tiempo alejado de la práctica deportiva, comprometiendo la preparación tanto individual como colectiva. La recuperación de una lesión es a menudo complicada, lenta y costosa económicamente.

Por tanto, la realización de actividades dirigidas a la prevención estarían justificadas, además de por motivos deportivos, por motivos médicos y económicos. Asimismo, los diferentes tipos de ejercicios enfocados a la prevención de lesiones son de fácil acceso para la amplia mayoría de deportistas –profesionales, amateurs y recreacionales- y no requieren un excesivo desembolso económico.

Una revisión sistemática con meta-análisis (1), que incluyó 25 estudios y más de 26.600 sujetos, evaluó la efectividad de diferentes tipos de entrenamiento –de fuerza, propiocepción y stretching- en la prevención de lesiones deportivas.

El análisis de los resultados indicó que el stretching no ejerce efecto protector ni antes ni después del ejercicio frente a las lesiones. Por el contrario, en esta revisión se demostró el importante papel del entrenamiento de fuerza y de propiocepción en la prevención de lesiones. En concreto, en el caso del entrenamiento de fuerza se observó una reducción a menos de un tercio del número de lesiones.

Por tanto, la realización de entrenamiento de fuerza o propiocepción se convierte en una estrategia muy útil en la prevención de lesiones – principalmente el entrenamiento de fuerza-. En conclusión, el diseño de un adecuado programa preventivo podría determinar el éxito de un deportista frente a aquellos que quedan lastrados a mitad de temporada por una inoportuna lesión, en muchos casos precisamente por no haber realizado una labor preventiva correcta.


REFERENCIA

1. Lauersen, J. B., Bertelsen, D. M., & Andersen, L. B. (2014). The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Sports Med48(11), 871-877.

LA REACCIÓN ADVERSA A LOS MEDICAMENTOS ES UNA DE LAS PRINCIPALES CAUSAS DE MUERTE* EN EEUU

De acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud, una Reacción Adversa a los Medicamentos (ADR) representa cualquier efecto nocivo, no intencionado e indeseado de un fármaco, que se produce en dosis usadas en humanos para profilaxis, diagnóstico o tratamiento. Esta definición excluye los fracasos terapéuticos, la sobredosis y el abuso. Además, no incluye los eventos adversos debidos a errores en la administración del fármaco o el incumplimiento (tomar más o menos de un fármaco que el prescrito) [1].

Los casos graves de ADR son más frecuentes de lo que generalmente se reconocen. Los eventos mortales debidos a reacciones adversas a los medicamentos parecen estar entre la cuarta y la sexta causa de muerte en EEUU. Esta incidencia se ha mantenido estable en los últimos 30 años.

El impacto de las ADR en el Sistema Nacional de Salud estadounidense es muy alto, provocando una considerable morbi-mortalidad y costes adicionales. Aunque muchos de los fármacos implicados han demostrado ser beneficiosos, es necesario poner en marcha medidas para reducir la carga de las ADR y, por lo tanto, mejorar el ratio beneficio/riesgo: la relación entre los beneficios obtenidos y los riesgos que representan los fármacos [2].

Póster

REFERENCIAS

[1] J. Lazarou, B. H. Pomeranz, and P. N. Corey, “Incidence of adverse drug reactions in hospitalized patients: a meta-analysis of prospective studies.,” JAMA, vol. 279, no. 15, pp. 1200–5, Apr. 1998.

[2] M. Pirmohamed, S. James, S. Meakin, C. Green, A. K. Scott, T. J. Walley, K. Farrar, B. K. Park, and A. M. Breckenridge, “Adverse drug reactions as cause of admission to hospital: prospective analysis of 18 820 patients.,” BMJ, vol. 329, no. 7456, pp. 15–9, Jul. 2004.

¿QUÉ TIPO DE ENTRENAMIENTO DE ALTA INTENSIDAD UTILIZAR PARA OBTENER LOS MAYORES BENEFICIOS?

El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) y el entrenamiento de sprint repetidos (SIT) se han instaurado como una pieza fundamental tanto en los programas de entrenamiento en el ámbito competitivo como en el de la salud. Este tipo de ejercicio ha mostrado ser más o, al menos, igualmente efectivo que el entrenamiento continuo de baja intensidad para mejorar el rendimiento (consumo de oxígeno, velocidad…), así como para mejorar diversos marcadores asociados a una mayor salud (sensibilidad a la insulina, capacidad funcional…).

Los especialistas en ejercicio nos vemos en la necesidad de programar diversas variables de este tipo de sesiones (principalmente la duración y la intensidad de los intervalos y los descansos) con el fin de variar el estímulo de entrenamiento, maximizar los beneficios obtenidos y conseguir una mayor adherencia por parte del deportista. Por ello, es importante conocer qué tipo de sesión de alta intensidad aporta mayores beneficios a nivel de rendimiento.

Un estudio publicado en el European Journal of Sport Science (1) comparó en un grupo muy numeroso (n=55 deportistas recreacionales) los efectos de distintos tipos de entrenamiento durante 6 semanas. En concreto, los sujetos fueron divididos en grupo HIIT (4-6 series de 4 minutos al 100% de la velocidad conseguida en 3000m, con 4 minutos de recuperación), grupo SIT (7-12 series de 30 segundos al 130% de la velocidad conseguida en 3000m, con 2.5 minutos de recuperación) y grupo control (30 minutos de carrera continua al 75% de la velocidad en 3000m), entrenando todos ellos 3 veces a la semana. Tras las 6 semanas de entrenamiento, los resultados mostraron que aunque todos los grupos mejoraron los tests realizados (tiempo en 3000m y en sprint de 40m, y capacidad para realizar sprints repetidos), el grupo SIT fue el que mayores mejoras obtuvo en todos los casos.

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Fig. 1. Las sesiones de sprints no sólo aportan los mismos o incluso más beneficios que sesiones con series más largas o de carrera continua, sino que además requieren un menor tiempo por lo que son más fáciles de incluir en nuestras ajetreadas agendas.

Por otro lado, otro grupo de investigación (2) comparó los efectos de diferentes sesiones de SIT en las adaptaciones producidas. Para ello, 36 sujetos fueron asignados a un grupo de SIT que realizaba 4-6 series de 30 segundos a tope con 4.5 minutos de descanso, un grupo que realizaba el mismo número de series y con el mismo descanso pero en este caso de 15 segundos a tope, o un grupo que realizaba carrera continua durante 60-75 minutos. En todos los casos entrenaron 3 veces a la semana durante 4 semanas. Los resultados de este estudio mostraron que todos los grupos mejoraron de igual forma su consumo máximo de oxígeno, la velocidad asociada a esta intensidad, su potencia pico y media durante un test de Wingate, la potencia crítica y la potencia asociada al umbral de lactato.

Por lo tanto, vemos cómo incluir sesiones de intervalos muy cortos (<30 segundos) puede aportar los mismos o incluso más beneficios para el rendimiento en resistencia que series más largas (>3 minutos) o que el ejercicio de larga duración (>30-60 minutos) a intensidad media. Además, se puede apreciar cómo se obtuvieron los mismos beneficios con series de 15 segundos que con series de 30, lo que hace pensar que lo importante podría ser el reclutamiento de fibras rápidas al generar el pico de potencia durante los primeros instantes de las series. No obstante, y a pesar de que este tipo de sesiones de muy corta duración aporta beneficios como el requerir un menor tiempo de entrenamiento, es importante remarcar que la intensidad producida puede ser muy alta y probablemente más lesiva si el deportista no está preparado. Además, creemos que estos estímulos deben ser variados y alternados durante la temporada, progresando por ejemplo desde sesiones más inespecíficas hacia una mayor especificidad con intervalos de trabajo más largos.


REFERENCIAS

  1. Taylor, P, Cicioni-kolsky, D, Lorenzen, C, Williams, MD, and Guy, J. Endurance and sprint benefits of high-intensity and supramaximal interval training. Eur J Sport Sci 13: 304–311, 2013.
  2. Zelt, JGE, Hankinson, PB, Foster, WS, Williams, CB, Reynolds, J, Garneys, E, Tschakovsky, ME, and Gurd, BJ. Reducing the volume of sprint interval training does not diminish maximal and submaximal performance gains in healthy men. Eur J Appl Physiol 114: 2427–2436, 2014.