¿HACER MUCHO EJERCICIO AUMENTA EL RIESGO CARDIOVASCULAR?

El deporte de alta competición es un foco mediático en el que los acontecimientos cobran una especial relevancia. Por desgracia, en los medios de comunicación aparecen con relativa frecuencia casos de muerte súbita en deportistas. Estos eventos han aumentado la discusión sobre el posible riesgo de realizar grandes cantidades de ejercicio físico. Así, se ha propuesto que la actividad física y el riesgo cardiovascular podrían mantener una relación con forma de J invertida, lo que quiere decir que al igual que realizar muy poco ejercicio físico aumentaría de forma importante el riesgo cardiovascular, también lo harían grandes volúmenes de entrenamiento.

Diversos estudios han mostrado una serie de remodelaciones cardíacas en respuesta al ejercicio físico realizado de forma crónica, como por ejemplo una hipertrofia del ventrículo izquierdo. Sin embargo, se ha observado que las alteraciones producidas no suponen por lo general una adaptación patológica al ejercicio, sino una remodelación benigna que no afecta a biomarcadores de riesgo cardiovascular (Sanchis-Gomar et al, 2016). De hecho, un meta-análisis que incluyó a 42087 atletas mostró que éstos presentaban un 27% menos riesgo de mortalidad por patología cardiovascular que la población general (Garatachea et al., 2014).

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Figura 1. El análisis de diversos estudios muestra como el riesgo de mortalidad general de los deportistas de élite es un 33% menor que el de la población general (Garatachea et al. 2014).

Es cierto que el riesgo de muerte súbita por ejercicio parece ser mayor en deportistas que en la población general (Corrado, 2003). No obstante, hay que tener en cuenta que estas muertes no son normalmente causadas de forma directa por el ejercicio, sino que los deportistas presentan una patología cardiovascular de forma previa pero no diagnosticada (al igual que podría presentarlas la población general) y el ejercicio físico actúa como factor desencadenante.

Estos resultados apoyan el papel del ejercicio físico, incluso realizado en su mayor exponente como es el deporte de élite, para mejorar la función cardiovascular y la salud. Los casos mediáticos de muerte súbita no deben crear controversia sobre los beneficios de realizar ejercicio físico. Sin embargo, sí es importante crear conciencia de la importancia de un adecuado screening cardiovascular (historia clínica, prueba de esfuerzo, ecocardiograma…)


REFERENCIAS

Sanchis-Gomar, F., López-Ramón, M., Alis, R., Garatachea, N., Pareja-Galeano, H., Santos-Lozano, A., . . . Lucia, A. (2016). No evidence of adverse cardiac remodeling in former elite endurance athletes. Int J Cardiol, 222, 171-177. doi:10.1016/j.ijcard.2016.07.197

Garatachea, N., Santos-Lozano, A., Sanchis-Gomar, F., Fiuza-Luces, C., Pareja-Galeano, H., Emanuele, E., & Lucia, A. (2014). Elite athletes live longer than the general population: a meta-analysis. Mayo Clin Proc, 89(9), 1195-1200. doi:S0025-6196(14)00519-9 [pii]10.1016/j.mayocp.2014.06.004

Corrado, D., Basso, C., Rizzoli, G., Schiavon, M. & Thiene, G. (2003) Does sports activity enhance the risk of sudden death in adolescents and young adults? J. Am. Coll. Cardiol. 42, 1959–63.

DIFERENCIAS EN LA RECUPERACIÓN TRAS ENTRENAMIENTO DE FUERZA DE ALTA INTENSIDAD VS ALTO VOLUMEN

Conocer cómo se recupera fisiológicamente el organismo tras una sesión de ejercicio es un factor clave en el diseño de un programa de entrenamiento individualizado. El grado de fatiga va a depender del tipo de ejercicio o entrenamiento realizado, condicionando de forma importante el rendimiento en las posteriores sesiones de entrenamiento.

La literatura científica respecto al efecto agudo de un protocolo de entrenamiento de fuerza de alto volumen frente a uno de alta intensidad sobre parámetros relacionados con la recuperación es limitada. Por ello, un grupo de investigadores de la University of Central Florida (Orlando, EEUU) ha comparado el efecto de ambos protocolos de entrenamiento sobre el rendimiento muscular, marcadores hormonales, inflamatorios y de daño muscular en sujetos entrenados (1).

12 hombres (24.5 ± 4.2 años) fueron divididos aleatoriamente en dos grupos:

  • HV: entrenamiento de alto volumen y moderada intensidad (8 series de 10 repeticiones al 70% de 1-RM)
  • HI: entrenamiento de alta intensidad y bajo volumen (8 series de 3 repeticiones al 90% de 1-RM).

Antes de la sesión y a los 30 minutos (P-30), a las 24 (P-24), a las 48 (P-48) y a las 72 horas (P-72) se evaluaron la potencia en un salto con contramovimiento (CMJ), tests de fuerza isométrica e isocinética, el área de sección transversal (CSA) del vasto lateral del cuádriceps, parámetros hormonales (testosterona y cortisol), inflamatorios (IL-6 y PCR) y de daño muscular (creatina quinasa –CK-, lactato deshidrogenasa –LDH- y mioglobina –Mb-).

En primer lugar, se halló que el protocolo de HV supuso una mayor disminución del rendimiento en los tests de CMJ y de fuerza isométrica e isocinética en P-30 y en los de fuerza isométrica en P-72 en comparación con el protocolo de HI. Sin embargo, se encontró un aumento en el CSA del vasto lateral en HV, manteniéndose mayor incluso en P-72 que en la valoración previa a la sesión. Este efecto no se encontró en HI.

Las concentraciones plasmáticas de los marcadores de daño muscular incrementaron tras ambos protocolos de ejercicio, mientras que la IL-6 y el cortisol aumentaron en el grupo de HV, sin observarse cambios en el de HI, lo que sugiere un mayor estrés metabólico post-ejercicio en el grupo HV. Por último, la concentración de testosterona aumentó tras ambos tipos de entrenamiento. Por el contrario, el ratio testosterona/cortisol disminuyó, aunque ambos marcadores volvieron a valores basales en P-24.

Por tanto, a la hora de diseñar un programa de entrenamiento de fuerza es necesario tener en cuenta que entrenamientos de distintos volúmenes e intensidades no sólo provocarán distintas adaptaciones, sino también distintos niveles de fatiga. En concreto, el entrenamiento de alto volumen supondrá una mayor fatiga que entrenamientos de menor volumen, pero mayor intensidad, por lo que si queremos obtener un óptimo rendimiento en la siguiente sesión, el tiempo de recuperación inter-sesiones deberá ser mayor en el caso de programas donde el objetivo sea el desarrollo muscular.


REFERENCIA

  1. Bartolomei S, Sadres E, Church DD, Arroyo E, Gordon III JA, Varanoske AN, Wang R, Beyer KS, Oliveira LP, Stout JR & Hoffman JR (2017). Comparison of the recovery response from high-intensity and high-volume resistance exercise in trained men. Eur J Appl Physiol, 117(7):1287-1298.

¿CÓMO AFECTA EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA A LA PRESIÓN ARTERIAL?

La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, habiéndose estimado que provoca directa o indirectamente más de 7 millones de muertes anuales en el mundo (un 13% del total de fallecimientos). La hipertensión es de todos los factores de riesgo cardiovascular posiblemente el más modificable con el estilo de vida. Por ello, aparte del tratamiento farmacológico (efectivo en alrededor de un 50% de los pacientes), la pérdida de peso, la modificación de hábitos alimenticios y la realización de ejercicio físico juegan un papel fundamental en el tratamiento de esta patología.

Aunque el ejercicio de resistencia es habitualmente prescrito en personas con hipertensión, el entrenamiento de fuerza ha sido demonizado en estos pacientes tratando de evitar una posible respuesta hipertensiva al ejercicio. El entrenamiento de fuerza aporta numerosos beneficios a nivel osteomuscular y metabólico, y recientemente están quedando constatados sus beneficios en el sistema circulatorio.

Un meta-análisis publicado en la revista Hypertension1, que incluía un total de 28 estudios (1012 sujetos), analizó el efecto del entrenamiento de fuerza durante al menos 4 semanas en la tensión arterial. Los resultados mostraron como en general el ejercicio de fuerza suponía una reducción media de 3.9 mmHg en la presión arterial. Además, curiosamente al atender al tipo de ejercicio, la prensión manual isométrica suponía la máxima reducción en la presión arterial (-13.5 mmHg), aunque tan sólo 3 estudios incluían este tipo de ejercicio.

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Figura 1. El ejercicio de prensión isométrica manual ha mostrado mejorar la función endotelial y reducir la presión sanguínea.

Confirmando el potencial del ejercicio isométrico en la presión arterial, un meta-análisis posterior2 incluyó sólo estudios que analizaban la influencia de este tipo de entrenamientos durante más de 4 semanas en la presión arterial. El análisis de 9 estudios (223 sujetos) resultó en una mejora significativa de la presión arterial, disminuyendo la presión sistólica y la diastólica una media de 6.8 mmHg y 4.0 mm Hg, respectivamente.

Estos resultados confirman el potencial del ejercicio de fuerza para la mejora de la presión arterial, lo cual se ha asociado a una mejora en la función endotelial a través de este tipo de entrenamiento. Un ejercicio tan simple como la prensión manual puede aportar grandes beneficios en pacientes hipertensos, aunque el ejercicio dinámico mejorará además otros componentes como el VO2max o la composición corporal.

No obstante, es importante remarcar que el ejercicio de fuerza puede provocar un aumento agudo de la tensión arterial. Esta respuesta hipertensiva viene determinada principalmente por la intensidad y el volumen de trabajo (mayores cargas y mayor número de repeticiones provocan una respuesta hipertensiva mayor), por lo que podría ser conveniente utilizar cargas moderadas (40 %RM) y bloques de pocas series. Además, es necesario controlar que el paciente mantenga un patrón respiratorio correcto para evitar una respuesta hipertensiva al realizar maniobra de Valsalva.


REFERENCIA

  1. Cornelissen, V. A., Fagard, R. H., Coeckelberghs, E. & Vanhees, L. Impact of resistance training on blood pressure and other cardiovascular risk factors: A meta-analysis of randomized, controlled trials. Hypertension 58, 950–958 (2011).
  2. Carlson, D. J., Dieberg, G., Hess, N. C., Millar, P. J. & Smart, N. A. Isometric exercise training for blood pressure management: A systematic review and meta-analysis. Mayo Clin. Proc. 89, 327–334 (2014).

LA SUPLEMENTACIÓN CON BEEF PREVIENE EL AGOTAMIENTO DE LAS RESERVAS DE HIERRO EN TRIATLETAS

Los atletas de resistencia tienden a agotar con mayor rapidez sus reservas de hierro, lo que con el tiempo puede provocar anemia y perjudicar a su rendimiento. Las razones de la elevada demanda de hierro en estos deportistas son un aumento del metabolismo y turnover de éste y la destrucción de hematíes por la pisada, el sudor y el sangrado gastrointestinal. Por tanto, el control de los parámetros relacionados con su metabolismo será determinante para preservar la salud del deportista en primer lugar, y conseguir el rendimiento deseado.

Un estudio llevado a cabo por el doctor Fernando Naclerio y su grupo de investigación [1] comparó los efectos de la ingesta de proteína beef (Crown Sport Nutrition), proteína whey y carbohidratos sobre el rendimiento, la composición corporal, la masa muscular y marcadores sanguíneos, incluyendo la concentración de ferritina, después de 10 semanas de programa de entrenamiento de triatletas máster (35-60 años). La ferritina es la principal proteína almacenadora de hierro en las células. Su valor es proporcional a los depósitos de hierro e indica la cantidad de éste disponible en el organismo.

Los 3 grupos (beef, whey y carbohidratos) ingerían 20 gramos del suplemento mezclado con agua una vez al día, inmediatamente después del entrenamiento o del desayuno. Las mediciones se tomaron antes y después de la intervención.

Solo el grupo que ingirió beef redujo significativamente la masa corporal, mientras que mantuvo o aumentó el densidad muscular. En cambio, los grupos de whey y carbohidratos mostraron un descenso significativo de la densidad del vasto medio.

Figura 1. Análisis descriptivo de la composición corporal y del espesor muscular

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Además, el grupo de beef aumentó significativamente la concentración de ferritina 117.5 ± 78.3 vs 150.5 ± 82.8 ng/mL. Sin embargo, no se observaron cambios en los grupos de whey (149.1 ± 92.1 vs 138.5 ± 77.7 ng/mL) y carbohidratos (149.0 ± 41.3 vs 150.0 ± 48.1 ng/mL).

Por lo tanto, ingerir una bebida de proteína beef después del entrenamiento o, los días que no haya, del desayuno, puede ser una estrategia efectiva para preservar la densidad muscular y mejorar el metabolismo del hierro, ya que previene el agotamiento de las reservas de hierro en atletas de resistencia durante los periodos de entrenamiento.


REFERENCIA

[1]      F. Naclerio, M. Seijo, E. Larumbe-Zabala, N. Ashrafi, T. Christides, B. Karsten, and B. V. Nielsen, “Effects of Supplementation with Beef or Whey Protein Versus Carbohydrate in Master Triathletes,” J. Am. Coll. Nutr., pp. 1–9, Sep. 2017.

ESTAMOS HECHOS PARA CORRER: NUESTRO FUTURO DEPENDE DE ELLO

El 6 de Mayo de este año, el keniata Eliud Kipchoge recorrió los 42 km y 195 metros que marcan la distancia del maratón en 2h 25 seg, marca que le hubiera valido para establecer un nuevo récord del mundo de no ser porque la competición no se había ajustado a las reglas requeridas por la International Association of Athletics Federations (IAAF), que sigue considerando como récord oficial las 2h 2min y 57 seg.

A pesar de ello, esta asombrosa actuación sugiere que el ser humano está más cerca que nunca de bajar de las 2h, lo que hasta hace pocos años se consideraba improbable.

Algunas personas siguen empeñadas en atribuir los éxitos deportivos de los corredores del este de África al componente genético, ignorando no solo la literatura científica, sino también la historia. Los primeros atletas que dominaron las carreras de larga distancia (1912-1976) fueron los finlandeses, como Paavo Nurmi y Lasse Virén, seguidos durante la década de 1980 de los atletas británicos como Sebastian Coe, Steve Ovett y Steve Cram y, más recientemente, Kelly Holmes, Yvonne Murray y Paula Radcliffe. No obstante, si uno examina los récords de los británicos en las carreras de media y larga distancia, aparte de los de Mo Farah (que se crió en el este de África), todos fueron establecidos entre 1965 y 1997, una época en la que lo habitual era ver a los niños caminando hasta la escuela o jugando al aire libre, mientras que el tiempo dedicado a actividades sedentarias era mucho menor que hoy en día.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños y adolescentes realicen al menos 60 minutos al día de actividad física moderada-vigorosa (MVPA) para promover la salud y la capacidad cardiorrespiratoria –indicador pronóstico de salud-. Sin embargo, mientras que en niños europeos de entre 2 y 11 años la MVPA diaria osciló entre 24-52 min en los niños y 24-39 min en las niñas (1), nos encontramos que en niños de Nandi, una región de Kenia donde se han criado algunos de los atletas más exitosos como Kipchoge, la MVPA se establece entre 109-193 min por día en las niñas y entre 131-234 min al día en los niños (2).

El éxito de los corredores de África Oriental en media y larga distancia en las últimas décadas ha sido el resultado de muchos factores: unas características antropométricas favorables que otorgan una excepcional eficiencia biomecánica y metabólica, un entorno ambiental adecuado (por ejemplo, exposición crónica a la altitud) y una fuerte motivación por progresar económica y socialmente (3). No obstante, más allá de factores no modificables (e.g. antropometría o localización geográfica), si queremos revertir un más que probable futuro escenario en el que estos atletas sigan dominando, fundamentalmente en las pruebas de fondo, los occidentales hemos de volver a nuestras raíces donde la actividad física era un componente esencial en el día a día de nuestros antepasados.


REFERENCIAS

  1. Konstabel, K., Veidebaum, T., Verbestel, V., Moreno, L. A., Bammann, K., Tornaritis, M., … & Wirsik, N. (2014). Objectively measured physical activity in European children: the IDEFICS study. International Journal of Obesity, 38(S2), S135.
  2. Ojiambo, R., Gibson, A. R., Konstabel, K., Lieberman, D. E., Speakman, J. R., Reilly, J. J., & Pitsiladis, Y. P. (2013). Free-living physical activity and energy expenditure of rural children and adolescents in the Nandi region of Kenya. Annals of human biology, 40(4), 318-323.
  3. Santos-Lozano, A., Lucia, A., Ruilope, L., & Pitsiladis, Y. P. (2017). Born to run: our future depends on it. The Lancet, 390(10095), 635-636.

¿CÓMO LLEGAR A LA COMPETICIÓN CON LOS DEPÓSITOS DE GLUCÓGENO LLENOS?

Durante ejercicios de moderada a alta intensidad como los deportes de resistencia, los carbohidratos se convierten en la principal fuente de energía. Conseguir llegar a la competición con los depósitos de glucógeno (el almacén de los carbohidratos) llenos debe ser un objetivo principal para los deportistas, ya que la depleción de éstos es considerada un importante factor limitante del rendimiento. Por ejemplo, la depleción de glucógeno está asociada al proceso comúnmente conocido como “pájara” o “muro”, que ocurre ante la imposibilidad de mantener unos niveles glicémicos estables (hipoglucemia) y la necesidad de conseguir altos niveles de energía a través de la lipolisis.

Diversas estrategias nutricionales han sido analizadas con el fin de conseguir aumentar los depósitos de glucógeno de cara a una competición -proceso denominado “supercompensación de glucógeno”-. Se ha observado que ante bajos niveles de glucógeno se estimula la enzima encargada de la síntesis del mismo (glucógeno sintasa), aumentando también otros procesos que estimulan la síntesis de glucógeno como la sensibilidad a la insulina y la permeabilidad de la membrana celular a la glucosa.

Bajo esta premisa, los primeros protocolos1 de supercompensación de glucógeno -los cuales siguen gozando de una gran popularidad actualmente- consistían en una fase de 3-4 días de descarga de los depósitos de glucógeno, ya sea mediante dietas muy bajas en carbohidratos (< 2 g/kg al día) o mediante la realización de entrenamientos muy intensos, seguida de una fase de carga de glucógeno de 3 días aproximadamente en la que los deportistas disminuían su nivel de actividad y aumentaban la ingesta de carbohidratos (8-12 g/kg al día).

Sin embargo, el protocolo descrito tiene algunos aspectos negativos, ya que la fase de descarga supone un alto estrés para el deportista, provocándole la falta de glucógeno y el cansancio acumulado por las sesiones intensas una gran sensación de fatiga a pocos días de la competición. Posteriormente se observó3 que aplicar una fase de carga de glucógeno como la anteriormente mencionada (3 días consumiendo 8-12 g/kg de carbohidratos por día) antes de una competición era suficiente para supercompensar los depósitos de glucógeno, sin necesidad de incluir una fase de descarga previa y evitando así la fatiga asociada.

Además, otros autores4 han observado que esa supercompensación de glucógeno se puede conseguir con tan solo un día de fase de carga de glucógeno, sin necesidad de aumentar la ingesta de carbohidratos durante 3 días y sin necesidad de hacer una fase de descarga. En concreto, estos autores encontraron que la combinación de inactividad física y un elevado aporte de carbohidratos (10 g/kg) el día previo a una competición era suficiente para obtener una supercompensación similar a los protocolos anteriormente analizados. No obstante, siempre habrá que tener en cuenta la tolerancia gastrointestinal del deportista a cantidades tan elevadas de carbohidratos.

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Fig. 1. Diferentes protocolos para la supercompensación de glucógeno y su efecto en los niveles de glucógeno muscular2.

En conclusión, llegar a la competición con los depósitos de glucógeno lo más llenos posibles será un factor determinante del rendimiento. Aunque tradicionalmente se ha apoyado la realización de una fase de descarga (ejercicio intenso y restricción de carbohidratos) seguida de una fase de carga (elevado consumo de carbohidratos), más recientemente se ha observado que aumentar la ingesta de carbohidratos durante los días previos a la competición o incluso un solo día antes puede ser suficiente.


REFERENCIAS

  1. Bergström, J., Hultman, E. & Roch-Norlund, a E. Muscle glycogen synthetase in normal subjects. Basal values, effect of glycogen depletion by exercise and of a carbohydrate-rich diet following exercise. Scand. J. Clin. Lab. Invest. 29, 231–6 (1972).
  2. Burke, L. M., van Loon, L. J. C. & Hawley, J. A. Postexercise muscle glycogen resynthesis in humans. J. Appl. Physiol. 122, 1055–1067 (2017).
  3. Sherman, W. M., Costill, D. L., Fink, W. J. & Miller, J. M. Effect of exercise-diet manipulation on muscle glycogen and its subsequent utilization during performance. Int. J. Sports Med. 2, 114–8 (1981).
  4. Bussau, V. A., Fairchild, T. J., Rao, A., Steele, P. & Fournier, P. A. Carbohydrate loading in human muscle: An improved 1 day protocol. Eur. J. Appl. Physiol. 87, 290–295 (2002).

EL EJERCICIO PREVIENE ALTERACIONES MITOCONDRIALES Y METABÓLICAS DERIVADAS DE DIETAS ALTAS EN AZÚCARES

La obesidad entre la población infantil ha aumentado dramáticamente en las tres últimas décadas. El consumo excesivo de azúcar en edades tempranas se ha descrito como un factor modulador lipogénico, lo que incrementa el riesgo de tener obesidad en la edad adulta. Es bien sabido que la actividad física produce adaptaciones en la homeostasis metabólica que pueden ser utilizadas como objetivos terapéuticos en el tratamiento de enfermedades metabólicas crónicas.

Las personas que padecen obesidad y diabetes tienen una disfunción mitocondrial que impide a la mitocondria realizar su “trabajo” de manera correcta. Las condiciones patológicas en estas enfermedades hace que aumente la producción de sustancias reactivas de oxígeno, lo que tiene una incidencia directa en la función de la mitocondria, disminuyendo su capacidad para la oxidación de grasas como consecuencia de ello y acumulando productos derivados del metabolismo de las grasas.

El ejercicio supone una herramienta eficaz en el tratamiento de muchas enfermedades. Los cambios que se producen en las mitocondrias del tejido musculo-esquelético están muy relacionados con los beneficios que provoca el ejercicio. En un estudio publicado recientemente [1] se evaluó el efecto del ejercicio regular (natación) sobre el cambio en la actividad mitocondrial y diferentes parámetros metabólicos inducidos por una dieta rica en azúcar. Se evaluaron 4 grupos de ratas:

  1. Ratas sedentarias con alimentación estándar (STD-SED)
  2. Ratas que realizaron natación con alimentación estándar (STD-EXE)
  3. Ratas sedentarias con dieta rica en azúcar (68% CH) (HSD-SED)
  4. Ratas que nadaban y se alimentaban con una dieta rica en azúcar (HSD-EXE)

Después del periodo de entrenamiento se examinó el tejido adiposo y el tejido muscular para analizar los diferentes parámetros, además de medir el estrés oxidativo mediante la actividad de la enzima superóxido dismutasa (SOD). La microscopía electrónica mostró un aumento en las alteraciones de la ultraestructura mitocondrial en el músculo gastrocnemio, así como un aumento de la SOD y de la carbonilación de proteínas debido a la oxidación de proteínas.

La actividad física regular revertió parcialmente estas alteraciones en las ratas alimentadas con dieta rica en azúcar, previniendo la disfunción mitocondrial y la resistencia a la insulina.

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Figura 1. Efectos de la dieta rica en azúcar y de la actividad física regular en la función mitocondrial en las fibras del gastrocnemio tras 8 semanas de entrenamiento.

Los niveles de insulina aumentaron en los grupos de dieta rica en azúcar sin ejercicio. En cambio la actividad física regular bloqueó los efectos de la dieta, reduciendo los niveles de insulina. Además, también bloqueó los efectos nocivos de la dieta disminuyendo la resistencia a la insulina (HOMA-IR).

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Figura 2. Efectos de una dieta rica en azúcar y de la actividad física regular sobre parámetros glucometabólicos tras 4 y 8 semanas de entrenamiento.

Por lo tanto, se demuestra que la actividad física regular en ratas alimentadas con una dieta rica en azúcar puede aminorar las alteraciones mitocondriales y glucometabólicas producidas por la dieta. Ello no hace más que confirmar el papel fundamental del ejercicio como herramienta terapéutica en el tratamiento y control de enfermedades metabólicas crónicas.


REFERENCIA

[1]     K. Barbosa de Queiroz, K. Honorato-Sampaio, J. V. Rossoni Júnior, D. Andrade Leal, A. B. G. Pinto, L. Kappes-Becker, E. A. Evangelista, and R. Guerra-Sá, “Physical activity prevents alterations in mitochondrial ultrastructure and glucometabolic parameters in a high-sugar diet model,” PLoS One, vol. 12, no. 2, p. e0172103, Feb. 2017.

HIIT vs ENTRENAMIENTO CONTINUO A INTENSIDAD MODERADA EN ENFERMOS CORONARIOS

La recuperación de la frecuencia cardíaca (HRR, por sus siglas en inglés) es un parámetro que indica la tasa a la que la frecuencia cardíaca se reduce en un periodo determinado (generalmente un minuto) tras la realización de ejercicio físico. Puede dividirse en dos fases: rápida (primer minuto de recuperación), durante la que se produce una disminución pronunciada de la frecuencia cardíaca, y lenta (a continuación de la fase rápida).

La HRR es un potente e independiente predictor de mortalidad tanto en población sana como en población con patología coronaria. Las enfermedades coronarias siguen siendo la principal causa de morbi-mortalidad en países desarrollados, siendo la causa de aproximadamente un tercio de las muertes en sujetos mayores de 35 años (1).

Por otra parte, ha sido ampliamente evidenciado el efecto positivo del ejercicio físico sobre la HRR. Sin embargo, mientras que la amplia mayoría de estudios realizados han llevado a cabo protocolos de entrenamiento continuo a intensidad moderada (MCT), solo un limitado número de investigaciones han puesto en práctica protocolos de entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT).

Por ello, un grupo de investigadores liderados por el Catedrático José López Chicharro (2), como parte de un programa de rehabilitación cardíaca, trató de comparar el efecto de un programa de 8 semanas de MCT frente a uno de HIIT sobre la HRR en 73 pacientes coronarios que fueron aleatorizados en uno de los dos grupos de trabajo (Tabla 1). Antes y después de las 8 semanas de entrenamiento se realizó una prueba incremental para obtener los datos de HRR y VO2pico.

Tabla 1. Diseño de cada uno de los programas de entrenamiento. Captura de pantalla 2017-09-03 a las 23.39.30

* 20 segundos al 50% de la carga máxima de trabajo alcanzada en el protocolo del 1º steep ramp test (SRT) seguidos de un periodo de recuperación de 40 segundos al 10% del 1º SRT; ** 20 segundos al 50% de la carga máxima de trabajo alcanzada en el protocolo del 2º steep ramp test (SRT) seguidos de un periodo de recuperación de 40 segundos al 10% del 2º SRT; VT1: 1º umbral ventilatorio.

Como principal resultado se obtuvo que únicamente el grupo que realizó HIIT mejoró significativamente la HRR tanto en el 1º (pre- intervención: 15.44 vs post-intervención: 21.22 latidos/minuto) como en el 2º minuto (pre-intervención: 23.73 vs post-intervención: 31.52 latidos/minuto). Asimismo, se hallaron diferencias entre ambos grupos en relación al incremento de la HRR en el 1º (MCT: 1,27 vs HIIT: 5,77 latidos/minuto) y en el 2º minuto (MCT: 2,94 vs HIIT: 7,78 latidos/minuto). Por último, aunque con ambos programas se incrementó el VO2 pico, pero en mayor medida en el grupo de HIIT (HIIT: 4.5 ml/kg/min vs MCT: 2.46 ml/kg/min).

Estos datos son clínicamente relevantes, ya que un valor anormal de la HRR (<18 latidos/minuto) tras una prueba de esfuerzo máxima implica un aumento del 9% en el riesgo de mortalidad (3). Asimismo, es especialmente importante remarcar que no se registró ningún incidente ni evento adverso durante las 8 semanas de entrenamiento en ninguno de los dos grupos.


REFERENCIAS

  1. Lloyd-Jones, D., Adams, R. J., Brown, T. M., Carnethon, M., Dai, S., De Simone, G., … & Go, A. (2010). Heart disease and stroke statistics–2010 update: a report from the American Heart Association. Circulation, 121(7), 948-954.
  2. Villelabeitia-Jaureguizar, K., Campos, D. V., Senen, A. B., Jiménez, V. H., Garrido-Lestache, M. E. B., & Chicharro, J. L. (2017). Effects of high-intensity interval versus continuous exercise training on post-exercise heart rate recovery in coronary heart-disease patients. International Journal of Cardiology, 244, 17-23.
  3. Watanabe, J., Thamilarasan, M., Blackstone, E. H., Thomas, J. D., & Lauer, M. S. (2001). Heart rate recovery immediately after treadmill exercise and left ventricular systolic dysfunction as predictors of mortality. Circulation, 104(16), 1911-1916.