MEJORA TUS MARCAS Y PREVIENE LESIONES: ENTRENA LA FUERZA

Poco a poco el entrenamiento de fuerza se va consolidando dentro de las programaciones de entrenamiento de los deportistas de resistencia. Corredores, ciclistas y triatletas abandonan la idea de que lo único necesario para mejorar es “entrenar más y más rápido”, y adquieren conciencia de los beneficios que este tipo de entrenamiento les puede proporcionar a nivel de rendimiento y salud.

El entrenamiento de fuerza disminuye las posibilidades de lesión, uno de los grandes temores de los deportistas de resistencia. Como ejemplo, una revisión1 que incluía 26610 participantes mostró que el entrenamiento de fuerza disminuye hasta un 50% de las lesiones por sobreuso. Por el contrario, no observaron beneficios con los estiramientos o ejercicios de propiocepción.

Además, el entrenamiento de fuerza supone una mejora de rendimiento. En el caso del ciclismo, un estudio liderado por el Dr. Per Aagaard2 mostró en ciclistas jóvenes de alto nivel cómo tras 16 semanas de entrenamiento de fuerza (dos días a la semana) mejoraba no solo la fuerza sino también la economía de esfuerzo (gastar menos para una misma intensidad) y el rendimiento en un time-trial de 45 minutos (8% de mejora), variables que no mejoraron en aquellos ciclistas que no incluyeron entrenamiento de fuerza. De forma similar, otros autores han mostrado beneficios también en el segmento de carrera3. Así, corredores que realizaron 8 semanas de entrenamiento de fuerza (dos sesiones a la semana) mejoraron la fuerza, la potencia, la velocidad alcanzada durante una prueba en laboratorio y su marca en 10 km (2.5 %, lo que equivale a pasar de 37 minutos a 36 en 10 km), mientras que los que mantuvieron únicamente su entrenamiento de carrera no mejoraron o incluso empeoraron.

Existe controversia también respecto a cómo deben entrenar la fuerza los deportistas de resistencia, ya que a menudo imitan en sus entrenamientos a otras personas cuyo objetivo es aumentar la masa muscular. En estos deportistas una ganancia de peso corporal puede conllevar consecuencias negativas para el rendimiento. Por ello, el objetivo no será hipertrofiar sino aumentar la fuerza por la vía neural, es decir, mejorar la coordinación neuromuscular tratando de que esto suponga la mínima ganancia posible de masa muscular. Como muestran los estudios del Dr. González-Badillo, realizar los ejercicios a la máxima velocidad posible y tratando de perder la mínima velocidad durante cada serie aportará los mayores beneficios, supondrá una menor fatiga para posteriores sesiones y conllevará una menor ganancia de volumen muscular. Como ejemplo, estos autores observaron4 que perder un 40% de velocidad durante cada serie de fuerza suponía un mayor aumento del volumen del cuádriceps que cuando se perdía un 20%, aportando además menos beneficios en acciones dinámicas.

Por lo tanto, el entrenamiento de fuerza debe ser un pilar fundamental sobre el que se sustente el entrenamiento general de resistencia de cualquier deportista. La evidencia en cuanto a sus beneficios a nivel de salud y rendimiento es demoledora, por lo que por lo general no debemos temer eliminar alguna sesión específica de natación, carrera o bici para incluir una buena sesión de fuerza.


Referencias

  1. Lauersen JB, Bertelsen DM, Andersen LB. The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Sports Med. 2014;48(11):871-877. doi:10.1136/bjsports-2013-092538.
  2. Aagaard P, Andersen JL, Bennekou M, et al. Effects of resistance training on endurance capacity and muscle fiber composition in young top-level cyclists. Scand J Med Sci Sport. 2011;21:298-307. doi:10.1111/j.1600-0838.2010.01283.x.
  3. Damasceno M V, Lima‑Silva AE, Pasqua LA, et al. Effects of resistance training on neuromuscular characteristics and pacing during 10‑km running time trial. Eur J Appl Physiol. 2015;115(7):1513-1522.
  4. Pareja-Blanco F, Rodríguez-Rosell D, Sánchez-Medina L, et al. Effects of velocity loss during resistance training on athletic performance, strength gains and muscle adaptations. Scand J Med Sci Sport. 2016;(1998):1-12. doi:10.1111/sms.12678.

¿POR QUÉ IR A LA ESCUELA EN BICICLETA DEBERÍA SER UNA ASIGNATURA MÁS?

El desplazamiento activo al colegio -es decir, ir en bici o caminando- puede resultar una sencilla estrategia para incrementar el nivel de actividad física en los niños y, con ello, la capacidad cardiorrespiratoria (1). Los factores que pueden influenciar la decisión respecto a desplazarse activamente son el nivel socioeconómico, las características del entorno y la percepción que tengan de éste padres y niños, el nivel educativo de los padres, y la distancia entre la escuela y la casa.

Sin embargo, mientras que la asociación entre la movilidad activa y la capacidad cardiorrespiratoria ha sido ampliamente contrastada, para otros componentes de la condición física y de la composición corporal no está tan clara (1). Por ello, un grupo de investigadores liderados por el Dr. Ramírez Vélez , del grupo CEMA (Colombia), y el Dr. Villa González, del grupo PROFITH de la Universidad de Granada, analizó la relación entre desplazarse en bicicleta hacia/desde la escuela al menos 3 días en semana y factores de riesgo cardiometabólicos – la circunferencia de cintura , presión arterial, perfil lipídico y glucosa en sangre-, así como diferentes medidas de condición física – fitness muscular de hemisferio superior e inferior, flexibilidad y capacidad cardiorrespiratoria- en 2877 niños y adolescentes de entre 9 y 18 años (2).

Sorprendentemente, solo el 23% de los encuestados utilizaban la bicicleta para ir a la escuela. En el caso de los chicos, un porcentaje significativamente menor de los que iban en bicicleta tuvo valores por debajo de lo considerado saludable en los parámetros de flexibilidad y velocidad-agilidad en comparación con los que  no se desplazaban de forma activa. En el caso de ellas, las que se desplazaban 3 o más días en bicicleta se encontraban en un menor porcentaje en la categoría “no saludable” para las medidas de fitness muscular del hemisferio inferior, velocidad-agilidad y capacidad cardiorrespiratoria (tabla 1). Asimismo, estas chicas tuvieron menor probabilidad de tener síndrome metabólico comparadas con las que no se desplazaban activamente (OR, 0.61; 95% CI, 0.35-0.99; P = .048). Por último, el factor más determinante para promover la movilidad activa fue el nivel educativo de los padres. Un mayor nivel educativo de estos se asoció con una mayor probabilidad de que los hijos/as se desplazasen a la escuela en bicicleta.

Tabla 1. Relación entre ir hacia/desde la escuela en bicicleta, condición física y riesgo cardiometabólico, por sexos.

Por tanto, observamos cómo el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela se asocia con una mejor condición física y un menor riesgo de síndrome metabólico, especialmente en las niñas. Por ello, estos resultados, junto con los de otros estudios del grupo PROFITH, deberían proporcionar un impulso que incentivase los cambios sociales, ambientales e individuales necesarios para promover de forma segura el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela por parte de niños y adolescentes, favoreciendo en consecuencia un estilo de vida más saludable.


REFERENCIAS

  1. Larouche, R., Saunders, T. J., John Faulkner, G. E., Colley, R., & Tremblay, M. (2014). Associations between active school transport and physical activity, body composition, and cardiovascular fitness: a systematic review of 68 studies. Journal of Physical Activity and Health, 11(1), 206-227.
  2. Ramírez-Vélez, R., García-Hermoso, A., Agostinis-Sobrinho, C., Mota, J., Santos, R., Correa-Bautista, J. E., … & Villa-González, E. (2017). Cycling to school and body composition, physical fitness, and metabolic syndrome in children and adolescents. The Journal of Pediatrics, 188, 57-63.

¿PUEDE LA DESHIDRATACIÓN MEJORAR EL RENDIMIENTO?

Hace unos meses fueron muy sonadas las declaraciones del Dr. Roger Palfreeman, médico de los equipos de ciclismo Sky y BMC, en las que decía lo siguiente:

Perdiendo dos kilos en unas horas un día de montaña del Tour, Froome es capaz de ascender el Alpe d’Huez en 47s menos, lo que no es poco teniendo en cuenta que en 2015, por ejemplo, ganó el Tour solo por 72s. Y dos kilos los puede perder mediante una deshidratación controlada, funcional, bebiendo menos de lo que cierta lógica exigiría”.

Para un deportista con un peso de en torno a 69 kg (como muestran los datos obtenidos en el laboratorio GSK en Agosto de 2015) estamos hablando de una pérdida del 2.9%, lo que sobrepasa los límites recomendados por las máximas instituciones de salud y deporte (ej.  Colegio Americano de Medicina del Deporte, ACSM).

En concreto, tradicionalmente se ha propuesto que pérdidas mayores de un 2% supondrán una disminución del rendimiento, además de suponer un riesgo para la salud. Sin embargo, y aunque hay numerosa evidencia apoyando esta afirmación, hay algunos datos interesantes que creemos que deben ser tenidos en cuenta. Curiosamente, en contra de la deshidratación como factor limitante del rendimiento, se ha observado que en deportes de ultra-resistencia (100 km) los deportistas de los primeros puestos son los que han sufrido una mayor deshidratación (o lo que es lo mismo, perdido un mayor peso durante la carrera).

Figura 1. La velocidad media durante una carrera de 100 km se asoció de forma significativa con el peso perdido durante la carrera (deshidratación).

Atendiendo a los datos publicados por el Dr. Asker Jeukendrup en Sport Medicine, una reducción de 3 kg de peso supondría beneficios de entre 1 y 4 minutos en una carrera de 20 km dependiendo de la pendiente (3-12 %) en ciclistas entrenados2. Sin embargo, mientras que por un lado la reducción de peso puede ser biomecánicamente beneficiosa, por otro puede conllevar importantes consecuencias negativas a nivel fisiológico y de rendimiento, como una reducción del VO2max y un mayor estrés renal.

A este respecto, un estudio investigó si los efectos negativos de la deshidratación podrían deberse en parte a la influencia psicológica y no tanto a cambios fisiológicos.3 Para ello, durante una prueba de 20 km en bici a 35º de temperatura, pusieron a un grupo una infusión intravenosa de suero real -manteniendo su masa corporal en estado estable (± 0.5%)- y al otro una infusión intravenosa falsa, lo que supuso que perdieran más de 2% de su peso corporal. Además, para condicionar la percepción de sed a algunos participantes les dejaron que se enjuagasen la boca y a otros no. Curiosamente, los resultados mostraron que, al no saber los participantes si estaban deshidratados o no, la potencia conseguida durante la prueba y el esfuerzo percibido fueron similares entre todas las condiciones. Así, los investigadores concluyeron que pérdidas de hasta 3% no se asocian con una disminución del rendimiento si las variables psicológicas están controladas.

En resumen, existe evidencia que hace tambalear las recomendaciones de evitar pérdidas de más de un 2% del peso corporal si el objetivo es el rendimiento deportivo. No obstante, estas estrategias pueden conllevar un importante estrés fisiológico sobre todo a nivel renal. El objetivo de Fissac es mantener a los lectores actualizados sobre los últimos hallazgos en fisiología del ejercicio, lo cual no quiere decir que apoyemos este tipo de estrategias (especialmente si no son controladas por especialistas). Instamos a todos nuestros lectores a mantener una adecuada hidratación antes, durante y después del ejercicio, a ser posible guiados por un experto en nutrición.


REFERENCIAS

  1. Rüst CA, Knechtle B, Knechtle P, Wirth A, Rosemann T. Body mass change and ultraendurance performance. A decrease in body mass is associated with an increased running speed in male 100-km ultramarathoners. J strength Cond Res. 2012;26(6).
  2. Jeukendrup AE, Martin J. Improving cycling performance: how should we spend our time and money. Sport Med. 2001;31(7):559-569. doi:10.2165/00007256-200131070-00009.
  3. Cheung SS, Mcgarr GW, Mallette MM, et al. Separate and combined effects of dehydration and thirst sensation on exercise performance in the heat. Scand J Med Sci Sport. 2015;25(S1):104-111. doi:10.1111/sms.12343.

ENTRENAMIENTO EN 7′

La OMS considera a la inactividad física el cuarto factor de riesgo de mortalidad a nivel mundial. Una las principales razones que esgrime la gente para no realizar ejercicio físico de manera frecuente es la falta de tiempo. Y es que, en muchas ocasiones, el horario de trabajo más la vida familiar dificultan el poder encontrar tiempo suficiente para llevar a cabo una sesión de entrenamiento diaria. Por ello, cada vez más se empiezan a implementar programas que permiten en un corto periodo de tiempo entrenar a la suficiente intensidad como para producir adaptaciones beneficiosas. Es el caso del entrenamiento en circuito de alta intensidad (HCIT), el cual combina ejercicio aeróbico y de fuerza a una elevada intensidad, y en el que el peso corporal es el que ejerce de resistencia.

Un reciente estudio llevado a cabo en sujetos sanos (18-30 años) analizó el efecto de 6 semanas de HCIT sobre parámetros cardiometabólicos (1). Los participantes del grupo de ejercicio tuvieron que realizar 7 minutos de este tipo de entrenamiento al día (en el vídeo que aparece a continuación puedes encontrar un modelo de este tipo de entrenamiento), mientras que los del grupo control siguieron con su rutina habitual. A ambos grupos se les pidió que no modificaran sus hábitos nutricionales.

Después de las 6 semanas de intervención, la circunferencia de cintura se redujo una media de 4 cm. Hay que remarcar que ya entre la semana 1 (88,1 cm) y la semana 3 (84,5 cm) empezó a disminuir. En el caso de la circunferencia de cintura se observó la misma tendencia entre la semana 1 (100 cm) y la 3 (97 cm). Además se halló una reducción en la masa grasa (- 1,8 kg) y en el % de grasa (- 2,1%) tras las 6 semanas. Por último, se produjo un aumento de la masa muscular entre la semana 1 (48,1 kg) y la semana 3 (51,1 kg). Sin embargo, en el grupo control ninguna de estas variables varió después de 6 semanas.

Por tanto, podemos observar como con 7 minutos diarios durante 6 semanas conseguiremos mejoras en la composición corporal y la salud incluso en individuos con normopeso. Por último, dado que uno de nuestros objetivos debe ser la adherencia al programa de ejercicio por parte de los sujetos, como profesionales del entrenamiento debemos manejar este tipo de herramientas que van a permitirnos estructurar las sesiones atendiendo a los gustos y características de cada persona, con el fin de que integre el ejercicio físico dentro de su rutina diaria.


REFERENCIA

  1. Mattar, L. E., Farran, N. H., & Bakhour, D. A. (2017). Effect of 7-minute workout on weight and body composition. The Journal of sports medicine and physical fitness, 57(10): 1299-1304. doi: 10.23736/S0022-4707.16.06788-8.

HOY, ¿PECHO Y BÍCEPS? VENTAJAS DEL ENTRENAMIENTO DE CUERPO COMPLETO (FULL-BODY)

Lunes: pecho y bíceps

Martes: dorsal y tríceps

Miércoles: piernas y deltoides

Jueves: vuelta a empezar.

Y así una semana y otra y otra,… Es lo que conocemos como entrenamiento por grupos musculares o split-body (SB). Y bajo la creencia de que es el método más efectivo para incrementar el volumen y la fuerza muscular, es habitual encontrarnos con esta “planificación” del entrenamiento en las rutinas que podemos observar en cualquier gimnasio.

Para terminar de verificarlo o directamente desmentirlo, un estudio realizado en 24 jugadores de rugby comparó el efecto del SB frente al del entrenamiento de cuerpo completo o full-body  (FB) sobre la composición corporal, la fuerza y el perfil hormonal (1). Ambos protocolos implicaron un mismo volumen de entrenamiento:

– Protocolo FB: 21 ejercicios, 2-3 series × 8 repeticiones

– Protocolo SB: 13 ejercicios, 3-6 series × 8 repeticiones

Tras las 4 semanas que duró la intervención, ambos métodos de entrenamiento aumentaron de manera similar la fuerza evaluada a través de 1-RM de press banca y sentadilla. Con respecto a la composición corporal, aunque con ambos protocolos la mejoraron (se redujo la grasa total y el % de grasa corporal, e incrementó la masa muscular), pero aumentando en mayor medida tras las 4 semanas de entrenamiento FB. Por último, con el protocolo SB aumentaron las concentraciones de testosterona y cortisol, mientras que el FB promovió un mayor ratio testosterona/cortisol (ratio T/C). Conviene resaltar que este ratio T/C es considerado un indicador de la carga de entrenamiento (2) y que su aumento nos revelaría un predominio de los procesos anabólicos y, en definitiva, del rendimiento.

Tabla 1. Parámetros de fuerza, composición corporal y perfil hormonal antes de comenzar los diferentes tipos de entrenamiento y 4 semanas después.

Sin título

Por tanto, la ciencia nos da las herramientas necesarias para construir un programa de entrenamiento que promueva la mejora de la fuerza y la composición corporal de la forma más óptima posible. En este sentido, el entrenamiento FB puede constituir una mejor opción para dicho propósito, posiblemente a través de un entorno hormonal favorable (aumento del ratio T/C) por la mayor masa muscular reclutada.


REFERENCIAS

  1. Crewther, B. T., Heke, T. O. L., & Keogh, J. W. (2016). The effects of two equal-volume training protocols upon strength, body composition and salivary hormones in male rugby union players. Biology of Sport, 33(2), 111.
  2. Vervoorn, C., Quist, A. M., Vermulst, L. J. M., Erich, W. B. M., De Vries, W. R., & Thijssen, J. H. H. (1991). The behaviour of the plasma free testosterone/cortisol ratio during a season of elite rowing training. International journal of Sports Medicine, 12(03), 257-263.

¿DEBEMOS ELIMINAR EL COLESTEROL DE LA LISTA DE ENEMIGOS?

A la hora de comprobar los resultados de una analítica sanguínea, el nivel de colesterol es posiblemente uno de los elementos a los que la población general presta más atención. Esta sustancia es considerada a menudo como el enemigo a vencer, ya que altos niveles de colesterol han estado tradicionalmente asociados con un mayor riesgo cardiovascular, de cáncer y de mortalidad en general. Es por ello que las industrias farmacéuticas y especialmente alimenticias han puesto un empeño especial en sacar a la venta alimentos bajos en colesterol o productos para disminuir sus niveles en sangre.

Como ya comentamos en una anterior entrada, es el colesterol de baja densidad (LDL por sus siglas en inglés) y no el colesterol de alta densidad (HDL) el que está en principio asociado a una mayor prevalencia de enfermedades. Sin embargo, esta relación está siendo cuestionada últimamente -al menos en personas mayores (>60 años)-, habiendo sido publicados1 datos de 68.094 sujetos que sugieren una relación inversa entre los niveles de LDL y el riesgo de mortalidad (es decir, menores niveles de LDL se asocian a una mayor mortalidad en esta población).

Además, una reciente revisión sistemática2 que incluyó 40 estudios (362.558 sujetos) buscó analizar si una mayor ingesta de colesterol se asociaba ciertamente con un mayor riesgo cardiovascular. Los resultados de esta revisión fueron controvertidos, con una considerable disparidad entre estudios posiblemente dependiente en parte de la raza y origen de la población analizada. En general, la ingesta de colesterol aumentó los niveles de colesterol, LDL y HDL en sangre, así como el ratio LDL:HDL. Sin embargo, la ingesta de colesterol no estuvo significativamente asociada con una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares como enfermedad coronaria, ictus isquémico o ictus hemorrágico.

Aunque los resultados deben ser tomados con cautela por la disparidad de los mismos, sí nos sirven para poner en entredicho el papel del colesterol total o incluso del LDL como marcadores de riesgo cardiovascular per se. Posiblemente nuestros esfuerzos en conseguir un estilo de vida saludable deben ir más encaminados a estrategias con una asociación confirmada con un menor riesgo de morbi-mortalidad, como puede ser aumentar el consumo de fruta y verdura, incluir ejercicio físico de forma diaria o alejarnos del tabaquismo, y no tanto a buscar reducir la ingesta de colesterol a toda costa mediante la compra de productos industrialmente modificados.


REFERENCIAS

  1. Ravnskov U, Diamond DM, Hama R, et al. Lack of an association or an inverse association between low-density-lipoprotein cholesterol and mortality in the elderly: a systematic review. BMJ Open. 2016;6(6):e010401-e010401. doi:10.1136/bmjopen-2015-010401.
  2. Berger S, Raman G, Vishwanathan R, Jacques PF, Johnson EJ. Dietary cholesterol and cardiovascular disease: a systematic review and meta-analysis. Am J Clin Nutr. 2015;102(2):276-294. doi:10.3945/ajcn.114.100305.