¿TIENE SENTIDO ENTRENAR HASTA EL FALLO MUSCULAR PARA AUMENTAR LA FUERZA?

Está muy extendida entre los usuarios de los gimnasios la creencia de que el entrenamiento con repeticiones hasta el fallo muscular –incapacidad para seguir realizando repeticiones del ejercicio en el que estamos trabajando debido a la fatiga- provoca mayores incrementos en la fuerza muscular en comparación con el entrenamiento por repeticiones que no llevan hasta el fallo.

El principal mecanismo fisiológico que justificaría esta teoría radicaría en que el entrenamiento hasta el fallo muscular incrementa el reclutamiento de unidades motoras. Durante la realización de entrenamientos con cargas altas, se reclutan unidades motoras de bajo umbral, compuestas de fibras musculares tipo I y/o tipo IIa. Con las sucesivas repeticiones, estas unidades motoras se van fatigando, lo que resultará en el reclutamiento de unidades motoras de un umbral excitatorio mayor, compuestas principalmente de fibras tipo IIx. Una vez que todas las unidades motoras disponibles se han fatigado hasta un punto en el que la carga no puede moverse más allá de un ángulo de articulación crítico -conocido como “sticking point“-, se producirá el fallo muscular.

Por tanto, el entrenamiento hasta el fallo muscular permitirá alcanzar un mayor reclutamiento de unidades motoras, convirtiéndose en un importante estímulo para el desarrollo de la fuerza muscular. Sin embargo, existe evidencia científica de que también se puede obtener un elevado reclutamiento de unidades motoras sin necesidad de entrenar hasta el fallo. Asimismo, la mayor fatiga experimentada a nivel muscular y a nivel neural como consecuencia del entrenamiento hasta el fallo puede aumentar el riesgo de sobreentrenamiento y de lesiones.

Una reciente revisión sistemática con meta-análisis (1) ha comparado el efecto de entrenar hasta el fallo muscular vs entrenar sin fallo sobre la fuerza muscular. Se incluyeron 8 estudios con 199 participantes de entre 18-35 años. 112 sujetos tenían experiencia en entrenamiento de fuerza, mientras que 87 no tenían experiencia previa.

Curiosamente, los resultados mostraron que, aunque ligeramente, el entrenamiento sin fallo muscular produjo mayores beneficios sobre la fuerza que el entrenamiento hasta el fallo. Además, los sujetos entrenados obtuvieron mayores incrementos en esta variable con el entrenamiento sin fallo que los no entrenados.

Por lo tanto, en base a estos resultados, los sujetos experimentados y deportistas que realizan entrenamientos con cargas deberían limitar el uso del entrenamiento hasta el fallo muscular, ya que además puede conducir a una mayor compresión articular, aumentando el riesgo de lesiones y, en caso de realizarlo regularmente, también incrementará el riesgo de sobreentrenamiento. Sin embargo, entrenar hasta el fallo de manera puntual, restringiendo su uso a la serie final de cada entrenamiento, por ejemplo, podría ser una estrategia efectiva para producir diferentes estímulos que nos hagan conseguir los efectos deseados.


REFERENCIA

1. Davies, T., Orr, R., Halaki, M., & Hackett, D. (2016). Effect of training leading to repetition failure on muscular strength: a systematic review and meta-analysis. Sports Medicine, 46(4), 487-502.

LA PREVENCIÓN DE LESIONES COMO MEDIDA PARA EL RENDIMIENTO DEPORTIVO

Uno de los principales factores que determina el rendimiento deportivo es la resistencia a las lesiones. La lesión de un deportista va a suponer que esté un tiempo alejado de la práctica deportiva, comprometiendo la preparación tanto individual como colectiva. La recuperación de una lesión es a menudo complicada, lenta y costosa económicamente.

Por tanto, la realización de actividades dirigidas a la prevención estarían justificadas, además de por motivos deportivos, por motivos médicos y económicos. Asimismo, los diferentes tipos de ejercicios enfocados a la prevención de lesiones son de fácil acceso para la amplia mayoría de deportistas –profesionales, amateurs y recreacionales- y no requieren un excesivo desembolso económico.

Una revisión sistemática con meta-análisis (1), que incluyó 25 estudios y más de 26.600 sujetos, evaluó la efectividad de diferentes tipos de entrenamiento –de fuerza, propiocepción y stretching- en la prevención de lesiones deportivas.

El análisis de los resultados indicó que el stretching no ejerce efecto protector ni antes ni después del ejercicio frente a las lesiones. Por el contrario, en esta revisión se demostró el importante papel del entrenamiento de fuerza y de propiocepción en la prevención de lesiones. En concreto, en el caso del entrenamiento de fuerza se observó una reducción a menos de un tercio del número de lesiones.

Por tanto, la realización de entrenamiento de fuerza o propiocepción se convierte en una estrategia muy útil en la prevención de lesiones – principalmente el entrenamiento de fuerza-. En conclusión, el diseño de un adecuado programa preventivo podría determinar el éxito de un deportista frente a aquellos que quedan lastrados a mitad de temporada por una inoportuna lesión, en muchos casos precisamente por no haber realizado una labor preventiva correcta.


REFERENCIA

1. Lauersen, J. B., Bertelsen, D. M., & Andersen, L. B. (2014). The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Sports Med48(11), 871-877.

¿QUÉ TIPO DE ENTRENAMIENTO DE ALTA INTENSIDAD UTILIZAR PARA OBTENER LOS MAYORES BENEFICIOS?

El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) y el entrenamiento de sprint repetidos (SIT) se han instaurado como una pieza fundamental tanto en los programas de entrenamiento en el ámbito competitivo como en el de la salud. Este tipo de ejercicio ha mostrado ser más o, al menos, igualmente efectivo que el entrenamiento continuo de baja intensidad para mejorar el rendimiento (consumo de oxígeno, velocidad…), así como para mejorar diversos marcadores asociados a una mayor salud (sensibilidad a la insulina, capacidad funcional…).

Los especialistas en ejercicio nos vemos en la necesidad de programar diversas variables de este tipo de sesiones (principalmente la duración y la intensidad de los intervalos y los descansos) con el fin de variar el estímulo de entrenamiento, maximizar los beneficios obtenidos y conseguir una mayor adherencia por parte del deportista. Por ello, es importante conocer qué tipo de sesión de alta intensidad aporta mayores beneficios a nivel de rendimiento.

Un estudio publicado en el European Journal of Sport Science (1) comparó en un grupo muy numeroso (n=55 deportistas recreacionales) los efectos de distintos tipos de entrenamiento durante 6 semanas. En concreto, los sujetos fueron divididos en grupo HIIT (4-6 series de 4 minutos al 100% de la velocidad conseguida en 3000m, con 4 minutos de recuperación), grupo SIT (7-12 series de 30 segundos al 130% de la velocidad conseguida en 3000m, con 2.5 minutos de recuperación) y grupo control (30 minutos de carrera continua al 75% de la velocidad en 3000m), entrenando todos ellos 3 veces a la semana. Tras las 6 semanas de entrenamiento, los resultados mostraron que aunque todos los grupos mejoraron los tests realizados (tiempo en 3000m y en sprint de 40m, y capacidad para realizar sprints repetidos), el grupo SIT fue el que mayores mejoras obtuvo en todos los casos.

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Fig. 1. Las sesiones de sprints no sólo aportan los mismos o incluso más beneficios que sesiones con series más largas o de carrera continua, sino que además requieren un menor tiempo por lo que son más fáciles de incluir en nuestras ajetreadas agendas.

Por otro lado, otro grupo de investigación (2) comparó los efectos de diferentes sesiones de SIT en las adaptaciones producidas. Para ello, 36 sujetos fueron asignados a un grupo de SIT que realizaba 4-6 series de 30 segundos a tope con 4.5 minutos de descanso, un grupo que realizaba el mismo número de series y con el mismo descanso pero en este caso de 15 segundos a tope, o un grupo que realizaba carrera continua durante 60-75 minutos. En todos los casos entrenaron 3 veces a la semana durante 4 semanas. Los resultados de este estudio mostraron que todos los grupos mejoraron de igual forma su consumo máximo de oxígeno, la velocidad asociada a esta intensidad, su potencia pico y media durante un test de Wingate, la potencia crítica y la potencia asociada al umbral de lactato.

Por lo tanto, vemos cómo incluir sesiones de intervalos muy cortos (<30 segundos) puede aportar los mismos o incluso más beneficios para el rendimiento en resistencia que series más largas (>3 minutos) o que el ejercicio de larga duración (>30-60 minutos) a intensidad media. Además, se puede apreciar cómo se obtuvieron los mismos beneficios con series de 15 segundos que con series de 30, lo que hace pensar que lo importante podría ser el reclutamiento de fibras rápidas al generar el pico de potencia durante los primeros instantes de las series. No obstante, y a pesar de que este tipo de sesiones de muy corta duración aporta beneficios como el requerir un menor tiempo de entrenamiento, es importante remarcar que la intensidad producida puede ser muy alta y probablemente más lesiva si el deportista no está preparado. Además, creemos que estos estímulos deben ser variados y alternados durante la temporada, progresando por ejemplo desde sesiones más inespecíficas hacia una mayor especificidad con intervalos de trabajo más largos.


REFERENCIAS

  1. Taylor, P, Cicioni-kolsky, D, Lorenzen, C, Williams, MD, and Guy, J. Endurance and sprint benefits of high-intensity and supramaximal interval training. Eur J Sport Sci 13: 304–311, 2013.
  2. Zelt, JGE, Hankinson, PB, Foster, WS, Williams, CB, Reynolds, J, Garneys, E, Tschakovsky, ME, and Gurd, BJ. Reducing the volume of sprint interval training does not diminish maximal and submaximal performance gains in healthy men. Eur J Appl Physiol 114: 2427–2436, 2014.

LA DOMINADA, UN EJERCICIO FUNDAMENTAL EN NATACIÓN

No cabe duda de que el entrenamiento de fuerza se ha instaurado como uno de los pilares fundamentales para el rendimiento en cualquier deporte. En el caso de la natación, el rendimiento estará influenciado, aparte de por variables fisiológicas y psicológicas, por la cantidad de fuerza aplicada sobre el agua para desplazarse (además de por las fuerzas de frenado). Por ello, el entrenamiento de fuerza, ya sea en seco (fuera del agua) o específico dentro del gesto de nado (con palas, etc.), ocupa una gran parte del tiempo de entrenamiento de estos deportistas.

Dentro de la gran diversidad de ejercicios utilizados por los nadadores para entrenar la fuerza en seco, la dominada podría ser uno de los más populares. Durante una dominada se produce una gran activación del músculo dorsal ancho, uno de los principales músculos involucrados en la acción de nado. Por ello, este ejercicio podría servir tanto para entrenar como para evaluar los niveles de fuerza de los nadadores de una forma “específica”.

Sin embargo, ningún estudio hasta la fecha había evaluado la relación entre los niveles de fuerza en dominada y el rendimiento de nado. Por ello, uno de los autores de Fissac, Pedro L. Valenzuela, en colaboración con el especialista en natación J. Ignacio Pérez y otros investigadores como Mikel Izquierdo analizaron dicha relación en un estudio aceptado recientemente en el Journal of Strength and Conditioning Research . Para ello, se analizaron diversas variables biomecánicas de la dominada como la velocidad y la potencia en 12 nadadores jóvenes de alto nivel (tiempo en 50 m libres: 26.4 ± 1.4 s) mediante un encoder lineal enganchado a la cintura con un arnés. Además, se midió el tiempo de nado en 50 m libres y el tiempo de nado en 50 m sólo con pies.

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Fig. 1. La velocidad con la que se es capaz de realizar una dominada puede ser un indicador de rendimiento en nadadores de alto nivel.

Los resultados mostraron como tanto la velocidad (r=0.80) como la potencia (r=0.76) de ejecución en una dominada realizada a máxima intensidad podían predecir de forma importante el rendimiento en 50 m libres en estos nadadores de alto nivel. Además, la velocidad media sostenida durante un test de máximo número de dominadas hasta el fallo también se asoció de forma importante con el rendimiento (r=0.88). Sin embargo, el número de dominadas que los nadadores podían hacer hasta el fallo no se relacionó de forma significativa con el rendimiento, pese a ser uno de los tests más utilizados por los entrenadores de natación. Curiosamente, se observó también que uniendo los datos de pérdida de velocidad relativa durante el test de dominadas hasta el fallo y el tiempo en 50 m solo con pies se podía explicar hasta en un 84% el rendimiento en 50 m libres, mostrando así el importante papel de la fuerza del tren superior y de la eficacia de la patada para el rendimiento.

Por lo tanto, la dominada se muestra como un ejercicio fundamental en natación, pudiendo ser utilizado tanto para entrenar como para evaluar la fuerza del tren superior de los deportistas. Además, atendiendo a estos resultados, lo importante no es el número de dominadas que un deportista puede realizar, sino que la parte concéntrica (ascendente) de cada repetición se realice con la máxima velocidad posible. No obstante, es necesario remarcar el importante papel de la técnica en natación. De nada servirá la aplicación de una gran cantidad de fuerzas si éstas no se aplican en la dirección adecuada o si las fuerzas de frenado (dependientes de la posición del nadador, etc.) son excesivas. Por ello, el entrenamiento de la técnica debe primar sobre el entrenamiento de fuerza.

¿ES EL FTP UN SUSTITUTO VÁLIDO DEL UMBRAL LÁCTICO?

El umbral de lactato o umbral láctico (UL) es un marcador fisiológico ampliamente utilizado para valorar la forma física de los deportistas así como para la determinación de las zonas de entrenamiento y la prescripción de la carga de trabajo. Aunque conocer el UL de un deportista en varios momentos de la temporada puede ser muy útil, su determinación rutinaria no es sencilla ya que requiere de tests de laboratorio o complejos tests de campo. Por ello, con la aparición de los potenciómetros en ciclismo, han surgido diversos tests de campo que intentan servir de sustitutos de la medición directa del UL, pudiendo ser realizados de forma habitual durante la temporada por el deportista, independientemente de su localización geográfica.

Uno de los tests más utilizados como sustituto del UL es el test FTP (umbral funcional de potencia, FTP por sus siglas del inglés functional threshold power). El FTP fue inicialmente propuesto por Allen y Coggan como la mayor potencia que un deportista es capaz de generar en un estado semi-estable y por encima del cual la fatiga llegaría de manera mucho más temprana. De forma práctica se ha propuesto que el FTP correspondería a la máxima potencia que un sujeto es capaz de mantener durante aproximadamente 1 h en óptimas condiciones (altamente motivado, etc.). Sin embargo, debido a la dificultad de realizar un test máximo de 1 h, la mayoría de deportistas realiza un test máximo de 20 minutos, restando a la potencia media obtenida un 5% para determinar el FTP.

Pese al extendido uso del FTP como sustituto del UL, ningún estudio hasta la fecha ha comprobado la relación entre ambos. No obstante, un grupo de investigación1 encontró que la potencia media obtenida durante un test de 20 minutos estaba altamente correlacionada (r=0.84) y no era significativamente diferente del UL. La alta correlación observada sugiere que el test FTP de 20 minutos es válido para conocer el estado de forma de un deportista (a mayor UL, mayor potencia en 20 minutos). Sin embargo, atendiendo a este estudio no sería necesario restar un 5% a la potencia media obtenida en el test de 20 minutos para determinar el UL.

Aunque el test FTP de 20 minutos sí parece ser válido para saber si un deportista está más o menos en forma (mejor o peor UL), la validez de este marcador como sustituto del UL podría depender en parte del estado de forma del deportista. Es posible que deportistas más entrenados sean capaces de aguantar la potencia correspondiente a su UL durante más tiempo, ya que el entrenamiento afecta a factores periféricos como la capacidad de eliminar metabolitos o de acumular glucógeno, así como a factores centrales como la capacidad de tolerar el sufrimiento. Por ejemplo, se ha observado que Induráin mantuvo una potencia correspondiente a su UL durante el récord de la hora 2.

En conclusión, tests de campo como el FTP facilitan la valoración del estado de forma de los deportistas de forma rutinaria durante la temporada. Sin embargo, se debe tener precaución a la hora de tomar estos valores para la determinación de las zonas de entrenamiento y la prescripción de la intensidad de entrenamiento, ya que la potencia media obtenida durante un test de duración fija (ej. 20 minutos) podría suponer una intensidad fisiológica diferente para deportistas de distinto nivel y motivación.

PRESOTERAPIA PARA MEJORAR LA RECUPERACIÓN ¿MARKETING O CIENCIA?

Los deportistas tienen a su alcance una multitud de métodos para mejorar los procesos de recuperación entre sesiones o tras una competición. Estos métodos incluyen estrategias nutricionales (nitrato, antioxidantes, proteína…) y físicas (electro-estimulación de baja frecuencia, contraste de temperaturas, vibración…). Sin embargo, pese a que su uso está a menudo ampliamente extendido, la eficacia de muchos de estos métodos no ha sido comprobada científicamente.

Uno de los métodos que en los últimos años ha ganado mayor popularidad es la presoterapia. Esta técnica consiste en la aplicación de presión positiva intermitente en los miembros, generalmente las piernas, con el fin de favorecer el flujo sanguíneo. Un aumento del flujo sanguíneo facilitaría la eliminación de metabolitos y la regeneración de la musculatura fatigada o dañada. Por ello, son numerosos los deportistas (muchos de ellos conocidos, de ahí la popularidad de esta técnica) que la utilizan como método de recuperación tras una sesión intensa, siendo también utilizada en el ámbito médico para tratar patologías como la trombosis venosa.

Diversos estudios han evaluado la validez de la presoterapia para mejorar los procesos de recuperación a corto plazo. Por ejemplo, un estudio1 comparó el rendimiento en un test de Wingate (test máximo de 30 segundos) en sujetos que habían realizado previamente dos tests de Wingate separados por 3 minutos, con una sesión intermedia de recuperación con 30 minutos de presoterapia (70 mmHg) o placebo. Los resultados mostraron que, aunque la presoterapia facilitó la eliminación de lactato en mayor medida que el tratamiento placebo, no provocó diferencias en la potencia media o pico alcanzada en el test de Wingate.

Además, también se ha propuesto que la presoterapia podría mejorar la recuperación en los días posteriores al ejercicio intenso, reduciendo por ejemplo el daño muscular (agujetas). Para comprobar dicha eficacia, un estudio2 evaluó a 10 adultos que realizaron 300 contracciones excéntricas con el fin de provocar daño muscular y que fueron tratados con presoterapia o placebo inmediatamente después así como a las 24 y 48 horas posteriores. En dicho estudio se observó que la fuerza disminuyó de igual forma en ambos grupos. Además, la presoterapia tampoco redujo los niveles de creatina kinasa (marcador de daño muscular).

Por lo tanto, pese a que la literatura científica sobre la presoterapia para la recuperación deportiva es escasa, la mayor parte de los estudios existentes no avalan sus beneficios. Los deportistas y entrenadores deben ser críticos con los métodos de recuperación que utilizan y comprobar si su eficacia ha sido confirmada científicamente. No obstante, el efecto placebo juega a menudo un papel más importante aún que los beneficios fisiológicos, por lo que en ciertos casos sí podría estar justificada la utilización de métodos sin validez contrastada.


REFERENCIA

1. Martin JE, Friedenreich ZD, Borges AR, et al. Acute effects of peristaltic pneumatic compression on repeated anaerobic exercise performance and blood lactate clearance. J Strength Cond Res. 2015:2900–2906.

2. Cochrane DJ, Booker HR, Mundel T, et al. Does intermittent pneumatic leg compression enhance muscle recovery after strenuous eccentric exercise? Int J Sports Med. 2013;34:969–974. Doi: 10.1055/s-0033-1337944.

ROMPIENDO BARRERAS FISIOLÓGICAS: DE EDMUND HILLARY A KILIAN JORNET

Kilian Jornet acaba de hacer añicos la historia. Una historia que comenzó cuando Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaron la cima del Everest el 29 de Mayo de 1953, siendo la culminación de los muchos intentos que hubo de alcanzar el punto más alto del planeta. Alexander Kellas predijo ya en 1920 que la montaña podría ser escalda, pero la extrema altitud (8.848 m) con la consiguiente privación de oxígeno había frustado los intentos anteriores.

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Figura 1. Imagen de Edmund Hillary y Tenzing Norgay.

En un artículo titulado “Una consideración de la posibilidad de ascender el Monte Everest” su conclusión fue la siguiente: “El Monte Everest podría ser ascendido por un hombre con excelentes capacidades físicas y mentales con un entrenamiento de primer nivel, sin ayuda adventicia (oxígeno suplementario) si las dificultades físicas de la montaña no son demasiado grandes, y con el uso de oxígeno si la montaña pudiera clasificarse como difícil desde el punto de vista de la escalada”.

Una de las razones del éxito de la expedición de 1953 fue el trabajo llevado a cabo por el fisiólogo británico Griffith Pugh un año antes durante la expedición al Cho Oyu, a 8153 m. Los principales objetivos fueron elucidar los múltiples factores fisiológicos que se dan en altitud extrema: efectos de la suplementación de oxígeno, hidratación, tasas de ventilación, uso de ropa adecuada, dieta, etc. Las lecciones aprendidas durante esta expedición fueron aplicadas en 1953, y muchos creen que fueron claves en el éxito de la expedición que coronó el Everest. En la primavera de 1952, una expedición suiza estuvo muy cerca de alcanzar la cima del Everest, pero falló por 2 razones fisiológicas. La primera de ellas fue que el equipamiento del oxígeno no era el adecuado, ya que solo se podía inhalar el oxígeno en el descenso, pero no durante la fase de ascensión. El segundo fue que los escaladores sufrieron una deshidratación severa puesto que desconocían la importancia crítica de mantener un adecuado balance hídrico a esa altura.

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Imagen 2. Griffith Pugh estudió la fisiología en altitud extrema en Cho Oyu en 1952.

Después de la primera ascensión al Everest, Pugh y Hillary discutieron posibles maneras de obtener más información acerca de la fisiología humana a una altitud extrema cuando estuvieron juntos en una expedición antártica en 1956-1957. El resultado fue una expedición formalmente llamada la Himalayan Scientific and Mountaineering Expedition (1960-1961) aunque actualmente se conoce como la Expedición Silver Hut.

El primer objetivo científico de la Silver Hut fue esclarecer los cambios fisiológicos que ocurren en las personas que viven “a nivel del mar” durante una exposición a una altura de 5800 m durante varios meses. Se investigó el consumo máximo de oxígeno, la ventilación máxima y el gasto cardiaco, el intercambio de gases pulmonares, la saturación arterial de oxígeno durante el ejercicio, el control de la pérdida de ventilación, los cambios sanguíneos, el electrocardiograma, la pérdida de peso y la función neurosicológica. Al final del invierno, la expedición se trasladó a Makalu, la quinta montaña más alta del mundo (8481), intentando escalarla sin usar oxígeno suplementario.

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Imagen 3. La Silver Hut a una altura de 5800 m durante la Himalayan Scientific and Mountaineering Expedition de 1960–1961

De hecho, si la subida hubiera tenido éxito, éste habría sido el pico más alto alcanzado sin oxígeno hasta la fecha. Sin embargo, uno de los escaladores se derrumbó cerca de la cumbre, y la ascensión se canceló para evacuarlo con seguridad. No obstante, sí consiguieron medir algunos parámetros muy importantes, como por ejemplo el consumo máximo de oxígeno o muestras de gas alveolar a gran altitud (7400-8000). Estas mediciones siguieron siendo las mediciones de la capacidad de trabajo realizadas a mayor altitud en campo durante más de 40 años. Además, se recolectaron muestras de gas alveolar a una altitud de 7830. Las mediciones del consumo máximo de oxígeno fueron extremadamente interesantes debido a que la extrapolación de la línea que relaciona el consumo de oxígeno con la altitud planteó una seria pregunta acerca de si el Everest podría ser escalado sin oxígeno suplementario.Captura de pantalla 2017-05-23 a las 21.04.40

Figura 1. Consumo máximo de oxígeno en función de la presión barométrica en sujetos aclimatados. El dato rodeado con círculo rojo se obtuvo en el Makalu Col, altitud 7440 m

La respuesta a esta pregunta tuvo que esperar otros 17 años hasta que Messner y Habeler sorprendieron a todos al llegar a la cumbre del Everest sin oxígeno en 1978.

La hazaña de Messner y Habeler provocó mucha especulación sobre cómo el cuerpo humano podría realizar cualquier trabajo a esa extraordinaria altitud, y fue uno de los factores que impulsaron la American Medical Research Expedition to Everest (AMREE) que tuvo lugar 3 años más tarde. Uno de sus principales objetivos científicos fue elucidar los cambios fisiológicos que permiten a los seres humanos alcanzar el punto más alto de la tierra. El diseño de la expedición estuvo influenciado considerablemente por la expedición Silver Hut. Se establecieron dos importantes laboratorios, uno en el Campo Base (5400 m) y el otro el Cwm Occidental a una altitud de 6300 m. El objetivo principal era tratar de obtener datos en la cumbre y la expedición fue un éxito. Cinco miembros alcanzaron la cumbre y se realizaron varias mediciones, incluyendo la primera medición directa de la presión barométrica. Además, se recogieron muestras de gases alveolares en la cumbre, a una altitud de 8400 m.

Las muestras de gases alveolares mostraron la importancia crítica de la hiperventilación extrema en estas altitudes. Por ejemplo, en la cumbre, el Dr. Christopher Pizzo, que recogió las muestras de gas alveolar, tenía una Presión parcial de CO2 (PCO2) alveolar de 7-8 mmHg. Dado que el valor normal del nivel del mar es 40 mmHg, esto significó que había aumentado su ventilación alveolar alrededor de cinco veces. Cuando el PO2 y el PCO2 alveolares fueron trazados a medida que aumentaba la altitud, se observó como el PO2 alveolar declinó hasta una altitud de aproximadamente de 7000 m, pero después se estabilizó a un valor de aproximadamente 35 mmHg en los escaladores más cualificados (Figura 2). Esto sólo podría hacerse aumentando enormemente la ventilación alveolar y llevando la PCO2 a menos de 10 mmHg.

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Figura 2. PO2 y PCO2 alveolar en escaladores desde el nivel del mar (arriba a la derecha) hasta la cima del Monte Everest (Abajo a la izquierda). Es reseñable que a una determinada altitud (Sobre los 7000 metros), la PO2 alveolar se “defiende” a un valor de 35 mmHg por la extrema hiperventilación.

Otra característica interesante de las mediciones en la cumbre fue que el pH arterial calculado a partir de la PCO2 alveolar y el exceso de base medido en sangre venosa a la mañana siguiente estaba entre 7,7 y 7,8. En otras palabras, el escalador tenía una alcalosis respiratoria extrema, lo cual puede ser beneficioso porque el aumento resultante en la afinidad del oxígeno de la hemoglobina ayuda a la carga de oxígeno en el capilar pulmonar más que interfiere en la descarga en los capilares periféricos.

También se midió el consumo máximo de oxígeno para la PO2 inspirada en la cumbre. El resultado fue 1 l/min, un valor paupérrimo, equivalente a caminar lentamente en el nivel del mar.

Por lo tanto, la expedición confirmó lo que se había sospechado desde la década de 1920, es decir, que el punto más alto de la Tierra está muy cerca de los límites de la tolerancia humana a la privación de oxígeno.

Ayer, 22 de Mayo de 2016, Kilian Jornet subió el Everest en 26 horas, sin oxígeno. Y solo. Para esto, no hay explicación. Estamos ante un ser sobrenatural, muy por encima de los límites humanos conocidos.


REFERENCIAS

  1. West JB. High life: a history of high-altitude physiology and medicine. New York, NY: Oxford 
University Press; 1998.
  2. West, J.B., 2016. Everest Physiology Pre-2008. In Advances in experimental medicine and biology. pp. 457–463. Available at: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27343114 [Accessed May 23, 2017].

SACA EL MAYOR RENDIMIENTO DE TUS ENTRENAMIENTOS: LA IMPORTANCIA DEL VECTOR DE FUERZA

El entrenamiento de fuerza es uno de los pilares fundamentales para el rendimiento deportivo. Los deportistas incluyen varias sesiones semanales en el gimnasio en las que realizan una multitud de ejercicios con el fin de transferir esas ganancias de fuerza y potencia a su acción deportiva, ya sea saltar, esprintar, etc. Sin embargo, debido a la alta especificidad del entrenamiento de fuerza, es posible que no todos los ejercicios tengan la misma transferencia posterior a la acción deportiva. Es ahí donde surge la teoría del vector de fuerza.

La teoría del vector de fuerza proclama que si se entrena la fuerza en un determinado vector, se obtendrá una mayor transferencia en acciones deportivas realizadas en ese mismo vector. Así, si se entrena en el vector axial (como por ejemplo en la sentadilla, donde la fuerza se ejerce en el eje que va de los pies a la cabeza, es decir, vertical) se obtendrá una mayor transferencia en acciones como el salto vertical. Por el contrario, si la acción se realiza en el vector antero-posterior (como por ejemplo en el hip thrust, de atrás hacia delante), se obtendrán mayores beneficios en acciones de predominancia horizontal como el sprint.

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Imagen ilustrativa del ejercicio hip thrust en la que está señalado el vector de fuerza (anteroposterior). Foto tomada de (www.strengthandconditioningresearch.com/perspectives/force-vector/)

Con el fin de analizar los efectos del vector en el que se realiza el ejercicio en la posterior transferencia a acciones deportivas, Contreras y cols (2017) 1 realizaron un estudio de 6 semanas en el que los participantes (n=24) fueron divididos en dos grupos: Uno entrenaba dos días a la semana el ejercicio hip thrust y el otro sentadilla. Tras los 6 meses de entrenamiento, aunque ambos grupos mejoraron en los tests realizados, el grupo que entrenó sentadilla mejoró en mayor medida el salto vertical y su fuerza máxima (3RM) en sentadilla. Por el contrario, el grupo que entrenó el hip thrust obtuvo mayores mejoras en el sprint de 10 y 20 m, en la fuerza máxima en hip thrust (3RM) y en el ejercicio mid-thigh pull.

Por lo tanto, este estudio confirma la importancia del vector de fuerzas en la transferencia de un ejercicio a la acción deportiva. Así, en aquellos deportes que incluyan principalmente acciones deportivas en el eje axial (con saltos como en el voleybol o el baloncesto) sería recomendable dar prioridad al entrenamiento de fuerza en ese eje, realizando por ejemplo sentadilla. Sin embargo, en deportes en los que las acciones en el eje horizontal sean de gran importancia, como aquellos que incluyen sprints y aceleraciones, será más beneficioso incluir ejercicios realizados en ese eje como el hip thrust.


REFERENCIA

  1. Contreras B, Vigotsky AD, Schoenfeld BJ, et al. Effects of a Six-Week Hip Thrust vs. Front Squat Resistance Training Program on Performance in Adolescent Males. J Strength Cond Res. 2017;31:999–1008. Doi: 10.1519/JSC.0000000000001510.

¿Y SI NIKE NOS HUBIERA ENSEÑADO LA ECUACIÓN PARA LA CURA DE LAS ENFERMEDADES?

La madrugada del 6 de Mayo en Monza, en el mítico circuito de Fórmula 1, Eliud Kipchoge corrió los 42 km 195 metros más rápidos de la historia. Paró el crono en 2 horas y 25 segundos.

El atleta keniano logró acelerar la historia y acercarse a lo que para muchos es una barrera infranqueable, bajar de las 2 horas en la maratón. Detrás de este proyecto titánico se encuentra Nike. Para la mayoría de la opinión pública Breaking2 es un movimiento de marketing pensado únicamente para vender sus nuevas zapatillas, las VaporFly Elite. Para otros se ha abierto un debate sobre si puede considerarse una maratón como tal y por lo tanto, si el tiempo logrado debe oficializarse. No obstante, una cosa está clara, y es que este proyecto ha supuesto un cambio de paradigma.

Nike ha logrado precipitar un proceso que para los expertos tendría lugar en 2 ó 3 décadas. ¿Y cómo lo ha hecho? Sencillamente reuniendo a los mejores. Y por los mejores en un proyecto así cualquiera entendería a los mejores atletas y entrenadores, pero ahí no acaba la lista. Nike ha completado el equipo con físicos nucleares, fisiólogos, biomecánicos, nutricionistas, investigadores, médicos y meteorólogos.

La marca americana, alejándose de la filosofía de trabajo imperante, ha optado por resolver un problema de múltiples variables de manera global. Y es así, reuniendo a mentes brillantes de disciplinas tan diversas, como ha conseguido acelerar el tiempo. Sin embargo, mientras Kipchoge estuvo a punto de bajar de las dos horas en Monza, las dinámicas de trabajo en hospitales y centros de investigación (de mayor trascendencia aún para la población) son las mismas de siempre.

La farmacología o la receta de medicamentos siguen siendo la punta de lanza para “curar enfermedades”. Querer resolver un problema cuyo origen tiene muchos factores administrando un fármaco puede no ser la mejor opción. Las personas que tienen, por ejemplo, diabetes tipo II tienen los niveles de azúcar muy altos. Por norma general van al médico y les recetan metformina, sulfonilureas o tiazolidinedionas con el objetivo de bajar los niveles de glucosa. Si estas personas dejasen de tomar la medicación, al día siguiente tendrían los valores de glucosa nuevamente altos. Por lo tanto, los medicamentos no han curado la enfermedad, únicamente han tapado los síntomas. El origen de la enfermedad sigue estando latente.

Pongamos un ejemplo más ilustrativo que utiliza el Dr. Bruce H. Lipton en su libro “La biología de la creencia”. Un cliente va a un taller mecánico quejándose de que las luces de emergencia de su coche no dejan de parpadear, era un problema que supuestamente le habían arreglado con anterioridad en varias ocasiones. Cuando el mecánico lleva el coche a la parte trasera del taller, desmonta el foco, coge la bombilla y la tira directamente a la basura. El hombre, feliz por ver su problema solucionado, se fue del taller sin rechistar. Y el Dr. Lipton concluye: “Aunque la causa del problema no se había arreglado, el síntoma había desaparecido. De forma similar, los fármacos suprimen los síntomas corporales, pero la gran mayoría no hace nada por solucionar el origen del problema.”

Por ello, siguiendo la estela de Nike, debemos abordar el problema sanitario desde una perspectiva global. Si los ejecutivos de Nike hubiesen pensado que para bajar de las 2 horas necesitaban únicamente a los mejores corredores y entrenadores, el proyecto habría fracasado estrepitosamente. De la misma manera, si se plantea encontrar la cura para el cáncer, la diabetes o la hipertensión exclusivamente desde un punto de vista médico, el camino a recorrer será más largo y casi con total seguridad fallido. En estas enfermedades entran en juego muchas variables.

En los primeros tres mil millones de años de vida, ésta estaba únicamente representada por células individuales. Hace unos 750 millones de años, estas células individuales se dieron cuenta de que a través de comunidades las posibilidades evolutivas crecían exponencialmente. Cuando las células se agrupan, la capacidad que tienen de percibir y dar soluciones a los problemas que les plantea el medio en el que viven es mayor.

Al igual que en el cuerpo humano, todas las células trabajan en una perfecta sincronización. Si médicos, ingenieros, biólogos, físicos, químicos, especialistas en actividad física, fisioterapeutas, informáticos, matemáticos, filósofos y un largo etcétera aunaran esfuerzos, la capacidad de acelerar el tiempo y poder encontrar una cura integral de las muchas enfermedades que nos atosigan podría ser real.

Por ello, el proyecto de Nike no debería quedarse en una sorprendente estrategia de marketing, sino que debe servir de ejemplo de los grandes avances que pueden ser realizados cuando distintos profesionales trabajan en equipo. Si ese momento llega, la meta estará cada vez más cerca. Batiremos récords, se mejorarán los tratamientos de enfermedades que a día de hoy parecen incurables y sobre todo, seremos una sociedad más humana, más global.

LA CAFEÍNA, ¿EL SUPLEMENTO IDEAL SEA CUAL SEA TU DEPORTE?

Los deportistas acuden a menudo a la toma de suplementos para la mejora del rendimiento. La cafeína es la sustancia farmacológica y psicoactiva más consumida por la población. Sin embargo, su uso para la mejora del rendimiento deportivo no está tan extendido como el de otros suplementos con una eficacia menos contrastada científicamente.

Un meta-análisis 1 que incluyó 21 estudios (33 tratamientos) evaluó el efecto de la toma de cafeína en el rendimiento en deportes de resistencia. Para ello, se analizaron solo aquellos estudios que incluían un time-trial superior a 5 minutos (por ejemplo, carrera de 10 km). Dichos autores encontraron que el consumo de cafeína (3-6 mg/kg) de forma previa al ejercicio (menos de 60 minutos antes) mejoraba el rendimiento posterior en un 3.2% de media, siendo la mejora aún mayor si además se consumía cafeína durante el propio ejercicio.

La cafeína no sólo podría ser útil en deportes de resistencia, sino que la suplementación con este compuesto ha mostrado aumentar también el rendimiento en deportes de alta intensidad. Así, un estudio realizado en nadadores encontró que el consumo de cafeína (en torno a 4,3 mg/kg) aumentaba el rendimiento en dos series de 100 m de nado libre, aunque lo hacía sólo en los nadadores entrenados 2.

Por último, la cafeína se ha mostrado también como una posible ayuda ergogénica en deportes de fuerza. La suplementación con cafeína (5 mg/kg) 1 hora antes del entrenamiento de fuerza aumenta el número de repeticiones que se pueden realizar hasta el fallo sin alterar la percepción del esfuerzo, mejorando el estado de ánimo y disminuyendo la fatiga 3. Por lo tanto, la suplementación con cafeína puede ser útil para aumentar el volumen de entrenamiento y con ello el tiempo bajo tensión, la respuesta hormonal y consiguientemente la respuesta hipertrófica.

En conclusión, la cafeína podría ser una importante ayuda ergogénica en distintos ámbitos deportivos, desde el deporte de resistencia al facilitar el consumo de ácidos grasos hasta el rendimiento en sprint al estimular el sistema nervioso simpático o al rendimiento en deportes de fuerza por su función analgésica. Es importante remarcar que su toma debe ser controlada en ciertas poblaciones debido a sus efectos sobre el sistema cardiovascular (respuesta aguda hipertensiva y taquicárdica). Además, sus efectos pueden depender de cómo de acostumbrado esté el deportista a su toma y del nivel de rendimiento. Sin embargo, por lo general este suplemento es altamente eficaz, barato, seguro y de fácil acceso. No obstante, muchos deportistas recreacionales siguen utilizando otros suplementos más caros y con menos garantía de seguridad y eficacia.


REFERENCIAS

  1. Ganio MS, Klau JF, Casa DJ, et al. Effect of caffeine on sport-specific endurance performance: a systematic review. J Strength Cond Res. 2009;23:315–324. Doi: 10.1519/JSC.0b013e31818b979a.
  2. Collomp K, Ahmaidi S, Chatard J, et al. Applied Physiology in trained and untrained swimmers. Eur J Appl Physiol. 1992;64:377–380.
  3. Duncan MJ, Oxford SW. The effect of caffeine ingestion on mood state and bench press performance to failure. J Strength Cond Res. 2011;25:178–185. Doi: 10.1519/JSC.0b013e318201bddb.