CONTRA EL SOBREPESO, ¿ENTRENAMIENTO INTERVÁLICO DE ALTA INTENSIDAD (HIIT) O CONTINUO DE INTENSIDAD MODERADA?

La obesidad es un problema que cada vez afecta a una mayor parte de la población. De hecho, actualmente al menos un 39% de la población tiene sobrepeso, y más de un 13% tiene obesidad. El sobrepeso, especialmente el exceso de grasa visceral, está a su vez asociado a otras patologías como las cardiovasculares (ej. ateroesclerosis, hipertensión) y metabólicas (ej. diabetes), e incluso a un mayor riesgo de desarrollar cáncer. Por ello, los profesionales de la salud debemos centrar nuestros esfuerzos en reducir la que ya es considerada la epidemia del siglo XXI.

Como vimos recientemente en una entrada, aunque la dieta se muestra como una estrategia eficaz para la pérdida de peso, el ejercicio es la mejor herramienta para la disminución de la grasa visceral. ¿Pero qué tipo de ejercicio aporta los mayores beneficios?

Un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista Obesity Reviews (1) comparó el efecto del ejercicio intermitente de alta intensidad (HIIT) o MICT en los cambios en la composición corporal en personas con sobrepeso u obesidad. Para ello, analizaron un total de 13 estudios (424 sujetos) que aplicaban estos programas de ejercicio durante una media de 10 semanas en la que los participantes entrenaban en torno a 3 días a la semana.

Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio mejoraban de forma significativa la composición corporal, con una reducción de 2 kg de grasa (6%) y de 3 cm de circunferencia de cintura incluso en ausencia de cambios en el peso corporal (como ya vimos en anteriores entradas, nuestro foco de atención debe ser la masa grasa y no el peso corporal). Curiosamente, no hubo diferencias entre los beneficios obtenidos al realizar HIIT o al realizar ejercicio continuo a intensidad moderada, aunque el tiempo de entrenamiento que requerían los programas de HIIT (95 minutos semanales) fue mucho menor que el del entrenamiento continuo (158 minutos semanales). Además, también se observó que aquellos programas en los que el ejercicio se realizaba corriendo aportaban mayores beneficios que en los que se realizaba en bicicleta.

Este estudio es de especial interés porque remarca la importancia del ejercicio para la pérdida de masa grasa en personas con sobrepeso. Además, muestra que tanto el ejercicio de alta intensidad (HIIT) como el continuo a intensidad moderada son opciones igual de eficaces para mejorar la composición corporal. No obstante, el tipo de ejercicio a realizar deberá adaptarse a las características de cada persona. El ejercicio de alta intensidad requiere de un menor tiempo de entrenamiento para aportar los mismos beneficios, por lo que puede ser una buena opción para aquellas personas con falta de tiempo. Sin embargo, debemos tener en cuenta también que este tipo de ejercicio puede suponer una menor adherencia al ejercicio y un mayor estrés cuando la persona está muy desentrenada. De igual forma, aunque correr aporta mayores beneficios para la pérdida de grasa, el mayor impacto articular que provoca puede llevarnos a elegir la bicicleta durante los primeros estadíos.

Como profesionales del ejercicio debemos atender a estos estudios para conocer de forma objetiva qué estrategias son las más eficaces, pero siempre debe primar la individualización. Así, deberemos adaptarnos a los gustos y características de cada persona, dando una mayor importancia a que se integre el ejercicio físico dentro de la rutina diaria en vez de a conseguir los mayores beneficios en el menor tiempo posible.


REFERENCIA

  1. Wewege, M, Berg, R Van Den, Ward, RE, and Keech, A. The effects of high-intensity interval training vs . moderate-intensity continuous training on body composition in overweight and obese adults : a systematic review and meta-analysis. Obes Rev 635–646, 2017.

¿TIENE SENTIDO ENTRENAR HASTA EL FALLO MUSCULAR PARA AUMENTAR LA FUERZA?

Está muy extendida entre los usuarios de los gimnasios la creencia de que el entrenamiento con repeticiones hasta el fallo muscular –incapacidad para seguir realizando repeticiones del ejercicio en el que estamos trabajando debido a la fatiga- provoca mayores incrementos en la fuerza muscular en comparación con el entrenamiento por repeticiones que no llevan hasta el fallo.

El principal mecanismo fisiológico que justificaría esta teoría radicaría en que el entrenamiento hasta el fallo muscular incrementa el reclutamiento de unidades motoras. Durante la realización de entrenamientos con cargas altas, se reclutan unidades motoras de bajo umbral, compuestas de fibras musculares tipo I y/o tipo IIa. Con las sucesivas repeticiones, estas unidades motoras se van fatigando, lo que resultará en el reclutamiento de unidades motoras de un umbral excitatorio mayor, compuestas principalmente de fibras tipo IIx. Una vez que todas las unidades motoras disponibles se han fatigado hasta un punto en el que la carga no puede moverse más allá de un ángulo de articulación crítico -conocido como “sticking point“-, se producirá el fallo muscular.

Por tanto, el entrenamiento hasta el fallo muscular permitirá alcanzar un mayor reclutamiento de unidades motoras, convirtiéndose en un importante estímulo para el desarrollo de la fuerza muscular. Sin embargo, existe evidencia científica de que también se puede obtener un elevado reclutamiento de unidades motoras sin necesidad de entrenar hasta el fallo. Asimismo, la mayor fatiga experimentada a nivel muscular y a nivel neural como consecuencia del entrenamiento hasta el fallo puede aumentar el riesgo de sobreentrenamiento y de lesiones.

Una reciente revisión sistemática con meta-análisis (1) ha comparado el efecto de entrenar hasta el fallo muscular vs entrenar sin fallo sobre la fuerza muscular. Se incluyeron 8 estudios con 199 participantes de entre 18-35 años. 112 sujetos tenían experiencia en entrenamiento de fuerza, mientras que 87 no tenían experiencia previa.

Curiosamente, los resultados mostraron que, aunque ligeramente, el entrenamiento sin fallo muscular produjo mayores beneficios sobre la fuerza que el entrenamiento hasta el fallo. Además, los sujetos entrenados obtuvieron mayores incrementos en esta variable con el entrenamiento sin fallo que los no entrenados.

Por lo tanto, en base a estos resultados, los sujetos experimentados y deportistas que realizan entrenamientos con cargas deberían limitar el uso del entrenamiento hasta el fallo muscular, ya que además puede conducir a una mayor compresión articular, aumentando el riesgo de lesiones y, en caso de realizarlo regularmente, también incrementará el riesgo de sobreentrenamiento. Sin embargo, entrenar hasta el fallo de manera puntual, restringiendo su uso a la serie final de cada entrenamiento, por ejemplo, podría ser una estrategia efectiva para producir diferentes estímulos que nos hagan conseguir los efectos deseados.


REFERENCIA

1. Davies, T., Orr, R., Halaki, M., & Hackett, D. (2016). Effect of training leading to repetition failure on muscular strength: a systematic review and meta-analysis. Sports Medicine, 46(4), 487-502.

SI QUIERES MEJORAR TU SALUD, LA DIETA ES IMPORTANTE, PERO NO OLVIDES EL EJERCICIO

La obesidad se ha convertido ya en una gran epidemia en los países desarrollados, siendo una de las principales causas de muerte y estando asociada a numerosas patologías. Por ello, desde el ámbito sanitario y liderados por la Organización Mundial de la Salud, se ha puesto el foco de interés en el control del peso de la población.

Hasta ahora los científicos se habían centrado en qué estrategias eran más útiles para la pérdida de peso. Por ejemplo, un meta-análisis (Miller, Koceja, & Hamilton, 1997) que incluyó 493 estudios comparando los efectos de dieta y ejercicio encontró que la dieta suponía una pérdida de peso cuatro veces mayor que la realización de ejercicio (10.7 frente a 2.9 kilos en 16 semanas). Por ello, la dieta se ha consolidado como la estrategia de pérdida de peso más prescrita y más utilizada por la población.

Sin embargo, es importante remarcar que la pérdida de peso por sí sola puede no estar asociada a un cambio positivo, ya que será la pérdida de grasa visceral la que determine el beneficio de este cambio. Así, mientras el exceso de peso no se asocia en muchas ocasiones a mayor morbi-mortalidad, un exceso de grasa visceral sí se asocia a un mayor riesgo cardiovascular y mayor prevalencia de resistencia insulínica o dislipidemia entre otras patologías.

Por ello, un reciente meta-análisis (Verheggen et al., 2016) analizó 117 estudios (4815 sujetos) para comparar los efectos de la dieta y el ejercicio no sólo en el cambio de peso, sino también en los niveles de grasa visceral. Los autores encontraron que, pese a que la dieta suponía una mayor pérdida de peso, era el ejercicio el que disminuía en mayor medida los niveles de grasa visceral. De hecho, incluso en aquellos sujetos que no perdían peso, se podía apreciar una disminución de la grasa visceral al realizar ejercicio, algo que no ocurría con la dieta. Por ejemplo, una pérdida de peso del 5% (3.5 kg para una persona de 70 kg) se asociaba con una pérdida de grasa visceral del 21.3% al realizar ejercicio, mientras que al seguir sólo dieta la pérdida de grasa visceral era de tan solo un 13.4 %.

Por lo tanto, estos datos apoyan la realización de ejercicio para la mejora de un marcador de salud como es la grasa visceral. La ausencia de pérdida de peso durante un programa de ejercicio puede llevarnos a pensar que la estrategia seguida es incorrecta o inútil. Sin embargo, debemos ser conscientes de la importancia de la composición corporal (porcentaje de grasa y músculo) y olvidarnos del peso como marcador de salud. Debe ser el porcentaje de grasa y no el peso corporal el que indique si nuestras estrategias están funcionando.


REFERENCIAS

Miller, W. C., Koceja, D. M., & Hamilton, E. J. (1997). A meta-analysis of the past 25 years of weight loss research using diet, exercise or diet plus exercise intervention. International Journal of Obesity, 21(10), 941–947. https://doi.org/10.1038/sj.ijo.0800499

Verheggen, R. J. H. M., Maessen, M. F. H., Green, D. J., Hermus, A. R. M. M., Hopman, M. T. E., & Thijssen, D. H. T. (2016). A systematic review and meta-analysis on the effects of exercise training versus hypocaloric diet: distinct effects on body weight and visceral adipose tissue. Obesity Reviews, 17(8), 664–690. https://doi.org/10.1111/obr.12406

LA REACCIÓN ADVERSA A LOS MEDICAMENTOS ES UNA DE LAS PRINCIPALES CAUSAS DE MUERTE* EN EEUU

De acuerdo con la definición de la Organización Mundial de la Salud, una Reacción Adversa a los Medicamentos (ADR) representa cualquier efecto nocivo, no intencionado e indeseado de un fármaco, que se produce en dosis usadas en humanos para profilaxis, diagnóstico o tratamiento. Esta definición excluye los fracasos terapéuticos, la sobredosis y el abuso. Además, no incluye los eventos adversos debidos a errores en la administración del fármaco o el incumplimiento (tomar más o menos de un fármaco que el prescrito) [1].

Los casos graves de ADR son más frecuentes de lo que generalmente se reconocen. Los eventos mortales debidos a reacciones adversas a los medicamentos parecen estar entre la cuarta y la sexta causa de muerte en EEUU. Esta incidencia se ha mantenido estable en los últimos 30 años.

El impacto de las ADR en el Sistema Nacional de Salud estadounidense es muy alto, provocando una considerable morbi-mortalidad y costes adicionales. Aunque muchos de los fármacos implicados han demostrado ser beneficiosos, es necesario poner en marcha medidas para reducir la carga de las ADR y, por lo tanto, mejorar el ratio beneficio/riesgo: la relación entre los beneficios obtenidos y los riesgos que representan los fármacos [2].

Póster

REFERENCIAS

[1] J. Lazarou, B. H. Pomeranz, and P. N. Corey, “Incidence of adverse drug reactions in hospitalized patients: a meta-analysis of prospective studies.,” JAMA, vol. 279, no. 15, pp. 1200–5, Apr. 1998.

[2] M. Pirmohamed, S. James, S. Meakin, C. Green, A. K. Scott, T. J. Walley, K. Farrar, B. K. Park, and A. M. Breckenridge, “Adverse drug reactions as cause of admission to hospital: prospective analysis of 18 820 patients.,” BMJ, vol. 329, no. 7456, pp. 15–9, Jul. 2004.

¿QUÉ TIPO DE ENTRENAMIENTO DE ALTA INTENSIDAD UTILIZAR PARA OBTENER LOS MAYORES BENEFICIOS?

El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) y el entrenamiento de sprint repetidos (SIT) se han instaurado como una pieza fundamental tanto en los programas de entrenamiento en el ámbito competitivo como en el de la salud. Este tipo de ejercicio ha mostrado ser más o, al menos, igualmente efectivo que el entrenamiento continuo de baja intensidad para mejorar el rendimiento (consumo de oxígeno, velocidad…), así como para mejorar diversos marcadores asociados a una mayor salud (sensibilidad a la insulina, capacidad funcional…).

Los especialistas en ejercicio nos vemos en la necesidad de programar diversas variables de este tipo de sesiones (principalmente la duración y la intensidad de los intervalos y los descansos) con el fin de variar el estímulo de entrenamiento, maximizar los beneficios obtenidos y conseguir una mayor adherencia por parte del deportista. Por ello, es importante conocer qué tipo de sesión de alta intensidad aporta mayores beneficios a nivel de rendimiento.

Un estudio publicado en el European Journal of Sport Science (1) comparó en un grupo muy numeroso (n=55 deportistas recreacionales) los efectos de distintos tipos de entrenamiento durante 6 semanas. En concreto, los sujetos fueron divididos en grupo HIIT (4-6 series de 4 minutos al 100% de la velocidad conseguida en 3000m, con 4 minutos de recuperación), grupo SIT (7-12 series de 30 segundos al 130% de la velocidad conseguida en 3000m, con 2.5 minutos de recuperación) y grupo control (30 minutos de carrera continua al 75% de la velocidad en 3000m), entrenando todos ellos 3 veces a la semana. Tras las 6 semanas de entrenamiento, los resultados mostraron que aunque todos los grupos mejoraron los tests realizados (tiempo en 3000m y en sprint de 40m, y capacidad para realizar sprints repetidos), el grupo SIT fue el que mayores mejoras obtuvo en todos los casos.

move-quickly

Fig. 1. Las sesiones de sprints no sólo aportan los mismos o incluso más beneficios que sesiones con series más largas o de carrera continua, sino que además requieren un menor tiempo por lo que son más fáciles de incluir en nuestras ajetreadas agendas.

Por otro lado, otro grupo de investigación (2) comparó los efectos de diferentes sesiones de SIT en las adaptaciones producidas. Para ello, 36 sujetos fueron asignados a un grupo de SIT que realizaba 4-6 series de 30 segundos a tope con 4.5 minutos de descanso, un grupo que realizaba el mismo número de series y con el mismo descanso pero en este caso de 15 segundos a tope, o un grupo que realizaba carrera continua durante 60-75 minutos. En todos los casos entrenaron 3 veces a la semana durante 4 semanas. Los resultados de este estudio mostraron que todos los grupos mejoraron de igual forma su consumo máximo de oxígeno, la velocidad asociada a esta intensidad, su potencia pico y media durante un test de Wingate, la potencia crítica y la potencia asociada al umbral de lactato.

Por lo tanto, vemos cómo incluir sesiones de intervalos muy cortos (<30 segundos) puede aportar los mismos o incluso más beneficios para el rendimiento en resistencia que series más largas (>3 minutos) o que el ejercicio de larga duración (>30-60 minutos) a intensidad media. Además, se puede apreciar cómo se obtuvieron los mismos beneficios con series de 15 segundos que con series de 30, lo que hace pensar que lo importante podría ser el reclutamiento de fibras rápidas al generar el pico de potencia durante los primeros instantes de las series. No obstante, y a pesar de que este tipo de sesiones de muy corta duración aporta beneficios como el requerir un menor tiempo de entrenamiento, es importante remarcar que la intensidad producida puede ser muy alta y probablemente más lesiva si el deportista no está preparado. Además, creemos que estos estímulos deben ser variados y alternados durante la temporada, progresando por ejemplo desde sesiones más inespecíficas hacia una mayor especificidad con intervalos de trabajo más largos.


REFERENCIAS

  1. Taylor, P, Cicioni-kolsky, D, Lorenzen, C, Williams, MD, and Guy, J. Endurance and sprint benefits of high-intensity and supramaximal interval training. Eur J Sport Sci 13: 304–311, 2013.
  2. Zelt, JGE, Hankinson, PB, Foster, WS, Williams, CB, Reynolds, J, Garneys, E, Tschakovsky, ME, and Gurd, BJ. Reducing the volume of sprint interval training does not diminish maximal and submaximal performance gains in healthy men. Eur J Appl Physiol 114: 2427–2436, 2014.

EFECTOS DE LAS BEBIDAS ENERGÉTICAS SOBRE LA SALUD

En los últimos años, el consumo de bebidas energéticas, tipo Red Bull, Burn, Monster Energy, entre otras, ha incrementado su popularidad, fundamentalmente entre los jóvenes y, principalmente, como estrategia para combatir el cansancio durante las noches de fiesta o de estudio. Se estima que el 31% de adolescentes entre 12 y 19 años consumen bebidas energéticas regularmente. Éstas se diferencian de otras bebidas, como las isotónicas, en su alto contenido de cafeína y azúcar y en que se promocionan como eficaces a la hora de mejorar el rendimiento físico y cognitivo.

El problema del consumo regular de las bebidas energéticas es su alto contenido en cafeína -250 ml suelen contener 70-80 mg de cafeína, mientras que una cantidad similar de té contiene unos 30 mg- y otras sustancias como guaraná, ginseng y taurina, cuyas interacciones entre ellas son inciertas. Ademas la combinación de cafeína y taurina podría ser hasta contraproducente por la función estimulante de la primera frente a la sedante de la segunda.

La cafeína en cantidades moderadas es considerada una sustancia segura. Sin embargo, en dosis elevadas puede acompañarse de ansiedad, convulsiones, agitación, migrañas, insomnio, deshidratación, problemas gastrointestinales, arritmias y otros problemas de tipo cardíaco, especialmente en niños y adolescentes.

Recientemente se han descrito casos en jóvenes de entre 13 y 19 años, donde se asoció una sobreingesta de bebidas energéticas con palpitaciones y fibrilación auricular e, incluso, infarto agudo de miocardio. Diversos estudios han observado que el gran riesgo de las bebidas energéticas procede de los efectos a nivel cardiaco –incremento agudo de las presiones sistólica y diastólica, la frecuencia cardíaca y el gasto cardíaco- que produce un consumo elevado de cafeína.

Además, los riesgos para la salud se acentúan cuando se combinan bebidas energéticas y alcohol. Asimismo, el hecho de que las bebidas energéticas permitan al sujeto permanecer en alerta, implicará que éste pueda consumir una mayor cantidad de alcohol, potenciando los efectos deletéreos de la interacción entre el alcohol y las bebidas energéticas, incluyendo la muerte.

Por tanto, se debería controlar el consumo de bebidas energéticas o de otros productos comerciales con alto contenido en cafeína, especialmente entre los adolescentes, ya que pueden desencadenar problemas cardíacos como arritmias y terminar convirtiéndose en enfermedades crónicas.

Por último, recientemente se han publicado (1) una serie de recomendaciones a tener en cuenta respecto al consumo de estos productos: no consumir más de una bebida energética (250 ml) al día; en el caso de aquellos con alteraciones cardíacas, consultar con su cardiólogo antes de consumirlas; han de evitarse antes o durante la práctica deportiva; y, no combinarlas con alcohol u otras drogas.


REFERENCIAS

1. Sanchis-Gomar, F., Pareja-Galeano, H., Cervellin, G., Lippi, G., & Earnest, C. P. (2015). Energy drink overconsumption in adolescents: implications for arrhythmias and other cardiovascular events. Canadian Journal of Cardiology, 31(5), 572-575.

LA DOMINADA, UN EJERCICIO FUNDAMENTAL EN NATACIÓN

No cabe duda de que el entrenamiento de fuerza se ha instaurado como uno de los pilares fundamentales para el rendimiento en cualquier deporte. En el caso de la natación, el rendimiento estará influenciado, aparte de por variables fisiológicas y psicológicas, por la cantidad de fuerza aplicada sobre el agua para desplazarse (además de por las fuerzas de frenado). Por ello, el entrenamiento de fuerza, ya sea en seco (fuera del agua) o específico dentro del gesto de nado (con palas, etc.), ocupa una gran parte del tiempo de entrenamiento de estos deportistas.

Dentro de la gran diversidad de ejercicios utilizados por los nadadores para entrenar la fuerza en seco, la dominada podría ser uno de los más populares. Durante una dominada se produce una gran activación del músculo dorsal ancho, uno de los principales músculos involucrados en la acción de nado. Por ello, este ejercicio podría servir tanto para entrenar como para evaluar los niveles de fuerza de los nadadores de una forma “específica”.

Sin embargo, ningún estudio hasta la fecha había evaluado la relación entre los niveles de fuerza en dominada y el rendimiento de nado. Por ello, uno de los autores de Fissac, Pedro L. Valenzuela, en colaboración con el especialista en natación J. Ignacio Pérez y otros investigadores como Mikel Izquierdo analizaron dicha relación en un estudio aceptado recientemente en el Journal of Strength and Conditioning Research . Para ello, se analizaron diversas variables biomecánicas de la dominada como la velocidad y la potencia en 12 nadadores jóvenes de alto nivel (tiempo en 50 m libres: 26.4 ± 1.4 s) mediante un encoder lineal enganchado a la cintura con un arnés. Además, se midió el tiempo de nado en 50 m libres y el tiempo de nado en 50 m sólo con pies.

Captura de pantalla 2017-06-21 a las 10.50.04

Fig. 1. La velocidad con la que se es capaz de realizar una dominada puede ser un indicador de rendimiento en nadadores de alto nivel.

Los resultados mostraron como tanto la velocidad (r=0.80) como la potencia (r=0.76) de ejecución en una dominada realizada a máxima intensidad podían predecir de forma importante el rendimiento en 50 m libres en estos nadadores de alto nivel. Además, la velocidad media sostenida durante un test de máximo número de dominadas hasta el fallo también se asoció de forma importante con el rendimiento (r=0.88). Sin embargo, el número de dominadas que los nadadores podían hacer hasta el fallo no se relacionó de forma significativa con el rendimiento, pese a ser uno de los tests más utilizados por los entrenadores de natación. Curiosamente, se observó también que uniendo los datos de pérdida de velocidad relativa durante el test de dominadas hasta el fallo y el tiempo en 50 m solo con pies se podía explicar hasta en un 84% el rendimiento en 50 m libres, mostrando así el importante papel de la fuerza del tren superior y de la eficacia de la patada para el rendimiento.

Por lo tanto, la dominada se muestra como un ejercicio fundamental en natación, pudiendo ser utilizado tanto para entrenar como para evaluar la fuerza del tren superior de los deportistas. Además, atendiendo a estos resultados, lo importante no es el número de dominadas que un deportista puede realizar, sino que la parte concéntrica (ascendente) de cada repetición se realice con la máxima velocidad posible. No obstante, es necesario remarcar el importante papel de la técnica en natación. De nada servirá la aplicación de una gran cantidad de fuerzas si éstas no se aplican en la dirección adecuada o si las fuerzas de frenado (dependientes de la posición del nadador, etc.) son excesivas. Por ello, el entrenamiento de la técnica debe primar sobre el entrenamiento de fuerza.

ADIPOSIDAD SUBCUTÁNEA Y BAJA MASA MUSCULAR EN PACIENTES CON CÁNCER

La pérdida de grasa ha empezado a asociarse recientemente con un peor pronóstico en pacientes con cáncer en estado avanzado, independientemente del peso corporal (1). Además, mientras que algunos estudios han mostrado que la obesidad se relaciona con una menor tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, otros han concluido que, en comparación con un IMC bajo o saludable, la obesidad se asocia con una menor mortalidad post-diagnóstico. Sin embargo, el IMC no proporciona una adecuada valoración de la composición corporal, ya que no diferencia entre grasa y masa libre de grasa o los diferentes depósitos adiposos.

Considerando las limitaciones del IMC como indicador de adiposidad, son necesarias herramientas de evaluación que permitan un análisis más preciso de las diferentes localizaciones de la grasa. En este caso, la tomografía computarizada (TAC) es considerada el “gold standard” en la evaluación de la composición corporal.

Un reciente estudio (2) ha analizado el papel del tejido adiposo, visceral y subcutáneo, como factor pronóstico para estimar la mortalidad en una cohorte de 1762 pacientes con cáncer, con el 60% en estadio avanzado. A todos los participantes se les realizó un TAC para la evaluación de la composición corporal, incluyendo el índice de músculo esquelético y marcadores de adiposidad como el índice de adiposidad total, visceral y subcutáneo.

Como principal resultado se halló que los pacientes con un alto índice de adiposidad total sobrevivieron una media de 19,8 meses frente a los 14 meses del grupo que tuvo bajo dicho índice. De igual forma, se observó una mayor supervivencia media en pacientes con alto índice de adiposidad subcutáneo (19,3 meses) en comparación con los que tuvieron bajo este índice (13,1 meses) (Fig. 1).

Captura de pantalla 2017-06-18 a las 22.51.11

Figura 1. Curva de supervivencia Kaplan-meier en pacientes con un alto índice de adiposidad subcutánea frente a los que tuvieron bajo dicho índice.

Asimismo, los pacientes con un alto índice de adiposidad subcutáneo y alto el visceral tuvieron la tasa de supervivencia más alta (20,4 meses), mientras que poseer un alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo se asoció con un aumento del riesgo de mortalidad. Por tanto, la disminución en la supervivencia en pacientes con un alto nivel de adiposidad visceral concurrente con una baja adiposidad subcutánea, reafirma la importancia de ésta última.

Por otra parte, el índice músculo-esquelético fue mayor en aquellos con mayor tejido adiposo subcutáneo. Además, los pacientes con baja masa muscular tuvieron menor supervivencia media para cada uno de los 4 fenotipos de adiposidad (alto índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo), siendo el efecto de la sarcopenia más acentuado en pacientes con bajo índice de adiposidad subcutáneo.

En conclusión, una baja adiposidad -total y subcutánea- es un predictor independiente de mortalidad al asociarse con una disminución en la tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, ejerciendo además el tejido subcutáneo un rol protector frente a la sarcopenia. Por lo tanto, como especialistas en ejercicio físico, debemos promover intervenciones que favorezcan el incremento de la masa muscular. Teniendo en cuenta que uno de los principales efectos del ejercicio físico es la pérdida de masa grasa, hemos de buscar estrategias que nos permitan aumentar la masa muscular sin perder grasa corporal, especialmente subcutánea. En este punto, será clave el trabajo conjunto con nutricionistas.

REFERENCIAS

  1. Murphy, R. A., Wilke, M. S., Perrine, M., Pawlowicz, M., Mourtzakis, M., Lieffers, J. R., … & Mazurak, V. C. (2010). Loss of adipose tissue and plasma phospholipids: relationship to survival in advanced cancer patients. Clinical Nutrition, 29(4), 482-487.
  2. Ebadi, M., Martin, L., Ghosh, S., Field, C. J., Lehner, R., Baracos, V. E., & Mazurak, V. C. (2017). Subcutaneous adiposity is an independent predictor of mortality in cancer patients. British Journal of Cancer. Jun 6. [Epub ahead of print]