EL EJERCICIO DISMINUYE LOS EFECTOS DEL ENVEJECIMIENTO EN NUESTRO CEREBRO

Nuestra sociedad está envejeciendo de forma exponencial. Según datos de la Comisión Europea, más de un 20% de la población tendrá más de 65 años en el 2025. Además, la esperanza de vida ha aumentado, y con ello la prevalencia de enfermedades asociadas al envejecimiento como las neurodegenerativas.

Los beneficios del ejercicio en sistemas como el cardiovascular o el endocrino son ya ampliamente conocidos. De hecho, el ejercicio físico se ha propuesto como una terapia eficaz para la prevención de numerosas enfermedades crónicas como la diabetes o algunas enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, los beneficios que el ejercicio físico puede aportar a nuestro sistema nervioso son todavía menos conocidos.

La demencia es una de esas enfermedades neurodegenerativas que afectan a una preocupante cantidad de personas mayores. Un meta-análisis de 15 estudios que hicieron un seguimiento a un total de 33.816 personas durante 1-12 años observó que las personas que realizaban una cantidad moderada o alta de actividad física disminuían el riesgo de sufrir deterioro cognitivo  en un 35-38% en comparación con aquellos que eran sedentarios [1]. Además, el ejercicio también ha mostrado aportar beneficios en la prevención de otras enfermedades como el Alzheimer. Por ejemplo, un meta-análisis realizado por el equipo del Dr. Alejandro Lucía mostró que cumplir con las recomendaciones internacionales de actividad física (es decir, al menos 150 minutos a la semana de actividad física moderada o intensa) reducía en un 40% el riesgo de sufrir esta enfermedad [2].

Por lo tanto, mantener unos niveles óptimos de ejercicio físico durante toda la vida disminuye el riesgo de sufrir las consecuencias del envejecimiento a nivel cerebral, atenuando el deterioro cognitivo y reduciendo el riesgo de sufrir enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.


REFERENCIAS

  1. Sofi F, Valecchi D, Bacci D, et al. Physical activity and risk of cognitive decline: A meta-analysis of prospective studies. J Intern Med 2011;269:107–17. doi:10.1111/j.1365-2796.2010.02281.x
  2. Santos-Lozano A, Pareja-Galeano H, Sanchis-Gomar F, et al. Physical Activity and Alzheimer Disease: A Protective Association. Mayo Clin Proc 2016;91:999–1020. doi:10.1016/j.mayocp.2016.04.024
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