SOBREPESO E INACTIVIDAD: FACTORES DE RIESGO EN EL EMBARAZO Y EL PARTO

El sobrepeso y la obesidad antes del embarazo representan importantes factores de riesgo tanto para la madre como para el feto durante el embarazo, el parto y el período neonatal. Así, podrían ocurrir complicaciones tales como mortalidad perinatal que comprendería desde muerte fetal (a partir de la semana 22 de gestación) hasta muerte neonatal precoz (dentro de los primeros 7 días de vida del neonato).

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En este sentido, la actividad física vuelve a ser vital para la salud pública tanto a la hora de reducir el sobrepeso y la obesidad en las futuras mamás como para disminuir el riesgo de desarrollo de diabetes mellitus gestacional y preeclampsia (hipertensión arterial durante el embarazo que daña a los riñones provocando la pérdida de proteínas por la orina).

En un estudio prospectivo con 77.246 mujeres embarazadas del Norwegian Mother and Child Cohort Study, se analizó el efecto del índice de masa corporal (IMC) y el nivel de actividad física de las mujeres antes del embarazo sobre la mortalidad perinatal.

El nivel de actividad física se obtuvo a través de un cuestionario en el que se pedía a las participantes que respondieran con qué frecuencia realizaron actividad física recreativa durante los últimos 3 meses antes del embarazo y hasta la semana 17 del mismo. Dentro de estas cuestiones, se categorizó en función de la frecuencia de realización: físicamente activas (realizaron actividad física recreacional al menos una vez a la semana) y no activas (realizaron menos de una vez por semana).

Se obtuvo que las mujeres obesas tuvieron de dos a tres veces mayor riesgo de sufrir una pérdida perinatal en comparación con mujeres con normopeso, desempeñando la actividad física un papel clave en esta relación. Así, para aquellas con un IMC <30, el menor riesgo de mortalidad perinatal lo tuvieron las consideradas físicamente activas. Sin embargo, y en contra de lo esperado, entre las obesas (IMC ≥ 30), el riesgo asociado al sobrepeso fue mayor entre las que realizaron actividad física recreacional durante el embarazo.

Este sorprendente resultado podría deberse a alteraciones metabólicas en las mujeres obesas que las harían más vulnerables y con menos posibilidad de adaptación al estrés durante el embarazo.

En este sentido, las recomendaciones actuales sobre actividad física en el embarazo no diferencian entre las diferentes categorías de IMC, sólo entre aquellas que han sido físicamente activas antes del embarazo y las que no. Dadas las muchas comorbilidades asociadas a la obesidad, podría ser necesario un trabajo más individualizado para las mujeres obesas antes del embarazo.

REFERENCIAS:

Sorbye, L. M., Klungsoyr, K., Samdal, O., Owe, K. M., & Morken, N. H. (2015). Pre‐pregnant body mass index and recreational physical activity: effects on perinatal mortality in a prospective pregnancy cohort. BJOG: An International Journal of Obstetrics & Gynaecology. (IN PRESS).

DIABETES II Y OBESIDAD: EJERCICIO LIGERO O DE ALTA INTENSIDAD

Situación muy común: personas con diabetes tipo II van al médico y éste les receta metformina y les recomienda que anden. Para atacar la etiología de la enfermedad debemos conocer cuáles son las causas que la provocan. Recetar metmorfina no resuelve el origen del problema, únicamente es un parche temporal.

En los últimos años se ha evidenciado que el ejercicio de alta intensidad incrementa la sensibilidad a la insulina además de reducir el peso y la grasa corporal. En un estudio clínico de Boudou y colaborares, 16 hombres de mediana edad y con diabetes tipo II se distribuyeron en un grupo de ejercicio de alta intensidad y en un grupo control. El programa de entrenamiento consistió en 8 semanas de ejercicio cardiovascular supervisado al 75% del VO2 max dos veces a la semana y una vez a la semana HIIT (high intensity interval training) en cicloergómetro (5 series de 2 minutos al 85% del VO2 max con descanso activo de 3 minutos al 50% del VO2 max). El grupo control realizó ejercicio de baja intensidad en bicicleta durante 20 minutos a 60 revoluciones por minuto.

El grupo de entrenamiento redujo la grasa abdominal un 44%, incrementó la sección transversal del cuádriceps un 24% y la sensibilidad a la insulina aumentó un 58% sin cambios significativos en el peso corporal (1.9 kg).

Tabla 1. Parámetros antropométricos y biológicos del grupo de entrenamiento y del grupo control antes y después del periodo de estudio [1]

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Con solo 8 semanas de entrenamiento de alta intensidad las variables que determinan la diabetes tipo II mejoraron significativamente, mientras que el grupo que realizó ejercicio de baja intensidad no tuvo cambios significativos.

De esta manera se confirma nuevamente que el ejercicio sí condiciona y modifica el origen de la diabetes, mientras que los fármacos únicamente enmascaran el problema sin solucionarlo. La prescripción de ejercicio en enfermedades metabólicas ayuda a reestablecer valores fisiológicos normales tras un estilo de vida sedentario.


REFERENCIAS

P. Boudou, E. Sobngwi, F. Mauvais-Jarvis, P. Vexiau, and J.-F. Gautier, “Absence of exercise-induced variations in adiponectin levels despite decreased abdominal adiposity and improved insulin sensitivity in type 2 diabetic men.,” Eur. J. Endocrinol., vol. 149, no. 5, pp. 421–4, Nov. 2003.