RIESGO DE CÁNCER DE MAMA EN PROFESORAS DE EDUCACIÓN FÍSICA VS PROFESORAS DE LENGUA

En una anterior publicación, vimos como los conductores de los autobuses de Londres tenían mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares que los que iban cobrando los tickets dentro de los autobuses, asociándose este menor riesgo a desarrollar enfermedad cardiovascular con el hecho de que los segundos debían andar subiendo y bajando las escaleras de los típicos autobuses londinenses de dos plantas, realizando por tanto mayor actividad física.

Otros estudios han tratado de seguir verificando la hipótesis de que el mayor nivel de actividad física inherente a ciertas profesiones se asocia a un menor riesgo de enfermedad. Así, investigadores finlandeses compararon el riesgo de cáncer de mama entre profesoras de educación física y profesoras de lengua de similar clase social y estilo de vida, pero claramente discordantes en el nivel de actividad física tanto durante sus estudios universitarios como durante los años en los que desempeñaban su profesión (1).

La comparación de los dos grupos de profesoras mostró que las de educación física tuvieron un riesgo de cáncer de mama menor en comparación con las de lengua. Así, durante los 33 años de seguimiento (1967-2000), 61 de las 32.862 profesoras de educación física y 404 de las 177.188 profesoras de lengua desarrollaron la patología. Además, en una sub-cohorte de 185 profesoras de lengua y 202 de educación física, el 30% de éstas últimas realizaron más de 1h de actividad física 2-3 veces por semana, mientras que solo el 10% de las de lengua alcanzaron tal volumen de actividad física semanal.

En definitiva, la realización de actividad física a lo largo de la vida ejercería efecto protector frente a las principales enfermedades occidentales, siendo necesarias, por tanto, nuevas estrategias de promoción de la actividad física frente a los hábitos de vida sedentarios que predominan principalmente entre los más jóvenes.


REFERENCIAS

1. Rintala, P., Pukkala, E., Läärä, E., & Vihko, V. (2003). Physical activity and breast cancer risk among female physical education and language teachers: A 34‐year follow‐up. International Journal of Cancer, 107(2), 268-270.

EJERCICIO DE ALTA INTENSIDAD, TAMBIÉN EN PERSONAS CON ENFERMEDADES CRÓNICAS

Un estilo de vida deficiente que incluya un exceso de actividades sedentarias, mala alimentación y hábitos nocivos como el tabaquismo puede desembocar en enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la aterosclerosis, la hipertensión o el síndrome metabólico. Todas ellas pueden verse al menos parcialmente revertidas por cambios en el estilo de vida, entre los cuales el ejercicio físico juega un papel fundamental.

El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT por sus siglas en inglés) es muy conocido en el ámbito deportivo, y poco a poco se ha instaurado también como una estrategia efectiva para la mejora de la forma física y la composición corporal en la población general. Sin embargo, es en las personas con enfermedades crónicas inducidas por el estilo de vida en las que sería especialmente importante esa mejora de la forma física y la composición corporal. ¿Pero puede el HIIT ser beneficioso en personas con estas patologías?

Para contestar a esta pregunta, un meta-análisis (Weston, Wisløff, & Coombes, 2014) de 10 estudios que incluían 273 pacientes con enfermedades como insuficiencia cardíaca, hipertensión, obesidad o síndrome metabólico comparó los efectos del entrenamiento aeróbico tradicional a intensidad moderada en la forma con los obtenidos con el entrenamiento tipo HIIT. Los resultados mostraron que el HIIT mejoraba la forma física (VO2pico) en casi un 20%, mientras que el entrenamiento aeróbico tradicional lo hacía en un 10%. En concreto, el HIIT mejoraba el VO2pico 3 ml/kg/min más que el entrenamiento tradicional, lo que se asocia a un aumento de la expectativa de supervivencia de aproximadamente un 10-25%. Además, y más importante, este tipo de entrenamiento resultó ser igual de seguro que el entrenamiento tradicional.

Por lo tanto, el entrenamiento HIIT (esfuerzos breves, de 30 segundos a 5 minutos aproximadamente, pero intensos e intercalados con descansos) parece ser una opción segura e incluso más eficaz para la mejora de la forma física en pacientes con enfermedades crónicas que el entrenamiento tradicionalmente prescrito en esta población. Siempre que haya un control médico adecuado, no debemos evitar realizar ejercicio de alta intensidad, pues normalmente aportará mayores beneficios a nivel cardio-metabólico.


REFERENCIAS

Weston, K. S., Wisløff, U., & Coombes, J. S. (2014). High-intensity interval training in patients with lifestyle-induced cardiometabolic disease: A systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine,48(16), 1227–1234. https://doi.org/10.1136/bjsports-2013-092576

CÓMO TENER 80 AÑOS Y UN VO2MAX DE UNA PERSONA DE 35

Hace unos años salieron publicados los récords del mundo de VO2max para deportistas de resistencia mayores de 80 años (1). Estos valores se situaron entre 34 y 42 ml/kg/min, siendo de 21 ml/kg/min para personas inactivas de la misma edad. El VO2max es un potente e independiente predictor de salud y de mortalidad, por lo que mantenerlo en niveles óptimos es esencial para un envejecimiento saludable.

Recientemente ha salido el estudio de un caso (2) que con 80 años tiene un sorprendente VO2max de 50 ml/kg/min. Se trata de un hombre con una gran complexión atlética, delgado, que nunca ha fumado, sus biomarcadores sanguíneos son normales, incluyendo la función renal (tabla 1),  y la única medicación que toma actualmente son aspirinas. Hace ∼10 años le colocaron un marcapasos debido a un bloqueo auriculoventricular de 2º grado. Sus parámetros ecocardiográficos se asemejan a los de personas de 40-70 años, mientras que su función pulmonar está por encima de la media para su edad. Además a lo largo de su vida se ha mantenido activo, trabajando en el campo, entrenando, compitiendo en carreras de esquí de ultrarresistencia, mientras que en la actualidad entrena 3 veces por semana, ∼20 min de ejercicio aeróbico y ∼10 de fuerza, ejercitando principalmente el hemisferio superior y la parte central del cuerpo (core).

Tabla 1. Variables antropométricas y sanguíneas de una persona de 80 años

B-HbA1c: hemoglobina glicosilada HbA1; BMI: índice de masa corporal; GRF: tasa de filtración glomerular; HDL: lipoproteínas de alta densidad; LDL: lipoproteínas de baja densidad; TSH: hormona estimulante del tiroides

Su VO2max se encuentra por encima del percentil 90 de lo recomendado por el Colegio Americano de Medicina del Deporte (44.2 ml/Kg/min) y es mayor que el VO2max promedio de los noruegos de 30-39 años y que el de noruegos inactivos de 20-29 años. Además, sus 14 METs le ubican en la categoría de riesgo de mortalidad bajo (3).

Uno de los principales factores determinantesdel VO2max es la edad. En este caso, el sujeto había realizado 2 evaluaciones cardiopulmonares con anterioridad, a los 25 y a los 45 años, registrando un VO2max de ∼75 y 58 ml/kg/min, respectivamente, lo que sugiere una reducción de ∼7% por década, comparable al 6-11% de reducción por década observada en hombres en estudios anteriores.

A pesar de su bajo volumen de entrenamiento (∼90 min/sem), es una persona físicamente muy activa, realizando un 83% más de actividad física diaria que las recomendaciones mínimas para su edad, caminando∼4.100 pasos/día más que la media de noruegos mayores de 65 años y ∼2.650 más que noruegos de 20-64 años. Por último, la realización de entrenamiento de fuerza le confiere una gran masa muscular (tabla 1) y le permite realizar repetidamente ejercicios de fuerza con una elevada demanda energética, pudiendo repercutir positivamente sobre su elevada capacidad cardiorrespiratoria.

En resumen, su estilo de vida físicamente activo, su gran masa muscular y su excelente función cardiaca y respiratoria contribuyen a una excelente capacidad cardiorrespiratoria, similar a la de una persona de 35 años y, aunque el VO2max tiene un fuerte componente genético (4), probablemente represente una menor variación en la condición física que la debida a factores ambientales, principalmente la actividad física.


REFERENCIAS

  1. Trappe, S., Hayes, E., Galpin, A., Kaminsky, L., Jemiolo, B., Fink, W., … & Tesch, P. (2012). New records in aerobic power among octogenarian lifelong endurance athletes. Journal of Applied Physiology, 114(1), 3-10.
  2. Karlsen, T., Leinan, I. M., Bækkerud, F. H., Lundgren, K. M., Tari, A., Steinshamn, S. L., … & Rognmo, Ø. (2015). How to Be 80 Year Old and Have a VO2max of a 35 Year Old. Case Reports in Medicine, 2015.
  3. Kokkinos, P., & Myers, J. (2010). Exercise and physical activity: clinical outcomes and applications. Circulation, 122(16), 1637-1648.
  4. Bouchard, C., Daw, E. W., Rice, T., Pérusse, L. O. U. I. S., Gagnon, J., Province, M. A., … & Wilmore, J. H. (1998). Familial resemblance for VO2max in the sedentary state: the HERITAGE family study. Medicine and Science in Sports and Exercise, 30(2), 252-258.

EL EJERCICIO DISMINUYE LOS EFECTOS DEL ENVEJECIMIENTO EN NUESTRO CEREBRO

Nuestra sociedad está envejeciendo de forma exponencial. Según datos de la Comisión Europea, más de un 20% de la población tendrá más de 65 años en el 2025. Además, la esperanza de vida ha aumentado, y con ello la prevalencia de enfermedades asociadas al envejecimiento como las neurodegenerativas.

Los beneficios del ejercicio en sistemas como el cardiovascular o el endocrino son ya ampliamente conocidos. De hecho, el ejercicio físico se ha propuesto como una terapia eficaz para la prevención de numerosas enfermedades crónicas como la diabetes o algunas enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, los beneficios que el ejercicio físico puede aportar a nuestro sistema nervioso son todavía menos conocidos.

La demencia es una de esas enfermedades neurodegenerativas que afectan a una preocupante cantidad de personas mayores. Un meta-análisis de 15 estudios que hicieron un seguimiento a un total de 33.816 personas durante 1-12 años observó que las personas que realizaban una cantidad moderada o alta de actividad física disminuían el riesgo de sufrir deterioro cognitivo  en un 35-38% en comparación con aquellos que eran sedentarios [1]. Además, el ejercicio también ha mostrado aportar beneficios en la prevención de otras enfermedades como el Alzheimer. Por ejemplo, un meta-análisis realizado por el equipo del Dr. Alejandro Lucía mostró que cumplir con las recomendaciones internacionales de actividad física (es decir, al menos 150 minutos a la semana de actividad física moderada o intensa) reducía en un 40% el riesgo de sufrir esta enfermedad [2].

Por lo tanto, mantener unos niveles óptimos de ejercicio físico durante toda la vida disminuye el riesgo de sufrir las consecuencias del envejecimiento a nivel cerebral, atenuando el deterioro cognitivo y reduciendo el riesgo de sufrir enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.


REFERENCIAS

  1. Sofi F, Valecchi D, Bacci D, et al. Physical activity and risk of cognitive decline: A meta-analysis of prospective studies. J Intern Med 2011;269:107–17. doi:10.1111/j.1365-2796.2010.02281.x
  2. Santos-Lozano A, Pareja-Galeano H, Sanchis-Gomar F, et al. Physical Activity and Alzheimer Disease: A Protective Association. Mayo Clin Proc 2016;91:999–1020. doi:10.1016/j.mayocp.2016.04.024