DESCRIPCIÓN DE LOS DIFERENTES TIPOS DE AYUNO Y SUS BENEFICIOS

El aumento de la esperanza de vida no se ha visto acompañado de un envejecimiento más saludable. Uno de las aspectos que más afectan al desarrollo de enfermedades relacionadas con la edad es la alimentación. Una nutrición adecuada influye en la salud y la supervivencia, demorando o, en algunos casos, previniendo la aparición y progresión de enfermedades crónicas. Sin embargo, tanto una dieta hipo como hipercalórica tienen la capacidad de aumentar el riesgo de enfermedades crónicas y de muerte prematura. Además, la modificación de la dieta, ya sea al alterar la ingesta calórica o el momento de las comidas, puede provocar un retraso en la aparición y progresión de enfermedades, alargando una vida más saludable. En general, tanto la reducción prolongada de la ingesta calórica como los ciclos de ayuno tienen la capacidad de disminuir el riesgo de enfermedades y aumentar la esperanza de vida.

EL EJERCICIO, BENEFICIOSO PARA LA PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DEL ALZHEIMER

La población envejece a pasos agigantados como consecuencia de una mayor esperanza de vida y una menor tasa de natalidad. Sin embargo, esto trae como consecuencia un aumento en la incidencia de patologías relacionadas con la edad como el Alzheimer. El Alzheimer es la principal causa de demencia. Aproximadamente 40 millones de personas sufren esta enfermedad en el mundo, y se estima que la incidencia se va a duplicar en los próximos 20 años [1]. Además, esta enfermedad supone un gran gasto económico tanto para los sistemas sanitarios (en Estados Unidos se invirtieron aproximadamente 226 billones de dólares en el año 2015 para el tratamiento de personas con demencia) como para las familias, que tienen que invertir tiempo y dinero en el cuidado de los allegados que sufren esta patología.

Las graves consecuencias tanto a nivel de salud como económico muestran que la prevención del Alzheimer -o el tratamiento en el caso de sufrir ya esta patología- debe ser un objetivo claro, pero la evidencia en torno a posibles intervenciones farmacológicas que puedan aportar beneficios es muy escasa. Por el contrario, cada vez existe mayor conocimiento sobre los beneficios del ejercicio físico.

Un meta-análisis reciente mostró que la actividad física regular reduce la degeneración que ocurre con el envejecimiento en el volumen del hipocampo, una de las zonas cerebrales involucradas en la neuroplasticidad [2]. Así, el ejercicio podría tener un efecto ‘protector’ contra el Alzheimer, como confirma un meta-análisis que mostró que cumplir con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (>150 minutos/semana de actividad física moderada o 75 minutos/semana de actividad física intensa) reduce en un 40% el riesgo de sufrir esta enfermedad [3]. Además, el ejercicio ha mostrado no solo prevenir el Alzheimer sino también mejorar (o atenuar su disminución) el deterioro cognitivo en pacientes ya afectados. Por ejemplo, un reciente meta-análisis que incluyó a más de mil pacientes (edad media de 77 años) mostró que los pacientes con Alzheimer o deterioro cognitivo que realizaban en torno a 3 sesiones de entrenamiento a la semana (especialmente ejercicio aeróbico) mejoraban su función cognitiva, mientras que los que no realizaban ejercicio la empeoraban [4].

Por lo tanto, más allá de las posibles estrategias farmacológicas que puedan desarrollar para el tratamiento de esta enfermedad, el ejercicio físico debe jugar un papel fundamental no solo en personas sanas para la prevención del deterioro cognitivo sino también en personas que ya sufren Alzheimer por los beneficios que puede aportar a nivel de forma física y salud mental.


REFERENCIAS

[1]      Scheltens P, Blennow K, Breteler MMB, de Strooper B, Frisoni GB, Salloway S, et al. Alzheimer’s disease. Lancet 2016;388:505–17.

[2]      Firth J, Stubbs B, Vancampfort D, Schuch F, Lagopoulos J, Rosenbaum S, et al. Effect of aerobic exercise on hippocampal volume in humans: A systematic review and meta-analysis. Neuroimage 2018;166:230–8.

[3]      Santos-Lozano A, Pareja-Galeano H, Sanchis-Gomar F, Quindós-Rubial M, Fiuza-Luces C, Cristi-Montero C, et al. Physical Activity and Alzheimer Disease: A Protective Association. Mayo Clin Proc 2016;91:999–1020. doi:10.1016/j.mayocp.2016.04.024.

[4]      Panza GA, Taylor BA, MacDonald H V., Johnson BT, Zaleski AL, Livingston J, et al. Can Exercise Improve Cognitive Symptoms of Alzheimer’s Disease? J Am Geriatr Soc 2018;66:487–95. doi:10.1111/jgs.15241.

LA OBESIDAD Y UNA BAJA FORMA FÍSICA DURANTE LA ADOLESCENCIA PUEDEN DETERMINAR TU FUTURO

Además de los ya conocidos efectos deletéreos de la obesidad infantil a largo plazo sobre la salud, un estudio publicado en una de las revistas médicas con mayor prestigio a nivel internacional, Annals of Internal Medicine, y en el que ha participado el Dr. Francisco B. Ortega, de la Universidad de Granada, ha concluido que los adolescentes con obesidad, con una baja capacidad cardiorrespiratoria o con una combinación de ambas tienen un mayor riesgo de tener en el futuro una jubilación temprana debida a una enfermedad incapacitante (1). El estudio fue llevado a cabo en más de un millón de adolescentes varones (16-19 años) a los que se siguió durante una media de 28 años.

Además, otro de los resultados a destacar es que tener una buena capacidad cardiorrespiratoria durante la adolescencia, independientemente del índice de masa corporal, se asoció con un menor riesgo de jubilación temprana por enfermedad incapacitante. Es decir, adolescentes obesos con una buena forma física tuvieron un menor riesgo de discapacidad en el futuro que los adolescentes con normopeso, pero con una baja condición física.

Por tanto, estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la salud pública, ya que apoyan la importancia de una buena condición física y un peso corporal saludable durante la adolescencia para prevenir posteriores enfermedades crónicas. Asimismo, de los resultados extraídos podemos inferir que estar en buena forma física desde etapas tempranas puede ser tan o incluso más importante para la salud futura como mantener un peso saludable.


REFERENCIA

  • Henriksson, P., Henriksson, H., Tynelius, P., Berglind, D., Löf, M., Lee, I. M., … & Ortega, F. B. (2019). Fitness and Body Mass Index During Adolescence and Disability Later in Life: A Cohort Study. Annals of Internal Medicine, 170(4), 230-239.

EL EJERCICIO MEJORA LA NEUROGÉNESIS, LA MEMORIA, EL APRENDIZAJE Y LA DEPRESIÓN

Decía Rousseau “mi mente solo funciona con mis piernas”. A lo largo de los siglos, los antiguos filósofos ya apreciaban una conexión entre músculo y cerebro. Desde un cuerpo sano, desde el movimiento, los pensamientos comienzan a fluir.

El cerebro de nuestros ancestros sufrió importantes cambios estructurales cuando éstos se pusieron de pie y comenzaron a desarrollar su musculatura. Desde una perspectiva tanto histórica como evolutiva, la relación entre músculo y cerebro es clara. Además, las últimas investigaciones sugieren que para mantener un cerebro sano es fundamental el ejercicio físico1. Éste no solo disminuye el riesgo de muerte por todas las causas, sino que además mejora la neurogénesis, la memoria, el aprendizaje y los síntomas de la depresión 2.

A continuación, vamos a explicar cuáles son los mecanismos por los cuáles el músculo actúa como órgano endocrino y modula la función cerebral.

El músculo durante el ejercicio libera diversas miocinas que modifican diferentes respuestas en el cerebro. Una de ellas es la catepsina B, que después de atravesar la barrera hematoencefálica aumenta los niveles de BDNF (factor de crecimiento nervioso) y de doblecortina. Estos dos factores aumentan la migración neuronal y la neurogénesis, mejorando por ello el aprendizaje, la memoria y el estado de ánimo.

La concentración del PGC1α (marcador de biogénesis mitocondrial) también aumenta con el ejercicio, estimulando la expresión de FNDC5, que se secreta en la circulación como irisina, miocina que atraviesa la barrera hematoencefálica e induce la expresión de BDNF en el cerebro, lo que conducirá a un mayor aprendizaje, memoria y estado de ánimo.

Además, el ejercicio modula la expresión de diversos factores que afectan a la depresión, la cual se asocia con niveles altos de KYN (quinurenina neurotóxica). El ejercicio aumenta la expresión de la enzima KAT (vía aumento del PGC1α), convirtiendo el KYN neurotóxico en KYNA, un factor neuroprotector, reduciendo así los síntomas de depresión.

La cascada de señalizaciones producidas por el ejercicio hace del músculo un verdadero órgano endocrino, resultando la relación músculo-cerebro evidente. Por ello, es de vital importancia preservar la masa muscular y realizar ejercicio físico para tener un sistema nervioso sano.

Infografía 1. Relación músculo-cerebro


REFERENCIAS

  1. Noakes, T. & Spedding, M. Olympics: Run for your life. Nature 487, 295 (2012).
  2. Pedersen, B. K. Physical activity and muscle–brain crosstalk. Nat. Rev. Endocrinol. (2019). doi:10.1038/s41574-019-0174-x

HIIT, ¿EL ARMA MÁS EFECTIVA PARA LA PÉRDIDA DE GRASA?

Simplificando quizá en exceso y más allá de complejos procesos fisiológicos -muchos de ellos todavía en discusión-, los cambios en el peso corporal son el resultado de un equilibrio entre la ingesta y el gasto energético. Así, el ejercicio físico debe ser, junto con una adecuada nutrición, una piedra angular para favorecer la pérdida de peso.

Son numerosas las estrategias disponibles para aumentar el gasto energético, y en personas sedentarias cualquiera de ellas puede ser efectiva (en mayor o en menor medida) para aportar beneficios con respecto a su conducta previa. Es decir, siempre es mejor moverse que no hacerlo. Sin embargo, cada vez una mayor evidencia sugiere que unos tipos de ejercicio pueden ser más recomendables que otros. En este sentido, dos de los tipos de ejercicio más comúnmente realizados para la pérdida de peso son el ejercicio continuo a intensidad moderada (>30 minutos a una intensidad de en torno al 60% de la frecuencia cardíaca máxima [es decir, una intensidad a la que se puede hablar sin jadear en exceso], incluyendo andar rápido, trotar o montar en bici) y el entrenamiento interválico de alta intensidad (también conocido como HIIT, y consistente en realizar varias series de hasta 4-5 minutos pero a una intensidad por encima del umbral, es decir, a la que cueste hablar con facilidad).

Con el fin de comparar la efectividad de estos ejercicios para la pérdida de peso, un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista British Journal of Sports Medicine [1] analizó un total de 36 estudios con más de 1000 participantes que entrenaron durante más de 4 semanas. Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio redujeron la cantidad de masa grasa, pero esta reducción fue mayor en aquellos participantes que hicieron HIIT. En concreto, el HIIT supuso una pérdida de algo más de 2 kg más de grasa que el entrenamiento continuo, y estas mejoras fueron aún mayores (más de 3 kg con respecto al entrenamiento continuo) cuando el HIIT se hizo con series muy cortas (entre 8 y 30 segundos) pero a la máxima intensidad posible.

Por otro lado, es importante remarcar también que los entrenamientos de intensidad moderada duraban de media aproximadamente 38 minutos, mientras que las sesiones de HIIT duraron 28 minutos contando los descansos. Además, algunas variables como realizar el entrenamiento corriendo en vez de en bicicleta, tener menos de 30 años o realizar el entrenamiento de forma supervisada mostraron favorecer la pérdida de grasa.

En resumen, estos datos muestran el HIIT como una estrategia más efectiva y más eficiente para la pérdida de peso que otro método posiblemente más comúnmente utilizado como es salir a hacer ejercicio a una intensidad moderada pero de forma continua. No obstante, es importante remarcar que la estrategia más efectiva será siempre aquella que provoque la mayor adherencia. El mejor ejercicio es aquel que se realiza.


REFERENCIAS

[1] Viana RB, et al. Is interval training the magic bullet for fat loss? A systematic review and meta-analysis comparing moderate-intensity continuous training with high-intensity interval training (HIIT). British Journal of Sports Medicine. 2019. In press. doi:10.1136/bjsports-2018-099928

NIÑO OBESO, ADULTO CON CÁNCER

El sedentarismo supone un problema cada vez mayor, ya que es una de las principales razones del aumento de la prevalencia de obesidad en niños y adolescentes. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (1) asegura que la obesidad infantil es considerada como uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI, alcanzando proporciones epidémicas a nivel mundial. Mientras, en España, según los datos de la última Encuesta Nacional de Salud, la prevalencia de obesidad infantil alcanza ya a más de uno de cada diez menores (10,3% en niños y adolescentes de 2-17 años) (2).

Sin embargo, el alto índice de obesidad infantil no es un problema que se refleje únicamente en esa etapa de la vida, sino que los niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad tienen un mayor riesgo de ser obesos cuando son adultos (3, 4), siendo los efectos deletéreos de la enfermedad más severos en tanto en cuanto la duración del estado de obesidad será mayor.

Como consecuencia, se ha observado que el 31, el 22 y el 20% de nuevos diagnósticos de diabetes, enfermedad coronaria y cáncer, respectivamente, se dan en adultos que han tenido sobrepeso u obesidad durante la infancia (5). En este sentido, una reciente revisión sistemática con meta-análisis (6), que incluyó 56 artículos y más de 27.000 casos de cáncer, concluyó que los niños, adolescentes y adultos jóvenes (≤30 años) con un elevado IMC tienen un mayor riesgo de desarrollar hasta 8 tipos de cáncer en el futuro. Así, aumentos de 5 unidades en el IMC durante etapas tempranas de la vida se asociaron significativamente con el riesgo de linfoma difuso de células B grandes, adenocarcinoma esofágico y de cardias gástrico, carcinoma hepatocelular, mieloma múltiple, cáncer de páncreas, de células renales y tiroides durante edades adultas.

Por tanto, parece evidente la necesidad de evitar conductas sedentarias (por ejemplo, utilización de ascensores y escaleras mecánicas, desplazamiento en coche y aumento del tiempo en sedestación, entre otras) y el uso desmesurado de las nuevas tecnologías (ordenadores, tablets, smartphones), que precisamente realzan dichas conductas. A su vez, es necesario promover estilos de vida activos desde edades muy tempranas, como desplazarse activamente o fomentar el que los niños jueguen y se diviertan al aire libre. Y es que, como rezaba el eslogan de la campaña publicitaria de una importante marca de detergente, ¡¡¡los niños pasan menos tiempo al aire libre que los presos!!!.


REFERENCIAS

  1. Organización Mundial de la Salud (2018). Sobrepeso y obesidad infantiles. Obtenido el 3 de Marzo, 2019, de https://www.who.int/dietphysicalactivity/childhood/es/
  2. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad – Instituto Nacional de Estadística (2013). Encuesta Nacional de Salud de España 2011-12 (ENSE 2011/12). Obtenido el 03 de Marzo, 2019, de http://www.msssi.gob.es/estadEstudios/estadisticas/encuestaNacional/encuestaNac2011/NotaTecnica2011-12.pdf
  3. Rooney, B. L., Mathiason, M. A., & Schauberger, C. W. (2011). Predictors of obesity in childhood, adolescence, and adulthood in a birth cohort. Maternal and Child health Journal, 15(8), 1166-1175.
  4. Brisbois, T. D., Farmer, A. P., & McCargar, L. J. (2012). Early markers of adult obesity: a review. Obesity Reviews, 13(4), 347-367.
  5. Llewellyn, A., Simmonds, M., Owen, C. G., & Woolacott, N. (2016). Childhood obesity as a predictor of morbidity in adulthood: a systematic review and meta‐ Obesity Reviews, 17(1), 56-67.
  6. Hidayat, K., Du, X., & Shi, B. M. (2018). Body fatness at a young age and risks of eight types of cancer: systematic review and meta‐analysis of observational studies. Obesity Reviews, 19(10), 1385-1394.