BENEFICIOS DEL EJERCICIO EN PACIENTES CON PARKINSON

Probablemente sea unas de las enfermedades cuyos síntomas son más reconocibles a simple vista, pero a la vez es una de las grandes desconocidas dentro de las enfermedades neurodegenerativas. Hablamos del Parkinson, el segundo trastorno neurodegenerativo más común después del Alzheimer, afectando al 2% de los mayores de 60 años y al 4% de los mayores de 80 años, según datos de la Sociedad Española de Neurología. Además, es después del Alzheimer el diagnóstico neurológico más frecuente en personas mayores de 65 años. Es importante remarcar que no es una patología exclusiva de las personas mayores, ya que el 15% se dan en menores de 50 años e incluso los síntomas pueden dar la cara durante la infancia y la adolescencia.

El Parkinson cursa con una sintomatología que en muchos casos dificulta el desempeño personal y pone en riesgo la autonomía del paciente para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Por ello, es de suma importancia la aplicación de terapias no farmacológicas coadyuvantes a los tratamientos médicos convencionales con el fin de proporcionar una calidad de vida plena.

La evidencia previa en estudios con modelos animales ha mostrado que el ejercicio de alta intensidad podría atenuar algunos de los principales síntomas motores del Parkinson al favorecer la neuroplasticidad cerebral adaptativa. Sin embargo, los resultados son escasos en humanos. Un nuevo estudio, publicado recientemente en la prestigiosa revista The Lancet Neurology, ha evaluado la efectividad de un programa de ejercicio aeróbico sobre los síntomas motores en pacientes con Parkinson leve (1). Para ello, 130 pacientes sedentarios fueron divididos aleatoriamente en un grupo de ejercicio o un grupo control. La intervención en ambos grupos se realizó en los hogares de los pacientes, con supervisión remota por parte de un entrenador. El grupo de ejercicio realizó 30 minutos de pedaleo en rodillo tres veces por semana a una intensidad del 50-70% de la frecuencia cardiaca de reserva, incrementándose gradualmente a medida que los pacientes iban mejorando su forma física hasta llegar al 80%. El grupo control solamente realizó ejercicios de estiramientos, flexibilidad y relajación tres veces por semana durante 30 minutos por sesión.

Tras los 6 meses de intervención, la diferencia en la puntuación en la parte motora de la Movement Disorders Society—Unified Parkinson’s Disease Rating Scale (MDS-UDPRS) fue de 4,2 puntos en favor del grupo de ejercicio con respecto al control, considerándose clínicamente relevante una diferencia de 3,5 puntos. Ésta es la escala clínica más utilizada para la enfermedad del Parkinson. Asimismo, después de la intervención, el VO2pico presentó una diferencia inter-grupos de 2,4 ml/kg/min (+2 ml/kg/min en el grupo de ejercicio vs -0,4 ml/kg/min en el control).

Resumiendo, el ejercicio aeróbico en los pacientes con Parkinson leve parece atenuar los signos motores de la enfermedad, lo que unido al incremento de la capacidad de ejercicio proporcionará una mejor calidad de vida a estos pacientes.


REFERENCIA

  1. van der Kolk, N. M., de Vries, N. M., Kessels, R. P., Joosten, H., Zwinderman, A. H., Post, B., & Bloem, B. R. (2019). Effectiveness of home-based and remotely supervised aerobic exercise in Parkinson’s disease: a double-blind, randomised controlled trial. The Lancet. Neurology, 18(11), 998-1008.
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