ENTRENAMIENTO DE FUERZA Y DEPORTES DE RESISTENCIA

El entrenamiento de fuerza bien planificado en deportes de resistencia puede reducir el riesgo de lesión hasta un 50%, además de mejorar variables relacionadas con el rendimiento como la fuerza máxima o la economía de carrera.


REFERENCIA

  • Lauersen, J. B., Bertelsen, D. M., & Andersen, L. B. (2014). The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Sports Med, 48(11), 871-877.
  • Berryman, N., Mujika, I., Arvisais, D., Roubeix, M., Binet, C., & Bosquet, L. (2018). Strength training for middle-and long-distance performance: a meta-analysis. International journal of sports physiology and performance, 13(1), 57-64.

REFLEXIONES SOBRE AMPK-MTOR, EJERCICIO Y SU RELEVANCIA CLÍNICA

Cuando hablamos de metabolismo, de reacciones bioquímicas que suceden en el organismo, discernimos dos procesos metabólicos antagónicos, pero íntimamente relacionados: catabolismo y anabolismo.

El catabolismo hace referencia a la degradación de grasa, glucógeno y tejido muscular para la obtención de energía. En cambio, el anabolismo hace referencia a la creación de tejido. La ruta enzimática AMPK induce la degradación de tejido, mientras que la mTOR induce la creación de tejido.

En nuestro organismo existe un equilibrio (natural) entre estos dos procesos, de manera que las rutas metabólicas implicadas actúan de manera sincronizada. Esto significa que la ruta catabólica no actúa a modo de interruptor apagando la vía anabólica, sino que en determinados contextos una se expresa más que la otra. Por ejemplo, después de un entrenamiento de fuerza enfocado a la hipertrofia, la ruta mTOR predomina sobre la AMPK. En cambio, el entrenamiento de resistencia de larga duración aumenta las vías catabólicas activando los mecanismos dirigidos a la obtención de energía.

En condiciones fisiológicas óptimas se da un equilibrio entre estas dos rutas.. Durante las diferentes etapas de la vida, las dos son necesarias para mantener la homeostasis del organismo. La expresión crónica de una sobre la otra es la que rompe este equilibrio.

En el mundo actual, en el que la obesidad y el sedentarismo se han convertido en problemas de salud pública, la vía mTOR se expresa de manera crónica en muchas personas. Por otro lado, el aumento del estrés o la alteración de los ciclos circadianos activan de forma crónica vías catabólicas. La perturbación del metabolismo asociada a la activación crónica y patológica de la vía mTOR aumenta el riesgo de cáncer, de resistencia a la insulina y de acumulación de grasa en diferentes órganos como el hígado o el corazón. En cambio, la hiperactividad mantenida de la vía AMPK acelera la pérdida de masa muscular e incrementa el riesgo de sufrir Alzheimer1.

En este contexto, el ejercicio se convierte en un contrapeso a procesos patológicos crónicos. Las respuestas que induce el ejercicio en el organismo son intermitentes, de manera que, tras activar diferentes vías de manera aguda, regresa la normalidad. El ejercicio activa las vías mTOR y AMPK de manera fisiológica. El cáncer, la obesidad, el estrés o la diabetes lo hacen de manera crónica, alimentando un círculo vicioso que perpetúa la propia enfermedad.

Por esto, el principal objetivo de utilizar el ejercicio como tratamiento clínico no debería ser solo mejorar la calidad de vida de los pacientes (que también), sino el de intentar normalizar la homeostasis que muchas enfermedades crónicas alteran. El poder del ejercicio radica en que induce estímulos que normalizan vías que se encuentran hiperactivadas, algo que va más allá de mejorar la capacidad y calidad de movimiento, lo cual también es importante.

Con todo ello, los especialistas médicos y del ejercicio deberían conocer las respuestas que cada tipo de ejercicio provoca, ya que no es lo mismo entrenar fuerza máxima o hacer un entrenamiento interválico de alta intensidad que caminar. Volumen, intensidad y tipo de ejercicio deben ir dirigidos a mejorar la fisiología de cada patología, sabiendo también que, si una enfermedad se ha construido durante varios años, no se puede revertir de manera inmediata.


REFERENCIAS

  1. Domise, M., Sauvé, F., Didier, S., Caillerez, R., Bégard, S., Carrier, S., … & Vingtdeux, V. (2019). Neuronal AMP-activated protein kinase hyper-activation induces synaptic loss by an autophagy-mediated process. Cell death & disease10(3), 221.

FUERZA EN LOS DEPORTES DE RESISTENCIA, ¿POR QUÉ Y CÓMO ENTRENARLA?

Cada vez más a menudo los deportistas de resistencia incluyen entrenamientos de fuerza en su planificación. Sin embargo, todavía existe cierta reticencia a este tipo de entrenamiento, ya que existe la creencia de que la fuerza aumentará la masa muscular y nos hará más pesados, con los consiguientes perjuicios para el rendimiento.

Beneficios del entrenamiento de fuerza

Existe una amplia evidencia de que el entrenamiento de fuerza es, como mínimo, beneficioso para reducir lesiones. Por ejemplo, un meta-análisis (Lauersen et al., 2014) que incluyó 26610 participantes encontró que el entrenamiento de fuerza disminuye hasta un 50% las lesiones por sobreuso, mientras que otras estrategias más populares como los estiramientos o los ejercicios de propiocepción (por ejemplo, ejercicios de equilibrio) aportaron menos o ningún beneficio. Además, el entrenamiento de fuerza puede ayudar a corregir déficits musculares provocados por los grandes volúmenes de entrenamiento realizados, disminuyendo el riesgo de lesión.

Por otro lado, el entrenamiento de fuerza bien realizado no solo no es perjudicial para el rendimiento, sino que numerosos estudios han mostrado grandes beneficios tras incluir varias semanas de este tipo de entrenamiento. Por ejemplo, un estudio (Aagaard et al., 2011) en ciclistas de alto nivel mostró cómo la inclusión de 4 meses de entrenamiento de fuerza dos días a la semana mejoró el rendimiento en una prueba de 45 minutos en un sorprendente 8%. Otros estudios han mostrado también beneficios del entrenamiento de fuerza en corredores. Por ejemplo, dos sesiones de entrenamiento de fuerza a la semana durante 8 semanas mejoraron el rendimiento en una prueba incremental de laboratorio y en una carrera de 10 km (Damasceno et al., 2015).

¿Cómo entrenar la fuerza en deportes de resistencia?

El entrenamiento de fuerza debe ser por lo tanto una parte fundamental de la planificación en los deportes de resistencia. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el entrenamiento de estos últimos no debe ser igual que el de las personas que buscan aumentar su masa muscular con fines estéticos, ya que el objetivo de los deportistas de resistencia será principalmente aumentar la fuerza por la vía neural, es decir, mejorar la coordinación neuromuscular tratando de evitar en la medida de lo posible ganancias de peso (evitando ganancias excesivas de masa muscular). En este sentido, se ha observado que realizar el entrenamiento de fuerza a la máxima velocidad posible y tratando de perder la mínima velocidad durante cada serie (es decir, evitando la fatiga y alejándonos del fallo muscular) proporcionará beneficios en el rendimiento sin aumentar excesivamente la masa muscular y sin producir mucha fatiga, lo que nos permitirá rendir mejor en sesiones posteriores (Pareja-Blanco et al., 2017).

Es importante resaltar que, aunque el entrenamiento de fuerza es importante, la especificidad debe ser el pilar fundamental de la planificación. En este sentido, un estudio muy reciente (Kristoffersen et al., 2019) comparó los efectos de entrenar la fuerza de forma tradicional con altas cargas o pedaleando en la bici realizando sprints muy cortos (entre 4 y 8 segundos a la máxima potencia posible). Tras 6 semanas de intervención, los autores no observaron diferencias entre grupos en un test de 5 minutos, en el umbral anaeróbico, el consumo máximo de oxígeno o la eficiencia de pedaleo. Sin embargo, los resultados mostraron que los ciclistas que entrenaron los sprints en la bici mejoraron más en diversos tests de sprint de entre 6 y 30 segundos, mientras que el grupo de fuerza ‘tradicional’ mejoró más su fuerza en sentadilla. Por lo tanto, como mínimo sería recomendable incluir sesiones de fuerza en la bici para ‘transferir’ las ganancias de fuerza obtenidas fuera de ella.

Conclusiones

En resumen, el entrenamiento de fuerza parece disminuir el riesgo de lesión y mejorar el rendimiento en deportes de resistencia. No obstante, es importante entrenarlo de forma adecuada para que no nos produzca una fatiga excesiva que nos impida rendir en otras sesiones específicas, las cuales deben ser la base de la planificación, y para obtener la mayor transferencia de esas ganancias de fuerza a nuestro deporte.


REFERENCIAS

Aagaard, P., et al. 2011. Effects of resistance training on endurance capacity and muscle fiber composition in young top-level cyclists. Scand. J. Med. Sci. Sport. 21: 298–307.

Damasceno, M. V, et al. 2015. Effects of resistance training on neuromuscular characteristics and pacing during 10‑km running time trial. Eur J Appl Physiol 115(7): 1513–1522.

Kristoffersen, M., et al. 2019. Comparison of Short-Sprint and Heavy Strength Training on Cycling Performance. Frontiers in Physiology. 10: 1132.

Lauersen, J.B., et al. 2014. The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br. J. Sports Med. 48(11): 871–877.

Pareja-Blanco, F., et al. 2017. Effects of velocity loss during resistance training on athletic performance, strength gains and muscle adaptations. Scand. J. Med. Sci. Sport. 7(7): 724-735.

RECOMENDACIONES SALUDABLES PARA NIÑOS MENORES DE 5 AÑOS

La Organización Mundial de la Salud ha definido las recomendaciones que hacen referencia a la actividad física, a los patrones de sedentarismo y a la calidad del sueño de los niños menores de 5 años.

 

REFERENCIA

 

  • WHO guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age. Geneva: World Health Organization; 2019. Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.

CONDICIÓN FÍSICA EN LA JUVENTUD Y RIESGO DE BAJA LABORAL EN EDAD ADULTA

Los primeros años de la vida son un periodo clave en el desarrollo del estilo de vida que se llevará en la edad adulta, y cada vez más se tiene en cuenta que lo sucedido durante estas etapas es fiel reflejo de la salud futura. Así, como hemos visto en anteriores publicaciones, la condición física que tengamos durante la infancia tendrá una importante influencia en nuestra salud años más tarde.

Ahora, nuevos estudios han analizado si además existe una asociación entre la condición física en edades tempranas y el riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro. En este sentido, investigadores del Karolinska Institutet (Estocolmo, Suecia) evaluaron la relación entre la obesidad y la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) a la entrada al servicio militar y las probabilidades de recibir una pensión por discapacidad en etapa de edad laboral (1, 2). En primer lugar, en una muestra de casi 370.000 jóvenes suecos de 18 años seguidos entre 13 y 31 años después de la evaluación inicial, se observó que aquellos jóvenes que tenían obesidad presentaban un mayor riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro (HR: 1,35) en comparación con los jóvenes con normo-peso (1). Posteriormente, en más de 45.000 sujetos (con una edad de 18-20 años) a los que se siguió entre 20 y 59 años, se observó que aquellos jóvenes que tenían una CRF baja (HR: 1,85) o moderada (HR: 1,40) presentaban también un aumento del riesgo de pensión por discapacidad durante el seguimiento (2).

Por lo tanto, vuelve a demostrarse que una pobre condición física a edades tempranas es predictora de una peor salud futura. Además, de acuerdo a una publicación anterior en la que vimos que una baja CRF durante la adolescencia se asoció con un mayor riesgo de jubilación temprana por enfermedad incapacitante, se infiere que la promoción de estilos de vida centrados en el aumento de los niveles de actividad física y la adquisición de una buena condición física, podría minimizar los costes económicos de las administraciones públicas destinados a cubrir este tipo de gastos en personas en edad laboral.


REFERENCIAS

  1. Karnehed, N., Rasmussen, F., & Kark, M. (2007). Obesity in young adulthood and later disability pension: a population-based cohort study of 366,929 Swedish men. Scand J Public Health, 35(1), 48-54.
  2. Rabiee, R., Agardh, E., Kjellberg, K., & Falkstedt, D. (2015). Low cardiorespiratory fitness in young adulthood and future risk of disability pension: a follow-up study until 59 years of age in Swedish men. J Epidemiol Community Health, 69(3), 266-271.

RITMOS CIRCADIANOS, CÓMO LA LUZ Y LA COMIDA REGULAN EL ORGANISMO

A lo largo de la evolución, nuestro organismo ha ido desarrollando una serie de relojes moleculares (uno central, situado en el hipotálamo y otros, periféricos, situados en órganos como el hígado, el intestino o el músculo) sincronizados en función de señales externas (zeitgebers) como la luz o la comida. La expresión de genes y secreción de hormonas varía en función de estas señales. En el caso del reloj central, el principal zeitgeber es la luz, mientras que, para los relojes periféricos, es la comida. Por esto, respetar y entender las fluctuaciones fisiológicas naturales del organismo nos puede ayudar a tener un organismo más sano.

Los nuevos hábitos de los países desarrollados, alejados en muchos casos de los ritmos naturales de luz-oscuridad y comida-ayuno, podrían ser determinantes en la aparición de enfermedades metabólicas como el cáncer o la diabetes.


REFERENCIA

  • Carroll, R. G., Timmons, G. A., Cervantes-Silva, M. P., Kennedy, O. D., & Curtis, A. M. (2019). Immunometabolism around the Clock. Trends in molecular medicine.

¿ES EL AYUNO INTERMITENTE MÁS EFECTIVO QUE LA DIETA TRADICIONAL PARA LA PÉRDIDA DE PESO?

El ayuno intermitente (la alternancia de periodos con muy baja o nula ingesta energética con otros con una ingesta normal o ad libitum) ha ganado una gran popularidad en los últimos años. Existen numerosas estrategias de ayuno intermitente, desde incluir dos días de ayuno a la semana seguidos de 5 días de alimentación “normal”, hasta otros en los que los periodos de ayuno son mucho más cortos (e.g, 12 horas). Uno de los motivos que lleva a más gente a seguir este tipo de estrategia nutricional es la pérdida de peso, ya que a menudo el hecho de “ayunar” durante algunos periodos se asocia a una menor ingesta calórica total. Así, muchas personas con sobrepeso acuden al ayuno intermitente bajo la premisa de que les proporcionará una mayor reducción de peso que las dietas “tradicionales” (es decir, una restricción calórica continua).

Con el fin de determinar si periodos de restricción calórica intermitentes son realmente más beneficiosos para perder peso que la restricción calórica continuada, algunos meta-análisis han sido publicados en los últimos años. Por ejemplo, un meta-análisis que incluyó los 6 estudios publicados hasta la fecha con una duración igual o superior a 6 meses concluyó que se obtenía exactamente la misma pérdida de peso con la dieta “tradicional” y con el ayuno intermitente, teniendo los participantes una adherencia similar a ambas estrategias nutricionales [1]. De forma similar, un meta-análisis más reciente que incluyó 5 estudios realizados específicamente en personas con sobrepeso u obesidad no observó diferencias entre estas estrategias nutricionales ni al final de la intervención ni en los meses posteriores, observando una reducción de peso significativa (>5 kg) en ambos casos [2]. Además, otro meta-análisis que incluyó 11 estudios con una duración de 8 a 24 semanas también concluyó que el ayuno intermitente es igual de efectivo que la restricción calórica continuada para la pérdida de peso, aunque tendió a producir mayores beneficios en los niveles de insulina [3]. Es importante mencionar que no se observaron diferencias entre las dos estrategias para otras variables metabólicas como los niveles de glucosa o colesterol [3].

En resumen, pese a la popularidad del ayuno intermitente, debemos ser conscientes de que sus beneficios en la pérdida de peso no parecen ser superiores a los de otros tipos de restricción calórica. Al fin y al cabo, el balance energético es el principal factor que afecta a la pérdida de peso, y ante un mismo déficit calórico (es decir, si se ingiere menos de lo que se gasta) la pérdida de peso será similar. Por ello, la estrategia nutricional más recomendable será aquella que más se adecúe a nuestras preferencias y que facilite una mayor adherencia a largo plazo. El ayuno intermitente podría, sin embargo, aportar algunos beneficios a nivel metabólico. Este tipo de estrategia nutricional no solo basa sus beneficios en el déficit calórico total, sino que periodos prolongados de ayuno (los cuáles no se dan con las “dietas tradicionales”) activan otra serie de mecanismos como la activación de vías autofágicas y una posible regulación de los ritmos circadianos. Por ello, como muestra un estudio publicado en Cell [4], el ayuno intermitente puede provocar beneficios (mayor sensibilidad a la insulina, menor presión arterial y estrés oxidativo) incluso en ausencia de pérdida de peso. Es necesaria todavía una mayor evidencia para confirmar estos resultados.


Referencias

  1. Headland M, Clifton PM, Carter S, et al. Weight-loss outcomes: A systematic review and meta-analysis of intermittent energy restriction trials lasting a minimum of 6 months. Nutrients 2016;8. doi:10.3390/nu8060354
  2. Harris L, McGarty A, Hutchison L, et al. Short-term intermittent energy restriction interventions for weight management: a systematic review and meta-analysis. Obes Rev 2018;19:1–13. doi:10.1111/obr.12593
  3. Cioffi I, Evangelista A, Ponzo V, et al. Intermittent versus continuous energy restriction on weight loss and cardiometabolic outcomes: A systematic review and meta-analysis of randomized controlled trials. J Transl Med2018;16:1–15. doi:10.1186/s12967-018-1748-4
  4. Sutton EF, Beyl R, Early KS, et al. Early Time-Restricted Feeding Improves Insulin Sensitivity, Blood Pressure, and Oxidative Stress Even without Weight Loss in Men with Prediabetes. Cell Metab 2018;27:1212-1221.e3. doi:10.1016/j.cmet.2018.04.010

RATONES CON TELÓMEROS HIPERLARGOS VIVEN MÁS Y SON MENOS OBESOS

Científicos del Grupo de Telómeros y Telomerasa del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, han conseguido crear ratones con telómeros más largos de lo normal. Y lo han hecho sin edición genética. En un trabajo publicado en 2009 (Marion et al., 2009) ya vieron como el cultivo in vitro (expansión) de células iPS (células madres pluripotentes inducidas) alargaba la longitud de sus telómeros. En el 2011 replicaron estos resultados con células madre embrionarias (Varela, Schneider, Ortega, & Blasco, 2011).

Ahora, y tras lograr crear en los últimos años ratones en los que parte de sus células (~30-70%) tenían los telómeros hiperlargos, han publicado un artículo en Nature Communications (Muñoz-Lorente, Cano-Martin, & Blasco, 2019) donde muestran cómo han creado ratones sanos en el que el 100% de sus células tienen telómeros hiperlargos. Estos ratones, comparados con aquellos con telómeros normales, vivieron un 13% de media más, tuvieron menor incidencia de cáncer (50% menos), presentaron un menor porcentaje de grasa y niveles de colesterol LDL, además de mejor sensibilidad a la insulina y función mitocondrial (ej. PGC-1α, OXPHOS).

La relevancia de este estudio radica en que los investigadores han conseguido alargar la vida y reducir la incidencia de cáncer de los ratones sin modificar sus genes, únicamente alargando el tiempo en pluripotencia de las células embrionarias. De esta manera, se abren nuevas vías que nos ayudan a entender mejor cómo envejecemos y cuáles son los mecanismos que subyacen a enfermedades como el cáncer.


REFERENCIAS

Marion, R. M., Strati, K., Li, H., Tejera, A., Schoeftner, S., Ortega, S., … Blasco, M. A. (2009). Telomeres Acquire Embryonic Stem Cell Characteristics in Induced Pluripotent Stem Cells. Cell Stem Cell, 4(2), 141–154. https://doi.org/10.1016/j.stem.2008.12.010

Muñoz-Lorente, M. A., Cano-Martin, A. C., & Blasco, M. A. (2019). Mice with hyper-long telomeres show less metabolic aging and longer lifespans. Nature Communications, 10(1), 4723. https://doi.org/10.1038/s41467-019-12664-x

Varela, E., Schneider, R. P., Ortega, S., & Blasco, M. A. (2011). Different telomere-length dynamics at the inner cell mass versus established embryonic stem (ES) cells. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(37), 15207 LP – 15212. https://doi.org/10.1073/pnas.1105414108

EFECTO DEL ENTRENAMIENTO EN LA PÉRDIDA DE TEJIDO ADIPOSO CARDIACO

La obesidad aumenta la acumulación de grasa en órganos como el corazón o el hígado, incrementándose el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Un estudio publicado en la prestigiosa revista JAMA Cardiology, comparó los efectos del entrenamiento en la pérdida de grasa del corazón en 50 sujetos sedentarios con obesidad.

REFERENCIA

  • Christensen, R. H., Wedell-Neergaard, A. S., Lehrskov, L. L., Legaard, G. E., Dorph, E., Larsen, M. K., … & Ball, M. (2019). Effect of aerobic and resistance exercise on cardiac adipose tissues: secondary analyses from a randomized clinical trial. JAMA cardiology, 4(8), 778-787.

GRASA CARDIACA, ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR Y ENTRENAMIENTO

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. La acumulación de grasa en tejidos no adiposos (grasa ectópica) como el corazón o el hígado, se relaciona con un mayor riesgo cardiovascular (1). En la actualidad, se ha puesto el foco en el tejido adiposo epicárdico (situado entre el pericardio y el miocardio), ya que, debido a su relación con el miocardio y las arterias coronarias, actúa como un importante factor de riesgo cardiovascular (2). En condiciones fisiológicas normales, el tejido adiposo epicárdico ejerce un rol cardioprotector a través de la secreción de diferentes moléculas (como citocinas antiinflamatorias y antiaterogénicas). Sin embargo, dicho rol es alterado con el incremento anormal de la grasa cardiaca (2). Otro depósito de grasa localizado a nivel cardiaco es el tejido adiposo pericárdico, el cual se localiza entre los pericardios visceral y parietal.

Las personas con obesidad tienen a menudo un excesivo tejido adiposo epicárdico. Un estudio piloto ha analizado los efectos del entrenamiento de fuerza sobre el volumen de tejido adiposo cardiaco evaluado a través de resonancia magnética y la rigidez arterial en personas con obesidad (3). Once mujeres jóvenes con obesidad (IMC promedio de 34 kg/m2) fueron aleatorizadas a un grupo de entrenamiento (n=6) o a un grupo control (n=5). El grupo de entrenamiento realizó un programa de ejercicios en circuito de alta intensidad (con una percepción del esfuerzo de 8-10 sobre un máximo de 10) durante tres semanas, tres veces por semana.

Una vez completado el programa, el volumen de tejido adiposo epicárdico y pericárdico se vio notablemente reducido en el grupo de entrenamiento respecto al control (−11 ± 6% vs −7 ± 5% y −7 ± 5% vs 7 ± 10%, respectivamente). Como podemos apreciar en la Figura de abajo, las seis mujeres del grupo de ejercicio disminuyeron el volumen de los tejidos adiposos epicárdico y pericárdico.

Figura. Porcentaje de cambio individual del volumen de tejido adiposo epicárdico y pericárdico en seis mujeres después de tres semanas de entrenamiento y en cinco mujeres que no llevaron a cabo ningún tipo de programa de ejercicio.

Además, las mujeres del grupo de entrenamiento incrementaron su fuerza máxima absoluta y relativa en el tren superior e inferior. Respecto a la composición corporal, la masa muscular aumentó unicamente en el grupo de ejercicio, mientras que la masa grasa lo hizo en el control, sin cambios en el grupo que entrenó. Por último, no se hallaron cambios en la velocidad de la onda de pulso, un indicador de la rigidez arterial.

En resumen, tres semanas de entrenamiento de fuerza de alta intensidad redujeron el volumen del tejido adiposo cardiaco y mejoraron los niveles de fuerza muscular y la composición corporal, sin producir efectos adversos sobre la rigidez arterial en mujeres con obesidad. Por lo tanto, a los sobradamente conocidos beneficios del ejercicio físico sobre otros factores de riesgo cardiovascular, se añade el de la reducción del tejido adiposo cardiaco, con la relevancia clínica que esto conlleva sobre la salud cardiovascular.


REFERENCIAS

  1. Srikanthan, P., Horwich, T. B., & Tseng, C. H. (2016). Relation of muscle mass and fat mass to cardiovascular disease mortality. The American Journal of Cardiology, 117(8), 1355-1360.
  2. Iacobellis, G. (2015). Local and systemic effects of the multifaceted epicardial adipose tissue depot. Nature Reviews Endocrinology, 11(6), 363.
  3. Fernandez-del-Valle, M., Gonzales, J. U., Kloiber, S., Mitra, S., Klingensmith, J., & Larumbe-Zabala, E. (2018). Effects of resistance training on MRI-derived epicardial fat volume and arterial stiffness in women with obesity: a randomized pilot study. European Journal of Applied Physiology, 118(6), 1231-1240.