GOLPEAR EL BALÓN CON LA CABEZA PUEDE AUMENTAR EL RIESGO DE DAÑO CEREBRAL

Ya hemos comentado en anteriores ocasiones los daños cerebrales que pueden sufrir los futbolistas por los golpes repetidos al balón con la cabeza. Este hecho se relaciona con el término concussion –conmoción cerebral-, el cual hace referencia a una pérdida temporal de la función cerebral provocada por un traumatismo, relacionándose su exposición repetida con el desarrollo de trastornos neurodegenerativos a largo plazo (1).

Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine ha ido más allá (2). El estudio, que ha contado con el apoyo de la federación inglesa de fútbol y del sindicato de jugadores profesionales, comparó la mortalidad en 7676 exfutbolistas profesionales con la de 23028 no deportistas, observándose que los primeros tenían 3 veces más riesgo de muerte por enfermedades neurodegenerativas que la población general. Así, la mortalidad por enfermedad neurodegenerativa fue la principal causa de muerte, representando el 1,7% de las muertes de los exfutbolistas frente al 0,5% de las de los no deportistas. Además, se encontró que, después de ser futbolista, el riesgo de sufrir Alzheimer es cinco veces mayor, de esclerosis lateral amiotrófica cuatro veces mayor y de Parkinson el doble . Por otra parte, analizando los medicamentos que son recetados entre los futbolistas retirados, se halló que estos tenían una probabilidad 5 veces más alta de tomar fármacos indicados para la demencia que los no deportistas.

No obstante, no todas iban a ser malas noticias para los futbolistas, ya que también se encontró que tienen un menor riesgo de mortalidad por enfermedades no neurológicas con respecto a la población general y que, hasta los 70 años, la mortalidad por cualquier causa es menor que en los controles, siendo mayor solo a partir de entonces entre los futbolistas retirados.

Pese a estos resultados, y como venimos hablando en artículos anteriormente publicados en Fissac, los beneficios del deporte de alto rendimiento sobre la salud han sido ampliamente descritos, reflejados por ejemplo con un 40% menor riesgo de mortalidad por cáncer y un 27% menor por enfermedad cardiovascular en comparación con la población general (3). Por tanto, es recomendable el seguimiento de la salud neurocognitiva en futbolistas, así como en el resto de practicantes de deportes de contacto en general. Finalmente, y como advierten los responsables de la investigación, estos resultados extraídos de datos de futbolistas profesionales no se pueden extrapolar a los amateurs o a quienes juegan al fútbol por diversión.


REFERENCIAS

  1. Hay, J., Johnson, V. E., Smith, D. H., & Stewart, W. (2016). Chronic traumatic encephalopathy: the neuropathological legacy of traumatic brain injury. Annual Review of Pathology: Mechanisms of Disease, 11, 21-45.
  2. Mackay, D. F., Russell, E. R., Stewart, K., MacLean, J. A., Pell, J. P., & Stewart, W. (2019). Neurodegenerative disease mortality among former professional soccer players. The New England Journal of Medicine, 381, 1801-8.
  3. Garatachea, N., Santos-Lozano, A., Sanchis-Gomar, F., Fiuza-Luces, C., Pareja-Galeano, H., Emanuele, E., & Lucia, A. (2014). Elite athletes live longer than the general population: a meta-analysis. Mayo Clinic Proceedings, 89, 1195-1200.

MEDICIÓN DE LA AERODINÁMICA EN CICLISMO EN TIEMPO REAL, ¿UNA UTOPÍA?

La aerodinámica (expresada como CdA) es uno de los factores que más influyen en el rendimiento en ciclismo. De hecho, la importancia de la aerodinámica aumenta según aumenta la velocidad del ciclista, convirtiéndose en la principal fuerza a vencer cuando la velocidad es mayor de 20 km/h. Es por ello que los ciclistas tratan de mejorar su aerodinámica usando para ello estrategias como ruedas lenticulares, cascos en forma de gota de agua, o incluso tejidos especiales, aparte de los cambios en su posición encima de la bici. Sin embargo, el problema en la mayoría de ocasiones radica en la imposibilidad para medir de forma objetiva si estos cambios están siendo efectivos o no, ya que para medir la aerodinámica se requiere de costosos tests en túneles de viento o de pruebas y estimaciones matemáticas en velódromo que dificultan su aplicación al mundo real.

Es por ello que recientemente han salido al mercado dispositivos que, supuestamente, permiten conocer nuestro CdA de forma instantánea mientras pedaleamos. Uno de estos dispositivos es Notio, el cual registra la velocidad y dirección del viento, la humedad, presión y temperatura y cruza estos valores con datos de potencia y velocidad del ciclista para estimar el CdA. Sin embargo, la validez de estos dispositivos no había sido probada hasta ahora. En un reciente estudio (Valenzuela et al, 2019) publicado por nuestro compañero de Fissac, Pedro L. Valenzuela, junto con expertos en aerodinámica y ciclismo como el Dr. Yago Alcalde, director de Ciclismo y Rendimiento, y el Dr. David Barranco, investigador de la Universidad Europea de Madrid, se ha evaluado la fiabilidad y validez de Notio en condiciones indoor (en un velódromo). Se evaluó el CdA de 15 ciclistas en tres posiciones (con los codos extendidos, en posición “aero” con un casco normal de ruta, y en posición “aero” con un casco aerodinámico, como se muestra en la Figura 1), y los valores registrados se compararon con los obtenidos mediante una fórmula (fórmula de Martin) y un dispositivo validados (Track Aero System, conocido también como Alphamantis). Además, cada ciclista hizo varias vueltas en cada posición para evaluar la fiabilidad del dispositivo.

Figura 1. Ejemplo de las tres posiciones evaluadas, e imagen del dispositivo Notio.

Los resultados mostraron que Notio fue relativamente fiable en cada posición, y al igual que los instrumentos validados, Notio fue capaz de discernir la disminución en CdA producida por el cambio de posición de codos extendidos a “aero”. Sin embargo, mientras que tanto la fórmula de Martin como Track Aero System fueron lo suficientemente sensibles para detectar el cambio de casco, este cambio no fue detectado en todos los ciclistas con Notio, y de hecho las diferencias no alcanzaron la significancia estadística.

En resumen, Notio podría llegar a ser un dispositivo válido para evaluar el efecto de grandes cambios en el CdA en ciclistas, aunque su sensibilidad ante cambios pequeños parece ser menor que la de otros dispositivos validados. Es importante tener en cuenta que estos datos fueron obtenidos en un velódromo, y que, por lo tanto, la validez de Notio en condiciones reales “outdoor” (donde podría tener una mayor aplicabilidad) debe ser comprobada. Dispositivos como Notio podrían abrir un campo de grandes posibilidades en el ámbito de la competición y la investigación, por lo que esperamos que futuros avances en estas tecnologías optimicen su funcionamiento.


Referencia

  • Valenzuela PL, et al. (2019) Validity of a novel device for real-time analysis of cyclists’ drag area. Journal of Science and Medicine in Sport. In press.

HIIT EN MUJERES CON CÁNCER DE MAMA PARA REDUCIR LOS EFECTOS ADVERSOS DE LA QUIMIOTERAPIA

La doxorrubicina, del grupo de las antraciclinas, es uno de los tratamientos más eficaces contra el cáncer de mama. A pesar de ello, presenta efectos adversos como cardiotoxicidad, reducción de la capacidad cardiorrespiratoria, fatiga, pérdida de masa muscular, aumento de la masa grasa y pérdida de calidad de vida. Además, la capacidad cardiorrespiratoria (medida como VO2max) puede no volver a los niveles previos a la enfermedad incluso años después de terminar el tratamiento [1], con las consecuencias que ello puede tener para la salud de la paciente.

Diversos estudios han demostrado que el ejercicio puede atenuar los efectos adversos de las antraciclinas sin afectar a su capacidad antitumoral [2], [3]. Además, un novedoso estudio [4] ha evaluado los efectos de un protocolo de ejercicio interválico de alta intensidad (HIIT) en mujeres con cáncer de mama. Se ha visto que este tipo de ejercicio puede aumentar en mayor medida la capacidad cardiorrespiratoria que el ejercicio de intensidad moderada en otras poblaciones clínicas (ej., pacientes infartados) [5], [6].

El estudio analizó a 30 mujeres sedentarias con cáncer de mama (Estadíos I-III) en tratamiento y las dividió en dos grupos; grupo control, el cual no hizo ejercicio, y grupo HIIT, el cual llevó a cabo un protocolo de alta intensidad 3 veces a la semana durante 8 semanas. El protocolo fue el siguiente:

  • Calentamiento de 5 minutos al 10% de la Potencia Máxima (PM).
  • 7 series de 1 minuto al 90% de la PM, con descanso de 2’ al 10% PM.
  • 5 minutos de vuelta a la calma al 10% PM.

La adherencia al programa de entrenamiento fue del 80%, lo que demuestra que, como dicen los autores, “si se lleva a cabo un entrenamiento individualizado y supervisado por un profesional del ejercicio dentro del ámbito clínico, este tipo de protocolos es seguro y factible en pacientes de cáncer”.

Otro dato muy relevante fue que el grupo que hizo HIIT no redujo su capacidad cardiorrespiratoria (de 19.7 al inicio a 19.4 ml/kg/min después de las 8 semanas), mientras que en las pacientes que no hicieron ejercicio su VO2max disminuyó significativamente (de 18.7 a 16.1 ml/kg/min). Este dato es especialmente relevante, ya que el VO2max con este tipo de tratamiento suele disminuir alrededor de un 10% [7].

De esta manera se demuestra que el ejercicio durante el tratamiento del cáncer de mama, particularmente cuando se hace a alta intensidad, ayuda a contrarrestar el declive de la capacidad cardiorrespiratoria (VO2max) asociado a la quimioterapia.


REFERENCIAS

[1]      Peel, A. B., Thomas, S. M., Dittus, K., Jones, L. W., and Lakoski, S. G., “Cardiorespiratory Fitness in Breast Cancer Patients: A Call for Normative Values,” J. Am. Heart Assoc., vol. 3, no. 1, p. e000432, Feb. 2014.

[2]      Fraser, S., Bigaran A., Selig, S., and LaGerche, A., “Exercise training during anthracycline-based chemotherapy for breast cancer.,” J. Clin. Oncol., vol. 35, no. 15_suppl, pp. e12110–e12110, May 2017.

[3]      Parry, T.L., and Hayward, R., “Exercise training does not affect anthracycline antitumor efficacy while attenuating cardiac dysfunction,” Am. J. Physiol. Integr. Comp. Physiol., vol. 309, no. 6, pp. R675–R683, Aug. 2015.

[4]      Lee, K., Kang, I., Mack, W. J., Mortimer, J., Sattler, F., Salem, G., & Dieli-Conwright, C. M. “Feasibility of high intensity interval training in patients with breast Cancer undergoing anthracycline chemotherapy: a randomized pilot trial,” BMC Cancer, vol. 19, no. 1, p. 653, 2019.

[5]      Ellingsen, Ø., Halle, M., Conraads, V., Støylen, A., Dalen, H., Delagardelle, C., … and Videm, V., “High-Intensity Interval Training in Patients With Heart Failure With Reduced Ejection Fraction,” Circulation, vol. 135, no. 9, pp. 839–849, Feb. 2017.

[6]      Boyne, P., Dunning, K., Carl, D., Khoury, J. C., Gerson, M., Rockwell, B., … and Wilkerson, J., “Abstract W MP58: High Intensity Interval Training May Be Superior to Moderate Intensity Continuous Exercise in Chronic Stroke,” Stroke, vol. 46, no. suppl_1, pp. AWMP58–AWMP58, Feb. 2015.

[7]      Scott, J. M., Nilsen, T. S., Gupta, D., and Jones, L. W, “Exercise Therapy and Cardiovascular Toxicity in Cancer,” Circulation, vol. 137, no. 11, pp. 1176–1191, Mar. 2018.

HACER EJERCICIO DURANTE TODA LA VIDA, UN SEGURO CONTRA EL DETERIORO FUNCIONAL

El ejercicio provoca una serie de adaptaciones fisiológicas a distintos niveles que hacen que mejore el consumo de oxígeno (VO2max), el principal marcador de capacidad funcional. Por ello, las personas que realizan ejercicio de forma habitual muestran valores de VO2max mayores que la población general a cualquier edad.


REFERENCIA

  • Valenzuela PL, Maffiuletti NA, Joyner MJ, Lucia A, Lepers R (2019) Lifelong Endurance Exercise as a Countermeasure Against Age-Related VO2max Decline: Physiological Overview and Insights from Masters Athletes. Sports Medicine. Dec 24. doi: 10.1007/s40279-019-01252-0.

ATLETAS MÁSTER, UN EJEMPLO A SEGUIR

El VO2max es uno de los principales marcadores de la capacidad funcional de un individuo. Este marcador no solo está relacionado con el rendimiento deportivo (los atletas con un gran VO2max tienen mayores posibilidades de obtener un mejor rendimiento en deportes de resistencia), sino que es también un gran predictor del riesgo de morbilidad y mortalidad.

La edad está asociada a una disminución progresiva del VO2max, la cual se ve acelerada al pasar la barrera de los 70-80 años. Sin embargo, cada vez existe más evidencia del papel protector que podría tener el ejercicio frente a este declive funcional. En este sentido, una reciente revisión publicada por nuestro compañero Pedro L. Valenzuela en Sports Medicine (Valenzuela et al., 2019) resume los beneficios de realizar ejercicio durante toda la vida en los diferentes factores que afectan al VO2max, poniendo como ejemplo los casos de numerosos estudios realizados en atletas máster (atletas de más de 50 años que siguen realizando deporte a nivel competitivo).

Como muestra una figura incluida en la revisión (Figura 1), los atletas máster presentan un VO2max un 20-40% mayor que los mejores valores de la población general a cualquier edad, incluso a las más avanzadas (como muestran ejemplos de deportistas de 90 e incluso 100 años). Además, la disminución del VO2max asociada a la edad en estos deportistas parece seguir una tendencia lineal, sin observarse una caída exponencial a partir de los 70-80 años. Es importante remarcar que esto es así solo en aquellas personas que continúan haciendo ejercicio durante toda la vida, ya que cuando un deportista máster deja de practicarlo, el porcentaje de declive será el mismo que en la población general (aunque partiendo de unos valores iniciales mejores, lo que permitirá retrasar el punto en el que llegan al umbral de la fragilidad).

Figura 1. Los puntos negros representan los actuales récords de VO2max a distintas edades, desde los más de 95 ml/kg/min en deportistas jóvenes a los 35 ml/kg/min de un deportista centenario. La línea sólida representa el 50% de los valores normativos del Colegio Americano de Medicina del Deporte, y las líneas punteadas representan el 5% y el 95% de estos valores normativos.

Numerosos mecanismos fisiológicos pueden explicar el rol protector del ejercicio contra la disminución de VO2max asociada a la edad. Por ejemplo, el entrenamiento ha mostrado preservar la función pulmonar en personas mayores, mientras que las personas sedentarias sufren una disminución de su capacidad para realizar ventilaciones máximas. Además, el ejercicio resulta en grandes beneficios para el sistema cardiovascular, mejorando la función sistólica del corazón (principal componente involucrado en el envío de sangre oxigenada al resto del cuerpo) y la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse y favorecer el flujo sanguíneo. Por último, el ejercicio podría mejorar también el contenido en hemoglobina de la sangre (la cuál es necesaria para transportar el oxígeno a los músculos) así como aumentar el contenido de capilares y el número y calidad de las mitocondrias a nivel muscular, lo cual es necesario para metabolizar el oxígeno una vez que llega al músculo.

En resumen, el entrenamiento provoca beneficios en una serie de factores involucrados en el transporte de oxígeno desde la atmósfera hasta la fibra muscular, favoreciendo así una mayor capacidad funcional en comparación con las personas sedentarias y atenuando el declive asociado a la edad. Por lo tanto, es importante mantenerse activo a cualquier edad, incluidas las más avanzadas, para evitar el deterioro exponencial que ocurre con el envejecimiento.


REFERENCIA

  • Valenzuela PL, Maffiuletti NA, Joyner MJ, Lucia A, Lepers R (2019) Lifelong Endurance Exercise as a Countermeasure Against Age-Related VO2max Decline: Physiological Overview and Insights from Masters Athletes. Sports Medicine. Dec 24. doi: 10.1007/s40279-019-01252-0.

MASA MUSCULAR Y SUPERVIVENCIA EN PACIENTES CON CÁNCER

El músculo es un potente predictor de supervivencia en pacientes con cáncer. En cánceres como el gastrointestinal y el de páncreas, con un elevado componente metabólico, tener una mayor cantidad de masa muscular se asocia con mayor superviencia.


REFERENCIAS

  • Ishii, N., Iwata, Y., Nishikawa, H., Enomoto, H., Aizawa, N., Ishii, A., … & Nishimura, T. (2017). Effect of pretreatment psoas muscle mass on survival for patients with unresectable pancreatic cancer undergoing systemic chemotherapy. Oncology letters, 14(5), 6059-6065.
  • Dohzono, S., Sasaoka, R., Takamatsu, K., Hoshino, M., & Nakamura, H. (2019). Prognostic value of paravertebral muscle density in patients with spinal metastases from gastrointestinal cancer. Supportive Care in Cancer, 27(4), 1207-1213.

LA ACTIVIDAD FÍSICA, UNA BARRERA CONTRA EL CÁNCER

Un estudio que analizó a más de 750.000 personas halló que seguir las recomendaciones de actividad física reduce el riesgo de sufrir hasta 7 tipos de cáncer. Además, el descenso del riesgo era mayor entre aquellas personas que hacían más actividad física o a mayor intensidad, como caminar rápido 5 horas a la semana (intensidad moderada) o entrenar fuerza, nadar o correr 2h30’ a la semana (actividad física intensa).


REFERENCIA

  • Matthews, C. E., Moore, S. C., Arem, H., Cook, M. B., Trabert, B., Håkansson, N., … & Milne, R. L. (2019). Amount and Intensity of Leisure-Time Physical Activity and Lower Cancer Risk. Journal of Clinical Oncology, JCO-19.

CARDIO-ONCOLOGÍA PEDIÁTRICA, EL ROL CARDIOPROTECTOR DEL EJERCICIO

A pesar del incremento en las tasas de supervivencia debido a los avances en los tratamientos, los supervivientes de cáncer pediátrico experimentan a menudo efectos adversos como consecuencia del tratamiento y de la propia enfermedad. Además, muchos de estos efectos persisten incluso años después de haber finalizado el tratamiento como, por ejemplo, la cardiotoxicidad, una alteración de la función cardiaca causada por los fármacos.

El ejercicio físico ha demostrado tener un rol cardioprotector mejorando o, al menos, mitigando los efectos adversos de los tratamientos relacionados con la función cardiaca, tal y como vimos en un estudio anterior de niños con cáncer durante el tratamiento. Sin embargo, hasta ahora no existía evidencia meta-analítica que apoyara el papel del ejercicio sobre el sistema cardiovascular en población con cáncer pediátrico. Por ello, el equipo de Fissac junto con el Dr. Alejandro Lucía realizaron una revisión sistemática con meta-análisis (1) para analizar los efectos del ejercicio físico en variables relacionadas con la salud cardiovascular en supervivientes de cáncer pediátrico (hemos de aclarar que nos basaremos en la terminología norteamericana para considerar como superviviente de cáncer a todo paciente con cáncer desde el día en el que se le diagnostica la enfermedad).

Un total de 27 estudios y 697 participantes fueron incluidos y se evaluaron la capacidad cardiorrespiratoria y la función y estructura cardiovascular (endotelial y del ventrículo izquierdo). El principal hallazgo del estudio fue el incremento en la capacidad cardiorrespiratoria en pruebas indirectas y una tendencia a un mayor VO2pico en los supervivientes de cáncer pediátrico que realizaron ejercicio. Además, se observó que la función sistólica del ventrículo izquierdo se preservó con el ejercicio.

Por tanto, el ejercicio físico parece que, efectivamente, desempeña un rol cardioprotector en supervivientes de cáncer pediátrico mejorando la salud cardiovascular, o al menos minimizando su deterioro. Y si tenemos en cuenta que los tratamientos contra el cáncer pediátrico, sobre todo los que incluyen antraciclinas, son especialmente cardiotóxicos y que los eventos cardiovasculares son la principal causa de muerte no asociada con el cáncer entre los supervivientes de cáncer pediátrico (2), es muy importante el papel cardioprotector que ha demostrado ejercer el ejercicio a lo largo de la enfermedad.


REFERENCIAS:

  1. Morales, J. S., Valenzuela, P. L., Herrera-Olivares, A. M., Baño-Rodrigo, A., Castillo-García, A., Rincón-Castanedo, C., … & Lucia, A. (2020). Exercise Interventions and Cardiovascular Health in Childhood Cancer: a Meta-Analysis. Int J Sports Med [pendiente de ser publicada versión impresa].
  2. Mulrooney, D. A., Armstrong, G. T., Huang, S., Ness, K. K., Ehrhardt, M. J., Joshi, V. M., … & Santucci, A. (2016). Cardiac outcomes in adult survivors of childhood cancer exposed to cardiotoxic therapy: A cross-sectional study from the St. Jude lifetime cohort. Ann Inter Med, 164(2), 93-101.

EL TRASPLANTE DE MICROBIOTA AUMENTA LA ESPERANZA DE VIDA EN RATONES CON PROGERIA

Un estudio publicado por el grupo de Carlos López Otín demuestra que existe una alteración de la microbiota intestinal (disbiosis) tanto en modelos de ratón como en niños con progeria (envejecimiento prematuro). En base a ello, demostraron que el trasplante de microbiota fecal de donantes sanos a receptores con progeria aumenta la supervivencia y atenúa el fenotipo de envejecimiento acelerado.


REFERENCIA

  • Bárcena, C., Valdés-Mas, R., Mayoral, P., Garabaya, C., Durand, S., Rodríguez, F., … & Bossut, N. (2019). Healthspan and lifespan extension by fecal microbiota transplantation into progeroid mice. Nature medicine, 25(8), 1234-1242.

EL INTESTINO, ¿UN SEGUNDO CEREBRO?

La mayor parte de los genes presentes en nuestro organismo (~90%) no son humanos, sino que pertenecen a organismos, en su mayoría bacterias, que se encuentran en el intestino, conformando lo que se denomina como microbiota. Estas bacterias, en simbiosis con nuestras células, regulan funciones fundamentales que preservan nuestra salud. Más allá de la digestión de alimentos, la microbiota también promueve mecanismos de defensa y regula procesos de crecimiento tisular y de producción de vitaminas y ácidos biliares, estando su salud muy relacionada con la del sistema nervioso.

La comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro hace que la microbiota desempeñe un papel muy activo en los procesos relacionados con la fisiología neural. Mediante la producción de hormonas (ej. cortisol), ácidos biliares, neurotransmisores (serotoninca, GABA) y moduladores del sistema inmunitario (ej. ácido quinolínico) [1], la microbiota regula respuestas neurales e inmunitarias, pudiendo influir incluso en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica [2]. Por ello, enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer o la depresión se asocian con una alteración de la relación microbiota-huésped, estado conocido como disbiosis. De la misma manera, el estrés puede afectar a la composición de la flora intestinal mediante la liberación de hormonas que influyen en la fisiología intestinal, alterando el equilibrio bacteriano [3].

Así pues, la comunicación con el ambiente determina la relación de la microbiota con nuestro organismo. En consecuencia, el estilo de vida, la nutrición o el uso de antibióticos pueden influir en la simbiosis de las bacterias con nuestras células. De esta manera, enfermedades como el cáncer, la diabetes tipo II o la obesidad presentan una disbiosis con un incremento de patobiontes, bacterias que en un determinado ambiente se expanden y ejercen efectos patogénicos sobre el huésped.

En esta línea, un estudio publicado este año en Nature Medicine por el grupo del Dr. Carlos Lopez Otín [4] ha demostrado que existe una alteración de la microbiota intestinal tanto en ratones como en niños con progeria (enfermedad caracterizada por un envejecimiento prematuro). Además, analizaron a un grupo de centenarios y vieron cómo a pesar de que tenían una menor diversidad en la microbiota propia de la edad, presentaban valores altos de Verrucomicrobia, la cual se ha relacionado con una mejor regulación inmunitaria y homeostasis metabólica. En cambio, este tipo de bacteria estaba disminuida en niños y ratones con progeria. Así, personas que han llegado a los cien años tienen niveles elevados de Verrucomicrobia y personas con envejecimiento prematuro niveles bajos.

Viendo que el perfil microbacteriano varía en función de la salud y de la edad, los investigadores estudiaron los efectos del trasplante fecal de microbiota de donantes sanos a ratones con progeria. Los resultados demostraron que el trasplante aumentó la supervivencia alrededor de un 13% y atenuó el fenotipo de envejecimiento acelerado.

Estos resultados muestran que preservar la salud de nuestras bacterias es fundamental para mantener la nuestra. Durante muchos años se ha obviado la importancia que tiene nuestro intestino, pero muchos investigadores se refieren a él incluso como un segundo cerebro. Para mantenerlo saludable, el ejercicio, la dieta y una vida alejada del estrés se convierten en pilares fundamentales sobre los que construir una relación fructífera con nuestras inquilinas.


REFERENCIA

[1]      M. Valles-Colomer et al., “The neuroactive potential of the human gut microbiota in quality of life and depression,” Nat. Microbiol., vol. 4, no. 4, pp. 623–632, 2019.

[2]      V. Braniste et al., “The gut microbiota influences blood-brain barrier permeability in mice,” Sci. Transl. Med., vol. 6, no. 263, pp. 263ra158 LP-263ra158, Nov. 2014.

[3]      Y. E. Borre, R. D. Moloney, G. Clarke, T. G. Dinan, and J. F. Cryan, “The impact of microbiota on brain and behavior: mechanisms & therapeutic potential.,” Adv. Exp. Med. Biol., vol. 817, pp. 373–403, 2014.

[4]      C. Bárcena et al., “Healthspan and lifespan extension by fecal microbiota transplantation into progeroid mice,” Nat. Med., vol. 25, no. 8, pp. 1234–1242, 2019.