EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA DURANTE LA ADOLESCENCIA REDUCE EL RIESGO DE MUERTE

Se ha demostrado que cada componente de la condición física ejerce influencias sobre aspectos relacionados con la salud.

En el caso de la fuerza muscular, investigadores de las universidades de Granada, Helsinki (Finlandia) y Karolinska (Suecia), realizaron un estudio de cohorte con un seguimiento durante 24 años a más de UN MILLÓN de sujetos varones de entre 16-19 años, en el que obtuvieron datos de los niveles de fuerza muscular a través de las pruebas de handgrip (fuerza de prensión manual) y extensión de rodilla. Los datos obtenidos (Fig.1) mostraron que, en adolescentes, un nivel de fuerza muscular igual o mayor a la media se asoció con un 20-35% menor probabilidad de muerte prematura (antes de los 55 años), mientras que menor fuerza muscular se relacionó con un mayor riesgo de muerte por suicidio y enfermedad cardiovascular (1).

Fissac - Mortalidad prematura y niveles de fuerza

Fig. 1. Tasas de mortalidad prematura en función de los niveles de fuerza evaluados mediante test de prensión manual y extensión de rodilla.


Asimismo, se ha evidenciado que durante la infancia y la adolescencia, mayores niveles de fuerza muscular reducen el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, mejoran la salud ósea y, en patologías como el cáncer pediátrico, mejoran la calidad de vida además de disminuir la fatiga (2).

Es ampliamente conocido que cualquier componente de la condición física es directamente proporcional a la actividad física realizada, esto es, a mayores niveles de actividad física realizados, mayor condición física y viceversa.

Fissac - Entrenamiento de fuerza en  niños

Por ello, desde FISSAC, queremos ahondar en la necesidad de desarrollar programas que fomenten la práctica de actividad física desde edades tempranas, donde la educación física realizada en los colegios juega un rol clave tanto en la prevención de bajos niveles de condición física como en el fomento de comportamientos que promocionen posteriores hábitos de vida activos.

REFERENCIAS

  1. Ortega, F. B., Silventoinen, K., Tynelius, P., & Rasmussen, F. (2012). Muscular strength in male adolescents and premature death: cohort study of one million participants. BMJ345, e7279.
  2. Ortega, F. B., Ruiz, J. R., Castillo, M. J., & Sjöström, M. (2008). Physical fitness in childhood and adolescence: a powerful marker of health. International journal of obesity32(1), 1-11.

LA ACTIVIDAD FÍSICA: EL FÁRMACO DEL SIGLO XXI

A mediados del siglo pasado se llevó a cabo un estudio entre los conductores y los cobradores de los autobuses de Londres. En él se observó que los primeros, quienes iban sentados conduciendo, tenían mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares que los segundos, los cuales debían andar subiendo y bajando escaleras en los típicos autobuses londinenses de dos plantas. Se asoció este menor riesgo a desarrollar enfermedad cardiovascular con el hecho de realizar actividad física de forma regular (Fig.1). Es decir, aquellas personas que tienen un trabajo en el que apenas se mueven, tienen más posibilidades de padecer cardiopatías.

Fissac _ fisiología y actividad física y enfermedad arterial coronaria

Para confirmar esta asociación y ante la susceptibilidad de distintos sectores, que la achacaban principalmente al estrés que sufrían los conductores al ir conduciendo, se realizó un estudio similar entre carteros, oficinistas y telefonistas del servicio postal. Los primeros, quienes repartían el correo andando o en bicicleta, tuvieron menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares que los otros, quienes pasaban gran parte de su jornada laboral sentados (1).

Posteriormente, se ha seguido estudiando con gran énfasis la relación entre la actividad física y la salud obteniéndose resultados de gran impacto. De este modo, se ha visto que realizar actividad física de forma regular disminuye las tasas de mortalidad por cualquier enfermedad, reduce el riesgo de desarrollar cardiopatías, hipertensión arterial, accidente cerebrovascular, síndrome metabólico, diabetes tipo 2 y distintos tipos de cáncer, entre ellos el de mama y el de colon (2).  Asimismo, se ha comprobado que la actividad física, realizada a cierta intensidad, alarga la vida (3).

Cabe destacar que el ejercicio no sólo actúa como protector de la salud a nivel de prevención primaria, sino que también actúa, una vez instaurada la enfermedad, tanto a nivel secundario, para detener o retrasar el progreso de la misma, como a nivel terciario, para mejorar la calidad de vida de los enfermos.

Ahora bien, la actividad física produce efectos beneficiosos sobre la salud a una determinada intensidad, la cual es diferente para cada tipo de patología e incluso, dentro de ella, para cada paciente. Por tanto, debe ser considerada como un  tratamiento más (en este caso, no farmacológico). Como tal, su eficacia depende de una prescripción adecuada. No es lo mismo que le receten un paracetamol para el dolor de cabeza que sintrom®.

Por ello, desde FISSAC, hacemos dos llamadas:

  1. Abogamos por una formación de calidad de todos aquellos que nos dedicamos a trabajar en el campo de la actividad física y el ejercicio. Debemos conocer qué “recetamos”. Nuestro vademécum es muy amplio y por ello tenemos que saber qué, por qué y para quién prescribimos.
  1. No nos cansaremos de proclamarlo. Médicos y Licenciados de la actividad física y la salud debemos trabajar de la mano. La promoción de la actividad física desempeña un papel esencial tanto en la prevención como en la recuperación de las principales enfermedades de occidente.

Fissac _ actividad física _ vademecum

REFERENCIAS:

  1. Morris, J. N., Heady, J. A., Raffle, P. A. B., Roberts, C. G., & Parks, J. W. (1953). Coronary heart-disease and physical activity of work. The Lancet,262 (6796), 1053-1057.
  2. Lee, I. M., Shiroma, E. J., Lobelo, F., Puska, P., Blair, S. N., Katzmarzyk, P. T., & Lancet Physical Activity Series Working Group. (2012). Effect of physical inactivity on major non-communicable diseases worldwide: an analysis of burden of disease and life expectancy. The lancet380 (9838), 219-229.
  3. Lee, I. M., Hsieh, C. C., & Paffenbarger, R. S. (1995). Exercise intensity and longevity in men: the Harvard Alumni Health Study. Jama273 (15), 1179-1184.