TIEMPO SENTADO Y RIESGO DE MUERTE ¿ESTÁN RELACIONADOS?

Se estiman en un 6% las muertes achacadas a la inactividad física que ocurren en el mundo anualmente. Además, pasar mucho tiempo sentado se asocia con aumento del riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares, diabetes y algunos tipos de cáncer. Asimismo, estudios previos han concluido que ver la televisión, estar sentado delante de una pantalla, en el coche, durante el tiempo libre o durante la realización de actividades como el trabajo, la escuela o las tareas del hogar, se asocia con incrementos del riesgo de mortalidad.

Por ello, en un estudio prospectivo publicado en 2012 se trató de determinar la relación entre el tiempo sentado y el riesgo de muerte. Se registraron datos de 222.497 individuos de 45 años o mayores a los que se les preguntó cuántas horas al día pasaban sentados habitualmente.

Los resultados obtenidos mostraron que pasar muchas horas sentados se asoció con mayor riesgo de muerte independientemente de la actividad física, teniendo el mayor riesgo aquellos que más horas pasaron sentados y no realizaron actividad física.

fissac _ horas sentado riesgo de muerte

Figura 1. Relación entre número de horas al día sentado y minutos a la semana de actividad física con riesgo de muerte. A) Todos los participantes (n= 222.497). B) Participantes sanos que no habían tenido enfermedad cardiovascular, diabetes o cáncer (n= 145.713). C) Participantes con enfermedad cardiovascular o diabetes (n= 52.229). Muertes por cada 1000 personas al año. *P<0.5 comparado con el grupo de referencia. Ϯ Grupo de referencia.

Por tanto, hemos de trabajar en la promoción de estilos de vida activos, reduciendo al mínimo necesario el tiempo que pasemos sentados ya sea en nuestra actividad profesional o durante nuestro tiempo libre. Así, dentro de nuestra labor como profesionales del ejercicio debemos hacer hincapié en la realización de actividades que conlleven gasto de energía (≥ 3 MET’s) y que, a su vez, reduzcan el tiempo que se pase sentado.


REFERENCIA

Van der Ploeg, H. P., Chey, T., Korda, R. J., Banks, E., & Bauman, A. (2012). Sitting time and all-cause mortality risk in 222 497 Australian adults. Archives of internal medicine172(6), 494-500.

ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN MUJERES Y ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

Las enfermedades cardiovasculares (CVD) son la principal causa de muerte en España.

Los beneficios del ejercicio aeróbico sobre el riesgo de CVD son ampliamente conocidos. Sin embargo, en el caso del entrenamiento de fuerza no están tan claros.

Para ello, el grupo de investigación dirigido por el Dr. Steven N. Blair llevó a cabo un estudio con el fin de analizar la relación entre entrenamiento de fuerza y riesgos de CVD, independientemente del índice de masa corporal (BMI), la actividad física y la capacidad aeróbica, en mujeres sanas.

Participaron 7321 mujeres de entre 20 y 90 años de edad, sin historia previa de CVD, hipertensión arterial o diabetes. Para evaluar el riesgo de CVD se midieron: porcentaje de grasa corporal, presión arterial media, triglicéridos, colesterol total y glucosa en ayunas. El nivel de actividad física se registró a través de cuestionarios y la capacidad aeróbica se evaluó a través de una prueba de ejercicio máxima mediante el protocolo de Balke modificado, mientras que la realización de ejercicio de fuerza fue valorada por las propias participantes mediante auto-registros.

Tabla 1. Componentes del riesgo de CVD tras la realización de entrenamiento de fuerza, según diferentes grupos de edad.

fissac_tabla 1

Al realizar el análisis del efecto del entrenamiento de fuerza en función de la edad, se observó que aquellas que incluyeron este tipo de entrenamiento en su rutina tuvieron menor riesgo de CVD a cualquier edad. En concreto, la realización de entrenamiento de fuerza se asoció con menores niveles de grasa corporal, glucosa en ayunas y colesterol total.

Tabla 2. Componentes del riesgo de CVD por grupos, divididos en mujeres con normopeso y con sobrepeso/obesidad.

fissac _ tabla 2 _ mujeres _ecv_entrenamiento de fuerza

Sin embargo, al agruparlas en relación al BMI (normopeso o sobrepeso/obesidad), la asociación entre entrenamiento de fuerza y menor riesgo de CVD sólo se mantuvo para aquellas con normopeso.

Por tanto, hemos de enfatizar la importancia del entrenamiento de fuerza como parte de un estilo de vida activo y saludable en mujeres de cualquier edad además de como una herramienta esencial en la prevención de las tan temidas enfermedades cardiovasculares.

En definitiva, parece que los beneficios del ejercicio de fuerza van más allá de los ya conocidos sobre la fuerza muscular, la densidad mineral ósea y la capacidad funcional.


REFERENCIA

Drenowatz, C., Sui, X., Fritz, S., Lavie, C. J., Beattie, P. F., Church, T. S., & Blair, S. N. (IN PRESS). The association between resistance exercise and cardiovascular disease risk in women. Journal of Science and Medicine in Sport. http://dx.doi.org/10.1016/j.jsams.2014.09.009

EJERCICIO DE ALTA INTENSIDAD: MODULAR LA DURACIÓN Y LA INTENSIDAD EN HOMBRES OBESOS

El ejercicio interválico de alta intensidad ha demostrado ser una estrategia muy eficiente que produce adaptaciones metabólicas y cardiovasculares. Sin embargo no se sabe tanto sobre la combinación de volumen e intensidad necesaria para producir adaptaciones en poblaciones clínicas.

fissac _ HIIT

En un estudio reciente se evaluaron los efectos de dos tipos de protocolos interválicos variando la intensidad y la duración en 25 hombres con sobrepeso y obesidad. Antes de empezar el programa de entrenamiento se valoró composición corporal (masa grasa FM, masa magra LM, porcentaje de grasa %BF), glucosa en ayunas, lípidos e insulina (IN) y realizaron un test de consumo máximo de oxígeno (VO2 pico) y de potencia máxima (PO).

A los participantes se les distribuyó en un grupo de intervalos cortos de alta intensidad (1min-HIIT), intervalos de alta intensidad (2min-HIIT) y un grupo control. Los grupos de ejercicio completaron 3 semanas de entrenamiento 3 días a la semana con el siguiente protocolo:

  • 1MIN-HIIT: 10 repeticiones de 1 minuto al 90% de la potencia máxima (PO) con descansos de 1 minuto.
  • 2MIN-HIIT: 5 repeticiones de 2 minutos con descansos de 1 minuto con intensidad ondulante (80-100%).

Tras las 3 semanas no hubo diferencias significativas en la FM (Δ1.06 ± 1.25 kg) y en el % BF (Δ1.13% ± 1.88%) en comparación con el grupo control. Hubo un aumento de la LM de 1,7 kg en el grupo de 1MIN y de 2,1 kg en el grupo de 2min-HIIT. El VO2 pico aumentó en el grupo de 1 min-HIIT 3,4 ml/kg/min y en el de 2 min-HIIT 2,7 ml/kg/min. La IN mejoró en ambos grupos Δ-2.78 ± 3.48 unidades (p < 0.05) comparada con el grupo control, por lo que el HIIT demuestra de nuevo ser una estrategia efectiva en el tratamiento de la obesidad, mejorando el fitness cardiovascular y la sensibilidad a la insulina.


REFERENCIAS

[1]      A. E. Smith-Ryan, M. N. Melvin, and H. L. Wingfield, “High-intensity interval training: Modulating interval duration in overweight/obese men.,” Phys. Sportsmed., vol. 43, no. 2, pp. 107–13, May 2015.

MEJORAR EL RENDIMIENTO DISMINUYENDO EL TIEMPO DE ENTRENAMIENTO: HIIT

El psicólogo K. Anders Ericsson, expuso en 1990 la teoría de las 10.000 horas, la cual defiende que se requieren diez mil horas de práctica para dominar una disciplina. Esta teoría ha sido aplicada al ámbito del deporte, siendo común ver cómo los deportistas de resistencia siguen centrando su atención en realizar sesiones de entrenamiento con enormes volúmenes para obtener las mayores mejoras posibles. Así, principalmente en nivel élite, muchos deportistas pasan la mayor parte del día entrenando, siendo el tiempo uno de los principales factores que condicionan el nivel conseguido. Sin embargo, ¿es necesario realizar largos rodajes o incalculables metros en la piscina para obtener estas mejoras?

El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT, High Intensity Interval Training) ha sido y sigue siendo muy estudiado en la última década, habiéndose encontrado grandes aplicaciones tanto en el ámbito de la salud como en el del rendimiento.

En el estudio de Burgomaster y cols (1) compararon las mejoras obtenidas tras 6 semanas de entrenamiento de resistencia tradicional 5 días a la semana-realizando 40-60min en cicloergómetro al 65% VO2max- o un entrenamiento SIT (Sprint Interval Training) 3 días a la semana-6 sprints máximos de 30 segundos en cicloergómetro con recuperaciones de 4,5 minutos.

Tabla 1. El entrenamiento tipo SIT requirió un tiempo semanal de 1,5 horas repartido en tres sesiones de entrenamiento, mucho menos que el tiempo empleado por el grupo de entrenamiento de resistencia tradicional (4,5 horas repartidas en 5 sesiones).

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Finalizado el periodo de entrenamiento, con ambos métodos se obtuvieron mejoras similares en numerosos valores. Algunos de los más determinantes fueron el similar aumento de la capacidad mitocondrial de oxidación de carbohidratos y lípidos por parte del músculo y una mejora similar en los niveles de VO2máx -de 41±2 a 44±2 ml kg−1 min−1 en el caso de SIT, y de 41±2 a 45±2 ml kg−1 min−1 en el caso de resistencia tradicional.

Tabla 2. Tanto el método SIT como el de resistencia tradicional produjeron similares mejoras en los niveles de VO2máx.

fissac _ tabla 2 _HIIT

Este tipo de estudios muestran la idoneidad de sustituir en ocasiones, o al menos de complementar durante la planificación anual, las sesiones de resistencia de larga duración por sesiones de HIIT. Este método debe ser tenido muy en cuenta por los entrenadores debido a las similares mejoras a nivel metabólico y de rendimiento que supone al ser comparado con el entrenamiento convencional, requiriendo sin embargo mucho menos tiempo de trabajo -con la importancia que esto tiene para los deportistas de cualquier nivel- y pudiendo ser realizado “indoor”.


REFERENCIAS

  1. Burgomaster K a, Howarth KR, Phillips SM, Rakobowchuk M, Macdonald MJ, McGee SL, et al. Similar metabolic adaptations during exercise after low volume sprint interval and traditional endurance training in humans. J Physiol. 2008;586(1):151–60.

¿ES VÁLIDO CUALQUIER TIPO DE EJERCICIO PARA PREVENIR LA OSTEOPOROSIS?

El estado de nuestros huesos, en densidad y calidad, determina el riesgo de fracturas. Así, la osteoporosis supone un importante aumento de este riesgo.

Además, el riesgo de fracturas depende también del riesgo de caídas, hecho incrementado en los mayores.

osteoporosis y fracturas

La actividad física podría reducir el riesgo de fracturas osteoporóticas, bien a través de un enlentecimiento en la pérdida de densidad mineral ósea (DMO), o bien previniendo la debilidad muscular, la cual está asociada a una alta prevalencia de caídas en nuestros mayores.

Un estudio realizado en el Reino Unido trató de ver el efecto sobre el hueso, en personas mayores de 65 años, de dos programas diferentes de ejercicio (de 6 meses de duración ambos) comparados con un grupo sobre el que no se intervino.

Un primer grupo (OEP) realizó el trabajo en casa, consistente en tres sesiones de ejercicio de 30 min y, al menos, dos sesiones semanales de 30 min caminando a ritmo moderado. Las sesiones en casa se componían de ejercicios de equilibrio y de fuerza para las piernas.

El segundo grupo (FaME) dividió su trabajo semanal de la siguiente forma: una clase grupal de ejercicio durante 60 min, dos sesiones en casa de 30 min similares a las del grupo OEP y, al menos, dos sesiones de 30 min caminando a un ritmo moderado. Durante las clases grupales trabajaron estabilidad postural, fortalecimiento de los principales músculos de las piernas, brazos y tronco (mediante tobilleras con lastre y Therabands), flexibilidad, entrenamiento funcional en suelo y Tai Chi.

Además, se analizó un tercer grupo (usual care) cuyos componentes mantuvieron la actividad que realizaban habitualmente.

Sin embargo, y contrario a lo que se podría esperar, tras los 6 meses de intervención ningún grupo obtuvo mejoras significativas en la DMO.

La falta de beneficios sobre la salud ósea pudo deberse a que estas intervenciones no proporcionaron la carga suficiente en el hueso. Y es que, según la teoría del mecanostato óseo, el hueso se adapta cuando las tensiones aplicadas a éste generan deformaciones que exceden aquellas a las que está habituado. Así, está comprobado que cargas relativamente altas sobre el hueso pueden inducir aumentos en la DMO, incluso en las personas mayores.

Por tanto, estos datos nos muestran la necesidad de conocer las características de cada población con la que vayamos a trabajar, sea en el ámbito de la salud o del rendimiento, y de saber manejar las diferentes variables que intervienen en el entrenamiento (frecuencia, volumen, estructura organizativa, intensidad y densidad) para conseguir los objetivos buscados. En el ejercicio físico, más no siempre es mejor y no cualquier entrenamiento vale.


REFERENCIA

Duckham, R. L., Masud, T., Taylor, R., Kendrick, D., Carpenter, H., Iliffe, S., … & Brooke-Wavell, K. (IN PRESS). Randomised controlled trial of the effectiveness of community group and home-based falls prevention exercise programmes on bone health in older people: the ProAct65+ bone study. Age and ageing, afv055.

SOBREPESO E INACTIVIDAD: FACTORES DE RIESGO EN EL EMBARAZO Y EL PARTO

El sobrepeso y la obesidad antes del embarazo representan importantes factores de riesgo tanto para la madre como para el feto durante el embarazo, el parto y el período neonatal. Así, podrían ocurrir complicaciones tales como mortalidad perinatal que comprendería desde muerte fetal (a partir de la semana 22 de gestación) hasta muerte neonatal precoz (dentro de los primeros 7 días de vida del neonato).

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En este sentido, la actividad física vuelve a ser vital para la salud pública tanto a la hora de reducir el sobrepeso y la obesidad en las futuras mamás como para disminuir el riesgo de desarrollo de diabetes mellitus gestacional y preeclampsia (hipertensión arterial durante el embarazo que daña a los riñones provocando la pérdida de proteínas por la orina).

En un estudio prospectivo con 77.246 mujeres embarazadas del Norwegian Mother and Child Cohort Study, se analizó el efecto del índice de masa corporal (IMC) y el nivel de actividad física de las mujeres antes del embarazo sobre la mortalidad perinatal.

El nivel de actividad física se obtuvo a través de un cuestionario en el que se pedía a las participantes que respondieran con qué frecuencia realizaron actividad física recreativa durante los últimos 3 meses antes del embarazo y hasta la semana 17 del mismo. Dentro de estas cuestiones, se categorizó en función de la frecuencia de realización: físicamente activas (realizaron actividad física recreacional al menos una vez a la semana) y no activas (realizaron menos de una vez por semana).

Se obtuvo que las mujeres con obesidad tuvieron de dos a tres veces mayor riesgo de sufrir una pérdida perinatal en comparación con mujeres con normopeso, desempeñando la actividad física un papel clave en esta relación. Así, para aquellas con un IMC <30, el menor riesgo de mortalidad perinatal lo tuvieron las consideradas físicamente activas. Sin embargo, y en contra de lo esperado, entre las mujeres con obesidad (IMC ≥ 30), el riesgo asociado al sobrepeso fue mayor entre las que realizaron actividad física recreacional durante el embarazo. Este sorprendente resultado podría deberse a alteraciones metabólicas en las mujeres con obesidad que las harían más vulnerables y con menos posibilidad de adaptación al estrés durante el embarazo.

En este sentido, las recomendaciones actuales sobre actividad física en el embarazo no diferencian entre las diferentes categorías de IMC, sólo entre aquellas que han sido físicamente activas antes del embarazo y las que no. Dadas las muchas comorbilidades asociadas a la obesidad, podría ser necesario un trabajo más individualizado para las mujeres que la padecen antes del embarazo.

REFERENCIAS:

Sorbye, L. M., Klungsoyr, K., Samdal, O., Owe, K. M., & Morken, N. H. (2015). Pre‐pregnant body mass index and recreational physical activity: effects on perinatal mortality in a prospective pregnancy cohort. BJOG: An International Journal of Obstetrics & Gynaecology. (IN PRESS).

DIABETES II Y OBESIDAD: EJERCICIO LIGERO O DE ALTA INTENSIDAD

Situación muy común: personas con diabetes tipo II van al médico y éste les receta metformina y les recomienda que anden. Para atacar la etiología de la enfermedad debemos conocer cuáles son las causas que la provocan. Recetar metmorfina no resuelve el origen del problema, únicamente es un parche temporal.

En los últimos años se ha evidenciado que el ejercicio de alta intensidad incrementa la sensibilidad a la insulina además de reducir el peso y la grasa corporal. En un estudio clínico de Boudou y colaborares, 16 hombres de mediana edad y con diabetes tipo II se distribuyeron en un grupo de ejercicio de alta intensidad y en un grupo control. El programa de entrenamiento consistió en 8 semanas de ejercicio cardiovascular supervisado al 75% del VO2 max dos veces a la semana y una vez a la semana HIIT (high intensity interval training) en cicloergómetro (5 series de 2 minutos al 85% del VO2 max con descanso activo de 3 minutos al 50% del VO2 max). El grupo control realizó ejercicio de baja intensidad en bicicleta durante 20 minutos a 60 revoluciones por minuto.

El grupo de entrenamiento redujo la grasa abdominal un 44%, incrementó la sección transversal del cuádriceps un 24% y la sensibilidad a la insulina aumentó un 58% sin cambios significativos en el peso corporal (1.9 kg).

Tabla 1. Parámetros antropométricos y biológicos del grupo de entrenamiento y del grupo control antes y después del periodo de estudio [1]

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Con solo 8 semanas de entrenamiento de alta intensidad las variables que determinan la diabetes tipo II mejoraron significativamente, mientras que el grupo que realizó ejercicio de baja intensidad no tuvo cambios significativos.

De esta manera se confirma nuevamente que el ejercicio sí condiciona y modifica el origen de la diabetes, mientras que los fármacos únicamente enmascaran el problema sin solucionarlo. La prescripción de ejercicio en enfermedades metabólicas ayuda a reestablecer valores fisiológicos normales tras un estilo de vida sedentario.


REFERENCIAS

P. Boudou, E. Sobngwi, F. Mauvais-Jarvis, P. Vexiau, and J.-F. Gautier, “Absence of exercise-induced variations in adiponectin levels despite decreased abdominal adiposity and improved insulin sensitivity in type 2 diabetic men.,” Eur. J. Endocrinol., vol. 149, no. 5, pp. 421–4, Nov. 2003.

DOPING CON EPO EN EL DEPORTE: ¿SUPERAN LOS BENEFICIOS A LOS RIESGOS?

Es desgraciadamente común ver como los deportistas de élite, en su afán por conseguir la victoria, se sirven de estrategias ilegales. Además, y dejando a un lado la ilegalidad de sus actos, en muchos casos están poniendo en juego  su salud al administrarse sustancias dopantes sin conocer las posibles consecuencias.

La eritropoyetina (EPO) es una hormona sintetizada en el riñón cuya principal función es estimular la formación de eritrocitos en la médula ósea. La EPO se sintetiza de forma natural ante estímulos hipóxicos, es por ello que el entrenamiento en altura es una estrategia instaurada en la planificación de la mayoría de deportistas.

El rendimiento deportivo en ejercicios donde la cualidad física predominante sea la resistencia está condicionado principalmente por tres factores: el VO2máx (Máxima capacidad del organismo para obtener, transportar y consumir oxígeno), el umbral anaeróbico  y la eficiencia energética . La EPO, al aumentar el número de glóbulos rojos y con ello el transporte de oxígeno, estaría mejorando el VO2máx y por lo tanto el rendimiento. 

En el estudio de Connes y cols (3) se administró rhEPO o Placebo a 16 sujetos entrenados durante 4 semanas. Tras este tratamiento, los sujetos a los que se les había administrado rhEPO tuvieron mejoras con respecto a los valores iniciales en los niveles de VO2máx (de 63,9±1,5 a 68,4±1,9 ml min−1 kg−1) y en los niveles de potencia máxima (de 402±12 a 431±15 W), mientras que los sujetos administrados con placebo no obtuvieron ninguna mejoría (Figura 1).

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Figura 1: Relación entre el aumento de hematocrito o la concentración de hemoglobina y el aumento del VO2máx para sujetos administrados con rhEPO o placebo (4)

Sin embargo, la administración de rhEPO tiene también puntos negativos. Por un lado, el aumento de eritrocitos sin un aumento de plasma sanguíneo puede ser perjudicial tanto para el rendimiento deportivo como para la salud porque aumenta la densidad sanguínea, disminuyendo con ello el el flujo sanguíneo y aumentando la posibilidad de sufrir deshidratación o trombosis (1). Además, no hay un acuerdo en la bibliografía en cuanto a la eficacia de este tratamiento para mejorar el rendimiento, o al menos la suficiente como para que la balanza riesgo-beneficio pueda decantarse hacia este último.

En nuestra opinión, la administración de rhEPO puede ser un método muy eficaz para tratar diversas patologías como anemias. Sin embargo, este tipo de estrategias para aumentar el rendimiento poniendo en riesgo la salud del deportista deben ser eliminadas del panorama deportivo.


REFERENCIAS

  1. Heuberger J a a C, Cohen Tervaert JM, Schepers FML, Vliegenthart ADB, Rotmans JI, Daniels JM a, et al. Erythropoietin doping in cycling: Lack of evidence for efficacy and a negative risk-benefit. Br J Clin Pharmacol. 2013;75(6):1406–21.
  2. Connes P, Perrey S, Varray A, Préfaut C, Caillaud C. Faster oxygen uptake kinetics at the onset of submaximal cycling exercise following 4 weeks recombinant human erythropoietin (r-HuEPO) treatment. Pflugers Arch Eur J Physiol. 2003;447(2):231–8.

EL EFECTO DE INTEGRAR EJERCICIO FÍSICO Y COGNITIVO EN EL ENTRENAMIENTO EN MAYORES

Mayores y variables tiempos de reacción (RT) se asocian a menudo con mayor riesgo de muerte. Además, se considera que es un importante predictor de la capacidad de los mayores para resolver las tareas de la vida diaria. La actividad física parece ser una buena opción para mejorar los valores del RT, incluso en personas con deterioro cognitivo previo.

Investigadores pertenecientes al Grupo de Investigación “Análisis del Movimiento Humano” de la Universidad de Granada, compararon los efectos de un programa de ejercicio físico moderado combinado con tareas cognitivas (dos sesiones semanales de 60 minutos durante 12 semanas) y de un programa sólo de ejercicio aeróbico (dos sesiones semanales de 60 minutos durante 12 semanas) sobre el RT en sujetos mayores (de entre 61 y 84 años).

La única diferencia entre ambos programas radicaba en que el grupo P+C incorporaba tareas cognitivas, las cuales iban aumentando progresivamente en complejidad en términos del número de estímulos presentados y habilidades motoras asociadas, creando un desafío constante para los participantes.

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Figura 1. Evolución de los tiempos de reacción simple y de elección (evaluados mediante el Vienna Test System) pre y post-test para el grupo de control (C), el grupo de ejercicio sólo aeróbico (2E), y el grupo de ejercicio físico más cognitivo (P + C). ** P <0,01, *** p <0,001.

La influencia positiva que tiene el ejercicio físico sobre la función cognitiva, ya demostrada en varios estudios previos, se puede observar en la evolución de los valores del RT en los grupos de ejercicio en comparación con el grupo control, donde en tan sólo 12 semanas se deterioraron ambos RT, simple (cuando hay un estímulo y una respuesta asociada) y de elección (cuando hay varios estímulos, cada uno de ellos con una respuesta asociada).

No obstante, el resultado más interesante se produce al observar cómo tanto el RT simple como de elección mejoraron significativamente respecto a sus valores iniciales en el grupo P+C, mientras que, en el grupo de sólo aeróbico, este efecto únicamente se produce sobre el RT simple.

Por tanto, concluir que deben integrarse tareas cognitivas en los programas de ejercicio físico con el fin de obtener mejoras adicionales sobre parámetros cognitivos, en este caso, el RT.


REFERENCIAS

León, J., Ureña, A., Bolaños, M. J., Bilbao, A., & Oña, A. (2015). A combination of physical and cognitive exercise improves reaction time in persons 61-84 years old. Journal of aging and physical activity23(1), 72-77.

EL EJERCICIO FRENTE A LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS. EL ROL DE LAS MIOQUINAS

La inflamación crónica promueve el desarrollo de resistencia a la insulina, aterosclerosis, neurodegeneración, crecimiento tumoral y, por tanto, el desarrollo de enfermedades crónicas.

Existe evidencia de que la grasa visceral constituye una fuente importante de inflamación sistémica, más que la subcutánea. Una explicación a esta diferencia entre grasa subcutánea o ectópica (visceral) podría ser que cuando se almacena en ‘el lugar equivocado’, se estimula una respuesta inflamatoria.

En este caso, la inactividad física juega un rol esencial como factor de riesgo para la acumulación de grasa visceral, activando una red de vías inflamatorias, que promueve el desarrollo de estados neurodegenerativos, resistencia a la insulina, aterosclerosis y crecimiento tumoral.

Las mioquinas son unas citoquinas liberadas por el músculo esquelético durante la contracción muscular otorgándole a éste capacidad endocrina. A su vez, esto le confiere al músculo un papel clave en la orquestación del metabolismo de otros órganos.

Por tanto, en respuesta a la contracción del músculo durante el ejercicio, las fibras musculares liberan mioquinas como las interleucinas (IL) -6, -8, -15, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), el factor inhibidor de la leucemia (LIF), la visfatina o el factor de crecimiento de fibroblastos 21 (FGF21).

Estas mioquinas funcionan de manera similar a las hormonas, ejerciendo efectos endocrinos específicos sobre la grasa visceral y otros depósitos de grasa ectópica y mediando los efectos antiinflamatorios. Otras mioquinas trabajarán a nivel local en el músculo a través de mecanismos paracrinos, ejerciendo sus efectos sobre las vías de señalización implicadas en la oxidación de grasas.

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Figura 1. Rol potencial de las mioquinas liberadas durante el ejercicio, el órgano sobre el que actúan y su tipo de acción (2).

En el caso de la IL-6, se ha sugerido que podría mediar estos efectos antiinflamatorios, aumentando sus niveles circulantes de manera exponencial (hasta 100 veces) en respuesta al ejercicio y disminuyendo una vez finalizado éste.

Además, varios estudios han mostrado que el ejercicio regular a largo plazo reduce los marcadores pro-inflamatorios, lo que indica que podría disminuir per se la inflamación sistémica de bajo grado.

Este efecto antiinflamatorio convierte al ejercicio en factor protector contra una serie de enfermedades crónicas asociadas con estados de inflamación crónica. En este caso, podría deberse a un efecto sobre la reducción de la masa grasa visceral.

En resumen, la realización de ejercicio de manera regular ofrece protección frente a enfermedades crónicas como la demencia, la diabetes tipo II, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.


REFERENCIAS

  1. Pedersen, B. K. (2011). Exercise-induced myokines and their role in chronic diseases. Brain, behavior, and immunity25(5), 811-816.
  2. León, H.H.; Melo, C.E.; Ramírez, J.F. (2012). Role of the myokines production through the exercise. Journal of Sport and Health Research, 4(2), 157-166.