ESTAR EN BUENA FORMA PROTEGE FRENTE A LOS EFECTOS ADVERSOS DE LA OBESIDAD INFANTIL

Recientemente han sido publicados los resultados del estudio PASOS de la Gasol Foundation, los cuales muestran un preocupante índice de sobrepeso y obesidad entre los niños y adolescentes españoles. En concreto, de acuerdo con este informe, más de un tercio de los escolares de 8 a 16 años padecen sobrepeso u obesidad. Estos datos han dado pie a que, por ejemplo, en un artículo de opinión publicado en El País, Pau Gasol se planteara la siguiente reflexión: “España es referente mundial de la gastronomía y el deporte, ¿por qué esto no se refleja en las cifras de obesidad infantil?”. Y es que, a pesar de ser un país en el que disponemos de una rica y equilibrada dieta, y ser una potencia mundial en deportes – lo que debería servir de acicate para promover la práctica deportiva entre los más jóvenes -, más del 20% de los niños españoles no mantienen hábitos de alimentación saludables, y 6 de cada 10 no cumplen las recomendaciones mínimas de actividad física semanal.

La influencia de la obesidad infantil sobre la salud es incuestionable, ya sea por los efectos deletéreos que va a producir en el propio niño o por los que podría arrastrar a lo largo de su vida si no se corrige de manera temprana. Sin embargo, un estudio liderado por el Dr. Francisco B. Ortega y otros investigadores del Karolinska Institutet (Suecia) concluyó que la capacidad cardiorrespiratoria (CRF por sus siglas en inglés) podría jugar un importante papel en la reducción del riesgo de enfermedades cardiometabólicas en niños con obesidad (1). El riesgo cardiometabólico de 1247 niños de entre 8 y 11 años, categorizados de acuerdo con su índice de masa corporal, se determinó por medio del análisis de los niveles de triglicéridos, colesterol-HDL, resistencia a la insulina y presión arterial, mientras que la forma física se valoró mediante una prueba de campo indirecta como es el 20-m shuttle run test.

El principal resultado que podemos extraer del estudio es que una buena CRF disminuye de manera importante el riesgo cardiometabólico, y que, a su vez, los niños con obesidad, pero en buena forma física tienen un riesgo cardiometabólico significativamente más bajo que los que tienen obesidad, pero no están en forma. Este hallazgo coincide con el concepto ‘Fat but fit’, descrito hace ya casi tres décadas por el Dr. Steven Blair, el cual propone que la forma física podría jugar un rol más importante, o al menos igual de importante, que la obesidad. Por lo tanto, desde una perspectiva de salud pública, resulta necesaria la impulsión de estrategias de promoción de la actividad física por parte de las instituciones con el fin de mejorar la forma física de los niños. En este sentido, el aumento de las horas de educación física se convierte en una opción de obligado cumplimiento.

REFERENCIAS:

  1. Nyström, C. D., Henriksson, P., Martínez-Vizcaíno, V., Medrano, M., Cadenas-Sanchez, C., Arias-Palencia, N. M., … & Ortega, F. B. (2017). Does cardiorespiratory fitness attenuate the adverse effects of severe/morbid obesity on cardiometabolic risk and insulin resistance in children? A pooled analysis. Diabetes Care, 40(11), 1580-1587.

EL CORAZÓN DEL ANIMAL MÁS GRANDE DEL MUNDO: 300 KILOS Y 4 LATIDOS POR MINUTO

La altitud o las grandes profundidades marinas crean modelos fisiológicos que permiten a los científicos ver cómo responden diferentes organismos en ambientes extremos. Lo interesante de estudiar como hay animales que pueden vivir a más de 100 metros de profundidad o a 5000 metros de altitud es que diferentes patologías comparten características de la fisiología extrema que se da en estos ambientes.

Si a la capacidad que tienen algunos animales para poder vivir en lugares inhabitables para el ser humano sumamos su extraordinaria fisionomía, nos encontramos ante casos como el de la ballena azul. Es difícil imaginarse cómo puede existir un corazón que pesa más de 300 kg y bombea sangre a un cuerpo de 70.000 kg a lo largo de más de 20 metrosde longitud. El corazón de estas ballenas puede bombear casi 80 litros de sangre en un único latido.

Recientemente, se ha publicado en la revista PNAS un estudio (Goldbogen et al., 2019) en el que han conseguido medir por primera vez la frecuencia cardiaca de una ballena azul en su hábitat natural, el mar. Durante sus largas inmersiones, la actividad del corazón de las ballenas se reduce (y con ello su frecuencia cardiaca), lo que hace que tanto sus tejidos como sus órganos –  entre ellos el propio corazón – disminuyan también su consumo de oxígeno para no poner en riesgo su supervivencia. Ralentizan su consumo de energía hasta su límite fisiológico.

Pero mientras están en las profundidades, hay un momento en el que necesitan aumentar su producción de energía: cuando comen. Las ballenas se alimentan de tal manera que cuando se dirigen hacia los bancos de peces abren la boca ingiriendo tanto a sus presas como una cantidad muy grande de agua. La energía que emplean para comer y expulsar después esa agua es hasta 50 veces mayor que cuando están en reposo, por lo que es de suponer que su frecuencia cardiaca tiene que aumentar para responder a esa demanda. Esto puede ser crítico, ya que el simple hecho de comer hace que necesiten mucha más energía en las profundidades, lo que provoca un agotamiento más rápido de las reservas de oxígeno en la sangre. Y, además, la ballena azul tiene unas reservas de oxígeno muy bajas comparadas con otras especies de ballenas como los cachalotes o las ballenas de Groenlandia, que pueden almacenar hasta 5 veces más cantidad de oxígeno debido a que tienen una mayor concentración de mioglobina, la proteína encargada de almacenar y transportar el oxígeno en el músculo. Ello hace que las ballenas azules puedan estar menos tiempo debajo del agua que por ejemplo los cachalotes.

Para dar respuesta a cuál es la frecuencia cardiaca de estos animales cuando bajan a las profundidades a comer, un equipo de investigación ha monitorizado el corazón de una ballena azul en la bahía de Monterrey, en California, utilizando una ventosa que se unía al cuerpo de la ballena y que tenía un electrocardiograma con el que se registró la actividad de su corazón durante 8 horas y media.

Los registros vieron que esta ballena hizo inmersiones en busca de alimento de hasta 16 minutos, llegando a una profundidad de 184 metros. El electrocardiograma mostró que en las profundidades tenía una frecuencia cardiaca de en torno a 4 pulsaciones (llegando a ser de 2 latidos por minuto), mientras que en el momento de comer subía a 8 pulsaciones, para volver a bajar a 4 en el momento de filtrado del agua. Es decir, a más de 180 metros de profundidad, su corazón late 1 vez cada 15’’. Ya en la superficie, la frecuencia cardiaca alcanza su máximo, donde la ballena respira y restaura sus niveles de oxígeno.

Figura 1. Ilustración que muestra como la frecuencia cardíaca de la ballena azul se ralentiza y acelera cuando se sumerge a grandes profundidades y se alimenta. Crédito: Alex Boersma

Uno de los mecanismos que compensa esta frecuencia cardíaca tan baja podría estar en su arco aórtico. La aorta (la arteria encargada de llevar la sangre oxigenada desde al corazón hasta todos nuestros tejidos) parece ser muy flexible en las ballenas azules, de manera que es capaz de almacenar una gran cantidad de sangre y así asegurar un flujo continuado entre latidos sin necesidad de elevar mucho más su frecuencia cardiaca, lo que elevaría el gasto de oxígeno.

Los investigadores piensan que el corazón de la ballena azul funciona cerca de su límite, lo que podría explicar por qué ningún animal es más grande, ya que las necesidades de energía de un cuerpo más grande superarían lo que el corazón podría sostener. La naturaleza esconde maravillas evolutivas. Un animal de 70.000 kg con un corazón de más de 300, puede bombear a 180 metros de profundidad únicamente 4 veces por minuto.

La llegada regular de sangre y oxígeno a la mayoría de nuestros tejidos es un principio de homeostasis. En cambio, la alteración del flujo de sangre es el origen de muchas patologías. Por ello, saber cómo animales en condiciones de presión extrema consiguen sostener la producción de energía aún teniendo concentraciones bajas de mioglobina, podría ayudarnos a entender los procesos por lo que los tejidos se adaptan a procesos de tensión de oxígeno heterogénea.


REFERENCIA

Goldbogen, J. A., Cade, D. E., Calambokidis, J., Czapanskiy, M. F., Fahlbusch, J., Friedlaender, A. S., … Ponganis, P. J. (2019). Extreme bradycardia and tachycardia in the world’s largest animal. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(50), 25329 LP – 25332. https://doi.org/10.1073/pnas.1914273116

SEGUNDA REMISIÓN DE VIH ¿ESTAMOS MÁS CERCA DE LA CURACIÓN DEL SIDA?

La epidemia del VIH (causante del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, conocido como sida) continúa y casi 37 millones de personas viven con la enfermedad en todo el mundo. A pesar de que más de 21 millones de personas con VIH-1 tienen acceso a terapia antirretroviral (TAR), existe evidencia de que la sostenibilidad de los programas de TAR es incierta, sobre todo en países subdesarrollados1. Por ello, la curación no farmacológica del VIH-1 se ha convertido en una prioridad mundial.

Hasta el momento, el único caso documentado de remisión del VIH es el denominado paciente Berlín. Esta paciente recibió dos trasplantes de células madre de un donante que portaba una mutación del CCR5 (CCR5∆32 / ∆32) para tratar una leucemia mieloide aguda, y estuvo sin TAR durante más de 13 años. La importancia de esta mutación radica en que el CCR5 es un receptor clave para la mayoría de las cepas de VIH y, por lo tanto, las células T o los macrófagos que no expresan este receptor son resistentes a la infección del virus.

En el año 2019, Gupta y colaboradores publicaron un estudio en Nature2 donde mostraron una remisión del VIH-1 con un enfoque menos agresivo y tóxico. En este caso, a un enfermo con linfoma de Hodking e infectado con VIH-1 se le hizo un trasplante de células madre hematopoyéticas de un donante con la mutación CCR5Δ32 / Δ32. El enfermo, denominado en este caso paciente Londres, pudo interrumpir el TAR 16 meses después del trasplante y la remisión se mantuvo durante otros 18 meses.

En un nuevo estudio publicado en Lancet HIV3, Gupta y colaboradores han informado del estado del paciente pasados 30 meses. Este período es, de hecho, un tiempo clínicamente remarcable, teniendo en cuenta que el tiempo medio de rebote viral después de la interrupción del TAR es de 2 a 3 semanas 4. Los investigadores evaluaron semen, líquido cefalorraquídeo y muestras de intestino, ganglios linfáticos y tejido rectal. Los datos mostraron cómo el paciente estuvo en remisión del VIH-1 durante 30 meses sin virus detectable (con replicación competente) en sangre, líquido cefalorraquídeo, intestino o tejido linfoide. Un dato muy importante es que el quimerismo se mantuvo al 99% de las células T periféricas. Es decir, el 99% de las células T eran del donante.

En base a estos resultados, los investigadores desarrollaron un modelo matemático con el objetivo de predecir la posibilidad de un rebote viral después de suspender el TAR en este paciente. El modelo sugiere que la probabilidad de remisión a lo largo de su vida es del 98% en un contexto de quimerismo al 80% y de más del 99% si el quimerismo es del 90%.

En palabras de los investigadores, y dado que el “quimerismo del donante se ha mantenido al 99% en las células T periféricas, proponemos que estos hallazgos representan la cura del VIH-1 del paciente”.


REFERENCIAS

  1. Avert. Funding for HIV and AIDS. https://www.avert.org/professionals/hiv-around-world/global-response/funding (2017).
  2. Gupta, R. K. et al. HIV-1 remission following CCR5Δ32/Δ32 haematopoietic stem-cell transplantation. Nature 568, 244–248 (2019).
  3. Gupta, R. K. et al. Evidence for HIV-1 cure after Evidence for HIV-1 cure after CCR5Δ32/Δ32 allogeneic haemopoietic stem-cell transplantation 30 months post analytical treatment interruption: a case report. Lancet HIV (2020) doi:10.1016/S2352-3018(20)30069-2.
  4. Zerbato, J. M. & Lewin, S. R. A cure for HIV: how would we know? Lancet HIV (2020) doi:10.1016/S2352-3018(20)30075-8.

LOS BENEFICIOS DEL EJERCICIO TAMBIÉN SON TRANSMITIDOS DE PADRES A HIJOS

El ejercicio físico es fundamental en cualquier etapa de la vida por sus múltiples beneficios sobre la salud, incluyendo la función y salud cerebral. Unos beneficios que parece ser que se transmiten incluso de madres a hijos. Por ejemplo, recientemente mostramos cómo el cerebro de los bebés de madres que realizan ejercicio durante el embarazo se desarrolla más rápidamente. ¿Pero se transmiten también los beneficios del ejercicio realizado por el padre a su futuro hijo?

Un nuevo trabajo liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado en la revista PNAS ha analizado, en ratones, si los beneficios cognitivos del ejercicio físico son heredados por las crías, aunque estas sean sedentarias (1). Se analizaron diferentes variables relacionadas con la función cognitiva comparando las crías de padres antes de una intervención de ejercicio con las crías de esos mismos padres después de la intervención, así como las crías de padres sedentarios con las de padres entrenados para estudiar los efectos intergeneracionales del ejercicio entre la descendencia.

Los análisis revelaron que la mejora de la función cognitiva en los padres es heredada por su descendencia, aumentando la neurogénesis en el hipocampo y la actividad de la citrato-sintasa (un marcador de la funcionalidad mitocondrial). Estos hallazgos demuestran la transmisión intergeneracional a través del esperma de los padres de los efectos sobre la cognición inducidos por el ejercicio, apuntando directamente a la realización de ejercicio físico por parte del padre como un factor determinante de la fisiología cerebral y la cognición de sus hijos.

Por lo tanto, sumado a los beneficios que se producen sobre los bebés de madres activas, en esta ocasión observamos también como el hecho de que los hombres realicemos ejercicio puede ser de gran relevancia para nuestros futuros hijos. Finalmente, aunque el estudio se llevó a cabo en un modelo animal y puede haber gente a la que, por este motivo, los resultados le creen reticencias, las similitudes genéticas entre un ratón y un humano son asombrosas y, como bien aclara el Dr. Ricardo Martínez, neurocientífico del CSIC, la estructura orgánica básica en ratones y humanos es la misma, pero a pequeña escala.


REFERENCIA

  1. McGreevy, K. R., Tezanos, P., Ferreiro-Villar, I., Pallé, A., Moreno-Serrano, M., Esteve-Codina, A., … & Montalbán, R. (2019). Intergenerational transmission of the positive effects of physical exercise on brain and cognition. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(20), 10103-10112.

¿CÓMO PUEDEN AFECTAR A NUESTRA SALUD DOS SEMANAS CONFINADOS EN CASA?

La reducción de la actividad física es algo habitual durante distintos procesos como enfermedades o lesiones. Aunque los modelos de reposo en cama o de inmovilización de alguna extremidad nos han proporcionado información muy valiosa sobre los efectos nocivos de la inactividad física, la reducción del número de pasos diarios (es decir, reducir los niveles de actividad física diaria), imita de manera más apropiada lo que está ocurriendo en la actualidad, donde el confinamiento al que estamos sometidos ha propiciado que los que éramos activos en nuestra vida diaria, hayamos visto drásticamente reducido nuestro nivel de actividad con los consiguientes riesgos para la salud. Así, este modelo nos permite obtener una mejor comprensión del deterioro metabólico y musculoesquelético al que nos exponemos durante la cuarentena.

¿Cómo pueden afectar a la salud estas dos semanas en las que veremos limitada nuestra actividad? Para dar respuesta a esta pregunta, podemos basarnos en un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Liverpool en el que encontramos condiciones similares a las actuales en cuanto a la reducción de los niveles de actividad física (1). Así, 45 adultos considerados físicamente activos (>10.000 pasos diarios), de los cuales 16 tenían familiares directos con diabetes mellitus tipo 2 (lo que triplica el riesgo de desarrollar la enfermedad) y 29 sin esta particularidad, redujeron durante 14 días su número de pasos diarios un 81%, viéndose afectada la actividad física moderada-vigorosa y aumentando una media de 223 minutos (casi 4 horas) su tiempo en sedentario al día. Una vez finalizado este periodo de inactividad, retomaron su actividad normal durante otros 14 días.

Después de los 14 días de reducción del número de pasos, ambos grupos mostraron una disminución en la sensibilidad a la insulina, en la capacidad cardiorrespiratoria y en la masa muscular de las extremidades inferiores, así como un aumento en la grasa corporal, en la grasa hepática y en los niveles de colesterol-LDL. Además, los individuos con riesgo de diabetes vieron aumentada un 1,5% su grasa abdominal y el nivel de triglicéridos en comparación con el resto de participantes. Tras reanudar su actividad habitual, los participantes del grupo en riesgo de diabetes tuvieron menor sensibilidad a la insulina muscular y realizaron un menor volumen de actividad vigorosa, mientras que el resto de cambios fueron revertidos sin diferencias inter-grupos.

Por lo tanto, el paso de niveles de actividad moderada-vigorosa a un comportamiento casi sedentario durante tan solo 14 días provocó importantes cambios, no solo asociados con un mayor riesgo de desarrollar futuras enfermedades metabólicas, sino también de enfermedades cardiovasculares y mortalidad. Además, es importante tener en cuenta que estos períodos agudos de inactividad son posiblemente más perjudiciales para las personas mayores que para los jóvenes. En definitiva, ante medidas como las que estamos obligados a tomar, es importante conocer también los efectos negativos que conllevan para la salud con el fin de poder aplicar desde hoy mismo las estrategias de prevención necesarias y que mañana no sea tarde.


REFERENCIA

  1. Bowden Davies, K. A., Sprung, V. S., Norman, J. A., Thompson, A., Mitchell, K. L., Halford, J. C., … & Cuthbertson, D. J. (2018). Short-term decreased physical activity with increased sedentary behaviour causes metabolic derangements and altered body composition: effects in individuals with and without a first-degree relative with type 2 diabetes. Diabetologia, 61(6), 1282-1294.

EJERCICIO FÍSICO PARA PREVENIR EL DECLIVE FUNCIONAL EN PERSONAS MAYORES HOSPITALIZADAS

Los periodos de hospitalización son un arma de doble filo en las personas mayores. Debido a los bajos niveles de actividad física que tienen estos pacientes durante su estancia, esta población sufre a menudo de un gran deterioro funcional e incluso cognitivo pese a curarse de la enfermedad que motivó el ingreso. De hecho, se estima que aproximadamente una de cada tres personas mayores sufre de discapacidad asociada a la hospitalización (HAD, por sus siglas en inglés), es decir, pérdida de la capacidad de realizar de forma independiente al menos una actividad de la vida diaria (como comer, ir al baño, vestirse o desplazarse) en el momento del alta con respecto a antes de ser hospitalizados.1

Las consecuencias del HAD son enormemente relevantes tanto para los pacientes como para sus familias o cuidadores, ya que los pacientes afectados por esta condición tienen un mayor riesgo de declive funcional, re-hospitalización y mortalidad en los meses posteriores. Por ello, son necesarias estrategias que ayuden a evitar la incidencia de HAD en esta población. Bajo este contexto, un estudio recientemente publicado por Pedro L. Valenzuela y otros miembros de CIBERFES (Centro de Investigación Biomédica en Red, Fragilidad y Envejecimiento Saludable) como los geriatras Javier Ortiz-Alonso y José Antonio Serra-Rexach o el investigador Alejandro Lucia ha evaluado el efecto de un programa de ejercicio físico en pacientes mayores hospitalizados.2

Un total de 268 pacientes (edad media 88 años) hospitalizados en el servicio de geriatría del Hospital Gregorio Marañón fueron asignados a un grupo que realizaba ejercicio durante su estancia hospitalaria (aproximadamente 20 minutos al día en los que realizaban ejercicios tan simples como levantarse y sentarse en una silla, o andar por el pasillo con o sin ayuda), o a un grupo control que recibía únicamente los tratamientos médicos convencionales. Tras el periodo de hospitalización (que tuvo una duración aproximada de una semana en ambos grupos), los resultados mostraron que aquellos pacientes que habían hecho ejercicio tenían un 70% menos riesgo de sufrir HAD.

Así, este estudio confirma la importancia de mantener unos niveles de actividad física lo más altos posibles durante los periodos de hospitalización en personas mayores, lo cual se puede conseguir incluso con ejercicios al alcance de todos como son levantarse de una silla o andar (con ayuda si es necesario). Debemos cambiar el paradigma actual en el cual se asocia la hospitalización con un periodo de inmovilización forzada. El personal sanitario debe promover la realización de ejercicio en los pacientes mayores siempre y cuando las condiciones médicas lo permitan, en vez de fomentar el clásico “reposo en cama” incluso en pacientes con total capacidad de movimiento.


REFERENCIAS

  1. Loyd C, Markland AD, Zhang Y, et al. Prevalence of Hospital-Associated Disability in Older Adults: A Meta-analysis. J Am Med Dir Assoc. 2019;In press. doi:10.1016/j.jamda.2019.09.015
  2. Ortiz-Alonso J, Bustamante-Ara N, Valenzuela PL, et al. Effect of a simple exercise programme on hospitalisation-associated disability in older patients: a randomised controlled trial. JAMDA. 2020;In press. doi:https://doi.org/10.1101/19008151

DORMIR MAL PUEDE DAÑAR A TU CORAZÓN

El descanso nocturno ejerce una gran influencia en nuestra salud, ya que durante el sueño se restablecen funciones fisiológicas esenciales para el rendimiento óptimo del organismo durante el día siguiente. Un déficit de sueño podría alterar la regulación hormonal o metabólica del cuerpo, incrementar la actividad del sistema simpático, aumentar los niveles de inflamación o desregular los ritmos circadianos naturales del cuerpo. Por ello, la falta de sueño (dormir menos de las 7–8 horas recomendadas) se ha identificado como un importante factor de riesgo de patologías como la obesidad, la diabetes o las enfermedades cardiovasculares (ECV).

Además de los tradicionales factores de riesgo, los comportamientos relacionados con el sueño y el componente genético contribuyen al desarrollo de ECV. Por ejemplo, un tiempo de sueño corto o excesivo, un cronotipo tardío, el insomnio, los ronquidos y la somnolencia diurna excesiva se asocian con un aumento del riesgo de ECV entre 10–40%. Ahora, por primera vez, en un estudio prospectivo se ha evaluado el impacto de la combinación de los patrones del sueño y la susceptibilidad genética con la incidencia de ECV (1). Se extrajeron muestras sanguíneas de más de 385,000 participantes a los que se siguió durante una media de 8.5 años y, en base a los SNP (polimorfismos de un solo nucleótido), se estableció una puntuación del riesgo genético para determinar si los participantes tenían un riesgo alto, medio o bajo de ECV.

Los resultados del estudio publicado en la revista de la Sociedad Europea de Cardiología mostraron que un patrón del sueño saludable (simbolizando a una persona ‘matutina’, que duerma 7–8 h al día, sin insomnio, ronquidos o somnolencia diurna) se asoció con menor riesgo de ECV independientemente del riesgo de ECV reportado. Es decir, incluso en aquellas personas con una alta susceptibilidad genética a las ECV, patrones del sueño saludables parecen compensarla en cierta medida. Además, vieron que los participantes con buenos hábitos de sueño tenían un 35% menos de riesgo de ECV en comparación con aquellos con patrones de sueño insalubres. A continuación, los investigadores cruzaron los datos del riesgo genético y el patrón del sueño hallando que los participantes con alto riesgo genético y malos hábitos de sueño tenían un 2,5 más de riesgo de patología coronaria y un 1,5 más de accidente cerebrovascular. Mientras, en personas con una alta susceptibilidad genética y un buen patrón del sueño, aunque las posibilidades de patología coronaria e ictus se mantenían en mayor medida (2,1 y 1,3 veces mayor, respectivamente) que en los que tenían bajo riesgo y buenos hábitos, pero descendían con respecto al caso anterior. Finalmente, aunque el riesgo genético fuera bajo, si los hábitos de sueño no eran los adecuados, las posibilidades de patología coronaria e ictus eran importantes (1,7 y 1,6 más, respectivamente) (Figura 1).

Figura 1. Asociación entre los datos del riesgo genético y el patrón del sueño para patología coronaria y accidente cerebrovascular.

Los resultados de este estudio muestran la importancia de mantener patrones del sueño saludables, ya que el no hacerlo puede tener graves consecuencias para la salud. Y es que durante el sueño ocurren cambios en la presión arterial, la frecuencia cardiaca y respiratoria, la temperatura corporal, la secreción hormonal, entre otros, con el fin de reajustar nuestras funciones corporales. Sin embargo, los hábitos actuales de una gran parte de la población les lleva a no dormir más de 6-7 horas al día con el consiguiente riesgo cardiovascular.


REFERENCIA

Fan, M., Sun, D., Zhou, T., Heianza, Y., Lv, J., Li, L., & Qi, L. (2019). Sleep patterns, genetic susceptibility, and incident cardiovascular disease: a prospective study of 385 292 UK biobank participants. European Heart Journal, 41(11), 1182-1189.

PONER EN HORA NUESTRO RELOJ BIOLÓGICO

Nuestro organismo ha desarrollado una serie de relojes biológicos sincronizados en función de señales externas como la luz, la comida, la temperatura o la actividad física.

En este periodo de cuarentena, necesario para aplanar la curva de la pandemia, nuestros relojes tienen más difícil “ponerse en hora”. Por ello, es necesario utilizar algunas estrategias que faciliten que nuestros sistemas biológicos sigan sus ritmos naturales.

  • Exponte a la luz solar durante el día en la medida de lo posible.
  • En las últimas horas del día utiliza luces más cálidas.
  • Evita usar el móvil 1 ó 2 horas antes de dormir.
  • Muévete lo máximo que puedas.
  • Intenta comer antes de las 2-3 de la tarde y cenar al menos 2 horas antes de ir a dormir.
  • Unas horas antes de dormir puedes reducir un poco la temperatura de la casa y así ayudar a tu cuerpo a reducir su temperatura.

HIGIENE DE MANOS: UN LEGADO DE SEMMELWEIS

Lavarse las manos es una medida fácil y eficaz que reduce el riesgo de enfermedades infecciosas. La higiene de manos parece algo asumido a día de hoy, pero en 1842 el riesgo de muerte después de una cirugía era elevado debido al riesgo de infección.

En 1942, el departamento de obstetricia del Hospital General de Viena se dividía en dos clínicas. La primera la formaban médicos y estudiantes que se encargaban de atender los partos mientras que en la segunda trabajaban matronas.

Semmelweis, médico de origen húngaro, observó que los pacientes atendidos en la Primera Clínica presentaban una elevada mortalidad con respecto a los de la Segunda (16% vs 7%) y postuló que se debía a que médicos y estudiantes después de volver de la sala de autopsias, a pesar de lavarse las manos con jabón, seguían oliendo a “cadáver”. En mayo de 1847, Semmelweis insistió en que tanto médicos como estudiantes y matronas se lavaran las manos con una solución de cloro antes de cada intervención. A partir de entonces, la tasa de mortalidad en la primera clínica cayó al 3% y se mantuvo baja durante años (Pittet & Boyce, 2001).

Imagen 1. Lavamanos utilizado durante la estancia de Semmelweis en el hospital de Viena en 1847 (Pittet & Boyce, 2001)

A pesar de que la medida consiguió reducir la mortalidad, sus colegas la rechazaron porque ponía el foco en los médicos. Semmelweis tuvo que dejar la clínica y volvió a su país natal, donde asumió la cátedra de Obstetricia Teórica y Practica en la Universidad de Pest en Hungría.

Esta intervención de Semmelweis representó la primera evidencia de que lavarse las manos con un agente antiséptico puede reducir la transmisión de enfermedades contagiosas de manera más efectiva que únicamente con agua y jabón. Pasados casi 180 años, esta medida sigue estando vigente y cobra más importancia en estos días en los que el Coronavirus (COVID-19) pone en jaque a los sistemas sanitarios de buena parte del mundo.


REFERENCIAS

  • Pittet, D., & Boyce, J. M. (2001). Hand hygiene and patient care: pursuing the Semmelweis legacy. The Lancet Infectious Diseases, 1, 9–20. https://doi.org/10.1016/S1473-3099(09)70295-6

RESPUESTAS FISIOLÓGICAS Y BENEFICIOS DEL EJERCICIO DURANTE EL EMBARAZO

Investigaciones recientes sugieren que el ejercicio en todas las etapas del embarazo, además de no representar ningún riesgo ni para la madre ni para el feto, es beneficioso para la salud de ambos.

El ejercicio durante el embarazo mejora la composición corporal de la madre, reduce el riesgo de sufrir enfermedades como diabetes o hipertensión gestacional, mejora la saturación de oxígeno, disminuye la acidez en la arteria umbilical, se relaciona con un tiempo de parto menor y con menos probabilidad de que éste sea por cesárea entre otros beneficios. Además, mejora la salud del feto reduciendo el riesgo de macrosomía y mejora el desarrollo del cerebro en la primera etapa de su vida.

Por otra parte, los profesionales de la salud deben conocer cuáles son las respuestas agudas que produce el ejercicio durante el embarazo para poder adaptar los programas de entrenamiento al contexto individual de cada mujer.

Por lo tanto, en base a la evidencia científica existente es importante subrayar la necesidad de que las mujeres se mantengan activas durante todo el periodo de embarazo siempre que las condiciones médicas lo permitan.