EL EJERCICIO FÍSICO, FUNDAMENTAL EN PERSONAS EN DIÁLISIS

La prevalencia de personas con enfermedad renal crónica se ha disparado en las últimas décadas unido al aumento de otras comorbilidades como la obesidad, la hipertensión o la diabetes. La hemodiálisis es, a falta de un trasplante, el tratamiento de referencia para las personas con insuficiencia renal en etapa terminal.

Las técnicas de hemodiálisis han mejorado mucho, y con ello la supervivencia de estos pacientes. Sin embargo, todavía siguen presentando un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte que la población general (Szczech and Lazar 2004). Uno de los factores que contribuye al riesgo de morbimortalidad de estos pacientes es su bajo estado de forma física, existiendo una alta relación entre el estado de forma y su supervivencia (Torino, 2014). Por ello, el ejercicio físico se muestra como una estrategia fundamental en esta población.

Los beneficios del ejercicio físico en pacientes en diálisis han sido ampliamente contrastados, incluso cuando se realiza durante el mismo tratamiento (es decir, sentados). Por ejemplo, un meta-análisis reciente (Chung et al. 2017) que incluyó 17 ensayos clínicos aleatorizados y controlados (el gold standard de la investigación) y un total de 651 pacientes mostró que los programas de ejercicio intra-diálisis mejoran el consumo de oxígeno, variables analíticas, y otras variables psicológicas (depresión y algunos componentes de la calidad de vida). Además, estos programas de entrenamiento mostraron ser seguros.

Confirmando el potencial del ejercicio intra-diálisis, un reciente estudio (Valenzuela et al. 2018) realizado por miembros de Fissac en colaboración con la Fundación Renal Íñigo Álvarez de Toledo (FRIAT) muestra que 14 semanas de ejercicio (3 días a la semana, 1 hora por día) mejoran la función física de los pacientes. Sin embargo, uno de los hallazgos más curiosos de este estudio fue que mientras que los pacientes que empezaban el programa de entrenamiento en peores condiciones mejoraban considerablemente, aquellos con una mejor forma física basal (pero aun así, por debajo de lo recomendable) no obtenían beneficios. Estos resultados hacen pensar que el estímulo de ejercicio provocado pudo no ser suficiente para inducir mejoras en aquellos con mejor forma física, algo bastante común en poblaciones clínicas.

En resumen, el ejercicio físico es una piedra angular en el tratamiento de los pacientes en diálisis, ayudando a mejorar su forma física y calidad de vida (dos de los grandes predictores de morbimortalidad en esta población). No obstante, el estímulo aplicado debe ser el suficiente para provocar adaptaciones. A menudo pecamos de conservadores y, buscando la seguridad, aplicamos un mismo entrenamiento de intensidad moderada o baja a todos los pacientes. Sin embargo, siempre y cuando exista un control médico adecuado, debemos tratar de aumentar el nivel de entrenamiento para maximizar las mejoras.


REFERENCIAS

Chung Y-C, Yeh M-L, Liu Y-M (2017) Effects of intradialytic exercise on the physical function, depression and quality of life for haemodialysis patients: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. J Clin Nurs 26:1801–1813. doi: 10.1111/jocn.13514

Szczech LA, Lazar IL (2004) Projecting the United States ESRD population: issues regarding treatment of patients with ESRD. Kidney Int Suppl 66:S3–S7. doi: 10.1111/j.1523-1755.2004.09002.x

Valenzuela PL, de Alba A, Pedrero-Chamizo R, et al (2018) Intradialytic exercise: One size doesn’t fit all. Front Physiol. doi: 10.3389/fphys.2018.00844

EL EJERCICIO FÍSICO MEJORA LA SALUD MENTAL

Un estudio que incluye a 1,2 millones de personas se demuestra que el ejercicio físico mejora la salud mental. Aquellas personas que realizaban actividad física reducían en un 43% los días de malestar mental. Esta asociación también se encontró en aquellas personas que habían sido diagnosticadas de depresión. En todos los casos, realizar ejercicio físico fue mejor que no realizarlo, encontrándose las mayores mejoras en las actividades con una duración de 45 minutos realizadas de 3 a 5 días a la semana.

¿TENEMOS QUE REDUCIR NUESTRO CONSUMO DE GRASAS?

La dieta es, junto con otros factores como el ejercicio o el tabaquismo, uno de los componentes del estilo de vida que juega un mayor papel en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y en definitiva en el riesgo de mortalidad. Actualmente las principales guías de salud recomiendan reducir la ingesta de grasas a menos de un 30% de la ingesta calórica total así como reducir las grasas saturadas a un 10%, dando prioridad a la ingesta de carbohidratos. Sin embargo, cada vez más evidencia pone en entredicho la necesidad de limitar el consumo de grasas, estando ahora los carbohidratos en el punto de mira.

Un estudio (denominado PURE study) muy reciente publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet (Dehghan et al., 2017) realizó un seguimiento durante algo más de 7 años de la ingesta nutricional de 135335 sujetos de diferentes países y status socioeconómico, así como de la prevalencia de mortalidad y eventos cardiovasculares en esta población. Tras el periodo de seguimiento se observó que aquellas personas que consumían más carbohidratos tenían un mayor riesgo de mortalidad en comparación con las que menos carbohidratos consumían. Por el contrario, aquellos que consumían más grasa, independientemente del tipo, presentaban un menor riesgo de mortalidad. Interesantemente, incluso aquellos que consumían una mayor cantidad de grasas saturadas, tradicionalmente desterradas en las guías de salud, presentaban un menor riesgo de mortalidad y de sufrir enfermedades cardiovasculares como ictus.

Los carbohidratos se han instaurado, posiblemente con gran ayuda por parte de las grandes industrias, como pilar fundamental de nuestra dieta. En contra de las recomendaciones mundiales de salud que incitan a aumentar el consumo de carbohidratos denostando las grasas, este estudio no encontró asociación entre el consumo de grasas y un mayor riesgo cardiovascular o de muerte. De hecho, un mayor consumo de grasas junto con un menor consumo de carbohidratos se asoció a menor riesgo de mortalidad. Es importante remarcar que estos resultados no deben alentar al consumo indiscriminado de productos con un alto contenido en grasas sin prestar atención al resto de nutrientes, ya que a menudo los productos procesados contienen grasas pero también otros componentes nocivos para la salud. No obstante, sí deben servir para evitar la tendencia a centrar los esfuerzos en eliminar las grasas de nuestra dieta consumiendo productos procesados, ya que el consumo de grasa per se no parece ser perjudicial para la salud.


REFERENCIAS

Dehghan, M., Mente, A., Zhang, X., Swaminathan, S., Li, W., Mohan, V., … Mapanga, R. (2017). Associations of fats and carbohydrate intake with cardiovascular disease and mortality in 18 countries from five continents (PURE): a prospective cohort study. The Lancet, 390(10107), 2050–2062. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(17)32252-3

HOY, ¿PECHO Y BÍCEPS? VENTAJAS DEL ENTRENAMIENTO DE CUERPO COMPLETO (FULL-BODY)

Lunes: pecho y bíceps

Martes: dorsal y tríceps

Miércoles: piernas y deltoides

Jueves: vuelta a empezar.

Y así una semana y otra y otra,… Es lo que conocemos como entrenamiento por grupos musculares o split-body (SB). Y bajo la creencia de que es el método más efectivo para incrementar el volumen y la fuerza muscular, es habitual encontrarnos con esta “planificación” del entrenamiento en las rutinas que podemos observar en cualquier gimnasio.

Para terminar de verificarlo o directamente desmentirlo, un estudio realizado en 24 jugadores de rugby comparó el efecto del SB frente al del entrenamiento de cuerpo completo o full-body  (FB) sobre la composición corporal, la fuerza y el perfil hormonal (1). Ambos protocolos implicaron un mismo volumen de entrenamiento:

– Protocolo FB: 21 ejercicios, 2-3 series × 8 repeticiones

– Protocolo SB: 13 ejercicios, 3-6 series × 8 repeticiones

Tras las 4 semanas que duró la intervención, ambos métodos de entrenamiento aumentaron de manera similar la fuerza evaluada a través de 1-RM de press banca y sentadilla. Con respecto a la composición corporal, aunque con ambos protocolos la mejoraron (se redujo la grasa total y el % de grasa corporal, e incrementó la masa muscular), pero aumentando en mayor medida tras las 4 semanas de entrenamiento FB. Por último, con el protocolo SB aumentaron las concentraciones de testosterona y cortisol, mientras que el FB promovió un mayor ratio testosterona/cortisol (ratio T/C). Conviene resaltar que este ratio T/C es considerado un indicador de la carga de entrenamiento (2) y que su aumento nos revelaría un predominio de los procesos anabólicos y, en definitiva, del rendimiento.

Tabla 1. Parámetros de fuerza, composición corporal y perfil hormonal antes de comenzar los diferentes tipos de entrenamiento y 4 semanas después.

Sin título

Por tanto, la ciencia nos da las herramientas necesarias para construir un programa de entrenamiento que promueva la mejora de la fuerza y la composición corporal de la forma más óptima posible. En este sentido, el entrenamiento FB puede constituir una mejor opción para dicho propósito, posiblemente a través de un entorno hormonal favorable (aumento del ratio T/C) por la mayor masa muscular reclutada.


REFERENCIAS

  1. Crewther, B. T., Heke, T. O. L., & Keogh, J. W. (2016). The effects of two equal-volume training protocols upon strength, body composition and salivary hormones in male rugby union players. Biology of Sport, 33(2), 111.
  2. Vervoorn, C., Quist, A. M., Vermulst, L. J. M., Erich, W. B. M., De Vries, W. R., & Thijssen, J. H. H. (1991). The behaviour of the plasma free testosterone/cortisol ratio during a season of elite rowing training. International journal of Sports Medicine, 12(03), 257-263.

DIETA ALTA vs BAJA EN CARBOHIDRATOS PARA EL RENDIMIENTO EN DEPORTES DE RESISTENCIA

El rendimiento en deportes de élite se nutre de nuevas investigaciones con el fin de mejorar las marcas de los deportistas. Recientes investigaciones han demostrado diferentes beneficios para el rendimiento de las dietas cetogénicas altas en grasas (LOW CARB-HIGH FAT), por lo que muchos atletas prueban estrategias nutricionales que incluyen protocolos con una baja disponibilidad en carbohidratos y ricas en grasa con el objetivo de mejorar su rendimiento.

Un estudio reciente liderado por la Dra. Burke [1] investigó la adaptación a una dieta baja en carbohidratos (LOW CARB) y alta en grasas (HIGH FAT) durante 3 semanas de entrenamiento intenso y sus efectos sobre el metabolismo y el rendimiento de atletas de élite de resistencia. Se realizaron 3 dietas isoenergéticas según el grupo de estudio:

  • High Carb (HCHO): alto aporte en carbohidratos (8,6 gr/kg/día hidratos de carbono, 2,1 proteína y 1,2 grasa) antes, durante y después del entrenamiento.
  • Low-High Carb (PCHO): idéntica ingesta de macronutrientes que la anterior pero alternando entre días disponibilidad alta y baja de CHO.
  • Low Carb – High Fat (LCHF): alta disponibilidad de grasa (< 50 g/día CHO; 2,1 g/kg/día de proteína; 78% de la ingesta energética en forma de grasa).

Tras la intervención, el VO2max incrementó en todos los grupos. El grupo LCHF aumentó la tasa de oxidación de grasas. Sin embargo, este grupo disminuyó la economía de carrera, ya que el VO2 aumentó a la velocidad empleada por los corredores para un 20K, mientras que los grupos de HCHO y PCHO redujeron el %VO2 empleado a esa velocidad de carrera.

Captura de pantalla 2017-07-17 a las 17.59.54

Figura 1. Consumo máximo de oxígeno en corredores de élite pre y post intervención de 3 semanas intensas de entrenamiento en los 3 grupos de estudio. Alto aporte de hidratos de carbono (HCHO), disponibilidad periodizada de carbohidratos (PCHO) y dieta baja en carbohidratos y alta en grasa (LCHF).

Además, los grupos HCHO y PCHO mejoraron el tiempo de 10K, reduciendo un 6,6% y un 5,3% su marca respectivamente, mientras que en el grupo High Fat se vio incluso un leve aumento de sus tiempos (-1,6%).

Captura de pantalla 2017-07-17 a las 17.58.50

Figura 2. Tiempo de carrera en 10K en corredores de élite pre y post intervención de 3 semanas intensas de entrenamiento en los 3 grupos de estudio.

Se concluye por lo tanto que el entrenamiento con una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos, a pesar de mejorar el VO2max, no mejora el rendimiento en atletas de resistencia de élite, en parte debido a una reducción en la economía de carrera. Por ello, los deportistas de resistencia de élite deben optar por protocolos nutricionales en los que la presencia de carbohidratos sea un pilar fundamental en los periodos de entrenamiento intenso.


REFERENCIA

[1]      L. M. Burke, M. L. Ross, L. A. Garvican-Lewis, M. Welvaert, I. A. Heikura, S. G. Forbes, J. G. Mirtschin, L. E. Cato, N. Strobel, A. P. Sharma, and J. A. Hawley, “Low carbohydrate, high fat diet impairs exercise economy and negates the performance benefit from intensified training in elite race walkers,” J. Physiol., vol. 595, no. 9, pp. 2785–2807, May 2017.

3 ERRORES COMUNES SOBRE EL ENTRENAMIENTO DE LA CADERA

La articulación de la cadera está formada por la cabeza del fémur y el acetábulo del coxal, ambos se enlazan creando una articulación con forma de esfera.

Esta estructura es, después del hombro, la articulación con más movilidad del cuerpo humano. Sobre ella podemos generar movimiento en los tres planos del espacio.

1

La misma está implicada en casi todos los movimientos de nuestro día a día, caminar, sentarse, levantarse, dar un giro, etc. De ahí que sea de especial atención su correcto funcionamiento.

A la hora de realizar el entrenamiento sobre esta articulación los entrenadores solemos cometer 3 errores básicos:

1. Ver las asimetrías como algo malo.

Siempre que entrenamos o leemos algún libro sobre la materia nos indican que debemos buscar las asimetrías, ya que si un lado del cuerpo tiene menor rango articular con respecto al otro esto desembocará en posibles problemas.

Zalwaida y colaboradores (2010) encontraron que el ángulo de anteversión o retroversión entre un fémur y otro del mismo individuo puede ser hasta mayor de 20º.

Esto implica que para poder encontrar la simetría en la rotación de la cadera, por ejemplo, deberíamos modificar la estructura natural de nuestras articulaciones, pudiendo con ello crear tensiones excesivas que deriven en posibles lesiones.

2. Estirar no siempre es la solución.

Cuando hablamos de rango de movimiento no todo está relacionado con la capacidad de las estructuras pasivas para aumentar su longitud (cápsulas, ligamentos, tendones), en muchas ocasiones nos encontraremos con el contacto de un hueso con su adyacente limitando estructuralmente el rango en la articulación.

D´Lima y colaboradores (2000) encontraron que un aumento de tan sólo 2 mm en el diámetro del cuello del femoral podría limitar el rango de flexión de cadera hasta 8,5 grados.

Una buena prueba para valorar este problema sería realizar el movimiento a evaluar en una posición en la que los tejidos pasivos no se encuentren en su máximo rango de estiramiento, para poder así comprobar si el limitante es el contacto hueso-hueso o los propios tejidos pasivos.

4

5

3. Centrarnos demasiado los ejercicios de extensión de cadera y olvidar los de flexión.

Revisa cualquier rutina de entrenamiento para el tren inferior y encontrarás varios ejercicios predominantes de extensión de cadera como pueden ser sentadillas, peso muerto, buenos días, hip thrusts, etc. Pero en muy pocas encontrarás ejercicios específicos para la mejora de los flexores de la cadera.

Esto provoca que se cree una descompensación entre la musculatura extensora y flexora, ayudando aún más si cabe a que los flexores tengan una producción de fuerza deficiente que pueda limitar el rango de movimiento.

Un ratio de 1 serie de ejercicios para la flexión por cada 5 para la extensión sería suficiente para prevenir este problema.

6 6_1 7 7_1

Como conclusión final debemos entender que cada individuo al que entrenamos es diferente al anterior, el tipo de vida, estructura genética y posibles patologías pueden alterar el correcto funcionamiento de las articulaciones, debemos ser específicos con cada caso para lograr los mejores resultados


REFERENCIAS

1.- Ankur Zalawadia, Srushti Ruparelia. Study of Femoral Neck Anteversionof Adult Dry Femora In Gujarat Region. NJIRM. 2010; 1(3): 7-11.

2.- Darryl D. D´Lima, M.D; Andrew G. Urquhart, M.D; Knute O. Buehler, M.D; Richard H. Walker, M.D; Clifford W. Colwell, JR, M.D. Journal of Bone & Joint Surgery. 2000; 82(3): 315-21

CAMPEÓN OLÍMPICO, ¿SE NACE O SE HACE?

Los Juegos Olímpicos de Río’2016 han concluido recientemente. La procedencia de muchos de los campeones era, en gran parte, predecible, siendo los mejores sprinters de ascendencia africana occidental, mientras que los mejores corredores de resistencia procedían de África Oriental. ¿Puede este hecho reflejar que algunas etnias o razas estén predeterminadas genéticamente, o al menos tengan un sesgo muy elevado, para sobresalir en ciertas especialidades deportivas?

Durante la evolución, la herencia genética adquirida ha predispuesto a los humanos a ser más veloces o más resistentes. Este fenómeno viene determinado por el polimorfismo R577X en el “gen de la velocidad”, el cual codifica la α-actinina-3, una proteína requerida para que los músculos se contraigan de forma explosiva. Aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo (alrededor del 11% de la población total) tienen un déficit de la proteína α-actinina-3 debido a una variación (o defecto) genética en las dos copias del gen. Este genotipo “nulo” (XX), mucho más infrecuente entre jamaicanos y afroamericanos, disminuye considerablemente la probabilidad de correr la prueba reina del atletismo olímpico, los 100 metros, en menos de 10 segundos.

El polimorfismo R577X, que apareció hace más de 40.000 o 60.000 años en Eurasia, ha hecho a los humanos anatómicamente más lentos, pero más resistentes, en beneficio de su supervivencia, convirtiéndolos en mejores cazadores. Por el contrario, la supervivencia de depredadores como los felinos depende más de su capacidad para llevar a cabo acciones musculares explosivas.

Un reciente análisis del genoma que se llevó a cabo en 8 cohortes de atletas de resistencia de clase mundial de diferentes etnias y continentes no pudo identificar, a pesar de ello, un grupo de variantes genómicas que fueran comunes al éxito deportivo (1). No obstante, existen evidencias en ratas de que la selección artificial de una determinada característica, como sería la resistencia, podría producir cambios comparativamente elevados y rápidos sobre la anatomía, la fisiología y la propia capacidad de resistencia (2).

Según Williams y Folland son requeridos 23 genotipos para permitir la expresión fenotípica que un atleta de talla mundial ha de tener, siendo de un 0,0005% la probabilidad de encontrar un campeón que posea todos los genotipos (3). Este porcentaje, incluido dentro de una ecuación que contemplaría a la población mundial y a los porcentajes de individuos que tendrían acceso al deporte de alto rendimiento y que correrían pruebas de media/larga distancia, entre otros, nos proporcionaría que son aproximadamente 16 los individuos con el genotipo requerido para la competición de alto nivel en carreras de media/larga distancia, número similar -12- al que compiten en las finales olímpicas de 1.500m, 3.000m obstáculos, 5.000m y 10.000m.

Los investigadores Sanchis-Gomar y cols (2016) argumentan que los mejores atletas son probablemente individuos genéticamente dotados que, además, tienen numerosos factores que contribuyen a la formación de un “complejo de caracteres” que determinan a un campeón olímpico, y que no necesariamente dependen de variaciones genéticas definidas (4). Así, en la actualidad, el éxito olímpico radicaría en características somatotípicas favorables, que conducen a una economía y eficiencia biomecánicas y metabólicas, un entorno ambiental apropiado (por ejemplo, exposición crónica a la altitud), en combinación con un volumen moderado de entrenamiento de alta intensidad y un fuerte componente psicológico motivacional por alcanzar el éxito (5).


REFERENCIAS

  1. Rankinen, T., Fuku, N., Wolfarth, B., Wang, G., Sarzynski, M. A., Alexeev, D. G., … & Filipenko, M. L. (2016). No evidence of a common DNA variant profile specific to world class endurance athletes. PloS One, 11(1), e0147330.
  2. Koch, L. G., & Britton, S. L. (2001). Artificial selection for intrinsic aerobic endurance running capacity in rats. Physiological Genomics, 5(1), 45-52.
  3. Williams, A. G., & Folland, J. P. (2008). Similarity of polygenic profiles limits the potential for elite human physical performance. The journal of Physiology, 586(1), 113-121.
  4. Sanchis-Gomar, F., Pareja-Galeano, H., Rodriguez-Marroyo, J. A., de Koning, J. J., Lucia, A., & Foster, C. (2016). Olympic Genes on the Podium?. International Journal of Sports Physiology and Performance, 1-8.
  5. Wilber, R. L., & Pitsiladis, Y. P. (2012). Kenyan and Ethiopian distance runners: what makes them so good. Int J Sports Physiol Perform, 7(2), 92-102.

¿ENTRENAMIENTO DE FUERZA O DE RESISTENCIA EN PACIENTES DIABÉTICOS?

La diabetes tipo II es una enfermedad metabólica que provoca un aumento de la resistencia a la insulina dificultándose así la regulación de los niveles de glucosa sanguínea, lo que lleva a estos sujetos a presentar altos niveles de glucosa en sangre.

El desarrollo de este tipo de diabetes está principalmente asociado a una alimentación inadecuada -excesivo consumo de azúcares simples y grasas de mala calidad- aunque el sedentarismo juega también un papel fundamental en el desarrollo de la misma. Sin embargo, frecuentemente las personas que sufren esta patología metabólica centran su atención en realizar cambios en la alimentación (reducción de azúcares en la dieta) o en el tratamiento farmacológico dejando de lado una herramienta esencial como es el ejercicio físico.

Para evaluar los efectos del ejercicio físico en personas diabéticas, así como para determinar qué tipo de ejercicio produce mayores beneficios, un grupo de investigadores1 evaluó el efecto de 4 meses de entrenamiento de fuerza orientado a la hipertrofia (3 a 6 series por grupo muscular, de 10 a 15 repeticiones al fallo, todos los grupos musculares) o de resistencia (hasta 30 minutos de ejercicio submáximo 3 veces a la semana) en variables metabólicas en 39 adultos con diabetes tipo II (56,2 ± 1,1 años), incluyendo análisis de los niveles de glucosa sanguínea, hemoglobina glicosilada e insulina así como del perfil lipídico.

Tras el periodo de entrenamiento el grupo que entrenó la fuerza consiguió disminuir los niveles de hemoglobina glicosilada y de glucosa sanguínea, disminuyendo también la resistencia a la insulina y mejorando el perfil lipídico (colesterol, y triglicéridos). Sin embargo, el grupo de resistencia no obtuvo especiales beneficios más allá de la mejora en la condición física y la disminución del porcentaje de grasa corporal, algo que también ocurrió en el grupo de fuerza. Por último, es importante remarcar que la inclusión de ejercicio físico redujo el nivel de dependencia de tratamiento farmacológico, especialmente en el grupo de fuerza.

fissac _ entrenamiento fuerza diabetes resistencia aeróbico

Fig.1. Cambios porcentuales en parámetros metabólicos tras los 4 meses de entrenamiento en el grupo de fuerza (negro) y en el grupo de resistencia (blanco). BG=Blood glucose; HbA1c=Hemoglobina glucosilada; TC=Colesterol Total; HDL-C=Colesterol de alta densidad; LDL-C= Colesterol de baja densidad; TG=Triglicéridos.

Los beneficios del entrenamiento de fuerza frente al entrenamiento de resistencia para personas diabéticas pueden ser explicados por la importancia que tiene la masa muscular en esta población. En el músculo esquelético se encuentran unos receptores denominados GLUT4 cuya función es transportar la glucosa desde el espacio sanguíneo hacia el interior celular. El ejercicio físico, independientemente de la modalidad, supone una entrada de glucosa al interior celular. Sin embargo, el aumento de masa muscular que provoca el entrenamiento de fuerza conlleva además un aumento en el número de receptores GLUT4 y en el número de receptores de insulina, mejorando por tanto la sensibilidad a la insulina y facilitando una correcta regulación de los niveles de glucosa.

Es primordial llevar a cabo estrategias preventivas de este tipo de enfermedades metabólicas cuidando tanto nuestra alimentación como nuestros niveles de actividad física. Sin embargo, una vez instaurada esta patología debemos ser conscientes de los grandes beneficios que puede aportarnos el ejercicio físico -en este caso el de fuerza para aumentar la masa muscular- añadido a otras estrategias como las nutricionales y, en último caso, las farmacológicas.

Referencias

  1. Cauza E, Hanusch-Enserer U, Strasser B, et al. The relative benefits of endurance and strength training on the metabolic factors and muscle function of people with type 2 diabetes mellitus. Arch. Phys. Med. Rehabil. 2005;86(8):1527-1533. doi:10.1016/j.apmr.2005.01.007.