CONSUMO DE PROTEÍNAS Y DAÑO RENAL ¿MITO O REALIDAD?

Ya hemos hablado en este blog de la importancia del consumo de una cantidad óptima de proteínas, cantidad que parece ser mayor a la tradicionalmente recomendada. Un consumo adecuado de proteínas será esencial para la correcta recuperación y adaptación al entrenamiento en deportistas (Phillips 2014). Además, un aumento en el consumo de proteínas se asocia a mayores pérdidas de peso por el poder saciante de este nutriente y a una mejora en la respuesta insulínica en pacientes con diabetes tipo II (Gannon et al. 2003).

Teniendo en cuenta estos beneficios, no es de extrañar que muchas personas aumenten el aporte de proteínas en su dieta ya sea mediante alimentación o mediante suplementación. Sin embargo, existe un temor generalizado sobre los posibles efectos perjudiciales de este tipo de dietas, creyendo que elevar el consumo de proteínas podría favorecer la aparición de diversos problemas a nivel renal mediante el aumento de la presión glomerular y la hiperfiltración necesaria para metabolizar dicho nutriente.

Ante tal situación, en la revisión de Martin et al. (2005) se resumió la evidencia científica respecto a los efectos de una dieta alta en proteínas (>1.5 g/kg/día) sobre la estructura y función renal. En un estudio (Knight et al. 2003) realizado en 1624 mujeres con función renal normal o con insuficiencia renal moderada se observó que un consumo elevado de proteínas no disminuía la función renal en personas sanas, aunque el consumo total de proteínas sí se asoció a un empeoramiento de la patología en aquellas pacientes que ya presentaban insuficiencia renal con anterioridad. Otros estudios han mostrado como el consumo de proteínas eleva la presencia de creatinina y urea en orina, elevando el ratio de filtración glomerular y, por tanto, pudiendo suponer un estrés para el riñón. Una posible consecuencia de este aumento en el ratio de filtración glomerular podría ser el desarrollo de hipertrofia renal. Sin embargo, estas adaptaciones no tienen por qué suponer un mayor riesgo de insuficiencia renal sino que parecen ser simplemente un mecanismo de adaptación, algo que ocurre en muchas otras situaciones fisiológicas.

fissac _ diálisis proteínas

Fig. 1. En personas que ya presentan insuficiencia renal un consumo elevado de proteínas puede empeorar la patología al aumentar excesivamente la presión glomerular.

En resumen, las clásicas recomendaciones de consumo de proteínas parecen no ser suficientes para cumplir los requerimientos de ninguna población, y mucho menos en aquellas con mayores necesidades como los deportistas o las personas con mayor riesgo de atrofia muscular como las mayores. Elevar el consumo de proteínas (hasta 1.5-2 g/kg/día) podría tener numerosos beneficios, y atendiendo a la literatura científica, no parece suponer efectos negativos a nivel renal, algo que ha sido tradicionalmente defendido. No obstante, debemos ser conscientes de que estas recomendaciones deben ser individualizadas, ya que por ejemplo en aquellas personas que ya presentan algún tipo de insuficiencia renal sí podría empeorar la patología.


REFERENCIAS

Gannon, M.C. et al., 2003. An increase in dietary protein improves the blood glucose response in persons with type 2 diabetes. The American journal of clinical nutrition, 78, pp.734–741.

Knight, E. et al., 2003. The impact of protein intake on renal function decline in women with normal renal function or mild renal insufficiency. Annals of internal medicine, 138(6), pp.460–467.

Martin, W.F., Armstrong, L.E. & Rodriguez, N.R., 2005. Dietary protein intake and renal function. Nutrition & metabolism, 2, p.25.

Phillips, S.M., 2014. A Brief Review of Higher Dietary Protein Diets in Weight Loss: A Focus on Athletes. Sports Medicine, 44(Suppl 2), pp.149–153.

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