EL EJERCICIO, ¿AUMENTA O DISMINUYE LAS GANAS DE COMER EN LAS MUJERES?

Diversos estudios proponen que la realización de ejercicio sin una modificación de las conductas alimentarias no es una estrategia efectiva para perder peso, ya que tras el esfuerzo físico se ponen en marcha -particularmente en mujeres- una serie de mecanismos biológicos y psicológicos que incitan a comer.

Sin embargo, otros estudios realizados en hombres han encontrado reducciones en el apetito y en la ingesta de alimentos tras la realización de ejercicio físico de intensidad moderada a vigorosa, lo que nos podría estar indicando que el efecto del ejercicio sobre el apetito podría estar influenciado por la intensidad y el tipo de ejercicio.

Para contrastarlo, se llevó a cabo un estudio con 19 mujeres de entre 18-40 años, 9 que habitualmente corrían y 10 que andaban con asiduidad. El protocolo de intervención consistió en:

  • una sesión de ejercicio de 60 minutos al 70% VO2max, corriendo aquellas que lo hacían con normalidad o andando las que andaban habitualmente, seguida por 2h de descanso;
  • una sesión a modo de control de 60 min de reposo.

Previamente al ejercicio las participantes tomaron un desayuno estándar (≈380 kcal; 65% carbohidratos, 20% proteínas, 15% grasas)

Tras ambas sesiones, se evaluaron en intervalos de 30 min durante 2h las concentraciones plasmáticas de péptidos orexígenos (estimulantes del apetito) como la grelina y péptidos anorexígenos (supresores del apetito) como el péptido YY (PYY) y péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1). Además se valoró el apetito y la saciedad con escalas visuales analógicas. Tras las dos horas de descanso las participantes pudieron realizar una comida ad libitum durante 20 min hasta saciarse.

Una vez finalizado el ejercicio, las concentraciones de grelina -estimulante del apetito- aumentaron con ambos tipos de ejercicio. En cuanto  los péptidos supresores del apetito, en mujeres que corrieron, el PYY alcanzó su valor pico tras el ejercicio, volviendo a su estado basal tras las 2h de descanso mientras que en aquellas que anduvieron, su pico se alcanzó 30 min después del ejercicio, para volver a su estado basal a los 90 min post-ejercicio. De forma similar ocurrió con la GLP-1, la cual alcanzó su valor máximo inmediatamente después del ejercicio en ambos grupos, volviendo a las concentraciones pre-ejercicio a los 30 min de finalizado éste.

Con respecto a los niveles de apetito, en ambos grupos se incrementaron tras las sesiones de ejercicio y de reposo, y de forma progresiva durante las 2h siguientes, mientras que los de saciedad fueron descendiendo tras ambas sesiones y durante las siguientes 2h de descanso.

Por último, la ingesta energética de las mujeres que corrieron fue de 477,7 kcal menos que tras la sesión de control. En el caso de las mujeres que caminaron, este valor fue de 274,6 kcal menos tras la sesión de ejercicio en comparación con la de control.

En conclusión, y en base a los resultados aquí expuestos sobre los efectos del ejercicio en estos péptidos intestinales, habría de enfatizar la importancia del trabajo interdisciplinar con nutricionistas en el diseño conjunto de programas dietético-nutricionales y de ejercicio, acordes a las necesidades metabólicas de la persona,  como estrategia esencial tanto para la pérdida de peso como para el mantenimiento de éste.


REFERENCIA

Larson-Meyer, D. E., Palm, S., Bansal, A., Austin, K. J., Hart, A. M., & Alexander, B. M. (2012). Influence of running and walking on hormonal regulators of appetite in women. Journal of Obesity2012. doi:10.1155/2012/730409

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