EPIGENÉTICA Y NUTRICIÓN. LA INFLUENCIA DEL AMBIENTE EN LA OBESIDAD

Recientemente, España tiene el dudoso “honor” de ser el segundo país del mundo, después de EEUU, con mayor tasa de obesidad infantil. Pese a que disponemos de una de las dietas más recomendadas y alabadas nutricionalmente, la dieta mediterránea, los niños residentes en nuestro país tienen, de manera general, un índice de masa corporal (IMC) mucho mayor del recomendado. Si bien el rango normal de IMC que determina el normopeso es el que va de 18.5 hasta 25, más de la mitad de los niños españoles tienen un IMC de 25 o mayor.

Estado Nutricional IMC (kg/m2)
Bajo peso <18.5
Normopeso 18.5-24.99
Sobrepeso ≥25
Obesidad ≥30

Tabla 1. Asociación entre diferentes estados nutricionales y el IMC al cual están asociados. Fuente: Dirección web de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Estos datos manifiestan al sobrepeso como uno de los principales problemas de salud pública en nuestro país, siendo la obesidad infantil responsable directa de la aparición de numerosas enfermedades como las que afectan al sistema cardiovascular, resistencia a la insulina, trastornos osteomusculares, etc.

Los altos valores de IMC de los niños que viven en nuestro país se pueden achacar de manera directa a la escasa actividad física que realizan, así como a la alimentación rica en grasas procesadas y azúcares simples, en detrimento de la dieta mediterránea, alta en ácidos grasos insaturados, vitaminas, minerales y proteínas. De hecho, desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se aconseja que para prevenir la obesidad, los niños en edad escolar deben:

  • limitar la ingesta energética procedente de grasas y azúcares;
  • aumentar el consumo de frutas y verduras, así como de legumbres, cereales integrales y frutos secos;
  • realizar actividad física con regularidad.

Sin embargo, ahora sabemos que no solo el ejercicio y la alimentación determinan el IMC de un individuo. La genética de cada persona afecta la predisposición que se tiene a padecer sobrepeso. Por ello, hasta cierto punto es veraz la afirmación “un alimento no engorda lo mismo a unas personas que a otras”. Los genes contienen la información necesaria para “procesar” y “absorber” los nutrientes de los alimentos de una determinada manera, y no es la misma en todos los individuos. A este hecho se le suma la influencia que tiene el ambiente en la información que codifican nuestros genes (ciencia conocida como epigenética). Actualmente se sabe que el ambiente en el que se desenvuelve un individuo es capaz de modificar la función de sus genes. Esto se evidencia de manera clara en la conocida como hambruna de Holanda, a finales de la Segunda Guerra Mundial. Durante el periodo de guerra, y de manera más acentuada al final de la misma, el estado de malnutrición de la población holandesa era generalizado. Los efectos negativos de la malnutrición no solo se plasmaron en la generación que vivió durante la guerra. Así, las mujeres malnutridas que estaban embarazadas en este periodo tuvieron hijos que tenían una mayor probabilidad de padecer obesidad (además de cardiopatías, esquizofrenia, diabetes y cáncer) que el resto de niños cuyas madres no estaban malnutridas en el momento de la gestación. Es decir, el ambiente que rodeaba a la madre gestante determinó la predisposición a padecer obesidad del niño que esperaba.

En resumen, tener sobrepeso no es solo resultado de la combinación de una mala alimentación y una escasa actividad física, sino que está determinado también por la genética y epigenética (por el ambiente en el que se ha desarrollado ese individuo). Por ello, para atajar el problema del sobrepeso infantil se debe tener en cuenta este hecho. Es decir, no cabe duda de la importancia de establecer programas de prevención del sobrepeso y obesidad infantil encaminados a fomentar un estilo de vida saludable, entendido como realización de actividad física y consumición de una dieta variada y equilibrada como la que garantiza la dieta mediterránea, pero sería de gran utilidad complementar dichos programas de concienciación con formación adicional acerca del papel de la genética y la epigenética en el sobrepeso de los individuos.

Quizás sea algo prematuro pensar que los conocimientos actuales de nutrigenómica (ciencia que estudia la interacción entre los genes y los nutrientes) son suficientes como para encaminar los programas de prevención de la obesidad infantil al asesoramiento nutricional y deportivo personalizado para los niños, dada la etapa vital crítica en la que se encuentran. Sin embargo, esto es ya un hecho para los adultos, quienes disponen de numerosas herramientas para llevarlo a cabo. Por ello, los esfuerzos se deben encaminar a establecer programas de prevención del sobrepeso infantil fácilmente ejecutables y de buena acogida por parte de niños y padres, sin dejar de lado el aspecto clave que desempeñan la genética y epigenética de los niños en el cumplimiento y efectividad de dicho programa de prevención.


REFERENCIAS

Biesalski, Hans Konrad; Grimm, Peter. Nutrición. Texto y Atlas. Primera Edición. Madrid. Editorial medica panamericana. 2007

Dirección web de la Organización Mundial de la Salud (http://www.who.int/topics/es/).

David de Lorenzo, José Serrano, Manuel Portero-Otín, Reinald Pamplona. Nutrigenómica y Nutrigenética. Hacia la nutrición personalizada. Primera Edición.Barcelona. LIBROOKS BARCELONA S.L.L. 2011

1 comentario
  1. Avatar
    Eguzki Dice:

    Bueno, la dieta mediterranea alta en hidratos de carbono no es metabolicamente ideal para la mayoria de individuos. Una low carb o paleodieta para atletas recreativos y una cetogenia para personas sedentarias son de lejos mejores opciones, lo que pasa que hay mucho dinero detras de la publicidad de la dieta mediterranea gracias a los cerales, pan y harinas refinadas..

    Sin duda el ambiente influye, y comer proteina es muy caro, cuando es el matronutriente esencial para mantener bajos niveles de grasa corporal, maximo crecimiento muscular y evitar el desarrollo del sintrome metabolico.

    Responder

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