LA ACTIVIDAD FÍSICA ES UNA PRIORIDAD EN LA PRÁCTICA CLÍNICA: ¡EL MOMENTO DE ACTUAR ES AHORA!

Existen pruebas abrumadoras que indican que la actividad física realizada de forma regular es una de las herramientas más poderosas que los médicos y demás profesionales de la salud pueden recomendar a sus pacientes. Durante décadas, la investigación científica ha demostrado que la actividad física regular previene y protege contra las principales enfermedades crónicas, como son la hipertensión, la diabetes tipo II, la obesidad, enfermedades coronarias, el derrame cerebral, el deterioro cognitivo, determinados tipos de cáncer e incluso episodios de depresión [1], [2]. Además, ninguna otra intervención o tratamiento se asocia por sí sola con una gama tan amplia de beneficios.

En un comunicado que tenía como objetivo dar “un toque de atención” para un Plan Nacional de Actividad Física, la Asociación Americana del Corazón destacó que la principal causa de muerte en todo el mundo es la falta de actividad física [1]. Dada la abrumadora evidencia de los beneficios que la actividad física reporta a la salud y el papel que desempeñan los profesionales en la adopción de hábitos saludables, la falta de asesoramiento sobre la correcta realización de actividad física en el ámbito clínico supone una oportunidad perdida en aras de mejorar la salud y el bienestar de los pacientes, y a un coste mínimo.

Por ello esperamos que la actividad física se integre de manera eficiente en el ámbito clínico como herramienta que ayude a prevenir y curar enfermedades. La prevención es la cura.

En 2012 en EEUU hubo más de 506 millones de visitas en atención primaria, la mayoría de las cuales fueron para la prevención y tratamiento de enfermedades crónicas. Sin embargo, tan solo el 34% de los adultos recibió asesoramiento sobre actividad física en su última visita al médico. Algunas de las razones que los médicos esgrimen para no ofrecer asesoramiento son la falta de tiempo, el escepticismo acerca de si realmente funciona y la falta de conocimiento.

¿Funciona la prescripción de actividad física?

Numerosos estudios han demostrado que los factores de riesgo cardiovasculares, así como la morbilidad y mortalidad por enfermedades del corazón y accidentes cardiovasculares se pueden reducir mediante un cambio de estilo de vida que incluya actividad física. En un estudio en el que se trató la inclusión de recomendaciones de actividad física entre pacientes con prehipertensión o hipertensión en fase 1 [3], se vio una reducción significativa de riesgo cardiovascular (entre un 12%-14% de escala de Framingham). La importancia de incluir la prescripción de actividad física dentro de la atención médica primaria está claro que puede ser eficaz.

La participación conjunta y consensuada de un equipo médico multidisciplinar a la hora de prescribir y recomendar ejercicio puede ayudar a conseguir cambios en los hábitos de vida de los pacientes (tabla 1).

fissac _ prescripción de actividad física en la práctica clínica

Es importante que el médico haga entender al paciente que la actividad física es fundamental para la mejora de su salud. Se les puede pedir a los pacientes que hagan un seguimiento de su actividad (de la misma manera que lo hacen de su presión arterial) y llevar los registros a su próxima visita. Pequeños cambios a través de la actividad física pueden conducir a mejoras sustanciales en la salud cardiometabólica. Para aquellos pacientes que necesiten un apoyo extra, los médicos deberían considerar la ayuda de especialistas en actividad física y ejercicio con el fin de completar un tratamiento satisfactorio, pudiendo incorporarlos dentro de su equipo.

La actividad física ofrece una oportunidad de vital importancia para mejorar la salud de los pacientes. Una breve orientación puede ser eficaz y su incorporación incluso en los entornos clínicos más saturados tiene beneficios demostrables para los pacientes. Existe una evidencia muy fuerte que apoya el aumento de la actividad física con el objetivo de prevenir y tratar enfermedades crónicas y un consenso rotundo que apoya su inclusión como una prioridad . La pregunta es, “¿están los médicos y los pacientes preparados para pasar a la acción?”


REFERENCIA

[1]      W. E. Kraus, V. Bittner, L. Appel, S. N. Blair, T. Church, J.-P. Després, B. A. Franklin, T. D. Miller, R. R. Pate, R. E. Taylor-Piliae, D. K. Vafiadis, and L. Whitsel, “The National Physical Activity Plan: a call to action from the American Heart Association: a science advisory from the American Heart Association.,” Circulation, vol. 131, no. 21, pp. 1932–40, May 2015.

[2]      K. Berra, J. Rippe, and M. JE, “Making physical activity counseling a priority in clinical practice: The time for action is now,” JAMA, vol. 314, no. 24, pp. 2617–2618, Dec. 2015.

[3]      N. M. Maruthur, N.-Y. Wang, and L. J. Appel, “Lifestyle interventions reduce coronary heart disease risk: results from the PREMIER Trial.,” Circulation, vol. 119, no. 15, pp. 2026–31, Apr. 2009.

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