MÁSCARAS DE ALTITUD, ¿FUNCIONAN REALMENTE?

Uno de los principales efectos por los que los deportistas realizan estancias en altitud es la estimulación de eritropoyetina (EPO) para la producción de nuevos glóbulos rojos, buscando así una mejora en el transporte de oxígeno y con ello un aumento del rendimiento. En los últimos años han surgido nuevas herramientas que tratan de simular el estímulo hipóxico característico de la altitud, siendo algunas de las más conocidas la hipoxia intermitente o el entrenamiento con una “máscara de altitud”.

Estas máscaras buscan producir hipoxia a través de una resistencia ajustable en las válvulas, lo cual limita el paso de aire al deportista. Con el fin de evaluar su eficacia, en un estudio reciente (Porcari, 2016) los participantes fueron divididos en dos grupos durante 6 semanas, uno que entrenaba sin máscara y otro con ella. El entrenamiento fue realizado dos días por semana, y consistía en 10 repeticiones de 30 segundos a la máxima potencia aeróbica separadas por 90 segundos de recuperación activa. El grupo que entrenó con máscara fue regulando la resistencia de la misma, pasando de una altitud simulada de 914 a 3659 m a lo largo de las 6 semanas.

Durante las sesiones de entrenamiento el grupo que entrenó con máscara refirió que el entrenamiento era significativamente más duro que el grupo que entrenó sin ella, aunque por lo general ambos grupos entrenaron a potencias similares. Los niveles de saturación arterial de oxígeno fueron significativamente menores (solo 2% menos) en el grupo que entrenó con máscara, sin diferencias en los niveles de lactato.

Tras las 6 semanas de entrenamiento no se observaron cambios significativos entre el grupo control y el grupo que entrenó con máscara en variables hematológicas como el hematocrito o la hemoglobina, así como tampoco en variables espirométricas (FVC, FVC1 o el ratio entre ambas). Además, ambos grupos mejoraron su potencia aeróbica máxima y su consumo máximo de oxígeno de igual forma. Sin embargo, solo el grupo que entrenó con máscara mejoró su umbral ventilatorio, el umbral de compensación respiratoria y la potencia asociada a estos umbrales.

Otro estudio reciente (Sellers, 2016) evaluó también durante 6 semanas el efecto de llevar una máscara de altitud en circuitos de fuerza y carrera de alta intensidad realizados 4 días a la semana. Tras el programa de entrenamiento, no se encontraron diferencias en la capacidad anaeróbica (test de wingate) ni en la aeróbica (VO2 max).

Estos resultados muestran que las llamadas “máscaras de altitud” no producen cambios similares a los producidos por la altitud, al no disminuir la saturación de oxígeno durante el entrenamiento ni producir cambios a nivel hematológico tras su uso a largo plazo. No obstante, estos resultados pueden deberse en parte al tipo de entrenamiento utilizado, ya que quizá si en vez de entrenamiento interválico de alta intensidad hubieran realizado entrenamiento continuo de moderada intensidad pero de mayor duración, los resultados podrían ser diferentes.

Es importante remarcar que, pese a que los efectos no sean los anunciados por los fabricantes, las adaptaciones producidas en los umbrales ventilatorios en uno de los estudios no son nada despreciables. Aunque no hubo diferencias entre grupos en la función espiratoria o inspiratoria, los autores sugieren que las mejoras de estas variables podrían haber sido las responsables de las mejoras en estos umbrales. La función de la musculatura respiratoria ha mostrado ser un factor determinante del rendimiento deportivo, y diversos estudios han mostrado importantes mejoras en el rendimiento tras el entrenamiento de la misma (Ej. Powerbreath).

En conclusión, las máscaras de altitud no proporcionan efectos similares a los del entrenamiento en altitud ya que no producen cambios a nivel hematológico. Además, sus beneficios a nivel de rendimiento no son claros, pese a que en uno de los estudios publicados sí se encontró una mayor mejora del rendimiento en los umbrales, lo cual podría deberse al mayor trabajo que requieren de la musculatura respiratoria.


REFERENCIAS

Porcari, J. P. et al (2016) Effect of Wearing the Elevation Training Mask on Aerobic Capacity, Lung Func-tion, and Hematological Variables. Journal of Sports Science and Medicine, 15: 379-389.

Sellers, J. H. et al (2016) Efficacy of a ventilatory training mask to improve anaerobic and aerobic capacity in reserve officers’ training corps cadets. Journal of strength and conditioning research, 30: 1155-1160.

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