REFLEXIONES SOBRE AMPK-MTOR, EJERCICIO Y SU RELEVANCIA CLÍNICA

Cuando hablamos de metabolismo, de reacciones bioquímicas que suceden en el organismo, discernimos dos procesos metabólicos antagónicos, pero íntimamente relacionados: catabolismo y anabolismo.

El catabolismo hace referencia a la degradación de grasa, glucógeno y tejido muscular para la obtención de energía. En cambio, el anabolismo hace referencia a la creación de tejido. La ruta enzimática AMPK induce la degradación de tejido, mientras que la mTOR induce la creación de tejido.

En nuestro organismo existe un equilibrio (natural) entre estos dos procesos, de manera que las rutas metabólicas implicadas actúan de manera sincronizada. Esto significa que la ruta catabólica no actúa a modo de interruptor apagando la vía anabólica, sino que en determinados contextos una se expresa más que la otra. Por ejemplo, después de un entrenamiento de fuerza enfocado a la hipertrofia, la ruta mTOR predomina sobre la AMPK. En cambio, el entrenamiento de resistencia de larga duración aumenta las vías catabólicas activando los mecanismos dirigidos a la obtención de energía.

En condiciones fisiológicas óptimas se da un equilibrio entre estas dos rutas.. Durante las diferentes etapas de la vida, las dos son necesarias para mantener la homeostasis del organismo. La expresión crónica de una sobre la otra es la que rompe este equilibrio.

En el mundo actual, en el que la obesidad y el sedentarismo se han convertido en problemas de salud pública, la vía mTOR se expresa de manera crónica en muchas personas. Por otro lado, el aumento del estrés o la alteración de los ciclos circadianos activan de forma crónica vías catabólicas. La perturbación del metabolismo asociada a la activación crónica y patológica de la vía mTOR aumenta el riesgo de cáncer, de resistencia a la insulina y de acumulación de grasa en diferentes órganos como el hígado o el corazón. En cambio, la hiperactividad mantenida de la vía AMPK acelera la pérdida de masa muscular e incrementa el riesgo de sufrir Alzheimer1.

En este contexto, el ejercicio se convierte en un contrapeso a procesos patológicos crónicos. Las respuestas que induce el ejercicio en el organismo son intermitentes, de manera que, tras activar diferentes vías de manera aguda, regresa la normalidad. El ejercicio activa las vías mTOR y AMPK de manera fisiológica. El cáncer, la obesidad, el estrés o la diabetes lo hacen de manera crónica, alimentando un círculo vicioso que perpetúa la propia enfermedad.

Por esto, el principal objetivo de utilizar el ejercicio como tratamiento clínico no debería ser solo mejorar la calidad de vida de los pacientes (que también), sino el de intentar normalizar la homeostasis que muchas enfermedades crónicas alteran. El poder del ejercicio radica en que induce estímulos que normalizan vías que se encuentran hiperactivadas, algo que va más allá de mejorar la capacidad y calidad de movimiento, lo cual también es importante.

Con todo ello, los especialistas médicos y del ejercicio deberían conocer las respuestas que cada tipo de ejercicio provoca, ya que no es lo mismo entrenar fuerza máxima o hacer un entrenamiento interválico de alta intensidad que caminar. Volumen, intensidad y tipo de ejercicio deben ir dirigidos a mejorar la fisiología de cada patología, sabiendo también que, si una enfermedad se ha construido durante varios años, no se puede revertir de manera inmediata.


REFERENCIAS

  1. Domise, M., Sauvé, F., Didier, S., Caillerez, R., Bégard, S., Carrier, S., … & Vingtdeux, V. (2019). Neuronal AMP-activated protein kinase hyper-activation induces synaptic loss by an autophagy-mediated process. Cell death & disease10(3), 221.
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