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EL USO DE PANTALLAS REDUCE LA CANTIDAD DE SUEÑO EN NIÑOS

El uso excesivo de pantallas móviles entre los más pequeños es un arma de doble, ya que por un lado se mueven menos de lo recomendado, y además, puede afectar a la calidad y cantidad del sueño. Por esto, un estudio reciente ha analizado a más de 700 niños de entre 6 y 36 meses con el objetivo de estudiar cómo afecta el uso de estas pantallas a su descanso.


REFERENCIA

  • Cheung, C. H., Bedford, R., De Urabain, I. R. S., Karmiloff-Smith, A., & Smith, T. J. (2017). Daily touchscreen use in infants and toddlers is associated with reduced sleep and delayed sleep onset. Scientific reports, 7, 46104.

BENEFICIOS DEL ENTRENAMIENTO DE FUERZA TRAS LA MENOPAUSIA

La menopausia es una etapa en la vida de la mujer que trae consigo importantes cambios a nivel fisiológico, algunos de los cuales afectarán en su día a día y repercutirán negativamente en la calidad de vida. El ejercicio de fuerza protege contra la pérdida de masa muscular y mejora la salud ósea, por lo que debe ser considerada una intervención no farmacológica de primera elección en mujeres posmenopaúsicas.

LA ACTIVIDAD FÍSICA, CLAVE EN LA PREVENCIÓN DE FRACTURAS EN MUJERES POSMENOPÁUSICAS

La menopausia se caracteriza por una disminución en la producción de hormonas sexuales como los estrógenos, la progesterona, y en menor medida la testosterona. Estos cambios hormonales provocan numerosos efectos en las mujeres, entre ellos, una disminución de su densidad mineral ósea. De hecho, en un estudio realizado en cerca de 100.000 mujeres post-menopáusicas se observó que aproximadamente una de cada tres había tenido al menos una fractura tras la menopausia (1).

El ejercicio físico podría ser una estrategia efectiva para aumentar la salud muscular y ósea en mujeres post-menopáusicas, reduciendo así el riesgo de fracturas. Con el fin de confirmar dicha hipótesis, un estudio publicado en JAMA (2) que incluyó casi 80.000 mujeres con edades comprendidas entre los 50 y los 79 años evaluó los niveles de actividad física así como la incidencia de fracturas durante un periodo de 14 años de media. Confirmando los datos mencionados anteriormente, aproximadamente una de cada tres mujeres (33%) sufrió alguna fractura. Sin embargo, es importante mencionar que los niveles de actividad física diarios se asociaron de forma inversa al riesgo de fractura. Por ejemplo, las mujeres que realizaban más actividad física tuvieron un 18% menos riesgo de fractura de cadera – una de las fracturas más comunes en esta población – que las que permanecían inactivas. Por el contrario, un mayor tiempo de sedentarismo (en concreto, más de 9 horas y media diarias de actividades sedentarias) se asoció a un mayor riesgo de fracturas.

Estos resultados tienen una gran relevancia, especialmente teniendo en cuenta la alta prevalencia de fracturas en esta población y las graves consecuencias que esto puede tener (ej., mayor riesgo de pérdida de densidad mineral ósea y masa/fuerza muscular durante la recuperación de la fractura, y pérdida de independencia funcional). Además, las fracturas suponen un gran desembolso económico para los sistemas de salud pública. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha estimado que se dan 1.5 millones de fracturas en mujeres anualmente, lo que supone 12.7 billones de dólares para los sistemas de salud (3). El ejercicio físico debe ser por lo tanto un pilar fundamental en el día a día de las mujeres pre- y post-menopáusicas, intentando además reducir en la medida de lo posible el número de horas que se pasan en actividades sedentarias como trabajar sentado o ver la televisión.


REFERENCIAS

  1. Eisman, J., et al. (2004) Osteoporosis prevalence and levels of treatment in primary care: the Australian BoneCare Study. J Bone Miner Res. 19(12):1969-75.
  2. LaMonte, M.J., et al. (2019) Association of Physical Activity and Fracture Risk Among Postmenopausal Women. JAMA Network Open. 2(10):e1914084.
  3. Burge, R., et al. (2007) Incidence and economic burden of osteoporosis-related fractures in the United States, 2005-2025.J Bone Miner Res. 2007;22(3):465-475.

LOS FÁRMACOS NO LLEGAN A IGUALAR LOS BENEFICIOS DEL EJERCICIO EN ALZHEIMER

El ejercicio integra una serie de respuestas que no solo aumentan los procesos de neurogénesis, sino que modulan el ambiente del cerebro, reduciendo así la neuroinflamación y mejorando la función cognitiva.

Por ello, un estudio1 publicado en Science propuso un nuevo tratamiento que imitaba los efectos del ejercicio combinando la modificación genética para aumentar la neurogénesis con un cambio en el ambiente cerebral incrementando artificialmente los niveles de BDNF, un factor de crecimiento neuronal. El tratamiento mejoró la función cognitiva y aumentó la creación de neuronas adultas, pero no consiguió reducir los niveles de placas β-amiloide ni mejoró la inflamación en el cerebro. En cambio, el ejercicio, además de mejorar la función cognitiva y favorecer la neurogénesis, redujo los niveles de placas β-amiloide y el ambiente pro-inflamatorio característico del Alzheimer.

El ejercicio actúa de forma global, modulando un factor tan importante como el ambiente. La farmacología, por mucho que quiera simular sus efectos, no ha conseguido hasta el momento integrar todas las respuestas del ejercicio.

 


REFERENCIA

  • Choi, S. H., Bylykbashi, E., Chatila, Z. K., Lee, S. W., Pulli, B., Clemenson, G. D., … & Aronson, J. (2018). Combined adult neurogenesis and BDNF mimic exercise effects on cognition in an Alzheimer’s mouse model. Science361(6406), eaan8821.

PÍLDORA 1: EXERCISE IS THE REAL POLYPILL

En este primer capítulo explicamos el origen del nombre de Fissac y analizamos los efectos del ejercicio sobre enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Para ello, utilizamos un artículo publicado en Science titulado “Combined adult neurogenesis and BDNF mimic exercise effects on cognition in an Alzheimer’s mouse model” que habla del ejercicio como fármaco integral frente a esta enfermedad.

BENEFICIOS DEL EJERCICIO EN PACIENTES CON PARKINSON

Probablemente sea unas de las enfermedades cuyos síntomas son más reconocibles a simple vista, pero a la vez es una de las grandes desconocidas dentro de las enfermedades neurodegenerativas. Hablamos del Parkinson, el segundo trastorno neurodegenerativo más común después del Alzheimer, afectando al 2% de los mayores de 60 años y al 4% de los mayores de 80 años, según datos de la Sociedad Española de Neurología. Además, es después del Alzheimer el diagnóstico neurológico más frecuente en personas mayores de 65 años. Es importante remarcar que no es una patología exclusiva de las personas mayores, ya que el 15% se dan en menores de 50 años e incluso los síntomas pueden dar la cara durante la infancia y la adolescencia.

El Parkinson cursa con una sintomatología que en muchos casos dificulta el desempeño personal y pone en riesgo la autonomía del paciente para llevar a cabo las actividades de la vida diaria. Por ello, es de suma importancia la aplicación de terapias no farmacológicas coadyuvantes a los tratamientos médicos convencionales con el fin de proporcionar una calidad de vida plena.

La evidencia previa en estudios con modelos animales ha mostrado que el ejercicio de alta intensidad podría atenuar algunos de los principales síntomas motores del Parkinson al favorecer la neuroplasticidad cerebral adaptativa. Sin embargo, los resultados son escasos en humanos. Un nuevo estudio, publicado recientemente en la prestigiosa revista The Lancet Neurology, ha evaluado la efectividad de un programa de ejercicio aeróbico sobre los síntomas motores en pacientes con Parkinson leve (1). Para ello, 130 pacientes sedentarios fueron divididos aleatoriamente en un grupo de ejercicio o un grupo control. La intervención en ambos grupos se realizó en los hogares de los pacientes, con supervisión remota por parte de un entrenador. El grupo de ejercicio realizó 30 minutos de pedaleo en rodillo tres veces por semana a una intensidad del 50-70% de la frecuencia cardiaca de reserva, incrementándose gradualmente a medida que los pacientes iban mejorando su forma física hasta llegar al 80%. El grupo control solamente realizó ejercicios de estiramientos, flexibilidad y relajación tres veces por semana durante 30 minutos por sesión.

Tras los 6 meses de intervención, la diferencia en la puntuación en la parte motora de la Movement Disorders Society—Unified Parkinson’s Disease Rating Scale (MDS-UDPRS) fue de 4,2 puntos en favor del grupo de ejercicio con respecto al control, considerándose clínicamente relevante una diferencia de 3,5 puntos. Ésta es la escala clínica más utilizada para la enfermedad del Parkinson. Asimismo, después de la intervención, el VO2pico presentó una diferencia inter-grupos de 2,4 ml/kg/min (+2 ml/kg/min en el grupo de ejercicio vs -0,4 ml/kg/min en el control).

Resumiendo, el ejercicio aeróbico en los pacientes con Parkinson leve parece atenuar los signos motores de la enfermedad, lo que unido al incremento de la capacidad de ejercicio proporcionará una mejor calidad de vida a estos pacientes.


REFERENCIA

  1. van der Kolk, N. M., de Vries, N. M., Kessels, R. P., Joosten, H., Zwinderman, A. H., Post, B., & Bloem, B. R. (2019). Effectiveness of home-based and remotely supervised aerobic exercise in Parkinson’s disease: a double-blind, randomised controlled trial. The Lancet. Neurology, 18(11), 998-1008.

ENTRENAMIENTO DE FUERZA Y DEPORTES DE RESISTENCIA

El entrenamiento de fuerza bien planificado en deportes de resistencia puede reducir el riesgo de lesión hasta un 50%, además de mejorar variables relacionadas con el rendimiento como la fuerza máxima o la economía de carrera.


REFERENCIA

  • Lauersen, J. B., Bertelsen, D. M., & Andersen, L. B. (2014). The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br J Sports Med, 48(11), 871-877.
  • Berryman, N., Mujika, I., Arvisais, D., Roubeix, M., Binet, C., & Bosquet, L. (2018). Strength training for middle-and long-distance performance: a meta-analysis. International journal of sports physiology and performance, 13(1), 57-64.

REFLEXIONES SOBRE LA RELEVANCIA CLÍNICA DEL EJERCICIO Y LAS RUTAS AMPK-MTOR

Cuando hablamos de metabolismo, de reacciones bioquímicas que suceden en el organismo, discernimos dos procesos metabólicos antagónicos, pero íntimamente relacionados: catabolismo y anabolismo.

El catabolismo hace referencia a la degradación de grasa, glucógeno y tejido muscular para la obtención de energía. En cambio, el anabolismo hace referencia a la creación de tejido. La ruta enzimática AMPK induce la degradación de tejido, mientras que la mTOR induce la creación de tejido.

En nuestro organismo existe un equilibrio (natural) entre estos dos procesos, de manera que las rutas metabólicas implicadas actúan de manera sincronizada. Esto significa que la ruta catabólica no actúa a modo de interruptor apagando la vía anabólica, sino que en determinados contextos una se expresa más que la otra. Por ejemplo, después de un entrenamiento de fuerza enfocado a la hipertrofia, la ruta mTOR predomina sobre la AMPK. En cambio, el entrenamiento de resistencia de larga duración aumenta las vías catabólicas activando los mecanismos dirigidos a la obtención de energía.

En condiciones fisiológicas óptimas se da un equilibrio entre estas dos rutas.. Durante las diferentes etapas de la vida, las dos son necesarias para mantener la homeostasis del organismo. La expresión crónica de una sobre la otra es la que rompe este equilibrio.

En el mundo actual, en el que la obesidad y el sedentarismo se han convertido en problemas de salud pública, la vía mTOR se expresa de manera crónica en muchas personas. Por otro lado, el aumento del estrés o la alteración de los ciclos circadianos activan de forma crónica vías catabólicas. La perturbación del metabolismo asociada a la activación crónica y patológica de la vía mTOR aumenta el riesgo de cáncer, de resistencia a la insulina y de acumulación de grasa en diferentes órganos como el hígado o el corazón. En cambio, la hiperactividad mantenida de la vía AMPK acelera la pérdida de masa muscular e incrementa el riesgo de sufrir Alzheimer1.

En este contexto, el ejercicio se convierte en un contrapeso a procesos patológicos crónicos. Las respuestas que induce el ejercicio en el organismo son intermitentes, de manera que, tras activar diferentes vías de manera aguda, regresa la normalidad. El ejercicio activa las vías mTOR y AMPK de manera fisiológica. El cáncer, la obesidad, el estrés o la diabetes lo hacen de manera crónica, alimentando un círculo vicioso que perpetúa la propia enfermedad.

Por esto, el objetivo de utilizar el ejercicio físico como tratamiento clínico no debería ser solo mejorar la capacidad y calidad de movimiento de los pacientes (que también), sino el de intentar normalizar la homeostasis que muchas enfermedades crónicas alteran. El poder del ejercicio radica en que induce estímulos que normalizan vías que se encuentran hiperactivadas, algo que va más allá del simple hecho de moverse, lo cual también es importante.

Con todo ello, los especialistas médicos y del ejercicio deberían conocer las respuestas que cada tipo de ejercicio provoca, ya que no es lo mismo entrenar fuerza máxima o hacer un entrenamiento interválico de alta intensidad que caminar. Volumen, intensidad y tipo de ejercicio deben ir dirigidos a mejorar la fisiología de cada patología, sabiendo también que, si una enfermedad se ha construido durante varios años, no se puede revertir de manera inmediata.


REFERENCIAS

  1. Domise, M., Sauvé, F., Didier, S., Caillerez, R., Bégard, S., Carrier, S., … & Vingtdeux, V. (2019). Neuronal AMP-activated protein kinase hyper-activation induces synaptic loss by an autophagy-mediated process. Cell death & disease10(3), 221.

RECOMENDACIONES SALUDABLES PARA NIÑOS MENORES DE 5 AÑOS

La Organización Mundial de la Salud ha definido las recomendaciones que hacen referencia a la actividad física, a los patrones de sedentarismo y a la calidad del sueño de los niños menores de 5 años.

 

REFERENCIA

 

  • WHO guidelines on physical activity, sedentary behaviour and sleep for children under 5 years of age. Geneva: World Health Organization; 2019. Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO.

CONDICIÓN FÍSICA EN LA JUVENTUD Y RIESGO DE BAJA LABORAL EN EDAD ADULTA

Los primeros años de la vida son un periodo clave en el desarrollo del estilo de vida que se llevará en la edad adulta, y cada vez más se tiene en cuenta que lo sucedido durante estas etapas es fiel reflejo de la salud futura. Así, como hemos visto en anteriores publicaciones, la condición física que tengamos durante la infancia tendrá una importante influencia en nuestra salud años más tarde.

Ahora, nuevos estudios han analizado si además existe una asociación entre la condición física en edades tempranas y el riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro. En este sentido, investigadores del Karolinska Institutet (Estocolmo, Suecia) evaluaron la relación entre la obesidad y la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) a la entrada al servicio militar y las probabilidades de recibir una pensión por discapacidad en etapa de edad laboral (1, 2). En primer lugar, en una muestra de casi 370.000 jóvenes suecos de 18 años seguidos entre 13 y 31 años después de la evaluación inicial, se observó que aquellos jóvenes que tenían obesidad presentaban un mayor riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro (HR: 1,35) en comparación con los jóvenes con normo-peso (1). Posteriormente, en más de 45.000 sujetos (con una edad de 18-20 años) a los que se siguió entre 20 y 59 años, se observó que aquellos jóvenes que tenían una CRF baja (HR: 1,85) o moderada (HR: 1,40) presentaban también un aumento del riesgo de pensión por discapacidad durante el seguimiento (2).

Por lo tanto, vuelve a demostrarse que una pobre condición física a edades tempranas es predictora de una peor salud futura. Además, de acuerdo a una publicación anterior en la que vimos que una baja CRF durante la adolescencia se asoció con un mayor riesgo de jubilación temprana por enfermedad incapacitante, se infiere que la promoción de estilos de vida centrados en el aumento de los niveles de actividad física y la adquisición de una buena condición física, podría minimizar los costes económicos de las administraciones públicas destinados a cubrir este tipo de gastos en personas en edad laboral.


REFERENCIAS

  1. Karnehed, N., Rasmussen, F., & Kark, M. (2007). Obesity in young adulthood and later disability pension: a population-based cohort study of 366,929 Swedish men. Scand J Public Health, 35(1), 48-54.
  2. Rabiee, R., Agardh, E., Kjellberg, K., & Falkstedt, D. (2015). Low cardiorespiratory fitness in young adulthood and future risk of disability pension: a follow-up study until 59 years of age in Swedish men. J Epidemiol Community Health, 69(3), 266-271.