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¿SE DEBEN PROHIBIR LAS CONDICIONES MÉDICAS EXCEPCIONALES EN EL DEPORTE?

La atleta Caster Semenya ha ocupado las portadas de muchos periódicos en los últimos años, y no sólo por ser una de las mejores atletas de todos tiempos. Esta deportista presenta una condición conocida como “desorden del desarrollo sexual”, la cual hace que tenga unos niveles de testosterona anormalmente altos.

La Federación Internacional de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) ha decidido prohibir a las deportistas como Semenya participar junto con el resto de compañeras si no reducen sus niveles de testosterona, algo que pueden conseguir de forma farmacológica. Esta decisión de la IAAF está en parte basada en un reciente estudio (Bermon, 2017) en el que se analizaron más de 2000 pruebas de deportistas de élite, observándose que aquellos con altos niveles de testosterona rendían mejor que los que tenían unos niveles menores.

Son numerosas las condiciones biológicas que pueden hacer a una deportista con genotipo XX (es decir, de sexo femenino) tener unos niveles anormalmente altos de testosterona (Elhassan, 2018), como son el síndrome de ovario poliquístico, la hiperplasia adrenal congénita o la hipertecosis ovárica (aunque en el 10% de los casos no se sabe el motivo con exactitud). Por otro lado, es posible que un individuo con genotipo XY (es decir, de varón) presente un fenotipo femenino (es decir, caracteres externos de mujer) con una condición conocida como insensibilidad completa a los andrógenos.

No se conoce cuál es la condición fisiológica de Caster Semenya (genotipo XX o XY), pero la decisión de la IAAF ha creado controversia en torno a si se pueden prohibir características individuales que favorezcan el rendimiento. Un caso similar ocurrió con el hematocrito en el ciclismo. La Unión Ciclista Internacional decidió prohibir competir a aquellos ciclistas con un hematocrito mayor al 50% o una hemoglobina mayor a 17 g/dl. Sin embargo, existe una alteración genética que aumenta de forma anormal la creación de nuevos glóbulos rojos y por tanto el transporte de oxígeno (la cual estaba presente, por ejemplo, en el tres veces campeón olímpico Aero Mantyranta, por ejemplo). Otras muchas alteraciones fisiológicas podrían favorecer el rendimiento en diversos deportes, como por ejemplo la acromegalia o el gigantismo en el baloncesto. Más allá de la decisión que tome a la IAAF con respecto al caso de Semenya, ¿se deben prohibir las condiciones fisiológicas asociadas a un mejor rendimiento deportivo? ¿Dónde está el límite?

 

Esta entrada ha sido adaptada del artículo: “Valenzuela PL, et al. Should exceptional medical conditions be banned in sports? Lancet Diabetes Endocrinol; 6: 687-688”

https://www.thelancet.com/journals/landia/article/PIIS2213-8587(18)30210-9

REFERENCIAS

  • Bermon S, et al. Serum androgen levels and their relation to performance in track and field: mass spectrometry results from 2127 observations in male and female elite athletes. Br J Sports Med 2017; 51: 1309–14.
  • Elhassan YS, et al. Causes, patterns, and severity of androgen excess in 1205 consecutively recruited women. J Clin Endocrinol Metab 2018; 103: 1214–23.

CAMPEÓN OLÍMPICO, ¿SE NACE O SE HACE?

Los Juegos Olímpicos de Tokio están a la vuelta de la esquina. La procedencia de muchos de los campeones olímpicos puede ser, en gran parte, predecible, ya que los mejores sprinters son de ascendencia africana occidental, mientras que los mejores corredores de resistencia proceden de África Oriental. ¿Puede este hecho reflejar que algunas etnias o razas estén predeterminadas genéticamente, o al menos tengan un sesgo muy elevado, para sobresalir en ciertas especialidades deportivas?

Durante la evolución, la herencia genética adquirida ha predispuesto a los humanos a ser más veloces o más resistentes. Este fenómeno viene determinado por el polimorfismo R577X en el “gen de la velocidad”, el cual codifica la α-actinina-3, una proteína requerida para que los músculos se contraigan de forma explosiva. Aproximadamente mil millones de personas en todo el mundo (alrededor del 11% de la población total) tienen un déficit de la proteína α-actinina-3 debido a una variación (o defecto) genética en las dos copias del gen. Este genotipo “nulo” (XX), mucho más infrecuente entre jamaicanos y afroamericanos, disminuye considerablemente la probabilidad de correr la prueba reina del atletismo olímpico, los 100 metros, en menos de 10 segundos.

El polimorfismo R577X, que apareció hace más de 40.000 o 60.000 años en Eurasia, ha hecho a los humanos anatómicamente más lentos, pero más resistentes, en beneficio de su supervivencia, convirtiéndolos en mejores cazadores. Por el contrario, la supervivencia de depredadores como los felinos depende más de su capacidad para llevar a cabo acciones musculares explosivas.

Un reciente análisis del genoma que se llevó a cabo en 8 cohortes de atletas de resistencia de clase mundial de diferentes etnias y continentes no pudo identificar, a pesar de ello, un grupo de variantes genómicas que fueran comunes al éxito deportivo (1). No obstante, existen evidencias en ratas de que la selección artificial de una determinada característica, como sería la resistencia, podría producir cambios comparativamente elevados y rápidos sobre la anatomía, la fisiología y la propia capacidad de resistencia (2).

Según Williams y Folland son requeridos 23 genotipos para permitir la expresión fenotípica que un atleta de talla mundial ha de tener, siendo de un 0,0005% la probabilidad de encontrar un campeón que posea todos los genotipos (3). Este porcentaje, incluido dentro de una ecuación que contemplaría a la población mundial y a los porcentajes de individuos que tendrían acceso al deporte de alto rendimiento y que correrían pruebas de media/larga distancia, entre otros, nos proporcionaría que son aproximadamente 16 los individuos con el genotipo requerido para la competición de alto nivel en carreras de media/larga distancia, número similar -12- al que compiten en las finales olímpicas de 1.500m, 3.000m obstáculos, 5.000m y 10.000m.

Los investigadores Sanchis-Gomar y cols (2016) argumentan que los mejores atletas son probablemente individuos genéticamente dotados que, además, tienen numerosos factores que contribuyen a la formación de un “complejo de caracteres” que determinan a un campeón olímpico, y que no necesariamente dependen de variaciones genéticas definidas (4). Así, en la actualidad, el éxito olímpico radicaría en características somatotípicas favorables, que conducen a una economía y eficiencia biomecánicas y metabólicas, un entorno ambiental apropiado (por ejemplo, exposición crónica a la altitud), en combinación con un volumen moderado de entrenamiento de alta intensidad y un fuerte componente psicológico motivacional por alcanzar el éxito (5).


REFERENCIAS

  1. Rankinen, T., Fuku, N., Wolfarth, B., Wang, G., Sarzynski, M. A., Alexeev, D. G., … & Filipenko, M. L. (2016). No evidence of a common DNA variant profile specific to world class endurance athletes. PloS One, 11(1), e0147330.
  2. Koch, L. G., & Britton, S. L. (2001). Artificial selection for intrinsic aerobic endurance running capacity in rats. Physiological Genomics, 5(1), 45-52.
  3. Williams, A. G., & Folland, J. P. (2008). Similarity of polygenic profiles limits the potential for elite human physical performance. The journal of Physiology, 586(1), 113-121.
  4. Sanchis-Gomar, F., Pareja-Galeano, H., Rodriguez-Marroyo, J. A., de Koning, J. J., Lucia, A., & Foster, C. (2016). Olympic Genes on the Podium?. International Journal of Sports Physiology and Performance, 1-8.
  5. Wilber, R. L., & Pitsiladis, Y. P. (2012). Kenyan and Ethiopian distance runners: what makes them so good. Int J Sports Physiol Perform, 7(2), 92-102.

LA UTILIDAD DE UNA PRUEBA DE ESFUERZO PARA PREDECIR EL RENDIMIENTO EN DEPORTES DE RESISTENCIA

El denominado umbral anaeróbico -aunque el término es fisiológicamente incorrecto pues la fosforilación oxidativa está siempre presente y las vías metabólicas predominantes cambian gradualmente, por lo que no es un umbral sino una transición continua- es junto a la potencia aeróbica máxima (VO2max) y la economía de carrera uno de los principales determinantes del rendimiento en deportes de resistencia. Pese a que hay numerosos métodos de establecer el umbral anaeróbico, como el análisis ventilatorio, electromiográfico, de balance de gases o de oxigenación muscular, el análisis del umbral láctico sigue siendo uno de los métodos más prácticos, barato y por ello más utilizado en el ámbito deportivo.

El umbral láctico puede definirse como la máxima carga de trabajo que precede un rápido aumento en los niveles de lactato sanguíneo como resultado de un desequilibrio en el ratio de producción/eliminación, lo cual ocurre de forma sincrónica a un aumento en los niveles de CO2 ventilado y de H+. Este umbral es determinado en una prueba de esfuerzo en la que la carga aumenta progresivamente, obteniendo una pequeña muestra de sangre capilar en cada aumento para medir los niveles de lactato. Diversos estudios han mostrado la validez del umbral láctico como predictor del rendimiento en deportes de resistencia (Para revisión, Faude, Kindermann, & Meyer, 2009). Sin embargo, existen diferentes formas de calcular este umbral, incluyendo la determinación subjetiva, umbrales fijos (4 mmol/l) o umbrales individualizados (mediante modelos matemáticos).

lactato

Fig. 1. El análisis de lactato en un test incremental nos sirve también para evaluar la mejora del deportista a lo largo de la temporada. En esta gráfica (datos obtenidos en deportista real) vemos como los niveles de lactato para una misma carga son menores según avanza la temporada, alcanzando además una mayor potencia final.

Un grupo de investigadores españoles (Santos-Concejero et al., 2014) quiso evaluar si el umbral láctico podría predecir el rendimiento en una carrera de 10km en deportistas muy entrenados y con un nivel homogéneo (completaban la distancia en 31,6 ± 1,2 minutos). Los deportistas realizaron una prueba de esfuerzo incremental (comenzando a 9 km/h e incrementando en 1,5 km/h cada 4 minutos) en la cual el umbral láctico fue calculado mediante dos modelos matemáticos diferentes, uno polinómico y otro exponencial. Pese a que el ritmo en 10km fue mayor que el correspondiente al umbral láctico, los autores encontraron que ambas variables estaban correlacionadas. Es decir, aquellos deportistas que presentaban un mayor umbral también presentaban una mayor velocidad de carrera en 10km. Además, y pese a que con todos los modelos la correlación fue significativa, los autores observaron que el nivel de correlación dependía del modelo matemático utilizado (mejor con el modelo exponencial).

Por lo tanto, este y otros estudios nos muestran cómo una prueba de esfuerzo puede aportarnos, además de datos a nivel del estado de salud cardiovascular del deportista si se incluye electrocardiograma, otros datos interesantes respecto al potencial de rendimiento del deportista.

Además, en una prueba de esfuerzo con test de lactato no sólo podemos determinar nuestro umbral láctico sino también el umbral aeróbico y la velocidad aeróbica máxima, lo cual es muy útil para encontrar puntos débiles a trabajar con el deportista así como para establecer las zonas de entrenamiento y poder planificar las sesiones de ejercicio trabajando a la intensidad necesaria.


REFERENCIAS

Faude, O., Kindermann, W., & Meyer, T. (2009). Lactate threshold concepts: how valid are they? Sports Medicine (Auckland, N.Z.), 39(6), 469–90. http://doi.org/10.2165/00007256-200939060-00003

Santos-Concejero, J., Tucker, R., Granados, C., Irazusta, J., Bidaurrazaga-Letona, I., Zabala-Lili, J., & Gil, S. M. (2014). Influence of regression model and initial intensity of an incremental test on the relationship between the lactate threshold estimated by the maximal-deviation method and running performance. Journal of Sports Sciences, 32(9), 853–9. http://doi.org/10.1080/02640414.2013.862844