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DEPRESIÓN Y DETERIORO COGNITIVO EN SUPERVIVIENTES DE CÁNCER DE MAMA

El cáncer de mama es el tipo de cáncer más diagnosticado entre las mujeres (1). Las mejoras en los programas de detección y en los tratamientos han aumentado la tasa de supervivencia en aproximadamente un 85% (2). Sin embargo, los tratamientos contra el cáncer están todavía asociados a la aparición de efectos secundarios incluso años después de que el tratamiento haya finalizado, siendo frecuentes la depresión y el deterioro cognitivo. Así, un 29% de pacientes con cáncer de mama muestran deterioro cognitivo post-tratamiento (3), mientras que la incidencia de depresión en las supervivientes de cáncer de mama ha aumentado hasta el 50% (4). Este dato es bastante preocupante, ya que la depresión en supervivientes de cáncer de mama se asocia con una reducción en la tasa de supervivencia (5).
Coloquialmente, términos como “chemobrain” se han empezado a utilizar para describir los efectos posteriores del tratamiento en relación con el deterioro cognitivo. Determinados agentes quimioterapeúticos, entre los que se encuentran los inhibidores de la aromatasa y el tamoxifeno, han sido asociados con una reducción en la función cognitiva tanto durante como una vez finalizado el tratamiento (6). Por otro lado, la evidencia es bastante concluyente respecto al papel protector de la actividad física (AF) frente a la depresión y el deterioro cognitivo en población libre de enfermedad. Sin embargo, dicha relación es inconsistente en supervivientes de cáncer de mama. Recientemente, un nuevo estudio (7) ha examinado el rol de la depresión sobre la función cognitiva en esta población, y ha analizado el papel que ejerce la actividad física sobre estos efectos adversos del tratamiento del cáncer. Para ello, 317 mujeres supervivientes de cáncer de mama (59 años de media y 6 desde la finalización del tratamiento) con estadios entre 0 y IIIc fueron reclutadas. Se les analizó la función cognitiva, el nivel de depresión y de AF a través de cuestionarios.
Los resultados obtenidos demuestran que la depresión se asoció con deterioro cognitivo, independientemente del tratamiento recibido. Además, de todos los agentes quimioterapeúticos analizados – tamoxifeno, anastrozol, letrozol y exemestano – los dos primeros ejercieron los mayores efectos negativos sobre la función cognitiva. Asimismo, se demostró que el efecto de la quimioterapia sobre la depresión varía con volúmenes más elevados de AF moderada y vigorosa. De igual manera, las supervivientes que realizaron mayores niveles de AF moderada o vigorosa tuvieron una mejor capacidad cognitiva. Sin embargo, los resultados del estudio sugieren que los efectos de la quimioterapia sobre el cerebro podrían no ser mitigados por niveles moderados de AF, ya que, si bien la AF moderada fue efectiva para mejorar la función cognitiva en aquellas que no recibieron quimioterapia, esto no fue así para las que sí recibieron.
En conclusión, los efectos del tratamiento sobre la capacidad cognitiva en supervivientes de cáncer de mama vienen determinados parcialmente por los cambios en los niveles de depresión. No obstante, estos cambios dependen del nivel de AF realizado, siendo mayor su efecto protector cuanto mayor sea la intensidad.


REFERENCIAS

  1. Bray, F., Ferlay, J., Soerjomataram, I., Siegel, R.L., Torre, L.A., and Jemal, A. (2018). Global cancer statistics 2018: GLOBOCAN estimates of incidence and mortality worldwide for 36 cancers in 185 countries. CA Cancer J Clin, 68(6), 394-424.
  2. Allemani, C., Weir, H.K., Carreira, H., Harewood, R., Spika, D., Wang, X.S., et al. (2015). Global surveillance of cancer survival 1995-2009: analysis of individual data for 25,676,887 patients from 279 population-based registries in 67 countries (CONCORD-2). Lancet, 385(9972), 977-1010.
  3. Wefel, J. S., Saleeba, A. K., Buzdar, A. U., & Meyers, C. A. (2010). Acute and late onset cognitive dysfunction associated with chemotherapy in women with breast cancer. Cancer, 116(14), 3348-3356.
  4. Zimmer, P., Baumann, F. T., Oberste, M., Wright, P., Garthe, A., Schenk, A., … & Wolf, F. (2016). Effects of exercise interventions and physical activity behavior on cancer related cognitive impairments: a systematic review. Biomed Res Int, 2016:1820954.
  5. Watson, M., Haviland, J. S., Greer, S., Davidson, J., & Bliss, J. M. (1999). Influence of psychological response on survival in breast cancer: a population-based cohort study. Lancet, 354(9187), 1331-1336.
  6. Janelsins, M. C., Heckler, C. E., Peppone, L. J., Kamen, C., Mustian, K. M., Mohile, S. G., … & Conlin, A. K. (2017). Cognitive complaints in survivors of breast cancer after chemotherapy compared with age-matched controls: an analysis from a nationwide, multicenter, prospective longitudinal study. J Clin Oncol, 35(5), 506-514.
  7. Bedillion, M. F., Ansell, E. B., & Thomas, G. A. (2019). Cancer treatment effects on cognition and depression: The moderating role of physical activity. Breast, 44, 73-80.

RIESGO DE CÁNCER DE MAMA EN PROFESORAS DE EDUCACIÓN FÍSICA VS PROFESORAS DE LENGUA

En una anterior publicación, vimos como los conductores de los autobuses de Londres tenían mayor riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares que los que iban cobrando los tickets dentro de los autobuses, asociándose este menor riesgo a desarrollar enfermedad cardiovascular con el hecho de que los segundos debían andar subiendo y bajando las escaleras de los típicos autobuses londinenses de dos plantas, realizando por tanto mayor actividad física.

Otros estudios han tratado de seguir verificando la hipótesis de que el mayor nivel de actividad física inherente a ciertas profesiones se asocia a un menor riesgo de enfermedad. Así, investigadores finlandeses compararon el riesgo de cáncer de mama entre profesoras de educación física y profesoras de lengua de similar clase social y estilo de vida, pero claramente discordantes en el nivel de actividad física tanto durante sus estudios universitarios como durante los años en los que desempeñaban su profesión (1).

La comparación de los dos grupos de profesoras mostró que las de educación física tuvieron un riesgo de cáncer de mama menor en comparación con las de lengua. Así, durante los 33 años de seguimiento (1967-2000), 61 de las 32.862 profesoras de educación física y 404 de las 177.188 profesoras de lengua desarrollaron la patología. Además, en una sub-cohorte de 185 profesoras de lengua y 202 de educación física, el 30% de éstas últimas realizaron más de 1h de actividad física 2-3 veces por semana, mientras que solo el 10% de las de lengua alcanzaron tal volumen de actividad física semanal.

En definitiva, la realización de actividad física a lo largo de la vida ejercería efecto protector frente a las principales enfermedades occidentales, siendo necesarias, por tanto, nuevas estrategias de promoción de la actividad física frente a los hábitos de vida sedentarios que predominan principalmente entre los más jóvenes.


REFERENCIAS

1. Rintala, P., Pukkala, E., Läärä, E., & Vihko, V. (2003). Physical activity and breast cancer risk among female physical education and language teachers: A 34‐year follow‐up. International Journal of Cancer, 107(2), 268-270.

ENTRENAMIENTO PARA LA MEJORA DE FUERZA Y COMPOSICIÓN CORPORAL EN PACIENTES CON CÁNCER DURANTE SU TRATAMIENTO

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EL EJERCICIO FÍSICO SUPERVISADO MEJORA EL VO2MAX, LA CALIDAD DE VIDA Y LA SALUD EN PACIENTES CON CÁNCER DE MAMA

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LA ACTIVIDAD FÍSICA MEJORA EL PRONÓSTICO EN MUJERES CON CÁNCER DE MAMA

¿Deberían las mujeres diagnosticadas con cáncer de mama adquirir estilos de vida activos, en particular, realizar actividad física de forma regular? ¿Podría resultar ello en una mejora en los resultados del cáncer de mama?

Se sabe que la terapia adyuvante, tanto la radioterapia como la quimioterapia, causan efectos adversos sobre diferentes sistemas y órganos corporales. Por ejemplo, provocan cardiotoxicidad a corto y largo plazo. Así, los tratamientos que incluyen antraciclina pueden producir disfunción cardiaca progresiva, la cual se manifiesta por una disminución de la FEVI (fracción de eyección del ventrículo izquierdo) e insuficiencia cardíaca congestiva.

De igual forma, estos tratamientos pueden desarrollar efectos secundarios sobre otros sistemas y órganos corporales. Así, la radiación que sufren los pulmones durante la radioterapia en el cáncer de mama causa fibrosis y un posterior deterioro en el intercambio gaseoso. La anemia, una complicación frecuente del tratamiento durante la terapia anti-cáncer, reduce el aporte de oxígeno a las células musculares. Además, especialmente la quimioterapia que contiene antraciclina, aumenta la producción de especies reactivas de oxígeno, lo que puede afectar aún más al aporte de oxígeno (1).

La suma de todos estos eventos adversos va a contribuir a reducir significativamente la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) medida como consumo de oxígeno pico (VO2pico). Remarcar que, en población con patología, no se habla de VO2máx sino de VO2pico. La CRF es un potente indicador de la función cardiovascular, la reserva cardiopulmonar y la eficiencia del transporte y utilización de oxígeno, así como de alteraciones en otros órganos vitales (1).

De hecho, hay estudios que hablan de un VO2pico de hasta un 17% menos en pacientes con cáncer de mama antes de la terapia adyuvante en relación a mujeres sanas y sedentarias. Disminución que se hace más evidente cuando se refiere a una vez completado dicho tratamiento ya que, en este caso, se habla de un VO2pico de hasta un 25% menor que en mujeres sanas y sedentarias (Figura 1).

Fissac _ Consumo máximo de oxígeno cáncer de mama y actividad física

Figura 1. VO2pico en pacientes con cáncer de mama antes y después de la terapia adyuvante y en mujeres sanas y sedentarias (1).

Para ser un poco más gráficos, en esta revisión realizada por el Dr. Lee W. Jones y su equipo, se observó que mujeres con cáncer de mama de 50 años tuvieron una CRF similar a la que obtuvieron las mujeres de 60, sedentarias y sin antecedentes de cáncer (Figura 2).

Fissac _ VO2pico de mujeres sedentarias, activas y entrenadas y cáncer de mama

 

Figura 2. VO2pico de mujeres sedentarias, activas y entrenadas, todas ellas sanas, y VO2pico de mujeres con cáncer de mama (1).

Esta relación apunta a un proceso de envejecimiento acelerado en las pacientes con cáncer de mama que podría afectar negativamente a la CRF y al pronóstico de la enfermedad.

Además, aproximadamente un tercio de los pacientes con cáncer de mama tiene un VO2pico inferior al umbral de independencia funcional y, por definición, es probable que no sean capaces de realizar las actividades de su vida diaria (3).

Por ello, resultaría de vital importancia para las pacientes con cáncer de mama incluir estrategias complementarias al tratamiento convencional que resulten en una mejora de su CRF.

Llegados a este punto, conviene resaltar que se ha evidenciado científicamente que el ejercicio físico es una intervención efectiva para mejorar la CRF, así como la calidad de vida y la fatiga en pacientes con cáncer de mama.

Precisamente el ejercicio se ha asociado con un incremento estadísticamente significativo del VO2pico. En concreto, en un metaanálisis realizado para ver el efecto del ejercicio sobre el VO2pico en pacientes con cáncer de mama, el incremento medio fue de 2.91 ml/kg/min tras el programa de entrenamiento, mientras que los sujetos del grupo control (sin ejercicio) vieron disminuido su VO2pico (2).

De igual modo, en otros casos se han registrado un 14.5% de incremento en VO2pico después de 15 semanas de un programa de ejercicio aeróbico a una intensidad del 70-75% del VO2pico. Algunos autores hablan de incrementos significativos en el VO2pico con un programa de 8 semanas a ligera y moderada intensidad, menos del 40% y entre 65-85% de la frecuencia cardiaca máxima, respectivamente (1).

Lazo rosa y actividad física

Por tanto, parece demostrado que el ejercicio físico puede mejorar las deficiencias relacionadas con el VO2pico y, por ello, tener el potencial para mejorar a diferentes niveles el pronóstico en pacientes con cáncer de mama, así como en pacientes con otros tipos de tumores.

Entonces, y una vez sabido esto, si retrocediéramos y volviéramos a plantear las mismas cuestiones que al inicio respecto a la actividad física en pacientes con cáncer de mama, ¿os habría quedado alguna duda de su respuesta? A nosotros, Fissac, desde luego que no.

REFERENCIAS

  1. Peel, A. B., Thomas, S. M., Dittus, K., Jones, L. W., & Lakoski, S. G. (2014). Cardiorespiratory fitness in breast cancer patients: A call for normative values.Journal of the American Heart Association3(1), e000432.
  2. Jones, L. W., Liang, Y., Pituskin, E. N., Battaglini, C. L., Scott, J. M., Hornsby, W. E., & Haykowsky, M. (2011). Effect of exercise training on peak oxygen consumption in patients with cancer: a meta-analysis. The oncologist16(1), 112-120.
  3. Jones, L. W., Courneya, K. S., Mackey, J. R., Muss, H. B., Pituskin, E. N., Scott, J. M., … & Haykowsky, M. (2012). Cardiopulmonary function and age-related decline across the breast cancer survivorship continuum. Journal of clinical oncology30(20), 2530-2537.