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LA ACTIVIDAD FÍSICA, UNA BARRERA CONTRA EL CÁNCER

Un estudio que analizó a más de 750.000 personas halló que seguir las recomendaciones de actividad física reduce el riesgo de sufrir hasta 7 tipos de cáncer. Además, el descenso del riesgo era mayor entre aquellas personas que hacían más actividad física o a mayor intensidad, como caminar rápido 5 horas a la semana (intensidad moderada) o entrenar fuerza, nadar o correr 2h30’ a la semana (actividad física intensa).


REFERENCIA

  • Matthews, C. E., Moore, S. C., Arem, H., Cook, M. B., Trabert, B., Håkansson, N., … & Milne, R. L. (2019). Amount and Intensity of Leisure-Time Physical Activity and Lower Cancer Risk. Journal of Clinical Oncology, JCO-19.

CARDIO-ONCOLOGÍA PEDIÁTRICA, EL ROL CARDIOPROTECTOR DEL EJERCICIO

A pesar del incremento en las tasas de supervivencia debido a los avances en los tratamientos, los supervivientes de cáncer pediátrico experimentan a menudo efectos adversos como consecuencia del tratamiento y de la propia enfermedad. Además, muchos de estos efectos persisten incluso años después de haber finalizado el tratamiento como, por ejemplo, la cardiotoxicidad, una alteración de la función cardiaca causada por los fármacos.

El ejercicio físico ha demostrado tener un rol cardioprotector mejorando o, al menos, mitigando los efectos adversos de los tratamientos relacionados con la función cardiaca, tal y como vimos en un estudio anterior de niños con cáncer durante el tratamiento. Sin embargo, hasta ahora no existía evidencia meta-analítica que apoyara el papel del ejercicio sobre el sistema cardiovascular en población con cáncer pediátrico. Por ello, el equipo de Fissac junto con el Dr. Alejandro Lucía realizaron una revisión sistemática con meta-análisis (1) para analizar los efectos del ejercicio físico en variables relacionadas con la salud cardiovascular en supervivientes de cáncer pediátrico (hemos de aclarar que nos basaremos en la terminología norteamericana para considerar como superviviente de cáncer a todo paciente con cáncer desde el día en el que se le diagnostica la enfermedad).

Un total de 27 estudios y 697 participantes fueron incluidos y se evaluaron la capacidad cardiorrespiratoria y la función y estructura cardiovascular (endotelial y del ventrículo izquierdo). El principal hallazgo del estudio fue el incremento en la capacidad cardiorrespiratoria en pruebas indirectas y una tendencia a un mayor VO2pico en los supervivientes de cáncer pediátrico que realizaron ejercicio. Además, se observó que la función sistólica del ventrículo izquierdo se preservó con el ejercicio.

Por tanto, el ejercicio físico parece que, efectivamente, desempeña un rol cardioprotector en supervivientes de cáncer pediátrico mejorando la salud cardiovascular, o al menos minimizando su deterioro. Y si tenemos en cuenta que los tratamientos contra el cáncer pediátrico, sobre todo los que incluyen antraciclinas, son especialmente cardiotóxicos y que los eventos cardiovasculares son la principal causa de muerte no asociada con el cáncer entre los supervivientes de cáncer pediátrico (2), es muy importante el papel cardioprotector que ha demostrado ejercer el ejercicio a lo largo de la enfermedad.


REFERENCIAS:

  1. Morales, J. S., Valenzuela, P. L., Herrera-Olivares, A. M., Baño-Rodrigo, A., Castillo-García, A., Rincón-Castanedo, C., … & Lucia, A. (2020). Exercise Interventions and Cardiovascular Health in Childhood Cancer: a Meta-Analysis. Int J Sports Med [pendiente de ser publicada versión impresa].
  2. Mulrooney, D. A., Armstrong, G. T., Huang, S., Ness, K. K., Ehrhardt, M. J., Joshi, V. M., … & Santucci, A. (2016). Cardiac outcomes in adult survivors of childhood cancer exposed to cardiotoxic therapy: A cross-sectional study from the St. Jude lifetime cohort. Ann Inter Med, 164(2), 93-101.

EL INTESTINO, ¿UN SEGUNDO CEREBRO?

La mayor parte de los genes presentes en nuestro organismo (~90%) no son humanos, sino que pertenecen a organismos, en su mayoría bacterias, que se encuentran en el intestino, conformando lo que se denomina como microbiota. Estas bacterias, en simbiosis con nuestras células, regulan funciones fundamentales que preservan nuestra salud. Más allá de la digestión de alimentos, la microbiota también promueve mecanismos de defensa y regula procesos de crecimiento tisular y de producción de vitaminas y ácidos biliares, estando su salud muy relacionada con la del sistema nervioso.

La comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro hace que la microbiota desempeñe un papel muy activo en los procesos relacionados con la fisiología neural. Mediante la producción de hormonas (ej. cortisol), ácidos biliares, neurotransmisores (serotoninca, GABA) y moduladores del sistema inmunitario (ej. ácido quinolínico) [1], la microbiota regula respuestas neurales e inmunitarias, pudiendo influir incluso en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica [2]. Por ello, enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer o la depresión se asocian con una alteración de la relación microbiota-huésped, estado conocido como disbiosis. De la misma manera, el estrés puede afectar a la composición de la flora intestinal mediante la liberación de hormonas que influyen en la fisiología intestinal, alterando el equilibrio bacteriano [3].

Así pues, la comunicación con el ambiente determina la relación de la microbiota con nuestro organismo. En consecuencia, el estilo de vida, la nutrición o el uso de antibióticos pueden influir en la simbiosis de las bacterias con nuestras células. De esta manera, enfermedades como el cáncer, la diabetes tipo II o la obesidad presentan una disbiosis con un incremento de patobiontes, bacterias que en un determinado ambiente se expanden y ejercen efectos patogénicos sobre el huésped.

En esta línea, un estudio publicado este año en Nature Medicine por el grupo del Dr. Carlos Lopez Otín [4] ha demostrado que existe una alteración de la microbiota intestinal tanto en ratones como en niños con progeria (enfermedad caracterizada por un envejecimiento prematuro). Además, analizaron a un grupo de centenarios y vieron cómo a pesar de que tenían una menor diversidad en la microbiota propia de la edad, presentaban valores altos de Verrucomicrobia, la cual se ha relacionado con una mejor regulación inmunitaria y homeostasis metabólica. En cambio, este tipo de bacteria estaba disminuida en niños y ratones con progeria. Así, personas que han llegado a los cien años tienen niveles elevados de Verrucomicrobia y personas con envejecimiento prematuro niveles bajos.

Viendo que el perfil microbacteriano varía en función de la salud y de la edad, los investigadores estudiaron los efectos del trasplante fecal de microbiota de donantes sanos a ratones con progeria. Los resultados demostraron que el trasplante aumentó la supervivencia alrededor de un 13% y atenuó el fenotipo de envejecimiento acelerado.

Estos resultados muestran que preservar la salud de nuestras bacterias es fundamental para mantener la nuestra. Durante muchos años se ha obviado la importancia que tiene nuestro intestino, pero muchos investigadores se refieren a él incluso como un segundo cerebro. Para mantenerlo saludable, el ejercicio, la dieta y una vida alejada del estrés se convierten en pilares fundamentales sobre los que construir una relación fructífera con nuestras inquilinas.


REFERENCIA

[1]      M. Valles-Colomer et al., “The neuroactive potential of the human gut microbiota in quality of life and depression,” Nat. Microbiol., vol. 4, no. 4, pp. 623–632, 2019.

[2]      V. Braniste et al., “The gut microbiota influences blood-brain barrier permeability in mice,” Sci. Transl. Med., vol. 6, no. 263, pp. 263ra158 LP-263ra158, Nov. 2014.

[3]      Y. E. Borre, R. D. Moloney, G. Clarke, T. G. Dinan, and J. F. Cryan, “The impact of microbiota on brain and behavior: mechanisms & therapeutic potential.,” Adv. Exp. Med. Biol., vol. 817, pp. 373–403, 2014.

[4]      C. Bárcena et al., “Healthspan and lifespan extension by fecal microbiota transplantation into progeroid mice,” Nat. Med., vol. 25, no. 8, pp. 1234–1242, 2019.

BENEFICIOS DEL EJERCICIO FÍSICO DURANTE EL TRATAMIENTO EN NIÑOS CON CÁNCER

A pesar de la mejora en los tratamientos experimentada en los últimos años y de ser considerada una enfermedad rara, el cáncer pediátrico es la primera causa de muerte en la infancia por enfermedad a partir del año de vida. Además, los avances realizados en los tratamientos del cáncer pediátrico en las últimas décadas y el consiguiente aumento en las tasas de supervivencia no están necesariamente asociados a un mejor estado de salud. Así, estos pacientes siguen experimentando a menudo efectos adversos no solo durante el tratamiento, sino incluso años después de finalizarlo.

Por ello, el Dr. Javier S. Morales (miembro de Fissac) junto con expertos como los Doctores Alejandro Lucía, Carmen Fiuza o Elena Santana, han llevado a cabo un estudio (1) para evaluar los efectos del entrenamiento intrahospitalario sobre variables clínicas en 169 niños con cáncer (leucemias y tumores sólidos). Las variables de estudio fueron supervivencia, riesgo de recaída o metástasis, función cardiovascular, antropometría, variables sanguíneas, días de hospitalización y gasto económico asociado. El programa de entrenamiento fue supervisado y combinó ejercicio cardiovascular y de fuerza, realizándose durante toda la fase aguda del tratamiento.

Un dato interesante fue que la duración de la hospitalización fue menor en el grupo de ejercicio, lo que supuso un ahorro económico sanitario de un ~17%. Además, la función del ventrículo izquierdo (valorada como fracción de eyección y de acortamiento) empeoró al finalizar el tratamiento en el grupo control respecto a la que tenían en el momento del diagnóstico, mientras que se mantuvo estable en el grupo de ejercicio. Sin embargo, este beneficio reportado por el ejercicio sobre la función cardiovascular no se mantuvo en el seguimiento posterior. Por último, no se encontraron otras diferencias entre ambos grupos para el resto de las variables o al analizar las leucemias y los tumores sólidos por separado.

En definitiva, la realización de ejercicio físico intrahospitalario supervisado desempeña un importante rol cardioprotector en niños con cualquier tipo de cáncer durante el tratamiento, reduciendo además el tiempo y los costes de hospitalización. El hecho de que los beneficios sobre la función cardíaca no se mantuvieran con posterioridad a la finalización del programa de entrenamiento sugiere que las intervenciones de ejercicio deben prolongarse más allá de la fase de tratamiento para maximizar sus efectos.


REFERENCIAS

  1. Morales, J. S., Santana‐Sosa, E., Santos‐Lozano, A., Baño‐Rodrigo, A., Valenzuela, P. L., Rincón‐Castanedo, C., … & Lucia, A. (2020). Inhospital exercise benefits in childhood cancer: A prospective cohort study. Scand J Med Sci Sports, 30:126-134.

ESTADO DE SALUD DE SUPERVIVIENTES DE CÁNCER PEDIÁTRICO DESPUÉS DEL TRATAMIENTO

En esta revisión sistemática con meta-análisis mostramos que los supervivientes de cáncer pediátrico una vez finalizado el tratamiento tienen una menor función ventricular izquierda, niveles más bajos de colesterol-HDL y un mayor ratio cintura-cadera en comparación con controles sanos.

REFERENCIA

  • Morales, J. S., Valenzuela, P. L., Rincon-Castanedo, C., Santos-Lozano, A., Fiuza-Luces, C., & Lucia, A. (2019). Is health status impaired in childhood cancer survivors? A systematic review and meta-analysis. Critical Reviews in Oncology/Hematology.

CONDICIÓN FÍSICA EN LA JUVENTUD Y RIESGO DE BAJA LABORAL EN EDAD ADULTA

Los primeros años de la vida son un periodo clave en el desarrollo del estilo de vida que se llevará en la edad adulta, y cada vez más se tiene en cuenta que lo sucedido durante estas etapas es fiel reflejo de la salud futura. Así, como hemos visto en anteriores publicaciones, la condición física que tengamos durante la infancia tendrá una importante influencia en nuestra salud años más tarde.

Ahora, nuevos estudios han analizado si además existe una asociación entre la condición física en edades tempranas y el riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro. En este sentido, investigadores del Karolinska Institutet (Estocolmo, Suecia) evaluaron la relación entre la obesidad y la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) a la entrada al servicio militar y las probabilidades de recibir una pensión por discapacidad en etapa de edad laboral (1, 2). En primer lugar, en una muestra de casi 370.000 jóvenes suecos de 18 años seguidos entre 13 y 31 años después de la evaluación inicial, se observó que aquellos jóvenes que tenían obesidad presentaban un mayor riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro (HR: 1,35) en comparación con los jóvenes con normo-peso (1). Posteriormente, en más de 45.000 sujetos (con una edad de 18-20 años) a los que se siguió entre 20 y 59 años, se observó que aquellos jóvenes que tenían una CRF baja (HR: 1,85) o moderada (HR: 1,40) presentaban también un aumento del riesgo de pensión por discapacidad durante el seguimiento (2).

Por lo tanto, vuelve a demostrarse que una pobre condición física a edades tempranas es predictora de una peor salud futura. Además, de acuerdo a una publicación anterior en la que vimos que una baja CRF durante la adolescencia se asoció con un mayor riesgo de jubilación temprana por enfermedad incapacitante, se infiere que la promoción de estilos de vida centrados en el aumento de los niveles de actividad física y la adquisición de una buena condición física, podría minimizar los costes económicos de las administraciones públicas destinados a cubrir este tipo de gastos en personas en edad laboral.


REFERENCIAS

  1. Karnehed, N., Rasmussen, F., & Kark, M. (2007). Obesity in young adulthood and later disability pension: a population-based cohort study of 366,929 Swedish men. Scand J Public Health, 35(1), 48-54.
  2. Rabiee, R., Agardh, E., Kjellberg, K., & Falkstedt, D. (2015). Low cardiorespiratory fitness in young adulthood and future risk of disability pension: a follow-up study until 59 years of age in Swedish men. J Epidemiol Community Health, 69(3), 266-271.

RITMOS CIRCADIANOS, CÓMO LA LUZ Y LA COMIDA REGULAN EL ORGANISMO

A lo largo de la evolución, nuestro organismo ha ido desarrollando una serie de relojes moleculares (uno central, situado en el hipotálamo y otros, periféricos, situados en órganos como el hígado, el intestino o el músculo) sincronizados en función de señales externas (zeitgebers) como la luz o la comida. La expresión de genes y secreción de hormonas varía en función de estas señales. En el caso del reloj central, el principal zeitgeber es la luz, mientras que, para los relojes periféricos, es la comida. Por esto, respetar y entender las fluctuaciones fisiológicas naturales del organismo nos puede ayudar a tener un organismo más sano.

Los nuevos hábitos de los países desarrollados, alejados en muchos casos de los ritmos naturales de luz-oscuridad y comida-ayuno, podrían ser determinantes en la aparición de enfermedades metabólicas como el cáncer o la diabetes.


REFERENCIA

  • Carroll, R. G., Timmons, G. A., Cervantes-Silva, M. P., Kennedy, O. D., & Curtis, A. M. (2019). Immunometabolism around the Clock. Trends in molecular medicine.

RATONES CON TELÓMEROS HIPERLARGOS VIVEN MÁS Y SON MENOS OBESOS

Científicos del Grupo de Telómeros y Telomerasa del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, han conseguido crear ratones con telómeros más largos de lo normal. Y lo han hecho sin edición genética. En un trabajo publicado en 2009 (Marion et al., 2009) ya vieron como el cultivo in vitro (expansión) de células iPS (células madres pluripotentes inducidas) alargaba la longitud de sus telómeros. En el 2011 replicaron estos resultados con células madre embrionarias (Varela, Schneider, Ortega, & Blasco, 2011).

Ahora, y tras lograr crear en los últimos años ratones en los que parte de sus células (~30-70%) tenían los telómeros hiperlargos, han publicado un artículo en Nature Communications (Muñoz-Lorente, Cano-Martin, & Blasco, 2019) donde muestran cómo han creado ratones sanos en el que el 100% de sus células tienen telómeros hiperlargos. Estos ratones, comparados con aquellos con telómeros normales, vivieron un 13% de media más, tuvieron menor incidencia de cáncer (50% menos), presentaron un menor porcentaje de grasa y niveles de colesterol LDL, además de mejor sensibilidad a la insulina y función mitocondrial (ej. PGC-1α, OXPHOS).

La relevancia de este estudio radica en que los investigadores han conseguido alargar la vida y reducir la incidencia de cáncer de los ratones sin modificar sus genes, únicamente alargando el tiempo en pluripotencia de las células embrionarias. De esta manera, se abren nuevas vías que nos ayudan a entender mejor cómo envejecemos y cuáles son los mecanismos que subyacen a enfermedades como el cáncer.


REFERENCIAS

Marion, R. M., Strati, K., Li, H., Tejera, A., Schoeftner, S., Ortega, S., … Blasco, M. A. (2009). Telomeres Acquire Embryonic Stem Cell Characteristics in Induced Pluripotent Stem Cells. Cell Stem Cell, 4(2), 141–154. https://doi.org/10.1016/j.stem.2008.12.010

Muñoz-Lorente, M. A., Cano-Martin, A. C., & Blasco, M. A. (2019). Mice with hyper-long telomeres show less metabolic aging and longer lifespans. Nature Communications, 10(1), 4723. https://doi.org/10.1038/s41467-019-12664-x

Varela, E., Schneider, R. P., Ortega, S., & Blasco, M. A. (2011). Different telomere-length dynamics at the inner cell mass versus established embryonic stem (ES) cells. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(37), 15207 LP – 15212. https://doi.org/10.1073/pnas.1105414108

EL ACORTAMIENTO DE LOS TELÓMEROS PREDICE LA ESPERANZA DE VIDA

Los telómeros son estructuras que se encuentran en los extremos de los cromosomas que protegen nuestra información genética durante la división celular. Su tasa de acortamiento, condicionada por la genética y nuestro estilo de vida, determina la longevidad y la salud de nuestro organismo.

Un estudio liderado por María Blasco ha demostrado que el acortamiento de los telómeros, y no su longitud inicial, predice la esperanza de vida de diferentes especies animales.


REFERENCIA

  • Whittemore, K., Vera, E., Martínez-Nevado, E., Sanpera, C., & Blasco, M. A. (2019). Telomere shortening rate predicts species life span. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(30), 15122-15127.

EL ENTRENAMIENTO DE RESISTENCIA RETRASA EL ENVEJECIMIENTO CELULAR

Uno de los procesos clave en el envejecimiento es el acortamiento de los telómeros. Como hemos comentado en anteriores ocasiones, realizar actividad física regularmente retrasa el envejecimiento celular. Así, el entrenamiento de resistencia de larga duración se asocia con mayor actividad de las telomerasas (enzimas que facilitan la regeneración de los telómeros) y una tasa de acortamiento telomérica menor en comparación con sujetos inactivos (1). Además, gemelos de mediana edad con niveles altos de actividad física exhiben una longitud telomérica mayor en comparación con sus hermanos inactivos (2). Sin embargo, se desconoce el efecto que diferentes modalidades de entrenamiento podrían ejercer a nivel celular.

Un nuevo estudio (3) ha comparado los efectos de diferentes tipos de entrenamiento con un grupo control sobre la actividad de la telomerasa y la longitud telomérica. Para ello, 124 participantes (edad media: ~50 años) previamente inactivos fueron aleatorizados a uno de los siguientes 4 grupos:

  • Entrenamiento de resistencia de intensidad moderada
  • Entrenamiento interválico de alta intensidad
  • Entrenamiento de fuerza
  • Control, el cual no realizaba ningún tipo de entrenamiento

Tras 26 semanas de entrenamiento, la actividad de la enzima telomerasa en las células mononucleares aumentó de dos a tres veces en los grupos de entrenamiento moderado y de alta intensidad, mientras que no se observaron cambios en el de fuerza ni en el grupo control. De igual manera, los telómeros se caracterizaron por ser un ~3% más largos en los dos grupos de resistencia, mientras que no se produjeron cambios en los grupos de fuerza y control.

Por lo tanto, el entrenamiento de resistencia moderado y el interválico de alta intensidad, aunque no parece ser así con el de fuerza, aumentan la actividad de la telomerasa y la longitud de los telómeros en las células mononucleares de la sangre, atenuando el proceso de envejecimiento celular. En este caso, programas de entrenamiento de resistencia podrían ser útiles revirtiendo el proceso de envejecimiento celular.


REFERENCIAS

  1. Werner C, Fürster T, Widmann T, Pöss J, Roggia C, Hanhoun M, Scharhag J, Büchner N, Meyer T, Kindermann W, Haendeler J, Böhm M, Laufs U. (2009). Physical exercise prevents cellular senescence in circulating leukocytes and in the vessel wall. Circulation, 120, 2438–2447.
  2. Mundstock E, Zatti H, Louzada FM, Oliveira SG, Guma FT, Paris MM, Rueda AB, Machado DG, Stein RT, Jones MH, Sarria EE, Barbe-Tuana FM, Mattiello R. Effects of physical activity in telomere length: systematic review and meta-analysis. Ageing Res Rev, 22, 72–80.
  3. Werner CM, Hecksteden A, Morsch A, Zundler J, Wegmann M, Kratzsch J, … & Böhm M. (2018). Differential effects of endurance, interval, and resistance training on telomerase activity and telomere length in a randomized, controlled study. Eur Heart J, 40, 34-46.