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CONDICIÓN FÍSICA EN LA JUVENTUD Y RIESGO DE BAJA LABORAL EN EDAD ADULTA

Los primeros años de la vida son un periodo clave en el desarrollo del estilo de vida que se llevará en la edad adulta, y cada vez más se tiene en cuenta que lo sucedido durante estas etapas es fiel reflejo de la salud futura. Así, como hemos visto en anteriores publicaciones, la condición física que tengamos durante la infancia tendrá una importante influencia en nuestra salud años más tarde.

Ahora, nuevos estudios han analizado si además existe una asociación entre la condición física en edades tempranas y el riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro. En este sentido, investigadores del Karolinska Institutet (Estocolmo, Suecia) evaluaron la relación entre la obesidad y la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) a la entrada al servicio militar y las probabilidades de recibir una pensión por discapacidad en etapa de edad laboral (1, 2). En primer lugar, en una muestra de casi 370.000 jóvenes suecos de 18 años seguidos entre 13 y 31 años después de la evaluación inicial, se observó que aquellos jóvenes que tenían obesidad presentaban un mayor riesgo de recibir una pensión por invalidez en el futuro (HR: 1,35) en comparación con los jóvenes con normo-peso (1). Posteriormente, en más de 45.000 sujetos (con una edad de 18-20 años) a los que se siguió entre 20 y 59 años, se observó que aquellos jóvenes que tenían una CRF baja (HR: 1,85) o moderada (HR: 1,40) presentaban también un aumento del riesgo de pensión por discapacidad durante el seguimiento (2).

Por lo tanto, vuelve a demostrarse que una pobre condición física a edades tempranas es predictora de una peor salud futura. Además, de acuerdo a una publicación anterior en la que vimos que una baja CRF durante la adolescencia se asoció con un mayor riesgo de jubilación temprana por enfermedad incapacitante, se infiere que la promoción de estilos de vida centrados en el aumento de los niveles de actividad física y la adquisición de una buena condición física, podría minimizar los costes económicos de las administraciones públicas destinados a cubrir este tipo de gastos en personas en edad laboral.


REFERENCIAS

  1. Karnehed, N., Rasmussen, F., & Kark, M. (2007). Obesity in young adulthood and later disability pension: a population-based cohort study of 366,929 Swedish men. Scand J Public Health, 35(1), 48-54.
  2. Rabiee, R., Agardh, E., Kjellberg, K., & Falkstedt, D. (2015). Low cardiorespiratory fitness in young adulthood and future risk of disability pension: a follow-up study until 59 years of age in Swedish men. J Epidemiol Community Health, 69(3), 266-271.

FUERZA O RESISTENCIA, ¿CUÁL PROTEGE MÁS FRENTE A LA MORTALIDAD?

La capacidad cardiorrespiratoria (CRF, por sus siglas en inglés), popularmente conocida como “resistencia”, ha mostrado ser un importante factor pronóstico de multitud de enfermedades como las cardiovasculares o algunos tipos de cáncer, estando inversamente relacionada con el riesgo de mortalidad. Es por ello que el ejercicio físico aeróbico o de resistencia ha sido tradicionalmente ensalzado como el tipo de actividad que mayores beneficios podría aportar a la salud. Sin embargo, en los últimos años otro indicador clave de la forma física, la fuerza muscular, está aumentando su popularidad en el ámbito de la salud al estar también inversamente asociada al riesgo de diversas patologías y de mortalidad.

En un reciente estudio (Kim, 2018) se analizó cuál de estos dos factores está más relacionado con el riesgo de mortalidad, o si la combinación de ambos componentes de la forma física podría aportar algún valor añadido. Los autores analizaron a más de setenta mil participantes de entre 40 y 70 años a los que se les midió tanto la fuerza de prensión manual con un dinamómetro como la CRF mediante una prueba de esfuerzo en bicicleta. Tras esto, se les realizó un seguimiento durante aproximadamente 6 años en los que murieron 832 participantes. Los resultados mostraron que, al analizar por separado la CRF y la fuerza muscular, ambos estaban relacionados de forma similar con el riesgo de mortalidad por cualquier causa, así como con la mortalidad específica por enfermedad cardiovascular o cáncer. Sin embargo, el principal hallazgo fue que la combinación de ambos factores, es decir, una alta fuerza muscular y una alta CRF, reducía enormemente el riesgo de mortalidad en comparación con altos niveles de cada factor por separado.

Así, estos resultados muestran que aunque tanto la CRF como la fuerza muscular son factores independientemente relacionados con el riesgo de mortalidad, ambas capacidades deben ser tomadas como marcadores complementarios y no suplementarios de la forma física. Además, los resultados refuerzan la importancia de mantener tanto una buena “capacidad aeróbica” como una buena fuerza muscular para maximizar los beneficios del ejercicio sobre la salud. ¿Fuerza o resistencia? Mejor los dos.


REFERENCIAS

  • Kim et al. (2018) The combination of cardiorespiratory fitness and muscle strength, and mortality risk. European Journal of Epidemiology. 33: 953-964.

LA OBESIDAD Y UNA BAJA FORMA FÍSICA DURANTE LA ADOLESCENCIA PUEDEN DETERMINAR TU FUTURO

Además de los ya conocidos efectos deletéreos de la obesidad infantil a largo plazo sobre la salud, un estudio publicado en una de las revistas médicas con mayor prestigio a nivel internacional, Annals of Internal Medicine, y en el que ha participado el Dr. Francisco B. Ortega, de la Universidad de Granada, ha concluido que los adolescentes con obesidad, una baja capacidad cardiorrespiratoria o una combinación de ambas tienen un mayor riesgo de tener en el futuro una jubilación temprana debida a una enfermedad incapacitante (1). El estudio fue llevado a cabo en más de un millón de adolescentes varones (16-19 años) a los que se siguió durante una media de 28 años.

Además, otro de los resultados a destacar es que tener una buena capacidad cardiorrespiratoria durante la adolescencia, independientemente del índice de masa corporal, se asoció con un menor riesgo de jubilación temprana por enfermedad incapacitante. Es decir, adolescentes con obesidad y una buena forma física tuvieron un menor riesgo de discapacidad en el futuro que los adolescentes con normopeso, pero con una baja condición física.

Por tanto, estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la salud pública, ya que apoyan la importancia de una buena condición física y un peso corporal saludable durante la adolescencia para prevenir posteriores enfermedades crónicas. Asimismo, de los resultados extraídos podemos inferir que estar en buena forma física desde etapas tempranas puede ser tan o incluso más importante para la salud futura como mantener un peso saludable.


REFERENCIA

  • Henriksson, P., Henriksson, H., Tynelius, P., Berglind, D., Löf, M., Lee, I. M., … & Ortega, F. B. (2019). Fitness and Body Mass Index During Adolescence and Disability Later in Life: A Cohort Study. Annals of Internal Medicine, 170(4), 230-239.

LOS BENEFICIOS DE REALIZAR EJERCICIO FÍSICO DURANTE TODA LA VIDA EN LA VEJEZ

La población sigue envejeciendo progresivamente como consecuencia de un descenso de la natalidad y un aumento de la esperanza de vida. Uno de los problemas asociados a este envejecimiento es que el aumento en la esperanza de vida no va asociado necesariamente a una mejor calidad de vida, es decir, muchas veces esos años ‘extra’ no son precisamente unos años en los que nuestras condiciones físicas y mentales nos permitan disfrutar. Vivimos más, pero a su vez sufrimos de una mayor incidencia de enfermedades relacionadas con la edad como la sarcopenia o enfermedades neurodegenerativas (ej. Alzheimer).

Realizar ejercicio físico durante toda la vida parece ser una estrategia eficaz para atenuar o incluso evitar estos efectos del envejecimiento, como confirman estudios muy recientes. Un meta-análisis que incluyó 55 estudios observó que las personas con más de 60 años y que llevaban al menos 20 años entrenando presentaban un consumo de oxígeno y una fuerza similares a las de jóvenes sanos, y mejores que el de personas mayores que no realizaban ejercicio (Mckendry et al. 2018). De forma similar, un estudio muy reciente publicado en la revista Aging Cellha mostrado como las personas mayores (55-79 años) que han mantenido un alto nivel de actividad física durante toda su vida (26 años de experiencia media en ciclismo) no presentan prácticamente ningún empeoramiento asociado al envejecimiento en las propiedades musculares (composición, tipo y tamaño de fibras musculares, así como contenido mitocondrial) (Pollock et al. 2018). Por último, otro estudio ha confirmado recientemente que las personas mayores que realizan ejercicio durante toda su vida (personas de más de 70 años que habían realizado más de 50 años de ejercicio aeróbico) disminuyen el deterioro en la capacidad cardiorrespiratoria y evitan la reducción en capilaridad muscular y actividad enzimática, manteniéndose estas variables similares a las de personas jóvenes entrenadas (Gries et al. 2018).

Aunque nunca es tarde y se pueden obtener beneficios incluso a la más avanzada edad, cada vez más evidencia apoya el papel de realizar ejercicio durante toda la vida y especialmente de mantenerlo al llegar a la vejez.

REFERENCIAS

  • Gries KJ, Raue U, Perkins RK, et al (2018) Cardiovascular and skeletal muscle health with lifelong exercise. J Appl Physiol 125:1636–1645. doi: 10.1152/japplphysiol.00174.2018
  • Mckendry J, Breen L, Shad BJ, Greig CA (2018) Muscle morphology and performance in master athletes: A systematic review and meta-analyses. Ageing Res Rev 45:62–82. doi: 10.1016/j.arr.2018.04.007
  • Pollock RD, O’Brien KA, Daniels LJ, et al (2018) Properties of the vastus lateralis muscle in relation to age and physiological function in master cyclists aged 55–79 years. Aging Cell. doi: 10.1111/acel.12735

LA CAPACIDAD CARDIORRESPIRATORIA, PREDICTOR A LARGO PLAZO DEL RIESGO DE CÁNCER

La capacidad cardiorrespiratoria (CRF) es un potente e independiente predictor de riesgo de enfermedad cardiovascular (CVD) y de mortalidad por cualquier causa tanto en población sana como con patología. Sujetos con una baja CRF (por debajo de 8 METs) tienen casi dos veces mayor riesgo de CVD y muerte por cualquier causa que los que tienen una alta CRF (por encima de 11 METs). En cambio, la evidencia es menor a la hora de justificar el papel de la CRF como predictor de riesgo de cáncer.

Por otro lado, como resultado del envejecimiento de la población y el hecho de que la mayoría de los diagnósticos de cáncer se produzcan a partir de los 65 años, se estima que la incidencia de cáncer aumentará aproximadamente un 45% durante las próximas dos décadas (1). Asimismo, la evidencia es cada vez mayor respecto a la influencia que ejerce el estilo de vida previo a un diagnóstico de cáncer y el posterior transcurso de la enfermedad. De hecho, el índice de masa corporal y el nivel de actividad física que se tienen antes del diagnóstico son fuertes predictores de mortalidad por cáncer. Sin embargo, hasta la fecha no se había analizado si, en personas aparentemente sanas de mediana edad, medidas objetivas relacionadas con el ejercicio físico, como por ejemplo la CRF, son predictivas del riesgo de cáncer, así como del riesgo de mortalidad por cualquier causa post-diagnóstico.

Por ello, un estudio (3) analizó la relación entre la CRF en 13900 hombres de mediana edad (49 años de media) y el riesgo de desarrollo y de muerte por cáncer a partir de los 65 años. Los participantes fueron distribuidos en función de su CRF en tres grupos:

i) el 20% del total de sujetos con menor CRF fueron incluidos en el grupo de baja CRF (con una media grupal de 8.4 METs);

ii) el 40% siguiente fue clasificado en el grupo de moderada CRF (media de 10.4 METs).

iii) el 40% con mayor CRF fue incluido en el grupo de alta CRF (media de 13 METs).

Los resultados mostraron que tener una alta CRF supuso una reducción del 55 y del 44% en el riesgo de cáncer de pulmón y colorrectal, respectivamente, en comparación con quienes tuvieron baja CRF. Sin embargo, no existió relación con el cáncer de próstata. Otro hallazgo clave fue el observado entre la CRF y el riesgo de muerte por cualquier causa en hombres diagnosticados de cáncer a partir de los 65 años. Así, comparados con el grupo de baja CRF, una alta CRF se asoció con una reducción del 36 y del 69% del riesgo de muerte por cáncer y por CVD, respectivamente, entre quienes habían sido diagnosticados de cáncer.

En resumen, estos resultados sirven para enfatizar realmente el valor predictivo de la CRF sobre la incidencia y la mortalidad por cáncer, lo que conlleva importantes implicaciones para la salud pública. Por tanto, a través de una prueba de esfuerzo, los profesionales sanitarios dispondrán de un nuevo factor de riesgo objetivo y modificable que puede predecir la aparición de futuros cánceres. Por último, se requieren estudios que evalúen la relación, a largo plazo, entre la CRF y el riesgo de cáncer en las mujeres.


REFERENCIAS

  1. Smith, B. D., Smith, G. L., Hurria, A., Hortobagyi, G. N., & Buchholz, T. A. (2009). Future of cancer incidence in the United States: burdens upon an aging, changing nation. Journal of Clinical Oncology, 27(17), 2758-2765.
  2. Pal, S. K., Katheria, V., & Hurria, A. (2010). Evaluating the older patient with cancer: understanding frailty and the geriatric assessment. CA: a Cancer Journal for Clinicians, 60(2), 120-132.
  3. Lakoski, S. G., Willis, B. L., Barlow, C. E., Leonard, D., Gao, A., Radford, N. B., … & Jones, L. W. (2015). Midlife cardiorespiratory fitness, incident cancer, and survival after cancer in men: the cooper center longitudinal study. JAMA Oncology, 1(2), 231-237.

UNA BUENA FORMA FÍSICA REDUCE LA MORTALIDAD INCLUSO EN PRESENCIA DE FACTORES DE RIESGO

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