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DESTERREMOS VIEJOS MITOS: LOS NIÑOS PUEDEN Y DEBEN ENTRENAR FUERZA

Existen diferentes mitos alrededor del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes. Tremendamente preocupante es el que advierte de un supuesto retraso en el crecimiento de los niños que entrenan la fuerza desde edades tempranas. Sin embargo, la evidencia científica al respecto no deja lugar a dudas y sitúa la edad óptima para iniciarse en este tipo de entrenamiento precisamente en la infancia (1-3), por ser la etapa donde se empieza a formar y moldear toda la estructura ósea. Por otro lado, diferentes estudios prospectivos han hallado asociaciones entre bajos niveles de fuerza muscular durante la adolescencia y efectos negativos sobre la salud casi 30 años después (4, 5). Por tanto, de estos resultados podemos extraer la conclusión de que se puede realizar entrenamiento con cargas desde la infancia y la adolescencia – sin miedo de que ello pueda frenar el desarrollo óseo o dañar las placas de crecimiento – y de la importancia de llevarlo a cabo desde etapas tempranas con el fin de adquirir niveles de fuerza muscular elevados que puedan proteger frente a los futuros problemas de salud que acompañan a una baja fuerza durante la adolescencia.

En este sentido, un reciente análisis (6) de 43 estudios publicado en la prestigiosa revista Bristish Journal of Sports Medicine encontró que, en jóvenes deportistas (6-18 años), las mayores mejoras sobre la fuerza se obtuvieron con programas de entrenamiento con una duración superior a las 23 semanas y que incluyesen 5 series por ejercicio, 6-8 repeticiones por serie, una intensidad de ejercicio del 80-89% de 1-repetición máxima y 3-4 minutos de descanso entre series. Asimismo, se obtuvo que, además de sobre la fuerza, el entrenamiento de fuerza en esta población se asocia con mejoras sobre el salto vertical.

Por tanto, observamos cómo a través del entrenamiento de fuerza a intensidades elevadas y correctamente planificado se pueden obtener los mayores beneficios sobre la fuerza. No obstante, y aunque se ha demostrado que el ejercicio con cargas es seguro, siempre hemos de recurrir a especialistas cualificados para que supervisen la correcta ejecución del programa de entrenamiento.


REFERENCIAS

  1. Gunter, K. B., Almstedt, H. C., & Janz, K. F. (2012). Physical activity in childhood may be the key to optimizing lifespan skeletal health. Exerc Sport Sci Rev, 40(1), 13.
  2. Vicente-Rodríguez, G. (2006). How does exercise affect bone development during growth?. Sports Med, 36(7), 561-569.
  3. Hind, K., & Burrows, M. (2007). Weight-bearing exercise and bone mineral accrual in children and adolescents: a review of controlled trials. Bone, 40(1), 14-27.
  4. Henriksson, P., Henriksson, H., Tynelius, P., Berglind, D., Löf, M., Lee, I. M., … & Ortega, F. B. (2019). Fitness and Body Mass Index During Adolescence and Disability Later in Life: A Cohort Study. Ann Intern Med, 170(4), 230-239.
  5. Henriksson, H., Henriksson, P., Tynelius, P., & Ortega, F. B. (2018). Muscular weakness in adolescence is associated with disability 30 years later: a population-based cohort study of 1.2 million men. Br J Sports Med, bjsports-2017.
  6. Lesinski, M., Prieske, O., & Granacher, U. (2016). Effects and dose–response relationships of resistance training on physical performance in youth athletes: a systematic review and meta-analysis. Br J Sports Med, 50(13), 781-795.

ATLETAS EN LA VEJEZ, UN EJEMPLO A SEGUIR

El ejercicio puede atenuar el declive funcional propio del envejecimiento incluso en edades muy avanzadas. En una editorial publicada en la prestigiosa revista JAMDA realizada por los miembros de Fissac mostramos la importancia de la forma física en mayores y presentamos varios casos ilustrativos que demuestran que los más mayores todavía pueden tener un rendimiento físico notable.

Enlace a artículo original: https://www.jamda.com/article/S1525-8610(19)30326-3/fulltext


REFERENCIA

Valenzuela, P. L., García, A. C., Morales, J. S., Santos-Lozano, A., & Lucia, A. (2019). Athletic “Oldest-Old”: Alive and Kicking. Journal of the American Medical Directors Association.

INACTIVIDAD FÍSICA Y REPOSO EN CAMA, PÉRDIDA DE MASA MUSCULAR

La pérdida de masa muscular es sinónimo de pérdida de fuerza, aumento del riesgo de lesiones y caídas y un importante predicador de mortalidad.
Los periodos de inactividad física tienen consecuencias muy negativas tanto en personas jóvenes, adultas y ancianas. Durante este periodo se produce una reducción de la síntesis proteica y una pérdida drástica de masa muscular, disminuyendo por ello la capacidad funcional.
En estas circunstancias, propias de personas mayores hospitalizadas y personas que han sufrido lesiones graves, es necesario combatir esta pérdida de masa muscular con un aumento de la ingesta proteica así como incorporar ejercicio físico, siempre que el paciente pueda.

EL FALSO MITO DE LOS 10.000 PASOS AL DÍA

En la década de los 60 se empezó a extender desde Japón al resto del mundo la teoría de que había que realizar al menos 10.000 pasos al día para considerarse activo y, por tanto, poder obtener importantes beneficios a nivel cardiovascular.  Fue el Dr. Yoshiro Hatano quien, ante los crecientes problemas de obesidad e inactividad (en aquel entonces los japoneses realizaban una media de 5.000 pasos al día) que azotaban al país nipón, estableció la cifra de los 10.000 pasos como medida de salud.

Esta idea ha calado de forma tan profunda en la sociedad que diferentes apps y dispositivos móviles utilizados para medir el nivel de actividad física le lanzan un aviso al usuario cuando ese día ha alcanzado los 10.000 pasos. Sin embargo, esta cifra tiene más de marketing, ya que surgió a raíz de la comercialización de un podómetro llamado manpo-kei, que precisamente significa “10.000 pasos”, que de fundamento científico.

En este sentido, un estudio (1) evaluó el riesgo cardiovascular en 111 adultos sanos en función de su nivel de actividad evaluado con un acelerómetro llevado durante 7 días. El análisis de los resultados determinó que un mayor tiempo sedentario se asoció con una mayor circunferencia de cintura, mayor nivel  de triglicéridos y menor de HDL-colesterol en sangre, todos ellos factores de riesgo cardiovascular. Además, aquellos que cumplieron los criterios de diagnóstico de síndrome metabólico fueron menos activos, contabilizaron un menor número de pasos diarios (una media de 11.000), la velocidad de sus pasos fue más lenta y permanecieron más tiempo en actitudes sedentarias en comparación con los que no tuvieron síndrome metabólico. Estos últimos caminaron una media de ≥ 3,5 h/día, dieron más de 15.000 pasos al día y estuvieron de pie más de 7 h/día.

Por tanto, parece quedar claro que el establecimiento de la cifra mágica de los 10.000 pasos al día como medida para el control de la salud no es correcto, sino que dicha cifra parece situarse por encima de los 15.000 pasos. No obstante, otros recientes estudios priorizan la intensidad a la que se camina por delante del volumen o cantidad de pasos realizados.


REFERENCIAS

1. Tigbe, W. W., Granat, M. H., Sattar, N., & Lean, M. E. (2017). Time spent in sedentary posture is associated with waist circumference and cardiovascular risk. International Journal of Obesity, 41(5), 689.

CÓMO COMBATIR LA DEFICIENCIA DE HIERRO EN MUJERES DEPORTISTAS

La nutrición es un factor diferencial asociado al rendimiento. El éxito o el fracaso en una competición puede deberse a una inadecuada ingesta nutricional. En el caso de las mujeres, el déficit de hierro se ha convertido en uno de los principales caballos de batalla dentro de la nutrición deportiva, ya que es muy común el déficit de este micronutriente -esencial para las rutas de producción de energía-, debido principalmente a un insuficiente consumo en la dieta o a la menstruación (1).

Las fundaciones británica y americana de la nutrición para mujeres aconsejan un consumo diario de hierro de 14,8 y 18 mg/día, respectivamente, mientras que para las embarazadas y las lactantes recomiendan una ingesta adicional. Sin embargo, no existe un consenso generalizado sobre el consumo óptimo para mujeres deportistas. Algunos autores sugieren que las corredoras de larga distancia deberían aumentar en 70% el consumo de hierro, es decir, 10 mg más al día de los 14,8 mg recomendados por la Fundación Británica de la Nutrición (2). Este incremento vendría explicado por estudios previos que encontraron que mujeres deportistas, a pesar de ingerir igual o mayores cantidades de hierro que mujeres inactivas, tuvieron menores niveles de hierro que éstas (3, 4), remarcando un posible efecto negativo del ejercicio sobre el estado del hierro en mujeres.

Aunque los tratamientos convencionales utilizados para combatir esta deficiencia -suplementos orales e inyecciones intramusculares o intravenosas- mejoran el estado del hierro en atletas, su uso se asocia con diversos efectos adversos, pudiendo llegar a presentar riesgo de sobrecarga de hierro (5). Es por ello que la modificación de la dieta se considera la principal línea de prevención del déficit de hierro en mujeres deportistas (6). El hierro de los alimentos se encuentra en dos formas: hierro hemo –procedente de fuentes animales- y no hemo – procedente de otros alimentos como los vegetales-. El primero está presente en las moléculas de hemoglobina y mioglobina. Sin embargo, a pesar de presentar una eficiente absorción, solo constituye alrededor del 10% de todo el hierro ingerido en la dieta. La absorción del hierro no hemo depende de varios factores, haciendo que su disponibilidad varíe entre el 2% y el 20% (6).

Por tanto, para el mantenimiento o mejora del estado del hierro en mujeres deportistas se deben incorporar estrategias centradas en la modificación de la dieta con un enfoque particular en aumentar el hierro total en la dieta, pero especialmente la ingesta de hierro hemo, así como en mejorar la biodisponibilidad de hierro mediante la alteración de la composición de las comidas. Por ejemplo, los alimentos ricos en hierro se pueden consumir con frutas y verduras, que facilitarán su absorción debido a la presencia de vitamina C. Por el contrario, deben reducirse o al menos evitarse en la misma comida los inhibidores de la absorción del hierro, como el calcio en la leche o los taninos en el té y el café.


REFERENCIAS

  1. McClung, J. P., Gaffney-Stomberg, E., & Lee, J. J. (2014). Female athletes: a population at risk of vitamin and mineral deficiencies affecting health and performance. Journal of Trace Elements in Medicine and Biology, 28(4), 388-392.
  2. Whiting, S. J., & Barabash, W. A. (2006). Dietary reference intakes for the micronutrients: considerations for physical activity. Applied Physiology, Nutrition, and Metabolism, 31(1), 80-85.
  3. Spodaryk, K., Czekaj, J., & Sowa, W. (1996). Relationship among reduced level of stored iron and dietary iron in trained women. Physiological Research, 45(5), 393-397.
  4. Woolf, K., St. Thomas, M. M., Hahn, N., Vaughan, L. A., Carlson, A. G., & Hinton, P. (2009). Iron status in highly active and sedentary young women. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism, 19(5), 519-535.
  5. Mettler, S., & Zimmermann, M. B. (2010). Iron excess in recreational marathon runners. European Journal of Clinical Nutrition, 64(5), 490.
  6. Alaunyte, I., Stojceska, V., & Plunkett, A. (2015). Iron and the female athlete: a review of dietary treatment methods for improving iron status and exercise performance. Journal of the International Society of Sports Nutrition, 12(1), 38.

CROSSFIT, ¿ES REALMENTE UN DEPORTE TAN LESIVO?

Es tal el auge y la popularidad que ha alcanzado el crossfit en los últimos años que se estima que existen más de 10000 centros especializados en todo el mundo. Entre las razones que explican la fiebre por el crossfit destaca que se trata de una disciplina con una gran variedad de ejercicios, siendo cada sesión diferente a la anterior, lo que implica que cada entrenamiento suponga un reto. Cada WOD (Work of the Day) incluye trabajo de fuerza y cardiovascular de alta intensidad, suponiendo una alta demanda a nivel físico y mental, ya que en ocasiones se lleva al organismo hasta la extenuación.

Esta característica hace que el crossfit pueda suponer un mayor riesgo de lesión que otras modalidades deportivas. Hasta la fecha, diversos estudios han analizado su tasa de incidencia lesional. Uno de ellos (1), llevado a cabo entre 386 practicantes de crossfit, halló que un 19,4% de estos había sufrido una lesión en los 6 meses previos al estudio, siendo los hombres más propensos que las mujeres. Sin embargo, y aunque parezca sorprendente, la incidencia de lesiones no es mayor que la encontrada en corredores de larga distancia (2). Además, la tasa lesional parece situarse en torno a las 3,1 por cada 1000 horas de entrenamiento de crossfit (3), similar a la encontrada en modalidades deportivas como la gimnasia, los levantamientos olímpicos o el rugby. En este sentido, en el fútbol americano, en el hockey sobre hielo o en el fútbol se han registrado mayores tasas. Asimismo, la lesión de hombro –entre 25-31% (2,3)-parece ser la más frecuente entre los crossfiteros. El hecho de que ciertos ejercicios lleven a los hombros más allá de su rango de movimiento fisiológico (por ejemplo, kipping pull-up) podría explicar el alto porcentaje de lesión en el hombro. Otro factor que contribuiría a la lesión de hombro en particular y a lesionarse en general, sería la fatiga muscular que se produce como consecuencia del alto número de repeticiones realizadas en cada WOD. Por ello, es fundamental priorizar la técnica sobre los resultados con el fin de prevenir lesiones.

Por tanto, que el riesgo de lesión no sea mayor que el de otros deportes junto con los múltiples beneficios que aporta -aumento del VO2máx, de la fuerza y la resistencia muscular, y mejora de la composición corporal-, convierten al crossfit en un método de entrenamiento ideal para la mejora de la condición física (4) y, con ello, de la salud. En definitiva, quizá el peligro no resida en el crossfit en sí, sino en el uso que de él se hace, no dedicando el tiempo necesario para el aprendizaje de los ejercicios y no respetando los principios de individualización, de progresión y de relación óptima entre carga y recuperación.


REFERENCIAS

  1. Weisenthal, B. M., Beck, C. A., Maloney, M. D., DeHaven, K. E., & Giordano, B. D. (2014). Injury rate and patterns among CrossFit athletes. Orthopaedic Journal of Sports Medicine, 2(4), 2325967114531177.
  2. van Gent, B. R., Siem, D. D., van Middelkoop, M., van Os, T. A., Bierma-Zeinstra, S. S., & Koes, B. B. (2007). Incidence and determinants of lower extremity running injuries in long distance runners: a systematic review. British journal of sports medicine.
  3. Hak, P. T., Hodzovic, E., & Hickey, B. (2013). The nature and prevalence of injury during CrossFit training. Journal of strength and conditioning research.
  4. 4. Meyer, J., Morrison, J., & Zuniga, J. (2017). The Benefits and Risks of CrossFit: A Systematic Review. Workplace Health & Safety, 65(12):619.

NOS DICEN QUE HAGAMOS 5 VECES MENOS ACTIVIDAD FÍSICA DE LA QUE DEBERÍAMOS

La gente es cada vez más consciente de las bondades de la realización de actividad física (AF). Grandes e importante estudios han analizado los efectos de la AF sobre la salud, dando como resultado las recomendaciones –mínimas- que la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece para conseguir beneficios saludables, 600 MET a la semana, independientemente  de cualquiera de los cuatro dominios de AF -ocupacional, transporte, tiempo libre y doméstico-. Sin embargo, una limitación de estos estudios es que se centran principalmente en la AF en el tiempo libre, lo que representa una fracción relativamente pequeña de la actividad diaria total.

Recientemente, the British Medical Journal ha publicado una revisión sistemática con meta-análisis entre un total 174 artículos con el objetivo de cuantificar la dosis-respuesta necesaria entre la AF total y el riesgo de cáncer de mama, colon, diabetes, cardiopatía isquémica y accidente cerebrovascular (1).

Sorprendentemente, aunque los niveles más altos de AF total se asociaron significativamente con un menor riesgo para todos los resultados, las principales ganancias se produjeron entre 3000-4000 MET/semana, es decir, ¡¡¡5 veces más de lo que la OMS está recomendando!!! Así, 600 MET/semana (el mínimo recomendado) disminuían en tan solo 1% y 2% el riesgo de cáncer de mama y de diabetes, respectivamente, en comparación con no realizar ningún tipo de AF. Por el contrario, realizar hasta 3600 MET/semana redujo el riesgo en un 4% y un 19% adicional para cáncer de mama y de diabetes, respectivamente. Sin embargo, a niveles más altos de actividad se volvieron a producir menores beneficios: realizar entre 9000-12 000 MET/semana redujo el riesgo de cáncer de mama y diabetes en solo un 2% y un 0,6%.

Además, en comparación con individuos insuficientemente activos (<600 MET/semana), el riesgo de cáncer de mama en aquellos con niveles bajos de actividad (600-3999 MET), moderadamente activos (4000-7999 MET) y muy activos (≥8000 MET), se redujo en 3, 6 y 14%, respectivamente. En el caso del cáncer de colon, disminuyó en 10, 17 y 21%, respectivamente. La correspondiente reducción del riesgo fue 14, 25 y 28% para la diabetes, 16, 23 y 25% para cardiopatía isquémica, y 16, 19 y 26% para el accidente cerebrovascular. Es decir, el riesgo disminuye en todos los casos conforme aumenta el volumen de actividad física semanal.

Por último, los autores nos aconsejan cómo alcanzar los 3000 MET/semana necesarios para obtener el mayor efecto protector frente a algunas de las principales enfermedades crónicas. Tan solo habría que combinar diariamente las siguientes actividades: subir las escaleras durante 10 minutos, pasar la aspiradora 15 minutos, realizar actividades de jardinería 20 minutos, correr durante 20 minutos y desplazarse activamente -ir en bici o caminando- 25 minutos.


REFERENCIAS

  1. Kyu, H. H., Bachman, V. F., Alexander, L. T., Mumford, J. E., Afshin, A., Estep, K., … & Cercy, K. (2016). Physical activity and risk of breast cancer, colon cancer, diabetes, ischemic heart disease, and ischemic stroke events: systematic review and dose-response meta-analysis for the Global Burden of Disease Study 2013. BMJ, 354: i3857.

PÉRDIDA DE PESO CON… ¿DIETA O EJERCICIO DE FUERZA?

Siempre se ha considerado al ejercicio físico aeróbico como la panacea a la hora de querer perder peso, no teniéndose en consideración los beneficios del entrenamiento de fuerza (RT) dentro de cualquier programa de pérdida de peso. Hasta el American College of Sports Medicine, que recomienda el RT para aumentar la masa muscular, no lo promueve dentro de sus recomendaciones como estrategia para la perdida de grasa corporal.

El ejercicio aeróbico junto con un déficit calórico –que suele ser como se recomienda habitualmente para perder peso- va a ir acompañado, a su vez, de pérdidas notables de masa muscular, lo que impedirá mejorar la composición corporal. Por el contrario, el RT va a incrementar la masa muscular y una mayor masa muscular podrá llevarnos a tener un mayor gasto metabólico en reposo, promoviendo la pérdida de peso incluso en situaciones donde no estemos realizando ejercicio.

Un reciente estudio (1) ha tratado de determinar si el RT junto con una intervención dietética (RT+DIET) mejora en mayor medida la composición corporal que llevar a cabo únicamente RT o dieta por separado en 40 mujeres premenopásicas con sobrepeso/obesidad (edad: 32.3±4.8 años; IMC: 31.9±4.4; % de grasa corporal > 30). Las participantes fueran aleatorizadas en 4 grupos:

  • Solo dieta (DIET, n = 10)
  • Solo RT (RT, n = 10)
  • RT + dieta (RT+DIET, n = 10)
  • Grupo control (CON, n = 10)

Tras las 16 semanas de intervención, los dos grupos que incluyeron dieta mostraron reducciones de la masa grasa, siendo esta reducción mayor en el grupo RT+DIET. Interesantemente, aunque en el grupo de solo RT del 1º al 3º mes también se produjo pérdida de grasa, al 4º mes aumentó, lo que puede reflejar un abandono del control calórico debido a la ausencia de supervisión dietética. Además, tan solo el grupo RT incrementó la masa muscular (+ 2.2 kg), mientras que al combinar RT + dieta no se observaron dichas mejoras. Por último, el gasto metabólico en reposo no varió a lo largo de todo el proceso en ninguno de los grupos, lo que demuestra, a diferencia de lo encontrado en estudios anteriores, que los cambios en la masa muscular no siempre ocurren en paralelo a variaciones en el gasto metabólico en reposo.

Estos resultados refuerzan el hecho de que la intervención nutricional en combinación con el ejercicio es esencial en cualquier programa para pérdida de peso. Un estudio previo apuntó en la misma línea cuando al comparar en mujeres obesas posmenopáusicas los efectos de restricción calórica , RT o una combinación de ambas, encontró que las principales pérdidas de masa grasa ocurrían únicamente en los dos grupos que incluían restricción calórica (2).

Por tanto, la dieta debe ser un elemento clave sobre el que debe girar la lucha contra la obesidad, mientras que combinándola con RT ayudaríamos a optimizar la mejora de la composición corporal.


REFERENCIAS

  1. Miller, T., Mull, S., Aragon, A. A., Krieger, J., & Schoenfeld, B. J. (2017). Resistance Training Combined With Diet Decreases Body Fat While Preserving Lean Mass Independent of Resting Metabolic Rate: A Randomized Trial. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism, 1-24.
  2. 2. Bouchard, D. R., Soucy, L., Sénéchal, M., Dionne, I. J., & Brochu, M. (2009). Impact of resistance training with or without caloric restriction on physical capacity in obese older women. Menopause, 16(1), 66-72

DIFERENCIAS EN LA RECUPERACIÓN TRAS ENTRENAMIENTO DE FUERZA DE ALTA INTENSIDAD VS ALTO VOLUMEN

Conocer cómo se recupera fisiológicamente el organismo tras una sesión de ejercicio es un factor clave en el diseño de un programa de entrenamiento individualizado. El grado de fatiga va a depender del tipo de ejercicio o entrenamiento realizado, condicionando de forma importante el rendimiento en las posteriores sesiones de entrenamiento.

La literatura científica respecto al efecto agudo de un protocolo de entrenamiento de fuerza de alto volumen frente a uno de alta intensidad sobre parámetros relacionados con la recuperación es limitada. Por ello, un grupo de investigadores de la University of Central Florida (Orlando, EEUU) ha comparado el efecto de ambos protocolos de entrenamiento sobre el rendimiento muscular, marcadores hormonales, inflamatorios y de daño muscular en sujetos entrenados (1).

12 hombres (24.5 ± 4.2 años) fueron divididos aleatoriamente en dos grupos:

  • HV: entrenamiento de alto volumen y moderada intensidad (8 series de 10 repeticiones al 70% de 1-RM)
  • HI: entrenamiento de alta intensidad y bajo volumen (8 series de 3 repeticiones al 90% de 1-RM).

Antes de la sesión y a los 30 minutos (P-30), a las 24 (P-24), a las 48 (P-48) y a las 72 horas (P-72) se evaluaron la potencia en un salto con contramovimiento (CMJ), tests de fuerza isométrica e isocinética, el área de sección transversal (CSA) del vasto lateral del cuádriceps, parámetros hormonales (testosterona y cortisol), inflamatorios (IL-6 y PCR) y de daño muscular (creatina quinasa –CK-, lactato deshidrogenasa –LDH- y mioglobina –Mb-).

En primer lugar, se halló que el protocolo de HV supuso una mayor disminución del rendimiento en los tests de CMJ y de fuerza isométrica e isocinética en P-30 y en los de fuerza isométrica en P-72 en comparación con el protocolo de HI. Sin embargo, se encontró un aumento en el CSA del vasto lateral en HV, manteniéndose mayor incluso en P-72 que en la valoración previa a la sesión. Este efecto no se encontró en HI.

Las concentraciones plasmáticas de los marcadores de daño muscular incrementaron tras ambos protocolos de ejercicio, mientras que la IL-6 y el cortisol aumentaron en el grupo de HV, sin observarse cambios en el de HI, lo que sugiere un mayor estrés metabólico post-ejercicio en el grupo HV. Por último, la concentración de testosterona aumentó tras ambos tipos de entrenamiento. Por el contrario, el ratio testosterona/cortisol disminuyó, aunque ambos marcadores volvieron a valores basales en P-24.

Por tanto, a la hora de diseñar un programa de entrenamiento de fuerza es necesario tener en cuenta que entrenamientos de distintos volúmenes e intensidades no sólo provocarán distintas adaptaciones, sino también distintos niveles de fatiga. En concreto, el entrenamiento de alto volumen supondrá una mayor fatiga que entrenamientos de menor volumen, pero mayor intensidad, por lo que si queremos obtener un óptimo rendimiento en la siguiente sesión, el tiempo de recuperación inter-sesiones deberá ser mayor en el caso de programas donde el objetivo sea el desarrollo muscular.


REFERENCIA

  1. Bartolomei S, Sadres E, Church DD, Arroyo E, Gordon III JA, Varanoske AN, Wang R, Beyer KS, Oliveira LP, Stout JR & Hoffman JR (2017). Comparison of the recovery response from high-intensity and high-volume resistance exercise in trained men. Eur J Appl Physiol, 117(7):1287-1298.

LA DOMINADA, UN EJERCICIO FUNDAMENTAL EN NATACIÓN

No cabe duda de que el entrenamiento de fuerza se ha instaurado como uno de los pilares fundamentales para el rendimiento en cualquier deporte. En el caso de la natación, el rendimiento estará influenciado, aparte de por variables fisiológicas y psicológicas, por la cantidad de fuerza aplicada sobre el agua para desplazarse (además de por las fuerzas de frenado). Por ello, el entrenamiento de fuerza, ya sea en seco (fuera del agua) o específico dentro del gesto de nado (con palas, etc.), ocupa una gran parte del tiempo de entrenamiento de estos deportistas.

Dentro de la gran diversidad de ejercicios utilizados por los nadadores para entrenar la fuerza en seco, la dominada podría ser uno de los más populares. Durante una dominada se produce una gran activación del músculo dorsal ancho, uno de los principales músculos involucrados en la acción de nado. Por ello, este ejercicio podría servir tanto para entrenar como para evaluar los niveles de fuerza de los nadadores de una forma “específica”.

Sin embargo, ningún estudio hasta la fecha había evaluado la relación entre los niveles de fuerza en dominada y el rendimiento de nado. Por ello, uno de los autores de Fissac, Pedro L. Valenzuela, en colaboración con el especialista en natación J. Ignacio Pérez y otros investigadores como Mikel Izquierdo analizaron dicha relación en un estudio aceptado recientemente en el Journal of Strength and Conditioning Research . Para ello, se analizaron diversas variables biomecánicas de la dominada como la velocidad y la potencia en 12 nadadores jóvenes de alto nivel (tiempo en 50 m libres: 26.4 ± 1.4 s) mediante un encoder lineal enganchado a la cintura con un arnés. Además, se midió el tiempo de nado en 50 m libres y el tiempo de nado en 50 m sólo con pies.

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Fig. 1. La velocidad con la que se es capaz de realizar una dominada puede ser un indicador de rendimiento en nadadores de alto nivel.

Los resultados mostraron como tanto la velocidad (r=0.80) como la potencia (r=0.76) de ejecución en una dominada realizada a máxima intensidad podían predecir de forma importante el rendimiento en 50 m libres en estos nadadores de alto nivel. Además, la velocidad media sostenida durante un test de máximo número de dominadas hasta el fallo también se asoció de forma importante con el rendimiento (r=0.88). Sin embargo, el número de dominadas que los nadadores podían hacer hasta el fallo no se relacionó de forma significativa con el rendimiento, pese a ser uno de los tests más utilizados por los entrenadores de natación. Curiosamente, se observó también que uniendo los datos de pérdida de velocidad relativa durante el test de dominadas hasta el fallo y el tiempo en 50 m solo con pies se podía explicar hasta en un 84% el rendimiento en 50 m libres, mostrando así el importante papel de la fuerza del tren superior y de la eficacia de la patada para el rendimiento.

Por lo tanto, la dominada se muestra como un ejercicio fundamental en natación, pudiendo ser utilizado tanto para entrenar como para evaluar la fuerza del tren superior de los deportistas. Además, atendiendo a estos resultados, lo importante no es el número de dominadas que un deportista puede realizar, sino que la parte concéntrica (ascendente) de cada repetición se realice con la máxima velocidad posible. No obstante, es necesario remarcar el importante papel de la técnica en natación. De nada servirá la aplicación de una gran cantidad de fuerzas si éstas no se aplican en la dirección adecuada o si las fuerzas de frenado (dependientes de la posición del nadador, etc.) son excesivas. Por ello, el entrenamiento de la técnica debe primar sobre el entrenamiento de fuerza.