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EL EJERCICIO FÍSICO, FUNDAMENTAL EN PERSONAS EN DIÁLISIS

La prevalencia de personas con enfermedad renal crónica se ha disparado en las últimas décadas unido al aumento de otras comorbilidades como la obesidad, la hipertensión o la diabetes. La hemodiálisis es, a falta de un trasplante, el tratamiento de referencia para las personas con insuficiencia renal en etapa terminal.

Las técnicas de hemodiálisis han mejorado mucho, y con ello la supervivencia de estos pacientes. Sin embargo, todavía siguen presentando un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y muerte que la población general (Szczech and Lazar 2004). Uno de los factores que contribuye al riesgo de morbimortalidad de estos pacientes es su bajo estado de forma física, existiendo una alta relación entre el estado de forma y su supervivencia (Torino, 2014). Por ello, el ejercicio físico se muestra como una estrategia fundamental en esta población.

Los beneficios del ejercicio físico en pacientes en diálisis han sido ampliamente contrastados, incluso cuando se realiza durante el mismo tratamiento (es decir, sentados). Por ejemplo, un meta-análisis reciente (Chung et al. 2017) que incluyó 17 ensayos clínicos aleatorizados y controlados (el gold standard de la investigación) y un total de 651 pacientes mostró que los programas de ejercicio intra-diálisis mejoran el consumo de oxígeno, variables analíticas, y otras variables psicológicas (depresión y algunos componentes de la calidad de vida). Además, estos programas de entrenamiento mostraron ser seguros.

Confirmando el potencial del ejercicio intra-diálisis, un reciente estudio (Valenzuela et al. 2018) realizado por miembros de Fissac en colaboración con la Fundación Renal Íñigo Álvarez de Toledo (FRIAT) muestra que 14 semanas de ejercicio (3 días a la semana, 1 hora por día) mejoran la función física de los pacientes. Sin embargo, uno de los hallazgos más curiosos de este estudio fue que mientras que los pacientes que empezaban el programa de entrenamiento en peores condiciones mejoraban considerablemente, aquellos con una mejor forma física basal (pero aun así, por debajo de lo recomendable) no obtenían beneficios. Estos resultados hacen pensar que el estímulo de ejercicio provocado pudo no ser suficiente para inducir mejoras en aquellos con mejor forma física, algo bastante común en poblaciones clínicas.

En resumen, el ejercicio físico es una piedra angular en el tratamiento de los pacientes en diálisis, ayudando a mejorar su forma física y calidad de vida (dos de los grandes predictores de morbimortalidad en esta población). No obstante, el estímulo aplicado debe ser el suficiente para provocar adaptaciones. A menudo pecamos de conservadores y, buscando la seguridad, aplicamos un mismo entrenamiento de intensidad moderada o baja a todos los pacientes. Sin embargo, siempre y cuando exista un control médico adecuado, debemos tratar de aumentar el nivel de entrenamiento para maximizar las mejoras.


REFERENCIAS

Chung Y-C, Yeh M-L, Liu Y-M (2017) Effects of intradialytic exercise on the physical function, depression and quality of life for haemodialysis patients: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. J Clin Nurs 26:1801–1813. doi: 10.1111/jocn.13514

Szczech LA, Lazar IL (2004) Projecting the United States ESRD population: issues regarding treatment of patients with ESRD. Kidney Int Suppl 66:S3–S7. doi: 10.1111/j.1523-1755.2004.09002.x

Valenzuela PL, de Alba A, Pedrero-Chamizo R, et al (2018) Intradialytic exercise: One size doesn’t fit all. Front Physiol. doi: 10.3389/fphys.2018.00844

CONSUMO DE PROTEÍNAS Y DAÑO RENAL ¿MITO O REALIDAD?

Ya hemos hablado en este blog de la importancia del consumo de una cantidad óptima de proteínas, cantidad que parece ser mayor a la tradicionalmente recomendada. Un consumo adecuado de proteínas será esencial para la correcta recuperación y adaptación al entrenamiento en deportistas (Phillips 2014). Además, un aumento en el consumo de proteínas se asocia a mayores pérdidas de peso por el poder saciante de este nutriente y a una mejora en la respuesta insulínica en pacientes con diabetes tipo II (Gannon et al. 2003).

Teniendo en cuenta estos beneficios, no es de extrañar que muchas personas aumenten el aporte de proteínas en su dieta ya sea mediante alimentación o mediante suplementación. Sin embargo, existe un temor generalizado sobre los posibles efectos perjudiciales de este tipo de dietas, creyendo que elevar el consumo de proteínas podría favorecer la aparición de diversos problemas a nivel renal mediante el aumento de la presión glomerular y la hiperfiltración necesaria para metabolizar dicho nutriente.

Ante tal situación, en la revisión de Martin et al. (2005) se resumió la evidencia científica respecto a los efectos de una dieta alta en proteínas (>1.5 g/kg/día) sobre la estructura y función renal. En un estudio (Knight et al. 2003) realizado en 1624 mujeres con función renal normal o con insuficiencia renal moderada se observó que un consumo elevado de proteínas no disminuía la función renal en personas sanas, aunque el consumo total de proteínas sí se asoció a un empeoramiento de la patología en aquellas pacientes que ya presentaban insuficiencia renal con anterioridad. Otros estudios han mostrado como el consumo de proteínas eleva la presencia de creatinina y urea en orina, elevando el ratio de filtración glomerular y, por tanto, pudiendo suponer un estrés para el riñón. Una posible consecuencia de este aumento en el ratio de filtración glomerular podría ser el desarrollo de hipertrofia renal. Sin embargo, estas adaptaciones no tienen por qué suponer un mayor riesgo de insuficiencia renal sino que parecen ser simplemente un mecanismo de adaptación, algo que ocurre en muchas otras situaciones fisiológicas.

fissac _ diálisis proteínas

Fig. 1. En personas que ya presentan insuficiencia renal un consumo elevado de proteínas puede empeorar la patología al aumentar excesivamente la presión glomerular.

En resumen, las clásicas recomendaciones de consumo de proteínas parecen no ser suficientes para cumplir los requerimientos de ninguna población, y mucho menos en aquellas con mayores necesidades como los deportistas o las personas con mayor riesgo de atrofia muscular como las mayores. Elevar el consumo de proteínas (hasta 1.5-2 g/kg/día) podría tener numerosos beneficios, y atendiendo a la literatura científica, no parece suponer efectos negativos a nivel renal, algo que ha sido tradicionalmente defendido. No obstante, debemos ser conscientes de que estas recomendaciones deben ser individualizadas, ya que por ejemplo en aquellas personas que ya presentan algún tipo de insuficiencia renal sí podría empeorar la patología.


REFERENCIAS

Gannon, M.C. et al., 2003. An increase in dietary protein improves the blood glucose response in persons with type 2 diabetes. The American journal of clinical nutrition, 78, pp.734–741.

Knight, E. et al., 2003. The impact of protein intake on renal function decline in women with normal renal function or mild renal insufficiency. Annals of internal medicine, 138(6), pp.460–467.

Martin, W.F., Armstrong, L.E. & Rodriguez, N.R., 2005. Dietary protein intake and renal function. Nutrition & metabolism, 2, p.25.

Phillips, S.M., 2014. A Brief Review of Higher Dietary Protein Diets in Weight Loss: A Focus on Athletes. Sports Medicine, 44(Suppl 2), pp.149–153.