Entradas

¿TENEMOS QUE REDUCIR NUESTRO CONSUMO DE GRASAS?

La dieta es, junto con otros factores como el ejercicio o el tabaquismo, uno de los componentes del estilo de vida que juega un mayor papel en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y en definitiva en el riesgo de mortalidad. Actualmente las principales guías de salud recomiendan reducir la ingesta de grasas a menos de un 30% de la ingesta calórica total así como reducir las grasas saturadas a un 10%, dando prioridad a la ingesta de carbohidratos. Sin embargo, cada vez más evidencia pone en entredicho la necesidad de limitar el consumo de grasas, estando ahora los carbohidratos en el punto de mira.

Un estudio (denominado PURE study) muy reciente publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet (Dehghan et al., 2017) realizó un seguimiento durante algo más de 7 años de la ingesta nutricional de 135335 sujetos de diferentes países y status socioeconómico, así como de la prevalencia de mortalidad y eventos cardiovasculares en esta población. Tras el periodo de seguimiento se observó que aquellas personas que consumían más carbohidratos tenían un mayor riesgo de mortalidad en comparación con las que menos carbohidratos consumían. Por el contrario, aquellos que consumían más grasa, independientemente del tipo, presentaban un menor riesgo de mortalidad. Interesantemente, incluso aquellos que consumían una mayor cantidad de grasas saturadas, tradicionalmente desterradas en las guías de salud, presentaban un menor riesgo de mortalidad y de sufrir enfermedades cardiovasculares como ictus.

Los carbohidratos se han instaurado, posiblemente con gran ayuda por parte de las grandes industrias, como pilar fundamental de nuestra dieta. En contra de las recomendaciones mundiales de salud que incitan a aumentar el consumo de carbohidratos denostando las grasas, este estudio no encontró asociación entre el consumo de grasas y un mayor riesgo cardiovascular o de muerte. De hecho, un mayor consumo de grasas junto con un menor consumo de carbohidratos se asoció a menor riesgo de mortalidad. Es importante remarcar que estos resultados no deben alentar al consumo indiscriminado de productos con un alto contenido en grasas sin prestar atención al resto de nutrientes, ya que a menudo los productos procesados contienen grasas pero también otros componentes nocivos para la salud. No obstante, sí deben servir para evitar la tendencia a centrar los esfuerzos en eliminar las grasas de nuestra dieta consumiendo productos procesados, ya que el consumo de grasa per se no parece ser perjudicial para la salud.


REFERENCIAS

Dehghan, M., Mente, A., Zhang, X., Swaminathan, S., Li, W., Mohan, V., … Mapanga, R. (2017). Associations of fats and carbohydrate intake with cardiovascular disease and mortality in 18 countries from five continents (PURE): a prospective cohort study. The Lancet, 390(10107), 2050–2062. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(17)32252-3

DIETA ALTA vs BAJA EN CARBOHIDRATOS PARA EL RENDIMIENTO EN DEPORTES DE RESISTENCIA

El rendimiento en deportes de élite se nutre de nuevas investigaciones con el fin de mejorar las marcas de los deportistas. Recientes investigaciones han demostrado diferentes beneficios para el rendimiento de las dietas cetogénicas altas en grasas (LOW CARB-HIGH FAT), por lo que muchos atletas prueban estrategias nutricionales que incluyen protocolos con una baja disponibilidad en carbohidratos y ricas en grasa con el objetivo de mejorar su rendimiento.

Un estudio reciente liderado por la Dra. Burke [1] investigó la adaptación a una dieta baja en carbohidratos (LOW CARB) y alta en grasas (HIGH FAT) durante 3 semanas de entrenamiento intenso y sus efectos sobre el metabolismo y el rendimiento de atletas de élite de resistencia. Se realizaron 3 dietas isoenergéticas según el grupo de estudio:

  • High Carb (HCHO): alto aporte en carbohidratos (8,6 gr/kg/día hidratos de carbono, 2,1 proteína y 1,2 grasa) antes, durante y después del entrenamiento.
  • Low-High Carb (PCHO): idéntica ingesta de macronutrientes que la anterior pero alternando entre días disponibilidad alta y baja de CHO.
  • Low Carb – High Fat (LCHF): alta disponibilidad de grasa (< 50 g/día CHO; 2,1 g/kg/día de proteína; 78% de la ingesta energética en forma de grasa).

Tras la intervención, el VO2max incrementó en todos los grupos. El grupo LCHF aumentó la tasa de oxidación de grasas. Sin embargo, este grupo disminuyó la economía de carrera, ya que el VO2 aumentó a la velocidad empleada por los corredores para un 20K, mientras que los grupos de HCHO y PCHO redujeron el %VO2 empleado a esa velocidad de carrera.

Captura de pantalla 2017-07-17 a las 17.59.54

Figura 1. Consumo máximo de oxígeno en corredores de élite pre y post intervención de 3 semanas intensas de entrenamiento en los 3 grupos de estudio. Alto aporte de hidratos de carbono (HCHO), disponibilidad periodizada de carbohidratos (PCHO) y dieta baja en carbohidratos y alta en grasa (LCHF).

Además, los grupos HCHO y PCHO mejoraron el tiempo de 10K, reduciendo un 6,6% y un 5,3% su marca respectivamente, mientras que en el grupo High Fat se vio incluso un leve aumento de sus tiempos (-1,6%).

Captura de pantalla 2017-07-17 a las 17.58.50

Figura 2. Tiempo de carrera en 10K en corredores de élite pre y post intervención de 3 semanas intensas de entrenamiento en los 3 grupos de estudio.

Se concluye por lo tanto que el entrenamiento con una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos, a pesar de mejorar el VO2max, no mejora el rendimiento en atletas de resistencia de élite, en parte debido a una reducción en la economía de carrera. Por ello, los deportistas de resistencia de élite deben optar por protocolos nutricionales en los que la presencia de carbohidratos sea un pilar fundamental en los periodos de entrenamiento intenso.


REFERENCIA

[1]      L. M. Burke, M. L. Ross, L. A. Garvican-Lewis, M. Welvaert, I. A. Heikura, S. G. Forbes, J. G. Mirtschin, L. E. Cato, N. Strobel, A. P. Sharma, and J. A. Hawley, “Low carbohydrate, high fat diet impairs exercise economy and negates the performance benefit from intensified training in elite race walkers,” J. Physiol., vol. 595, no. 9, pp. 2785–2807, May 2017.