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¿SOMOS CONSCIENTES DE NUESTROS PROBLEMAS DE PESO?

Como ya hemos insistido en innumerables ocasiones, la obesidad se está convirtiendo en una de las principales epidemias en los países desarrollados. El sobrepeso y la obesidad están asociados a un mayor riesgo de sufrir patologías como diabetes, hipertensión, o algunos tipos de cáncer, aumentando así el riesgo de mortalidad. Por lo tanto, su prevención debe ser un objetivo clave en la salud pública.

Sin embargo, y pese a los graves perjuicios que el sobrepeso y la obesidad pueden tener en la salud, en algunos sectores se está promocionando una “normalización” de estas condiciones. Por ejemplo, en algunos países a las tallas más grandes les “restan” algunos números para no dañar la autoestima de los compradores. De forma similar, algunos anuncios televisivos tratan de positivizar el sobrepeso. Estas estrategias sumadas al hecho de que cada vez es más común ver personas con sobrepeso (aproximadamente 1 de cada 4 adultos tiene obesidad) hace que podamos tener una conciencia equivocada de nuestros problemas de peso.

Para determinar si realmente somos conscientes de nuestro peso, un estudio (Muttarak, 2018) evaluó a 23459 personas con sobrepeso (en este caso entendido como índice de masa corporal > 25). Los autores observaron que entre 1997 y 2015 el porcentaje de personas que estaba “equivocada” respecto a su sobrepeso aumentó del 37 al 40% en hombres y del 17 al 19% en mujeres, siendo las personas con menor nivel de estudios y peor status socioeconómico los menos conscientes de su sobrepeso. En consecuencia, aquellas personas menos conscientes de su sobrepeso eran un 85% menos propensas a incluir estrategias para controlarlo (Ej. dieta, ejercicio).

En resumen, la prevalencia de sobrepeso aumenta de forma exponencial, y una causa puede ser que 2-4 de cada 10 personas no es consciente de que lo tiene. Olvidándonos de los motivos estéticos (que deben ser olvidados), el sobrepeso se asocia con un mayor riesgo de morbimortalidad, y por lo tanto debemos crear conciencia de esta problemática y desarrollar estrategias para evitarlo.


REFERENCIA

Muttarak, R. (2018) Normalization of Plus Size and the Danger of Unseen Overweight and Obesity in England. Obesity. 26:1125-1129.

¿TENEMOS QUE REDUCIR NUESTRO CONSUMO DE GRASAS?

La dieta es, junto con otros factores como el ejercicio o el tabaquismo, uno de los componentes del estilo de vida que juega un mayor papel en el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y en definitiva en el riesgo de mortalidad. Actualmente las principales guías de salud recomiendan reducir la ingesta de grasas a menos de un 30% de la ingesta calórica total así como reducir las grasas saturadas a un 10%, dando prioridad a la ingesta de carbohidratos. Sin embargo, cada vez más evidencia pone en entredicho la necesidad de limitar el consumo de grasas, estando ahora los carbohidratos en el punto de mira.

Un estudio (denominado PURE study) muy reciente publicado en la prestigiosa revista médica The Lancet (Dehghan et al., 2017) realizó un seguimiento durante algo más de 7 años de la ingesta nutricional de 135335 sujetos de diferentes países y status socioeconómico, así como de la prevalencia de mortalidad y eventos cardiovasculares en esta población. Tras el periodo de seguimiento se observó que aquellas personas que consumían más carbohidratos tenían un mayor riesgo de mortalidad en comparación con las que menos carbohidratos consumían. Por el contrario, aquellos que consumían más grasa, independientemente del tipo, presentaban un menor riesgo de mortalidad. Interesantemente, incluso aquellos que consumían una mayor cantidad de grasas saturadas, tradicionalmente desterradas en las guías de salud, presentaban un menor riesgo de mortalidad y de sufrir enfermedades cardiovasculares como ictus.

Los carbohidratos se han instaurado, posiblemente con gran ayuda por parte de las grandes industrias, como pilar fundamental de nuestra dieta. En contra de las recomendaciones mundiales de salud que incitan a aumentar el consumo de carbohidratos denostando las grasas, este estudio no encontró asociación entre el consumo de grasas y un mayor riesgo cardiovascular o de muerte. De hecho, un mayor consumo de grasas junto con un menor consumo de carbohidratos se asoció a menor riesgo de mortalidad. Es importante remarcar que estos resultados no deben alentar al consumo indiscriminado de productos con un alto contenido en grasas sin prestar atención al resto de nutrientes, ya que a menudo los productos procesados contienen grasas pero también otros componentes nocivos para la salud. No obstante, sí deben servir para evitar la tendencia a centrar los esfuerzos en eliminar las grasas de nuestra dieta consumiendo productos procesados, ya que el consumo de grasa per se no parece ser perjudicial para la salud.


REFERENCIAS

Dehghan, M., Mente, A., Zhang, X., Swaminathan, S., Li, W., Mohan, V., … Mapanga, R. (2017). Associations of fats and carbohydrate intake with cardiovascular disease and mortality in 18 countries from five continents (PURE): a prospective cohort study. The Lancet, 390(10107), 2050–2062. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(17)32252-3

EJERCICIO Y RESTRICCIÓN CALÓRICA PARA AUMENTAR LA CAPACIDAD DE EJERCICIO EN PACIENTES OBESOS CON INSUFICIENCIA CARDIACA

Los pacientes con obesidad pueden presentar cuadros clínicos en los que la función cardiovascular esté alterada. Más del 80% de los pacientes con insuficiencia cardíaca con fracción de eyección preservada (ICFEP), la forma más común de insuficiencia cardíaca entre las personas mayores, tienen sobrepeso u obesidad. En estos pacientes, la intolerancia al ejercicio es el principal síntoma de la ICFEP crónica y el determinante principal de la reducción de su calidad de vida.

En personas mayores con obesidad sin insuficiencia cardiaca, los beneficios de la restricción calórica y el ejercicio están bien descritos: mejora de la función diastólica y la hipertrofia del ventrículo izquierdo, la capacidad de hacer ejercicio, el perfil lipídico, los niveles de glucosa, los marcadores de inflamación, la función musculo-esquelética, etc.

Por ello, y  con el fin de determinar si la restricción calórica o el entrenamiento aeróbico (ejercicio) mejoran la capacidad y la calidad de vida de pacientes con ICFEP, se llevó a cabo un estudio [1] con 100 pacientes obesos (IMC=39.3±5.6kg/m2) de edad avanzada (67±5 años) que presentaban ICFEP crónico. 26 pacientes fueron asignados aleatoriamente al grupo de ejercicio, 24 al de dieta, 25 a dieta + ejercicio y 25 al grupo control.

Tras la intervención, el VO2 pico (valor con el que evaluaban la capacidad de ejercicio) aumentó significativamente tanto en el grupo de ejercicio como en el grupo de la dieta: el efecto principal del ejercicio fue de 1,2 ml / kg / min; mientras que el de solo dieta fue de 1.3 ml / kg / min. La combinación de ejercicio + dieta potenció las mejoras sobre el VO2 pico (2,5 ml / kg / min). Además, el VO2 pico se correlacionó positivamente con una mejora en el porcentaje de masa corporal magra. El peso corporal disminuyó en 7 ± 1 kg (7%) en el grupo de la dieta, en 4 ± 1 kg (3%) en el de ejercicio y en 11 ± 1 kg (10%) en el de ejercicio + dieta.

A pesar de que se pueda pensar que el ejercicio podría suponer un riesgo para pacientes con insuficiencia cardiaca, durante el estudio no hubo eventos adversos graves, y la adherencia tanto al ejercicio como a la dieta fue muy alta (84 y 99%, respectivamente). Ello demuestra que si el diseño de un programa de ejercicio tiene en cuenta las particularidades de las diferentes poblaciones a las que va dirigido, puede ser un tratamiento seguro y efectivo.

Por lo tanto, en pacientes mayores con obesidad y que padecen insuficiencia cardíaca, un programa de ejercicio combinado con restricción calórica puede aumentar la capacidad de hacer ejercicio y con ello aprovecharse de los beneficios que éste y la dieta producen en el organismo.


REFERENCIA

[1]      D. W. Kitzman, P. Brubaker, T. Morgan, M. Haykowsky, G. Hundley, W. E. Kraus, J. Eggebeen, and B. J. Nicklas, “Effect of caloric restriction or aerobic exercise training on peak oxygen consumption and quality of life in obese older patients with heart failure with preserved ejection fraction: a randomized clinical trial,” Jama, vol. 315, no. 1, pp. 36–46, 2016.

DIETAS BAJAS EN CARBOHIDRATOS PARA EL RENDIMIENTO ¿QUÉ DICE LA EVIDENCIA?

Las dietas bajas en carbohidratos se presentan actualmente como una tendencia con un gran seguimiento entre los deportistas de resistencia. El rendimiento en estos deportes está altamente condicionado por la disponibilidad de glucógeno, el almacén de los carbohidratos en hígado y músculo. Las dietas bajas en carbohidratos parecen mejorar el metabolismo de las grasas, lo cual supondría un ahorro de glucógeno y por lo tanto la capacidad para evitar esa fatiga tan temida por los deportistas comúnmente denominada “pájara” o “muro”. Ante tal hipótesis, muchos deportistas se aventuran a reducir su ingesta de carbohidratos siguiendo dietas como la cetogénica (< 50 g al día de carbohidratos).

Un estudio muy reciente publicado en la prestigiosa revista Metabolism1 analizó el efecto de una dieta de 12 semanas alta en hidratos de carbono (65% de carbohidratos) o cetogénica (6% de carbohidratos) en deportistas de resistencia. Los investigadores encontraron una pérdida de peso y masa grasa considerablemente mayor con la dieta cetogénica que con la alta en carbohidratos. Además, aunque no se observaron diferencias en el rendimiento en una prueba de 100 km en bici, la dieta cetogénica aumentó la capacidad para consumir grasas durante este esfuerzo, y aportó ligeros beneficios en la potencia relativa durante un sprint.

Sin embargo, la evidencia respecto a los beneficios de las dietas bajas en carbohidratos para el rendimiento no es unánime. Así, el grupo de la doctora Loiuse Burke, una de las mayores especialistas en nutrición deportiva, encontró2 que las dietas bajas en carbohidratos durante 12 semanas de entrenamiento intenso aumentaban la oxidación de grasas durante el ejercicio, pero también observaron una peor eficiencia energética (mayor consumo de oxígeno para los mismos ritmos) y un peor rendimiento en una prueba de 10 km en comparación con aquellos que consumían una dieta alta en hidratos de carbono o quienes periodizaban su ingesta (alternando momentos de alto y bajo consumo de hidratos de carbono).

Por lo tanto, aunque las dietas bajas en carbohidratos pueden aportar interesantes beneficios a nivel fisiológico como una mayor capacidad de oxidación de grasas -algo primordial especialmente en deportes de muy larga duración-, también parecen comprometer la capacidad para realizar esfuerzos de alta intensidad y, por lo tanto, el rendimiento. Estrategias como la periodización de la ingesta de carbohidratos podrían suponer un equilibrio positivo. De hecho, realizar las sesiones de entrenamiento intenso con una alta disponibilidad de carbohidratos y las sesiones de volumen y menor intensidad restringiendo la ingesta de este macronutriente ha mostrado propiciar grandes beneficios en el rendimiento y la masa grasa, más aún que dietas altas o bajas en hidratos de carbono. 3,4


Referencias

  1. McSwiney, F. T. et al. Keto-adaptation enhances exercise performance and body composition responses to training in endurance athletes. Metabolism 81, 25–34 (2017).
  2. Burke, L. M. et al. Low carbohydrate, high fat diet impairs exercise economy and negates the performance benefit from intensified training in elite race walkers. J. Physiol. 595, 2785–2807 (2017).
  3. Marquet, L. A. et al. Enhanced endurance performance by periodization of carbohydrate intake: ‘Sleep Low’ strategy. Medicine and Science in Sports and Exercise 48, (2016).
  4. Marquet, L. A. et al. Periodization of Carbohydrate Intake: Short-Term Effect on Performance. Nutrients 8, 1–13 (2016).

PÉRDIDA DE PESO CON… ¿DIETA O EJERCICIO DE FUERZA?

Siempre se ha considerado al ejercicio físico aeróbico como la panacea a la hora de querer perder peso, no teniéndose en consideración los beneficios del entrenamiento de fuerza (RT) dentro de cualquier programa de pérdida de peso. Hasta el American College of Sports Medicine, que recomienda el RT para aumentar la masa muscular, no lo promueve dentro de sus recomendaciones como estrategia para la perdida de grasa corporal.

El ejercicio aeróbico junto con un déficit calórico –que suele ser como se recomienda habitualmente para perder peso- va a ir acompañado, a su vez, de pérdidas notables de masa muscular, lo que impedirá mejorar la composición corporal. Por el contrario, el RT va a incrementar la masa muscular y una mayor masa muscular podrá llevarnos a tener un mayor gasto metabólico en reposo, promoviendo la pérdida de peso incluso en situaciones donde no estemos realizando ejercicio.

Un reciente estudio (1) ha tratado de determinar si el RT junto con una intervención dietética (RT+DIET) mejora en mayor medida la composición corporal que llevar a cabo únicamente RT o dieta por separado en 40 mujeres premenopásicas con sobrepeso/obesidad (edad: 32.3±4.8 años; IMC: 31.9±4.4; % de grasa corporal > 30). Las participantes fueran aleatorizadas en 4 grupos:

  • Solo dieta (DIET, n = 10)
  • Solo RT (RT, n = 10)
  • RT + dieta (RT+DIET, n = 10)
  • Grupo control (CON, n = 10)

Tras las 16 semanas de intervención, los dos grupos que incluyeron dieta mostraron reducciones de la masa grasa, siendo esta reducción mayor en el grupo RT+DIET. Interesantemente, aunque en el grupo de solo RT del 1º al 3º mes también se produjo pérdida de grasa, al 4º mes aumentó, lo que puede reflejar un abandono del control calórico debido a la ausencia de supervisión dietética. Además, tan solo el grupo RT incrementó la masa muscular (+ 2.2 kg), mientras que al combinar RT + dieta no se observaron dichas mejoras. Por último, el gasto metabólico en reposo no varió a lo largo de todo el proceso en ninguno de los grupos, lo que demuestra, a diferencia de lo encontrado en estudios anteriores, que los cambios en la masa muscular no siempre ocurren en paralelo a variaciones en el gasto metabólico en reposo.

Estos resultados refuerzan el hecho de que la intervención nutricional en combinación con el ejercicio es esencial en cualquier programa para pérdida de peso. Un estudio previo apuntó en la misma línea cuando al comparar en mujeres posmenopáusicas con obesidad los efectos de restricción calórica , RT o una combinación de ambas, encontró que las principales pérdidas de masa grasa ocurrían únicamente en los dos grupos que incluían restricción calórica (2). Por tanto, la dieta debe ser un elemento clave sobre el que debe girar la lucha contra la obesidad, mientras que combinándola con RT ayudaríamos a optimizar la mejora de la composición corporal.


REFERENCIAS

  1. Miller, T., Mull, S., Aragon, A. A., Krieger, J., & Schoenfeld, B. J. (2017). Resistance Training Combined With Diet Decreases Body Fat While Preserving Lean Mass Independent of Resting Metabolic Rate: A Randomized Trial. International Journal of Sport Nutrition and Exercise Metabolism, 1-24.
  2. 2. Bouchard, D. R., Soucy, L., Sénéchal, M., Dionne, I. J., & Brochu, M. (2009). Impact of resistance training with or without caloric restriction on physical capacity in obese older women. Menopause, 16(1), 66-72

EL EJERCICIO PREVIENE ALTERACIONES MITOCONDRIALES Y METABÓLICAS DERIVADAS DE DIETAS ALTAS EN AZÚCARES

La obesidad entre la población infantil ha aumentado dramáticamente en las tres últimas décadas. El consumo excesivo de azúcar en edades tempranas se ha descrito como un factor modulador lipogénico, lo que incrementa el riesgo de tener obesidad en la edad adulta. Es bien sabido que la actividad física produce adaptaciones en la homeostasis metabólica que pueden ser utilizadas como objetivos terapéuticos en el tratamiento de enfermedades metabólicas crónicas.

Las personas que padecen obesidad y diabetes tienen una disfunción mitocondrial que impide a la mitocondria realizar su “trabajo” de manera correcta. Las condiciones patológicas en estas enfermedades hace que aumente la producción de sustancias reactivas de oxígeno, lo que tiene una incidencia directa en la función de la mitocondria, disminuyendo su capacidad para la oxidación de grasas como consecuencia de ello y acumulando productos derivados del metabolismo de las grasas.

El ejercicio supone una herramienta eficaz en el tratamiento de muchas enfermedades. Los cambios que se producen en las mitocondrias del tejido musculo-esquelético están muy relacionados con los beneficios que provoca el ejercicio. En un estudio publicado recientemente [1] se evaluó el efecto del ejercicio regular (natación) sobre el cambio en la actividad mitocondrial y diferentes parámetros metabólicos inducidos por una dieta rica en azúcar. Se evaluaron 4 grupos de ratas:

  1. Ratas sedentarias con alimentación estándar (STD-SED)
  2. Ratas que realizaron natación con alimentación estándar (STD-EXE)
  3. Ratas sedentarias con dieta rica en azúcar (68% CH) (HSD-SED)
  4. Ratas que nadaban y se alimentaban con una dieta rica en azúcar (HSD-EXE)

Después del periodo de entrenamiento se examinó el tejido adiposo y el tejido muscular para analizar los diferentes parámetros, además de medir el estrés oxidativo mediante la actividad de la enzima superóxido dismutasa (SOD). La microscopía electrónica mostró un aumento en las alteraciones de la ultraestructura mitocondrial en el músculo gastrocnemio, así como un aumento de la SOD y de la carbonilación de proteínas debido a la oxidación de proteínas.

La actividad física regular revertió parcialmente estas alteraciones en las ratas alimentadas con dieta rica en azúcar, previniendo la disfunción mitocondrial y la resistencia a la insulina.

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Figura 1. Efectos de la dieta rica en azúcar y de la actividad física regular en la función mitocondrial en las fibras del gastrocnemio tras 8 semanas de entrenamiento.

Los niveles de insulina aumentaron en los grupos de dieta rica en azúcar sin ejercicio. En cambio la actividad física regular bloqueó los efectos de la dieta, reduciendo los niveles de insulina. Además, también bloqueó los efectos nocivos de la dieta disminuyendo la resistencia a la insulina (HOMA-IR).

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Figura 2. Efectos de una dieta rica en azúcar y de la actividad física regular sobre parámetros glucometabólicos tras 4 y 8 semanas de entrenamiento.

Por lo tanto, se demuestra que la actividad física regular en ratas alimentadas con una dieta rica en azúcar puede aminorar las alteraciones mitocondriales y glucometabólicas producidas por la dieta. Ello no hace más que confirmar el papel fundamental del ejercicio como herramienta terapéutica en el tratamiento y control de enfermedades metabólicas crónicas.


REFERENCIA

[1]     K. Barbosa de Queiroz, K. Honorato-Sampaio, J. V. Rossoni Júnior, D. Andrade Leal, A. B. G. Pinto, L. Kappes-Becker, E. A. Evangelista, and R. Guerra-Sá, “Physical activity prevents alterations in mitochondrial ultrastructure and glucometabolic parameters in a high-sugar diet model,” PLoS One, vol. 12, no. 2, p. e0172103, Feb. 2017.

SI QUIERES MEJORAR TU SALUD, LA DIETA ES IMPORTANTE, PERO NO OLVIDES EL EJERCICIO

La obesidad se ha convertido ya en una gran epidemia en los países desarrollados, siendo una de las principales causas de muerte y estando asociada a numerosas patologías. Por ello, desde el ámbito sanitario y liderados por la Organización Mundial de la Salud, se ha puesto el foco de interés en el control del peso de la población.

Hasta ahora los científicos se habían centrado en qué estrategias eran más útiles para la pérdida de peso. Por ejemplo, un meta-análisis (Miller, Koceja, & Hamilton, 1997) que incluyó 493 estudios comparando los efectos de dieta y ejercicio encontró que la dieta suponía una pérdida de peso cuatro veces mayor que la realización de ejercicio (10.7 frente a 2.9 kilos en 16 semanas). Por ello, la dieta se ha consolidado como la estrategia de pérdida de peso más prescrita y más utilizada por la población.

Sin embargo, es importante remarcar que la pérdida de peso por sí sola puede no estar asociada a un cambio positivo, ya que será la pérdida de grasa visceral la que determine el beneficio de este cambio. Así, mientras el exceso de peso no se asocia en muchas ocasiones a mayor morbi-mortalidad, un exceso de grasa visceral sí se asocia a un mayor riesgo cardiovascular y mayor prevalencia de resistencia insulínica o dislipidemia entre otras patologías.

Por ello, un reciente meta-análisis (Verheggen et al., 2016) analizó 117 estudios (4815 sujetos) para comparar los efectos de la dieta y el ejercicio no sólo en el cambio de peso, sino también en los niveles de grasa visceral. Los autores encontraron que, pese a que la dieta suponía una mayor pérdida de peso, era el ejercicio el que disminuía en mayor medida los niveles de grasa visceral. De hecho, incluso en aquellos sujetos que no perdían peso, se podía apreciar una disminución de la grasa visceral al realizar ejercicio, algo que no ocurría con la dieta. Por ejemplo, una pérdida de peso del 5% (3.5 kg para una persona de 70 kg) se asociaba con una pérdida de grasa visceral del 21.3% al realizar ejercicio, mientras que al seguir sólo dieta la pérdida de grasa visceral era de tan solo un 13.4 %.

Por lo tanto, estos datos apoyan la realización de ejercicio para la mejora de un marcador de salud como es la grasa visceral. La ausencia de pérdida de peso durante un programa de ejercicio puede llevarnos a pensar que la estrategia seguida es incorrecta o inútil. Sin embargo, debemos ser conscientes de la importancia de la composición corporal (porcentaje de grasa y músculo) y olvidarnos del peso como marcador de salud. Debe ser el porcentaje de grasa y no el peso corporal el que indique si nuestras estrategias están funcionando.


REFERENCIAS

Miller, W. C., Koceja, D. M., & Hamilton, E. J. (1997). A meta-analysis of the past 25 years of weight loss research using diet, exercise or diet plus exercise intervention. International Journal of Obesity, 21(10), 941–947. https://doi.org/10.1038/sj.ijo.0800499

Verheggen, R. J. H. M., Maessen, M. F. H., Green, D. J., Hermus, A. R. M. M., Hopman, M. T. E., & Thijssen, D. H. T. (2016). A systematic review and meta-analysis on the effects of exercise training versus hypocaloric diet: distinct effects on body weight and visceral adipose tissue. Obesity Reviews, 17(8), 664–690. https://doi.org/10.1111/obr.12406

DIETA ALTA EN PROTEÍNAS + AYUNO INTERMITENTE, ¿LA DIETA IDEAL PARA EVITAR VOLVER A GANAR PESO?

El problema de la obesidad alcanza a una gran parte de la población, con todos los problemas asociados a ella. La alteración de los marcadores inflamatorios y de las citoquinas hace que las personas con obesidad tengan además complicaciones cardiovasculares. Es por ello que llevar a cabo un adecuado programa de pérdida de peso es fundamental para resolver el problema. Sin embargo, cuando se llega al objetivo normalmente se suelen abandonar los hábitos saludables volviéndose a recuperar el peso perdido, mientras que los indicadores de salud cardiovascular vuelven a encender las luces de alarma.

Por ello, un grupo de investigadores ha llevado a cabo un estudio1 en el que evaluaron los efectos combinados de una dieta baja en calorías, alta en proteínas y ayuno intermitente en un programa de pérdida de peso y su posterior mantenimiento, comparado con una dieta saludable que sigue las directrices de la Asociación Americana del Corazón (AHA).

Se evaluaron a 40 adultos obesos (21 hombres y 19 mujeres) dividiéndose en dos fases:

  1. 12 semanas en la que los sujetos siguieron una dieta alta en proteínas y baja en calorías en la que debían hacer un día a la semana ayuno intermitente.
  2. 1 año de plan de mantenimiento de peso donde se comparaban una dieta alta en proteínas + ayuno intermitente con una dieta saludable que seguía las pautas de la AHA.

Se evaluó el peso corporal, el IMC, los lípidos en sangre y la capacidad elástica arterial al inicio y al final de cada fase del estudio.

Al final de la primera fase se produjo una pérdida de peso, de IMC y de los lípidos sanguíneos, además de una mejora en la capacidad elástica de las arterias. No hubo diferencias entre sexos. Durante la segunda fase, la dieta que combinaba una alta ingesta proteica y ayuno intermitente mostró una menor recuperación de peso (tendencia a la diferencia significativa) y del LDL comparada con la dieta saludable.

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Figura 1. Efectos de la dieta sobre el IMC en la fase I y la fase II. HP-IF (Dieta alta en proteínas + ayuno intermitente). HH (Dieta saludable)

Los resultados sugieren que una combinación de una dieta baja en calorías y alta en proteínas con ayuno intermitente se asocia con una pérdida de peso y mejoras en los parámetros cardiovasculares, además de minimizar la recuperación de peso pasado un año del tratamiento. Este dato puede dar respuesta a una problemática que rodea a los programas de pérdida de peso, y es cómo se puede evitar una recuperación de peso asociada en la mayor parte de los casos a los periodos que siguen a una dieta para perder peso.


 

REFERENCIA

  1. Zuo, L. et al. Comparison of High-Protein, Intermittent Fasting Low-Calorie Diet and Heart Healthy Diet for Vascular Health of the Obese. Front. Physiol. 7, 350 (2016).

¿ENTRENAMIENTO DE FUERZA O DE RESISTENCIA EN PACIENTES DIABÉTICOS?

La diabetes tipo II es una enfermedad metabólica que provoca un aumento de la resistencia a la insulina dificultándose así la regulación de los niveles de glucosa sanguínea, lo que lleva a estos sujetos a presentar altos niveles de glucosa en sangre.

El desarrollo de este tipo de diabetes está principalmente asociado a una alimentación inadecuada -excesivo consumo de azúcares simples y grasas de mala calidad- aunque el sedentarismo juega también un papel fundamental en el desarrollo de la misma. Sin embargo, frecuentemente las personas que sufren esta patología metabólica centran su atención en realizar cambios en la alimentación (reducción de azúcares en la dieta) o en el tratamiento farmacológico dejando de lado una herramienta esencial como es el ejercicio físico.

Para evaluar los efectos del ejercicio físico en personas diabéticas, así como para determinar qué tipo de ejercicio produce mayores beneficios, un grupo de investigadores1 evaluó el efecto de 4 meses de entrenamiento de fuerza orientado a la hipertrofia (3 a 6 series por grupo muscular, de 10 a 15 repeticiones al fallo, todos los grupos musculares) o de resistencia (hasta 30 minutos de ejercicio submáximo 3 veces a la semana) en variables metabólicas en 39 adultos con diabetes tipo II (56,2 ± 1,1 años), incluyendo análisis de los niveles de glucosa sanguínea, hemoglobina glicosilada e insulina así como del perfil lipídico.

Tras el periodo de entrenamiento el grupo que entrenó la fuerza consiguió disminuir los niveles de hemoglobina glicosilada y de glucosa sanguínea, disminuyendo también la resistencia a la insulina y mejorando el perfil lipídico (colesterol, y triglicéridos). Sin embargo, el grupo de resistencia no obtuvo especiales beneficios más allá de la mejora en la condición física y la disminución del porcentaje de grasa corporal, algo que también ocurrió en el grupo de fuerza. Por último, es importante remarcar que la inclusión de ejercicio físico redujo el nivel de dependencia de tratamiento farmacológico, especialmente en el grupo de fuerza.

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Fig.1. Cambios porcentuales en parámetros metabólicos tras los 4 meses de entrenamiento en el grupo de fuerza (negro) y en el grupo de resistencia (blanco). BG=Blood glucose; HbA1c=Hemoglobina glucosilada; TC=Colesterol Total; HDL-C=Colesterol de alta densidad; LDL-C= Colesterol de baja densidad; TG=Triglicéridos.

Los beneficios del entrenamiento de fuerza frente al entrenamiento de resistencia para personas diabéticas pueden ser explicados por la importancia que tiene la masa muscular en esta población. En el músculo esquelético se encuentran unos receptores denominados GLUT4 cuya función es transportar la glucosa desde el espacio sanguíneo hacia el interior celular. El ejercicio físico, independientemente de la modalidad, supone una entrada de glucosa al interior celular. Sin embargo, el aumento de masa muscular que provoca el entrenamiento de fuerza conlleva además un aumento en el número de receptores GLUT4 y en el número de receptores de insulina, mejorando por tanto la sensibilidad a la insulina y facilitando una correcta regulación de los niveles de glucosa.

Es primordial llevar a cabo estrategias preventivas de este tipo de enfermedades metabólicas cuidando tanto nuestra alimentación como nuestros niveles de actividad física. Sin embargo, una vez instaurada esta patología debemos ser conscientes de los grandes beneficios que puede aportarnos el ejercicio físico -en este caso el de fuerza para aumentar la masa muscular- añadido a otras estrategias como las nutricionales y, en último caso, las farmacológicas.

Referencias

  1. Cauza E, Hanusch-Enserer U, Strasser B, et al. The relative benefits of endurance and strength training on the metabolic factors and muscle function of people with type 2 diabetes mellitus. Arch. Phys. Med. Rehabil. 2005;86(8):1527-1533. doi:10.1016/j.apmr.2005.01.007.