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HIIT, ¿EL ARMA MÁS EFECTIVA PARA LA PÉRDIDA DE GRASA?

Simplificando quizá en exceso y más allá de complejos procesos fisiológicos -muchos de ellos todavía en discusión-, los cambios en el peso corporal son el resultado de un equilibrio entre la ingesta y el gasto energético. Así, el ejercicio físico debe ser, junto con una adecuada nutrición, una piedra angular para favorecer la pérdida de peso.

Son numerosas las estrategias disponibles para aumentar el gasto energético, y en personas sedentarias cualquiera de ellas puede ser efectiva (en mayor o en menor medida) para aportar beneficios con respecto a su conducta previa. Es decir, siempre es mejor moverse que no hacerlo. Sin embargo, cada vez una mayor evidencia sugiere que unos tipos de ejercicio pueden ser más recomendables que otros. En este sentido, dos de los tipos de ejercicio más comúnmente realizados para la pérdida de peso son el ejercicio continuo a intensidad moderada (>30 minutos a una intensidad de en torno al 60% de la frecuencia cardíaca máxima [es decir, una intensidad a la que se puede hablar sin jadear en exceso], incluyendo andar rápido, trotar o montar en bici) y el entrenamiento interválico de alta intensidad (también conocido como HIIT, y consistente en realizar varias series de hasta 4-5 minutos pero a una intensidad por encima del umbral, es decir, a la que cueste hablar con facilidad).

Con el fin de comparar la efectividad de estos ejercicios para la pérdida de peso, un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista British Journal of Sports Medicine [1] analizó un total de 36 estudios con más de 1000 participantes que entrenaron durante más de 4 semanas. Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio redujeron la cantidad de masa grasa, pero esta reducción fue mayor en aquellos participantes que hicieron HIIT. En concreto, el HIIT supuso una pérdida de algo más de 2 kg más de grasa que el entrenamiento continuo, y estas mejoras fueron aún mayores (más de 3 kg con respecto al entrenamiento continuo) cuando el HIIT se hizo con series muy cortas (entre 8 y 30 segundos) pero a la máxima intensidad posible.

Por otro lado, es importante remarcar también que los entrenamientos de intensidad moderada duraban de media aproximadamente 38 minutos, mientras que las sesiones de HIIT duraron 28 minutos contando los descansos. Además, algunas variables como realizar el entrenamiento corriendo en vez de en bicicleta, tener menos de 30 años o realizar el entrenamiento de forma supervisada mostraron favorecer la pérdida de grasa.

En resumen, estos datos muestran el HIIT como una estrategia más efectiva y más eficiente para la pérdida de peso que otro método posiblemente más comúnmente utilizado como es salir a hacer ejercicio a una intensidad moderada pero de forma continua. No obstante, es importante remarcar que la estrategia más efectiva será siempre aquella que provoque la mayor adherencia. El mejor ejercicio es aquel que se realiza.


REFERENCIAS

[1] Viana RB, et al. Is interval training the magic bullet for fat loss? A systematic review and meta-analysis comparing moderate-intensity continuous training with high-intensity interval training (HIIT). British Journal of Sports Medicine. 2019. In press. doi:10.1136/bjsports-2018-099928

COMPARACIÓN DE LOS EFECTOS SOBRE LA SALUD Y LA COMPOSICIÓN CORPORAL DEL HIIT VS EJERCICIO AERÓBICO EN PERSONAS OBESAS

Es importante entender cuáles son los beneficios que provoca el ejercicio en personas que tienen obesidad y enfermedades asociadas a un perfil cardiometabólico obesogénico. La respuesta que provocará un tipo de ejercicio u otro vendrá asociada a la dosis, es decir, duración, intensidad, y tipo. Con el fin de comparar los efectos de un programa de ejercicio interválico de alta intensidad (HIIT) con ejercicio continuo moderado (MIT) en hombres con sobrepeso u obesidad, se llevó a cabo un estudio [1] de 6 semanas en el que se evaluaron los cambios en la composición corporal, la sensibilidad a la insulina, la presión sanguínea, el perfil lipídico y el fitness cardiovascular (VO2 max). Los investigadores llevaron a cabo dos protocolos de ejercicio en bicicleta (Tabla 1):

  1. HIIT: 20 minutos, 3 sesiones a la semana. 4 series de 30 segundos al 85% de la potencia anaeróbica máxima + 4 minutos de descanso al 15% de la potencia aneróbica máxima.
  2. MIT: 45-60 minutos a una intensidad de 55–65% VO2 max 5 días a la semana.

Tabla 1. Datos de protocolos de entrenamiento [1].

fissac _ protocolos pérdida de peso salud ejercicio HIIT

28 sujetos sedentarios con sobrepeso u obesidad (20 ± 1.5 años, IMC de 29.5 ± 3.3 kg/m2) fueron asignados a uno de los 2 grupos de estudio. Se les evaluó al inicio y al final del protocolo de ejercicio. Se les hizo un DXA para medir la composición corporal, una prueba de esfuerzo para determinar el VO2 max, prueba oral de tolerancia a la glucosa para la sensibilidad a la insulina, resonancia magnética nuclear para evaluar partículas de lipoproteínas (perfil lipídico) y se les midió la presión sanguínea.

Se observó una gran mejora en el VO2 max en el MIT en comparación con el HIIT (11.1% vs 2.83%). No hubo diferencias en los demás parámetros de estudio, viéndose mejoras con los dos tipos de ejercicio en el % de grasa total, el colesterol toral, VLDL, HDL, triglicéridos y la sensibilidad a la insulina.

Por lo tanto, tanto el HIIT como el MIT mejoraron la sensibilidad a la insulina, redujeron los lípidos en sangre, disminuyeron el porcentaje de grasa y aumentaron el fitness cardiovascular, sin diferencias significativas entre los dos grupos de entrenamiento, excepto en el VO2 max.

Conocidos los efectos del HIIT en población joven y sana, recientes estudios [2], [3] demuestran que en pacientes con enfermedades metabólicas y cardiacas, el entrenamiento de alta intensidad puede ser implementado en el tratamiento sin complicaciones. Viendo que las personas con sobrepeso y obesidad lo toleran y responden con éxito, el HIIT se debería utilizar en programas de entrenamiento junto con el entrenamiento aeróbico y el entrenamiento de fuerza para potenciar los beneficios que provoca la actividad física.


REFERENCIAS

[1]      G. Fisher, A. W. Brown, M. M. Bohan Brown, A. Alcorn, C. Noles, L. Winwood, H. Resuehr, B. George, M. M. Jeansonne, and D. B. Allison, “High Intensity Interval- vs Moderate Intensity- Training for Improving Cardiometabolic Health in Overweight or Obese Males: A Randomized Controlled Trial.,” PLoS One, vol. 10, no. 10, p. e0138853, Jan. 2015.

[2]      A. E. Tjønna, S. J. Lee, Ø. Rognmo, T. O. Stølen, A. Bye, P. M. Haram, J. P. Loennechen, Q. Y. Al-Share, E. Skogvoll, S. A. Slørdahl, O. J. Kemi, S. M. Najjar, and U. Wisløff, “Aerobic interval training versus continuous moderate exercise as a treatment for the metabolic syndrome: a pilot study.,” Circulation, vol. 118, no. 4, pp. 346–54, Jul. 2008.

[3]      D. E. R. Warburton, D. C. McKenzie, M. J. Haykowsky, A. Taylor, P. Shoemaker, A. P. Ignaszewski, and S. Y. Chan, “Effectiveness of high-intensity interval training for the rehabilitation of patients with coronary artery disease.,” Am. J. Cardiol., vol. 95, no. 9, pp. 1080–4, May 2005.

EFECTO DEL HIIT EN OBESOS MÁS ALLÁ DE PARÁMETROS CARDIOMETABÓLICOS

La obesidad se asocia con alteraciones cognitivas y con un mayor riesgo de demencia durante el envejecimiento mientras que la actividad física realizada de forma regular reduce de manera significativa el riesgo de desarrollar estos problemas. Uno de los mecanismos por el que se podría producir dicho efecto sobre la cognición sería a través de una mejor oxigenación cerebral como consecuencia de un incremento en el VO2máx.

Sin embargo, hasta ahora se desconocía cómo influiría la actividad física sobre la función cognitiva en pacientes obesos  y dado que estudios previos han demostrado que en este tipo de población el entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) produce mayores beneficios sobre la pérdida de masa corporal, la reducción de adiposidad y de la circunferencia de cintura que el entrenamiento continuo de intensidad moderada, un grupo de investigadores de Montreal quiso determinar el efecto del HIIT sobre la función cognitiva y la oxigenación cerebral en obesos (1).

Para ello, 6 sujetos (con edades comprendidas entre los 40 y los 56 años y porcentajes de grasa corporal mayor del 25% en hombres y del 35% en mujeres) llevaron a cabo un programa de 4 meses de duración compuesto de 2 sesiones semanales de HIIT, una de entrenamiento continuo de intensidad moderada y 2 de entrenamiento de fuerza. Las sesiones de HIIT consistieron en 2-3 series de 10 minutos de esfuerzos de entre 15-30 seg al 80% de la potencia máxima aeróbica (PAM) intercalados por periodos de 15-30 seg de recuperación pasiva (34-48 min en total por sesión).

Además, antes y después de dicho programa se les realizó un completo reconocimiento médico donde se evaluaron la composición corporal, circunferencia de cintura y parámetros sanguíneos así como la función cognitiva a través de una batería de tests neuropsicológicos. La PAM se determinó mediante una prueba de esfuerzo máximo sobre cicloergómetro y la oxigenación cerebral a través de espectometría de rayo infrarrojo cercano (NIRS) durante la prueba de esfuerzo.

Respecto a los parámetros cardiometabólicos evaluados, después del entrenamiento se observó que la masa corporal, la circunferencia de cintura y tanto la grasa total como la troncular mejoraron significativamente. Asimismo, el VO2, la potencia pico y la potencia en umbral ventilatorio aumentaron de forma significativa. Sin embargo, sobre el perfil lipídico en sangre no se obtuvieron dichas mejoras.

En relación a la función cognitiva, se registró una mejora de ésta después del programa de entrenamiento, que incluyó un incremento significativo sobre la memoria verbal y a corto plazo, la atención y la velocidad de procesamiento, además de sobre la oxigenación cerebral siendo los parámetros de NIRS significativamente mayores tras los 4 meses de ejercicio.

Por tanto, y a pesar de las limitaciones del estudio por el pequeño tamaño muestral y la falta de un grupo control, los resultados presentados demuestran que, más allá de los beneficios del HIIT sobre la salud cardiometabólica, este tipo de entrenamiento potencia la salud y plasticidad cerebral en pacientes obesos, indicándonos un posible efecto positivo del HIIT en la reducción del riesgo de enfermedades mentales.


REFERENCIA

  1. Drigny, J., Gremeaux, V., Dupuy, O., Gayda, M., Bherer, L., Juneau, M., & Nigam, A. (2014). Effect of Interval Training on Cognitive Functioning and Cerebral Oxygenation in Obese Patients: A Pilot Study. Journal of Rehabilitation Medicine46(10), 1050-1054.

ALTA INTENSIDAD vs INTENSIDAD MODERADA PARA TRATAR EL SÍNDROME METABÓLICO

El síndrome metabólico, conjunto de factores de riesgo cardiovascular entre los que se encuentran presión arterial elevada, dislipemia, alteración de la glucemia y obesidad abdominal, se asocia con aumento de la morbi-mortalidad cardiovascular, teniendo aquellas personas que lo padecen tres veces más probabilidades de morir por enfermedad coronaria que la población sana.

Se sabe que el ejercicio ayuda a prevenir y tratar el síndrome metabólico al reducir varios de los factores de riesgo que lo componen, pero el nivel óptimo de intensidad necesario para ello no está del todo claro.

Es por esto que se realizó un estudio donde 32 pacientes, diagnosticados clínicamente de síndrome metabólico de acuerdo a los criterios de la OMS, fueron asignados aleatoriamente dentro de 3 grupos:

  • AIT: llevaron a cabo un programa aeróbico interválico de alta intensidad;
  • CME: en este caso, aeróbico continuo de intensidad moderada;
  • Grupo control: siguió las pautas de los médicos de atención primaria.

El programa de ejercicio tuvo una duración de 16 semanas con una frecuencia semanal de 3 veces. Además, el entrenamiento se realizó sobre un tapiz rodante con pendiente positiva.

El grupo AIT realizó intervalos de 4 series de 4 minutos al 90% de la frecuencia cardíaca máxima (FCmáx), con una recuperación activa entre intervalos de 3 minutos al 70% de la FCmáx, mientras que el grupo CME realizó 47 minutos al 70% de la FCmáx en cada sesión.

AIT y CME consiguieron incrementar su VO2máx en 35% y 16% (p<0.01), respectivamente, así como mejorar la función endotelial evaluada a través de la dilatación mediada por flujo (FMD) en 9% (p<0.001) y 5% (p<0.001), respectivamente. Estas mejoras resultan fundamentales ya que tanto la capacidad aeróbica como la función endotelial son consideradas dos potentes e independientes predictores de mortalidad en pacientes con síndrome metabólico.

También se obtuvieron mejoras sobre presión diastólica y sistólica en los dos grupos de ejercicio. Sin embargo, solamente el grupo AIT las consiguió sobre la glucosa sanguínea, la sensibilidad a la insulina y el contenido de la ácido grasa sintasa, una enzima lipogénica clave en el tejido adiposo blanco (la considerada grasa mala), lo que sugiere una reducción de la lipogénesis en este tejido.

Así, podemos afirmar que, aún obteniendo beneficios con ambos programas de entrenamiento, la intensidad de ejercicio fue un factor esencial para la mejora de la capacidad aeróbica y la reversión de los factores de riesgo del síndrome metabólico incluyendo la función endotelial, la acción insulínica y la lipogénesis.

Por tanto, el ejercicio, especialmente de alta intensidad, parece conllevar mayores beneficios en la prevención y tratamiento del síndrome metabólico en relación a cualquier otra intervención actualmente conocida.


REFERENCIAS

Tjonna, A. E., Lee, S. J., Rognmo, O., Stolen, T. O., Bye, A., Haram, P. M., … & Wisloff, U. (2008). Aerobic Interval Training Versus Continuous Moderate Exercise as a Treatment for the Metabolic Syndrome. A Pilot Study. Circulation, 118 (4), 346-354.

RELACIÓN ENTRE LOS DIFERENTES TIPOS DE EJERCICIO Y LA PÉRDIDA DE PESO

Un estilo de vida cada vez más sedentario es un elemento clave para la alta prevalencia de sobrepeso/obesidad y comorbilidades asociadas. Por ello, debemos buscar estrategias que nos ayuden a combatir esta lacra que, según la Organización Mundial de la Salud, es responsable del 5% de muertes en todo el mundo.

Una de ellas es el ejercicio. Sin embargo, a pesar de los efectos ampliamente evidenciados del ejercicio sobre la obesidad, aún existe controversia en el tipo de ejercicio que mayores beneficios produce para la pérdida de peso.

En un estudio reciente, se analizaron los efectos de distintos tipos de ejercicio sobre las medidas de composición corporal. Se incluyeron 430 adultos (27.7±3.8 años) con un IMC de entre 20-35 kg/m2 a los que se les midió masa grasa, masa libre de grasa y masa magra a través de DXA. En base al % de grasa corporal (masa grasa/peso total) se clasificó a los participantes en 3 grupos: normograsa -menos del 20% y 33%-, exceso de grasa -entre el 20-25% y 33-39%- y obesidad -igual o más de 25% y 39%- en hombres y mujeres, respectivamente.

r0_254_2721_1784_w1200_h678_fmaxAdemás, se registró el tipo de ejercicio realizado por cada participante, la frecuencia (días/semana) y el tiempo (minutos/sesión) de realización.

Dentro de los resultados obtenidos, se observó que la realización de ejercicio regular tuvo efecto principalmente sobre la masa grasa y magra, mientras que el efecto sobre el IMC fue mínimo. El ejercicio de fuerza se asoció con incrementos de masa magra y reducción de masa grasa. En el caso del ejercicio aeróbico, éste sólo se asoció con reducción de la grasa.

Diferenciando por grupos, en los participantes del grupo normograsa el ejercicio afectó sobre todo a la masa magra, independientemente del tipo de ejercicio. En los grupos con exceso de grasa y obesidad, el ejercicio tuvo efecto principalmente sobre la masa grasa. Curiosamente, el ejercicio de fuerza tuvo un mayor efecto en la masa grasa en los participantes de estos dos grupos que el que tuvo el ejercicio aeróbico. De hecho, el ejercicio aeróbico produjo efectos sobre el % de grasa corporal en los participantes del grupo con exceso de grasa, pero no en aquellos con obesidad.

Cualquier tipo de ejercicio actuó positivamente sobre la masa magra en participantes del grupo normograsa mientras que principalmente el de fuerza redujo en mayor medida la masa grasa en participantes con exceso de grasa y obesidad.

Estos resultados son fundamentales a la hora de prescribir programas de ejercicio para pérdida de peso graso ya que, como se observa, el ejercicio de fuerza, a veces denostado, es el que mayores beneficios parece producir sobre la grasa, especialmente en los que mayores niveles de ésta tienen.


REFERENCIA

Drenowatz, C., Hand, G. A., Sagner, M., Shook, R. P., Burgess, S., & Blair, S. N. (In press). The Prospective Association Between Different Types of Exercise and Body Composition. Medicine and Science in Sports and Exercise.

ENTRENAMIENTO CON LOS NIVELES DE GLUCÓGENO BAJOS: EVITA EL “MURO”

Uno los factores limitantes del rendimiento en los deportes de larga duración es la capacidad de utilización de las grasas como fuente energética debido al carácter ilimitado de este sustrato en el organismo, evitando por tanto el temido “muro” o “pájara”. Hay una gran controversia en torno a estrategias que buscan favorecer este cambio metabólico, como por ejemplo el entrenamiento en ayunas o seguir dietas altas en grasa y bajas en carbohidratos.

En el estudio de Hulston y cols (1) se analizaron los diferentes efectos en el rendimiento y el metabolismo realizando entrenamiento HIIT con los depósitos de glucógeno llenos (HIGH) o con los depósitos de glucógeno sin reponer (LOW). Para ello, dividieron a 14 ciclistas entrenados en dos planes de entrenamiento durante tres semanas. El grupo HIGH alternaba un día de entrenamiento de resistencia (90 min al 70% VO2max) con un día de HIIT (8 x 5 minutos de máximo esfuerzo con un minuto de recuperación), dejando por lo tanto 24 horas de recuperación en las cuales se recuperaban los depósitos de glucógeno. Por otro lado, el grupo LOW realizaba el entrenamiento de HIIT una hora después del entrenamiento de resistencia, no dejando por tanto tiempo suficiente para la reposición de este sustrato.

Tras las tres semanas de entrenamiento, ambos grupos mejoraron de similar forma la potencia media ejercida en una contrarreloj de 60 minutos. Sin embargo, es importante remarcar que estos beneficios fueron iguales pese a que los sujetos del grupo LOW fueron capaces de ejercer menos potencia durante las sesiones de entrenamiento. Otro punto a resaltar de este estudio fue el aumento del uso de las grasas como sustrato energético en detrimento de la glucosa en el grupo LOW en comparación con el HIGH.

fissac _ niveles glucógeno fissac _ glucógeno resistencia

Figura 1. Ambos grupos (HIGH y LOW) mejoraron de igual forma el rendimiento en una contrarreloj (A) pese a que el grupo LOW tenía peor rendimiento en las sesiones de entrenamiento (B)

Por lo tanto, los resultados obtenidos invitan a apoyar el uso de estrategias que supongan entrenar con los depósitos de glucógeno bajos para mejorar la capacidad de utilización de grasas como sustrato energético en deportes de larga duración. Sin embargo, la disminución del metabolismo de carbohidratos con estas estrategias hace que puedan no ser adecuadas para deportes que requieran esfuerzos de alta intensidad. Además, pese a que pueda ser una opción muy válida llevar a cabo este tipo de práctica durante algunos momentos de la temporada (especialmente cuando se quiere aumentar la resistencia aeróbica de base), al acercarnos a periodos competitivos sería conveniente realizar una correcta carga de glucógeno.


REFERENCIAS

  1. Hulston CJ, Venables MC, Mann CH, Martin C, Philp A, Baar K, et al. Training with low muscle glycogen enhances fat metabolism in well-trained cyclists. Med Sci Sports Exerc. 2010;42(11):2046–55.

EJERCICIO DE ALTA INTENSIDAD: MODULAR LA DURACIÓN Y LA INTENSIDAD EN HOMBRES OBESOS

El ejercicio interválico de alta intensidad ha demostrado ser una estrategia muy eficiente que produce adaptaciones metabólicas y cardiovasculares. Sin embargo no se sabe tanto sobre la combinación de volumen e intensidad necesaria para producir adaptaciones en poblaciones clínicas.

fissac _ HIIT

En un estudio reciente se evaluaron los efectos de dos tipos de protocolos interválicos variando la intensidad y la duración en 25 hombres con sobrepeso y obesidad. Antes de empezar el programa de entrenamiento se valoró composición corporal (masa grasa FM, masa magra LM, porcentaje de grasa %BF), glucosa en ayunas, lípidos e insulina (IN) y realizaron un test de consumo máximo de oxígeno (VO2 pico) y de potencia máxima (PO).

A los participantes se les distribuyó en un grupo de intervalos cortos de alta intensidad (1min-HIIT), intervalos de alta intensidad (2min-HIIT) y un grupo control. Los grupos de ejercicio completaron 3 semanas de entrenamiento 3 días a la semana con el siguiente protocolo:

  • 1MIN-HIIT: 10 repeticiones de 1 minuto al 90% de la potencia máxima (PO) con descansos de 1 minuto.
  • 2MIN-HIIT: 5 repeticiones de 2 minutos con descansos de 1 minuto con intensidad ondulante (80-100%).

Tras las 3 semanas no hubo diferencias significativas en la FM (Δ1.06 ± 1.25 kg) y en el % BF (Δ1.13% ± 1.88%) en comparación con el grupo control. Hubo un aumento de la LM de 1,7 kg en el grupo de 1MIN y de 2,1 kg en el grupo de 2min-HIIT. El VO2 pico aumentó en el grupo de 1 min-HIIT 3,4 ml/kg/min y en el de 2 min-HIIT 2,7 ml/kg/min. La IN mejoró en ambos grupos Δ-2.78 ± 3.48 unidades (p < 0.05) comparada con el grupo control, por lo que el HIIT demuestra de nuevo ser una estrategia efectiva en el tratamiento de la obesidad, mejorando el fitness cardiovascular y la sensibilidad a la insulina.


REFERENCIAS

[1]      A. E. Smith-Ryan, M. N. Melvin, and H. L. Wingfield, “High-intensity interval training: Modulating interval duration in overweight/obese men.,” Phys. Sportsmed., vol. 43, no. 2, pp. 107–13, May 2015.

DIABETES II Y OBESIDAD: EJERCICIO LIGERO O DE ALTA INTENSIDAD

Situación muy común: personas con diabetes tipo II van al médico y éste les receta metformina y les recomienda que anden. Para atacar la etiología de la enfermedad debemos conocer cuáles son las causas que la provocan. Recetar metmorfina no resuelve el origen del problema, únicamente es un parche temporal.

En los últimos años se ha evidenciado que el ejercicio de alta intensidad incrementa la sensibilidad a la insulina además de reducir el peso y la grasa corporal. En un estudio clínico de Boudou y colaborares, 16 hombres de mediana edad y con diabetes tipo II se distribuyeron en un grupo de ejercicio de alta intensidad y en un grupo control. El programa de entrenamiento consistió en 8 semanas de ejercicio cardiovascular supervisado al 75% del VO2 max dos veces a la semana y una vez a la semana HIIT (high intensity interval training) en cicloergómetro (5 series de 2 minutos al 85% del VO2 max con descanso activo de 3 minutos al 50% del VO2 max). El grupo control realizó ejercicio de baja intensidad en bicicleta durante 20 minutos a 60 revoluciones por minuto.

El grupo de entrenamiento redujo la grasa abdominal un 44%, incrementó la sección transversal del cuádriceps un 24% y la sensibilidad a la insulina aumentó un 58% sin cambios significativos en el peso corporal (1.9 kg).

Tabla 1. Parámetros antropométricos y biológicos del grupo de entrenamiento y del grupo control antes y después del periodo de estudio [1]

fissac _ diabetes II

Con solo 8 semanas de entrenamiento de alta intensidad las variables que determinan la diabetes tipo II mejoraron significativamente, mientras que el grupo que realizó ejercicio de baja intensidad no tuvo cambios significativos.

De esta manera se confirma nuevamente que el ejercicio sí condiciona y modifica el origen de la diabetes, mientras que los fármacos únicamente enmascaran el problema sin solucionarlo. La prescripción de ejercicio en enfermedades metabólicas ayuda a reestablecer valores fisiológicos normales tras un estilo de vida sedentario.


REFERENCIAS

P. Boudou, E. Sobngwi, F. Mauvais-Jarvis, P. Vexiau, and J.-F. Gautier, “Absence of exercise-induced variations in adiponectin levels despite decreased abdominal adiposity and improved insulin sensitivity in type 2 diabetic men.,” Eur. J. Endocrinol., vol. 149, no. 5, pp. 421–4, Nov. 2003.