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LO QUE HAGAS HOY, SE REFLEJARÁ EN EL MAÑANA

La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte en el mundo y, aunque a menudo empieza a mostrarse durante la edad adulta, cada vez existe mayor evidencia de que se desarrolla en los primeros años de vida. Así, la hipertensión arterial en los más jóvenes predice una peor salud cardiovascular en el futuro, al igual que ocurre con un índice de masa corporal (IMC) alto durante la infancia y/o la adolescencia.

Ya vimos en anteriores entradas que existe una asociación entre la capacidad cardiorrespiratoria (CRF) y el riesgo de enfermedad cardiovascular en niños y adolescentes. Sin embargo, la evidencia es limitada en cuanto a la asociación entre la CRF en edades tempranas y los factores de riesgo cardiovascular posteriormente.

Una revisión sistemática ha analizado la relación entre la CRF durante la infancia y la adolescencia y los factores de riesgo de enfermedad cardiovascular en el futuro (1). El estudio incluyó 38 artículos y 44169 niños/adolescentes, haciéndoles un seguimiento durante una media de 6 años.

Los resultados demuestran cómo tener una buena CRF durante la infancia y la adolescencia se asoció con menor IMC, circunferencia de cintura, grasa corporal y menor prevalencia de síndrome metabólico años más tarde.

Por tanto, el diseño de estrategias que fomenten la promoción de ejercicio físico entre los niños ha de convertirse en objetivo prioritario entre las instituciones competentes, , tanto en el tiempo libre como durante el periodo escolar (por ejemplo a través del aumento de las horas de educación física, con la consiguiente mejora en el rendimiento académico que supone dicho aumento). Con esta mejora de la condición física y del rendimiento cognitivo no solo estaremos influyendo en nuestros niños en el corto plazo, sino que estaremos proporcionándoles un futuro más saludable y con mayor posibilidad de crecimiento personal.


REFERENCIA

  1. Mintjens, S., Menting, M. D., Daams, J. G., van Poppel, M. N., Roseboom, T. J., & Gemke, R. J. (2018). Cardiorespiratory Fitness in Childhood and Adolescence Affects Future Cardiovascular Risk Factors: A Systematic Review of Longitudinal Studies. Sports Medicine, 1-29.

EL EJERCICIO FÍSICO ES LA VERDADERA “POLIPÍLDORA”

A comienzos de siglo, los catedráticos británicos Wald & Law utilizaron por primera vez el término “polipíldora” para referirse a la combinación de determinados fármacos que conseguían reducir en más del 80% las enfermedades cardiovasculares (1). Así, la combinación de una estatina para reducir el colesterol, la mitad de la dosis de tres clases de anti-hipertensivos, una aspirina como anti-agregante plaquetario y ácido fólico reducirían en un 88% las cardiopatías isquémicas y en un 80% los accidentes cerebrovasculares. Sin embargo, el 8-15% de las personas que consumieran esta polipíldora manifestarían algún tipo de efecto adverso (1).

Más recientemente, el grupo de investigación liderado por el Dr. Lucía comparó (2) los resultados de un meta-análisis (3) que analizaba la eficacia y la seguridad de estas polipíldoras con los de sendos meta-análisis (4, 5) que evaluaban los efectos del ejercicio físico regular sobre factores de riesgo cardiovascular (presión arterial y colesterol LDL y total). El análisis final mostró beneficios ligeramente más altos sobre el colesterol LDL y total con el ejercicio de resistencia que con las polipíldoras. Mientras que éstas y el ejercicio isométrico produjeron un efecto similar sobre la disminución de la presión arterial. Cabría reseñar que los importantes y adicionales beneficios del ejercicio físico sobre otras variables relacionadas con la salud (adiposidad, capacidad cardiorrespiratoria y fuerza, entre otras) difícilmente serían alcanzados con la administración de una polipíldora farmacológica.

Por tanto, observamos cómo, respecto a los efectos reportados por la “polipíldora” para la prevención de las enfermedades cardiovasculares, el ejercicio físico aporta similares beneficios, mayores en algunos casos, frente a los factores de riesgo cardiovascular. Además, el ejercicio físico bien prescrito, en comparación con el fármaco, es una intervención relativamente libre de efectos adversos.


REFERENCIAS

  1. Wald, N. J., & Law, M. R. (2003). A strategy to reduce cardiovascular disease by more than 80%. British Medical Journal, 327(7415), 586-586.
  2. Fiuza-Luces, C., Garatachea, N., Berger, N. A., & Lucia, A. (2013). Exercise is the real polypill. Physiology, 28(5), 330-358.
  3. Elley, C. R., Gupta, A. K., Webster, R., Selak, V., Jun, M., Patel, A., … & Thom, S. (2012). The efficacy and tolerability of ‘polypills’: meta-analysis of randomised controlled trials. PloS One, 7(12), e52145.
  4. Cornelissen, V. A., & Smart, N. A. (2013). Exercise training for blood pressure: a systematic review and meta-analysis. Journal of the American Heart Association, 2(1), e004473.
  5. Pattyn, N., Cornelissen, V. A., Eshghi, S. R. T., & Vanhees, L. (2013). The effect of exercise on the cardiovascular risk factors constituting the metabolic syndrome. Sports Medicine, 43(2), 121-133.

LA ACTIVIDAD FÍSICA ALARGA LA VIDA

Realizar más de 6 horas de actividad física a la semana puede alargar la vida hasta 8 años según los datos de un estudio de la revista Circulation que analizó a 123.000 personas durante 30 años.


REFERENCIA

  • Li, Y., Pan, A., Wang, D. D., Liu, X., Dhana, K., Franco, O. H., … & Hu, F. B. (2018). Impact of healthy lifestyle factors on life expectancies in the US population. Circulation, 138(4), 345-355.

LA IMPORTANCIA DEL ESPECIALISTA EN EJERCICIO FÍSICO Y CÁNCER

Conocemos por estudios previos la importancia del ejercicio físico durante y una vez finalizado el tratamiento del cáncer en la mejora de la fuerza y la masa muscular, la fatiga, la capacidad cardiorrespiratoria y la calidad de vida. Sin embargo, la magnitud de estas mejoras vendrá dada por las características del ejercicio, entre las que se incluyen los criterios TIFD (tipo, intensidad, frecuencia y duración). Asimismo, un aspecto que se ha demostrado fundamental a la hora de optimizar los beneficios del ejercicio en el cáncer es la realización del programa de entrenamiento bajo la supervisión de un especialista (1).

Un reciente meta-análisis ha comparado los efectos del ejercicio físico supervisado frente al no supervisado sobre la función física y la calidad de vida en pacientes con cáncer. Se incluyeron 64 estudios controlados aleatorizados con 47 grupos de intervención supervisados y 17 no supervisados (2).

El análisis de los resultados determinó que el ejercicio supervisado mejoró significativamente la función física y la calidad de vida, mientras que el no supervisado no produjo efectos significativos sobre las variables de estudio. Los mayores beneficios del ejercicio supervisado podrían explicarse por una mayor adherencia al programa de entrenamiento, un cumplimiento más estricto de la intensidad prescrita, un continuo feedback, así como mayor atención y apoyo del especialista. Por último, un sub-análisis mostró que, para el ejercicio no supervisado, los beneficios sobre la función física fueron mayores con un mayor gasto energético semanal, no habiendo diferencias para la calidad de vida.

Por tanto, los importantes beneficios obtenidos con el ejercicio supervisado, en comparación con el no supervisado, vuelven a poner de manifiesto el importante papel de los especialistas en ejercicio físico y cáncer. Y es que estos especialistas no solo deben manejar las diferentes características inherentes al ejercicio para un buen uso de éste, sino que además han de conocer la fisiopatología de la enfermedad y los diferentes efectos secundarios a los distintos tratamientos médicos que se pueden producir en los órganos y sistemas corporales.


REFERENCIAS

  1. Buffart, L. M., Kalter, J., Sweegers, M. G., Courneya, K. S., Newton, R. U., Aaronson, N. K., … & Steindorf, K. (2017). Effects and moderators of exercise on quality of life and physical function in patients with cancer: An individual patient data meta-analysis of 34 RCTs. Cancer Treatment Reviews, 52, 91-104.
  2. 2. Sweegers, M. G., Altenburg, T. M., Chinapaw, M. J., Kalter, J., Verdonck-de Leeuw, I. M., Courneya, K. S., … & Buffart, L. M. (2017). Which exercise prescriptions improve quality of life and physical function in patients with cancer during and following treatment? A systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. British Journal of Sports Medicine, bjsports-2017.

EL EJERCICIO FÍSICO DURANTE EL EMBARAZO MEJORA EL PARTO

El proceso del parto puede determinar la salud futura de la mujer y el recién nacido. Así, un parto prolongado se asocia con una mayor morbi-mortalidad materna y perinatal.

Recientemente os contábamos cómo las mujeres que practican ejercicio físico regularmente durante el embarazo reducen el riesgo de tener un parto pretérmino (< 37 semanas) y el riesgo de sufrir diabetes gestacional sin afectar al peso del feto al nacer y sin aumentar el riesgo de complicaciones durante el embarazo o el parto. Y no solo eso, sino que un nuevo estudio ha encontrado que el ejercicio supervisado durante el embarazo además reduce el tiempo total del parto (1).

325 mujeres embarazadas fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de ejercicio (GE; n=176) o a un grupo control (GC; n=149). El GE realizó 3 sesiones semanales, 55-60 min/sesión, de entrenamiento concurrente (aeróbico y fuerza) desde la semana 9-11 de gestación y hasta el final del 3º trimestre (semana 38-39).

Como comentábamos, la duración del parto fue menor en el GE (450 min) comparada con la del GC (507 min). Además, tanto la primera etapa del parto como la combinación de la primera y la segunda fueron más cortas en el GE. Finalmente, las mujeres del GC habían aumentado en mayor medida su peso y la proporción de mujeres con un excesivo peso durante el embarazo también fue mayor en el GC. Esto supone un hallazgo clínicamente relevante, ya que un excesivo peso durante el embarazo se asocia con complicaciones pre y post-parto.

Por tanto, hemos de seguir insistiendo en la necesidad de promocionar la realización de ejercicio físico durante el embarazo, ya que están en juego la salud de la madre y la de su futuro bebé. Asimismo, el ejercicio siempre ha de estar supervisado por un especialista.


Referencia

  1. Barakat, R., Franco, E., Perales, M., López, C., & Mottola, M. F. (2018). Exercise during pregnancy is associated with a shorter duration of labor. A randomized clinical trial. European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology.

¿DEBEMOS ELIMINAR EL COLESTEROL DE LA LISTA DE ENEMIGOS?

A la hora de comprobar los resultados de una analítica sanguínea, el nivel de colesterol es posiblemente uno de los elementos a los que la población general presta más atención. Esta sustancia es considerada a menudo como el enemigo a vencer, ya que altos niveles de colesterol han estado tradicionalmente asociados con un mayor riesgo cardiovascular, de cáncer y de mortalidad en general. Es por ello que las industrias farmacéuticas y especialmente alimenticias han puesto un empeño especial en sacar a la venta alimentos bajos en colesterol o productos para disminuir sus niveles en sangre.

Como ya comentamos en una anterior entrada, es el colesterol de baja densidad (LDL por sus siglas en inglés) y no el colesterol de alta densidad (HDL) el que está en principio asociado a una mayor prevalencia de enfermedades. Sin embargo, esta relación está siendo cuestionada últimamente -al menos en personas mayores (>60 años)-, habiendo sido publicados1 datos de 68.094 sujetos que sugieren una relación inversa entre los niveles de LDL y el riesgo de mortalidad (es decir, menores niveles de LDL se asocian a una mayor mortalidad en esta población).

Además, una reciente revisión sistemática2 que incluyó 40 estudios (362.558 sujetos) buscó analizar si una mayor ingesta de colesterol se asociaba ciertamente con un mayor riesgo cardiovascular. Los resultados de esta revisión fueron controvertidos, con una considerable disparidad entre estudios posiblemente dependiente en parte de la raza y origen de la población analizada. En general, la ingesta de colesterol aumentó los niveles de colesterol, LDL y HDL en sangre, así como el ratio LDL:HDL. Sin embargo, la ingesta de colesterol no estuvo significativamente asociada con una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares como enfermedad coronaria, ictus isquémico o ictus hemorrágico.

Aunque los resultados deben ser tomados con cautela por la disparidad de los mismos, sí nos sirven para poner en entredicho el papel del colesterol total o incluso del LDL como marcadores de riesgo cardiovascular per se. Posiblemente nuestros esfuerzos en conseguir un estilo de vida saludable deben ir más encaminados a estrategias con una asociación confirmada con un menor riesgo de morbi-mortalidad, como puede ser aumentar el consumo de fruta y verdura, incluir ejercicio físico de forma diaria o alejarnos del tabaquismo, y no tanto a buscar reducir la ingesta de colesterol a toda costa mediante la compra de productos industrialmente modificados.


REFERENCIAS

  1. Ravnskov U, Diamond DM, Hama R, et al. Lack of an association or an inverse association between low-density-lipoprotein cholesterol and mortality in the elderly: a systematic review. BMJ Open. 2016;6(6):e010401-e010401. doi:10.1136/bmjopen-2015-010401.
  2. Berger S, Raman G, Vishwanathan R, Jacques PF, Johnson EJ. Dietary cholesterol and cardiovascular disease: a systematic review and meta-analysis. Am J Clin Nutr. 2015;102(2):276-294. doi:10.3945/ajcn.114.100305.

LLEVAR UN ESTILO DE VIDA ACTIVO, TAN O MÁS IMPORTANTE QUE HACER EJERCICIO

La importancia de realizar ejercicio físico para la salud ya ha sido ampliamente presentada en este blog. En concreto, se recomienda un mínimo de 150 minutos semanales de ejercicio físico de intensidad moderada o 75 de intensidad vigorosa, o una combinación de ambas. Sin embargo, una importante parte de la población no cumple con estas recomendaciones, siendo especialmente preocupantes los niveles de ejercicio físico de las personas de avanzada edad. Además de realizar ejercicio físico es importante mantener un estilo de vida activo, lo cual incluye realizar actividad física no considerada ejercicio (NEPA por sus siglas en inglés, non-exercise physical activity) como puede ser subir escaleras, limpiar, desplazarse andando o en bici, etc.

Un estudio1 realizado en Suecia analizó un total de 2023 mujeres y 1816 hombres de 60 años en los que se registraron distintas variables, incluyendo su nivel de NEPA y su nivel de ejercicio físico. Los sujetos fueron divididos en tres niveles de actividad atendiendo a los valores de NEPA, los cuales se basaban en la frecuencia con la que los participantes realizaban diversas actividades de la vida diaria como limpiar el coche, desplazarse en bici o hacer tareas de bricolaje. De igual forma, los sujetos fueron también clasificados según sus niveles de ejercicio físico, valorados atendiendo a las horas de ejercicio físico que realizaban a la semana. Además, se analizaron posibles factores de riesgo cardiovascular como tener antecedentes familiares de patología cardiovascular, el perímetro de la cintura, la tensión arterial y diversos marcadores bioquímicos.

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Fig. 1. Los resultados muestran el riesgo (calculado como hazard ratio) de patología cardiovascular (A) y mortalidad por cualquier causa (B) atendiendo a los niveles de NEPA (actividad física no considerada ejercicio). El modelo está ajustado teniendo en cuenta otras variables de riesgo como el nivel de ejercicio físico o el tabaquismo.

Los resultados mostraron que aquellos sujetos que tenían unos mayores niveles de NEPA, independientemente de si realizaban ejercicio físico o no, presentaban un menor perímetro de cintura y unos mejores valores de HDL, colesterol y triglicéridos. Además, esos sujetos con mayores niveles de NEPA, de nuevo independientemente de si realizaban ejercicio físico, presentaban un riesgo significativamente menor de padecer síndrome metabólico (casi un 30% menos) que aquellos cuyos niveles de NEPA eran bajos, aunque por supuesto el riesgo era aún menor si se realizaba ejercicio físico (un 60% menor).

Los investigadores hicieron también un seguimiento a los participantes durante 12 años y medio, registrando los eventos cardiovasculares y la mortalidad. En este caso, altos niveles de NEPA, independientemente de si se realizaba ejercicio o no, se asociaban con un 27% menos riesgo de padecer una patología cardiovascular y un 30% menos riesgo de mortalidad que aquellos con bajos niveles de NEPA.

Así, este estudio demuestra que un estilo de vida activo en el que se eviten los desplazamientos en coche, subir por escaleras mecánicas y el uso del ascensor, y se realicen actividades como pasear con frecuencia o subir por escaleras convencionales es tan o más importante para la salud cardiovascular que la realización de ejercicio físico. Los profesionales de la salud debemos ser conscientes de esta importancia y primar la promoción de un estilo de vida activo entre la población, especialmente en las personas mayores, las cuales suelen presentar mayor dificultad para cumplir con la dosis recomendada de ejercicio.

Referencia

  1. Ekblom-Bak E, Ekblom B, Vikström M, et al. The importance of non-exercise physical activity for cardiovascular health and longevity. Br J Sports Med. 2014;48:233–238. Doi: 10.1136/bjsports-2012-092038.

¿SÓLO PUEDES HACER EJERCICIO UNO O DOS DÍAS A LA SEMANA? NO TE PREOCUPES, TENEMOS BUENAS NOTICIAS

Los beneficios del ejercicio físico para la salud ya han sido ampliamente discutidos en esta web. La realización de ejercicio físico se relaciona con una importante disminución de la mortalidad por cualquier causa, incluyendo algunas de las principales como son el cáncer o las enfermedades cardiovasculares. Además, el ejercicio físico disminuye la probabilidad de sufrir enfermedades crónicas como la obesidad o la diabetes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda realizar un total de 150 minutos de ejercicio físico moderado a la semana, o 75 minutos de ejercicio intenso. Sin embargo, no se especifica la frecuencia con la que el ejercicio debe ser realizado. Así, se pueden alcanzar dichas recomendaciones realizando media hora de ejercicio moderado 5 días a la semana o realizando 75 minutos intensos en un único día, siendo este último el caso de mucha gente que por trabajo y otras responsabilidades no dispone del tiempo necesario para entrenar entre semana.

Un estudio muy reciente (1) buscó evaluar si la forma en la que se distribuye el tiempo de ejercicio semanal afectaba a los beneficios obtenidos. Dichos investigadores analizaron un total de 63.591 adultos (58,6 ± 11,9 años) entre 1994 y 2012, recogiendo información sobre sus niveles actividad física deportiva y no deportiva, de qué intensidad y con qué frecuencia.

Los resultados mostraron como aquellos que realizaban ejercicio, cumpliendo o no con las recomendaciones de la OMS, presentaban un menor riesgo de mortalidad. En concreto, se encontró que aquellos que realizaban ejercicio pero de manera insuficiente (por ejemplo, 1 o 2 sesiones a la semana de intensidad moderada como andar o correr, pero sin cumplir con las recomendaciones de la OMS) presentaban entre un 28-45% menos riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular que los sujetos totalmente inactivos, siendo la disminución algo superior (18-55 %) para aquellos que cumplían las recomendaciones de la OMS realizando todo el ejercicio el fin de semana y para los que lo hacían regularmente durante la semana (37-52%). Además, los tres grupos presentaron un menor riesgo de mortalidad por cáncer que los sujetos inactivos, siendo de nuevo mayor la reducción del riesgo en los grupos que cumplían las recomendaciones de la OSM que en los “insuficientemente activos”.

Por lo tanto, este estudio confirma los amplios beneficios del ejercicio físico sobre la salud, en este caso reduciendo el riesgo de mortalidad. Además, muestra cómo incluso una dosis mínima de ejercicio que no llega a cumplir los requerimientos de la OMS, como puede ser realizar 30 minutos de ejercicio moderado dos días a la semana, es ya suficiente para reducir de forma importante el riesgo de mortalidad en comparación con la población inactiva. No obstante, es importante remarcar que los mayores beneficios son obtenidos por aquellos que cumplen con los requerimientos de la OMS (150 minutos semanales de ejercicio moderado o 75 minutos de ejercicio intenso). Además, los beneficios obtenidos son similares realizando el ejercicio de forma regular a lo largo de la semana (30 minutos suaves diarios) o realizando todo el ejercicio durante el fin de semana (40 minutos de ejercicio intenso sábado y domingo), lo que facilita la incorporación del ejercicio físico en nuestras ajetreadas agendas.


REFERENCIA

  1. O’Donovan, G, Lee, I, Hamer, M, and Stamatakis, E. Association of “weekend warrior” and other leisure time physical activity patterns with risks for all-cause, cardiovascular disease, and cancer mortality. JAMA Intern Med , 2017.Available from: http://dx.doi.org/10.1001/jamainternmed.2016.8014