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LOS BENEFICIOS DE REALIZAR EJERCICIO FÍSICO DURANTE TODA LA VIDA EN LA VEJEZ

La población sigue envejeciendo progresivamente como consecuencia de un descenso de la natalidad y un aumento de la esperanza de vida. Uno de los problemas asociados a este envejecimiento es que el aumento en la esperanza de vida no va asociado necesariamente a una mejor calidad de vida, es decir, muchas veces esos años ‘extra’ no son precisamente unos años en los que nuestras condiciones físicas y mentales nos permitan disfrutar. Vivimos más, pero a su vez sufrimos de una mayor incidencia de enfermedades relacionadas con la edad como la sarcopenia o enfermedades neurodegenerativas (ej. Alzheimer).

Realizar ejercicio físico durante toda la vida parece ser una estrategia eficaz para atenuar o incluso evitar estos efectos del envejecimiento, como confirman estudios muy recientes. Un meta-análisis que incluyó 55 estudios observó que las personas con más de 60 años y que llevaban al menos 20 años entrenando presentaban un consumo de oxígeno y una fuerza similares a las de jóvenes sanos, y mejores que el de personas mayores que no realizaban ejercicio (Mckendry et al. 2018). De forma similar, un estudio muy reciente publicado en la revista Aging Cellha mostrado como las personas mayores (55-79 años) que han mantenido un alto nivel de actividad física durante toda su vida (26 años de experiencia media en ciclismo) no presentan prácticamente ningún empeoramiento asociado al envejecimiento en las propiedades musculares (composición, tipo y tamaño de fibras musculares, así como contenido mitocondrial) (Pollock et al. 2018). Por último, otro estudio ha confirmado recientemente que las personas mayores que realizan ejercicio durante toda su vida (personas de más de 70 años que habían realizado más de 50 años de ejercicio aeróbico) disminuyen el deterioro en la capacidad cardiorrespiratoria y evitan la reducción en capilaridad muscular y actividad enzimática, manteniéndose estas variables similares a las de personas jóvenes entrenadas (Gries et al. 2018).

Aunque nunca es tarde y se pueden obtener beneficios incluso a la más avanzada edad, cada vez más evidencia apoya el papel de realizar ejercicio durante toda la vida y especialmente de mantenerlo al llegar a la vejez.

REFERENCIAS

  • Gries KJ, Raue U, Perkins RK, et al (2018) Cardiovascular and skeletal muscle health with lifelong exercise. J Appl Physiol 125:1636–1645. doi: 10.1152/japplphysiol.00174.2018
  • Mckendry J, Breen L, Shad BJ, Greig CA (2018) Muscle morphology and performance in master athletes: A systematic review and meta-analyses. Ageing Res Rev 45:62–82. doi: 10.1016/j.arr.2018.04.007
  • Pollock RD, O’Brien KA, Daniels LJ, et al (2018) Properties of the vastus lateralis muscle in relation to age and physiological function in master cyclists aged 55–79 years. Aging Cell. doi: 10.1111/acel.12735

RECOMENDACIONES PARA EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA EN NIÑOS Y ADOLESCENTES

Actualmente son incuestionables los beneficios del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes sobre la salud y el rendimiento deportivo. Es por ello que los principales estamentos internacionales ya sí incluyen el entrenamiento de fuerza como parte de cualquier programa de actividad física para niños y adolescentes. Como todo programa de ejercicio físico, el entrenamiento de fuerza correctamente planificado y supervisado por profesionales cualificados se ha mostrado como un método seguro, válido y efectivo para la mejora de la condición física y, por ende, de la salud y el rendimiento. Asimismo, la literatura científica nos informa que precisamente la infancia, por ser la etapa donde se empieza a formar y moldear toda la estructura ósea, puede ser el momento ideal para iniciarse en el entrenamiento con cargas (1-3). Por tanto, hay que desterrar definitivamente viejos mitos como el del supuesto retraso en el crecimiento de los niños que desde edades tempranas entrenan la fuerza.

Entre los principales beneficios se encuentran mejoras en la salud músculo-esquelética y cardiovascular, y la composición corporal. Sin embargo, la evidencia respecto a los beneficios psicosociales del entrenamiento de fuerza en esta población es aún inconsistente. No obstante, en jóvenes con problemas de autoestima, la mejora de la composición corporal a través del entrenamiento de fuerza podría proporcionarles beneficios en la auto-percepción sobre su físico y en la imagen de sí mismos.

En cuanto a las pautas del entrenamiento de fuerza en niños y adolescentes, hemos de seguir unas consideraciones generales (4):

  1. A la hora de la selección de los ejercicios, hay que priorizar en todo momento la ejecución técnica. Una vez que se haya dominado la técnica básica de ejercicio con el peso corporal, se progresará a trabajar con peso libre, ya que se ejerce una mayor activación muscular que la provocada mediante máquinas de resistencia. Además, es fundamental trabajar con equipos y dispositivos adaptados al tamaño del sujeto.
  2. La prescripción del volumen y la intensidad del entrenamiento se considerará sinérgicamente, ya que ambas están interrelacionadas. Cuanto mayor sea la carga (intensidad), menor será el número de series y repeticiones (volumen) que se podrán completar. Sin embargo, priorizaremos la intensidad, ya que está íntimamente ligada al riesgo de lesión asociado a una carga excesiva. En niños y adolescentes no entrenados, se recomienda comenzar con una intensidad de entrenamiento baja a moderada (≤60% de 1-RM) y un volumen bajo (1-2 series) en diversos ejercicios.
  3. Dado que se ha visto que los niños pueden recuperarse más rápidamente de la fatiga secundaria al entrenamiento de fuerza (5), periodos de un minuto de descanso podrían ser suficientes. Sin embargo, conforme incrementemos la intensidad del entrenamiento, será necesario también un aumento del tiempo de descanso.
  4. En base a las últimas investigaciones, parece que lo más óptimo para el desarrollo de los niveles de fuerza muscular en niños y adolescentes son 2-3 sesiones de entrenamiento por semana, siempre en días no consecutivos (6). A medida que vayan adentrándose en edades más adultas, la frecuencia de entrenamiento puede ir aumentando.
  5. Inicialmente se recomiendan velocidades moderadas de movimiento, sobre todo en aquellos sin experiencia previa y que deben ir adquiriendo la técnica de ejercicio. Mientras, jóvenes entrenados requerirán mayores velocidades de movimiento.

En definitiva, como parte de cualquier programa de actividad física en niños y adolescentes debe incluirse el entrenamiento de fuerza, siempre bajo la supervisión de profesionales cualificados que maximicen los beneficios de este tipo de ejercicio, a la vez que minimicen los riesgos que se pudieran derivar de su incorrecta aplicación. Por último, resaltar que, al tratarse de niños y adolescentes, es sumamente importante que toda intervención con ejercicio lleve implícito un claro componente lúdico, que va a ser lo que realmente adhiera al sujeto al programa.


REFERENCIAS

  1. Gunter, K. B., Almstedt, H. C., & Janz, K. F. (2012). Physical activity in childhood may be the key to optimizing lifespan skeletal health. Exercise and Sport Sciences Reviews, 40(1), 13.
  2. Vicente-Rodríguez, G. (2006). How does exercise affect bone development during growth?. Sports Medicine, 36(7), 561-569.
  3. Hind, K., & Burrows, M. (2007). Weight-bearing exercise and bone mineral accrual in children and adolescents: a review of controlled trials. Bone, 40(1), 14-27.
  4. Lloyd, R. S., Faigenbaum, A. D., Stone, M. H., Oliver, J. L., Jeffreys, I., Moody, J. A., … & Herrington, L. (2014). Position statement on youth resistance training: the 2014 International Consensus. British Journal of Sports Medicine, 48(7), 498-505.
  5. Faigenbaum, A. D., Ratamess, N. A., McFarland, J., Kaczmarek, J., Coraggio, M. J., Kang, J., & Hoffman, J. R. (2008). Effect of rest interval length on bench press performance in boys, teens, and men. Pediatric Exercise Science, 20(4), 457-469.
  6. Faigenbaum, A. D., Kraemer, W. J., Blimkie, C. J., Jeffreys, I., Micheli, L. J., Nitka, M., & Rowland, T. W. (2009). Youth resistance training: updated position statement paper from the national strength and conditioning association. The Journal of Strength & Conditioning Research, 23, S60-S79.

LA FORMA FÍSICA, TAN O MÁS IMPORTANTE QUE OTROS FACTORES DE RIESGO TRADICIONALES PARA REDUCIR LA MORTALIDAD

ENTRENAR FUERZA 1 VEZ A LA SEMANA REDUCE EL RIESGO DE MUERTE

Los beneficios del ejercicio físico aeróbico sobre la enfermedades cardiovasculares (ECV) y la mortalidad son ampliamente conocidos. Sin embargo, no pasa igual con el entrenamiento de fuerza, para el que ha sido analizado principalmente su efecto sobre la salud ósea, la función física, la calidad de vida o la salud metabólica, siendo aún limitada la evidencia respecto a los beneficios del ejercicio de fuerza sobre la ECV y la mortalidad por cualquier causa.

En este contexto, un grupo de investigadores evaluaron el efecto del entrenamiento de fuerza y su frecuencia de realización, evaluado mediante cuestionarios, sobre la ECV y la mortalidad en 12591 sujetos. Cabe señalar que, independientemente de haber hecho ejercicio aeróbico, realizar entrenamiento de fuerza 1, 2 o 3 veces a la semana redujo entre 40-70% el riesgo de eventos cardiovasculares y de muerte en comparación con los que no lo realizaron. Además, el menor riesgo se obtuvo para los que entrenaron fuerza 2 veces a la semana, mientras que los que la habían entrenado 4 o más veces a la semana tuvieron incluso mayor riesgo que los que no habían entrenado (Figura 1). De forma sorprendente, una única sesión semanal de fuerza o solamente entre 1-59 minutos a la semana ya se asoció con un menor riesgo de ECV, con independencia de haber cumplido las recomendaciones de ejercicio aeróbico.

Figura 1. Relación dosis-respuesta entre la frecuencia semanal de entrenamiento de fuerza y el riesgo de eventos cardiovasculares.

En resumen, una sola sesión o incluso menos de 1h a la semana de entrenamiento de fuerza, independientemente del ejercicio aeróbico realizado, reduce el riesgo de eventos cardiovasculares y de mortalidad por cualquier causa. Por lo tanto, observamos cómo incluso una dosis mínima de ejercicio es ya suficiente para reducir de forma importante el riesgo de morbi-mortalidad en comparación con la población que no realiza este tipo de entrenamiento, lo que debería estimular a entrenar al menos un día a aquellas personas que por sus ajetreadas agendas no son capaces de entrenar fuerza 2-3 veces por semana como recomiendan las principales organizaciones. Por último, parece ser contraproducente entrenar fuerza con una alta frecuencia semanal (4 o más veces).


REFERENCIA

Liu, Y., Lee, D. C., Li, Y., Zhu, W., Zhang, R., Sui, X., … & Blair, S. N. (2018). Associations of Resistance Exercise with Cardiovascular Disease Morbidity and Mortality. Medicine and Science in Sports and Exercise. [Epub ahead of print]

CUIDADO, TRABAJAR DE NOCHE PONE EN RIESGO TU SALUD

Una gran parte de la población se ve obligada a trabajar en turnos de noche, ya sea puntualmente o de forma fija. Éste es el caso de aproximadamente un 5% de los españoles, según datos obtenidos en la Encuesta Nacional de Condiciones de Trabajo de 2015. Y la tendencia va en aumento. Mientras que antes sólo algunas profesiones realizaban turnos de noche o las llamadas “guardias”, cada vez son más los comercios y otros servicios (ej. gimnasios, supermecados, restaurantes de comida rápida) que abren las 24 horas.

Sin embargo, esta forma de vida puede suponer graves consecuencias para nuestra salud. Los humanos somos seres diurnos, y mantenernos activos de noche va en contra de nuestra naturaleza. Es por la noche (cuando dormimos) cuando se producen importantes procesos para nuestro organismo a nivel hormonal y neural que nos permiten mantener nuestra salud, gracias a los llamados ritmos circadianos.

Existe una gran evidencia respecto a los efectos negativos de trabajar de noche para nuestra salud. Por ejemplo, un meta-análisis reciente (Sun et al., 2018) que incluyó 28 estudios mostró que las personas que trabajaban de noche tenían un mayor riesgo de sufrir obesidad, especialmente abdominal (la más asociada con la morbimortalidad). Además, aquellas personas que trabajaban de noche de forma constante mostraron un 29% más riesgo de obesidad que aquellos que alternaban turnos de noche y de día.

La obesidad y otros efectos a nivel hormonal tienen además importantes consecuencias en el desarrollo de otras enfermedades, como por ejemplo el cáncer. De hecho, otro meta-análisis  (Lin et al., 2015)que incluyó 16 estudios (más de 2 millones de participantes) mostró que el riesgo de cáncer de mama aumentó desde un 2% al trabajar de noche durante 2 años, hasta casi un 10% en aquellas que lo hicieron durante más de 20 años. Además, trabajar de noche también se asoció a un aumento del riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular y otras causas.

Todas estas consecuencias deberían ser tenidas en cuenta por los trabajadores y, sobre todo, por los empresarios y los estatutos gubernamentales correspondientes. Los graves efectos que pueden acarrear este tipo de turnos a nivel psicológico y fisiológico hacen que pueda no ser suficiente con compensar a los trabajadores económicamente por su esfuerzo extra.


REFERENCIAS

Lin, X., Chen, W., Wei, F., Ying, M., Wei, W., & Xie, X. (2015). Night-shift work increases morbidity of breast cancer and all-cause mortality: A meta-analysis of 16 prospective cohort studies. Sleep Medicine, 16(11), 1381–1387. https://doi.org/10.1016/j.sleep.2015.02.543

Sun, M., Feng, W., Wang, F., Li, P., Li, Z., Li, M., … Tse, L. A. (2018). Meta-analysis on shift work and risks of specific obesity types. Obesity Reviews, 19(1), 28–40. https://doi.org/10.1111/obr.12621

¿DEBO HACER EJERCICIO SI QUIERO DORMIR MEJOR?

El descanso es esencial tanto para la salud como para el rendimiento deportivo. La reducción en la cantidad o calidad del sueño de forma continuada puede tener importantes consecuencias no solo a nivel cognitivo, sino también en otros sistemas como el endocrino o inmune. Sin embargo, y principalmente debido al ajetreado ritmo de vida que llevamos en los países desarrollados, cada vez más personas sufren de trastornos de sueño.

El ejercicio físico puede ser un importante mediador de la calidad del sueño. Por ejemplo, un estudio reciente (Murray et al., 2017) publicado en la revista PLOS One realizado en 360 mujeres adultas mostró que el nivel de actividad física (medido con acelerómetro) de intensidad moderada a intensa se relacionaba de forma directa con el tiempo de sueño (a más actividad, más horas de sueño). Además, el tiempo que estas mujeres pasaban al aire libre también mostró una relación significativa con el tiempo de sueño.

Mantener un estilo de vida activo y preferiblemente al aire libre parece ser por lo tanto una estrategia eficaz para mejorar nuestro descanso. Sin embargo, ¿existen diferencias según la hora a la que se realiza ejercicio? Para contestar a esta pregunta, un estudio (Carlson et al., 2018) realizado en 12 jóvenes entrenados analizó el efecto de entrenar a dos horas distintas del día (a las 9 de la mañana o a las 6 de la tarde) en los niveles en saliva de melatonina, una hormona que controla los ciclos circadianos facilitando el sueño. Los resultados mostraron que los niveles de melatonina estaban aumentados por la noche (a las 3 de la mañana) en todos los casos. Sin embargo, los niveles de melatonina justo antes de irse a dormir (a las 10 de la noche) fueron mayores en aquellos que habían entrenado por la mañana en comparación con los que lo habían hecho por la tarde.

En resumen, realizar ejercicio parece ser beneficioso para mejorar la calidad o cantidad del sueño, pero la hora a la que se realiza ejercicio puede convertirse en un arma de doble filo empeorando nuestro descanso en vez de mejorarlo. Según los resultados descritos, realizar ejercicio por la mañana facilitaría el sueño por la noche en comparación con hacerlo por la tarde. Ésta y otras estrategias (ej. evitar pantallas por la noche, cenar ligero, estar en un ambiente tranquilo desde horas antes de ir a dormir) deben ser tenidas en cuenta por todas aquellas personas con problemas para conciliar el sueño.


REFERENCIAS

Carlson LA, et al. (2018) Influence of Exercise Time of Day on Salivary Melatonin Responses. Int J Sports Physiol Perform. In press. doi: 10.1123/ijspp.2018-0073.

Murray K, et al. (2017) The relations between sleep, time of physical activity, and time outdoors among adult women. PLoS One. 12 (9): e0182013.

LOS NON-RESPONDERS COMO EL ESLABÓN DÉBIL DEL ENTRENAMIENTO

La capacidad cardiorrespiratoria (CRF por sus siglas en inglés) mejora de manera general con el entrenamiento regular (1, 2). Sin embargo, a nivel individual, existe una amplia variabilidad en la respuesta a un programa de ejercicio físico. Así, algunos sujetos no demuestran ninguna mejora en su CRF o presentan una respuesta negativa al ejercicio. Son los conocidos como non-responders. Al otro lado se encontrarían los que obtienen beneficios clínicamente significativos y que son conocidos como responders. La prevalencia de non-responders para la CRF se ha estimado en un 20% en personas sanas (3). Es decir, 2 de cada 10 sujetos no obtendrían mejoras en su CRF después de un programa de entrenamiento de resistencia. Sin embargo, ¿podrían estas personas mejorar su CRF si el estímulo de entrenamiento aumentase?

Para responder a esta cuestión, un reciente estudio (4) ha analizado la variabilidad interindividual a un programa de entrenamiento de resistencia. 78 jóvenes sanos (26 años de media) fueron divididos de la siguiente manera en 5 grupos durante 6 semanas:

–       Grupo 1: una sesión semanal (60 minutos totales)

–       Grupo 2: dos sesiones semanales (120 minutos totales)

–       Grupo 3: tres sesiones semanales (180 minutos totales)

–       Grupo 4: cuatro sesiones con un volumen semanal de 240 min en total

–       Grupo 5: cinco sesiones y un total de 300 min/sem

Las sesiones tuvieron una intensidad media del 65% de la potencia máxima desarrollada (Wmax). En función de varias pruebas realizadas al inicio del estudio en todos los sujetos, la falta de respuesta (non-responders) se definió como un cambio de ± 3.96% en la Wmax.

Después del periodo de entrenamiento, el 69%, 40%, 29%, 0% y 0% de participantes fueron non-responders en los grupos 1, 2, 3, 4 y 5, respectivamente. A continuación, los non-responders comenzaron un segundo programa de entrenamiento de resistencia de 6 semanas, idéntico al anterior, pero añadiendo dos sesiones de ejercicio semanales. Curiosamente, después de este nuevo periodo, no hubo non-responders en ninguno de los grupos. Por tanto, observamos cómo una respuesta negativa decae gradualmente con el incremento del volumen de ejercicio y cómo a partir de 240 min/sem se obtienen efectos claramente positivos sobre la CRF.

Finalmente, como profesionales del ejercicio debemos atender a estos estudios con el objetivo de conocer y proporcionar los estímulos apropiados que hagan que el entrenado mejore su forma física. Este estudio sugiere que no hay non-responders al ejercicio, sino que el estímulo aplicado puede no ser suficiente en algunas ocasiones para provocar mejoras.


REFERENCIAS

  1. Bouchard C, Sarzynski MA, Rice TK, KrausWE, Church TS, Sung YJ, … & Rankinen T (2011). Genomic predictors of the maximal O2 uptake response to standardized exercise training programs. J Appl Physiol (1985) 110, 1160–1170.
  2. Montero D, Cathomen A, Jacobs RA, Fluck D, de Leur J, Keiser S, … & Lundby C (2015). Haematological rather than skeletal muscle adaptations contribute to the increase in peak oxygen uptake induced by moderate endurance training. J Physiol 593, 4677–4688.
  3. Timmons JA, Knudsen S, Rankinen T, Koch LG, Sarzynski M, Jensen T, … & Bouchard C (2010). Using molecular classification to predict gains in maximal aerobic capacity following endurance exercise training in humans. J Appl Physiol (1985) 108, 1487–1496.
  4. Montero D, & Lundby C (2017). Refuting the myth of non-response to exercise training: ‘non-responders’ do respond to higher dose of training. J Physiol 595, 3377-3387.

¿SOMOS CONSCIENTES DE NUESTROS PROBLEMAS DE PESO?

Como ya hemos insistido en innumerables ocasiones, la obesidad se está convirtiendo en una de las principales epidemias en los países desarrollados. El sobrepeso y la obesidad están asociados a un mayor riesgo de sufrir patologías como diabetes, hipertensión, o algunos tipos de cáncer, aumentando así el riesgo de mortalidad. Por lo tanto, su prevención debe ser un objetivo clave en la salud pública.

Sin embargo, y pese a los graves perjuicios que el sobrepeso y la obesidad pueden tener en la salud, en algunos sectores se está promocionando una “normalización” de estas condiciones. Por ejemplo, en algunos países a las tallas más grandes les “restan” algunos números para no dañar la autoestima de los compradores. De forma similar, algunos anuncios televisivos tratan de positivizar el sobrepeso. Estas estrategias sumadas al hecho de que cada vez es más común ver personas con sobrepeso (aproximadamente 1 de cada 4 adultos tiene obesidad) hace que podamos tener una conciencia equivocada de nuestros problemas de peso.

Para determinar si realmente somos conscientes de nuestro peso, un estudio (Muttarak, 2018) evaluó a 23459 personas con sobrepeso (en este caso entendido como índice de masa corporal > 25). Los autores observaron que entre 1997 y 2015 el porcentaje de personas que estaba “equivocada” respecto a su sobrepeso aumentó del 37 al 40% en hombres y del 17 al 19% en mujeres, siendo las personas con menor nivel de estudios y peor status socioeconómico los menos conscientes de su sobrepeso. En consecuencia, aquellas personas menos conscientes de su sobrepeso eran un 85% menos propensas a incluir estrategias para controlarlo (Ej. dieta, ejercicio).

En resumen, la prevalencia de sobrepeso aumenta de forma exponencial, y una causa puede ser que 2-4 de cada 10 personas no es consciente de que lo tiene. Olvidándonos de los motivos estéticos (que deben ser olvidados), el sobrepeso se asocia con un mayor riesgo de morbimortalidad, y por lo tanto debemos crear conciencia de esta problemática y desarrollar estrategias para evitarlo.


REFERENCIA

Muttarak, R. (2018) Normalization of Plus Size and the Danger of Unseen Overweight and Obesity in England. Obesity. 26:1125-1129.

CÓMO TENER 80 AÑOS Y UN VO2MAX DE UNA PERSONA DE 35

Hace unos años salieron publicados los récords del mundo de VO2max para deportistas de resistencia mayores de 80 años (1). Estos valores se situaron entre 34 y 42 ml/kg/min, siendo de 21 ml/kg/min para personas inactivas de la misma edad. El VO2max es un potente e independiente predictor de salud y de mortalidad, por lo que mantenerlo en niveles óptimos es esencial para un envejecimiento saludable.

Recientemente ha salido el estudio de un caso (2) que con 80 años tiene un sorprendente VO2max de 50 ml/kg/min. Se trata de un hombre con una gran complexión atlética, delgado, que nunca ha fumado, sus biomarcadores sanguíneos son normales, incluyendo la función renal (tabla 1),  y la única medicación que toma actualmente son aspirinas. Hace ∼10 años le colocaron un marcapasos debido a un bloqueo auriculoventricular de 2º grado. Sus parámetros ecocardiográficos se asemejan a los de personas de 40-70 años, mientras que su función pulmonar está por encima de la media para su edad. Además a lo largo de su vida se ha mantenido activo, trabajando en el campo, entrenando, compitiendo en carreras de esquí de ultrarresistencia, mientras que en la actualidad entrena 3 veces por semana, ∼20 min de ejercicio aeróbico y ∼10 de fuerza, ejercitando principalmente el hemisferio superior y la parte central del cuerpo (core).

Tabla 1. Variables antropométricas y sanguíneas de una persona de 80 años

B-HbA1c: hemoglobina glicosilada HbA1; BMI: índice de masa corporal; GRF: tasa de filtración glomerular; HDL: lipoproteínas de alta densidad; LDL: lipoproteínas de baja densidad; TSH: hormona estimulante del tiroides

Su VO2max se encuentra por encima del percentil 90 de lo recomendado por el Colegio Americano de Medicina del Deporte (44.2 ml/Kg/min) y es mayor que el VO2max promedio de los noruegos de 30-39 años y que el de noruegos inactivos de 20-29 años. Además, sus 14 METs le ubican en la categoría de riesgo de mortalidad bajo (3).

Uno de los principales factores determinantesdel VO2max es la edad. En este caso, el sujeto había realizado 2 evaluaciones cardiopulmonares con anterioridad, a los 25 y a los 45 años, registrando un VO2max de ∼75 y 58 ml/kg/min, respectivamente, lo que sugiere una reducción de ∼7% por década, comparable al 6-11% de reducción por década observada en hombres en estudios anteriores.

A pesar de su bajo volumen de entrenamiento (∼90 min/sem), es una persona físicamente muy activa, realizando un 83% más de actividad física diaria que las recomendaciones mínimas para su edad, caminando∼4.100 pasos/día más que la media de noruegos mayores de 65 años y ∼2.650 más que noruegos de 20-64 años. Por último, la realización de entrenamiento de fuerza le confiere una gran masa muscular (tabla 1) y le permite realizar repetidamente ejercicios de fuerza con una elevada demanda energética, pudiendo repercutir positivamente sobre su elevada capacidad cardiorrespiratoria.

En resumen, su estilo de vida físicamente activo, su gran masa muscular y su excelente función cardiaca y respiratoria contribuyen a una excelente capacidad cardiorrespiratoria, similar a la de una persona de 35 años y, aunque el VO2max tiene un fuerte componente genético (4), probablemente represente una menor variación en la condición física que la debida a factores ambientales, principalmente la actividad física.


REFERENCIAS

  1. Trappe, S., Hayes, E., Galpin, A., Kaminsky, L., Jemiolo, B., Fink, W., … & Tesch, P. (2012). New records in aerobic power among octogenarian lifelong endurance athletes. Journal of Applied Physiology, 114(1), 3-10.
  2. Karlsen, T., Leinan, I. M., Bækkerud, F. H., Lundgren, K. M., Tari, A., Steinshamn, S. L., … & Rognmo, Ø. (2015). How to Be 80 Year Old and Have a VO2max of a 35 Year Old. Case Reports in Medicine, 2015.
  3. Kokkinos, P., & Myers, J. (2010). Exercise and physical activity: clinical outcomes and applications. Circulation, 122(16), 1637-1648.
  4. Bouchard, C., Daw, E. W., Rice, T., Pérusse, L. O. U. I. S., Gagnon, J., Province, M. A., … & Wilmore, J. H. (1998). Familial resemblance for VO2max in the sedentary state: the HERITAGE family study. Medicine and Science in Sports and Exercise, 30(2), 252-258.