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FUERZA EN LOS DEPORTES DE RESISTENCIA, ¿POR QUÉ Y CÓMO ENTRENARLA?

Cada vez más a menudo los deportistas de resistencia incluyen entrenamientos de fuerza en su planificación. Sin embargo, todavía existe cierta reticencia a este tipo de entrenamiento, ya que existe la creencia de que la fuerza aumentará la masa muscular y nos hará más pesados, con los consiguientes perjuicios para el rendimiento.

Beneficios del entrenamiento de fuerza

Existe una amplia evidencia de que el entrenamiento de fuerza es, como mínimo, beneficioso para reducir lesiones. Por ejemplo, un meta-análisis (Lauersen et al., 2014) que incluyó 26610 participantes encontró que el entrenamiento de fuerza disminuye hasta un 50% las lesiones por sobreuso, mientras que otras estrategias más populares como los estiramientos o los ejercicios de propiocepción (por ejemplo, ejercicios de equilibrio) aportaron menos o ningún beneficio. Además, el entrenamiento de fuerza puede ayudar a corregir déficits musculares provocados por los grandes volúmenes de entrenamiento realizados, disminuyendo el riesgo de lesión.

Por otro lado, el entrenamiento de fuerza bien realizado no solo no es perjudicial para el rendimiento, sino que numerosos estudios han mostrado grandes beneficios tras incluir varias semanas de este tipo de entrenamiento. Por ejemplo, un estudio (Aagaard et al., 2011) en ciclistas de alto nivel mostró cómo la inclusión de 4 meses de entrenamiento de fuerza dos días a la semana mejoró el rendimiento en una prueba de 45 minutos en un sorprendente 8%. Otros estudios han mostrado también beneficios del entrenamiento de fuerza en corredores. Por ejemplo, dos sesiones de entrenamiento de fuerza a la semana durante 8 semanas mejoraron el rendimiento en una prueba incremental de laboratorio y en una carrera de 10 km (Damasceno et al., 2015).

¿Cómo entrenar la fuerza en deportes de resistencia?

El entrenamiento de fuerza debe ser por lo tanto una parte fundamental de la planificación en los deportes de resistencia. Sin embargo, es importante tener en cuenta que el entrenamiento de estos últimos no debe ser igual que el de las personas que buscan aumentar su masa muscular con fines estéticos, ya que el objetivo de los deportistas de resistencia será principalmente aumentar la fuerza por la vía neural, es decir, mejorar la coordinación neuromuscular tratando de evitar en la medida de lo posible ganancias de peso (evitando ganancias excesivas de masa muscular). En este sentido, se ha observado que realizar el entrenamiento de fuerza a la máxima velocidad posible y tratando de perder la mínima velocidad durante cada serie (es decir, evitando la fatiga y alejándonos del fallo muscular) proporcionará beneficios en el rendimiento sin aumentar excesivamente la masa muscular y sin producir mucha fatiga, lo que nos permitirá rendir mejor en sesiones posteriores (Pareja-Blanco et al., 2017).

Es importante resaltar que, aunque el entrenamiento de fuerza es importante, la especificidad debe ser el pilar fundamental de la planificación. En este sentido, un estudio muy reciente (Kristoffersen et al., 2019) comparó los efectos de entrenar la fuerza de forma tradicional con altas cargas o pedaleando en la bici realizando sprints muy cortos (entre 4 y 8 segundos a la máxima potencia posible). Tras 6 semanas de intervención, los autores no observaron diferencias entre grupos en un test de 5 minutos, en el umbral anaeróbico, el consumo máximo de oxígeno o la eficiencia de pedaleo. Sin embargo, los resultados mostraron que los ciclistas que entrenaron los sprints en la bici mejoraron más en diversos tests de sprint de entre 6 y 30 segundos, mientras que el grupo de fuerza ‘tradicional’ mejoró más su fuerza en sentadilla. Por lo tanto, como mínimo sería recomendable incluir sesiones de fuerza en la bici para ‘transferir’ las ganancias de fuerza obtenidas fuera de ella.

Conclusiones

En resumen, el entrenamiento de fuerza parece disminuir el riesgo de lesión y mejorar el rendimiento en deportes de resistencia. No obstante, es importante entrenarlo de forma adecuada para que no nos produzca una fatiga excesiva que nos impida rendir en otras sesiones específicas, las cuales deben ser la base de la planificación, y para obtener la mayor transferencia de esas ganancias de fuerza a nuestro deporte.


REFERENCIAS

Aagaard, P., et al. 2011. Effects of resistance training on endurance capacity and muscle fiber composition in young top-level cyclists. Scand. J. Med. Sci. Sport. 21: 298–307.

Damasceno, M. V, et al. 2015. Effects of resistance training on neuromuscular characteristics and pacing during 10‑km running time trial. Eur J Appl Physiol 115(7): 1513–1522.

Kristoffersen, M., et al. 2019. Comparison of Short-Sprint and Heavy Strength Training on Cycling Performance. Frontiers in Physiology. 10: 1132.

Lauersen, J.B., et al. 2014. The effectiveness of exercise interventions to prevent sports injuries: a systematic review and meta-analysis of randomised controlled trials. Br. J. Sports Med. 48(11): 871–877.

Pareja-Blanco, F., et al. 2017. Effects of velocity loss during resistance training on athletic performance, strength gains and muscle adaptations. Scand. J. Med. Sci. Sport. 7(7): 724-735.

RITMOS CIRCADIANOS, CÓMO LA LUZ Y LA COMIDA REGULAN EL ORGANISMO

A lo largo de la evolución, nuestro organismo ha ido desarrollando una serie de relojes moleculares (uno central, situado en el hipotálamo y otros, periféricos, situados en órganos como el hígado, el intestino o el músculo) sincronizados en función de señales externas (zeitgebers) como la luz o la comida. La expresión de genes y secreción de hormonas varía en función de estas señales. En el caso del reloj central, el principal zeitgeber es la luz, mientras que, para los relojes periféricos, es la comida. Por esto, respetar y entender las fluctuaciones fisiológicas naturales del organismo nos puede ayudar a tener un organismo más sano.

Los nuevos hábitos de los países desarrollados, alejados en muchos casos de los ritmos naturales de luz-oscuridad y comida-ayuno, podrían ser determinantes en la aparición de enfermedades metabólicas como el cáncer o la diabetes.


REFERENCIA

  • Carroll, R. G., Timmons, G. A., Cervantes-Silva, M. P., Kennedy, O. D., & Curtis, A. M. (2019). Immunometabolism around the Clock. Trends in molecular medicine.

GRASA CARDIACA, ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR Y ENTRENAMIENTO

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. La acumulación de grasa en tejidos no adiposos (grasa ectópica) como el corazón o el hígado, se relaciona con un mayor riesgo cardiovascular (1). En la actualidad, se ha puesto el foco en el tejido adiposo epicárdico (situado entre el pericardio y el miocardio), ya que, debido a su relación con el miocardio y las arterias coronarias, actúa como un importante factor de riesgo cardiovascular (2). En condiciones fisiológicas normales, el tejido adiposo epicárdico ejerce un rol cardioprotector a través de la secreción de diferentes moléculas (como citocinas antiinflamatorias y antiaterogénicas). Sin embargo, dicho rol es alterado con el incremento anormal de la grasa cardiaca (2). Otro depósito de grasa localizado a nivel cardiaco es el tejido adiposo pericárdico, el cual se localiza entre los pericardios visceral y parietal.

Las personas con obesidad tienen a menudo un excesivo tejido adiposo epicárdico. Un estudio piloto ha analizado los efectos del entrenamiento de fuerza sobre el volumen de tejido adiposo cardiaco evaluado a través de resonancia magnética y la rigidez arterial en personas con obesidad (3). Once mujeres jóvenes con obesidad (IMC promedio de 34 kg/m2) fueron aleatorizadas a un grupo de entrenamiento (n=6) o a un grupo control (n=5). El grupo de entrenamiento realizó un programa de ejercicios en circuito de alta intensidad (con una percepción del esfuerzo de 8-10 sobre un máximo de 10) durante tres semanas, tres veces por semana.

Una vez completado el programa, el volumen de tejido adiposo epicárdico y pericárdico se vio notablemente reducido en el grupo de entrenamiento respecto al control (−11 ± 6% vs −7 ± 5% y −7 ± 5% vs 7 ± 10%, respectivamente). Como podemos apreciar en la Figura de abajo, las seis mujeres del grupo de ejercicio disminuyeron el volumen de los tejidos adiposos epicárdico y pericárdico.

Figura. Porcentaje de cambio individual del volumen de tejido adiposo epicárdico y pericárdico en seis mujeres después de tres semanas de entrenamiento y en cinco mujeres que no llevaron a cabo ningún tipo de programa de ejercicio.

Además, las mujeres del grupo de entrenamiento incrementaron su fuerza máxima absoluta y relativa en el tren superior e inferior. Respecto a la composición corporal, la masa muscular aumentó unicamente en el grupo de ejercicio, mientras que la masa grasa lo hizo en el control, sin cambios en el grupo que entrenó. Por último, no se hallaron cambios en la velocidad de la onda de pulso, un indicador de la rigidez arterial.

En resumen, tres semanas de entrenamiento de fuerza de alta intensidad redujeron el volumen del tejido adiposo cardiaco y mejoraron los niveles de fuerza muscular y la composición corporal, sin producir efectos adversos sobre la rigidez arterial en mujeres con obesidad. Por lo tanto, a los sobradamente conocidos beneficios del ejercicio físico sobre otros factores de riesgo cardiovascular, se añade el de la reducción del tejido adiposo cardiaco, con la relevancia clínica que esto conlleva sobre la salud cardiovascular.


REFERENCIAS

  1. Srikanthan, P., Horwich, T. B., & Tseng, C. H. (2016). Relation of muscle mass and fat mass to cardiovascular disease mortality. The American Journal of Cardiology, 117(8), 1355-1360.
  2. Iacobellis, G. (2015). Local and systemic effects of the multifaceted epicardial adipose tissue depot. Nature Reviews Endocrinology, 11(6), 363.
  3. Fernandez-del-Valle, M., Gonzales, J. U., Kloiber, S., Mitra, S., Klingensmith, J., & Larumbe-Zabala, E. (2018). Effects of resistance training on MRI-derived epicardial fat volume and arterial stiffness in women with obesity: a randomized pilot study. European Journal of Applied Physiology, 118(6), 1231-1240.

EL ACORTAMIENTO DE LOS TELÓMEROS PREDICE LA ESPERANZA DE VIDA

Los telómeros son estructuras que se encuentran en los extremos de los cromosomas que protegen nuestra información genética durante la división celular. Su tasa de acortamiento, condicionada por la genética y nuestro estilo de vida, determina la longevidad y la salud de nuestro organismo.

Un estudio liderado por María Blasco ha demostrado que el acortamiento de los telómeros, y no su longitud inicial, predice la esperanza de vida de diferentes especies animales.


REFERENCIA

  • Whittemore, K., Vera, E., Martínez-Nevado, E., Sanpera, C., & Blasco, M. A. (2019). Telomere shortening rate predicts species life span. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(30), 15122-15127.

EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA DISMINUYE LA SARCOPENIA EN PACIENTES CON CÁNCER

Los pacientes que reciben terapia de privación de andrógenos para el tratamiento del cáncer de próstata pierden en el primer año de la terapia ~2–4% de masa muscular como consecuencia del descenso de los niveles de testosterona. Este hallazgo es sumamente importante, ya que existe evidencia meta-analítica que concluye que, en pacientes con tumores sólidos como puede ser el cáncer de próstata, la sarcopenia se asocia con una mayor mortalidad general y por la enfermedad (1). Asimismo, como vimos recientemente, la pérdida de masa muscular incrementa el riesgo de muerte en pacientes con cáncer.

Un reciente estudio piloto (2) ha analizado el efecto del entrenamiento de fuerza supervisado sobre la masa muscular de pacientes de cáncer de próstata con terapia de privación de andrógenos, además de comparar si la combinación de suplementación con proteínas (50 g/día) y el entrenamiento proporcionaba beneficios adicionales a los proporcionados por el ejercicio. 32 pacientes con cáncer fueron aleatorizados a uno de los siguientes 4 grupos:

  • Entrenamiento de fuerza y suplementación con proteínas
  • Entrenamiento de fuerza
  • Suplementación con proteínas
  • Grupo control, el cual no recibía ningún tipo de intervención

Los grupos que realizaron entrenamiento de fuerza lo hicieron 3 días/sem durante 12 semanas a una intensidad del 60% 1-RM (15 repeticiones) las dos primeras semanas, para ir progresando hasta finalizar al 83% 1-RM (8 repeticiones) las dos últimas.

Antes del programa de ejercicio, el 44% y 41% de los pacientes tenían sarcopenia y síndrome metabólico, respectivamente. A las 12 semanas, la prevalencia de pacientes con sarcopenia disminuyó entre los grupos que realizaron entrenamiento de fuerza (39%) con respecto a los que no, entre los que incluso aumentó (47%). Sin embargo, la prevalencia de síndrome metabólico no difirió entre los grupos de ejercicio y no ejercicio. Con respecto a las variables de composición corporal, los participantes que hicieron ejercicio incrementaron la masa muscular, mientras que se mantuvo sin cambios entre quienes no lo realizaron. Además, la masa grasa disminuyó en los grupos que entrenaron (-2%) y aumentó en los que no (1%). Asimismo, la circunferencia de cintura se redujo en los grupos de ejercicio con respecto a los que no entrenaron, en los cuales llegó a aumentar (-1% vs 2%). Sin embargo, no hubo beneficios adicionales entre los que, además de entrenar, se suplementaron con proteína en comparación con los que solo entrenaron. La fuerza muscular también incrementó en los grupos de entrenamiento en 6 de los 7 ejercicios (37%–81%), no siendo así en los dos grupos que no realizaron ejercicio. De igual manera, la calidad de vida mejoró en los pacientes que entrenaron, no siendo así en los que no lo hicieron.

En base a los resultados obtenidos, queda demostrada la relevancia clínica del entrenamiento de fuerza en población con cáncer en general, y de próstata en particular, por sus beneficios sobre la composición corporal, la calidad de vida y la fuerza. Finalmente, remarcar que en la actualidad disponemos de evidencia científica suficiente sobre la importancia del ejercicio como tratamiento coadyuvante para pacientes con cáncer.


REFERENCIAS

  1. Shachar, S. S., Williams, G. R., Muss, H. B., & Nishijima, T. F. (2016). Prognostic value of sarcopenia in adults with solid tumours: a meta-analysis and systematic review. Eur J Cancer, 57, 58-67.
  2. Dawson, J. K., Dorff, T. B., Schroeder, E. T., Lane, C. J., Gross, M. E., & Dieli-Conwright, C. M. (2018). Impact of resistance training on body composition and metabolic syndrome variables during androgen deprivation therapy for prostate cancer: a pilot randomized controlled trial. BMC Cancer, 18, 368.

BENEFICIOS DEL ENTRENAMIENTO MULTICOMPONENTE EN PERSONAS MAYORES HOSPITALIZADAS

Existen estimaciones que colocan a España como el país con una mayor esperanza de vida en el futuro, por delante incluso del país que durante décadas ha copado esa primera posición, Japón. Y aunque este incremento en la esperanza de vida es algo positivo, también está suponiendo un aumento en la incidencia de enfermedades asociadas a la edad como la fragilidad o el deterioro cognitivo.

Por otra parte, los periodos de inactividad como los que ocurren durante las hospitalizaciones por enfermedad aguda conllevan importantes consecuencias, y especialmente vulnerables son las personas mayores. Además, durante estos periodos es habitual la reducción de la actividad física, pudiendo ser el comienzo de un importante deterioro funcional y metabólico difícilmente reversible. Por ello, son necesarios protocolos de intervención aplicados durante los periodos de hospitalización aguda que puedan prevenir el deterioro sufrido por los pacientes mayores.

Un estudio controlado aleatorizado (1) ha evaluado los efectos de un programa multicomponente de ejercicio físico sobre la capacidad funcional y cognitiva, depresión y calidad de vida en personas mayores hospitalizadas por una enfermedad aguda (la estancia hospitalaria tuvo una mediana de 8 días). 370 personas mayores de 75 años ingresadas en el Complejo Hospitalario de Navarra (Pamplona, España) fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de ejercicio o a un grupo control. El grupo control recibió los cuidados habituales, mientras que los participantes del grupo de ejercicio entrenaron bajo la supervisión de un especialista en ejercicio dos veces al día durante los días que permanecieron ingresados. El programa de ejercicio estuvo formado por ejercicios de fuerza, equilibrio y marcha adaptados a las características de los participantes.

Los resultados del estudio muestran cómo los pacientes en el grupo de ejercicio consiguieron un incremento en los valores obtenidos al alta hospitalaria con respecto a los iniciales en las pruebas de capacidad funcional y cognitiva, depresión y calidad de vida, mientras que no se produjeron cambios en el grupo control. En el momento del alta hospitalaria, el grupo de ejercicio obtuvo un incremento de 2,2 (sobre un máximo de 12) y de 6,9 puntos (sobre un máximo de 100) respecto al grupo control en la escala de valoración funcional SPPB (por sus siglas en inglés) y en el índice de independencia de Barthel para actividades de la vida diaria, respectivamente. La hospitalización aguda per se condujo a un deterioro en la capacidad funcional de los pacientes del grupo control para la realización de las actividades de la vida diaria, mientras que en los de ejercicio, no solo no se vio afectada, sino que mejoró (+2 puntos en el grupo de ejercicio vs -5 puntos en el grupo control con respecto al momento del ingreso). Además, no se registraron efectos adversos asociados al programa de ejercicio.

Por lo tanto, estos resultados vuelven a dejar clara la importancia de los programas de ejercicio físico intrahospitalarios – en este caso en los pacientes mayores – como estrategia para minimizar e, incluso, revertir las consecuencias asociadas a los periodos de hospitalización por enfermedad, en contraposición a lo habitualmente prescrito como son el reposo en cama o el ‘camine un poco por el pasillo’.


REFERENCIAS

  1. Martínez-Velilla, N., Casas-Herrero, A., Zambom-Ferraresi, F., de Asteasu, M. L. S., Lucia, A., Galbete, A., … & Iráizoz, I. A. (2019). Effect of exercise intervention on functional decline in very elderly patients during acute hospitalization: a randomized clinical trial. JAMA Internal medicine, 179(1), 28-36.

EL EJERCICIO FÍSICO MODULA EL AMBIENTE TUMORAL

La progresión tumoral viene determinada en gran medida por el ambiente tumoral. El microentorno del tumor se caracteriza por tener una vascularización disfuncional que provoca que el flujo sanguíneo sea heterogéneo y haya zonas hipóxicas, es decir, con poco oxígeno. Además, la migración de células inmunitarias (NK, linfocitos T) disminuye, aumentando la presencia de macrófagos asociados al tumor. Este proceso acelerará el crecimiento tumoral.

La composición del microambiente del tumor es altamente plástica y se puede modificar a través del estilo del vida. Así, el sedentarismo se asocia con una concentración elevada en sangre de factores de crecimiento, hormonas y citocinas pro-inflamatorias (IL-6, TNFα, proteína C reactiva) perpetuando un ambiente inflamatorio de bajo grado que acelera los procesos tumorales. Por el contrario, el ejercicio estimula la regulación autocrina, paracrina y endocrina de diferentes órganos mediante la secreción de diferentes miocinas y hormonas que inducen un ambiente anti-inflamatorio sistémico y antitumoral. El ejercicio es capaz de modular el ambiente del tumor mejorando los procesos de angiogénesis no patológica, incrementando así la vascularización y perfusión tumoral, lo que reduce la hipoxia en el microentorno del tumor. Además, promueve la infiltración de células inmunes antitumorales (NK, linfocitos T y macrófagos M1) y reduce la inflamación de bajo grado. Esta reprogramación del ambiente tumoral por el ejercicio se relaciona con una reducción del riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer, así como con la mejora del pronóstico durante el tratamiento de la enfermedad.

REFERENCIA

  • Koelwyn, G. J., Quail, D. F., Zhang, X., White, R. M., & Jones, L. W. (2017). Exercise-dependent regulation of the tumour microenvironment. Nature Reviews Cancer17(10), 620.

LAS BEBIDAS AZUCARADAS SE ASOCIAN CON RIESGO DE CÁNCER

El consumo de bebidas azucaradas se ha disparado en los últimos años, habiéndose instaurado como algo habitual durante las comidas o incluso entre horas. Este hecho ha traído consigo una serie de consecuencias, ya que el consumo regular de este tipo de bebidas se asocia con un mayor riesgo de sobrepeso u obesidad, una mayor incidencia de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares y, en general, con un deterioro de la salud cardiometabólica. Por el contrario, la asociación entre las bebidas azucaradas y el riesgo de cáncer no había sido tan estudiada hasta ahora.

Por ello, un reciente estudio (1) publicado en la prestigiosa revista BMJ ha investigado el vínculo entre el consumo de bebidas azucaradas y el riesgo de cáncer en una cohorte francesa con más de 100.000 participantes seguidos durante una media de 5 años. Los impactantes resultados nos muestran que el consumo de tan solo 100 ml al día de este tipo de bebidas (siendo una lata 330 ml), incluyendo zumos de fruta 100%, se asoció con un aumento del 18% en el riesgo de cáncer en general y del 22% en el caso del cáncer de mama, mientras que no se halló relación con el cáncer colorrectal o de próstata.

No obstante, tratándose de un estudio observacional no puede establecerse una causalidad. Por ello, los investigadores sugieren que las bebidas azucaradas podrían representar un factor de riesgo modificable para la prevención del cáncer, sino per se, sí al menos indirectamente, ya que su consumo se asocia de manera poderosa con el riesgo de obesidad que, a su vez, es un factor de riesgo importante para muchos tipos de cáncer.

Por lo tanto, a los sobradamente conocidos riesgos para la salud de las bebidas azucaradas, hemos de sumar el de un aumento en el riesgo de cáncer. No en vano, desde ciertos sectores se sugiere aplicar medidas contra este tipo de productos, como puede ser la aplicación de un impuesto especial. En conclusión, debemos ser conscientes de las consecuencias que puede tener el consumo de estos productos en nuestra dieta y siempre, siempre, decantarnos por el agua.


REFERENCIAS

  1. Chazelas E, Srour B, Desmetz E, Kesse-Guyot E, Julia C, Deschamps V, Druesne-Pecollo N, Galan P, Hercberg S, Latino-Martel P, Deschasaux M, Touvier M. Sugary drink consumption and risk of cancer: results from NutriNet-Santé prospective cohort. BMJ. 2019 Jul 10;366:l2408.

EL EJERCICIO REDUCE LA HIPOXIA TUMORAL Y MEJORA LA EFICACIA DE LA QUIMIOTERAPIA

El ejercicio es capaz de modular el ambiente tumoral reduciendo la hipoxia y aumentando la densidad vascular y el flujo sanguíneo. Esto mejora la eficacia de la quimioterapia, retrasando el crecimiento tumoral. Por ello, el ejercicio se convierte en un potente tratamiento coadyuvante en pacientes con cáncer.

VÍAS MTOR O AMPK DURANTE EL ENTRENAMIENTO

Los estímulos inducidos por el ejercicio (estrés mecánico y metabólico producido por la actividad contráctil y la liberación de moléculas de señalización sistémica y local) activan vías de señalización intracelular específicas (mTOR y AMPK) que inducen diferentes adaptaciones agudas y crónicas al entrenamiento. La estimulación de las vías de señalización depende de las variables utilizadas durante el programa de entrenamiento (intensidad, volumen, descanso, frecuencia, etc).