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FUERZA O RESISTENCIA, ¿CUÁL PROTEGE MÁS FRENTE A LA MORTALIDAD?

La capacidad cardiorrespiratoria (CRF, por sus siglas en inglés), popularmente conocida como “resistencia”, ha mostrado ser un importante factor pronóstico de multitud de enfermedades como las cardiovasculares o algunos tipos de cáncer, estando inversamente relacionada con el riesgo de mortalidad. Es por ello que el ejercicio físico aeróbico o de resistencia ha sido tradicionalmente ensalzado como el tipo de actividad que mayores beneficios podría aportar a la salud. Sin embargo, en los últimos años otro indicador clave de la forma física, la fuerza muscular, está aumentando su popularidad en el ámbito de la salud al estar también inversamente asociada al riesgo de diversas patologías y de mortalidad.

En un reciente estudio (Kim, 2018) se analizó cuál de estos dos factores está más relacionado con el riesgo de mortalidad, o si la combinación de ambos componentes de la forma física podría aportar algún valor añadido. Los autores analizaron a más de setenta mil participantes de entre 40 y 70 años a los que se les midió tanto la fuerza de prensión manual con un dinamómetro como la CRF mediante una prueba de esfuerzo en bicicleta. Tras esto, se les realizó un seguimiento durante aproximadamente 6 años en los que murieron 832 participantes. Los resultados mostraron que, al analizar por separado la CRF y la fuerza muscular, ambos estaban relacionados de forma similar con el riesgo de mortalidad por cualquier causa, así como con la mortalidad específica por enfermedad cardiovascular o cáncer. Sin embargo, el principal hallazgo fue que la combinación de ambos factores, es decir, una alta fuerza muscular y una alta CRF, reducía enormemente el riesgo de mortalidad en comparación con altos niveles de cada factor por separado.

Así, estos resultados muestran que aunque tanto la CRF como la fuerza muscular son factores independientemente relacionados con el riesgo de mortalidad, ambas capacidades deben ser tomadas como marcadores complementarios y no suplementarios de la forma física. Además, los resultados refuerzan la importancia de mantener tanto una buena “capacidad aeróbica” como una buena fuerza muscular para maximizar los beneficios del ejercicio sobre la salud. ¿Fuerza o resistencia? Mejor los dos.


REFERENCIAS

  • Kim et al. (2018) The combination of cardiorespiratory fitness and muscle strength, and mortality risk. European Journal of Epidemiology. 33: 953-964.

LA ACTIVIDAD FÍSICA PROTEGE FRENTE A LOS ACCIDENTES CEREBROVASCULARES

La aterosclerosis es la principal causa de morbi-mortalidad en los países desarrollados (1). Es una enfermedad cardiovascular caracterizada por la acumulación de grasa, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias, formando lo que se conoce como placas de ateroma. Precisamente, los accidentes cerebrovasculares (ACV) son unas de las manifestaciones más frecuentes de las placas ateroscleróticas carotídeas. Las placas ateroscleróticas pueden ser estables, con poca predisposición a la rotura, o inestables y asociarse a eventos coronarios agudos. Éstas últimas se manifiestan a través de una capa fibrosa degradada, un gran núcleo lipídico, hemorragia intraplaca, neovascularización e infiltración de macrófagos. De todas, la hemorragia intraplaca representa el principal factor determinante de inestabilidad de la placa (2) y se asocia con futuros eventos isquémicos (3).

La inactividad física y el sedentarismo se asocian con un aumento de la mortalidad por enfermedad cardiovascular (4). En este sentido, un reciente estudio (5) ha evaluado la asociación de la actividad física y su intensidad, así como de las conductas sedentarias sobre parámetros histológicos de las placas carotídeas en pacientes asintomáticos sometidos a una endarterectomía carotídea (procedimiento quirúrgico utilizado para eliminar las placas de ateroma de las arterias carótidas). Se incluyeron noventa pacientes asintomáticos (es decir, sin historial clínico de ACV o ataque isquémico transitorio en los últimos 6 meses) sometidos a endarterectomía carotídea. Todos fueron tratados con estatinas (rango: 20–80 mg/día), antiagregantes plaquetarios (aspirina 75 mg/día) e inhibidores de la enzima convertidora de la angiotensina.

Los resultados demostraron que las hemorragias intraplacas fueron menos frecuentes en los más activos físicamente (48% versus 74% en los menos activos) y en los menos sedentarios (50% versus 71% en los más sedentarios). Asimismo, las hemorragias intraplacas fueron menos frecuentes en los que se ejercitaron más de 900 MET-min/sem (equivalente a 45 min/día de actividad física moderada frente a los 30 recomendados por la OMS) que en los que lo hicieron menos de esa cantidad. Todas las otras manifestaciones que se asocian con la inestabilidad de la placa (nuevos vasos sanguíneos, macrófagos, etc.) no difirieron entre los diferentes niveles de actividad física o conductas sedentarias.

En resumen, los pacientes con mayores niveles de actividad física e intensidad y menor nivel de sedentarismo tuvieron una prevalencia más baja de hemorragias intraplacas, las cuales se asocian con mayor inestabilidad de las mismas, ergo más probabilidades de sufrir un ACV. Por lo tanto, éste podría ser un mecanismo por el cual la actividad física protegiera contra el ACV y la mortalidad por esta causa.

REFERENCIAS


  1. Benjamin, E. J., Blaha, M. J., Chiuve, S. E., Cushman, M., Das, S. R., Deo, R., … & Jiménez, M. C. (2017). Heart disease and stroke statistics-2017 update: a report from the American Heart Association. Circulation, 135(10), e146-e603.
  2. Michel, J. B., Virmani, R., Arbustini, E., & Pasterkamp, G. (2011). Intraplaque haemorrhages as the trigger of plaque vulnerability. Eur Heart J, 32(16), 1977-1985.
  3. Turc, G., Oppenheim, C., Naggara, O., Eker, O. F., Calvet, D., Lacour, J. C., … & Toussaint, J. F. (2012). Relationships between recent intraplaque hemorrhage and stroke risk factors in patients with carotid stenosis: the HIRISC study. Arterioscler Thromb Vasc Biol, 32(2), 492-499.
  4. Haapanen-Niemi, N., Miilunpalo, S., Pasanen, M., Vuori, I., Oja, P., & Malmberg, J. (2000). Body mass index, physical inactivity and low level of physical fitness as determinants of all-cause and cardiovascular disease mortality—16 y follow-up of middle-aged and elderly men and women. Int J Obes, 24(11), 1465.
  5. Mury, P., Mura, M., Della-Schiava, N., Chanon, S., Vieille-Marchiset, A., Nicaise, V., … & Millon, A. (2019). Association between physical activity and sedentary behaviour on carotid atherosclerotic plaques: an epidemiological and histological study in 90 asymptomatic patients. Br J Sports Med, bjsports-2018-099677.

HACER MÁS DE 10 FLEXIONES SEGUIDAS DISMINUYE EL RIESGO CARDIOVASCULAR

En un estudio longitudinal de 10 años, los participantes que pudieron completar más de 10 flexiones presentaron una reducción significativa de riesgo cardiovascular en comparación con aquellos que completaron menos. Los que pudieron hacer más de 40, tuvieron una reducción del 96%. Además, se vio que la disminución de riesgo cardiovascular fue más lineal en las flexiones que con el parámetro de VO2 max. Estos resultados sugieren que es razonable evaluar el estado funcional en clínica mediante pruebas básicas o cuestionarios.

REFERENCIA

  • Yang J, Christophi CA, Farioli A, et al. Association Between Push-up Exercise Capacity and Future Cardiovascular Events Among Active Adult Men. JAMA Netw Open. 2019;2(2):e188341.

 

¿REALMENTE EXISTE EL LLAMADO “FOFISANO” U OBESO METABÓLICAMENTE SANO?

La obesidad, conocida ya como la epidemia del siglo XXI, está asociada a complicaciones cardiometabólicas que incluyen hiperglucemia, inflamación, diabetes o hipertrigliceridemia, aumentando así el riesgo de morbimortalidad. Sin embargo, existen algunas personas con sobrepeso u obesidad que presentan un perfil metabólico aparentemente sano, libre de las complicaciones nombradas: son los llamados “obesos metabólicamente sanos”. Pero, ¿realmente presentan un estado saludable estas personas?

Un estudio muy reciente publicado en el International Journal of Obesity (Espinosa De Ycaza et al. 2018) obtuvo datos de 18070 adultos, de los cuales 1805 eran “obesos metabólicamente sanos” y 3047 presentaban un peso normal y estaban sanos. Tras un seguimiento de estos sujetos durante una media de 16 años, se observó que los “obesos metabólicamente sanos” tenían mayores probabilidades de desarrollar al menos un factor de riesgo cardiovascular que los sujetos sanos y con normopeso (80 y 68%, respectivamente). Además, los obesos metabólicamente sanos que durante ese periodo de seguimiento aumentaban su peso corporal en más de un 10% aumentaban su riesgo cardiovascular en mayor medida que aquellos que mantenían su peso o perdían.

Por lo tanto, aunque en un momento concreto una persona con sobrepeso u obesidad puede no presentar otras comorbilidades (ej. diabetes) y estar aparentemente sana, esta población tendrá una mayor tendencia a desarrollar factores de riesgo relacionados con una mayor mortalidad y con mayores posibilidades de evento cardiovascular. Además, estas personas tienden a aumentar aún más su peso en años posteriores. De hecho, casi la mitad de los participantes que comenzaron con sobrepeso acabaron teniendo obesidad tras el periodo de seguimiento, disparándose su riesgo cardiovascular. Es por ello que se debe evitar el sobrepeso o la obesidad pese a que en ese momento dado no vaya acompañado de otros factores de riesgo. El obeso metabólicamente sano puede estar “sano” en ese momento, pero presenta un mayor riesgo de no estarlo en los años posteriores.


REFERENCIA

  • Espinosa De Ycaza A, Donegan D, Jensen MD (2018) Long-term metabolic risk for the metabolically healthy overweight/obese phenotype. Int J Obes 42:302–309. doi: 10.1038/ijo.2017.233

LA VERDADERA PASTILLA FRENTE A LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

En esta revisión publicada en la Canadian Medical Association Journal (Warburton et al., 2006), se pone de manifiesto la irrefutable evidencia de la eficacia de la actividad física regular en la prevención tanto primaria como secundaria de varias enfermedades crónicas (por ejemplo, enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer, hipertensión, obesidad, depresión y osteoporosis) y de muerte prematura (Figura 1).

fissac _ enfermedades cardiovasculares y ejercicio

Figura 1. Riesgo relativo de muerte por cualquier causa entre sujetos con diversos factores de riesgo (por ejemplo, antecedentes de hipertensión arterial, enfermedad pulmonar obstructiva crónica [COPD], diabetes, tabaquismo, índice de masa corporal elevado [BMI ≥ 30] y alto nivel de colesterol total [TC ≥ 5,70 mmol/L]), en función de una capacidad de ejercicio de menos de 5 METs o entre 5-8 METs, en comparación con aquellos cuya capacidad de ejercicio fue de más de 8 METs (adaptado de Myers et al., 2002, citado en Warburton et al., 2006).

En este sentido, estar en forma o ser físicamente activo/a se ha asociado con una reducción superior al 50% del riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad por cualquier causa. Además, un aumento en el gasto energético por actividad física de 1000 kcal/semana o un incremento de la condición física en 1 MET (equivalente metabólico) se asoció con un beneficio respecto a mortalidad prematura de aproximadamente un 20% (Myers et al., 2004, citado en Warburton et al., 2006).

Por otra parte, mujeres de mediana edad físicamente inactivas (que realizaron menos de 1 hora de ejercicio a la semana) obtuvieron un 52% más de probabilidad de mortalidad por cualquier causa, duplicándose este valor para aquella relacionada con enfermedad cardiovascular, así como un aumento del 29% de mortalidad secundaria al cáncer en comparación con las mujeres que se movían (Hu et al., 2004, citado en Warburton et al., 2006).

Incluso aquellos que realizan actividad física, pero tienen factores de riesgo cardiovasculares, pueden tener un riesgo menor de muerte prematura que las personas que no tienen factores de riesgo para enfermedad cardiovascular, pero que, sin embargo, mantienen una vida sedentaria (Blair et al., 1996, citado en Warburton et al., 2006).

Asimismo, los beneficios de la actividad física se pueden extrapolar a pacientes con enfermedad cardiovascular ya establecida (Wannamethee et al., 2000, citado en Warburton et al., 2006). Esto es importante porque, durante mucho tiempo, a los pacientes con este tipo de patología se les recomendaba reposo e inactividad física.


REFERENCIAS:

Warburton, D. E., Nicol, C. W., & Bredin, S. S. (2006). Health benefits of physical activity: the evidence. Canadian Medical Association Journal174 (6), 801-809.