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EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA MEJORA EL PRONÓSTICO DE LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS

Se estima que la inactividad física es responsable de entre el 6-10% de las muertes atribuibles a las principales enfermedades crónicas (enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y cánceres de mama y colon) que se producen en el mundo anualmente (1).

La condición física tiene un alto componente genético que explica entre el 25-40% de su variación (2), mientras que la actividad física regular es el otro gran determinante de la condición física, mejorando en la mayoría de los individuos con un adecuado programa de ejercicio físico (3).

Uno de los principales componentes de la condición física es la fuerza muscular, la cual juega un papel clave en la prevención de las enfermedades crónicas. Además, recientemente se ha sugerido que se relaciona de forma inversa e independiente con la mortalidad por cáncer y otras causas. Para seguir profundizando sobre esta cuestión se llevó a cabo una revisión narrativa (4) donde se examinó la asociación de la fuerza muscular con la mortalidad en población con enfermedades crónicas.

Tras el análisis de los 23 estudios finalmente seleccionados, se confirmó la existencia de una fuerte e inversa asociación entre los niveles de fuerza muscular y la mortalidad por cualquier causa en población con enfermedad cardiovascular, enfermedad arterial periférica, cáncer, insuficiencia renal, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, artritis reumatoide y enfermedades críticas.

En base a estos resultados, podemos afirmar que el riesgo de mortalidad asociado a una baja fuerza muscular en las distintas poblaciones clínicas es similar al establecido para la obesidad, la hipertensión y el tabaquismo sobre la mortalidad prematura. Por ello, la fuerza muscular, como factor de riesgo modificable, debería adquirir gran interés clínico desde la perspectiva de la salud pública.

Por tanto, los pacientes con enfermedades crónicas deberían incluir el entrenamiento de fuerza como método coadyuvante al tratamiento médico a fin de mejorar su perfil cardiovascular y el pronóstico de su enfermedad, con especial atención a los pacientes con cáncer e insuficiencia cardíaca, quienes, como consecuencia de sus enfermedades y las terapias farmacológicas, sufren una progresiva pérdida de músculo esquelético que contribuye al incremento del riesgo de morbi-mortalidad. En este caso, el entrenamiento de fuerza junto con las pautas nutricionales adecuadas favorecerían la síntesis proteica minimizando con ello la pérdida de masa muscular y, de esta manera, contrarrestando las consecuencias negativas que provocaría la atrofia muscular.

REFERENCIAS:

  1. Lee, I. M., Shiroma, E. J., Lobelo, F., Puska, P., Blair, S. N., Katzmarzyk, P. T., & Lancet Physical Activity Series Working Group. (2012). Effect of physical inactivity on major non-communicable diseases worldwide: an analysis of burden of disease and life expectancy. The Lancet, 380(9838), 219-229.
  2. Wei, M., Kampert, J. B., Barlow, C. E., Nichaman, M. Z., Gibbons, L. W., Paffenbarger Jr, R. S., & Blair, S. N. (1999). Relationship between low cardiorespiratory fitness and mortality in normal-weight, overweight, and obese men. JAMA, 282(16), 1547-1553.
  3. Garber, C. E., Blissmer, B., Deschenes, M. R., Franklin, B. A., Lamonte, M. J., Lee, I. M., … & Swain, D. P. (2011). American College of Sports Medicine position stand. Quantity and quality of exercise for developing and maintaining cardiorespiratory, musculoskeletal, and neuromotor fitness in apparently healthy adults: guidance for prescribing exercise. Medicine and Science in Sports and Exercise, 43(7), 1334-1359.
  4. Volaklis, K. A., Halle, M., & Meisinger, C. (2015). Muscular strength as a strong predictor of mortality: A narrative review. European Journal of Internal Medicine, 26(5), 303-310.

EL EJERCICIO FRENTE A LAS ENFERMEDADES CRÓNICAS. EL ROL DE LAS MIOQUINAS

La inflamación crónica promueve el desarrollo de resistencia a la insulina, aterosclerosis, neurodegeneración, crecimiento tumoral y, por tanto, el desarrollo de enfermedades crónicas.

Existe evidencia de que la grasa visceral constituye una fuente importante de inflamación sistémica, más que la subcutánea. Una explicación a esta diferencia entre grasa subcutánea o ectópica (visceral) podría ser que cuando se almacena en ‘el lugar equivocado’, se estimula una respuesta inflamatoria.

En este caso, la inactividad física juega un rol esencial como factor de riesgo para la acumulación de grasa visceral, activando una red de vías inflamatorias, que promueve el desarrollo de estados neurodegenerativos, resistencia a la insulina, aterosclerosis y crecimiento tumoral.

Las mioquinas son unas citoquinas liberadas por el músculo esquelético durante la contracción muscular otorgándole a éste capacidad endocrina. A su vez, esto le confiere al músculo un papel clave en la orquestación del metabolismo de otros órganos.

Por tanto, en respuesta a la contracción del músculo durante el ejercicio, las fibras musculares liberan mioquinas como las interleucinas (IL) -6, -8, -15, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), el factor inhibidor de la leucemia (LIF), la visfatina o el factor de crecimiento de fibroblastos 21 (FGF21).

Estas mioquinas funcionan de manera similar a las hormonas, ejerciendo efectos endocrinos específicos sobre la grasa visceral y otros depósitos de grasa ectópica y mediando los efectos antiinflamatorios. Otras mioquinas trabajarán a nivel local en el músculo a través de mecanismos paracrinos, ejerciendo sus efectos sobre las vías de señalización implicadas en la oxidación de grasas.

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Figura 1. Rol potencial de las mioquinas liberadas durante el ejercicio, el órgano sobre el que actúan y su tipo de acción (2).

En el caso de la IL-6, se ha sugerido que podría mediar estos efectos antiinflamatorios, aumentando sus niveles circulantes de manera exponencial (hasta 100 veces) en respuesta al ejercicio y disminuyendo una vez finalizado éste.

Además, varios estudios han mostrado que el ejercicio regular a largo plazo reduce los marcadores pro-inflamatorios, lo que indica que podría disminuir per se la inflamación sistémica de bajo grado.

Este efecto antiinflamatorio convierte al ejercicio en factor protector contra una serie de enfermedades crónicas asociadas con estados de inflamación crónica. En este caso, podría deberse a un efecto sobre la reducción de la masa grasa visceral.

En resumen, la realización de ejercicio de manera regular ofrece protección frente a enfermedades crónicas como la demencia, la diabetes tipo II, las enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.


REFERENCIAS

  1. Pedersen, B. K. (2011). Exercise-induced myokines and their role in chronic diseases. Brain, behavior, and immunity25(5), 811-816.
  2. León, H.H.; Melo, C.E.; Ramírez, J.F. (2012). Role of the myokines production through the exercise. Journal of Sport and Health Research, 4(2), 157-166.