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¿ENTRENAMIENTO DE FUERZA O DE RESISTENCIA EN PACIENTES DIABÉTICOS?

La diabetes tipo II es una enfermedad metabólica que provoca un aumento de la resistencia a la insulina dificultándose así la regulación de los niveles de glucosa sanguínea, lo que lleva a estos sujetos a presentar altos niveles de glucosa en sangre.

El desarrollo de este tipo de diabetes está principalmente asociado a una alimentación inadecuada -excesivo consumo de azúcares simples y grasas de mala calidad- aunque el sedentarismo juega también un papel fundamental en el desarrollo de la misma. Sin embargo, frecuentemente las personas que sufren esta patología metabólica centran su atención en realizar cambios en la alimentación (reducción de azúcares en la dieta) o en el tratamiento farmacológico dejando de lado una herramienta esencial como es el ejercicio físico.

Para evaluar los efectos del ejercicio físico en personas diabéticas, así como para determinar qué tipo de ejercicio produce mayores beneficios, un grupo de investigadores1 evaluó el efecto de 4 meses de entrenamiento de fuerza orientado a la hipertrofia (3 a 6 series por grupo muscular, de 10 a 15 repeticiones al fallo, todos los grupos musculares) o de resistencia (hasta 30 minutos de ejercicio submáximo 3 veces a la semana) en variables metabólicas en 39 adultos con diabetes tipo II (56,2 ± 1,1 años), incluyendo análisis de los niveles de glucosa sanguínea, hemoglobina glicosilada e insulina así como del perfil lipídico.

Tras el periodo de entrenamiento el grupo que entrenó la fuerza consiguió disminuir los niveles de hemoglobina glicosilada y de glucosa sanguínea, disminuyendo también la resistencia a la insulina y mejorando el perfil lipídico (colesterol, y triglicéridos). Sin embargo, el grupo de resistencia no obtuvo especiales beneficios más allá de la mejora en la condición física y la disminución del porcentaje de grasa corporal, algo que también ocurrió en el grupo de fuerza. Por último, es importante remarcar que la inclusión de ejercicio físico redujo el nivel de dependencia de tratamiento farmacológico, especialmente en el grupo de fuerza.

fissac _ entrenamiento fuerza diabetes resistencia aeróbico

Fig.1. Cambios porcentuales en parámetros metabólicos tras los 4 meses de entrenamiento en el grupo de fuerza (negro) y en el grupo de resistencia (blanco). BG=Blood glucose; HbA1c=Hemoglobina glucosilada; TC=Colesterol Total; HDL-C=Colesterol de alta densidad; LDL-C= Colesterol de baja densidad; TG=Triglicéridos.

Los beneficios del entrenamiento de fuerza frente al entrenamiento de resistencia para personas diabéticas pueden ser explicados por la importancia que tiene la masa muscular en esta población. En el músculo esquelético se encuentran unos receptores denominados GLUT4 cuya función es transportar la glucosa desde el espacio sanguíneo hacia el interior celular. El ejercicio físico, independientemente de la modalidad, supone una entrada de glucosa al interior celular. Sin embargo, el aumento de masa muscular que provoca el entrenamiento de fuerza conlleva además un aumento en el número de receptores GLUT4 y en el número de receptores de insulina, mejorando por tanto la sensibilidad a la insulina y facilitando una correcta regulación de los niveles de glucosa.

Es primordial llevar a cabo estrategias preventivas de este tipo de enfermedades metabólicas cuidando tanto nuestra alimentación como nuestros niveles de actividad física. Sin embargo, una vez instaurada esta patología debemos ser conscientes de los grandes beneficios que puede aportarnos el ejercicio físico -en este caso el de fuerza para aumentar la masa muscular- añadido a otras estrategias como las nutricionales y, en último caso, las farmacológicas.

Referencias

  1. Cauza E, Hanusch-Enserer U, Strasser B, et al. The relative benefits of endurance and strength training on the metabolic factors and muscle function of people with type 2 diabetes mellitus. Arch. Phys. Med. Rehabil. 2005;86(8):1527-1533. doi:10.1016/j.apmr.2005.01.007.

MARCADORES INFLAMATORIOS Y ENTRENAMIENTO CON KINESIS EN MUJERES MAYORES

Se ha observado que el aumento de citoquinas como pueden ser la interleuquina 6 (IL-6) o el factor de necrosis tumoral alfa (TNF- α) se asocia a un incremento en el riesgo de ciertas enfermedades. Estas citoquinas se consideran marcadores inflamatorios y un aumento de sus niveles es lo que se conoce como inflamación de bajo grado.

Además, los incrementos en los niveles circulantes de la proteína C reactiva (PCR), TNF-α y IL-6 observados en personas mayores podrían explicar, en parte, el aumento del riesgo de aterosclerosis, diabetes tipo 2, hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares en esta población.

Debido a la evidencia existente de que el ejercicio regular disminuye la inflamación de bajo grado, Ogawa y cols (1) examinaron los efectos de un programa de entrenamiento de fuerza de baja intensidad sobre varios marcadores de inflamación, el espesor muscular de 6 vientres musculares (anterior y posterior del brazo, abdomen, subescapular y anterior y posterior del muslo), insulina, perfil lipídico y presión sanguínea entre 21 mujeres mayores y sedentarias (85 años de media).

El protocolo de entrenamiento consistió en realizar al menos una sesión semanal de fuerza de 30 minutos de duración durante 12 semanas, compuesta de 4 ejercicios (3 para la parte superior del cuerpo y 1 para la inferior) a realizar en máquinas Kinesis, como las que se aprecian en la Figura 1.

fissac _ entrenamiento kinesis y mujer

Figura 1. Mujeres mayores ejercitándose en máquina Kinesis (como las utilizadas en el estudio de Ogawa y cols).

Como se aprecia en la tabla 1, los niveles circulantes de PCR, amiloide sérico A (SAA) y proteínas de shock térmico (HSP70) disminuyeron en respuesta a las 12 semanas de entrenamiento. Tanto SAA como PCR muestran una fuerte e independiente relación con eventos cardiovasculares futuros.

Tabla 1. Cambios en los niveles de los marcadores inflamatorios antes y después del programa. *Diferencias significativas entre valores del Pre y del Post. P<0.5. **Diferencias significativas entre los valores del Pre y del Post. P<0.1.

fissac _ kinesis y entrenamiento mujer

Además aumentó el espesor en los músculos de la parte superior del brazo, abdomen y subescapular. Estos últimos resultados pueden ser reflejo del énfasis que se hizo sobre el entrenamiento de la parte superior del cuerpo en relación a la inferior.

De igual modo, se obtuvieron mejoras a nivel de factores metabólicos como la presión sanguínea, perfil lipídico (colesterol total y triglicéridos) e insulina. Sin embargo, los niveles séricos de IGF-I disminuyeron.

Por tanto, en personas mayores, donde el ejercicio de alta intensidad podría incidir negativamente en la adherencia al programa, vemos como el de baja intensidad parece ser una estrategia válida para la prevención de la sarcopenia y la disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares a través de la mejora de la presión sanguínea, la resistencia a la insulina, la masa muscular y la reducción de niveles circulantes de ciertas citoquinas pro-inflamatorias.


REFERENCIAS

Ogawa, K., Sanada, K., Machida, S., Okutsu, M., & Suzuki, K. (2010). Resistance exercise training-induced muscle hypertrophy was associated with reduction of inflammatory markers in elderly women. Mediators of inflammation, 2010.

ENTRENAMIENTO CONCURRENTE: ¿AERÓBICO Y FUERZA, O MEJOR POR SEPARADO?

Se denomina entrenamiento concurrente a la realización en una misma sesión de ejercicios de fuerza y resistencia aeróbica. Este tipo de entrenamientos es común tanto en el mundo del “fitness” -ya que las personas que acuden a los gimnasios normalmente realizan ejercicios de “cardio” además de los de fuerza- como en el campo del rendimiento deportivo.

Sin embargo, debemos analizar si los beneficios obtenidos realizando ambos tipos de ejercicios en una misma sesión son mayores a los obtenidos al realizarlos en sesiones distintas, pues puede darse una posible interferencia entre ambos que limite los resultados que buscamos. Además, es interesante evaluar las diferentes consecuencias de realizar primero el entrenamiento de fuerza y después el de resistencia o viceversa.

Con esta intención, Chtara y colaboradores (1) realizaron un estudio en el cual analizaban 5 grupos experimentales: Un grupo control, uno que realizaba ejercicio de fuerza, uno de resistencia aeróbica, uno de entrenamiento concurrente de fuerza y resistencia y otro de entrenamiento concurrente que realizaba primero resistencia y después fuerza. Tras 12 semanas de entrenamiento realizando 2 sesiones por semana, se evaluó la fuerza máxima (1RM), la fuerza-resistencia (half squat y extensión de cadera) y la potencia (test de 5 saltos en contramovimiento).

Los resultados muestran que, pese a que todos los grupos que incluyeron entrenamiento de fuerza mejoraron las variables analizadas en comparación con el grupo control o el grupo de resistencia aeróbica, el entrenamiento concurrente, independientemente de si realizaban primero los ejercicios de fuerza o los de resistencia, supone menores beneficios que el entrenamiento aislado de fuerza.

Por lo tanto, y posiblemente debido a la interferencia en las vías de señalización activadas por el entrenamiento de fuerza o de resistencia, se obtienen mayores beneficios al focalizar la sesión de entrenamiento a una única cualidad física. Por ello, como muestra este estudio, si nuestro objetivo principal es mejorar la fuerza (en cualquiera de sus variables) recomendamos no realizar en una misma sesión ejercicios de resistencia aeróbica y fuerza, sino realizarlos en distintas sesiones separadas por, al menos, 8 horas.


REFERENCIAS

  1. Chtara M, Chaouachi A, Levin GT, Chaouachi M, Chamari K, Amri M, et al. Effect of concurrent endurance and circuit resistance training sequence on muscular strength and power development. J Strength Cond Res. 2008;22(4):1037–45.

¿INGERIR PROTEÍNAS ANTES DE DORMIR AUMENTA LA MASA MUSCULAR?

Está demostrado que la ingesta de proteínas antes de dormir aumenta la síntesis muscular tras la recuperación nocturna después de hacer ejercicio. En un estudio de Res y colaboradores cuando los deportistas tomaban proteínas inmediatamente antes de dormir la síntesis proteica era un 22% mayor comparada con la ingesta de placebo [1]. Sin embargo queda por determinar si esta ingesta de proteínas antes de dormir puede además aumentar las ganancias de fuerza, el tamaño de las fibras musculares y la masa muscular durante un periodo de entrenamiento prolongado de fuerza.

A esta pregunta ha dado respuesta un estudio reciente de Snijders y colaboradores [2]. 44 hombres jóvenes divididos en dos grupos aleatoriamente realizaron un programa de entrenamiento de fuerza durante 12 semanas. Uno de los grupos (PRO) tomó un suplemento que contenía 27.5 g de proteínas, 15 g de carbohidratos y 0.1 g de grasa cada noche antes de dormir. El otro grupo tomó un placebo no calórico (PLA).

La hipertrofia muscular fue evaluada con densitomería (dual-energy X-ray absorptiometry), la sección transversal con tomografía computarizada (computed tomography scan) y las fibras musculares con biopsia. Estas pruebas se llevaron a cabo antes y después del periodo de entrenamiento. Además la fuerza se evaluó regularmente con el test de 1 RM.

La fuerza muscular incrementó significativamente tras las 12 semanas de entrenamiento en el grupo PRO respecto al grupo PLA (164 kg vs. 130 kg ). Además, el área de sección transversal del cuádriceps incrementó en ambos grupos, pero nuevamente fue mayor en el grupo PRO que en el PLA (8.4 cm2 vs. 4.8 cm2 ). Tanto el tamaño de las fibras tipo I como el de las fibras tipo II aumentó con el entrenamiento, siendo mayor el incremento en las fibras II en el grupo PRO.

fissac _ fuerza

Figura 1. Diferencia en 1RM (Suma de todos los test de 1 RM) tras 12 semanas de entrenamiento en grupos PRO y PLA  [2].

Por lo tanto, la ingesta de proteínas antes de dormir es una estrategia eficaz para aumentar tanto la fuerza como la masa muscular en periodos de entrenamientos con cargas. Los entrenadores y nutricionistas deben buscar técnicas para desestigmatizar el uso de proteínas como suplemento nutricional puesto que su utilización siempre se asocia erróneamente al del panorama oscuro del entrenamiento. El entrenamiento estructurado e integral (nutrición y entrenamiento) es el primer paso para conseguir nuestros objetivos.


REFERENCIAS

[1]      P. T. Res, B. Groen, B. Pennings, M. Beelen, G. A. Wallis, A. P. Gijsen, J. M. G. Senden, and L. J. C. VAN Loon, “Protein ingestion before sleep improves postexercise overnight recovery.,” Med. Sci. Sports Exerc., vol. 44, no. 8, pp. 1560–9, Aug. 2012.

[2]      T. Snijders, P. T. Res, J. S. Smeets, S. van Vliet, J. van Kranenburg, K. Maase, A. K. Kies, L. B. Verdijk, and L. J. van Loon, “Protein Ingestion before Sleep Increases Muscle Mass and Strength Gains during Prolonged Resistance-Type Exercise Training in Healthy Young Men,” J. Nutr., p. jn.114.208371–, Apr. 2015.

SARCOPENIA, FIBRAS TIPO II Y EJERCICIO EN MAYORES

Uno de los estados patológicos asociados al envejecimiento es la pérdida progresiva de fuerza y masa muscular, conocida como sarcopenia, atribuida principalmente a una reducción en el tamaño de las fibras tipo II.

Pues bien, para corroborar esto, un grupo de investigadores del Centro Médico Universitario de Maastricht llevó a cabo un estudio donde, en primer lugar, se midió el área de la sección transversal del cuádriceps y el tamaño de las fibras musculares tipo I y II en dicho músculo tanto en jóvenes (23 años de media) como en mayores (71 años de media). El tamaño de las fibras tipo II fue un 29% menor en el grupo de mayores, mientras que el número de estas fibras no presentó diferencias entre grupos.

Estos resultados aclararían que la diferencia respecto a la cantidad de masa muscular entre ambos grupos se debería a la desigualdad en el tamaño, y no en el número, de las fibras tipo II.

 fissac _ fibras musculares y entrenamiento

Figura 1. Imágenes tomadas por escáner del muslo de los jóvenes (A) y de los mayores (B). En azul está representado el cuádriceps y en azul + rojo el área muscular completa del muslo en jóvenes (C) y adultos (D).

Posteriormente, el grupo de mayores llevó a cabo un programa de entrenamiento de fuerza durante 6 meses (3 sesiones semanales) con el fin de observar el efecto sobre el área de la sección transversal del cuádriceps.

La parte central del entrenamiento comprendía los ejercicios de prensa de piernas y extensión de rodillas en máquina a intensidad creciente de manera progresiva (empezando por 4 series de 10-15 repeticiones al 60% hasta llegar a 4 series de 8 repeticiones al 75-80% de 1-RM al final del periodo de entrenamiento).

Una vez transcurridos los 6 meses, se produjo un incremento del 9% en el área de la sección transversal del cuádriceps, cambio que se debería a una hipertrofia específica de las fibras tipo II.

fissac _ cuádriceps _ fibras musculares

Figura 2. Área de la sección transversal del cuádriceps antes del entrenamiento (blanca) y después del entrenamiento (negra).

Estos resultados son de vital importancia ya que la sarcopenia producida durante el envejecimiento suele ir acompañada de una pérdida de funcionalidad con el subsiguiente incremento en riesgo de caídas y fracturas, y de un aumento en el riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas.

Por tanto, revertir o frenar la atrofia de las fibras musculares tipo II debería considerarse un objetivo primario para el desarrollo de estrategias que tengan como fin la prevención o el tratamiento de la sarcopenia.


REFERENCIA

Nilwik, R., Snijders, T., Leenders, M., Groen, B. B., van Kranenburg, J., Verdijk, L. B., and van Loon, L. J. (2013) The decline in skeletal muscle mass with aging is mainly attributed to a reduction in type II muscle fiber size. Experimental gerontology48 (5), 492-498.

EFECTOS DEL EJERCICIO SOBRE EL COLESTEROL Y EL PERFIL LIPÍDICO: RECOMENDACIONES

El término perfil lipídico describe a la variación de los niveles de lípidos en sangre, siendo los más comunes las lipoproteínas de baja densidad (LDL o comúnmente llamado colesterol malo), las lipoproteínas de alta densidad (HDL o colesterol bueno) y los triglicéridos. Altos niveles de colesterol LDL en sangre indican un exceso de lípidos en sangre, aumentando con ello el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El colesterol HDL transporta lípidos de nuevo al hígado para su reciclaje y eliminación; por ello niveles altos de HDL indican un sistema cardiovascular sano. Los triglicéridos en sangre se derivan de comidas ricas en grasas (Mann, Beedie, & Jimenez, 2014; Pedersen & Saltin, 2006).

Hay un relación directa entre niveles elevados de colesterol (crónicos) y enfermedades coronarias (Lloyd-Jones et al., 2004). En un meta-análisis de 170.000 participantes, se vio que si descienden los niveles de LDL disminuyen la incidencia de ataques al corazón y de accidentes cerebrovasculares (Baigent et al., 2010). Además, aquellas personas con un colesterol total de >200 mg/dl tienen aproximadamente el doble de posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares que aquellos que tienen niveles óptimos (<180 mg/dl) (Roger et al., 2012).

Pedersen y Salting citaron 13 meta-análisis en los que se veía que el perfil lipídico mejoraba con el ejercicio. Describieron como CATEGORÍA A la evidencia de que el ejercicio tiene un efecto positivo en la patogénesis, sintomatología y estado de forma de personas con colesterol (Pedersen & Saltin, 2006).

RECOMENDACIONES

Por ello, y basándonos en la literatura más reciente, las recomendaciones de actividad física son las siguientes, según la población y el objetivo.

Tabla 1. Recomendaciones de ejercicio basadas en la evidencia con el objetivo de mantener o mejorar los niveles de colesterol según el grupo de población (Mann et al., 2014).

fissac _ recomendaciones ejercicio en personas con colesterol

CONCLUSIONES

La actividad física y el ejercicio deben ser utilizados para mejorar los niveles de colesterol. La actividad física regular se ha demostrado que aumenta el HDL, habiendo una dosis-respuesta entre los niveles de actividad física y HDL. Para conseguir una reducción del LDL y de los triglicéridos (TG) debemos aumentar la intensidad del ejercicio. El ejercicio aeróbico de alta intensidad parece ser eficaz en la mejora del perfil lipídico, superando los efectos de la simple actividad física, ya que a esta intensidad hay un mayor aclaramiento del LDL y de los TG en sangre. Un incremento del gasto energético asociado al ejercicio aeróbico, ya sea aumentando la intensidad o el volumen tiene efectos positivos en el HDL y en el perfil lipídico (Ferguson et al., 1998). En cuanto al ejercicio de fuerza se ha demostrado que si aumentamos el volumen (ya sea con el número de repeticiones o de series) tiene un mayor impacto en el perfil lipídico que un incremento de la intensidad (Lira et al., 2010).

Por lo tanto, los datos confirman los efectos beneficiosos de la actividad física regular en la mejora del perfil lipídico. Ayuda a la prevención y control de la dislipemia, reduciendo a su vez el riesgo de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardiovasculares. Para ello los médicos deben fomentar la actividad física tanto como sea posible, destacando los beneficios del ejercicio aeróbico, del entrenamiento de fuerza o de ambos.


REFERENCIAS

Baigent, C., Blackwell, L., Emberson, J., Holland, L. E., Reith, C., Bhala, N., … Collins, R. (2010). Efficacy and safety of more intensive lowering of LDL cholesterol: a meta-analysis of data from 170,000 participants in 26 randomised trials. Lancet, 376(9753), 1670–81. doi:10.1016/S0140-6736(10)61350-5

Ferguson, M. A., Alderson, N. L., Trost, S. G., Essig, D. A., Burke, J. R., & Durstine, J. L. (1998). Effects of four different single exercise sessions on lipids, lipoproteins, and lipoprotein lipase. Journal of Applied Physiology (Bethesda, Md.: 1985), 85(3), 1169–74. Retrieved from http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9729596

Lira, F. S., Yamashita, A. S., Uchida, M. C., Zanchi, N. E., Gualano, B., Martins, E., … Seelaender, M. (2010). Low and moderate, rather than high intensity strength exercise induces benefit regarding plasma lipid profile. Diabetology & Metabolic Syndrome, 2, 31. doi:10.1186/1758-5996-2-31

Lloyd-Jones, D. M., Wilson, P. W. F., Larson, M. G., Beiser, A., Leip, E. P., D’Agostino, R. B., & Levy, D. (2004). Framingham risk score and prediction of lifetime risk for coronary heart disease. The American Journal of Cardiology, 94(1), 20–4. doi:10.1016/j.amjcard.2004.03.023

Mann, S., Beedie, C., & Jimenez, A. (2014). Differential effects of aerobic exercise, resistance training and combined exercise modalities on cholesterol and the lipid profile: review, synthesis and recommendations. Sports Medicine, 44, 211–221. doi:10.1007/s40279-013-0110-5

Pedersen, B., & Saltin, B. (2006). Evidence for prescribing exercise as therapy in chronic disease. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 16 Suppl 1, 3–63. doi:10.1111/j.1600-0838.2006.00520.x

Roger, V. L., Go, A. S., Lloyd-Jones, D. M., Benjamin, E. J., Berry, J. D., Borden, W. B., … Turner, M. B. (2012). Heart disease and stroke statistics–2012 update: a report from the American Heart Association. Circulation, 125(1), e2–e220. doi:10.1161/CIR.0b013e31823ac046

 

ENTRENAMIENTO EN NIÑOS CON CARDIOPATÍAS CONGÉNITAS

Hace unos días varios medios de comunicación a nivel nacional se hacían eco de la siguiente noticia: “El Hospital Gregorio Marañón de Madrid pone en marcha el primer programa de rehabilitación cardiaca infantil de España en el que se ayuda a los niños con cardiopatías congénitas graves a través de un entrenamiento seguro”.

Este programa pionero se apoya en estudios que confirman los beneficios que tiene un adecuado plan de entrenamiento físico en niños con cardiopatía congénita.

En este caso, en una revisión sistemática de los efectos del ejercicio físico en niños y adultos jóvenes con cardiopatías congénitas (1) se hallaron beneficios a diferentes niveles.

Se evidenciaron mejoras en el llenado ventricular y el gasto cardíaco (observadas mediante resonancia magnética); la prohormona N-terminal del péptido natriurético cerebral no se modificó (NT-proBNP, herramienta diagnóstica en casos de insuficiencia cardíaca); mientras que no aparecieron modificaciones electrocardiográficas debido al entrenamiento.

Respecto a parámetros de capacidad de ejercicio, en 16 de los 19 estudios analizados que incluían específicamente a niños, se mostró un efecto positivo y significativo del entrenamiento físico. Así, el consumo de oxígeno pico (VO2 pico) aumentó una media de 2.6 ml/kg/min, esto es, un incremento medio de ± 8% del VO2pico inicial (Fig. 1).

Fissac _ Fisiología salud VO2 pico

 

Fig. 1. Medida de los valores de VO2 pico antes y después de la intervención. Los círculos cerrados representan a los grupos de intervención; mientras que los círculos abiertos a los grupos de control.

Asimismo, 5 estudios analizaron la respuesta de la fuerza muscular, encontrando 3 de ellos mejoras significativas. En este sentido, uno de los estudios utilizó el entrenamiento de fuerza para estudiar cambios a nivel cardiaco, concluyendo que dicho entrenamiento, realizado sin hacer la maniobra de Valsalva, es seguro, pudiendo además reducir la dependencia respiratoria que sufren los intervenidos con cirugía de Fontan. Esta conclusión cuestionaría el dogma comúnmente aplicado de “no realizar entrenamiento de fuerza” en enfermos con cardiopatías congénitas.

Por tanto, ya que tanto el VO2 pico como la fuerza muscular son parámetros fundamentales implicados en las actividades funcionales de la vida diaria, el incremento de ambos reportará beneficios significativos a estos pacientes.

Fissac _ ejercicio _ cardiopatías congénitas

Es por esto que, desde Fissac, abogamos por la integración de los Licenciados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte en los equipos multidisciplinares de los hospitales en los que se realice actividad física con poblaciones especiales, ya que ¿quién o quiénes están capacitados para prescribir programas de entrenamiento individualizados y acordes a las necesidades del usuario/paciente?

Sin embargo, al seguir leyendo la noticia a la que hacíamos referencia al inicio, vemos: “en el proyecto hay implicados 25 profesionales entre cardiólogos, rehabilitadores, enfermeras y fisioterapeutas infantiles”, no estando constituido el equipo, por tanto, por ningún Licenciado.

REFERENCIAS:

Duppen, N., Takken, T., Hopman, M. T. E., ten Harkel, A. D. J., Dulfer, K., Utens, E. M. W. J., & Helbing, W. A. (2013). Systematic review of the effects of physical exercise training programmes in children and young adults with congenital heart disease. International journal of cardiology168(3), 1779-1787.

EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA DURANTE LA ADOLESCENCIA REDUCE EL RIESGO DE MUERTE

Se ha demostrado que cada componente de la condición física ejerce influencias sobre aspectos relacionados con la salud.

En el caso de la fuerza muscular, investigadores de las universidades de Granada, Helsinki (Finlandia) y Karolinska (Suecia), realizaron un estudio de cohorte con un seguimiento durante 24 años a más de UN MILLÓN de sujetos varones de entre 16-19 años, en el que obtuvieron datos de los niveles de fuerza muscular a través de las pruebas de handgrip (fuerza de prensión manual) y extensión de rodilla. Los datos obtenidos (Fig.1) mostraron que, en adolescentes, un nivel de fuerza muscular igual o mayor a la media se asoció con un 20-35% menor probabilidad de muerte prematura (antes de los 55 años), mientras que menor fuerza muscular se relacionó con un mayor riesgo de muerte por suicidio y enfermedad cardiovascular (1).

Fissac - Mortalidad prematura y niveles de fuerza

Fig. 1. Tasas de mortalidad prematura en función de los niveles de fuerza evaluados mediante test de prensión manual y extensión de rodilla.


Asimismo, se ha evidenciado que durante la infancia y la adolescencia, mayores niveles de fuerza muscular reducen el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, mejoran la salud ósea y, en patologías como el cáncer pediátrico, mejoran la calidad de vida además de disminuir la fatiga (2).

Es ampliamente conocido que cualquier componente de la condición física es directamente proporcional a la actividad física realizada, esto es, a mayores niveles de actividad física realizados, mayor condición física y viceversa.

Fissac - Entrenamiento de fuerza en  niños

Por ello, desde FISSAC, queremos ahondar en la necesidad de desarrollar programas que fomenten la práctica de actividad física desde edades tempranas, donde la educación física realizada en los colegios juega un rol clave tanto en la prevención de bajos niveles de condición física como en el fomento de comportamientos que promocionen posteriores hábitos de vida activos.

REFERENCIAS

  1. Ortega, F. B., Silventoinen, K., Tynelius, P., & Rasmussen, F. (2012). Muscular strength in male adolescents and premature death: cohort study of one million participants. BMJ345, e7279.
  2. Ortega, F. B., Ruiz, J. R., Castillo, M. J., & Sjöström, M. (2008). Physical fitness in childhood and adolescence: a powerful marker of health. International journal of obesity32(1), 1-11.