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EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA, UNA ESTRATEGIA CONTRA LA ADICCIÓN A LA HEROÍNA

Estudios preclínicos han demostrado que el ejercicio aeróbico produce cambios en los sistemas opioide y dopaminérgico reduciendo el consumo de drogas (nicotina, cocaína, metanfetamina, morfina y heroína), así como su búsqueda tras un periodo de abstinencia. Sin embargo, hay pocos estudios que evalúen el entrenamiento de fuerza y su relación con el consumo de drogas y los centros de placer.

Una investigación reciente [1]investigó los efectos del entrenamiento de fuerza sobre el consumo de heroína y la expresión de genes conocidos por mediar en el refuerzo de los opioides y el comportamiento adictivo en el núcleo accumbens (NAc) de ratas. Para ello hicieron dos grupos de estudio: ratas sedentarias y ratas que hicieron ejercicio de fuerza. A todas ellas se les implantó un catéter intravenoso y se les entrenó para que se auto administrasen heroína. Las ratas que pertenecían al grupo de ejercicio debían subir una escalera vertical utilizando un chaleco lastrado.

Los resultados mostraron que el ejercicio de fuerza disminuyó significativamente el consumo de heroína, dando como resultado un descenso en la curva dosis-efecto (figura 1). También, redujo la expresión de ARNm para los receptores opioides mu y los receptores de dopamina D1, D2 y D3 en el NAc. Estos receptores tienen implicaciones en procesos de alivio del dolor y del placer. Además, el ejercicio de fuerza consiguió aumentar una familia de proteínas que favorecen la supervivencia de las neuronas, el factor neurotrófico derivado del cerebro en el NAc.

Figura 1. El ejercicio de fuerza disminuye el consumo de heroína. Dosis-respuesta de la administración de heroína en ratas sedentarias y ratas que hacían ejercicio. El eje vertical indica el número de administraciones en sesiones de 2 horas. El eje horizontal las dosis de heroína en mg/kg/infusión.

Estos datos indican que el entrenamiento de fuerza puede disminuir los efectos de refuerzo positivo de la heroína, produciendo cambios en los sistemas opioide y dopaminérgico de ratas expuestas a heroína. Sabiendo que hay modelos en los que tanto el ejercicio aeróbico como el de fuerza disminuyen el consumo de drogas, se deberían estudiar intervenciones en las que mediante programas que incluyan actividad física se luche contra problemas de adicción.


REFERENCIA

[1]      M. A. Smith, G. E. Fronk, J. M. Abel, R. T. Lacy, S. E. Bills, and W. J. Lynch, “Resistance exercise decreases heroin self-administration and alters gene expression in the nucleus accumbens of heroin-exposed rats,” Psychopharmacology (Berl)., vol. 235, no. 4, pp. 1245–1255, 2018.

EJERCICIO DE ALTA INTENSIDAD, TAMBIÉN EN PERSONAS CON ENFERMEDADES CRÓNICAS

Un estilo de vida deficiente que incluya un exceso de actividades sedentarias, mala alimentación y hábitos nocivos como el tabaquismo puede desembocar en enfermedades crónicas como la diabetes tipo 2, la aterosclerosis, la hipertensión o el síndrome metabólico. Todas ellas pueden verse al menos parcialmente revertidas por cambios en el estilo de vida, entre los cuales el ejercicio físico juega un papel fundamental.

El entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT por sus siglas en inglés) es muy conocido en el ámbito deportivo, y poco a poco se ha instaurado también como una estrategia efectiva para la mejora de la forma física y la composición corporal en la población general. Sin embargo, es en las personas con enfermedades crónicas inducidas por el estilo de vida en las que sería especialmente importante esa mejora de la forma física y la composición corporal. ¿Pero puede el HIIT ser beneficioso en personas con estas patologías?

Para contestar a esta pregunta, un meta-análisis (Weston, Wisløff, & Coombes, 2014) de 10 estudios que incluían 273 pacientes con enfermedades como insuficiencia cardíaca, hipertensión, obesidad o síndrome metabólico comparó los efectos del entrenamiento aeróbico tradicional a intensidad moderada en la forma con los obtenidos con el entrenamiento tipo HIIT. Los resultados mostraron que el HIIT mejoraba la forma física (VO2pico) en casi un 20%, mientras que el entrenamiento aeróbico tradicional lo hacía en un 10%. En concreto, el HIIT mejoraba el VO2pico 3 ml/kg/min más que el entrenamiento tradicional, lo que se asocia a un aumento de la expectativa de supervivencia de aproximadamente un 10-25%. Además, y más importante, este tipo de entrenamiento resultó ser igual de seguro que el entrenamiento tradicional.

Por lo tanto, el entrenamiento HIIT (esfuerzos breves, de 30 segundos a 5 minutos aproximadamente, pero intensos e intercalados con descansos) parece ser una opción segura e incluso más eficaz para la mejora de la forma física en pacientes con enfermedades crónicas que el entrenamiento tradicionalmente prescrito en esta población. Siempre que haya un control médico adecuado, no debemos evitar realizar ejercicio de alta intensidad, pues normalmente aportará mayores beneficios a nivel cardio-metabólico.


REFERENCIAS

Weston, K. S., Wisløff, U., & Coombes, J. S. (2014). High-intensity interval training in patients with lifestyle-induced cardiometabolic disease: A systematic review and meta-analysis. British Journal of Sports Medicine,48(16), 1227–1234. https://doi.org/10.1136/bjsports-2013-092576

SEIS SESIONES DE SPRINT INTERVAL TRAINING MEJORAN EL RENDIMIENTO DE CORREDORES BIEN ENTRENADOS

El entrenamiento interválico de sprint (SIT, por sus siglas en inglés, “Sprint Interval Training”) es una modalidad de entrenamiento muy interesante, ya que requiere de un menor volumen para obtener, en muchos casos, mejores resultados que el entrenamiento de resistencia aeróbica convencional. Una de las principales limitaciones que han tenido los estudios que han investigado los efectos del SIT ha sido que la mayoría se han realizado en condiciones de laboratorio.

Con el objetivo de estudiar los efectos del SIT sobre el rendimiento, un estudio [1] evaluó los cambios inducidos por un periodo de entrenamiento de dos semanas de SIT en el que 12 corredores de trail bien entrenados llevaron a cabo 4-7 series de 30’’ a máxima intensidad descansando 4 minutos entre series. Los parámetros de rendimiento estudiados fueron la máxima velocidad aeróbica, la potencia máxima, la potencia media, el tiempo hasta el agotamiento y el tiempo en una prueba de 3000 metros.

Los resultados mostraron cómo el SIT mejoraba valores que tienen una especial trascendencia en el rendimiento en los deportes de resistencia.  La máxima velocidad aeróbica mejoró un 2.3%, la potencia máxima y media un 2,4 y 2,8% respectivamente y el tiempo de los 3000 metros disminuyó un 6%. Además, el tiempo hasta el agotamiento a un 90% de la máxima velocidad aeróbica fue un 42% mayor.

Estos resultados no hacen más que confirmar las virtudes de los entrenamientos de alta intensidad bien estructurados, ya que pequeños cambios en la metodología de trabajo de los atletas pueden provocar mejoras significativas que marquen la diferencia en el periodo competitivo.


REFERENCIAS

[1]      J. Koral, D. J. Oranchuk, R. Herrera, and G. Y. Millet, “Six Sessions of Sprint Interval Training improves running performance in trained athletes,” J. Strength Cond. Res., p. 1, Oct. 2017.

FRÍO COMO MÉTODO DE RECUPERACIÓN, ¿CUÁNDO ES BENEFICIOSO Y CUANDO NO?

La recuperación es un proceso fundamental para la mejora del rendimiento. Una correcta recuperación entre sesiones permitirá aumentar la carga en entrenamientos posteriores, facilitando así mayores adaptaciones. Además, menores tiempos de recuperación permitirán aumentar la frecuencia de entrenamiento, algo importante especialmente en deportistas de alto nivel que realizan varias sesiones en un mismo día. Es por ello que los investigadores han centrado sus esfuerzos en comprobar la eficacia de distintos métodos de recuperación como la electroestimulación, las medias de compresión, el masaje o la recuperación activa.

La inmersión en frío es un método de recuperación muy utilizado por los deportistas tras un partido o un entrenamiento intenso. Este método se utiliza bajo la hipótesis de que la aplicación de frío disminuye la percepción de dolor mediante una reducción de la velocidad de conducción nerviosa, reduciendo además el flujo sanguíneo y limitando así la producción de inflamación y edema.

De hecho, un meta-análisis1 que incluyó 14 estudios (239 sujetos) mostró que la aplicación de frio post-ejercicio tenía un efecto significativo en la reducción de dolor muscular y de los niveles de creatin kinasa en sangre (marcador de daño muscular). Además, se observó una tendencia a una mejor recuperación de la función muscular, aunque no con tanta evidencia como en las otras variables. Por lo tanto, parece que la aplicación de frío post-ejercicio puede ser una estrategia eficaz para aliviar la fatiga y el dolor muscular a corto plazo.

Sin embargo, estudios recientes han mostrado algunos efectos colaterales a largo plazo en respuesta a este método de recuperación. Un estudio2 publicado en la prestigiosa revista Journal of Physiology analizó a deportistas que entrenaron fuerza durante 12 semanas, realizando recuperación activa (10 minutos de pedaleo suave) o inmersión en agua fría (10 minutos a 10 grados) tras cada sesión. Los resultados mostraron una menor ganancia de masa muscular (3 veces menos) cuando los sujetos recuperaban con la aplicación de frío. Además, el grupo que recuperó de forma activa ganó casi el doble de fuerza que el grupo que recuperó con inmersión en agua fría. Además, con el fin de analizar la base molecular para este hallazgo, evaluaron la respuesta anabólica y miogénica aguda a una sola sesión de entrenamiento de fuerza al recuperar de forma activa o con agua fría, encontrando que ambas estaban disminuidas en el caso de la aplicación de frío.

En conclusión, la inmersión en agua fría puede ser recomendable para acelerar la recuperación entre sesiones cuando el objetivo es evitar el dolor muscular y la disminución del rendimiento sin importar las adaptaciones producidas por esa sesión, como por ejemplo para recuperar entre partidos de un torneo o tras cada día de una carrera por etapas. Sin embargo, esta estrategia parece bloquear las señales de adaptación muscular al ejercicio, reduciendo así las ganancias de fuerza y masa muscular a largo plazo. Por lo tanto, no sería recomendable su inclusión de forma general en la planificación. Una vez más vemos la importancia del estrés generado por el ejercicio (inflamación, producción de radicales libres, etc.) para que se produzcan las adaptaciones al ejercicio, reduciendo las estrategias que buscan reducir este estrés (ej. frío, anti-inflamatorios, suplementos vitamínicos…) las ganancias producidas.


REFERENCIAS

  1. Leeder J, Gissane C, van Someren K, Gregson W, Howatson G. Cold water immersion and recovery from strenuous exercise: a meta-analysis. Br J Sports Med. 2012;46(4):233-240. doi:10.1136/bjsports-2011-090061.
  2. Roberts LA, Raastad T, Markworth JF, et al. Post-exercise cold water immersion attenuates acute anabolic signalling and long-term adaptations in muscle to strength training. J Physiol. 2015;593(18):4285-4301. doi:10.1113/JP270570.

HOY, ¿PECHO Y BÍCEPS? VENTAJAS DEL ENTRENAMIENTO DE CUERPO COMPLETO (FULL-BODY)

Lunes: pecho y bíceps

Martes: dorsal y tríceps

Miércoles: piernas y deltoides

Jueves: vuelta a empezar.

Y así una semana y otra y otra,… Es lo que conocemos como entrenamiento por grupos musculares o split-body (SB). Y bajo la creencia de que es el método más efectivo para incrementar el volumen y la fuerza muscular, es habitual encontrarnos con esta “planificación” del entrenamiento en las rutinas que podemos observar en cualquier gimnasio.

Para terminar de verificarlo o directamente desmentirlo, un estudio realizado en 24 jugadores de rugby comparó el efecto del SB frente al del entrenamiento de cuerpo completo o full-body  (FB) sobre la composición corporal, la fuerza y el perfil hormonal (1). Ambos protocolos implicaron un mismo volumen de entrenamiento:

– Protocolo FB: 21 ejercicios, 2-3 series × 8 repeticiones

– Protocolo SB: 13 ejercicios, 3-6 series × 8 repeticiones

Tras las 4 semanas que duró la intervención, ambos métodos de entrenamiento aumentaron de manera similar la fuerza evaluada a través de 1-RM de press banca y sentadilla. Con respecto a la composición corporal, aunque con ambos protocolos la mejoraron (se redujo la grasa total y el % de grasa corporal, e incrementó la masa muscular), pero aumentando en mayor medida tras las 4 semanas de entrenamiento FB. Por último, con el protocolo SB aumentaron las concentraciones de testosterona y cortisol, mientras que el FB promovió un mayor ratio testosterona/cortisol (ratio T/C). Conviene resaltar que este ratio T/C es considerado un indicador de la carga de entrenamiento (2) y que su aumento nos revelaría un predominio de los procesos anabólicos y, en definitiva, del rendimiento.

Tabla 1. Parámetros de fuerza, composición corporal y perfil hormonal antes de comenzar los diferentes tipos de entrenamiento y 4 semanas después.

Sin título

Por tanto, la ciencia nos da las herramientas necesarias para construir un programa de entrenamiento que promueva la mejora de la fuerza y la composición corporal de la forma más óptima posible. En este sentido, el entrenamiento FB puede constituir una mejor opción para dicho propósito, posiblemente a través de un entorno hormonal favorable (aumento del ratio T/C) por la mayor masa muscular reclutada.


REFERENCIAS

  1. Crewther, B. T., Heke, T. O. L., & Keogh, J. W. (2016). The effects of two equal-volume training protocols upon strength, body composition and salivary hormones in male rugby union players. Biology of Sport, 33(2), 111.
  2. Vervoorn, C., Quist, A. M., Vermulst, L. J. M., Erich, W. B. M., De Vries, W. R., & Thijssen, J. H. H. (1991). The behaviour of the plasma free testosterone/cortisol ratio during a season of elite rowing training. International journal of Sports Medicine, 12(03), 257-263.

¿CUÁNTO DEBO DESCANSAR ENTRE SERIES PARA AUMENTAR LA FUERZA MUSCULAR?

La planificación de un programa de entrenamiento incluye la manipulación de variables como la selección de los ejercicios, el volumen y la intensidad del entrenamiento, la velocidad de movimiento y el descanso. La duración del descanso debe ser la suficiente para permitir la reposición de ATP y fosfocreatina, y la eliminación del lactato acumulado. Sin embargo, y a pesar de su importancia en programas cuyo objetivo sea el aumento de la fuerza muscular, en el mundo del entrenamiento y la ciencia no se le ha prestado la debida atención.

Recientemente, una revisión sistemática (1) ha tratado de establecer el descanso óptimo entre series y ejercicios para maximizar las adaptaciones logradas a través del entrenamiento de fuerza. Para ello, se analizaron 23 estudios que incluían un total de 491 sujetos. La valoración metodológica de los estudios se realizó en función de “Downs and Black checklist”, siendo considerados todos los estudios con una calidad metodológica alta y moderada.

El análisis de los resultados determinó que, a pesar de que cortos periodos de descanso (< 60 seg) promueven mejoras en la fuerza, los mayores incrementos se lograron con descansos por encima de los 2 minutos en sujetos entrenados. En el caso de individuos no entrenados, parece que descansos de entre 60-120 seg son suficientes para alcanzar mejoras en la fuerza.

En ambos casos, un mayor periodo de descanso será recomendable, por ejemplo, cuando se traten de ejercicios multiarticulares o en series donde se busque el fallo muscular, que van a implicar una mayor fatiga. Por último, es necesario recordar que siempre hemos de atender al principio de individualización del entrenamiento dada la variabilidad de las respuestas que ocurren en los diferentes sujetos.


REFERENCIA

  1. Grgic, J., Schoenfeld, B. J., Skrepnik, M., Davies, T. B., & Mikulic, P. (2017). Effects of Rest Interval Duration in Resistance Training on Measures of Muscular Strength: A Systematic Review. Sports Medicine, 1-15.

CONTRA EL SOBREPESO, ¿ENTRENAMIENTO INTERVÁLICO DE ALTA INTENSIDAD (HIIT) O CONTINUO DE INTENSIDAD MODERADA?

La obesidad es un problema que cada vez afecta a una mayor parte de la población. De hecho, actualmente al menos un 39% de la población tiene sobrepeso, y más de un 13% tiene obesidad. El sobrepeso, especialmente el exceso de grasa visceral, está a su vez asociado a otras patologías como las cardiovasculares (ej. ateroesclerosis, hipertensión) y metabólicas (ej. diabetes), e incluso a un mayor riesgo de desarrollar cáncer. Por ello, los profesionales de la salud debemos centrar nuestros esfuerzos en reducir la que ya es considerada la epidemia del siglo XXI.

Como vimos recientemente en una entrada, aunque la dieta se muestra como una estrategia eficaz para la pérdida de peso, el ejercicio es la mejor herramienta para la disminución de la grasa visceral. ¿Pero qué tipo de ejercicio aporta los mayores beneficios?

Un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista Obesity Reviews (1) comparó el efecto del ejercicio intermitente de alta intensidad (HIIT) o MICT en los cambios en la composición corporal en personas con sobrepeso u obesidad. Para ello, analizaron un total de 13 estudios (424 sujetos) que aplicaban estos programas de ejercicio durante una media de 10 semanas en la que los participantes entrenaban en torno a 3 días a la semana.

Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio mejoraban de forma significativa la composición corporal, con una reducción de 2 kg de grasa (6%) y de 3 cm de circunferencia de cintura incluso en ausencia de cambios en el peso corporal (como ya vimos en anteriores entradas, nuestro foco de atención debe ser la masa grasa y no el peso corporal). Curiosamente, no hubo diferencias entre los beneficios obtenidos al realizar HIIT o al realizar ejercicio continuo a intensidad moderada, aunque el tiempo de entrenamiento que requerían los programas de HIIT (95 minutos semanales) fue mucho menor que el del entrenamiento continuo (158 minutos semanales). Además, también se observó que aquellos programas en los que el ejercicio se realizaba corriendo aportaban mayores beneficios que en los que se realizaba en bicicleta.

Este estudio es de especial interés porque remarca la importancia del ejercicio para la pérdida de masa grasa en personas con sobrepeso. Además, muestra que tanto el ejercicio de alta intensidad (HIIT) como el continuo a intensidad moderada son opciones igual de eficaces para mejorar la composición corporal. No obstante, el tipo de ejercicio a realizar deberá adaptarse a las características de cada persona. El ejercicio de alta intensidad requiere de un menor tiempo de entrenamiento para aportar los mismos beneficios, por lo que puede ser una buena opción para aquellas personas con falta de tiempo. Sin embargo, debemos tener en cuenta también que este tipo de ejercicio puede suponer una menor adherencia al ejercicio y un mayor estrés cuando la persona está muy desentrenada. De igual forma, aunque correr aporta mayores beneficios para la pérdida de grasa, el mayor impacto articular que provoca puede llevarnos a elegir la bicicleta durante los primeros estadíos.

Como profesionales del ejercicio debemos atender a estos estudios para conocer de forma objetiva qué estrategias son las más eficaces, pero siempre debe primar la individualización. Así, deberemos adaptarnos a los gustos y características de cada persona, dando una mayor importancia a que se integre el ejercicio físico dentro de la rutina diaria en vez de a conseguir los mayores beneficios en el menor tiempo posible.


REFERENCIA

  1. Wewege, M, Berg, R Van Den, Ward, RE, and Keech, A. The effects of high-intensity interval training vs . moderate-intensity continuous training on body composition in overweight and obese adults : a systematic review and meta-analysis. Obes Rev 635–646, 2017.

EFECTOS DEL ENTRENAMIENTO SUPERVISADO VS NO SUPERVISADO EN PERSONAS MAYORES

El envejecimiento biológico y la inactividad física contribuyen a procesos degenerativos en el sistema muscular y neural que darán lugar a alteraciones del equilibrio y la potencia muscular, aumentando el riesgo de caídas y, con ello, de dependencia y mortalidad.

Los beneficios para las personas mayores del entrenamiento de la fuerza y el equilibrio sobre la potencia muscular y la estabilidad dinámica/estática son incuestionables. Sin embargo, no está tan claro si dichos beneficios se obtienen indistintamente con programas de entrenamiento supervisado y no supervisado. Por ello, una reciente revisión sistemática con meta-análisis (1) ha cuantificado los efectos de los programas de entrenamiento de la fuerza y el equilibrio supervisados frente a los no supervisados sobre diferentes medidas de estabilidad y potencia muscular en mayores.

El análisis de los resultados reveló que los programas supervisados proporcionaron mayores beneficios en comparación con los no supervisados sobre el equilibrio estático y dinámico, el equilibrio proactivo, las baterías de test de equilibrio, y sobre la fuerza dinámica y la potencia muscular con contracciones isotónicas. Además se registró que un número de entre 10 y 29 sesiones supervisadas produjeron los mayores beneficios sobre el equilibrio estático y dinámico, el equilibrio proactivo, y sobre la fuerza y la potencia muscular, mientras que 30 o más sesiones fueron necesarias para obtener las principales mejoras sobre el equilibrio proactivo y las baterías de test de equilibrio. Asimismo, se halló que los efectos fueron mayores para los programas no supervisados que no incluyeron ninguna sesión supervisada frente a los que incluyeron un número pequeño de sesiones (3 o menos) guiadas por un entrenador.

Por tanto, estos resultados evidencian que, en personas mayores, un programa de entrenamiento supervisado aporta mayores beneficios sobre la potencia muscular y el equilibrio que uno no supervisado, poniéndose así de manifiesto el importante papel del especialista en ejercicio físico en los entrenamientos con personas mayores. Así, es necesaria la implementación de programas de este tipo para minimizar los efectos asociados a la edad, entre los que se incluyen las capacidades anteriormente mencionadas. Por último, se recomienda la realización 2-3 sesiones semanales supervisadas de entrenamiento de fuerza y equilibrio para asegurar efectos clínicamente relevantes.


REFERENCIAS

1. Lacroix, A.; Hortobágyi, T.; Beurskens, R.; & Granacher, U. (2017). Effects of Supervised vs. Unsupervised Training Programs on Balance and Muscle Strength in Older Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis. Sports Medicine. DOI: 10.1007/s40279-017-0747-6. [Epub ahead of print]

SÍ, TAMBIÉN PUEDEN ENTRENAR ALTA INTENSIDAD LOS OCTOGENARIOS CON EPOC

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) se caracteriza por una reducción persistente del flujo de aire, experimentando las personas que la sufren intolerancia al ejercicio como consecuencia de reacciones hiperventilatorias y/o broncoespasmos en respuesta al incremento de la demanda funcional. Por ello, la EPOC se asocia con reducción en los niveles de actividad física y atrofia muscular, conduciendo a una situación de disfunción muscular periférica que va a contribuir al deterioro funcional de las personas que sufren la enfermedad.

La disfunción muscular periférica afecta a 1 de cada 3 pacientes con EPOC y repercute sobre la la fuerza y la resistencia muscular. Esta proporción aumenta a partir de los 65 años. Por ello, varias de las principales instituciones de referencia en patología respiratoria consideran al ejercicio físico como uno de los pilares en los programas de rehabilitación pulmonar para estos pacientes.

Estudios previos han mostrado que los pacientes con EPOC pueden entrenar a alta intensidad y que además este tipo de trabajo promueve mayores adaptaciones fisiológicas y ventilatorias que hacerlo por debajo del 2º umbral (1). Sin embargo, mientras que en pacientes con EPOC de entre 60-79 años el HIIT mostró beneficios en parámetros ventilatorios, composición corporal, condición física y estructura y función muscular, en octogenarios aún no se ha evaluado su efectividad y seguridad

Por ello, el grupo GENUD Toledo de la Universidad de Castilla-La Mancha evaluó los efectos a corto y largo plazo de un programa concurrente de HIIT y fuerza en octogenarios con EPOC leve a severa (2). El entrenamiento supervisado se realizó durante 9 semanas, 2 sesiones/semana. La parte de HIIT se llevó a cabo en cicloergómetro y consistió en sucesivos sprints hasta el 80-90% de la frecuencia cardíaca de reserva (HRR) –seguidos de periodos de 1 minuto de recuperación activa al 50-60% de la HRR- y aumentando las repeticiones y la duración de forma progresiva a lo largo del programa.

En cuanto a los principales resultados hallados, se observó que la combinación de HIIT y entrenamiento de fuerza fue efectiva y bien tolerada, ya que mejoró la fuerza máxima dinámica e isométrica, la agilidad, la velocidad de la marcha y la capacidad cardiorrespiratoria, y no produjo efectos adversos de interés. Además, un año después de la intervención, las mejoras obtenidas volvieron a los valores pre-entrenamiento. Este dato es clínicamente relevante, ya que a partir de los 70 años se produce una reducción anual de 3.6% y 2.8% de la masa y la fuerza muscular, respectivamente (3).

Por tanto, observamos como la combinación de HIIT y entrenamiento de fuerza es una herramienta terapéutica muy efectiva en octogenarios con EPOC, ya que, además de mostrarse segura, mejora parámetros relacionados con la clínica de la enfermedad y tiene el potencial de reducir los efectos que se producen de forma natural como consecuencia del envejecimiento.

REFERENCIAS:

  1. Casaburi, R., Patessio, A., Ioli, F., Zanaboni, S., Donner, C. F., & Wasserman, K. (1991). Reductions in exercise lactic acidosis and ventilation as a result of exercise training in patients with obstructive lung disease. American Review of Respiratory Disease, 143(1), 9-18.
  2. Guadalupe-Grau, A., Aznar-Laín, S., Mañas, A., Castellanos, J., Alcázar, J., Ara, I., … & García-García, F. J. (2017). Short and Long Term Effects of Concurrent Strength and HIIT Training in Octogenarian COPDs. Journal of Aging and Physical Activity, 25(1), 105-115. doi: 10.1123/japa.2015-0307.
  3. Goodpaster, B. H., Park, S. W., Harris, T. B., Kritchevsky, S. B., Nevitt, M., Schwartz, A. V., … & Newman, A. B. (2006). The loss of skeletal muscle strength, mass, and quality in older adults: the health, aging and body composition study. The Journals of Gerontology Series A: Biological Sciences and Medical Sciences, 61(10), 1059-1064.

SACA EL MAYOR RENDIMIENTO DE TUS ENTRENAMIENTOS: LA IMPORTANCIA DEL VECTOR DE FUERZA

El entrenamiento de fuerza es uno de los pilares fundamentales para el rendimiento deportivo. Los deportistas incluyen varias sesiones semanales en el gimnasio en las que realizan una multitud de ejercicios con el fin de transferir esas ganancias de fuerza y potencia a su acción deportiva, ya sea saltar, esprintar, etc. Sin embargo, debido a la alta especificidad del entrenamiento de fuerza, es posible que no todos los ejercicios tengan la misma transferencia posterior a la acción deportiva. Es ahí donde surge la teoría del vector de fuerza.

La teoría del vector de fuerza proclama que si se entrena la fuerza en un determinado vector, se obtendrá una mayor transferencia en acciones deportivas realizadas en ese mismo vector. Así, si se entrena en el vector axial (como por ejemplo en la sentadilla, donde la fuerza se ejerce en el eje que va de los pies a la cabeza, es decir, vertical) se obtendrá una mayor transferencia en acciones como el salto vertical. Por el contrario, si la acción se realiza en el vector antero-posterior (como por ejemplo en el hip thrust, de atrás hacia delante), se obtendrán mayores beneficios en acciones de predominancia horizontal como el sprint.

Hip-Thrust

Imagen ilustrativa del ejercicio hip thrust en la que está señalado el vector de fuerza (anteroposterior). Foto tomada de (www.strengthandconditioningresearch.com/perspectives/force-vector/)

Con el fin de analizar los efectos del vector en el que se realiza el ejercicio en la posterior transferencia a acciones deportivas, Contreras y cols (2017) 1 realizaron un estudio de 6 semanas en el que los participantes (n=24) fueron divididos en dos grupos: Uno entrenaba dos días a la semana el ejercicio hip thrust y el otro sentadilla. Tras los 6 meses de entrenamiento, aunque ambos grupos mejoraron en los tests realizados, el grupo que entrenó sentadilla mejoró en mayor medida el salto vertical y su fuerza máxima (3RM) en sentadilla. Por el contrario, el grupo que entrenó el hip thrust obtuvo mayores mejoras en el sprint de 10 y 20 m, en la fuerza máxima en hip thrust (3RM) y en el ejercicio mid-thigh pull.

Por lo tanto, este estudio confirma la importancia del vector de fuerzas en la transferencia de un ejercicio a la acción deportiva. Así, en aquellos deportes que incluyan principalmente acciones deportivas en el eje axial (con saltos como en el voleybol o el baloncesto) sería recomendable dar prioridad al entrenamiento de fuerza en ese eje, realizando por ejemplo sentadilla. Sin embargo, en deportes en los que las acciones en el eje horizontal sean de gran importancia, como aquellos que incluyen sprints y aceleraciones, será más beneficioso incluir ejercicios realizados en ese eje como el hip thrust.


REFERENCIA

  1. Contreras B, Vigotsky AD, Schoenfeld BJ, et al. Effects of a Six-Week Hip Thrust vs. Front Squat Resistance Training Program on Performance in Adolescent Males. J Strength Cond Res. 2017;31:999–1008. Doi: 10.1519/JSC.0000000000001510.