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EL ACORTAMIENTO DE LOS TELÓMEROS PREDICE LA ESPERANZA DE VIDA

Los telómeros son estructuras que se encuentran en los extremos de los cromosomas que protegen nuestra información genética durante la división celular. Su tasa de acortamiento, condicionada por la genética y nuestro estilo de vida, determina la longevidad y la salud de nuestro organismo.

Un estudio liderado por María Blasco ha demostrado que el acortamiento de los telómeros, y no su longitud inicial, predice la esperanza de vida de diferentes especies animales.


REFERENCIA

  • Whittemore, K., Vera, E., Martínez-Nevado, E., Sanpera, C., & Blasco, M. A. (2019). Telomere shortening rate predicts species life span. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(30), 15122-15127.

BENEFICIOS DEL ENTRENAMIENTO MULTICOMPONENTE EN PERSONAS MAYORES HOSPITALIZADAS

Existen estimaciones que colocan a España como el país con una mayor esperanza de vida en el futuro, por delante incluso del país que durante décadas ha copado esa primera posición, Japón. Y aunque este incremento en la esperanza de vida es algo positivo, también está suponiendo un aumento en la incidencia de enfermedades asociadas a la edad como la fragilidad o el deterioro cognitivo.

Por otra parte, los periodos de inactividad como los que ocurren durante las hospitalizaciones por enfermedad aguda conllevan importantes consecuencias, y especialmente vulnerables son las personas mayores. Además, durante estos periodos es habitual la reducción de la actividad física, pudiendo ser el comienzo de un importante deterioro funcional y metabólico difícilmente reversible. Por ello, son necesarios protocolos de intervención aplicados durante los periodos de hospitalización aguda que puedan prevenir el deterioro sufrido por los pacientes mayores.

Un estudio controlado aleatorizado (1) ha evaluado los efectos de un programa multicomponente de ejercicio físico sobre la capacidad funcional y cognitiva, depresión y calidad de vida en personas mayores hospitalizadas por una enfermedad aguda (la estancia hospitalaria tuvo una mediana de 8 días). 370 personas mayores de 75 años ingresadas en el Complejo Hospitalario de Navarra (Pamplona, España) fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de ejercicio o a un grupo control. El grupo control recibió los cuidados habituales, mientras que los participantes del grupo de ejercicio entrenaron bajo la supervisión de un especialista en ejercicio dos veces al día durante los días que permanecieron ingresados. El programa de ejercicio estuvo formado por ejercicios de fuerza, equilibrio y marcha adaptados a las características de los participantes.

Los resultados del estudio muestran cómo los pacientes en el grupo de ejercicio consiguieron un incremento en los valores obtenidos al alta hospitalaria con respecto a los iniciales en las pruebas de capacidad funcional y cognitiva, depresión y calidad de vida, mientras que no se produjeron cambios en el grupo control. En el momento del alta hospitalaria, el grupo de ejercicio obtuvo un incremento de 2,2 (sobre un máximo de 12) y de 6,9 puntos (sobre un máximo de 100) respecto al grupo control en la escala de valoración funcional SPPB (por sus siglas en inglés) y en el índice de independencia de Barthel para actividades de la vida diaria, respectivamente. La hospitalización aguda per se condujo a un deterioro en la capacidad funcional de los pacientes del grupo control para la realización de las actividades de la vida diaria, mientras que en los de ejercicio, no solo no se vio afectada, sino que mejoró (+2 puntos en el grupo de ejercicio vs -5 puntos en el grupo control con respecto al momento del ingreso). Además, no se registraron efectos adversos asociados al programa de ejercicio.

Por lo tanto, estos resultados vuelven a dejar clara la importancia de los programas de ejercicio físico intrahospitalarios – en este caso en los pacientes mayores – como estrategia para minimizar e, incluso, revertir las consecuencias asociadas a los periodos de hospitalización por enfermedad, en contraposición a lo habitualmente prescrito como son el reposo en cama o el ‘camine un poco por el pasillo’.


REFERENCIAS

  1. Martínez-Velilla, N., Casas-Herrero, A., Zambom-Ferraresi, F., de Asteasu, M. L. S., Lucia, A., Galbete, A., … & Iráizoz, I. A. (2019). Effect of exercise intervention on functional decline in very elderly patients during acute hospitalization: a randomized clinical trial. JAMA Internal medicine, 179(1), 28-36.

EL EJERCICIO, BENEFICIOSO PARA LA PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DEL ALZHEIMER

La población envejece a pasos agigantados como consecuencia de una mayor esperanza de vida y una menor tasa de natalidad. Sin embargo, esto trae como consecuencia un aumento en la incidencia de patologías relacionadas con la edad como el Alzheimer. El Alzheimer es la principal causa de demencia. Aproximadamente 40 millones de personas sufren esta enfermedad en el mundo, y se estima que la incidencia se va a duplicar en los próximos 20 años [1]. Además, esta enfermedad supone un gran gasto económico tanto para los sistemas sanitarios (en Estados Unidos se invirtieron aproximadamente 226 billones de dólares en el año 2015 para el tratamiento de personas con demencia) como para las familias, que tienen que invertir tiempo y dinero en el cuidado de los allegados que sufren esta patología.

Las graves consecuencias tanto a nivel de salud como económico muestran que la prevención del Alzheimer -o el tratamiento en el caso de sufrir ya esta patología- debe ser un objetivo claro, pero la evidencia en torno a posibles intervenciones farmacológicas que puedan aportar beneficios es muy escasa. Por el contrario, cada vez existe mayor conocimiento sobre los beneficios del ejercicio físico.

Un meta-análisis reciente mostró que la actividad física regular reduce la degeneración que ocurre con el envejecimiento en el volumen del hipocampo, una de las zonas cerebrales involucradas en la neuroplasticidad [2]. Así, el ejercicio podría tener un efecto ‘protector’ contra el Alzheimer, como confirma un meta-análisis que mostró que cumplir con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (>150 minutos/semana de actividad física moderada o 75 minutos/semana de actividad física intensa) reduce en un 40% el riesgo de sufrir esta enfermedad [3]. Además, el ejercicio ha mostrado no solo prevenir el Alzheimer sino también mejorar (o atenuar su disminución) el deterioro cognitivo en pacientes ya afectados. Por ejemplo, un reciente meta-análisis que incluyó a más de mil pacientes (edad media de 77 años) mostró que los pacientes con Alzheimer o deterioro cognitivo que realizaban en torno a 3 sesiones de entrenamiento a la semana (especialmente ejercicio aeróbico) mejoraban su función cognitiva, mientras que los que no realizaban ejercicio la empeoraban [4].

Por lo tanto, más allá de las posibles estrategias farmacológicas que puedan desarrollar para el tratamiento de esta enfermedad, el ejercicio físico debe jugar un papel fundamental no solo en personas sanas para la prevención del deterioro cognitivo sino también en personas que ya sufren Alzheimer por los beneficios que puede aportar a nivel de forma física y salud mental.


REFERENCIAS

[1]      Scheltens P, Blennow K, Breteler MMB, de Strooper B, Frisoni GB, Salloway S, et al. Alzheimer’s disease. Lancet 2016;388:505–17.

[2]      Firth J, Stubbs B, Vancampfort D, Schuch F, Lagopoulos J, Rosenbaum S, et al. Effect of aerobic exercise on hippocampal volume in humans: A systematic review and meta-analysis. Neuroimage 2018;166:230–8.

[3]      Santos-Lozano A, Pareja-Galeano H, Sanchis-Gomar F, Quindós-Rubial M, Fiuza-Luces C, Cristi-Montero C, et al. Physical Activity and Alzheimer Disease: A Protective Association. Mayo Clin Proc 2016;91:999–1020. doi:10.1016/j.mayocp.2016.04.024.

[4]      Panza GA, Taylor BA, MacDonald H V., Johnson BT, Zaleski AL, Livingston J, et al. Can Exercise Improve Cognitive Symptoms of Alzheimer’s Disease? J Am Geriatr Soc 2018;66:487–95. doi:10.1111/jgs.15241.

LOS BENEFICIOS DE REALIZAR EJERCICIO FÍSICO DURANTE TODA LA VIDA EN LA VEJEZ

La población sigue envejeciendo progresivamente como consecuencia de un descenso de la natalidad y un aumento de la esperanza de vida. Uno de los problemas asociados a este envejecimiento es que el aumento en la esperanza de vida no va asociado necesariamente a una mejor calidad de vida, es decir, muchas veces esos años ‘extra’ no son precisamente unos años en los que nuestras condiciones físicas y mentales nos permitan disfrutar. Vivimos más, pero a su vez sufrimos de una mayor incidencia de enfermedades relacionadas con la edad como la sarcopenia o enfermedades neurodegenerativas (ej. Alzheimer).

Realizar ejercicio físico durante toda la vida parece ser una estrategia eficaz para atenuar o incluso evitar estos efectos del envejecimiento, como confirman estudios muy recientes. Un meta-análisis que incluyó 55 estudios observó que las personas con más de 60 años y que llevaban al menos 20 años entrenando presentaban un consumo de oxígeno y una fuerza similares a las de jóvenes sanos, y mejores que el de personas mayores que no realizaban ejercicio (Mckendry et al. 2018). De forma similar, un estudio muy reciente publicado en la revista Aging Cellha mostrado como las personas mayores (55-79 años) que han mantenido un alto nivel de actividad física durante toda su vida (26 años de experiencia media en ciclismo) no presentan prácticamente ningún empeoramiento asociado al envejecimiento en las propiedades musculares (composición, tipo y tamaño de fibras musculares, así como contenido mitocondrial) (Pollock et al. 2018). Por último, otro estudio ha confirmado recientemente que las personas mayores que realizan ejercicio durante toda su vida (personas de más de 70 años que habían realizado más de 50 años de ejercicio aeróbico) disminuyen el deterioro en la capacidad cardiorrespiratoria y evitan la reducción en capilaridad muscular y actividad enzimática, manteniéndose estas variables similares a las de personas jóvenes entrenadas (Gries et al. 2018).

Aunque nunca es tarde y se pueden obtener beneficios incluso a la más avanzada edad, cada vez más evidencia apoya el papel de realizar ejercicio durante toda la vida y especialmente de mantenerlo al llegar a la vejez.

REFERENCIAS

  • Gries KJ, Raue U, Perkins RK, et al (2018) Cardiovascular and skeletal muscle health with lifelong exercise. J Appl Physiol 125:1636–1645. doi: 10.1152/japplphysiol.00174.2018
  • Mckendry J, Breen L, Shad BJ, Greig CA (2018) Muscle morphology and performance in master athletes: A systematic review and meta-analyses. Ageing Res Rev 45:62–82. doi: 10.1016/j.arr.2018.04.007
  • Pollock RD, O’Brien KA, Daniels LJ, et al (2018) Properties of the vastus lateralis muscle in relation to age and physiological function in master cyclists aged 55–79 years. Aging Cell. doi: 10.1111/acel.12735

EJERCICIO FÍSICO EN PERSONAS MUY MAYORES: NUNCA ES DEMASIADO TARDE

La población está envejeciendo de forma exponencial, lo cual es provocado tanto por un aumento en la esperanza de vida como por un descenso de la natalidad. Aunque el aumento de la esperanza de vida es algo positivo, está dando lugar también a una mayor incidencia de enfermedades asociadas a la vejez como el Alzheimer o la fragilidad. De hecho, se considera que casi 3 de cada 4 personas mayores de 90 años pueden ser consideradas frágiles [1].

Ya hemos comentado en numerosas ocasiones los beneficios que el ejercicio físico puede aportar en la prevención de multitud de patologías, y la fragilidad no es una excepción. Mucho se habla de cómo realizar ejercicio a lo largo de la vida puede atenuar los efectos de la edad. De hecho, un meta-análisis muy reciente [2]que incluyó 23 estudios y casi 175,000 participantes concluyó que la realización de actividad física se relaciona con un envejecimiento saludable, entendido como ser capaz de mantener la funcionalidad mental y física a una avanzada edad. Sin embargo, a menudo somos poco conscientes de los beneficios que puede aportar el ejercicio físico incluso a muy avanzada edad en personas previamente sedentarias.

Un estudio publicado por el grupo del Dr. Alejandro Lucía [3]mostró como el ejercicio puede aportar beneficios incluso en personas mayores de 90 años que estaban en residencias. Los pacientes fueron asignados a un grupo control que mantuvo su actividad rutinaria (incluyendo algunos ejercicios de movilidad o estiramientos que hacían con sus terapeutas dos días a la semana), o a un grupo que realizó ejercicios 3 veces a la semana durante 45-50 minutos incluyendo pedaleo en una bicicleta estática y entrenamiento de fuerza (prensa de pierna y pesas o gomas elásticas para miembros superiores). Los resultados mostraron como, tras 8 semanas de entrenamiento, el grupo ejercicio mejoró en un 17% su fuerza de miembros inferiores, mientras que no hubo cambios en el grupo control.

Así, éste y otros estudios realizados incluso en personas mayores hospitalizadas [4]confirman que el ejercicio físico es beneficioso a cualquier edad, por lo que siempre que haya un control médico adecuado no debemos tener miedo a incluir programas de ejercicio sencillos y adaptados en esta población: Nunca es tarde para aprovecharse de los beneficios del ejercicio.


REFERENCIAS

  1. Gale CR, Cooper C, Sayer AA ihie. Prevalence of frailty and disability: findings from the English Longitudinal Study of Ageing. Age Ageing. 2015;44:162–5.
  2. Daskalopoulou C, Stubbs B, Kralj C, Koukounari A, Prince M, Prina AM. Physical activity and healthy ageing: A systematic review and meta-analysis of longitudinal cohort studies. Ageing Res. Rev. [Internet]. Elsevier B.V.; 2017;38:6–17. Available from: http://dx.doi.org/10.1016/j.arr.2017.06.003
  3. Serra-Rexach JA, Bustamante-Ara N, Hierro Villarán M, González Gil P, Sanz Ibáñez MJ, Blanco Sanz N, et al. Short-term, light- to moderate-intensity exercise training improves leg muscle strength in the oldest old: A randomized controlled trial. J. Am. Geriatr. Soc. 2011;59:594–602.
  4. Martínez-Velilla N, Cadore EL, Casas-Herrero, Idoate-Saralegui F, Izquierdo M. Physical activity and early rehabilitation in hospitalized elderly medical patients: Systematic review of randomized clinical trials. J. Nutr. Heal. Aging. 2016;20:738–51.

¿QUÉ RELACIÓN TIENEN EL VO2MAX Y LA LONGITUD DE LOS TELÓMEROS?

Cada vez es mayor la evidencia que muestra una asociación entre el acortamiento de la longitud telomérica y un mayor riesgo de enfermedades relacionadas con la edad como las cardiovasculares, la diabetes tipo II y la aterosclerosis, y una mayor mortalidad; mientras que el ejercicio regular y una elevada capacidad cardiorrespiratoria –evaluada como VO2max- se asocian con mejor salud y mayor supervivencia.

Sin embargo, hasta ahora, la relación entre el ejercicio y el VO2max con la longitud de los telómeros era inconsistente, ya que en algunos estudios se sugería un efecto protector de los primeros sobre los segundos, y en otros, por el contrario, no se hallaba tal efecto.

Por ello, un reciente estudio piloto (1) trató de evaluar si la longitud del telómero está asociada con el ejercicio físico cardiovascular, además de analizar la relación entre el VO2max y la longitud telomérica. Participaron 10 jóvenes (22-27 años) y 10 mayores (66-77 años), de los que 5 de cada grupo eran atletas de resistencia y 5 eran deportistas recreacionales. A todos ellos se les extrajeron biopsias musculares, para la medición de la longitud relativa del telómero calculada como el número de copia repetida del telómero/número de copia del único gen (ratio T/S), y se les sometió a una prueba de esfuerzo incremental.

En los jóvenes, el VO2max fue de 67,0±5,3 ml/kg/min para los atletas de resistencia, y de 53,9±5,5 ml/kg/min para los recreacionales, mientras que en los mayores, el VO2max para los atletas de resistencia y los deportistas recreacionales fue de 45,4±6,7 y 39,4±5,6 ml/kg/min, respectivamente. Además se encontró que el grupo de mayores entrenados tenía un ratio T/S mayor –indicador de mayor longitud telomérica- que los menos entrenados, no encontrándose diferencias entre los jóvenes. Por último, se halló una asociación positiva entre el ratio T/S y el VO2max (Fig. 1), existiendo una fuerte correlación para los atletas de resistencia, pero relativamente débil para los deportistas recreacionales.

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Figura 1. Relación entre la longitud telomérica –evaluada como ratio T/S- y el VO2max en jóvenes y mayores.

Por tanto, observamos cómo la longitud de los telómeros se encuentra mejor preservada en los mayores entrenados en resistencia en comparación con los entrenados recreacionalmente, mostrando que en los mayores el entrenamiento regular se relaciona con la longitud telomérica. Este dato junto con la asociación positiva que se produce entre el VO2max y la longitud del telómero, revelarían una significancia clínica respecto a un mejor estado de salud y una mayor longevidad.

En definitiva, el ejercicio físico regular parece producir un retraso del proceso de envejecimiento biológico preservando la longitud de los telómeros y promoviendo el conocido como efecto “anti-aging”, siendo el VO2max un marcador representativo de la calidad del envejecimiento.


REFERENCIA

  1. Østhus, I. B. Ø., Sgura, A., Berardinelli, F., Alsnes, I. V., Brønstad, E., Rehn, T., … & Nauman, J. (2012). Telomere length and long-term endurance exercise: does exercise training affect biological age? A pilot study. PloS One, 7(12), e52769.

LA LACTANCIA MATERNA CONDICIONA LA FORMA EN LA QUE ENVEJECEMOS

Son sobradamente conocidos los beneficios de la lactancia materna durante los primeros meses de vida. Así, se relaciona con un menor riesgo de obesidad, de diabetes tipo II y de enfermedad cardiovascular durante la edad adulta. Sin embargo, los mecanismos que subyacen a esta relación no están del todo definidos, debiéndose presumiblemente a la gama de componentes bioactivos presentes en la leche materna, pero ausentes de la leche de fórmula.

Además estudios previos ha mostrado que la nutrición en las primeras etapas de la vida es fundamental para el desarrollo posterior, siendo éste especialmente sensible a variaciones en la ingesta nutricional en estas etapas. Por ejemplo, en el Healthy Lifestyle in Europe by Nutrition in Adolescence se halló que los adolescentes que habían recibido lactancia materna durante un mayor periodo de tiempo tenían mayor fuerza explosiva en los miembros inferiores (1).

Sin embargo, hasta ahora se desconocía la relación entre la alimentación durante los primeros meses de vida y la fuerza muscular en un momento clave como es a partir de los 65, puesto que es entonces cuando se producen las mayores pérdidas de masa y fuerza muscular secundarias a la edad.

Por ello, un estudio (2) analizó el efecto del tipo de lactancia recibida durante el periodo neonatal sobre la fuerza de agarre en 1.414 mujeres y 1.569 hombres mayores de 65 años. El 60% de los participantes recibieron únicamente lactancia materna, el 31% leche de fórmula alternada con lactancia materna y el 9% solamente leche de fórmula.

Sorprendentemente, entre los hombres estudiados se halló que la fuerza de agarre se relacionó con el tipo de alimentación recibida, de tal manera que haber recibido durante un mayor periodo de tiempo lactancia materna en la infancia se asoció con una mayor fuerza de agarre en la vida adulta. Esta asociación fue independiente del peso al nacer, del crecimiento del bebé, de la altura, de la dieta seguida y del nivel de actividad física. En contraste, el tipo de lactancia en la infancia no se relacionó con la fuerza de agarre entre las mujeres estudiadas.

Entre los principales mecanismos que se barajan, existe alguna evidencia de que la leche materna se une a menores niveles de proteína C-reactiva en el futuro (3), indicando un claro efecto protector frente a estados de inflamación de bajo grado como el que se produce durante la sarcopenia. Un segundo posible mecanismo se relacionaría con el efecto que la lactancia materna produce a largo plazo sobre la función endotelial. De acuerdo con esta hipótesis, en un estudio llevado a cabo entre adultos, la dilatación mediada por flujo –indicador de la función endotelial- fue mayor entre los hombres que habían recibido lactancia materna en comparación con los que habían sido alimentados con leche de fórmula (4).

Por tanto, estos resultados sugieren que la alimentación neonatal puede tener efectos durante toda la vida sobre la función muscular en los hombres y que una mayor exposición a la leche materna en la infancia se asocia con una mayor fuerza de agarre, datos de especial relevancia clínica ya que los niveles de fuerza muscular son predictores de la funcionalidad y la mortalidad en los mayores.


REFERENCIAS

  1. Artero, E. G., Ortega, F. B., España‐Romero, V., Labayen, I., Huybrechts, I., Papadaki, A., … & Manios, Y. (2010). Longer breastfeeding is associated with increased lower body explosive strength during adolescence. The Journal of Nutrition, 140(11), 1989-1995.
  2. Robinson, S. M., Simmonds, S. J., Jameson, K. A., Syddall, H. E., Dennison, E. M., Cooper, C., & Sayer, A. A. (2012). Muscle strength in older community-dwelling men is related to type of milk feeding in infancy. The Journals of Gerontology Series A: Biological Sciences and Medical Sciences, 67(9), 990-996.
  3. Singhal, A., Cole, T. J., Fewtrell, M., & Lucas, A. (2004). Breastmilk feeding and lipoprotein profile in adolescents born preterm: follow-up of a prospective randomised study. The Lancet, 363(9421), 1571-1578.
  4. Järvisalo, M. J., Hutri-Kähönen, N., Juonala, M., Mikkilä, V., Räsänen, L., Lehtimäki, T., … & Raitakari, O. T. (2009). Breast feeding in infancy and arterial endothelial function later in life. The Cardiovascular Risk in Young Finns Study. European Journal of Clinical Nutrition, 63(5), 640-645.

LAS PERSONAS MAYORES DEPORTISTAS RETRASAN LOS EFECTOS DEL ENVEJECIMIENTO SOBRE LA MASA MUSCULAR

El envejecimiento se asocia a una serie de cambios que incluyen entre otros una pérdida de masa y fuerza muscular, proceso denominado sarcoponia. Se ha descrito que entre los 40 y los 50 años se pierde aproximadamente un 8% de masa muscular, acelerándose este proceso hasta un 15% por década a partir de los 75 años. Debido a las importantes funciones de la masa muscular en el organismo, la sarcopenia supone grandes perjuicios para la salud, aumentando la prevalencia de morbi-mortalidad y disminuyendo, por tanto, la calidad de vida.

Esta degeneración muscular se ha asociado tradicionalmente al envejecimiento per se, influyendo factores como los cambios hormonales (disminución de testosterona, menopausia, etc). Sin embargo, un grupo de investigación (1) quiso evaluar si la sarcopenia podría deberse a la disminución de actividad física que suelen presentar las personas mayores, y no ser una consecuencia inevitable del envejecimiento. Para ello, evaluaron a 40 deportistas máster (hombres y mujeres) que entrenaban 4 o 5 días por semana, los cuales fueron divididos en grupos de edad comprendidos entre 40 y más de 70 años.

Curiosamente, los resultados mostraron que, al contrario de lo tradicionalmente observado en sujetos sedentarios, en atletas máster no había diferencias en la masa muscular total ni en el área muscular del muslo entre los sujetos de los distintos grupos de edad, ni siquiera en los mayores de 70 años. Además, tampoco se encontraron diferencias en la cantidad de grasa intramuscular o subcutánea, algo que sí se observa normalmente en sujetos mayores sedentarios. No obstante, otros cambios no pudieron ser totalmente revertidos, ya que los sujetos mayores de 70 años presentaban un 20% de disminución del área total del cuádriceps comparado con los sujetos de entre 40 y 60 años. También se encontró una disminución de la fuerza muscular asociada con la edad aunque sólo a partir de los 60 años, algo que ocurre mucho antes en sujetos sedentarios. Además, no sólo se retrasó esa pérdida de fuerza muscular, sino  que no se encontraron diferencias entre las edades comprendidas entre 60 y 80 años, lo que muestra que, una vez que se dio esa disminución inicial, los sujetos fueron capaces de mantenerla.

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Fig. 1. La figura muestra la sección trasversal del cuádriceps de un triatleta de 70 años y un hombre sedentario de 74 años. Se observa una importante disminución de masa muscular y un aumento de grasa intramuscular y subcutánea en el sujeto sedentario.

Estos resultados muestran que la sarcopenia asociada al envejecimiento puede ser evitada o al menos reducida mediante la realización de ejercicio físico durante toda la vida, confirmándose así que la disminución de actividad física es una de las principales causas de la pérdida de masa y función muscular. De nuevo, el ejercicio físico se muestra como esencial para el mantenimiento de la salud a cualquier edad, y muy especialmente en las personas mayores.


REFERENCIA

  1. Wroblewski, AP, Amati, F, Smiley, MA, Goodpaster, B, and Wright, V. Chronic exercise preserves lean muscle mass in masters athletes. Phys Sportsmed 39: 172–8, 2011.Available from: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/22030953

CREATINA, MUCHO MÁS QUE UN SUPLEMENTO PARA DEPORTISTAS

La creatina es un compuesto natural sintetizado a partir de 3 aminoácidos: arginina, glicina y metionina. Puede obtenerse de forma endógena, ya que el cuerpo es capaz de sintetizar una pequeña parte, mientras que el resto ha de aportarse de manera exógena, principalmente a través de alimentos como la carne y el pescado o de suplementación.

Dado que el 95% de las reservas de creatina se encuentran en el músculo esquelético (el 5% restante se halla en el cerebro, el hígado, los testículos y los riñones), la suplementación con creatina en la dieta ha sido tradicionalmente asociada a atletas y culturistas con el objetivo de aumentar la potencia, la fuerza y la masa muscular (1, 2).

El organismo tiene una capacidad limitada para la síntesis de creatina endógena. Por tanto, para conseguir un mayor incremento de sus niveles se tendrá que recurrir a la alimentación o a los suplementos dietéticos. Sin embargo, una vez alcanzada la concentración máxima de creatina en la célula muscular, la cual es de 160 mmol/kg, desaparecen los efectos beneficiosos asociados a su producción (1).

De forma similar a lo que ocurre con otros suplementos, un elevado aporte exógeno de creatina (como ocurre con la suplementación) puede disminuir la síntesis endógena de la misma. No obstante, este proceso se revierte una vez finalice la suplementación. Además, el tener pocos efectos secundarios no deseados, la convierte en un suplemento dietético de primera elección para los deportistas que pretendan obtener mejoras en su rendimiento.

Sin embargo, en la actualidad, ha emergido un nuevo rol de la creatina (3) proponiéndose que podría desempeñar un importante papel como método de prevención o retraso de la aparición de enfermedades asociadas al envejecimiento, donde se ha observado que los niveles de creatina se van reduciendo especialmente en el músculo esquelético.

La creatina puede ser fácilmente transportada a través de la barrera hematoencefálica, por lo que se sugiere que la suplementación exógena de creatina podría aumentar las concentraciones en el cerebro, donde la síntesis endógena será menor conforme la persona vaya envejeciendo. Por tanto, en los trastornos neurodegenerativos la creatina podría ayudar a retardar la progresión de la enfermedad.

En este sentido, la creatina ha demostrado ejercer propiedades antioxidantes sobre el cerebro, reducir la fatiga mental y protegerlo frente a la neurotoxicidad secundaria a ciertos tratamientos además de mejorar componentes relacionados con los trastornos neurológicos como la depresión y el trastorno bipolar. En resumen, la combinación de todos estos beneficios ha convertido a la creatina en una de las terapias líderes en la lucha contra las enfermedades y trastornos asociados con el envejecimiento del cerebro, como el Parkinson, la enfermedad de Huntington, la esclerosis lateral amiotrófica y los accidentes cerebrovasculares.


REFERENCIAS

  1. Harris, R. C., Söderlund, K., & Hultman, E. (1992). Elevation of creatine in resting and exercised muscle of normal subjects by creatine supplementation. Clinical Science, 83(3), 367-374.
  2. Greenhaff, P. L., Casey, A., Short, A. H., Harris, R., Soderlund, K., & Hultman, E. (1993). Influence of oral creatine supplementation of muscle torque during repeated bouts of maximal voluntary exercise in man. Clinical Science, 84(5), 565-571.
  3. Smith, R. N., Agharkar, A. S., & Gonzales, E. B. (2014). A review of creatine supplementation in age-related diseases: more than a supplement for athletes. F1000Research, 3(222).