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¿POR QUÉ IR A LA ESCUELA EN BICICLETA DEBERÍA SER UNA ASIGNATURA MÁS?

El desplazamiento activo al colegio -es decir, ir en bici o caminando- puede resultar una sencilla estrategia para incrementar el nivel de actividad física en los niños y, con ello, la capacidad cardiorrespiratoria (1). Los factores que pueden influenciar la decisión respecto a desplazarse activamente son el nivel socioeconómico, las características del entorno y la percepción que tengan de éste padres y niños, el nivel educativo de los padres, y la distancia entre la escuela y la casa.

Sin embargo, mientras que la asociación entre la movilidad activa y la capacidad cardiorrespiratoria ha sido ampliamente contrastada, para otros componentes de la condición física y de la composición corporal no está tan clara (1). Por ello, un grupo de investigadores liderados por el Dr. Ramírez Vélez , del grupo CEMA (Colombia), y el Dr. Villa González, del grupo PROFITH de la Universidad de Granada, analizó la relación entre desplazarse en bicicleta hacia/desde la escuela al menos 3 días en semana y factores de riesgo cardiometabólicos – la circunferencia de cintura , presión arterial, perfil lipídico y glucosa en sangre-, así como diferentes medidas de condición física – fitness muscular de hemisferio superior e inferior, flexibilidad y capacidad cardiorrespiratoria- en 2877 niños y adolescentes de entre 9 y 18 años (2).

Sorprendentemente, solo el 23% de los encuestados utilizaban la bicicleta para ir a la escuela. En el caso de los chicos, un porcentaje significativamente menor de los que iban en bicicleta tuvo valores por debajo de lo considerado saludable en los parámetros de flexibilidad y velocidad-agilidad en comparación con los que  no se desplazaban de forma activa. En el caso de ellas, las que se desplazaban 3 o más días en bicicleta se encontraban en un menor porcentaje en la categoría “no saludable” para las medidas de fitness muscular del hemisferio inferior, velocidad-agilidad y capacidad cardiorrespiratoria (tabla 1). Asimismo, estas chicas tuvieron menor probabilidad de tener síndrome metabólico comparadas con las que no se desplazaban activamente (OR, 0.61; 95% CI, 0.35-0.99; P = .048). Por último, el factor más determinante para promover la movilidad activa fue el nivel educativo de los padres. Un mayor nivel educativo de estos se asoció con una mayor probabilidad de que los hijos/as se desplazasen a la escuela en bicicleta.

Tabla 1. Relación entre ir hacia/desde la escuela en bicicleta, condición física y riesgo cardiometabólico, por sexos.

Por tanto, observamos cómo el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela se asocia con una mejor condición física y un menor riesgo de síndrome metabólico, especialmente en las niñas. Por ello, estos resultados, junto con los de otros estudios del grupo PROFITH, deberían proporcionar un impulso que incentivase los cambios sociales, ambientales e individuales necesarios para promover de forma segura el desplazamiento en bicicleta hacia/desde la escuela por parte de niños y adolescentes, favoreciendo en consecuencia un estilo de vida más saludable.


REFERENCIAS

  1. Larouche, R., Saunders, T. J., John Faulkner, G. E., Colley, R., & Tremblay, M. (2014). Associations between active school transport and physical activity, body composition, and cardiovascular fitness: a systematic review of 68 studies. Journal of Physical Activity and Health, 11(1), 206-227.
  2. Ramírez-Vélez, R., García-Hermoso, A., Agostinis-Sobrinho, C., Mota, J., Santos, R., Correa-Bautista, J. E., … & Villa-González, E. (2017). Cycling to school and body composition, physical fitness, and metabolic syndrome in children and adolescents. The Journal of Pediatrics, 188, 57-63.

¿CÓMO COMBATIR AL GEN DE LA OBESIDAD?

Según datos del Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE) realizado por la Sociedad Española de Cardiología, el 39,3% y el 21,6% de los españoles de entre 25 y 64 años padecen sobrepeso y obesidad, respectivamente.

En 2007 se demostró que, además de factores ambientales, la genética desempeña un importante papel en la elevada incidencia de obesidad (1). Así, se observó que determinados polimorfismos (variantes) del gen asociado con la masa grasa y la obesidad (FTO, por sus siglas en inglés) incrementan en un 20-30% el riesgo de padecer obesidad. En la actualidad el 74% de los europeos y el 76% de los norteamericanos son portadores de una mutación en el gen FTO.

Tras el hallazgo de la relación entre el gen FTO y la obesidad, varios estudios hallaron que la actividad física podría atenuar el efecto del FTO sobre el peso corporal, mientras que otros fueron incapaces de replicar dicho resultado, dejando sin resolver si la actividad física reduciría el efecto del gen FTO sobre la obesidad y, en caso afirmativo, en qué medida.

Recientemente, un meta-análisis analizó la interacción entre el gen FTO y la actividad física con respecto a la obesidad (2). El estudio incluyó a 218.166 adultos pertenecientes a 45 estudios y 19.268 niños y adolescentes de 9 estudios.

Al combinar los datos de los 45 estudios en adultos, se confirmó que la actividad física atenúa el efecto de las variantes genéticas del FTO a nivel del porcentaje de grasa, del IMC y de la circunferencia de cintura, disminuyendo el riesgo de obesidad en un 30% en sujetos físicamente activos en comparación con los inactivos. Sin embargo, entre los niños y adolescentes no se encontró asociación entre los polimorfismos del FTO y la actividad física.

Estos resultados transmiten un importante mensaje de salud pública y es que, aunque la genética puede aumentar el riesgo de padecer sobrepeso u obesidad, la adopción de un estilo de vida activo parece minimizar los efectos de una alta predisposición genética.


REFERENCIAS

  1. Gerken, T., Girard, C. A., Tung, Y. C. L., Webby, C. J., Saudek, V., Hewitson, K. S., … & Galvanovskis, J. (2007). The obesity-associated FTO gene encodes a 2-oxoglutarate-dependent nucleic acid demethylase. Science, 318(5855), 1469-1472.
  2. Kilpeläinen, T. O., Qi, L., Brage, S., Sharp, S. J., Sonestedt, E., Demerath, E., … & Holzapfel, C. (2011). Physical activity attenuates the influence of FTO variants on obesity risk: a meta-analysis of 218,166 adults and 19,268 children. PLoS Medicine, 8(11), e1001116.