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FUERZA O RESISTENCIA, ¿CUÁL PROTEGE MÁS FRENTE A LA MORTALIDAD?

La capacidad cardiorrespiratoria (CRF, por sus siglas en inglés), popularmente conocida como “resistencia”, ha mostrado ser un importante factor pronóstico de multitud de enfermedades como las cardiovasculares o algunos tipos de cáncer, estando inversamente relacionada con el riesgo de mortalidad. Es por ello que el ejercicio físico aeróbico o de resistencia ha sido tradicionalmente ensalzado como el tipo de actividad que mayores beneficios podría aportar a la salud. Sin embargo, en los últimos años otro indicador clave de la forma física, la fuerza muscular, está aumentando su popularidad en el ámbito de la salud al estar también inversamente asociada al riesgo de diversas patologías y de mortalidad.

En un reciente estudio (Kim, 2018) se analizó cuál de estos dos factores está más relacionado con el riesgo de mortalidad, o si la combinación de ambos componentes de la forma física podría aportar algún valor añadido. Los autores analizaron a más de setenta mil participantes de entre 40 y 70 años a los que se les midió tanto la fuerza de prensión manual con un dinamómetro como la CRF mediante una prueba de esfuerzo en bicicleta. Tras esto, se les realizó un seguimiento durante aproximadamente 6 años en los que murieron 832 participantes. Los resultados mostraron que, al analizar por separado la CRF y la fuerza muscular, ambos estaban relacionados de forma similar con el riesgo de mortalidad por cualquier causa, así como con la mortalidad específica por enfermedad cardiovascular o cáncer. Sin embargo, el principal hallazgo fue que la combinación de ambos factores, es decir, una alta fuerza muscular y una alta CRF, reducía enormemente el riesgo de mortalidad en comparación con altos niveles de cada factor por separado.

Así, estos resultados muestran que aunque tanto la CRF como la fuerza muscular son factores independientemente relacionados con el riesgo de mortalidad, ambas capacidades deben ser tomadas como marcadores complementarios y no suplementarios de la forma física. Además, los resultados refuerzan la importancia de mantener tanto una buena “capacidad aeróbica” como una buena fuerza muscular para maximizar los beneficios del ejercicio sobre la salud. ¿Fuerza o resistencia? Mejor los dos.


REFERENCIAS

  • Kim et al. (2018) The combination of cardiorespiratory fitness and muscle strength, and mortality risk. European Journal of Epidemiology. 33: 953-964.

HIIT, ¿EL ARMA MÁS EFECTIVA PARA LA PÉRDIDA DE GRASA?

Simplificando quizá en exceso y más allá de complejos procesos fisiológicos -muchos de ellos todavía en discusión-, los cambios en el peso corporal son el resultado de un equilibrio entre la ingesta y el gasto energético. Así, el ejercicio físico debe ser, junto con una adecuada nutrición, una piedra angular para favorecer la pérdida de peso.

Son numerosas las estrategias disponibles para aumentar el gasto energético, y en personas sedentarias cualquiera de ellas puede ser efectiva (en mayor o en menor medida) para aportar beneficios con respecto a su conducta previa. Es decir, siempre es mejor moverse que no hacerlo. Sin embargo, cada vez una mayor evidencia sugiere que unos tipos de ejercicio pueden ser más recomendables que otros. En este sentido, dos de los tipos de ejercicio más comúnmente realizados para la pérdida de peso son el ejercicio continuo a intensidad moderada (>30 minutos a una intensidad de en torno al 60% de la frecuencia cardíaca máxima [es decir, una intensidad a la que se puede hablar sin jadear en exceso], incluyendo andar rápido, trotar o montar en bici) y el entrenamiento interválico de alta intensidad (también conocido como HIIT, y consistente en realizar varias series de hasta 4-5 minutos pero a una intensidad por encima del umbral, es decir, a la que cueste hablar con facilidad).

Con el fin de comparar la efectividad de estos ejercicios para la pérdida de peso, un reciente meta-análisis publicado en la prestigiosa revista British Journal of Sports Medicine [1] analizó un total de 36 estudios con más de 1000 participantes que entrenaron durante más de 4 semanas. Los resultados mostraron que ambos tipos de ejercicio redujeron la cantidad de masa grasa, pero esta reducción fue mayor en aquellos participantes que hicieron HIIT. En concreto, el HIIT supuso una pérdida de algo más de 2 kg más de grasa que el entrenamiento continuo, y estas mejoras fueron aún mayores (más de 3 kg con respecto al entrenamiento continuo) cuando el HIIT se hizo con series muy cortas (entre 8 y 30 segundos) pero a la máxima intensidad posible.

Por otro lado, es importante remarcar también que los entrenamientos de intensidad moderada duraban de media aproximadamente 38 minutos, mientras que las sesiones de HIIT duraron 28 minutos contando los descansos. Además, algunas variables como realizar el entrenamiento corriendo en vez de en bicicleta, tener menos de 30 años o realizar el entrenamiento de forma supervisada mostraron favorecer la pérdida de grasa.

En resumen, estos datos muestran el HIIT como una estrategia más efectiva y más eficiente para la pérdida de peso que otro método posiblemente más comúnmente utilizado como es salir a hacer ejercicio a una intensidad moderada pero de forma continua. No obstante, es importante remarcar que la estrategia más efectiva será siempre aquella que provoque la mayor adherencia. El mejor ejercicio es aquel que se realiza.


REFERENCIAS

[1] Viana RB, et al. Is interval training the magic bullet for fat loss? A systematic review and meta-analysis comparing moderate-intensity continuous training with high-intensity interval training (HIIT). British Journal of Sports Medicine. 2019. In press. doi:10.1136/bjsports-2018-099928

HACER MÁS DE 10 FLEXIONES SEGUIDAS DISMINUYE EL RIESGO CARDIOVASCULAR

En un estudio longitudinal de 10 años, los participantes que pudieron completar más de 10 flexiones presentaron una reducción significativa de riesgo cardiovascular en comparación con aquellos que completaron menos. Los que pudieron hacer más de 40, tuvieron una reducción del 96%. Además, se vio que la disminución de riesgo cardiovascular fue más lineal en las flexiones que con el parámetro de VO2 max. Estos resultados sugieren que es razonable evaluar el estado funcional en clínica mediante pruebas básicas o cuestionarios.

REFERENCIA

  • Yang J, Christophi CA, Farioli A, et al. Association Between Push-up Exercise Capacity and Future Cardiovascular Events Among Active Adult Men. JAMA Netw Open. 2019;2(2):e188341.

 

¿ES MEJOR EL HIIT O EL ENTRENAMIENTO CONTINUO PARA MEJORAR LA FUNCIÓN ENDOTELIAL?

En una anterior entrada de nuestro blog, comentábamos los beneficios del entrenamiento continuo a intensidad moderada (MCT, por sus siglas en inglés) sobre la función endotelial, promoviendo una disminución del riesgo cardiovascular.

Recientemente se ha publicado un estudio (1) comparando los efectos del MCT frente a los del entrenamiento interválico de alta intensidad (HIIT) sobre parámetros de la función del endotelio vascular en 21 sujetos sedentarios (entre 18 y 45 años). El periodo de entrenamiento en ambos grupos se extendió durante 12 semanas, con una frecuencia de 3 sesiones semanales. El grupo MCT entrenó al 60-75% de la frecuencia cardíaca de reserva (FCR) durante 30-35 min, mientras que el grupo HIIT lo hizo en intervalos de 4 × 4 min al 85–95% de la FCR (manteniendo esa intensidad durante al menos 2 min), con un período de recuperación de 4 min al 75–85% de la FCR.

Tras el programa de entrenamiento, se observó una reducción del 1% en la dilatación de la arteria braquial mediada por flujo (DMF) en el grupo MCT, mientras que en el grupo HIIT, este parámetro aumentó un 1,8%, aunque sin diferencias significativas entre ambos grupos. La velocidad de la onda de pulso (VOP) aumentó 0,1 m/seg en el grupo MCT, mientras que se redujo 0,4 m/seg en el grupo HIIT, encontrándose diferencias significativas inter-grupos. Por último, el análisis de la respuesta inter-individual no mostró diferencias significativas entre los grupos en la prevalencia de nonresponders para la DMF (66% versus 36%, para MCT y HIIT, respectivamente, p = 0.157) ni para la VOP (77% versus 45%, para MCT y HIIT, respectivamente, p = 0.114).

Como conclusión, observamos cómo comparado con el MCT, el HIIT es más eficaz reduciendo la VOP en sujetos sedentarios, mejorando con ello la función endotelial y, por tanto, la salud cardiovascular. Finalmente, debemos atender a este tipo de estudios para conocer qué estrategias son las más eficaces, pero siempre dándole preponderancia a la individualización con el fin de reducir el porcentaje de nonresponders.


REFERENCIA

  • Ramírez-Vélez R, Hernández-Quiñones PA, Tordecilla-Sanders A, Álvarez C, Ramírez-Campillo R, Izquierdo M, … & Garcia RG (2019). Effectiveness of HIIT compared to moderate continuous training in improving vascular parameters in inactive adults. Lipids in Health and Disease, 18(1), 42.

EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA REDUCE LA MORTALIDAD EN SUPERVIVIENTES DE CÁNCER

Un estudio que incluyó a 2.863 supervivientes de cáncer, examinó la asociación entre el entrenamiento de fuerza y la mortalidad por cualquier causa. Se concluyó que entrenar fuerza al menos una vez a la semana reduce un 33% la mortalidad, evidenciando el beneficio de tener unos niveles de fuerza altos en supervivientes de cáncer.

BENEFICIOS DEL EJERCICIO FÍSICO EN PACIENTES CON ENFERMEDAD MITOCONDRIAL

Las enfermedades mitocondriales son el tipo de patología neuromuscular más prevalente y, sin embargo, aún no existe cura para ellas. Entre sus síntomas, es muy frecuente la aparición de miopatía mitocondrial y de deterioro de la capacidad funcional.

Varios estudios han demostrado con anterioridad los beneficios del entrenamiento aeróbico en pacientes con enfermedad mitocondrial sobre variables clave como el VO2pico debido a la mejora de la biogénesis mitocondrial y la capacidad oxidativa muscular (1-4). Sin embargo, existe menos evidencia respecto al papel del entrenamiento de fuerza en estos pacientes (5, 6).

Por ello, un estudio (7) recientemente publicado y galardonado con el 2º Premio Nacional de Investigación en Medicina del Deporte 2017 analizó el efecto de 8 semanas de entrenamiento concurrente junto con entrenamiento de la musculatura inspiratoria en 12 pacientes con enfermedad mitocondrial. Las variables estudiadas antes, después y a las 4 semanas de haber finalizado la intervención (desentrenamiento) fueron: capacidad aeróbica, fuerza/potencia muscular, presión respiratoria máxima, capacidad de realizar actividades de la vida diaria (AVD), composición corporal, calidad de vida y mioquinas.

Figura 1. Representación gráfica del diseño del estudio.

El análisis de los resultados mostró un aumento en las variables relacionadas con la potencia aeróbica, fuerza muscular y potencia de los músculos respiratorios, manteniéndose algunas de las mejoras tras el periodo de desentrenamiento y siendo incluso más altas que al inicio del estudio. Asimismo, tras el entrenamiento, se encontró una mejora en la capacidad funcional, AVD, variables de composición corporal y percepción del estado de salud general, aunque seguida de la pérdida de parte de dichas mejoras tras las 4 semanas de desentrenamiento. Por último, no se hallaron diferencias en los niveles de las mioquinas, salvo un efecto agudo del ejercicio en la IL-8 en el post- y desentrenamiento, y en la proteína ‘fatty acid binding protein 3’ en el desentrenamiento.

En definitiva, un programa de 8 semanas de duración combinando entrenamiento aeróbico, de fuerza y de los músculos inspiratorios proporcionó beneficios sobre numerosos indicadores de capacidad física y un cambio hacia una composición corporal más saludable en pacientes con enfermedad mitocondrial. Por tanto, a pesar de ser una enfermedad rara, no hemos de dejar de lado a estos pacientes, y es que una vez más vemos cómo cualquier persona, sea cual sea su condición y su estado de salud, puede beneficiarse de las bondades del ejercicio físico.


REFERENCIAS

  1. Jeppesen TD, DunL M, Schwartz M, et al. Short- and long-term effects of endurance training in patients with mitochondrial myopathy. Eur J Neurol. 2009;16:1336–9.
  2. Bates MG, Newman JH, Jakovljevic DG, et al. Defining cardiac adaptations and safety of endurance training in patients with m.3243A 9 G-related mitochondrial disease. Int J Cardiol. 2013;168:3599–608.
  3. Jeppesen TD, Schwartz M, Olsen DB, et al. Aerobic training is safe and improves exercise capacity in patients with mitochondrial myopathy. Brain. 2006;129:3402–12.
  4. Taivassalo T, Gardner JL, Taylor RW, et al. Endurance training and detraining in mitochondrial myopathies due to single large-scale mtDNA deletions. Brain. 2006;129:3391–401.
  5. Cejudo P, Bautista J, Montemayor T, et al. Exercise training in mitochondrial myopathy: a randomized controlled trial. Muscle Nerve. 2005;32:342–50.
  6. Murphy JL, Blakely EL, Schaefer AM, et al. Resistance training in patients with single, large-scale deletions of mitochondrial DNA. Brain. 2008;131:2832–40.
  7. Fiuza-Luces C, Díez-Bermejo J, Fernández-De la Torre M, Rodríguez-Romo G, Sanz-Ayán P, Delmiro A, … & Morán M. Health Benefits of an Innovative Exercise Program for Mitochondrial Disorders. Med Sci Sports Exerc. 2018;50:1142-1151.

UNA MÍNIMA CANTIDAD DE EJERCICIO MEJORA LA SALUD

Son ya innumerables las ocasiones en las que hemos mencionado la preocupante prevalencia de obesidad, diabetes y otras enfermedades metabólicas en la población occidental. De hecho, la obesidad es ya considerada la gran epidemia del siglo XXI. Los beneficios del ejercicio físico para la prevención de estas patologías han sido ampliamente demostrados; pero aun así, el sedentarismo sigue prevaleciendo: al menos 1 de cada 4 personas no se mueve lo suficiente (Guthold, 2018). El ritmo vertiginoso de la sociedad occidental (largas jornadas de trabajo y una agenda familiar apretada) con la consiguiente falta de tiempo se utilizan a menudo como motivos para justificar el no hacer ejercicio. Sin embargo, estudios recientes nos muestran que incluso cuando el tiempo disponible es mínimo podemos obtener grandes beneficios con el ejercicio físico.

Hace un tiempo comentábamos en nuestro blog un estudio en el que se mostró que la realización de un entrenamiento de 7 minutos de forma diaria favorece la disminución del índice de masa corporal, la circunferencia de cintura y cadera, y el porcentaje de grasa pese a no cambiar los hábitos alimenticios (Mattar, 2017). De forma similar, recientemente ha sido publicado un estudio que muestra cómo tres sesiones semanales de pesas con una duración de 13 minutos son suficientes para aumentar la fuerza muscular en personas entrenadas, siendo las mejoras similares a las obtenidas con mayores volúmenes de entrenamiento (Schoenfeld, 2019). Por si aún quedaban excusas, el grupo del Dr. Gibala ha mostrado que realizar algo tan simple como subir escaleras (60 escalones, aproximadamente 20 segundos) a la mayor intensidad posible tres veces al día durante 6 semanas es suficiente para mejorar la capacidad cardiorrespiratoria en personas sedentarias (Allison, 2017; Jenkins, 2019). Además, el mismo grupo de investigación (Gillen, 2016) ha mostrado que realizar tres sprints de 20 segundos en bicicleta con 2 minutos de descanso (duración total de la sesión de 10 minutos) mejora la sensibilidad a la insulina, la capacidad oxidativa muscular y la capacidad cardiorrespiratoria de forma similar que una sesión con una duración 5 veces mayor (50 minutos) pero realizada a intensidad moderada.

En resumen, estos estudios muestran que dosis mínimas de ejercicio (< 15 minutos, e incluso de 1 minuto al día) pueden ser suficientes para mejorar la composición corporal o la forma física, con los consiguientes beneficios para la salud. No hay excusas, solo prioridades: siempre hay tiempo para hacer ejercicio.


REFERENCIAS

Guthold R, et al (2018) Worldwide trends in insufficient physical activity from 2001 to 2016: a pooled analysis of 358 population-based surveys with 1·9 million participants. The Lancet. 6(10): PE1077-E1086.

Mattar LE, et al (2017). Effect of 7-minute workout on weight and body composition. The Journal of sports medicine and physical fitness, 57(10): 1299-1304.

Schoenfeld BJ, et al (2019) Resistance Training Volume Enhances Muscle Hypertrophy but Not Strength in Trained Men. Medicine and Science in Sports and Exercise. 51(1):94-103.

Allison MK, et al (2017) Brief Intense Stair Climbing Improves Cardiorespiratory Fitness. Medicine and Science in Sports and Exercise. 49(2): 298-307.

Jenkins EM, et al (2019) Do Stair Climbing Exercise “Snacks” Improve Cardiorespiratory Fitness? Appl Physiol Nutr Metab. In press.

Gillen JB, et al (2016) Twelve Weeks of Sprint Interval Training Improves Indices of Cardiometabolic Health Similar to Traditional Endurance Training despite a Five-Fold Lower Exercise Volume and Time Commitment. PLOS one. 11(4): e0154075.

LOS BENEFICIOS DE REALIZAR EJERCICIO FÍSICO DURANTE TODA LA VIDA EN LA VEJEZ

La población sigue envejeciendo progresivamente como consecuencia de un descenso de la natalidad y un aumento de la esperanza de vida. Uno de los problemas asociados a este envejecimiento es que el aumento en la esperanza de vida no va asociado necesariamente a una mejor calidad de vida, es decir, muchas veces esos años ‘extra’ no son precisamente unos años en los que nuestras condiciones físicas y mentales nos permitan disfrutar. Vivimos más, pero a su vez sufrimos de una mayor incidencia de enfermedades relacionadas con la edad como la sarcopenia o enfermedades neurodegenerativas (ej. Alzheimer).

Realizar ejercicio físico durante toda la vida parece ser una estrategia eficaz para atenuar o incluso evitar estos efectos del envejecimiento, como confirman estudios muy recientes. Un meta-análisis que incluyó 55 estudios observó que las personas con más de 60 años y que llevaban al menos 20 años entrenando presentaban un consumo de oxígeno y una fuerza similares a las de jóvenes sanos, y mejores que el de personas mayores que no realizaban ejercicio (Mckendry et al. 2018). De forma similar, un estudio muy reciente publicado en la revista Aging Cellha mostrado como las personas mayores (55-79 años) que han mantenido un alto nivel de actividad física durante toda su vida (26 años de experiencia media en ciclismo) no presentan prácticamente ningún empeoramiento asociado al envejecimiento en las propiedades musculares (composición, tipo y tamaño de fibras musculares, así como contenido mitocondrial) (Pollock et al. 2018). Por último, otro estudio ha confirmado recientemente que las personas mayores que realizan ejercicio durante toda su vida (personas de más de 70 años que habían realizado más de 50 años de ejercicio aeróbico) disminuyen el deterioro en la capacidad cardiorrespiratoria y evitan la reducción en capilaridad muscular y actividad enzimática, manteniéndose estas variables similares a las de personas jóvenes entrenadas (Gries et al. 2018).

Aunque nunca es tarde y se pueden obtener beneficios incluso a la más avanzada edad, cada vez más evidencia apoya el papel de realizar ejercicio durante toda la vida y especialmente de mantenerlo al llegar a la vejez.

REFERENCIAS

  • Gries KJ, Raue U, Perkins RK, et al (2018) Cardiovascular and skeletal muscle health with lifelong exercise. J Appl Physiol 125:1636–1645. doi: 10.1152/japplphysiol.00174.2018
  • Mckendry J, Breen L, Shad BJ, Greig CA (2018) Muscle morphology and performance in master athletes: A systematic review and meta-analyses. Ageing Res Rev 45:62–82. doi: 10.1016/j.arr.2018.04.007
  • Pollock RD, O’Brien KA, Daniels LJ, et al (2018) Properties of the vastus lateralis muscle in relation to age and physiological function in master cyclists aged 55–79 years. Aging Cell. doi: 10.1111/acel.12735

¿ES LA SUPLEMENTACIÓN CON CREATINA ÚTIL EN DEPORTES DE RESISTENCIA?

La creatina es uno de los suplementos más populares entre aquellos deportistas que buscan mejorar su fuerza o explosividad, así como en aquellos que buscan hipertrofiar con fines estéticos al aumentar la retención de líquido intracelular. Su eficacia en este tipo de ejercicios de corta intensidad se debe a que mejora la disponibilidad de energía (ATP) de forma rápida, ya que la fosfocreatina (PCr) se disocia cediendo un fosfágeno (P) que puede unirse a una molécula de ADP, formando así ATP. Sin embargo, pese a que su uso está muy extendido en deportes de corta duración, pocos son los deportistas de resistencia que valoran su ingesta para mejorar el rendimiento en esfuerzos de larga duración.

El rendimiento en esfuerzos de larga duración está altamente condicionado por la disponibilidad de glucógeno, ya que cuando este sustrato se agota aparece la fatiga (el denominado muro o pájara), especialmente cuando el metabolismo de las grasas es poco eficiente. En un muy reciente estudio [1] se evaluó el posible efecto de la suplementación con creatina en la reposición de los depósitos de glucógeno tras el esfuerzo. En él, tras realizar una sesión de ejercicio en la que disminuían los depósitos de glucógeno (pedalear hasta el agotamiento al 70% VO2max), los sujetos se suplementaban durante 6 días con creatina (20 gr/día) o placebo junto con una dieta alta en carbohidratos (>80%). Los resultados mostraron que la suplementación con creatina, además de aumentar los depósitos de PCr y creatina libre, aumentó los depósitos de glucógeno en comparación con el grupo placebo desde el primer día de suplementación, manteniéndose en los 5 días posteriores. Por lo tanto, la suplementación con creatina -junto con la ingesta adecuada de carbohidratos- parece una estrategia eficaz para mejorar los procesos de recuperación entre entrenamientos o de cara a una competición.

Fissac _ creatina rendimiento resistencia

Fig. 1. La suplementación con creatina podría ser de gran utilidad para la recuperación de los depósitos de glucógeno entre sesiones, especialmente en aquellos deportes en los que se compite por etapas como el ciclismo.

Otros estudios han querido evaluar si esa mejora en el contenido de glucógeno tras la suplementación con proteína y carbohidratos se transforma realmente en un mejor rendimiento en deportes de resistencia. Así, un estudio [2] realizado en remeros de élite constató que, tras 7 días de entrenamiento junto con suplementación con creatina o placebo, el grupo que había consumido creatina aumentaba su umbral láctico en un test incremental (de 314,3 ± 5,0 a 335,6 ± 7,1 W) además del rendimiento en un test de alta intensidad.

Por otro lado, otro estudió en corredores [3] mostró que los niveles de lactato como respuesta a una carrera de 60 minutos al 60-75% VO2max eran menores tras suplementación con creatina, lo que sugiere que se disminuyó la degradación de glucógeno durante el ejercicio. No obstante, estos autores no aportan datos sobre los efectos en el rendimiento en este esfuerzo. Por último, un estudio en ciclistas [4] evaluó el efecto de la suplementación con creatina en el rendimiento en sprint tras dos horas de pedaleo al 60% VO2max encontrando un aumento del 33% en el rendimiento tanto en el grupo placebo como en el tratado, pese a que solo en el grupo tratado se obtuvieron mejoras a nivel de eficiencia metabólica (menor consumo de oxígeno para cargas submáximas).

En resumen, parece que la suplementación con creatina debe ser una herramienta a tener en cuenta tanto en deportes de alta intensidad y corta duración, donde ya es muy popular, como en deportes de larga duración, donde puede ayudar en los procesos de recuperación para posteriores entrenamientos así como mejorar el rendimiento. No obstante, hay que tener en cuenta posibles efectos negativos como un aumento de peso por la mayor acumulación de líquido intracelular, algo que podría llegar a afectar el rendimiento en aquellas disciplinas en las que el peso juegue un papel fundamental.


RERERENCIAS

  1. Roberts PA, Fox J, Peirce N, Jones SW, Casey A, Greenhaff PL. Creatine ingestion augments dietary carbohydrate mediated muscle glycogen supercompensation during the initial 24 h of recovery following prolonged exhaustive exercise in humans. Amino Acids [Internet]. 2016;48(8):1831–42. Available from: http://link.springer.com/10.1007/s00726-016-2252-x
  2. Chwalbiñska-Moneta J. Effect of creatine supplementation on aerobic performance and anaerobic capacity in elite rowers in the course of endurance training. Int J Sport Nutr Exerc Metab. 2003;13(2):173–83.
  3. Tang FC, Chan CC, Kuo PL. Contribution of creatine to protein homeostasis in athletes after endurance and sprint running. Eur J Nutr. 2014;53(1):61–71.
  4. Hickner RC, Dyck DJ, Sklar J, Hatley H, Byrd P. Effect of 28 days of creatine ingestion on muscle metabolism and performance of a simulated cycling road race. J Int Soc Sports Nutr. 2010;7:26.