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EFECTOS DE AUMENTAR LA INTENSIDAD DEL EJERCICIO EN LA LIBERACIÓN DE MIOCINAS Y ADIPOCINAS

El tradicionalmente denominado ejercicio ‘aeróbico’ es uno de los más populares, siendo posiblemente el más prescrito para la mejora del estado cardiovascular. De hecho, el ejercicio aeróbico ha mostrado reducir la incidencia de numerosos factores de riesgo como la obesidad, la hipertensión, la diabetes tipo 2 o la hiperlipidemia, aunque existe poca información en torno a si estos beneficios se maximizan al incrementar la intensidad del ejercicio.

Para estudiar los beneficios del ejercicio, uno de los marcadores que se pueden medir son las miocinas (también llamadas mioquinas). Las miocinas son una serie moléculas producidas por los músculos al contraerse, y que ejercen diversos beneficios en otros tejidos y sistemas. Así, estudiar la producción de miocinas ante ejercicios de distinta intensidad podría permitir determinar qué tipo de estímulo podría provocar los mayores beneficios. Bajo esta premisa, el miembro de Fissac Pedro L. Valenzuela ha publicado recientemente en la revista Frontiers in Physiology un estudio (He et al., 2019) en el que se evaluó la respuesta de distintas miocinas ante dos intensidades de ejercicio aeróbico. En concreto, 14 sujetos realizaron 45 minutos de ejercicio a la intensidad Fatmax (la intensidad a la que se produce la mayor oxidación de grasas, situado en torno al 52% del consumo máximo de oxígeno) o a la intensidad del umbral anaeróbico (la máxima intensidad que se puede mantener de forma estable con contribución prioritaria del metabolismo oxidativo, situado en torno al 85% del consumo máximo de oxígeno), y se midió la concentración de distintas miocinas antes del ejercicio y en varios momentos en las horas posteriores.

Los resultados mostraron que realizar ejercicio a una mayor intensidad (es decir, al umbral en vez de al Fatmax) supuso un mayor gasto energético total. Además, se observaron mayores niveles de miocinas como FGF-21 (la cual se asocia a beneficios cardiometabólicos mediante la regulación de la homeostasis de la glucosa y el aumento de la termogénesis y la lipólisis) y folistatina (la cual favorece el crecimiento muscular, y podría mejorar también la homeostasis de la glucosa y la lipolisis). Por otro lado, una mayor intensidad de ejercicio tendió a disminuir en mayor medida los niveles de resistina, una molécula producida por el tejido adiposo (denominada adipocina o adipoquina) y que se asocia a obesidad y a resistencia insulínica.

En resumen, estos resultados confirman que, si bien el ejercicio aeróbico es en general beneficioso, aumentar la intensidad puede aportarnos mayores beneficios a nivel cardiometabólico y muscular.  Es importante mencionar que la concentración de algunas de las miocinas analizadas no aumentó al incrementar la intensidad de ejercicio, por lo que futuros estudios deberán determinar si es necesario modificar otras variables (e.g., aumentar el volumen de entrenamiento, entrenar fuerza en vez de resistencia, o aumentar aún más la intensidad) para maximizar los beneficios obtenidos.


REFERENCIA

  • He Z, Tian Y, Valenzuela PL, et al. Myokine/Adipokine Response to “Aerobic” Exercise: Is It Just a Matter of Exercise Load? Frontiers in Physiology. 10: 691. doi: 10.3389/fphys.2019.00691

LOS SUPERVIVIENTES DE CÁNCER PEDIÁTRICO TIENEN MAYOR RIESGO DE MORTALIDAD ASOCIADO A UNA PEOR FORMA FÍSICA

Los tratamientos contra el cáncer pediátrico han mejorado considerablemente en las últimas dos décadas, como refleja un incremento en la supervivencia global de la enfermedad, situándose en torno al ~80%. Pese a ello, los largos supervivientes de cáncer pediátrico (más de 5 años desde el diagnóstico) están expuestos a un mayor riesgo de mortalidad prematura y de efectos negativos a corto y largo plazo como consecuencia de la enfermedad y de los tratamientos, algunos de los cuales son especialmente cardiotóxicos, como es el caso de las antraciclinas y de la radioterapia torácica. Como consecuencia, los supervivientes de cáncer pediátrico están en riesgo de intolerancia al ejercicio a una edad relativamente joven. Esto es especialmente importante, ya que la forma física es el principal indicador de salud y longevidad.

Un estudio recientemente publicado en la revista de la Sociedad Americana de Oncología Clínica ha comparado la prevalencia de intolerancia al ejercicio en 1041 largos supervivientes de cáncer pediátrico (con más de 10 años desde el diagnóstico y una media de edad de 35 años) frente a la de 285 sujetos que no habían tenido la enfermedad y la asociación entre la intolerancia al ejercicio (determinada como alcanzar <85% VO2pico esperado para su edad y sexo en una prueba de esfuerzo) y la mortalidad (1). Los supervivientes fueron además divididos atendiendo a si habían recibido tratamientos cardiotóxicos (antraciclinas y/o radioterapia torácica) o no.

Los resultados mostraron que los supervivientes que se trataron con terapias cardiotóxicas tuvieron un VO2pico de 25.74 ml/kg/min, mientras los que no de 26.82 ml/kg/min. Por el contrario, los controles sanos presentaron un VO2pico de 32.69 ml/kg/min. Además, aquellos supervivientes que recibieron terapias cardiotóxicas mostraron mayor intolerancia al ejercicio (64%) que los que no (56%). Los controles tuvieron un 26%. Después de un seguimiento de 4 años, 21 (3.3%) de los supervivientes con intolerancia al ejercicio fallecieron, mientras que solamente 3 (0.7%) de los que no la tuvieron lo hicieron (p=0.007) (lo que resulta en un hazard ratio de 3.9 en aquellos con intolerancia al ejercicio comparado con los que no la tienen).

En definitiva, los largos supervivientes de cáncer pediátrico con una edad media de 35 años poseen valores de VO2pico similares a los de personas de 70 y 80 años. Además, se vuelve a confirmar que el VO2pico es un importante predictor de mortalidad en esta población, al asociarse la intolerancia al ejercicio con el riesgo de mortalidad. Por lo tanto, los supervivientes de cáncer pediátrico en general, pero especialmente aquellos con intolerancia al ejercicio, deberían ser incluidos en programas de entrenamiento supervisados por especialistas con el fin de mejorar su forma física.


REFERENCIA

  1. Ness, K. K., Plana, J. C., Joshi, V. M., Luepker, R. V., Durand, J. B., Green, D. M., … & Hudson, M. M. (2020). Exercise intolerance, mortality, and organ system impairment in adult survivors of childhood cancer. Journal of Clinical Oncology, 38, 29-42.

UN ANÁLISIS DE SANGRE PODRÍA PREDECIR TU RIESGO DE MORTALIDAD EN LOS PRÓXIMOS 10 AÑOS

Si bien la muerte es inevitable, hoy en día se puede establecer un pronóstico de mortalidad en el último año de vida de un paciente en base a la abundancia de datos clínicos de los que se disponen (1). De un tiempo a esta parte, los científicos han tratado de desarrollar una prueba que pudiera pronosticar de manera fiable y sencilla cuánto tiempo podría vivir una persona a más largo plazo, analizando para ello perfiles metabólicos y parámetros fisiológicos. No obstante, no había sido posible hasta ahora, ya que el poder predictivo de los factores de riesgo utilizados era limitado, especialmente en personas de edad avanzada.

Sin embargo, un estudio publicado recientemente en la revista Nature Communications podría suponer un punto de inflexión en este campo (2). A través de la recogida de datos de 44.168 individuos de edades comprendidas entre 18 y 109 años pertenecientes a 12 cohortes y del análisis de hasta 226 variables, además de diversos datos demográficos e información sobre el estilo de vida, un grupo de investigadores ha conseguido conformar un modelo basado en tan sólo 14 parámetros sanguíneos que, junto con el sexo de la persona, parece predecir con una precisión de alrededor del 80% si un paciente va a fallecer en los próximos 5-10 años. Esta conclusión se obtuvo aislando aquellos factores en sangre que difirieron en cantidades significativas en los 5512 sujetos fallecidos durante el seguimiento con respecto a los que no fallecieron. Además, un incremento de una unidad en la puntuación de los biomarcadores identificados, la cual osciló entre -2 y 3 en la mayoría de las cohortes analizadas, se asoció con un riesgo de mortalidad casi 3 veces mayor.

Los 14 biomarcadores identificados están involucrados en procesos metabólicos e inflamatorios y entre ellos se encuentran los quilomicrones, el colesterol-HDL, la glucosa, el ácido láctico, la albúmina, diferentes aminoácidos (isoleucina, leucina y valina) y el ratio de ácidos grasos poliinsaturados en relación con los ácidos grasos totales, entre otros. Aunque la mayoría de ellos han sido asociados previamente con la longevidad, este es el primer estudio en mostrar su efecto al combinarse en un único modelo.

Este nuevo hallazgo puede revolucionar el campo de la salud, ya que con un solo análisis de sangre se podría predecir con un nivel de precisión elevado el riesgo de mortalidad a largo plazo y, por lo tanto, poder aplicar los planes de actuación correspondientes. Además, estos 14 datos permitirían a los clínicos guiar las estrategias terapéuticas a seguir, por ejemplo, decidiendo si una persona mayor es demasiado frágil para someterse a un tratamiento invasivo.


REFERENCIAS

  1. Hippisley-Cox, J. & Coupland, C. (2017). Development and validation of QMortality risk prediction algorithm to estimate short term risk of death and assess frailty: cohort study. BMJ, 358, j4208.
  2. Deelen, J., Kettunen, J., Fischer, K., van der Spek, A., Trompet, S., Kastenmüller, G., … & Slagboom, P. E. (2019). A metabolic profile of all-cause mortality risk identified in an observational study of 44,168 individuals. Nature communications, 10, 1-8.

METABOLISMO DEL CÁNCER, EFECTO WARBURG Y LACTATO. REGRESO A 1920

Los cánceres más agresivos e invasivos tienen unas características malignas que surgen de mecanismos de adaptación al ambiente en el que se encuentran. El microambiente del tumor tiene características muy concretas que lo convierten en un entorno en el que las células cancerígenas adquieren ventaja proliferativa para conseguir su propósito: dividirse y perpetuar su crecimiento. A grandes rasgos, el microambiente tumoral es un ambiente hipóxico, de pH ácido y presenta una elevada concentración de lactato y de células inmunitarias con fenotipo pro-tumoral, entre los que destacan los macrófagos asociados al tumor.

Las señales moleculares que permiten un crecimiento acelerado desatan mecanismos aberratentes que tienen como objetivo aumentar el flujo sanguíneo a las células cancerígenas e incrementar así el aporte de nutrientes y poder seguir creciendo. Este crecimiento desatado y desestructurado hace que la red vascular creada no sea funcional y, lejos de alimentar con un flujo sanguíneo homogéneo al tumor, éste se convierte en un tejido con regiones hipóxicas.

En este ambiente característico ocurre un fenómeno que describió Otto Warburg en 1920 y que, pasados 100 años, ha vuelto a cobrar importancia después de quedar apartado por la comunidad científica – la cual estaba centrada en el componente genético obviando el metabolismo de la enfermedad – durante más de medio siglo. Después de muchos años sin los avances anunciados entorno a la genética, el efecto Wargurg ha vuelto a ser tendencia dentro de la comunidad científica. Este efecto hace referencia a que los tumores utilizan glucosa y la convierten en lactato (Figura 1, recuadro rojo) incluso cuando hay suficiente oxígeno para oxidar la glucosa mediante el ciclo de Krebs en la mitocondria (Figura 1, recuadro negro), algo que otros tejidos hacen y que es más productivo en términos de producción de energía.

Figura 1. Metabolismo de la glucosa. Tomado de Gatenby, R. A., 2004 [1].

Por lo tanto, el efecto Warburg se define por dos puntos en un contexto de disponibilidad de oxígeno: i) aumento del consumo de glucosa por parte del tumor, y ii) conversión de la glucosa en lactato fuera de la mitocondria en lugar de oxidarse dentro de ella. Warburg pensó que este proceso era un síntoma de que la función mitocondrial estaba deteriorada, aunque en sus propios experimentos comprobó que esto no era así [2, 3].

Siguiendo la consecuencia principal del efecto Warburg (la elevada producción de lactato por las células tumorales), recientemente se ha visto que es un mecanismo imprescindible para mantener la proliferación celular patológica. El lactato ha pasado de ser un metabolito de desecho a un posible mediador molecular esencial en los mecanismos del cáncer. Diferentes estudios han visto como el lactato es un producto que modula el cambio de fenotipo de los macrófagos asociados al tumor hacia un perfil pro-tumoral [4], o que a pesar de lo que se pudiera creer, en algunos modelos de cáncer es el lactato y no la glucosa el primer sustrato energético de las células tumorales [5].

En base a estas últimas investigaciones y a la tesis centenaria de Warburg, un estudio publicado por el Dr. Íñigo San Millán junto con expertos como el Dr. Brooks en Frontiers in Oncology [6] ha evaluado el papel del lactato en la expresión de oncogenes o genes relacionados con la división y proliferación de células cancerígenas (línea celular de cáncer de mama MCF7).

Para ello cultivaron estas células tanto con glucosa, para inducir el efecto Warburg, como con lactato con el fin de analizar la expresión de genes relacionados con la señalización tumoral. Comparado con los grupos control (medio libre de glucosa y glutamina), la expresión de oncogenes (MYC, RAS y PIK3CA), de factores de transcripción (HIF1 y el E2F1), de supresores tumorales (BRCA1 y BCRA2) y de proliferación celular (AKT1, ATM, CCND1, CDK4, CDKN1A, CDK2B) aumentó en la mayoría de los casos entre un 150 y un 800%.

Estos resultados reafirman el papel del lactato como oncometabolito en los procesos tumorales. Lejos queda la visión del lactato como un producto únicamente de desecho después de hacer ejercicio. El lactato en el ambiente tumoral modula mecanismos que permiten a las células cancerosas crecer, adaptarse, recuperarse, repararse y dividirse. 100 años después, Otto Warburg sigue más vigente que nunca.

Figura 2. Infografía del artículo de San-Millán I, et al. 2019


REFERENCIAS

[1]     R. A. Gatenby and R. J. Gillies, “Why do cancers have high aerobic glycolysis?,” Nat.Rev. Cancer, vol. 4, no. 11, pp. 891–899, 2004.

[2]     O. Warburg, F. Wind, and E. Negelein, “Über den Stoffwechsel von Tumoren im Körper,” Klin. Wochenschr., vol. 5, no. 19, pp. 829–832, 1926.

[3]     S. Weinhouse, “The Warburg hypothesis fifty years later,” Zeitschrift für Krebsforsch. und Klin. Onkol., vol. 87, no. 2, pp. 115–126, 1976.

[4]     O. R. Colegio et al., “Functional polarization of tumour-associated macrophages by tumour-derived lactic acid.,” Nat.  …, 2014.

[5]     S. Hui et al., “Glucose feeds the TCA cycle via circulating lactate,” Nature, vol. 551, no. 7678, pp. 115–118, 2017.

[6]     I. San-Millán, C. G. Julian, C. Matarazzo, J. Martinez, and G. A. Brooks, “Is Lactate an Oncometabolite? Evidence Supporting a Role for Lactate in the Regulation of Transcriptional Activity of Cancer-Related Genes in MCF7 Breast Cancer Cells,” Front. Oncol., vol. 9, p. 1536, 2020.

MEDICIÓN DE LA AERODINÁMICA EN CICLISMO EN TIEMPO REAL, ¿UNA UTOPÍA?

La aerodinámica (expresada como CdA) es uno de los factores que más influyen en el rendimiento en ciclismo. De hecho, la importancia de la aerodinámica aumenta según aumenta la velocidad del ciclista, convirtiéndose en la principal fuerza a vencer cuando la velocidad es mayor de 20 km/h. Es por ello que los ciclistas tratan de mejorar su aerodinámica usando para ello estrategias como ruedas lenticulares, cascos en forma de gota de agua, o incluso tejidos especiales, aparte de los cambios en su posición encima de la bici. Sin embargo, el problema en la mayoría de ocasiones radica en la imposibilidad para medir de forma objetiva si estos cambios están siendo efectivos o no, ya que para medir la aerodinámica se requiere de costosos tests en túneles de viento o de pruebas y estimaciones matemáticas en velódromo que dificultan su aplicación al mundo real.

Es por ello que recientemente han salido al mercado dispositivos que, supuestamente, permiten conocer nuestro CdA de forma instantánea mientras pedaleamos. Uno de estos dispositivos es Notio, el cual registra la velocidad y dirección del viento, la humedad, presión y temperatura y cruza estos valores con datos de potencia y velocidad del ciclista para estimar el CdA. Sin embargo, la validez de estos dispositivos no había sido probada hasta ahora. En un reciente estudio (Valenzuela et al, 2019) publicado por nuestro compañero de Fissac, Pedro L. Valenzuela, junto con expertos en aerodinámica y ciclismo como el Dr. Yago Alcalde, director de Ciclismo y Rendimiento, y el Dr. David Barranco, investigador de la Universidad Europea de Madrid, se ha evaluado la fiabilidad y validez de Notio en condiciones indoor (en un velódromo). Se evaluó el CdA de 15 ciclistas en tres posiciones (con los codos extendidos, en posición “aero” con un casco normal de ruta, y en posición “aero” con un casco aerodinámico, como se muestra en la Figura 1), y los valores registrados se compararon con los obtenidos mediante una fórmula (fórmula de Martin) y un dispositivo validados (Track Aero System, conocido también como Alphamantis). Además, cada ciclista hizo varias vueltas en cada posición para evaluar la fiabilidad del dispositivo.

Figura 1. Ejemplo de las tres posiciones evaluadas, e imagen del dispositivo Notio.

Los resultados mostraron que Notio fue relativamente fiable en cada posición, y al igual que los instrumentos validados, Notio fue capaz de discernir la disminución en CdA producida por el cambio de posición de codos extendidos a “aero”. Sin embargo, mientras que tanto la fórmula de Martin como Track Aero System fueron lo suficientemente sensibles para detectar el cambio de casco, este cambio no fue detectado en todos los ciclistas con Notio, y de hecho las diferencias no alcanzaron la significancia estadística.

En resumen, Notio podría llegar a ser un dispositivo válido para evaluar el efecto de grandes cambios en el CdA en ciclistas, aunque su sensibilidad ante cambios pequeños parece ser menor que la de otros dispositivos validados. Es importante tener en cuenta que estos datos fueron obtenidos en un velódromo, y que, por lo tanto, la validez de Notio en condiciones reales “outdoor” (donde podría tener una mayor aplicabilidad) debe ser comprobada. Dispositivos como Notio podrían abrir un campo de grandes posibilidades en el ámbito de la competición y la investigación, por lo que esperamos que futuros avances en estas tecnologías optimicen su funcionamiento.


Referencia

  • Valenzuela PL, et al. (2019) Validity of a novel device for real-time analysis of cyclists’ drag area. Journal of Science and Medicine in Sport. In press.

ATLETAS MÁSTER, UN EJEMPLO A SEGUIR

El VO2max es uno de los principales marcadores de la capacidad funcional de un individuo. Este marcador no solo está relacionado con el rendimiento deportivo (los atletas con un gran VO2max tienen mayores posibilidades de obtener un mejor rendimiento en deportes de resistencia), sino que es también un gran predictor del riesgo de morbilidad y mortalidad.

La edad está asociada a una disminución progresiva del VO2max, la cual se ve acelerada al pasar la barrera de los 70-80 años. Sin embargo, cada vez existe más evidencia del papel protector que podría tener el ejercicio frente a este declive funcional. En este sentido, una reciente revisión publicada por nuestro compañero Pedro L. Valenzuela en Sports Medicine (Valenzuela et al., 2019) resume los beneficios de realizar ejercicio durante toda la vida en los diferentes factores que afectan al VO2max, poniendo como ejemplo los casos de numerosos estudios realizados en atletas máster (atletas de más de 50 años que siguen realizando deporte a nivel competitivo).

Como muestra una figura incluida en la revisión (Figura 1), los atletas máster presentan un VO2max un 20-40% mayor que los mejores valores de la población general a cualquier edad, incluso a las más avanzadas (como muestran ejemplos de deportistas de 90 e incluso 100 años). Además, la disminución del VO2max asociada a la edad en estos deportistas parece seguir una tendencia lineal, sin observarse una caída exponencial a partir de los 70-80 años. Es importante remarcar que esto es así solo en aquellas personas que continúan haciendo ejercicio durante toda la vida, ya que cuando un deportista máster deja de practicarlo, el porcentaje de declive será el mismo que en la población general (aunque partiendo de unos valores iniciales mejores, lo que permitirá retrasar el punto en el que llegan al umbral de la fragilidad).

Figura 1. Los puntos negros representan los actuales récords de VO2max a distintas edades, desde los más de 95 ml/kg/min en deportistas jóvenes a los 35 ml/kg/min de un deportista centenario. La línea sólida representa el 50% de los valores normativos del Colegio Americano de Medicina del Deporte, y las líneas punteadas representan el 5% y el 95% de estos valores normativos.

Numerosos mecanismos fisiológicos pueden explicar el rol protector del ejercicio contra la disminución de VO2max asociada a la edad. Por ejemplo, el entrenamiento ha mostrado preservar la función pulmonar en personas mayores, mientras que las personas sedentarias sufren una disminución de su capacidad para realizar ventilaciones máximas. Además, el ejercicio resulta en grandes beneficios para el sistema cardiovascular, mejorando la función sistólica del corazón (principal componente involucrado en el envío de sangre oxigenada al resto del cuerpo) y la capacidad de los vasos sanguíneos para dilatarse y favorecer el flujo sanguíneo. Por último, el ejercicio podría mejorar también el contenido en hemoglobina de la sangre (la cuál es necesaria para transportar el oxígeno a los músculos) así como aumentar el contenido de capilares y el número y calidad de las mitocondrias a nivel muscular, lo cual es necesario para metabolizar el oxígeno una vez que llega al músculo.

En resumen, el entrenamiento provoca beneficios en una serie de factores involucrados en el transporte de oxígeno desde la atmósfera hasta la fibra muscular, favoreciendo así una mayor capacidad funcional en comparación con las personas sedentarias y atenuando el declive asociado a la edad. Por lo tanto, es importante mantenerse activo a cualquier edad, incluidas las más avanzadas, para evitar el deterioro exponencial que ocurre con el envejecimiento.


REFERENCIA

  • Valenzuela PL, Maffiuletti NA, Joyner MJ, Lucia A, Lepers R (2019) Lifelong Endurance Exercise as a Countermeasure Against Age-Related VO2max Decline: Physiological Overview and Insights from Masters Athletes. Sports Medicine. Dec 24. doi: 10.1007/s40279-019-01252-0.

MASA MUSCULAR Y SUPERVIVENCIA EN PACIENTES CON CÁNCER

El músculo es un potente predictor de supervivencia en pacientes con cáncer. En cánceres como el gastrointestinal y el de páncreas, con un elevado componente metabólico, tener una mayor cantidad de masa muscular se asocia con mayor superviencia.


REFERENCIAS

  • Ishii, N., Iwata, Y., Nishikawa, H., Enomoto, H., Aizawa, N., Ishii, A., … & Nishimura, T. (2017). Effect of pretreatment psoas muscle mass on survival for patients with unresectable pancreatic cancer undergoing systemic chemotherapy. Oncology letters, 14(5), 6059-6065.
  • Dohzono, S., Sasaoka, R., Takamatsu, K., Hoshino, M., & Nakamura, H. (2019). Prognostic value of paravertebral muscle density in patients with spinal metastases from gastrointestinal cancer. Supportive Care in Cancer, 27(4), 1207-1213.

CARDIO-ONCOLOGÍA PEDIÁTRICA, EL ROL CARDIOPROTECTOR DEL EJERCICIO

A pesar del incremento en las tasas de supervivencia debido a los avances en los tratamientos, los supervivientes de cáncer pediátrico experimentan a menudo efectos adversos como consecuencia del tratamiento y de la propia enfermedad. Además, muchos de estos efectos persisten incluso años después de haber finalizado el tratamiento como, por ejemplo, la cardiotoxicidad, una alteración de la función cardiaca causada por los fármacos.

El ejercicio físico ha demostrado tener un rol cardioprotector mejorando o, al menos, mitigando los efectos adversos de los tratamientos relacionados con la función cardiaca, tal y como vimos en un estudio anterior de niños con cáncer durante el tratamiento. Sin embargo, hasta ahora no existía evidencia meta-analítica que apoyara el papel del ejercicio sobre el sistema cardiovascular en población con cáncer pediátrico. Por ello, el equipo de Fissac junto con el Dr. Alejandro Lucía realizaron una revisión sistemática con meta-análisis (1) para analizar los efectos del ejercicio físico en variables relacionadas con la salud cardiovascular en supervivientes de cáncer pediátrico (hemos de aclarar que nos basaremos en la terminología norteamericana para considerar como superviviente de cáncer a todo paciente con cáncer desde el día en el que se le diagnostica la enfermedad).

Un total de 27 estudios y 697 participantes fueron incluidos y se evaluaron la capacidad cardiorrespiratoria y la función y estructura cardiovascular (endotelial y del ventrículo izquierdo). El principal hallazgo del estudio fue el incremento en la capacidad cardiorrespiratoria en pruebas indirectas y una tendencia a un mayor VO2pico en los supervivientes de cáncer pediátrico que realizaron ejercicio. Además, se observó que la función sistólica del ventrículo izquierdo se preservó con el ejercicio.

Por tanto, el ejercicio físico parece que, efectivamente, desempeña un rol cardioprotector en supervivientes de cáncer pediátrico mejorando la salud cardiovascular, o al menos minimizando su deterioro. Y si tenemos en cuenta que los tratamientos contra el cáncer pediátrico, sobre todo los que incluyen antraciclinas, son especialmente cardiotóxicos y que los eventos cardiovasculares son la principal causa de muerte no asociada con el cáncer entre los supervivientes de cáncer pediátrico (2), es muy importante el papel cardioprotector que ha demostrado ejercer el ejercicio a lo largo de la enfermedad.


REFERENCIAS:

  1. Morales, J. S., Valenzuela, P. L., Herrera-Olivares, A. M., Baño-Rodrigo, A., Castillo-García, A., Rincón-Castanedo, C., … & Lucia, A. (2020). Exercise Interventions and Cardiovascular Health in Childhood Cancer: a Meta-Analysis. Int J Sports Med [pendiente de ser publicada versión impresa].
  2. Mulrooney, D. A., Armstrong, G. T., Huang, S., Ness, K. K., Ehrhardt, M. J., Joshi, V. M., … & Santucci, A. (2016). Cardiac outcomes in adult survivors of childhood cancer exposed to cardiotoxic therapy: A cross-sectional study from the St. Jude lifetime cohort. Ann Inter Med, 164(2), 93-101.

EL TRASPLANTE DE MICROBIOTA AUMENTA LA ESPERANZA DE VIDA EN RATONES CON PROGERIA

Un estudio publicado por el grupo de Carlos López Otín demuestra que existe una alteración de la microbiota intestinal (disbiosis) tanto en modelos de ratón como en niños con progeria (envejecimiento prematuro). En base a ello, demostraron que el trasplante de microbiota fecal de donantes sanos a receptores con progeria aumenta la supervivencia y atenúa el fenotipo de envejecimiento acelerado.


REFERENCIA

  • Bárcena, C., Valdés-Mas, R., Mayoral, P., Garabaya, C., Durand, S., Rodríguez, F., … & Bossut, N. (2019). Healthspan and lifespan extension by fecal microbiota transplantation into progeroid mice. Nature medicine, 25(8), 1234-1242.

LO MEJOR DE FISSAC DE 2019

Se va el 2019, un año lleno de trabajo y ciencia. Para celebrarlo, hemos escogido nuestros 10 artículos e infografías que más nos han gustado en este año. Esperamos que los disfrutéis.

  • Suplementos para aumentar la masa y la fuerza muscular ¿todos funcionan?
    Artículo + Infografía | 17 de enero 2019
    Mantener unos niveles adecuados de masa muscular y fuerza es esencial tanto para un óptimo rendimiento deportivo como para la salud, y por ello son numerosos los suplementos alimenticios comercializados bajo su supuesto potencial para su mejora.¿Pero son todos estos suplementos eficaces?
  • Hacer más de 10 flexiones seguidas disminuye el riesgo cardiovascular
    Infografía | 18 de febrero 2019
    En un estudio que analizó a más de 1000 bomberos, aquellos que pudieron hacer más de 10 flexiones seguidas presentaron una reducción significativa de riesgo cardiovascular en comparación con aquellos que completaron menos. Los que pudieron hacer más de 40, tuvieron una reducción del 96%.
  • Atletas en la vejez, un ejemplo a seguir
    Infografía | 28 de mayo 2019
    En una editorial que publicamos en la prestigiosa revista JAMDA mostramos la importancia de la forma física en mayores y presentamos varios casos ilustrativos que demuestran que los más mayores todavía pueden tener un rendimiento físico notable.
  • ¿Cómo evitar la pérdida de masa muscular tras una lesión?
    Artículo + infografía | 16 de junio 2019
    En una reciente revisión publicada por miembros de Fissac junto al Dr. Alejandro Lucía se resumen algunas de las principales estrategias pasivas que pueden aportar beneficios durante la recuperación de una lesión, especialmente en aquellos casos en los que el ejercicio voluntario no es posible.
  • Asociación entre fuerza y riesgo de mortalidad en población clínica
    Infografia | 28 de julio 2019
    Una revisión sistemática con meta-análisis que analizó a 39.852 pacientes mostró que tener bajos niveles de fuerza puede aumentar el riesgo de mortalidad en población clínica desde un 36% hasta más del 100%.
    Pero, ¿qué sucede si los pacientes aumentan su fuerza en 5 kg? El riesgo de mortalidad disminuyó desde un 20% hasta casi el 50%.
  • El ejercicio aumenta el tamaño del hipocampo y mejora la memoria
    Infografia | 9 de septiembre 2019
    Un estudio publicado en la revista PNAS analizó el efecto del ejercicio aeróbico en adultos mayores. El grupo que hizo ejercicio aumentó el volumen del hipocampo un 2%. Además, el aumento del volumen del hipocampo se asoció con una mejora de la capacidad cardiorrespiratoria, con mayores niveles de BDNF y con una mejora de la función cognitiva.

TOP INFOGRAFÍAS 2019