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CONCUSSION, EL ÚLTIMO DE LOS RIESGOS EN EL MUNDO DEL FÚTBOL

Recientemente se estrenó la película “Concussion” (traducida al castellano como “La verdad duele”), basada en hechos reales y en la que un neuropatólogo forense, interpretado por Will Smith, hace tambalear los cimientos de la Liga de Fútbol Americano (NFL), al descubrir que las repentinas muertes que azotan a varios ex jugadores de fútbol americano se asocian con daño cerebral severo secundario a los golpes recibidos en la cabeza durante su actividad deportiva.

El término concussion –conmoción cerebral- hace referencia a una pérdida temporal de la función cerebral provocada por un traumatismo que irrumpe sobre el cerebro, relacionándose su exposición repetida con el desarrollo de trastornos neurodegenerativos a largo plazo (1).

Sin embargo, esta problemática no es exclusiva del fútbol americano. En el fútbol que todos conocemos (“soccer”), aunque la incidencia de impactos con la cabeza es menor, también está siendo cuestionada la salud cerebral de los futbolistas, ya que la exposición prolongada a estos impactos –remates, despejes del balón con la cabeza,…- podría asociarse a cambios en la estructura y función cerebral y, en último término, con enfermedades neurodegenerativas. En este sentido, estudios con resonancia magnética han desvelado cambios anormales en la microestructura de la sustancia blanca de futbolistas en activo, lo que se traduce en deterioro cognitivo (2).

Un reciente estudio (3) ha analizado el efecto agudo de golpear un balón de fútbol (400 g, 70 cm de circunferencia y una presión de 8 psi) en 19 jugadores de fútbol amateur, simulando una rutina normal de entrenamiento con remates de cabeza. Al finalizar el experimento, cada participante había golpeado el balón con la cabeza en 20 ocasiones, alcanzando una fuerza de impacto media de 13,1 g.

Los resultados obtenidos a través de estimulación magnética transcraneal mostraron alteraciones electrofisiológicas a nivel de la corteza cerebral, repercutiendo negativamente en la función cognitiva. No obstante, estas alteraciones fueron transitorias, normalizándose sus valores a las 24h. Por último, aunque estos cambios en la función cerebral fueran temporales, someterse repetidamente a ellos podría tener consecuencias deletéreas a largo plazo sobre la salud del cerebro, habiendo de hacer especial hincapié en la vigilancia activa de la función cognitiva tanto en futbolistas como en el resto de practicantes de deportes de contacto.


REFERENCIAS

  1. Hay, J., Johnson, V. E., Smith, D. H., & Stewart, W. (2016). Chronic traumatic encephalopathy: the neuropathological legacy of traumatic brain injury. Annual Review of Pathology: Mechanisms of Disease, 11, 21-45.
  2. Lipton, M. L., Kim, N., Zimmerman, M. E., Kim, M., Stewart, W. F., Branch, C. A., & Lipton, R. B. (2013). Soccer heading is associated with white matter microstructural and cognitive abnormalities. Radiology, 268, 850-857.
  3. Di Virgilio, T. G., Hunter, A., Wilson, L., Stewart, W., Goodall, S., Howatson, G., … & Ietswaart, M. (2016). Evidence for acute electrophysiological and cognitive changes following routine soccer heading. EBioMedicine, 13, 66-71.

¿REDUCE EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA EL RIESGO DE LESIONARSE EN EL FÚTBOL A LO LARGO DE UNA TEMPORADA?

El entrenamiento de fuerza se erige como un pilar fundamental en la preparación de deportistas de cualquier nivel. Un estudio presentado recientemente [1] tuvo como objetivo examinar el efecto del entrenamiento de fuerza en distintos parámetros físicos así como en la incidencia de lesiones en jóvenes futbolistas de élite.

52 jugadores de 13 y 14 años fueron divididos en 2 grupos:

  • Grupo control (n=26), el cual no llevó a cabo entrenamiento de fuerza
  • Grupo experimental (n=26), el cual realizó de 2 a 3 sesiones de fuerza semanales (con una duración de 90 minutos) dentro de un programa de 12 semanas.

Con el objetivo de evaluar las mejoras en la condición física los deportistas hicieron el test de salto, el test T de agilidad y un test de sprint al inicio (T0), en la mitad (T1) y al final del estudio (T2). La tasa de lesiones fue registrada por el departamento médico y por los preparadores físicos a lo largo de la temporada.

Los resultados fueron esclarecedores. Comparado con el grupo control, el grupo que realizó entrenamiento de fuerza obtuvo mejores resultados en todos los tests de condición física al final de la temporada.

El número de lesiones totales durante al temporada fue de 17. Los futbolistas del grupo control sufrieron 13, mientras que los que entrenaron fuerza solo 4.

Este estudio demuestra (una vez más) que el entrenamiento de fuerza eficientemente programado mejora el rendimiento y reduce la tasa de lesiones en jóvenes futbolistas, a pesar de que se tiende a evitar este tipo de entrenamiento por el simple hecho de ser jóvenes, pese a los beneficios de rendimiento y de prevención de lesiones que aporta. Con los datos en la mano, es labor del preparador físico saber integrar el trabajo de fuerza dentro de las sesiones de entrenamiento.

fissac _ paco seirl-lo entrenamiento fuerza

Fig. 1. Cuerpo técnico del FB Barcelona en la época de Pep Guardiola, con Paco Seirul-lo como preparador físico.

El fútbol es un deporte complejo en el que interactúan muchos factores, intervienen muchos componentes en el juego que no deben estudiarse de manera aislada. El futbolista que más levanta en press de banca o el que más peso consigue movilizar en una sentadilla no es el más fuerte ni por supuesto tiene que ser el que más goles marque. Como reflexión dejamos estas palabras del maestro Paco Seirul-lo: “hacer algo que no acontece en el juego es ridículo; por esto, no podemos pensar que el futbolista mejora su resistencia corriendo en la playa, sino que en todo caso mejorará su salud, y ¡la salud es buena! Y si estás en un gimnasio haciendo pesas, sucede lo mismo, no puedes decir que estás entrenando la fuerza para el fútbol: ¡es imposible trabajar la fuerza para el fútbol en un gimnasio! Ya que en un contexto tan complejo como es el juego del fútbol, no podemos mejorar obviando esta complejidad.”


REFERENCIA

[1]      S. Zouita, B.-M. Amira Zouita, W. Kebsi, G. Dupont, A. Ben Abderrahman, F. Ben Salah, and H. Zouhal, “Strength Training Reduce Injury Rate In Elite Young Soccer Players During One Season.,” J. Strength Cond. Res., Feb. 2016.

MONITORIZACIÓN DE LA FATIGA EN JUGADORES PROFESIONALES DE FÚTBOL

Los entrenadores y preparadores físicos de las distintas disciplinas deportivas tienen como objetivo que sus deportistas lleguen en un estado óptimo de forma el día de la competición además de evitar posibles lesiones. Para ello deben monitorizar y cuantificar la carga de cada entrenamiento con el objetivo de planificar las sesiones en función de la fatiga interna de cada deportista.

En un estudio reciente llevado a cabo por el readaptador de lesiones del Manchester United, Robin Thorpe, cuantificaron la relación entre la carga diaria de entrenamiento con una serie de medidas potenciales de la fatiga en jugadores de fútbol de élite durante la pretemporada (17 días).

Manchester United Training

Durante este periodo los investigadores recogieron diariamente las siguientes variables: distancia total recorrida a alta intensidad (THIR o Total high-intensity running distance), percepciones de bienestar (fatiga, dolor muscular, calidad del sueño), salto con contramovimiento (CMJ), recuperación de la frecuencia cardiaca post-ejercicio, variabilidad de la frecuencia cardiaca (Ln rMSSD). Utilizaron modelos lineales para con el fin de evaluar la influencia de las fluctuaciones diarias de la distancia recorrida a alta intensidad sobre las variables de fatiga.

Variaciones en la fatiga (r=-0.51; P<0.001), la variabilidad de la frecuencia cardiaca (r=-0.24; P=0.04), y el CMJ (r=0.23; P=0.04) se relacionaron significativamente con las fluctuaciones de la distancia recorrida a alta intensidad. En cambio, las correlaciones entre el dolor muscular, la calidad del sueño y la recuperación de la frecuencia cardiaca no fueron estadísticamente significativas.

Por ello, las calificaciones percibidas de la fatiga y la variabilidad de la frecuencia cardiaca eran sensibles a las variaciones en la distancia recorrida a alta intensidad en jugadores de fútbol de élite. Por lo tanto, estos marcadores pueden formar parte de la estrategia de los preparadores para valorar al jugador, siendo además evaluaciones no invasivas.

2015 Preseason: LA Galaxy training session at StubHub Center on January 26, 2015 in Carson, CA. Photo by Asano/LA Galaxy.

La cantidad de datos que puede amasar un cuerpo técnico es inmensa: GPS, frecuencia cardiaca, parámetros fisiológicos, etc. La diferencia entre aquellos que tienen éxito y no es la capacidad de gestionar esa amalgama de información y saber utilizarla en favor del deportista y sus objetivos.

EL EJERCICIO LIGERO COMO MÉTODO DE RECUPERACIÓN

En numerosos deportes es esencial un correcto descanso intra-sesión, como por ejemplo entre series de ejercicio, entre las dos partes de un partido de fútbol o en una competición de natación en la que se nada en distintas distancias en un corto periodo de tiempo.

Existen diversos métodos de recuperación intra-sesión (aplicación de frío, calor, vibraciones, compresión, etc.). Sin embargo, las dos técnicas más utilizadas son la recuperación activa, en la que se realiza ejercicio ligero; y la recuperación pasiva, en la que el sujeto no realiza ningún tipo de ejercicio durante el descanso.

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Figura 1. En deportes que alternan acciones intensas con descansos, como los deportes de equipo, sería recomendable realizar recuperación activa en vez de pasiva

En el estudio de Corder y cols (1) Se evaluó el efecto de tres métodos de recuperación (Pasiva, activa al 25% del umbral anaeróbico y activa al 50% del umbral anaeróbico) en el rendimiento, el esfuerzo percibido (RPE) y los niveles de lactato sanguíneo. Estos autores hallaron que cuando los sujetos realizaban recuperación pasiva tenían unos niveles de lactato sanguíneo más altos que los que realizaban recuperación activa (9.0 ± 0,5 frente a 8.1 ± 0.4). El papel del lactato en la fatiga ha sido muy discutido en los últimos años, defendiéndose más su papel como sustrato energético. Sin embargo, sí es válido como indicador de fatiga muscular pese a no ser el responsable de la misma. Además, el valor de RPE que los sujetos asignaron al esfuerzo final fue menor en la recuperación activa que en la pasiva (9.3 ± 0,2 frente a 9,5 ± 0,1).

Por último, y quizá lo más importante, es que el rendimiento aumentó con la recuperación activa ligera frente a la recuperación pasiva, siendo los sujetos capaces de realizar más repeticiones (Parallel squat) hasta el agotamiento (29.3 ± 1.8 con recuperación activa frente a 24.1 ± 1.8 con recuperación pasiva). Es por lo tanto la recuperación activa más eficaz que la recuperación pasiva, al menos en ejercicios superiores a 30 segundos. Ya que en ejercicios de menos duración, en los que la recuperación de fosfágenos es primordial, puede ser más eficaz la recuperación pasiva (2).

Por tanto, y especialmente para ejercicios que estimulen el metabolismo anaeróbico láctico, estaría indicada la recuperación activa debido a que el ejercicio ligero aumenta el flujo sanguíneo estimulando la eliminación de metabolitos y la oxidación del lactato como sustrato energético. Sin embargo, como método de entrenamiento se puede buscar la acumulación de ácido láctico mediante recuperaciones pasivas para estimular la tolerancia al mismo.

Una correcta recuperación puede ser determinante en el rendimiento en series de ejercicio consecutivas o en algunos tipos de competición. Como vemos, dependiendo del metabolismo predominante en el ejercicio o el objetivo de la sesión deberemos valorar la utilización de distintos métodos.


REFERENCIAS

  1. Corder KP, Potteiger J a., Nau KL, Figoni SF, Hershberger SL. Effects of Active and Passive Recovery Conditions on Blood Lactate, Rating of Perceived Exertion, and Performance During Resistance Exercise. J Strength Cond Res. 2000;14(2):151.
  2. Spencer M, Bishop D, Dawson B, Goodman C, Duffield R. Metabolism and performance in repeated cycle sprints: Active versus passive recovery. Med Sci Sports Exerc. 2006;38(8):1492–9.