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¿LA GENÉTICA ME IMPIDE ADELGAZAR?

El ejercicio físico ha demostrado aportar innumerables beneficios para la salud, incluyendo mejoras en la composición corporal (es decir, disminución de grasa y aumento de masa muscular), en la sensibilidad a la insulina o en la función cardiovascular. Sin embargo, muchas personas dicen no obtener dichos beneficios, especialmente los relacionados con el peso corporal, por “herencia genética”.

Así, algunas personas se escudan en una “mala genética” que les impide adelgazar pese a realizar ejercicio físico. Para comprobar la influencia de la genética en la pérdida de peso corporal, un grupo de investigación finlandés (Leskinen et al., 2009) analizó a 16 pares de gemelos de entre 50 y 74 años. Los gemelos habían mantenido un nivel diferente de actividad física durante los últimos 32 años, y por lo tanto representaban la oportunidad ideal para comprobar si el hecho de realizar ejercicio físico puede suponer diferencias con respecto a otra persona más sedentaria pero con la misma genética.

Figura 1. Ejemplo de una imagen de resonancia magnética en dos gemelos, uno activo y otro más sedentario. Los gemelos más sedentarios presentaron mayor grasa visceral y muscular.

Los resultados mostraron que los gemelos más sedentarios tenían un 74% más grasa visceral que los que realizaban más actividad física. Además, presentaban un 170% más de grasa en el hígado, y un 54% más de grasa intramuscular. Por lo tanto, más allá de posibles condiciones genéticas que dificulten la pérdida de peso (por ejemplo, ciertos síndromes y patologías a nivel hormonal), este estudio confirma como la realización o no de ejercicio físico puede provocar importantes diferencias en la grasa corporal, y con ello en el riesgo cardiovascular, independientemente de la genética.


Referencias

Leskinen, T., Sipilä, S., Alen, M., Cheng, S., Pietiläinen, K. H., Usenius, J. P., et al. (2009). Leisure-time physical activity and high-risk fat: A longitudinal population-based twin study. Int. J. Obes.33, 1211–1218. doi:10.1038/ijo.2009.170.

REALIZAR ACTIVIDAD FÍSICA REGULARMENTE RETRASA EL ENVEJECIMIENTO CELULAR

Cada vez es más fuerte la evidencia que indica que la mortalidad por cualquier causa es menor cuanto mayor es la actividad física (AF) realizada, tanto en población sana como con patología. Uno de los mecanismos por los que se rige esta asociación es la longitud telomérica (1). Con el paso del tiempo los telómeros se van haciendo más cortos de forma natural. Como consecuencia del acortamiento telomérico, la senescencia celular aumenta, favoreciendo la apoptosis (muerte celular programada) de la célula.

En definitiva, este acortamiento telomérico está vinculado con el envejecimiento biológico, mientras que factores como la inflamación y el estrés oxidativo van a hacer que los telómeros se acorten. Por tanto, la longitud telomérica puede considerarse un biomarcador de envejecimiento celular, relacionándose estrechamente con la edad cronológica. Se ha visto, por ejemplo, que aquellas personas con los telómeros más cortos poseen un 25% mayor riesgo de muerte en comparación con las que tienen una mayor longitud telomérica (2).

Sin embargo, no está tan clara la relación entre la AF y la longitud telomérica. Una reciente revisión sistemática halló que el 54% de los estudios no obtuvieron asociación, un 41% sí encontraron una asociación positiva, mientras que el 5% restante observaron que existía una relación curvilínea (1).

Por ello, un estudio ha vuelto a evaluar recientemente dicha relación (3). Se analizó el nivel de AF y la longitud telomérica en 5823 adultos, obteniéndose como principal hallazgo que la AF se relacionó inversamente con la longitud telomérica. Así, a mayor nivel de AF realizado mayor longitud de los telómeros. Además aquellos con niveles sedentarios tuvieron 1,95 veces mayor riesgo de tener telómeros más cortos en comparación con el grupo que mayores niveles de AF registró. Asimismo, los telómeros de este último grupo tuvieron de media 140 pares de bases más que los de los sedentarios.

Dado que el acortamiento telomérico ocurre a una tasa de 15,6 pares por año, la interpretación de estos resultados sugeriría que los físicamente más activos tendrían un envejecimiento biológico aproximadamente 9 años (140/15,6) menor que los adultos sedentarios para una misma edad, género, raza, educación, IMC y un mismo consumo de alcohol y tabaco. De igual forma, existe una diferencia llamativa de 8,8 años (137/15,6) entre quienes registraron niveles altos y bajos de AF en cuanto al envejecimiento celular, así como de 7,1 años (111/15,6) entre aquellos con niveles altos y moderados.

Por tanto, observamos cómo los telómeros de las personas que realizan AF regularmente son considerablemente más largos, representando una reducción en el envejecimiento celular de hasta 9 años con respecto a sujetos con niveles bajos de actividad física.


REFERENCIAS

  1. Mundstock, E., Zatti, H., Louzada, F. M., Oliveira, S. G., Guma, F. T., Paris, M. M., … & Mattiello, R. (2015). Effects of physical activity in telomere length: systematic review and meta-analysis. Ageing Research Reviews, 22, 72-80.
  2. Weischer, M., Bojesen, S. E., Cawthon, R. M., Freiberg, J. J., Tybjærg-Hansen, A., & Nordestgaard, B. G. (2012). Short telomere length, myocardial infarction, ischemic heart disease, and early death. Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, 32(3), 822-829.
  3. Tucker, L. A. (2017). Physical activity and telomere length in US men and women: An NHANES investigation. Preventive Medicine, 100, 145-151.

¿CÓMO COMBATIR AL GEN DE LA OBESIDAD?

Según datos del Estudio Nutricional de la Población Española (ENPE) realizado por la Sociedad Española de Cardiología, el 39,3% y el 21,6% de los españoles de entre 25 y 64 años padecen sobrepeso y obesidad, respectivamente.

En 2007 se demostró que, además de factores ambientales, la genética desempeña un importante papel en la elevada incidencia de obesidad (1). Así, se observó que determinados polimorfismos (variantes) del gen asociado con la masa grasa y la obesidad (FTO, por sus siglas en inglés) incrementan en un 20-30% el riesgo de ser obeso. En la actualidad el 74% de los europeos y el 76% de los norteamericanos son portadores de una mutación en el gen FTO.

Tras el hallazgo de la relación entre el gen FTO y la obesidad, varios estudios hallaron que la actividad física podría atenuar el efecto del FTO sobre el peso corporal, mientras que otros fueron incapaces de replicar dicho resultado, dejando sin resolver si la actividad física reduciría el efecto del gen FTO sobre la obesidad y, en caso afirmativo, en qué medida.

Recientemente, un meta-análisis analizó la interacción entre FTO y actividad física con respecto a la obesidad (2). El estudio incluyó a 218.166 adultos pertenecientes a 45 estudios y 19.268 niños y adolescentes de 9 estudios.

Al combinar los datos de los 45 estudios en adultos, se confirmó que la actividad física atenúa el efecto de las variantes genéticas del FTO a nivel del porcentaje de grasa, del IMC y de la circunferencia de cintura, disminuyendo el riesgo de obesidad en un 30% en sujetos físicamente activos en comparación con los inactivos. Sin embargo, entre los niños y adolescentes no se encontró asociación entre los polimorfismos del FTO y la actividad física.

Estos resultados transmiten un importante mensaje de salud pública y es que, aunque la genética puede aumentar el riesgo de padecer sobrepeso u obesidad, la adopción de un estilo de vida activo parece minimizar los efectos de una alta predisposición genética.


REFERENCIAS

  1. Gerken, T., Girard, C. A., Tung, Y. C. L., Webby, C. J., Saudek, V., Hewitson, K. S., … & Galvanovskis, J. (2007). The obesity-associated FTO gene encodes a 2-oxoglutarate-dependent nucleic acid demethylase. Science, 318(5855), 1469-1472.
  2. Kilpeläinen, T. O., Qi, L., Brage, S., Sharp, S. J., Sonestedt, E., Demerath, E., … & Holzapfel, C. (2011). Physical activity attenuates the influence of FTO variants on obesity risk: a meta-analysis of 218,166 adults and 19,268 children. PLoS Medicine, 8(11), e1001116.

¿QUÉ RELACIÓN TIENEN EL VO2MAX Y LA LONGITUD DE LOS TELÓMEROS?

Cada vez es mayor la evidencia que muestra una asociación entre el acortamiento de la longitud telomérica y un mayor riesgo de enfermedades relacionadas con la edad como las cardiovasculares, la diabetes tipo II y la aterosclerosis, y una mayor mortalidad; mientras que el ejercicio regular y una elevada capacidad cardiorrespiratoria –evaluada como VO2max- se asocian con mejor salud y mayor supervivencia.

Sin embargo, hasta ahora, la relación entre el ejercicio y el VO2max con la longitud de los telómeros era inconsistente, ya que en algunos estudios se sugería un efecto protector de los primeros sobre los segundos, y en otros, por el contrario, no se hallaba tal efecto.

Por ello, un reciente estudio piloto (1) trató de evaluar si la longitud del telómero está asociada con el ejercicio físico cardiovascular, además de analizar la relación entre el VO2max y la longitud telomérica. Participaron 10 jóvenes (22-27 años) y 10 mayores (66-77 años), de los que 5 de cada grupo eran atletas de resistencia y 5 eran deportistas recreacionales. A todos ellos se les extrajeron biopsias musculares, para la medición de la longitud relativa del telómero calculada como el número de copia repetida del telómero/número de copia del único gen (ratio T/S), y se les sometió a una prueba de esfuerzo incremental.

En los jóvenes, el VO2max fue de 67,0±5,3 ml/kg/min para los atletas de resistencia, y de 53,9±5,5 ml/kg/min para los recreacionales, mientras que en los mayores, el VO2max para los atletas de resistencia y los deportistas recreacionales fue de 45,4±6,7 y 39,4±5,6 ml/kg/min, respectivamente. Además se encontró que el grupo de mayores entrenados tenía un ratio T/S mayor –indicador de mayor longitud telomérica- que los menos entrenados, no encontrándose diferencias entre los jóvenes. Por último, se halló una asociación positiva entre el ratio T/S y el VO2max (Fig. 1), existiendo una fuerte correlación para los atletas de resistencia, pero relativamente débil para los deportistas recreacionales.

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Figura 1. Relación entre la longitud telomérica –evaluada como ratio T/S- y el VO2max en jóvenes y mayores.

Por tanto, observamos cómo la longitud de los telómeros se encuentra mejor preservada en los mayores entrenados en resistencia en comparación con los entrenados recreacionalmente, mostrando que en los mayores el entrenamiento regular se relaciona con la longitud telomérica. Este dato junto con la asociación positiva que se produce entre el VO2max y la longitud del telómero, revelarían una significancia clínica respecto a un mejor estado de salud y una mayor longevidad.

En definitiva, el ejercicio físico regular parece producir un retraso del proceso de envejecimiento biológico preservando la longitud de los telómeros y promoviendo el conocido como efecto “anti-aging”, siendo el VO2max un marcador representativo de la calidad del envejecimiento.


REFERENCIA

  1. Østhus, I. B. Ø., Sgura, A., Berardinelli, F., Alsnes, I. V., Brønstad, E., Rehn, T., … & Nauman, J. (2012). Telomere length and long-term endurance exercise: does exercise training affect biological age? A pilot study. PloS One, 7(12), e52769.

LA OBESIDAD DURANTE EL EMBARAZO ACORTA LA VIDA DE LOS HIJOS

Durante el embarazo, la obesidad de la madre va a influir en el entorno intrauterino, pudiendo producir alteraciones en el desarrollo, la fisiología y el metabolismo del feto, siendo éste posiblemente el origen de determinadas enfermedades que sufra el recién nacido a lo largo de su vida. Así, por ejemplo, la obesidad durante el embarazo se asocia con un crecimiento fetal anormal, incremento en el riesgo de complicaciones durante el parto, muerte fetal y muerte súbita del lactante. De igual modo, la obesidad, el asma y las enfermedades cardiovasculares durante la edad infantil se asocian con un estado de obesidad materna. Por tanto, la obesidad de la madre podría tener consecuencias sobre la salud del feto durante el propio embarazo e incluso años después de su nacimiento.

Por otro lado, como hemos visto en entradas anteriores, la longitud de los telómeros es considerada un marcador del estado de salud celular y el envejecimiento biológico, asociándose con enfermedades relacionadas con la edad como las cardiovasculares, la diabetes tipo II y la aterosclerosis, y una mayor mortalidad. Además se sabe que la longitud de los telómeros de un recién nacido va a determinar su longitud telómerica en etapas futuras de la vida.

En base a estas evidencias, un reciente estudio (1) ha analizado el efecto de la obesidad de la madre antes del embarazo -en base al IMC- sobre la longitud de los telómeros de los recién nacidos, evaluada a través de muestras de sangre del cordón umbilical (n = 743) y la placenta (n = 702).

De forma sorprendente se halló que la obesidad previa al embarazo se asoció con telómeros más cortos en los recién nacidos. Independientemente de otros factores, la longitud telomérica de los neonatos con madres obesas fueron más cortos que los de aquellos con madres con un peso saludable.

Por último, los datos mostraron que para cada aumento de una unidad de IMC, los telómeros de la sangre del cordón y de la placenta fueron 0.50% y 0.66% más cortos, respectivamente. Esto supone una pérdida de aproximadamente 50 pares de bases en la longitud del telómero, mientras que se estima que un adulto pierde entre 32.2 y 45.5 pares de bases anualmente (2), por lo que cada aumento previo al embarazo de una unidad de IMC es equivalente a la pérdida de pares de bases que sufre un adulto en un periodo de 1.1 a 1.6 años.

Estos hallazgos son de especial relevancia clínica, ya que supone que los recién nacidos de madres obesas fueron de 12 a 17 años mayores biológicamente en comparación con los recién nacidos de mujeres con peso normal, en base a la equivalencia de pérdida telomérica que se produce anualmente en la edad adulta.

El impacto sobre la salud pública es considerable, ya que en sociedades con un alto nivel socioeconómico el 30% de las mujeres en edad reproductiva tienen sobrepeso, con el consiguiente riesgo debido al acortamiento telomérico que se produce en los neonatos de madres obesas, lo que podría incrementar el riesgo de futuras enfermedades crónicas.

El estilo de vida previo al embarazo de la madre va a determinar la longitud telomérica del recién nacido y, por tanto, podría estar predisponiéndolo a un envejecimiento biológico y molecular prematuro y a una mayor susceptibilidad a las enfermedades.


REFERENCIAS

  1. Martens, D. S., Plusquin, M., Gyselaers, W., De Vivo, I., & Nawrot, T. S. (2016). Maternal pre-pregnancy body mass index and newborn telomere length. BMC Medicine, 14(1), 148.
  2. Müezzinler, A., Zaineddin, A. K., & Brenner, H. (2013). A systematic review of leukocyte telomere length and age in adults. Ageing Research Reviews, 12(2), 509-519.