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REMODELACIÓN CARDIACA POR EJERCICIO

El ejercicio induce una serie de adaptaciones fisiológicas que tienen como objetivo satisfacer las necesidades energéticas y hemodinámicas del organismo durante el mismo. 

El corazón de los deportistas presenta un ventrículo izquierdo mayor que el de las personas sedentarias, lo que les permite bombear una mayor cantidad de sangre. La estructura cardiaca se adapta por lo tanto a los requerimientos funcionales que necesita cada disciplina. En cambio, el crecimiento patológico asociado a enfermedades como la diabetes o la hipertensión, suele estar relacionado con disfunción cardiaca.


REFERENCIA

  • Wilson, M. G., Ellison, G. M., & Cable, N. T. (2016). Basic science behind the cardiovascular benefits of exercise. Br J Sports Med, 50(2), 93-99.

EJERCICIO VS FÁRMACOS, ¿CUÁL ES MÁS EFECTIVO PARA CONTROLAR LA PRESIÓN ARTERIAL?

La hipertensión arterial se mantiene como la principal causa de muerte prematura a nivel mundial a pesar de los avances médicos y farmacológicos [1,2]. Se estima que el coste global asociado a la hipertensión es de 370 billones de dólares al año, mientras que el cuidado adecuado de esta patología podría ahorrar en torno a 100 billones de dólares al año [3]. Desafortunadamente, se le presta demasiada poca atención a estrategias no farmacológicas que podrían jugar un papel fundamental en la prevención y tratamiento de la hipertensión, como son la dieta o el ejercicio. En este sentido, un reciente meta-análisis [4]publicado en la prestigiosa revista British Journal of Sports Medicineha comparado el efecto de diferentes intervenciones de ejercicio y diferentes fármacos anti-hipertensivos en la presión arterial sistólica (PAS).

El meta-análisis incluyó un total de 391 ensayos clínicos aleatorizados (39.742 participantes), de los cuales 197 (10.461 participantes) evaluaron el efecto de diferentes intervenciones de ejercicio (resistencia, fuerza, ejercicios isométricos, o una combinación de ejercicios de fuerza y resistencia) y 194 (29.281 participantes) evaluaron el efecto de fármacos anti-hipertensivos. Al analizar aquellos estudios que incluían tanto participantes con hipertensión (PAS > 140 mmHg) como sin hipertensión (PAS < 140 mmHg), los resultados mostraron que todos los tipos de ejercicio y todos los tipos de fármacos anti-hipertensivos resultaban eficaces para disminuir la PAS, aunque este efecto fue mayor con los fármacos. Sin embargo, al analizar únicamente a aquellos participantes con hipertensión (PAS > 140 mmHg), no hubo diferencias en la disminución producida por el ejercicio y los fármacos.

Estos resultados deben ser interpretados con precaución, ya que los estudios incluidos analizaron el efecto de los fármacos y del ejercicio por separado, pero ningún estudio comparó de forma directa ambas intervenciones. Además, los estudios que analizaron el efecto del ejercicio fueron por lo general realizados utilizando tamaños muestrales menores. No obstante, estos resultados ponen de manifiesto el gran potencial que tiene el ejercicio para controlar la presión arterial, pudiendo ser incluso tan efectivo como algunos tratamientos farmacológicos. Antes de acudir a los fármacos se debe valorar junto con el personal sanitario especialista la necesidad de realizar modificaciones en el estilo de vida, en el cual el ejercicio físico debe jugar un rol prioritario.


Referencias

  1. Ezzati M, Lopez AD, Rodgers A, et al.Selected major risk factors and global and regional burden of disease. Lancet (London, England)2002;360:1347–60. doi:10.1016/S0140-6736(02)11403-6
  2. Forouzanfar MH, Afshin A, Alexander LT, et al.Global, regional, and national comparative risk assessment of 79 behavioural, environmental and occupational, and metabolic risks or clusters of risks, 1990–2015: a systematic analysis for the Global Burden of Disease Study 2015. Lancet2016;388:1659–724. doi:10.1016/S0140-6736(16)31679-8
  3. Frieden TR, Jaffe MG. Saving 100 million lives by improving global treatment of hypertension and reducing cardiovascular disease risk factors. J Clin Hypertens2018;20:208–11. doi:10.1111/jch.13195
  4. Naci H, Salcher-Konrad M, Dias S, et al.How does exercise treatment compare with antihypertensive medications? A network meta-analysis of 391 randomised controlled trials assessing exercise and medication effects on systolic blood pressure. Br J Sports Med2019;53:859–69. doi:10.1136/bjsports-2018-099921

¿CÓMO AFECTA EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA A LA PRESIÓN ARTERIAL?

La hipertensión es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular, habiéndose estimado que provoca directa o indirectamente más de 7 millones de muertes anuales en el mundo (un 13% del total de fallecimientos). La hipertensión es de todos los factores de riesgo cardiovascular posiblemente el más modificable con el estilo de vida. Por ello, aparte del tratamiento farmacológico (efectivo en alrededor de un 50% de los pacientes), la pérdida de peso, la modificación de hábitos alimenticios y la realización de ejercicio físico juegan un papel fundamental en el tratamiento de esta patología.

Aunque el ejercicio de resistencia es habitualmente prescrito en personas con hipertensión, el entrenamiento de fuerza ha sido demonizado en estos pacientes tratando de evitar una posible respuesta hipertensiva al ejercicio. El entrenamiento de fuerza aporta numerosos beneficios a nivel osteomuscular y metabólico, y recientemente están quedando constatados sus beneficios en el sistema circulatorio.

Un meta-análisis publicado en la revista Hypertension1, que incluía un total de 28 estudios (1012 sujetos), analizó el efecto del entrenamiento de fuerza durante al menos 4 semanas en la tensión arterial. Los resultados mostraron como en general el ejercicio de fuerza suponía una reducción media de 3.9 mmHg en la presión arterial. Además, curiosamente al atender al tipo de ejercicio, la prensión manual isométrica suponía la máxima reducción en la presión arterial (-13.5 mmHg), aunque tan sólo 3 estudios incluían este tipo de ejercicio.

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Figura 1. El ejercicio de prensión isométrica manual ha mostrado mejorar la función endotelial y reducir la presión sanguínea.

Confirmando el potencial del ejercicio isométrico en la presión arterial, un meta-análisis posterior2 incluyó sólo estudios que analizaban la influencia de este tipo de entrenamientos durante más de 4 semanas en la presión arterial. El análisis de 9 estudios (223 sujetos) resultó en una mejora significativa de la presión arterial, disminuyendo la presión sistólica y la diastólica una media de 6.8 mmHg y 4.0 mm Hg, respectivamente.

Estos resultados confirman el potencial del ejercicio de fuerza para la mejora de la presión arterial, lo cual se ha asociado a una mejora en la función endotelial a través de este tipo de entrenamiento. Un ejercicio tan simple como la prensión manual puede aportar grandes beneficios en pacientes hipertensos, aunque el ejercicio dinámico mejorará además otros componentes como el VO2max o la composición corporal.

No obstante, es importante remarcar que el ejercicio de fuerza puede provocar un aumento agudo de la tensión arterial. Esta respuesta hipertensiva viene determinada principalmente por la intensidad y el volumen de trabajo (mayores cargas y mayor número de repeticiones provocan una respuesta hipertensiva mayor), por lo que podría ser conveniente utilizar cargas moderadas (40 %RM) y bloques de pocas series. Además, es necesario controlar que el paciente mantenga un patrón respiratorio correcto para evitar una respuesta hipertensiva al realizar maniobra de Valsalva.


REFERENCIA

  1. Cornelissen, V. A., Fagard, R. H., Coeckelberghs, E. & Vanhees, L. Impact of resistance training on blood pressure and other cardiovascular risk factors: A meta-analysis of randomized, controlled trials. Hypertension 58, 950–958 (2011).
  2. Carlson, D. J., Dieberg, G., Hess, N. C., Millar, P. J. & Smart, N. A. Isometric exercise training for blood pressure management: A systematic review and meta-analysis. Mayo Clin. Proc. 89, 327–334 (2014).

RELACIÓN ENTRE LOS DIFERENTES TIPOS DE EJERCICIO Y LA PÉRDIDA DE PESO

Un estilo de vida cada vez más sedentario es un elemento clave para la alta prevalencia de sobrepeso/obesidad y comorbilidades asociadas. Por ello, debemos buscar estrategias que nos ayuden a combatir esta lacra que, según la Organización Mundial de la Salud, es responsable del 5% de muertes en todo el mundo.

Una de ellas es el ejercicio. Sin embargo, a pesar de los efectos ampliamente evidenciados del ejercicio sobre la obesidad, aún existe controversia en el tipo de ejercicio que mayores beneficios produce para la pérdida de peso.

En un estudio reciente, se analizaron los efectos de distintos tipos de ejercicio sobre las medidas de composición corporal. Se incluyeron 430 adultos (27.7±3.8 años) con un IMC de entre 20-35 kg/m2 a los que se les midió masa grasa, masa libre de grasa y masa magra a través de DXA. En base al % de grasa corporal (masa grasa/peso total) se clasificó a los participantes en 3 grupos: normograsa -menos del 20% y 33%-, exceso de grasa -entre el 20-25% y 33-39%- y obesidad -igual o más de 25% y 39%- en hombres y mujeres, respectivamente.

r0_254_2721_1784_w1200_h678_fmaxAdemás, se registró el tipo de ejercicio realizado por cada participante, la frecuencia (días/semana) y el tiempo (minutos/sesión) de realización.

Dentro de los resultados obtenidos, se observó que la realización de ejercicio regular tuvo efecto principalmente sobre la masa grasa y magra, mientras que el efecto sobre el IMC fue mínimo. El ejercicio de fuerza se asoció con incrementos de masa magra y reducción de masa grasa. En el caso del ejercicio aeróbico, éste sólo se asoció con reducción de la grasa.

Diferenciando por grupos, en los participantes del grupo normograsa el ejercicio afectó sobre todo a la masa magra, independientemente del tipo de ejercicio. En los grupos con exceso de grasa y obesidad, el ejercicio tuvo efecto principalmente sobre la masa grasa. Curiosamente, el ejercicio de fuerza tuvo un mayor efecto en la masa grasa en los participantes de estos dos grupos que el que tuvo el ejercicio aeróbico. De hecho, el ejercicio aeróbico produjo efectos sobre el % de grasa corporal en los participantes del grupo con exceso de grasa, pero no en aquellos con obesidad.

Cualquier tipo de ejercicio actuó positivamente sobre la masa magra en participantes del grupo normograsa mientras que principalmente el de fuerza redujo en mayor medida la masa grasa en participantes con exceso de grasa y obesidad.

Estos resultados son fundamentales a la hora de prescribir programas de ejercicio para pérdida de peso graso ya que, como se observa, el ejercicio de fuerza, a veces denostado, es el que mayores beneficios parece producir sobre la grasa, especialmente en los que mayores niveles de ésta tienen.


REFERENCIA

Drenowatz, C., Hand, G. A., Sagner, M., Shook, R. P., Burgess, S., & Blair, S. N. (In press). The Prospective Association Between Different Types of Exercise and Body Composition. Medicine and Science in Sports and Exercise.

LA VERDADERA PASTILLA FRENTE A LA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

En esta revisión publicada en la Canadian Medical Association Journal (Warburton et al., 2006), se pone de manifiesto la irrefutable evidencia de la eficacia de la actividad física regular en la prevención tanto primaria como secundaria de varias enfermedades crónicas (por ejemplo, enfermedad cardiovascular, diabetes, cáncer, hipertensión, obesidad, depresión y osteoporosis) y de muerte prematura (Figura 1).

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Figura 1. Riesgo relativo de muerte por cualquier causa entre sujetos con diversos factores de riesgo (por ejemplo, antecedentes de hipertensión arterial, enfermedad pulmonar obstructiva crónica [COPD], diabetes, tabaquismo, índice de masa corporal elevado [BMI ≥ 30] y alto nivel de colesterol total [TC ≥ 5,70 mmol/L]), en función de una capacidad de ejercicio de menos de 5 METs o entre 5-8 METs, en comparación con aquellos cuya capacidad de ejercicio fue de más de 8 METs (adaptado de Myers et al., 2002).

En este sentido, estar en forma o ser físicamente activo/a se ha asociado con una reducción superior al 50% del riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad por cualquier causa. Además, un aumento en el gasto energético por actividad física de 1000 kcal/semana o un incremento de la condición física en 1 MET (equivalente metabólico) se asoció con un beneficio respecto a mortalidad prematura de aproximadamente un 20% (Myers et al., 2004).

Por otra parte, mujeres de mediana edad físicamente inactivas (que realizaron menos de 1 hora de ejercicio a la semana) obtuvieron un 52% más de probabilidad de mortalidad por cualquier causa, duplicándose este valor para aquella relacionada con enfermedad cardiovascular, así como un aumento del 29% de mortalidad secundaria al cáncer en comparación con las mujeres que se movían (Hu et al., 2004).

Incluso aquellos que realizan actividad física, pero tienen factores de riesgo cardiovasculares, pueden tener un riesgo menor de muerte prematura que las personas que no tienen factores de riesgo para enfermedad cardiovascular, pero que, sin embargo, mantienen una vida sedentaria (Blair et al., 1996).

Asimismo, los beneficios de la actividad física se pueden extrapolar a pacientes con enfermedad cardiovascular ya establecida (Wannamethee et al., 2000). Esto es importante porque, durante mucho tiempo, a los pacientes con este tipo de patología se les recomendaba reposo e inactividad física.


REFERENCIAS:

Warburton, D. E., Nicol, C. W., & Bredin, S. S. (2006). Health benefits of physical activity: the evidence. Canadian Medical Association Journal174 (6), 801-809.