Entradas

¿DEBEMOS ELIMINAR EL COLESTEROL DE LA LISTA DE ENEMIGOS?

A la hora de comprobar los resultados de una analítica sanguínea, el nivel de colesterol es posiblemente uno de los elementos a los que la población general presta más atención. Esta sustancia es considerada a menudo como el enemigo a vencer, ya que altos niveles de colesterol han estado tradicionalmente asociados con un mayor riesgo cardiovascular, de cáncer y de mortalidad en general. Es por ello que las industrias farmacéuticas y especialmente alimenticias han puesto un empeño especial en sacar a la venta alimentos bajos en colesterol o productos para disminuir sus niveles en sangre.

Como ya comentamos en una anterior entrada, es el colesterol de baja densidad (LDL por sus siglas en inglés) y no el colesterol de alta densidad (HDL) el que está en principio asociado a una mayor prevalencia de enfermedades. Sin embargo, esta relación está siendo cuestionada últimamente -al menos en personas mayores (>60 años)-, habiendo sido publicados1 datos de 68.094 sujetos que sugieren una relación inversa entre los niveles de LDL y el riesgo de mortalidad (es decir, menores niveles de LDL se asocian a una mayor mortalidad en esta población).

Además, una reciente revisión sistemática2 que incluyó 40 estudios (362.558 sujetos) buscó analizar si una mayor ingesta de colesterol se asociaba ciertamente con un mayor riesgo cardiovascular. Los resultados de esta revisión fueron controvertidos, con una considerable disparidad entre estudios posiblemente dependiente en parte de la raza y origen de la población analizada. En general, la ingesta de colesterol aumentó los niveles de colesterol, LDL y HDL en sangre, así como el ratio LDL:HDL. Sin embargo, la ingesta de colesterol no estuvo significativamente asociada con una mayor prevalencia de enfermedades cardiovasculares como enfermedad coronaria, ictus isquémico o ictus hemorrágico.

Aunque los resultados deben ser tomados con cautela por la disparidad de los mismos, sí nos sirven para poner en entredicho el papel del colesterol total o incluso del LDL como marcadores de riesgo cardiovascular per se. Posiblemente nuestros esfuerzos en conseguir un estilo de vida saludable deben ir más encaminados a estrategias con una asociación confirmada con un menor riesgo de morbi-mortalidad, como puede ser aumentar el consumo de fruta y verdura, incluir ejercicio físico de forma diaria o alejarnos del tabaquismo, y no tanto a buscar reducir la ingesta de colesterol a toda costa mediante la compra de productos industrialmente modificados.


REFERENCIAS

  1. Ravnskov U, Diamond DM, Hama R, et al. Lack of an association or an inverse association between low-density-lipoprotein cholesterol and mortality in the elderly: a systematic review. BMJ Open. 2016;6(6):e010401-e010401. doi:10.1136/bmjopen-2015-010401.
  2. Berger S, Raman G, Vishwanathan R, Jacques PF, Johnson EJ. Dietary cholesterol and cardiovascular disease: a systematic review and meta-analysis. Am J Clin Nutr. 2015;102(2):276-294. doi:10.3945/ajcn.114.100305.

DIETA ALTA EN PROTEÍNAS + AYUNO INTERMITENTE, ¿LA DIETA IDEAL PARA EVITAR VOLVER A GANAR PESO?

El problema de la obesidad alcanza a una gran parte de la población, con todos los problemas asociados a ella. La alteración de los marcadores inflamatorios y de las citoquinas hace que las personas con obesidad tengan además complicaciones cardiovasculares. Es por ello que llevar a cabo un adecuado programa de pérdida de peso es fundamental para resolver el problema. Sin embargo, cuando se llega al objetivo normalmente se suelen abandonar los hábitos saludables volviéndose a recuperar el peso perdido, mientras que los indicadores de salud cardiovascular vuelven a encender las luces de alarma.

Por ello, un grupo de investigadores ha llevado a cabo un estudio1 en el que evaluaron los efectos combinados de una dieta baja en calorías, alta en proteínas y ayuno intermitente en un programa de pérdida de peso y su posterior mantenimiento, comparado con una dieta saludable que sigue las directrices de la Asociación Americana del Corazón (AHA).

Se evaluaron a 40 adultos obesos (21 hombres y 19 mujeres) dividiéndose en dos fases:

  1. 12 semanas en la que los sujetos siguieron una dieta alta en proteínas y baja en calorías en la que debían hacer un día a la semana ayuno intermitente.
  2. 1 año de plan de mantenimiento de peso donde se comparaban una dieta alta en proteínas + ayuno intermitente con una dieta saludable que seguía las pautas de la AHA.

Se evaluó el peso corporal, el IMC, los lípidos en sangre y la capacidad elástica arterial al inicio y al final de cada fase del estudio.

Al final de la primera fase se produjo una pérdida de peso, de IMC y de los lípidos sanguíneos, además de una mejora en la capacidad elástica de las arterias. No hubo diferencias entre sexos. Durante la segunda fase, la dieta que combinaba una alta ingesta proteica y ayuno intermitente mostró una menor recuperación de peso (tendencia a la diferencia significativa) y del LDL comparada con la dieta saludable.

fissac-_-alta-en-proteinas-ayuno-intermitente

Figura 1. Efectos de la dieta sobre el IMC en la fase I y la fase II. HP-IF (Dieta alta en proteínas + ayuno intermitente). HH (Dieta saludable)

Los resultados sugieren que una combinación de una dieta baja en calorías y alta en proteínas con ayuno intermitente se asocia con una pérdida de peso y mejoras en los parámetros cardiovasculares, además de minimizar la recuperación de peso pasado un año del tratamiento. Este dato puede dar respuesta a una problemática que rodea a los programas de pérdida de peso, y es cómo se puede evitar una recuperación de peso asociada en la mayor parte de los casos a los periodos que siguen a una dieta para perder peso.


 

REFERENCIA

  1. Zuo, L. et al. Comparison of High-Protein, Intermittent Fasting Low-Calorie Diet and Heart Healthy Diet for Vascular Health of the Obese. Front. Physiol. 7, 350 (2016).

COLESTEROL, ¿AMIGO O ENEMIGO? BAJOS NIVELES DE COLESTEROL SE ASOCIAN A UN MAYOR RIESGO DE MORTALIDAD

Popularmente se han relacionado altos niveles de colesterol total en sangre con un mayor riesgo cardiovascular, especialmente por un riesgo incrementado de aterosclerosis. Sin embargo, en las actuales guías médicas de prevención cardiovascular tanto a nivel nacional como internacional se defiende que esta asociación se da únicamente en relación al colesterol unido a lipoproteínas de baja densidad (LDL) -y no en el de alta densidad (HDL)- tanto es así que este colesterol es denominado “colesterol malo” de forma coloquial.

Al ser la ateroesclerosis y las patologías cardiovasculares asociadas (infarto, hipertensión, etc.) un problema con alta prevalencia en la población general, pero especialmente en aquellas personas más mayores, una reciente revisión (Ravnskov et al. 2016) tuvo como objetivo dilucidar si altos niveles de colesterol LDL suponían realmente un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y de mortalidad en esta población.

Así, tras analizar 19 estudios y un total de 68094 sujetos (> 60 años) que estudiaban la asociación entre los niveles de LDL y la mortalidad, los autores vieron que en un 92% de los sujetos se daba una relación inversa entre los niveles de colesterol LDL y el riesgo de mortalidad por cualquier causa (a más colesterol, menor riesgo de mortalidad). Además, en 2 de los 9 cohortes en los que se registró el riesgo de mortalidad por enfermedad cardiovascular se encontró también esta asociación inversa, no encontrando ningún tipo de asociación (ni inversa ni directa) en los otros 7.

fissac _ colesterol

Fig. 1. Aunque tradicionalmente se ha defendido que el colesterol formaba las placas de ateroma que provocaban la ateroesclerosis, se ha visto que otros factores como el estrés oxidativo juegan un papel fundamental en este proceso.

Por lo tanto, en esta revisión se pone de manifiesto la necesidad de revisar las actuales guías de prevención cardiovascular al no encontrar en la población mayor una asociación entre niveles altos de colesterol y un mayor riesgo de mortalidad, pudiendo existir incluso una relación inversa. Los autores defienden este hallazgo apoyándose en estudios previos en animales que muestran el efecto beneficioso del colesterol LDL al unirse e inactivar los productos tóxicos de algunos microorganismos, protegiendo así de algunas enfermedades respiratorias o gastrointestinales de origen infeccioso. Además, se ha visto que los virus juegan un papel directo e indirecto mediante la activación de vías inflamatorias en el desarrollo de ciertos tipos de cáncer, y por tanto los autores postulan que la protección ante microorganismos que supone el colesterol podría disminuir el riesgo de padecer estos tipos de cáncer.

Aunque este estudio puede tener ciertas limitaciones y no ser aplicable a cualquier población, estos resultados vuelven a dar luz sobre la importancia de un estilo de vida saludable (nutrición y actividad física) para la prevención de las enfermedades cardiovasculares, así como la necesidad de replantear las actuales estrategias de tratamiento farmacológico para disminuir los altos niveles de colesterol (como por ejemplo las estatinas). De nuevo, el ejercicio físico y la nutrición saludable parecen ser una de las mejores formas de prevención primaria y secundaria.


REFERENCIA

Ravnskov, U. et al., 2016. Lack of an association or an inverse association between low-density-lipoprotein cholesterol and mortality in the elderly: a systematic review. BMJ Open, 6(6), p.e010401. Available at: http://bmjopen.bmj.com/lookup/doi/10.1136/bmjopen-2015-010401.

EFECTOS DEL EJERCICIO SOBRE EL COLESTEROL Y EL PERFIL LIPÍDICO: RECOMENDACIONES

El término perfil lipídico describe a la variación de los niveles de lípidos en sangre, siendo los más comunes las lipoproteínas de baja densidad (LDL o comúnmente llamado colesterol malo), las lipoproteínas de alta densidad (HDL o colesterol bueno) y los triglicéridos. Altos niveles de colesterol LDL en sangre indican un exceso de lípidos en sangre, aumentando con ello el riesgo de enfermedades cardiovasculares. El colesterol HDL transporta lípidos de nuevo al hígado para su reciclaje y eliminación; por ello niveles altos de HDL indican un sistema cardiovascular sano. Los triglicéridos en sangre se derivan de comidas ricas en grasas (Mann, Beedie, & Jimenez, 2014; Pedersen & Saltin, 2006).

Hay un relación directa entre niveles elevados de colesterol (crónicos) y enfermedades coronarias (Lloyd-Jones et al., 2004). En un meta-análisis de 170.000 participantes, se vio que si descienden los niveles de LDL disminuyen la incidencia de ataques al corazón y de accidentes cerebrovasculares (Baigent et al., 2010). Además, aquellas personas con un colesterol total de >200 mg/dl tienen aproximadamente el doble de posibilidades de padecer enfermedades cardiovasculares que aquellos que tienen niveles óptimos (<180 mg/dl) (Roger et al., 2012).

Pedersen y Salting citaron 13 meta-análisis en los que se veía que el perfil lipídico mejoraba con el ejercicio. Describieron como CATEGORÍA A la evidencia de que el ejercicio tiene un efecto positivo en la patogénesis, sintomatología y estado de forma de personas con colesterol (Pedersen & Saltin, 2006).

RECOMENDACIONES

Por ello, y basándonos en la literatura más reciente, las recomendaciones de actividad física son las siguientes, según la población y el objetivo.

Tabla 1. Recomendaciones de ejercicio basadas en la evidencia con el objetivo de mantener o mejorar los niveles de colesterol según el grupo de población (Mann et al., 2014).

fissac _ recomendaciones ejercicio en personas con colesterol

CONCLUSIONES

La actividad física y el ejercicio deben ser utilizados para mejorar los niveles de colesterol. La actividad física regular se ha demostrado que aumenta el HDL, habiendo una dosis-respuesta entre los niveles de actividad física y HDL. Para conseguir una reducción del LDL y de los triglicéridos (TG) debemos aumentar la intensidad del ejercicio. El ejercicio aeróbico de alta intensidad parece ser eficaz en la mejora del perfil lipídico, superando los efectos de la simple actividad física, ya que a esta intensidad hay un mayor aclaramiento del LDL y de los TG en sangre. Un incremento del gasto energético asociado al ejercicio aeróbico, ya sea aumentando la intensidad o el volumen tiene efectos positivos en el HDL y en el perfil lipídico (Ferguson et al., 1998). En cuanto al ejercicio de fuerza se ha demostrado que si aumentamos el volumen (ya sea con el número de repeticiones o de series) tiene un mayor impacto en el perfil lipídico que un incremento de la intensidad (Lira et al., 2010).

Por lo tanto, los datos confirman los efectos beneficiosos de la actividad física regular en la mejora del perfil lipídico. Ayuda a la prevención y control de la dislipemia, reduciendo a su vez el riesgo de sufrir infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardiovasculares. Para ello los médicos deben fomentar la actividad física tanto como sea posible, destacando los beneficios del ejercicio aeróbico, del entrenamiento de fuerza o de ambos.


REFERENCIAS

Baigent, C., Blackwell, L., Emberson, J., Holland, L. E., Reith, C., Bhala, N., … Collins, R. (2010). Efficacy and safety of more intensive lowering of LDL cholesterol: a meta-analysis of data from 170,000 participants in 26 randomised trials. Lancet, 376(9753), 1670–81. doi:10.1016/S0140-6736(10)61350-5

Ferguson, M. A., Alderson, N. L., Trost, S. G., Essig, D. A., Burke, J. R., & Durstine, J. L. (1998). Effects of four different single exercise sessions on lipids, lipoproteins, and lipoprotein lipase. Journal of Applied Physiology (Bethesda, Md.: 1985), 85(3), 1169–74. Retrieved from http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9729596

Lira, F. S., Yamashita, A. S., Uchida, M. C., Zanchi, N. E., Gualano, B., Martins, E., … Seelaender, M. (2010). Low and moderate, rather than high intensity strength exercise induces benefit regarding plasma lipid profile. Diabetology & Metabolic Syndrome, 2, 31. doi:10.1186/1758-5996-2-31

Lloyd-Jones, D. M., Wilson, P. W. F., Larson, M. G., Beiser, A., Leip, E. P., D’Agostino, R. B., & Levy, D. (2004). Framingham risk score and prediction of lifetime risk for coronary heart disease. The American Journal of Cardiology, 94(1), 20–4. doi:10.1016/j.amjcard.2004.03.023

Mann, S., Beedie, C., & Jimenez, A. (2014). Differential effects of aerobic exercise, resistance training and combined exercise modalities on cholesterol and the lipid profile: review, synthesis and recommendations. Sports Medicine, 44, 211–221. doi:10.1007/s40279-013-0110-5

Pedersen, B., & Saltin, B. (2006). Evidence for prescribing exercise as therapy in chronic disease. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports, 16 Suppl 1, 3–63. doi:10.1111/j.1600-0838.2006.00520.x

Roger, V. L., Go, A. S., Lloyd-Jones, D. M., Benjamin, E. J., Berry, J. D., Borden, W. B., … Turner, M. B. (2012). Heart disease and stroke statistics–2012 update: a report from the American Heart Association. Circulation, 125(1), e2–e220. doi:10.1161/CIR.0b013e31823ac046