Entradas

ADIPOSIDAD SUBCUTÁNEA Y BAJA MASA MUSCULAR EN PACIENTES CON CÁNCER

La pérdida de grasa ha empezado a asociarse recientemente con un peor pronóstico en pacientes con cáncer en estado avanzado, independientemente del peso corporal (1). Además, mientras que algunos estudios han mostrado que la obesidad se relaciona con una menor tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, otros han concluido que, en comparación con un IMC bajo o saludable, la obesidad se asocia con una menor mortalidad post-diagnóstico. Sin embargo, el IMC no proporciona una adecuada valoración de la composición corporal, ya que no diferencia entre grasa y masa libre de grasa o los diferentes depósitos adiposos.

Considerando las limitaciones del IMC como indicador de adiposidad, son necesarias herramientas de evaluación que permitan un análisis más preciso de las diferentes localizaciones de la grasa. En este caso, la tomografía computarizada (TAC) es considerada el “gold standard” en la evaluación de la composición corporal.

Un reciente estudio (2) ha analizado el papel del tejido adiposo, visceral y subcutáneo, como factor pronóstico para estimar la mortalidad en una cohorte de 1762 pacientes con cáncer, con el 60% en estadio avanzado. A todos los participantes se les realizó un TAC para la evaluación de la composición corporal, incluyendo el índice de músculo esquelético y marcadores de adiposidad como el índice de adiposidad total, visceral y subcutáneo.

Como principal resultado se halló que los pacientes con un alto índice de adiposidad total sobrevivieron una media de 19,8 meses frente a los 14 meses del grupo que tuvo bajo dicho índice. De igual forma, se observó una mayor supervivencia media en pacientes con alto índice de adiposidad subcutáneo (19,3 meses) en comparación con los que tuvieron bajo este índice (13,1 meses) (Fig. 1).

Captura de pantalla 2017-06-18 a las 22.51.11

Figura 1. Curva de supervivencia Kaplan-meier en pacientes con un alto índice de adiposidad subcutánea frente a los que tuvieron bajo dicho índice.

Asimismo, los pacientes con un alto índice de adiposidad subcutáneo y alto el visceral tuvieron la tasa de supervivencia más alta (20,4 meses), mientras que poseer un alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo se asoció con un aumento del riesgo de mortalidad. Por tanto, la disminución en la supervivencia en pacientes con un alto nivel de adiposidad visceral concurrente con una baja adiposidad subcutánea, reafirma la importancia de ésta última.

Por otra parte, el índice músculo-esquelético fue mayor en aquellos con mayor tejido adiposo subcutáneo. Además, los pacientes con baja masa muscular tuvieron menor supervivencia media para cada uno de los 4 fenotipos de adiposidad (alto índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; alto índice de adiposidad visceral y bajo el subcutáneo; bajo índice de adiposidad visceral y alto el subcutáneo), siendo el efecto de la sarcopenia más acentuado en pacientes con bajo índice de adiposidad subcutáneo.

En conclusión, una baja adiposidad -total y subcutánea- es un predictor independiente de mortalidad al asociarse con una disminución en la tasa de supervivencia en pacientes con cáncer, ejerciendo además el tejido subcutáneo un rol protector frente a la sarcopenia. Por lo tanto, como especialistas en ejercicio físico, debemos promover intervenciones que favorezcan el incremento de la masa muscular. Teniendo en cuenta que uno de los principales efectos del ejercicio físico es la pérdida de masa grasa, hemos de buscar estrategias que nos permitan aumentar la masa muscular sin perder grasa corporal, especialmente subcutánea. En este punto, será clave el trabajo conjunto con nutricionistas.

REFERENCIAS

  1. Murphy, R. A., Wilke, M. S., Perrine, M., Pawlowicz, M., Mourtzakis, M., Lieffers, J. R., … & Mazurak, V. C. (2010). Loss of adipose tissue and plasma phospholipids: relationship to survival in advanced cancer patients. Clinical Nutrition, 29(4), 482-487.
  2. Ebadi, M., Martin, L., Ghosh, S., Field, C. J., Lehner, R., Baracos, V. E., & Mazurak, V. C. (2017). Subcutaneous adiposity is an independent predictor of mortality in cancer patients. British Journal of Cancer. Jun 6. [Epub ahead of print]

ESTIMULACIÓN CEREBRAL, UNA NUEVA TERAPIA PARA EL CONTROL DEL PESO CORPORAL

En los últimos años está siendo ampliamente estudiado el papel de la activación de determinadas zonas de la corteza cerebral en el deseo de comer. En concreto, se ha observado que un aumento en la activación de la corteza prefrontal dorsolateral -relacionada con el control inhibitorio y el circuito de recompensa- está asociado a un menor deseo de comer, teniendo por tanto este hecho una gran importancia en el mantenimiento del peso corporal a través de un mayor control de la dieta.

Teniendo en cuenta que una mayor activación de la corteza prefrontal se asocia a una mayor capacidad para controlar nuestras decisiones respecto a la comida, un estudio piloto en 9 sujetos obesos (IMC=38±7; Grasa=45±8%) publicado el año pasado en la prestigiosa revista Obesity (1) evaluó el posible papel de la estimulación transcraneal de esta zona de la corteza cerebral en la regulación del apetito.

La estimulación transcraneal de corriente continua (tDCS por sus siglas en inglés) es una técnica muy novedosa y que está siendo investigada en campos tan diversos como el tratamiento de la depresión y el dolor o la mejora del rendimiento deportivo, además del control de diversas conductas como el consumo de drogas. Esta técnica se basa en la colocación de dos electrodos sobre el cuero cabelludo que generan un campo eléctrico de baja intensidad en la zona estimulada, aumentando así la neuromodulación (excitabilidad) y la plasticidad cerebral.

fissac-_-estimulacion-transcraneal-de-corriente-continua

Fig. 1. Un sistema de estimulación a nivel usuario con forma de cascos está siendo utilizado recientemente en el campo deportivo para mejorar el rendimiento.

Tras una primera fase de estabilización de ingesta y peso corporal, los sujetos fueron sometidos a tres sesiones de 40 minutos de tDCS catodal (disminuye excitación) o a tres sesiones de estimulación placebo (electrodos que no generaban corriente) en días consecutivos. Tras estos tres días se permitió a los sujetos comer lo que quisiesen durante 5 días, cuantificándose todo lo que comían así como el peso corporal. En una segunda parte del estudio se repitieron todos los procedimientos, pero en este caso, para aumentar la modulación o excitabilidad, la estimulación fue anodal (del ánodo al cátodo) en vez de catodal (la corriente va del cátodo al ánodo)

Los resultados muestran como los sujetos estimulados con corriente anodal tendían a consumir menos calorías (-700 kcal aprox), disminuyendo especialmente aquellas que provenían de grasas y de refrescos azucarados. Además, los sujetos estimulados con corriente anodal perdieron algo de peso mientras que los estimulados con corriente catodal no (incluso tendieron a aumentar un 0,6 %).

Por lo tanto, en base a estos resultados se pueden observar potenciales beneficios de la tDCS para estimular aquella zona de la corteza cerebral responsable del control de la ansiedad por comer, lo cual se traduce en una menor ingesta calórica o en mayor facilidad para seguir una dieta. No obstante, la escasa duración del estudio (5 días) impide sacar conclusiones sobre los efectos a largo plazo en el peso corporal. Debemos ser conscientes de la posible ayuda que puede suponer esta técnica para aquellas personas con dificultad para controlar sus hábitos alimenticios, aunque siempre deberá primar el tratamiento psicológico habitual así como unos hábitos de vida saludables por encima de otras técnicas más invasivas (aunque seguras). Por último, es importante remarcar que el sobrepeso y la obesidad pueden ser consecuencia de factores tanto conductuales como no conductuales, estando condicionado por factores desde metabólicos hasta psicológicos. Por lo tanto, esta técnica podrá facilitar la pérdida de peso en algunas personas (aquellas con mayor dificultad para controlar sus hábitos alimenticios), pero no en otras.


REFERENCIA

1.             Gluck ME, Alonso-Alonso M, Piaggi P, Weise CM, Jumpertz-Von Schwartzenberg R, Reinhardt M, Wassermann EM, Venti CA, Votruba SB, Krakoff J. Neuromodulation targeted to the prefrontal cortex induces changes in energy intake and weight loss in obesity. Obesity. 2015;23(11):2149–56.

LIPOSUCCIÓN Y EJERCICIO FÍSICO, ¿POR CUÁL NOS DECANTAMOS?

Los cánones actuales de belleza contemplan al sobrepeso y a la obesidad como algo no estético. De ahí que la liposucción sea actualmente el segundo tipo de cirugía estética más popular en el mundo, solo por detrás del aumento de mama. Sin embargo, como todo procedimiento quirúrgico conlleva complicaciones y riesgos asociados.

El desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas que permiten la eliminación de una mayor cantidad de grasa en un entorno más seguro junto con el hecho de que el tejido adiposo sea un órgano metabólicamente muy activo, ha llevado a pensar que la liposucción podría ser un método efectivo para mejorar el perfil metabólico por la pérdida de adiposidad que se produce y a plantearse como coadyuvante en el tratamiento de la obesidad y sus comorbilidades.

Sin embargo, los resultados al respecto son inconsistentes ya que el tejido visceral permanece intacto tras la intervención, todo lo contrario a lo que ocurre con el tejido subcutáneo. Además los estudios que han investigado los efectos metabólicos tras la liposucción son controvertidos, ya que o no han registrado ningún cambio o se han observado beneficios sobre uno o más factores de riesgo cardiovascular.

Se postula que la distribución de la grasa corporal es incluso más importante para el riesgo cardiovascular que la adiposidad total. Así, el tejido adiposo visceral es un potente indicador de riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares (1). Por tanto, el incremento inmediato que se producirá en la proporción de grasa visceral respecto a la subcutánea podrá suponer un empeoramiento de ciertos factores de riesgo como la resistencia a la insulina, el perfil lipídico y los niveles de sustancias pro-inflamatorias, incrementando con ello el riesgo de enfermedades (2).

Sabemos que el ejercicio físico produce adaptaciones fisiológicas mejorando la sensibilidad a la insulina, la oxidación lipídica, reduciendo los niveles inflamatorios, incrementando la masa muscular y reduciendo la grasa abdominal, especialmente la grasa visceral.

Una diferencia clave a nivel fisiológico entre ambas estrategias es que la liposucción reduce exclusivamente el tejido subcutáneo, mientras que el ejercicio mejora el metabolismo lipídico tanto en el tejido subcutáneo como en el visceral (3).

Como comentamos anteriormente, el incremento inmediato en el ratio grasa visceral/grasa subcutánea podría ser negativo para el metabolismo, mientras que el ejercicio físico podría ser una estrategia efectiva para minimizar o incluso revertir estos posibles efectos deletéreos debido a su capacidad para reducir el tejido visceral (4). Durante la liposucción no solo se retira el tejido graso subcutáneo más superficial sino que también se elimina la capa más profunda de éste, estando ésta última fuertemente asociada con la resistencia a la insulina y otros factores de riesgo cardiovascular (5).

Por tanto, la liposucción y el ejercicio físico serían estrategias útiles, además de para fines estéticos, para el tratamiento de la obesidad y las alteraciones metabólicas (3). Si bien la liposucción es una forma rápida de eliminar grasa en zonas localizadas, no deja de ser una intervención quirúrgica y, como tal, conlleva una serie de riesgos. Por ello, cuando se busque principalmente un fin estético, recomendamos en primer lugar ponerse en manos de especialistas en ejercicio físico y nutrición con el objetivo de luchar contra esa grasa de más, ya que la correcta realización de un programa de entrenamiento y nutrición nos permitirá conseguir resultados muy satisfactorios sin exponernos a los riesgos asociados a una cirugía.

REFERENCIAS:

  1. Després, J. P., Lemieux, I., Bergeron, J., Pibarot, P., Mathieu, P., Larose, E., . . . Poirier, P. (2008). Abdominal obesity and the metabolic syndrome: contribution to global cardiometabolic risk. Arterioscler Thromb Vasc Biol, 28(6), 1039-1049. doi:10.1161/ATVBAHA.107.159228
  2. Giese, S. Y., Bulan, E. J., Commons, G. W., Spear, S. L., & Yanovski, J. A. (2001). Improvements in cardiovascular risk profile with large-volume liposuction: a pilot study. Plastic and reconstructive surgery, 108(2), 510-519.
  3. Benatti, F. B., Lira, F. S., & Oyama, L. M. (2011). Strategies for reducing body fat mass: effects of liposuction and exercise on cardiovascular risk factors and adiposity. Diabetes, metabolic syndrome and obesity: targets and therapy, 4, 141.
  4. Hansen, D., Dendale, P., Berger, J., van Loon, L. J., & Meeusen, R. (2007). The effects of exercise training on fat-mass loss in obese patients during energy intake restriction. Sports Medicine, 37(1), 31-46.
  5. Kelley, D. E., Thaete, F. L., Troost, F., Huwe, T., & Goodpaster, B. H. (2000). Subdivisions of subcutaneous abdominal adipose tissue and insulin resistance. American Journal of Physiology-Endocrinology And Metabolism, 278(5), E941-E948.

¿AYUDA LA DIETA CETOGÉNICA JUNTO CON EL ENTRENAMIENTO DE FUERZA A REDUCIR LA GRASA CORPORAL?

Las dietas cetogénicas (dietas con restricción de carbohidratos) parecen ayudar a mejorar la glucemia y otros marcadores relacionados con el síndrome metabólico, por lo que podrían proporcionar efectos beneficiosos sobre factores de riesgo cardiovascular.

Además, una revisión Cochrane (1) demostró que dietas bajas en carbohidratos sin restricción calórica parecen ser al menos tan efectivas sobre la pérdida de peso como las dietas bajas en grasas con restricción de la ingesta energética, lo que posteriormente ha sido también confirmado por otros estudios.

Sin embargo, una cuestión fundamental asociada a cualquier programa de reducción de peso es su impacto sobre la composición corporal ya que, en el caso de no ser efectivo, gran parte de esta reducción podría venir por la pérdida de masa muscular. En este sentido, el entrenamiento de fuerza es el principal método para el incremento o mantenimiento de la masa muscular.

Para comprobar la eficacia conjunta de ambas intervenciones, se llevó a cabo un estudio (2) en 16 mujeres adultas (entre 20-40 años) con sobrepeso (IMC ≥ 25 kg/m2), las cuales fueron divididas aleatoriamente en dos grupos:

  • Grupo Ex (regular diet + exercise): entrenamiento de fuerza junto con dieta normal.
  • Grupo LC+Ex (low carbohydrate + exercise): entrenamiento de fuerza más dieta cetogénica (baja en carbohidratos).

En ambos casos, el programa de fuerza consistió en 2 sesiones semanales compuestas de 8 ejercicios de los principales grupos musculares, durante 10 semanas. En las 5 semanas iniciales, los ejercicios se realizaron al 12-RM, mientras que en las 5 últimas, las cargas se incrementaron hasta el 8-RM.

En cuanto a la dieta a seguir, las participantes del grupo LC+Ex únicamente tuvieron restricciones respecto a la ingesta de carbohidratos, donde el objetivo fue disminuir estos hasta que los cuerpos cetónicos fueran detectables en la orina, mientras que no recibieron pautas de restricción calórica ni respecto a la cantidad de grasas y proteínas a ingerir. En el caso del grupo Ex, no  hubo restricciones de ningún tipo. Finalmente, en el grupo LC+Ex, el porcentaje energético obtenido a través de carbohidratos, grasas y proteínas fue de 6, 66 y 22%, respectivamente, y de 41, 34 y 17%, respectivamente, en el grupo Ex.

Los resultados mostraron que todos los sujetos del grupo LC+Ex perdieron peso, con una media de 5.6 ± 2.6 kg (p < 0.001), mientras que en el grupo Ex se produjo un incremento medio de 0.8 ± 1.5 kg. Asimismo, mientras que en el grupo LC+Ex se redujo de manera significativa la masa grasa (5.6 ± 2.9 kg., p = 0.001), sin producirse cambios sobre la masa magra, el grupo Ex no disminuyó su masa grasa, pero sí aumentó significativamente su masa magra (1.6 ± 1.8 kg., p =0.045) (Figura 1).

fissac _ dieta cetogénica y pérdida de peso

Figura 1. Efecto del entrenamiento de fuerza en combinación con una dieta normal (Ex) o con una dieta cetogénica (LC+Ex). Las barras de error indican un intervalo de confianza del 95% (2).

Por otra parte, no se produjeron cambios significativos en el perfil lipídico ni en la glucosa sanguínea en ninguno de los dos grupos.

Por tanto, parece que, en mujeres adultas con sobrepeso, la combinación del entrenamiento de fuerza y una dieta cetogénica podría ser una estrategia útil y efectiva para la reducción de la masa grasa sin perder masa muscular y sin afectar a parámetros sanguíneos como el perfil lipídico o la glucosa.


REFERENCIA

  1. Nordmann, A. J., Nordmann, A., Briel, M., Keller, U., Yancy, W. S., Brehm, B. J., & Bucher, H. C. (2006). Effects of low-carbohydrate vs low-fat diets on weight loss and cardiovascular risk factors: a meta-analysis of randomized controlled trials. Archives of internal medicine, 166(3), 285-293.
  2. Jabekk, P. T., Moe, I. A., Meen, H. D., Tomten, S. E., & Høstmark, A. T. (2010). Resistance training in overweight women on a ketogenic diet conserved lean body mass while reducing body fat. Nutrition & metabolism, 7(1), 1.

PERIODOS DE AYUNO PROMUEVEN SISTEMAS DE REGENERACIÓN Y MEJORAS EN LA SALUD

La composición de la dieta y el nivel calórico son factores claves que afectan al envejecimiento y a enfermedades relacionadas con la edad. Una restricción en la dieta promueve cambios metabólicos y celulares que afectan a la inflamación y al daño oxidativo, optimizando el metabolismo energético y mejorando la protección celular. El ayuno es la forma más extrema de restricción de la dieta, pues consiste en abstenerse de todo tipo de alimento (excepto el agua). Se puede aplicar de forma crónica como ayuno intermitente (IF) o periódicamente como ciclos de ayuno prolongado (PF) durante 2 o más días. En roedores, el IF promueve mecanismos contra la Diabetes, Cáncer, y enfermedades cardíacas y neurodegenerativas. En humanos, el IF y regímenes menos severos (consumir 500 kcal/día durante 2 días a la semana) tienen beneficios en la insulina, glucosa, proteína C reactiva y presión sanguínea.

Ciclos de ayuno prolongado (PF) que duran 2 o más días pero separados por una semana de dieta normal, se están convirtiendo en una estrategia muy eficaz para proteger a las células normales y a los órganos de una variedad de toxinas mientras aumentan la muerte de muchos tipos de células cancerígenas. El PF provoca un descenso en la presión sanguínea, en la insulina y en el IGF-1 además de promover regeneración de células madres embrionarias.

Sin embargo, el ayuno prolongado es de difícil cumplimiento para la mayoría de la población, pudiendo incluso provocar efectos adversos. Por ello, un grupo de investigación liderado por Longo y que acaba de publicar los datos en Cell, ha conseguido una dieta que minimiza la carga del PF y que mimetiza los efectos del ayuno (FMD), causando estrés asociado al del ayuno prolongado, como son los bajos niveles de glucosa e IGF-1 y la presencia de cuerpos cetónicos e IGFBP-1. Los investigadores hicieron dos estudios. El primero en ratones con la hipótesis de que ciclos de FMD de 4 días seguidos de dieta ad libitum pueden alargar la esperanza de vida en ratones; el segundo, un estudio clínico con 38 personas de 3 ciclos de FMD.

fissac _ ayuno, dieta y mejoras en la salud

Figura 1. Resumen de los beneficios de ciclos de ayuno en roedores y humanos 1

En el grupo de roedores los ciclos de ayuno disminuyeron el tamaño de órganos y tras volver a la alimentación normal el número de células madre y progenitoras aumentó. Ciclos de ayuno bimensuales en ratones de mediana edad provocó una disminución de la grasa visceral, la incidencia de cáncer y lesiones de la piel, rejuvenecimiento del sistema inmune y un retraso en la pérdida de masa mineral ósea. En ratones más mayores, ciclos de FMD causaron neurogénesis en el hipocampo, niveles bajos de IGF-1 y PKA, y un aumento de NueroD1 y una mejora en el rendimiento cognitivo.

En el ensayo clínico con humanos, los sujetos se aleatorizaron en dos grupos, FMD y Control. Los del primer grupo hicieron 3 ciclos de FMD de 5 días durante 3 meses para volver a su dieta normal. La dieta consistió en 5 días: primer día: 1090 kcal (10% proteínas, 56% grasa, 34% CH) y de los días 2-5, 725 kcal (9% proteina, 44% grasa, 47% CH). Aquellos que hicieron 3 ciclos de FMD disminuyeron los biomarcadores de riesgo asociados a la vejez, diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer, sin efectos adversos, confirmando así que el uso de ciclos de ayuno mejora los marcadores de salud así como de esperanza de vida.

fissac _ efectos del ayuno en humanos

Figura 2. Efectos de FMD en un estudio piloto con humanos.


REFERENCIAS

  1. Brandhorst, S. et al. A Periodic Diet that Mimics Fasting Promotes Multi-System Regeneration, Enhanced Cognitive Performance, and Healthspan. Cell Metab. (2015). doi:10.1016/j.cmet.2015.05.012

RELACIÓN ENTRE LOS DIFERENTES TIPOS DE EJERCICIO Y LA PÉRDIDA DE PESO

Un estilo de vida cada vez más sedentario es un elemento clave para la alta prevalencia de sobrepeso/obesidad y comorbilidades asociadas. Por ello, debemos buscar estrategias que nos ayuden a combatir esta lacra que, según la Organización Mundial de la Salud, es responsable del 5% de muertes en todo el mundo.

Una de ellas es el ejercicio. Sin embargo, a pesar de los efectos ampliamente evidenciados del ejercicio sobre la obesidad, aún existe controversia en el tipo de ejercicio que mayores beneficios produce para la pérdida de peso.

En un estudio reciente, se analizaron los efectos de distintos tipos de ejercicio sobre las medidas de composición corporal. Se incluyeron 430 adultos (27.7±3.8 años) con un IMC de entre 20-35 kg/m2 a los que se les midió masa grasa, masa libre de grasa y masa magra a través de DXA. En base al % de grasa corporal (masa grasa/peso total) se clasificó a los participantes en 3 grupos: normograsa -menos del 20% y 33%-, exceso de grasa -entre el 20-25% y 33-39%- y obesidad -igual o más de 25% y 39%- en hombres y mujeres, respectivamente.

r0_254_2721_1784_w1200_h678_fmaxAdemás, se registró el tipo de ejercicio realizado por cada participante, la frecuencia (días/semana) y el tiempo (minutos/sesión) de realización.

Dentro de los resultados obtenidos, se observó que la realización de ejercicio regular tuvo efecto principalmente sobre la masa grasa y magra, mientras que el efecto sobre el IMC fue mínimo. El ejercicio de fuerza se asoció con incrementos de masa magra y reducción de masa grasa. En el caso del ejercicio aeróbico, éste sólo se asoció con reducción de la grasa.

Diferenciando por grupos, en los participantes del grupo normograsa el ejercicio afectó sobre todo a la masa magra, independientemente del tipo de ejercicio. En los grupos con exceso de grasa y obesidad, el ejercicio tuvo efecto principalmente sobre la masa grasa. Curiosamente, el ejercicio de fuerza tuvo un mayor efecto en la masa grasa en los participantes de estos dos grupos que el que tuvo el ejercicio aeróbico. De hecho, el ejercicio aeróbico produjo efectos sobre el % de grasa corporal en los participantes del grupo con exceso de grasa, pero no en aquellos con obesidad.

Cualquier tipo de ejercicio actuó positivamente sobre la masa magra en participantes del grupo normograsa mientras que principalmente el de fuerza redujo en mayor medida la masa grasa en participantes con exceso de grasa y obesidad.

Estos resultados son fundamentales a la hora de prescribir programas de ejercicio para pérdida de peso graso ya que, como se observa, el ejercicio de fuerza, a veces denostado, es el que mayores beneficios parece producir sobre la grasa, especialmente en los que mayores niveles de ésta tienen.


REFERENCIA

Drenowatz, C., Hand, G. A., Sagner, M., Shook, R. P., Burgess, S., & Blair, S. N. (In press). The Prospective Association Between Different Types of Exercise and Body Composition. Medicine and Science in Sports and Exercise.